martes, 25 de noviembre de 2008

Sesión 15-11-2008

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
Danny Dalton: Vale. Ahora el Libro es un libro y las Sombras... Se han ido.
Profesor Vanister (NE) ¿Y si han ido a otros Springfield?
Leonard Powell: ¿Y si han ido…? (mira Danny) ¿Y si han ido al nuestro?

ATRAPADOS EN UNA ODISEA DIMENSIONAL…
Profesor Vanister (NE): Un mundo paralelo, señor Braddock; no lo olvide. Aunque parezca idéntico al suyo, siempre hay alguna diferencia por pequeña que ésta sea.
***
Sir Edward Braddock (DF): ¡Abrid paso!. ¡En nombre del Rey Sullivan III, abrid paso!
Ben Braddock (NE): ¿Pa... Papá?
Sir Edward Braddock (DF): ¿Hijo?

UN VIAJE A TRAVÉS DE REALIDADES ALTERNATIVAS...
Profesor Vanister (NE): Teniente Dalton, lleve a "Margaret" a un lugar seguro.
Teniente Russell T. Dalton: Oiga, amigo. No pienso dejarles aquí...
Danny Dalton: Hazle caso, tio Russell. Estaremos bien. Vigila que no les pase nada al pijo y al Libro, ¿vale?

TODOS BUSCAN EL CAMINO DE VUELTA A CASA...
Rey Sullivan III: El Libro. El Libro de las Sombras. El único objeto que, según sus palabras, podría detener para siempre a Garius Voldan.

PERO NO TODOS VIVIRÁN PARA ENCONTRARLO.

Episodio 2x08.- DRAGONSFIELD (Parte 2)

Pirates of The Caribbean - DEAD MAN´S CHEST (O.S.T.)
Hans Zimmer

PRÓLOGO

Siempre me ha gustado ir de visita a casa de mis padres.
El venado con salsa de patatas es algo legendario en manos de mi madre. Y mi padre siempre está trabajando duro, para que la cosecha salga adelante, día a día. Pero últimamente tengo otros motivos para visitarlos. Es la única manera que tengo de asegurarme de que no les ha pasado nada. De que aún siguen siendo mis padres.

Sonrío cada vez que me echan la bronca, pues no me separo jamás de mi botella de aguardiente casero. Bendita ignorancia... En verdad no saben nada de lo que ocurre cada vez que cae la noche en este pueblo. Tal vez si lo supieran entenderían por qué no puedo visitarlos estando sobrio.

He de reconocer que mi carácter se ha avinagrado bastante, como un buen vino consumido por la amargura. Pero Amanautor sabe que tengo mis motivos.

Ahora estoy en prisión, en lo más alto de la torre sur del castillo: un error de cálculo y las manos en el bolsillo equivocado me han traído hasta aquí. Y no es que me importe gran cosa, Amanautor bien lo sabe... Lo que me duele de verdad es no poder encontrar un remedio que salve a mi familia. El no poder disfrutar de las sonrisas de mis padres cuando me ven entrar cada amanecer.
No soy ningún sabio, eso es verdad. Pero sé en qué momento se vino todo abajo.

Fue con la muerte del Padre Carnahan, Sumo Sacerdote de Amanautor. Fue a mi parecer injustamente acusado de herejía y de injurias al castillo. El propio Sir Edward escoltó al mismísimo rey Sullivan III cuando lo ejecutaron en la plaza del pueblo. Y fue poco tiempo después cuando comenzó aquella extraña maldición. El mal que cada noche infecta a las gentes del pueblo... y que no parece ser capaz de atravesar los muros del castillo del rey. Aunque no puedo culparles. Por alguna razón que sólo Amanautor conoce, yo mismo soy inmune a dicho mal.

Y es mi maldición pues de padecerla yo tampoco recordaría nada de lo que sucede cada noche. Porque cada noche, las gentes de Springtown se convierten en bestias salvajes, criaturas inmundas que atacan a todo aquel incauto que ose pisar su territorio.

En todo este tiempo he podido estudiarlos. Se comportan como una manada, reconociéndose entre ellos. Y es probable que tengan alguna clase de cabecilla. Cuando amanece y llega la bendita luz de Amanautor, las gentes retoman sus vidas como si nada hubiera pasado. Sin recordar las atrocidades cometidas. Dos de esas bestias son mis amados padres.

Pero no son los únicos horrores que he presenciado en esta vida de tormento que ni el licor consigue hacerme olvidar: también he visto morir a aquellos a los que se encomendó la misión de salvar nuestras vidas. Les he visto regresar de entre los muertos. He escuchado hablar de una leyenda hace siglos desterrada en el olvido... la leyenda de Garius Voldam.

Son tiempos extraños y difíciles. Razón de más para no permanecer encerrado en la prisión de este castillo. Mis carceleros no hablan de otra cosa: del regreso de los héroes. Pero yo sé la verdad. Sé que esas personas pueden ser muchas cosas. Pero no son los hijos de los héroes de nuestro pueblo.
No pueden serlo porque (y que Amanautor me perdone) yo les ví morir.

Debo salir de aquí y advertir a todos de lo que sucede.
Pero, ¿quién va a creerme?
¿Quién creería a un borracho ladrón como William Whitehouse?

AHORA.
Patio de armas del Castillo del Rey Sullivan III.
Año 2008 de Nuestro Señor Amanautor.


Y con el fragor del público, ambos caballos arrancan el uno contra el otro.
Ben Braddock siente el palpitar de su corazón mientras su montura cabalga hacía la de su oponente. Jamás pensó morir así: derribado en una justa entre caballeros, más propia de un cuento sobre el Rey Arturo. Ni tampoco pensó que el responsable sería Fred Fesster, el geek oficial del instituto Mark Twain. Pero claro... aquel impresionante caballero no era el Fred Fesster de su mundo. Porque éste no era su mundo.
Y éste tampoco sería el día de su muerte.


Ben cerró los ojos y sintió el tremendo golpe de la lanza contra su escudo. El clamor de la multitud se alzó sobre las gradas. Ambas lanzas yacían en el suelo, convertidas en astillas tras el mutuo golpe que ambos jinetes habían asestado. Un golpe de suerte, pensó Ben. Desgraciadamente, no iba a ser suficiente.


Paje (arrodillándose frente a Ben): Señor, aquí tiene otra lanza...
Ben Braddock (NE): ¿Cómo? ¿Otra lanza?
Paje (confuso): Ya conoce las reglas, señor. Tres lances... o hasta que uno de los dos sea derribado.
Ben Braddock (NE): ¿Dos...? (mira al titánico Sir Fred) ¿Dos veces más?

El segundo golpe es demoledor: la placa metálica que ocultaba bajo su ropaje evita que la cosa sea aún peor. Eso no evita, sin embargo, que Ben ruede por el suelo de tierra batida. Se incorpora, aun confuso, y ayudado por su propio oponente.

Apenas si ha recuperado el sentido del equilibrio cuando Sir Fred se desvanece por arte de magia ante su atónita mirada. Con las risas del público cubriendo las gradas, Ben ve salir de detrás de los establos a un Fred Fesster enfundado en una túnica y más acorde al escuálido geek que Ben ha conocido.
Nora, que toma su mano en gesto de cariño, también es idéntica a como la recuerda.

Maese Fred Fesster (DF), (sonriente): No puedo creer que por fin haya podido engañar al mismísimo Sir Braddock...
Ben Braddock (NE): ¿Qué clase...? (indignado, mirando a su padre que está en la tribuna real) Padre, ¿qué clase de broma es esta...?
Maese Fred Fesster (DF): (conciliador) Vamos, Ben... No pensarías que había conseguido esa forma física en tan poco tiempo, ¿verdad? Aunque... (mira al profesor Vanister) Maese Vanister, éste es el truco que presento oficialmente a competición. Supérelo...

Si bien la de Ben Braddock sólo ha sido la primera prueba, sus dos compañeros de viaje dimensional aun tienen que superar las suyas propias. Ambas tienen lugar al mismo tiempo: Danny Dalton debe enfrentarse en un combate singular con su tío Charlie... o la versión de éste en el universo donde se encuentran. En este caso, un corpulento e iracundo enano.

Un doloroso correctivo en forma de golpe en la entrepierna deja claro a Danny que la lucha no seguirá ninguna clase de norma o concesión. Por suerte, la competición de magia en la que participa el profesor Vanister tiene lugar al mismo tiempo, a escasos metros de allí. Por supuesto, el profesor Vanister es un científico procedente de un mundo muy diferente. Un mundo en el que hay otra magia distinta... llamada ciencia.

Una mera mezcla de componentes químicos da como resultado una pavorosa y llamativa explosión... lo bastante como para distraer al Tío Charlie el tiempo suficiente. Es todo lo que necesita Danny para asestar un contundente golpe con el que derriba a su "querido" tío.

Ambos ganadores se convierten en objetivo de las loas de las gentes del castillo. Mientras tanto, un crío le entrega un trozo de pergamino escrito a Ben Braddock. Intenta seguirle pero el pequeñajo se escabulle entre la multitud.

Ben Braddock (NE): (leyendo) "Yo os vi morir. Sois unos farsantes."
Danny Dalton: Joder, profe... Lo firma Billy Whitehouse.
Ben Braddock (NE): Dice que nos encontremos en el antiguo molino Whitehouse, al anochecer.
Marcus Vanister (NE): No sé, caballeros... Podría ser...
Danny Dalton: De Billy siempre hemos podido fiarnos, profe.
Ben Braddock (NE): Iremos.

Una vez cae la noche, la fiesta acaba y nuestros protagonistas abandonan el castillo, dispuestos a emprender su expedición nocturna. Sin embargo, a medida que se aproximan al pueblo de Springtown, comienzan a escuchar sonidos guturales, gritos agudos y espeluznantes que parecen provenir... de todas partes.

Una vez llegados al molino, una construcción visiblemente abandonada (y levantada donde se alza el caserón Appleton en el Springfield original); nuestros amigos se encuentran con un joven Billy Whitehouse. Su aspecto, sin embargo, es distinto a todos cuantos hayan podido ver: luce una larga melena, perilla recortada... y apesta a alcohol.

Ben Braddock (NE): ¿Billy?... (le da un fuerte abrazo) Amigo mío...
William Whitehouse (DF): Señor... debe confundirse... No le conozco, señor. (se separa de ellos, con desconfianza) Ni tampoco conozco al auténtico Sir Benjamin Braddock.
Danny Dalton: Vale, tío. ¿A qué viene tanto misterio? ¿Y qué cóño son esos gruñidos?
William Whitehouse (DF): Seguidme...

Siguiendo a William, nuestros viajeros dimensionales descubren algo siniestro: ocultos entre la maleza, observan una de tantas granjas que pueblan la zona de The Fields. Del interior, no tardan en salir dos extrañas figuras, vagamente humanas y de casi dos metros de altura. De piel verdosa y garras afiladas, la pareja de monstruos lanzan un fuerte rugido al tiempo que se lanzan al trote, en dirección al centro de Springtown.

Danny Dalton (paralizado): ¿Qué... COÑO... es eso?
William Whitehouse (DF): Eso... son mis padres. (Danny, Ben y el profesor lo miran, con evidente preocupación... y temor) Tranquilos… No sé por qué pero por algún motivo soy inmune a la maldición. Pero regresemos al molino: no es seguro permanecer cerca de… ellos.

De regreso al molino y a la luz de un candil, los viajeros dimensionales ponen al tanto de su auténtica naturaleza a un desconcertado William Whitehouse. Éste, por su parte, cuenta a nuestros amigos como vio morir a sus versiones en este universo: se encontraban en Dry Rock, realizando alguna clase de ritual cuando fueron emboscados. Un grupo de encapuchados les disparaban flechas, manteniéndolos ocupados el tiempo suficiente como para que el cabecilla de sus atacantes invocase una espeluznante bola de fuego que los calcinó a todos.

William Whitehouse (DF): No quedó ni rastro de vuestros cadáveres.
Danny Dalton: Y desde entonces tus padres y el resto del pueblo se convierte en… ¿esas cosas?
William Whitehouse (DF): No. Todo empezó hace un año, cuando el Rey Sullivan III condenó a muerte al Padre Carnahan por herejía contra Amanautor.
Ben Braddock (NE): Espera un momento, Billy… Mi padre no se quedaría con los brazos cruzados mientras gente inocente…
William Whitehouse (DF): Vuestro padre, al igual que todos cuantos viven al amparo de las murallas del castillo, han dado la espalda a la gente de Springtown.
Ben Braddock (NE): No puede ser, debe haber un buen motivo…
Marcus Vanister (NE): (rompiendo la discusión entre Billy y Ben) Perdonen, caballeros, pero… ¿A nadie le ha extrañado ver a Devon Powell del lado de los… "buenos"?

De repente, alguien irrumpe en el molino: tras el susto inicial, nuestros amigos descubren que se trata del teniente Russell T. Dalton. El uniforme de sanitario que robó en el mundo anterior luce rasgado y roto. Por otro lado, una pavorosa herida en su hombro deja claro que ha sido atacado por algo… con garras.

Russell T. Dalton (agónico): Por fin… os… encuentro…
Danny Dalton (intenta ayudarlo): Tío Russell, ¿qué ha pasado? ¿Dónde esta Margaret?
Russell T. Dalton: La oculté… en donde siempre estuvo la reserva india… junto a la mesa rocosa de Dry Rock…
Danny Dalton: ¿Y Leonard? ¿Dónde está?

A pesar de los intentos del profesor Vanister por tratar sus múltiples heridas, Russell acaba perdiendo el conocimiento. Las posibilidades de que su amigo esté en peligro y de que el vehículo dimensional caiga en malas manos lleva a nuestros héroes a tomar una drástica decisión: no pueden esperar a que amanezca, por lo que deciden atravesar el coto de caza de los monstruos…

William Whitehouse (DF): Pero, ¡estáis locos! ¡Os rastrearán y os devorarán!
Danny Dalton (cargando el cuerpo de Russell en uno de los caballos): ¿Crees que tenemos opción?
William Whitehouse (DF): ¡Pueden oleros! ¡No os podréis esconder de ellos!
Ben Braddock: Hay una opción: el río.

Y así, la comitiva llega hasta el río Spring. Una vez allí, con el agua a la altura de la cintura y tratando de ocultarse entre la maleza y vegetación próxima a la orilla, nuestros amigos atraviesan la mayor parte del camino… topando en su viaje con un grupo de sanguinarios monstruos que dan buena cuenta de un cuerpo humano. Pese a que las nauseas pueden con Ben y Danny, nuestros héroes están de suerte: las criaturas parecen demasiado centradas en su festín como para prestar atención al ruido que puedan hacer.

El viaje hasta la reserva consume el resto de la noche. Con las primeras luces del alba, nuestros amigos llegan a lo que en su mundo sería Crowland, la reserva india de los Wakane. Aquí, lo único que encuentran son los restos de un pequeño poblado abandonado, donde la mayor parte de las casas parecen calcinadas.

Profesor Vanister (NE): Miren, caballeros… (señala el suelo de tierra) Ese rastro que asciende por el sendero hacia la loma de Dry Rock.
Danny Dalton: Marcas de orugas, profe. Y también de pezuñas. Yo diría que son de esas bestias…

Nuestros amigos siguen el sendero, ascendiendo hacia la mesa rocosa de Dry Rock.

Ben Braddock (NE): Billy… ¿qué lugar era este?
William Whitehouse (DF): Fue el primer asentamiento de Springtown. Pero fue destruido por el dragón Belial. O al menos eso es lo que cuenta la leyenda.
Danny Dalton (incrédulo): Un dragón, ya… (percatándose de que ya ha visto uno… en piedra) Espera, ¿otro dragón?
William Whitehouse (DF): No os preocupéis. La leyenda cuenta que los hermanos Jak y Chuk Dalton, Devon Powell y los miembros de la familia Braddock consiguieron abatirlo hace mucho tiempo…

El sendero conduce hasta una gruta cuyo túnel principal se hunde en la roca. El sonido de cánticos rituales se deja escuchar desde el fondo. Dejando el caballo con el cuerpo de Russell en la entrada, nuestros amigos se adentran en la gruta, siguiendo los cánticos. Al fondo, el acceso a una gran estancia bloqueada por alguna especie de barrera invisible. Sin embargo, nuestros amigos pueden ver el interior de la misma…

Iluminada con antorchas, todos contemplan la gigantesca morada del dragón, repleta de tesoros y en la que reposa el gigantesco cadáver de un dragón. Sus huesos yacen sobre esas montañas de monedas y oro mientras, a su alrededor, cinco figuras con túnicas negras entonan siniestros cánticos rituales.

Profesor Vanister (NE): Caballeros… (señala uno de los montículos de oro, del que sobresale el morro de la tanqueta) Hemos encontrado a Margaret.
William Whitehouse (DF): Salgamos de aquí…
Voz Gutural (a todos, vía telepática): VAIS A MORIR.

En ese momento, los huesos del gigantesco dragón comienzan a moverse lentamente, flotando en el aire, acoplándose unos con otros al tiempo que los cánticos se vuelven más y más guturales…

Ben Braddock (NE): Hora de no estar aquí…

Nuestros amigos deciden no quedarse a ver el final del número: regresan al túnel donde intentan buscar otro túnel que los lleve a la cámara del dragón (y poder así hacerse con Margaret) Sin embargo, los únicos dos corredores que encuentran llevan, por caminos opuestos, al exterior.

Apenas han salido al exterior cuando toda la formación rocosa de Dry Rock se ve sacudida por un temblor de tierra. Y es justo entonces cuando el techo de la mesa estalla en mil pedazos. Como un géiser, un torrente de ácido sale proyectado al aire y cae cuan lluvia… sobre todos.

Profesor Vanister (NE): Impresionante… Esa criatura, pese a su estructura totalmente ósea es capaz de proyectar alguna clase de ácido… ¿Cómo lo hará?
Danny Dalton: Profe, tenemos que recuperar a Margaret.
Ben Braddock (NE): Pues entonces habrá que volver a la gruta.

Sin embargo, en el interior de los túneles, nuestros amigos se topan con los sacerdotes oscuros. Pese a los intentos de Ben por coordinar una estrategia, sus compañeros de viaje tienen su propia forma de afrontar un ataque cuerpo a cuerpo.

Y lo cierto es que funciona: Danny Dalton revienta la nariz de uno de los sacerdotes de un tremendo puñetazo. El profesor Vanister estrella la cabeza de otro contra las paredes de roca del túnel. Y William Whitehouse, con un manejo certero del puñal, hace que otro más pierda el equilibrio… rematándolo sin piedad sobre el suelo de piedra de la gruta.

Ben Braddock (NE): Pero… (viendo la carnicería) ¿Soy el único al que le importa matar gente inocente? (mira al sacerdote al que tiene apresado) Estas de suerte, amigo. (y lo deja inconsciente de un golpe de espada)

Neutralizados los sacerdotes, la barrera invisible cae y nuestros amigos pueden entrar en la gruta. Allí, la luz del exterior se filtra a través del gigantesco agujero que ha creado el dragón con su aliento ácido. Sin embargo, no hay ni rastro de la criatura.
El grupo llega hasta Margaret y acceden al interior de la misma. Allí, encuentran a Leonard…

Profesor Vanister (NE): ¿Señor Powell? (le toma el pulso) Oh. Dios. Mío…
Ben Braddock (NE): No tiene pulso…
Danny Dalton: No… (se acerca a él) Ni de coña, pijo. Despierta, joder. No te vas a ir, ¿vale, pijo?
Ben Braddock (NE): Vamos, Danny… No hay nada que…
Danny Dalton (intentando reanimarlo) Primero Fred y ahora… No. Ni de coña.
Profesor Vanister (NE): Señor Dalton, creo que deberíamos barajar la posibilidad de emplear la magia…
Ben Braddock (NE): Y apuesto que hay alguien que puede ayudarnos… Fred.
William Whitehouse (DF): Señores, debemos salir de aquí… (todos escuchan el rugido inhumano del dragón) Papá ha vuelto a casa.

Todos montan a bordo del blindado y arrancan a tiempo de ver como el gigantesco dragón de hueso penetra de nuevo en la gruta, dispuesto a dar cuenta de los intrusos que osan robar su tesoro. Nuestros héroes se topan con un inesperado problema…

Danny Dalton (a los mandos): Mierda…
Ben Braddock (NE): ¿Por qué nos paramos? ¡Esa cosa nos sigue!
Danny Dalton: El acceso, Capi. ¡Es demasiado empinado como para sacar a Margaret por aquí!
Ben Braddock (NE): Tengo una idea… (Ben sale al exterior y se coloca a los mandos de la ametralladora calibre cincuenta de Margaret)
Danny Dalton: Pero, ¿qué coño haces, Capi?
Ben Braddock (NE): Voy a construirte una rampa, Danny.

Y Ben aprieta el gatillo. Por unos segundos, los rugidos del dragón que resuenan por los túneles de roca se ven eclipsados por la furia del fuego automático. Las balas acribillan la pared de roca, creando algo parecido a una rampa al exterior… Pero ahí es donde acaban las buenas noticias: los proyectiles destrozan las paredes haciendo que la roca vuele por doquier como metralla. Y uno de los fragmentos impacta a Ben en el brazo.

Por su parte, el dragón asoma su gigantesca cabeza de hueso por la entrada del túnel. Esa cosa metálica escupe fuego como él. No le gusta. Abre sus fauces… y un nuevo torrente de ácido atraviesa el corredor de roca en dirección al blindado.

Ben Braddock (NE): (saltando al interior del blindado) ¡¡Arranca, Danny!!
Danny Dalton (acelerando): ¡Agarraos!

La nueva Margaret ruge con toda la potencia de su motor: la chapa de metal roza los muros de roca haciendo saltar chispas mientras el vehículo gana velocidad. Danny aprieta los dientes: el Capi le ha dado algo parecido a una rampa… pero tendrá que calcular para acelerar en el momento justo. Un instante de más o de menos… y serán pasto del torrente de ácido.
Danny sonríe.

Danny Dalton: Pijo… Ojalá pudieras ver lo que es conducir.

Y Danny pisa el acelerador.
Cualquiera que estuviese fuera de Dry Rock podría ver como una tanqueta sale disparada por el hueco del túnel. Y durante un segundo, Margaret desafía las leyes de la gravedad, surcando el cielo y dejando atrás el gigantesco torrente de ácido que sale proyectado al exterior.

Cuando la gravedad vuelve a acordarse del blindado, Margaret toca el suelo poniendo a prueba sus amortiguadores. Todos sus ocupantes sufren las sacudidas. Pero al menos están vivos.

Danny Dalton (a sus pasajeros): ¿Estáis todos bien?
William Whitehouse (DF): (alucinado) ¿Qué especie de carruaje es este?
Ben Braddock (NE): Debemos ir cuanto antes al castillo. Para llevar a Leonard… y para avisarles de lo que ha pasado. Vamos, Danny…
Danny Dalton: Muy bien, Capi. Pero imagina las caras que van a poner cuando nos vean aparecer…
Ben Braddock (NE): No tenemos tiempo para ser sutiles, Danny.

Tal y como presagió Danny Dalton, la aparición de la tanqueta en el patio de armas del castillo del Rey Sullivan III es acogida con estupefacción y temor por parte de los lugareños y la guardia. Todo tipo de rumores recorren las callejuelas, siendo "dragón plateado" y "artefacto infernal" sólo dos de los muchos calificativos que recibe Margaret.

Rodeados por la multitud y la guardia, Ben sale al exterior acompañado de William Whitehouse. Y cogiendo del brazo a éste…

Ben Braddock (NE): ¡Tranquilos, amigos míos! ¡El dragón de acero no os dañará a ninguno de vosotros! ¡Y todo ello gracias a William Whitehouse!

Todos se inclinan ante el "héroe" mientras Danny Dalton y el profesor Vanister sacan el cuerpo de Leonard del interior del blindado. Al mismo tiempo, las puertas del castillo se abren y de ellas sale un enfurecido Sir Edward Braddock, escoltado por su guardia personal.

Sir Edward Braddock (DF): ¿Dónde te habías metido, Ben? ¡A tu madre casi le da algo del susto!
Ben Braddock (NE): Papá, ahora no podemos hablar. Es Leonard… el hijo de Devon Powell. Está malherido. Necesitamos ver a Fred…
Sir Edward Braddock (DF): Vas a tener que dar muchas explicaciones por tu comportamiento, hijo mío…

Nuestros amigos suben hasta la torre en la que se encuentran las dependencias de Maese Fesster. Allí, Ben interrumpe un momento romántico entre el joven hechicero y su amada, Nora. Pese a que la vida de Leonard pende de un hilo, Ben no puede evitar una punzada de celos…

Maese Fesster (DF): Sir Ben… ¿qué puedo…?
Ben Braddock (NE): Nuestro amigo. Está… está muy mal.
Maese Fesster (DF): Pero, Sir Ben, yo…

La frase de Maese Fesster se ve interrumpida por un rugido gutural procedente del exterior. En el patio, comienzan a escucharse los gritos de pánico y horror de los lugareños.

Profesor Vanister (NE): El Dragón... Oh.Dios.Mío.

CONTINUARÁ

jueves, 20 de noviembre de 2008

Poster - DANNY DALTON


Poster - LEONARD POWELL


Poster - BEN BRADDOCK

Poster - Teniente RUSSELL T. DALTON


Si pensabas que estar perdido en un sin fin de mundos paralelos, imagínate estar también fuera de tu propio tiempo. Y si no, que se lo pregunten al Teniente Dalton.

Poster - MARCUS VANISTER


Parece que Blogger me da problemas a la hora de colgar más de una imagen al mismo tiempo, así que cada personaje tendrá su post único. Disculpen las molestias.

martes, 18 de noviembre de 2008

Posters - Season 2: "NEVERFIELD Book of Shadows"

Tras un primer intento (infructuoso) de colgar las posters, volvemos a intentarlo. Si todo va bien, podréis picar en las imágenes y disfrutar de cada uno de ellos en su tamaño correspondiente (por Dios, ignorar los posibles dobles sentidos de esa última frase... gracias)

lunes, 17 de noviembre de 2008

Sesión 08-11-2008

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!


ATRAPADOS EN UNA ODISEA DIMENSIONAL…
Danny Dalton: Vale. Ahora el Libro es un libro y las Sombras... Se han ido.
Profesor Vanister (NE) ¿Y si han ido a otros Springfield?
Leonard Powell: ¿Y si han ido…? (mira Danny) ¿Y si han ido al nuestro?


UN VIAJE A TRAVÉS DE REALIDADES ALTERNATIVAS...
Profesor Vanister (NE): Un mundo paralelo, señor Braddock; no lo olvide. Aunque parezca idéntico al suyo, siempre hay alguna diferencia por pequeña que ésta sea.
Danny Dalton (contemplando el nuevo mundo al que han llegado, alucinando): Defina "pequeña diferencia", profesor.

TODOS BUSCAN EL CAMINO DE VUELTA A CASA...
Fred "Fess" Fesster: Casi, Powell.
Danny Dalton (intentando agarrarle): ¡FRED!

PERO NO TODOS VIVIRÁN PARA ENCONTRARLO.

Episodio 2x07.- DRAGONSFIELD (Parte 1)
FIRST KNIGHT - B.S.O.
Jerry Goldsmith
Habían visto otras versiones de Springfield.
Pero nunca se habían sentido tan lejos de casa como en ese momento.

Ben, Danny y el profesor Vanister aun miraban atentamente la escultura que había en aquella plaza medieval: un conjunto en el que ellos mismos eran los protagonistas. O al menos sus versiones en ese universo... sacado de las páginas de una novela de espada y brujería. Danny no pudo evitar pensar que Fred habría hecho uno de sus incomprensibles comentarios frikis.
Si estuviese vivo, claro.

Profesor Vanister (NE): Veamos... (examinando más de cerca la estatua) A tenor de mis conocimientos en literatura fantastica yo diría que... el señor Braddock es una especie de paladín. El señor Powell es un elfo... Y yo...
Danny Dalton: Con esa túnica, profe, parece un místico escapado de los 60.
Profesor Vanister (NE): Pues creo que no anda desencaminado, señor Dalton... aunque falta su imagen en el conjunto. Quizá no nació o puede que...
Danny Dalton: Vale, genial. Un problema menos del que preocuparse. Ahora busquemos el prisma e intentémos no llamar la atención...

Fue en ese momento en que comenzaron a abrirse las ventanas y puertas de aquellas rústicas construcciones que rodeaban la plaza. Lentamente, los habitantes del pueblo reunieron el valor para ver quienes eran los misteriosos visitantes que, en un estallido de luz azulada, habían aparecido esa mañana.
Uno de ellos, el más anciano de quienes se atreven a acercarse, susurra...

Viejo Phil (DF): Sir Ben... Han vuelto... (se gira a sus vecinos) ¡Los héroes han vuelto!
Profesor Vanister (NE): El señor Dalton tiene razón. Teniente Dalton, lleve a "Margaret" a un lugar seguro.
Teniente Russell T. Dalton: Oiga, amigo. No pienso dejarles aquí...
Danny Dalton: Hazle caso, tio Russell. Estaremos bien. Vigila que no les pase nada al pijo y al Libro, ¿vale?

El rugido del motor de la nueva "Margaret" hace que la muchedumbre se detenga a medio camino de recibir a sus héroes. Para cuando el blindado se ha marchado, los lugareños vuelven a acercarse, murmurando asombrados por todo lo que ha acontecido. Sin embargo, y antes de que nuestros amigos puedan resolver alguna de sus muchas preguntas, una comitiva a caballo irrumpe en la plaza...

Sir Edward Braddock (DF): ¡Abrid paso!. ¡En nombre del Rey Sullivan III, abrid paso!
Ben Braddock (NE): ¿Pa... Papá?
Sir Edward Braddock (DF): ¿Hijo?

Ben reconoce al hombre que comanda al grupo de guardias a caballo que se les acercan. Con barba, corpulento como en sus mejores días de estrella deportiva y con un aura noble que, en su propio mundo, Ben recordaba de tiempos mejores.

Danny Dalton (aferra por el brazo a un entusiasta Ben): Recuerda, capi... No es tu mundo. No es tu padre.
Sir Edward Braddock (DF): Hijo mío... (le da un fuerte abrazo y Ben, pese a la advertencia de Danny, le responde con igual sentimiento) Sabía que regresarías, hijo. Tu madre nunca ha perdido la esperanza de verte de nuevo...
Ben Braddock: ¿Mamá? ¿Está... viva?

En su mundo, como en el que Danny, la agente Margo Braddock murió a causa de un disparo durante las revueltas en la reserva india de Dry Rock. Pero, como en tantas otras cosas, este mundo es diferente. Muy diferente.

Nuestros amigos no tardan en darse cuenta: al tiempo que apartan a los curiosos, los soldados al mando de Sir Edward les entregan las riendas de varios caballos. Se han enfrentado a todo tipo de amenazas... pero montar a caballo resulta estar fuera de las capacidades de todos. Finalmente, Danny y el profesor Vanister consiguen mantenerse torpemente sobre sus caballos. Ben, en cambio...

Ben Braddock (NE): Buff... (incorporándose tras una estrepitosa caida a caballo)
Sir Edward Braddock (DF): ¿Estas bien, hijo? Vaya... Debes estar realmente agotado de ese viaje para no ser capaz de mantenerte sobre tu caballo.

De camino al castillo, los recién llegados contemplan el mundo al que han llegado: un mundo donde las calles no estan asfaltadas, donde la ausencia de alcantarillado hace los desagues compartan senda con las que cruzan a caballo... Donde los campos y los bosques imperan en donde antes había calles, edificios, tendido eléctrico... E ntre otras cosas, contemplan la enorme catedral que hay en el lugar donde antaño estaba el cementerio. Una especie de templo cubierto por la maleza, raices muertas, polvo y telarañas.

Ben Braddock (NE): Papá... ¿en qué año estamos?
Sir Edward Braddock (DF): En el 2008, por supuesto.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir... 2008 después de nuestro señor Jesucristo?
Sir Edward Braddock (DF): Te refieres al sacrificio y ascensión de nuestro Dios Amanautor, claro. (Lo mira extrañado) Ese hechizo que ha borrado vuestros recuerdos es peor de lo que pensaba...

Finalmente, la comitiva llega a la fortaleza que nuestros protagonistas pudieron ver en la lejania. Una enorme e inexpugnable fortificación de piedra... justo donde en sus mundos se alzaba la mansión Powell. En el castillo, rodeados por un foso y un muro de piedra, viven cientos de personas: herreros que trabajan laboriosamente en sus forjas, armeros, una pequeña taberna, establos... todo ello entre el ruido del choque de metales, el gruñido de animales de granja y el bullicio...

Sir Edward Braddock (DF): Antes de presentaros al rey Sullivan deberíais daros un baño y cambiar esos extraños ropajes por otros más adecuados. Y luego... (al profesor Vanister) Sabio Vanister, me contaréis quien es ese extranjero que os acompaña (señala a Danny)

Al amparo de unos establos adyacentes a la fortaleza central, nuestros tres protagonistas disfrutan de un baño que les hace añorar las comodidades de la vida moderna. Comparten impresiones sobre lo que ocurre: mientras Ben parece dejarse llevar por todo el ambiente de cuento de hadas y la esperanza de ver con vida a las personas que ha visto morir; Danny intenta hacerle entrar en razón.

Una acalorada discusión... que no tarda en verse enfriada por un súbito chorro de agua helada que cae sobre ambos.

Ben y Danny (súbitamente helados, al unísono): Joooooderrrrr...

Se incorporan y tropiezan con las responsables. Dos doncellas de las cuales una es la viva imagen de Jennifer Sullivan, enfundada en un traje blanco de seda. Ríe divertida y deja a un lado ropas para los invitados.

Ben Braddock (NE): ¿Pero... (intenta cubrirse) No... no veis que estamos desnudos?
Lady Jennifer Sullivan (DF): No os hagáis el tímido conmigo, Sir Ben... (sonrisa pícara)

Y guiñándole el ojo, Lady Sullivan abandona la estancia compartiendo risas cómplices con las otras dos chicas que entraron en los establos.

Profesor Vanister (NE): Que chicas tan amables... (mira los ropajes) Y que curiosas vestimentas.

Una vez vestidos, nuestros protagonistas parecen encajar algo más en un escenario sacado de la leyenda artúrica: para Ben, una túnica azul con rebordes dorados y el símbolo de la justicia en el lado del corazón, bordado en plata. El profesor Vanister se enfunda una túnica gris, sencilla y sin bordados, pero de gran calidad. Sin embargo, las ropas de Danny resulta ser una zarrapastrosa túnica negra, a medio descoser y cubierta por manchas de polvo.

Ataviados con sus nuevas vestimentas, nuestros héroes atraviesan el patio de armas del impresionante castillo... donde a las puertas, una hermosa mujer de pelo castaño aguarda a nuestros héroes.

Lady Margot Braddock (DF): ¡Hijo!
Ben Braddock (NE): ¡Mamá! (corre a su encuentro y la abraza con fuerza) ¡Estas viva! Ja ja ja... (la mira y con lágrimas en los ojos, pregunta) ¿Y Eddy? ¿Dónde esta mi hermano?
Lady Margot Braddock (DF): Está fuera, más allá de las fronteras del reino. Pero volverá pronto, antes de la próxima primavera...
Profesor Vanister (NE): Señor Dalton... (susurro) Me preocupa el entusiasmo del joven Braddock.
Danny Dalton: Ya, profe. Apuesto a que se siente como en casa...

Las enormes estancias del castillo resuenan con el eco de sus pisadas y sus voces. Nuestros héroes llegan a un gran comedor, en el que les aguardan viandas llenas...

Ben Braddock (NE): Esto es... Es increible...
Danny Dalton: No lo flipes tan rápido, Capi...
Ben Braddock (NE): Vamos, Danny... Dime que no has deseado nunca vivir en un sitio así...
Danny Dalton: Capi, cállate...
Ben Braddock (NE): Las ropas, el castillo... Todo tiene un aura de nobleza....
Danny Dalton: Mi amigo ha muerto hace apenas unas horas... Así que no, Capi. Esto no me parece tan cojonudo como te lo parece a ti.

Ben no puede evitar mirar con culpabilidad a Danny. Éste se limita a sentarse en silencio, ignorando los intentos de Ben por disculparse. La sabrosa comida llena los platos y los estómagos de nuestros amigos.

Ben Braddock (NE): Mamá... Quiero decir... Madre. Quería saber si... (mira a Danny) Si conocéis a alguien llamado Fesster. Fred Fesster.
Lady Margot Braddock (DF): ¿Maese Fesster? Pues claro. Cariño, si hasta fuiste su padrino en su boda con Nora.
Ben Braddock (NE): ¿No... (casi se atraganta) ¿Nora Thompson?

La información sigue llegando a sus oidos... pero Ben apenas si puede asimilarlo: no solo es su mejor amigo, sino que Maese Fredderick Fesster es, como su padre Paul, consejero y mago del rey Sullivan III.

Profesor Vanister (NE): Señor Braddock, comprenda que éste no es su mundo... No es nuestro hogar.
Ben Braddock (NE): Pero podría serlo, profesor. Podría ser nuestro nuevo hogar.

Unas voces, casi rugidos, resuenan al otro lado de los enormes portones del salón comedor. Estas se abren súbitamente, de par en par, dejando entrar a un fornido enano luciendo un manchado traje de trabajo minero. A pesar de la poblada barba con trenzas, todos reconocen sus rasgos.

Jak Dalton (DF): ¿¡DONDE ESTÁ!? ¿¡DONDE ESTÁ MI HIJO!?

Nuestros tres protagonistas no pueden evitar quedarse paralizados. Ben y el profesor comienzan a comprenderlo casi al mismo tiempo que Danny... quien apenas si puede creer que su padre mida menos de metro sesenta.

Sir Edward Braddock (DF): Maese Dalton, tranquilícese... (entra con dos guardias, intentando calmar al iracundo enano)
Danny Dalton: No. Esto no está pasando.
Profesor Vanister (NE): Es sin duda una especie derivada de la humana... Fascinante.
Jak Dalton: ¿Qué le habéis hecho a mi hijo?
Sir Edward Braddock (DF): No es fácil de explicar, Maese...
Jak Dalton (DF): ¿¿¡¡QUÉ LE HA PASAD...!!??
Ben Braddock (NE): ¡MAGIA!... (todos se giran) Fue... ¡Un hechizo! Si, eso fue...

Con la ayuda de sus compañeros, Ben consigue sostener una mentira con la que calmar los ánimos del colérico enano. Refunfuñando aun pero visiblemente más calmado, Maese Jak Dalton abandona la estancia. Nuestros amigos, sin embargo, no pueden respirar aun tranquilos... pues son muchas las explicaciones que aun tendrán que dar.

Poco después, Sir Edward los lleva hasta el mismísimo salón real: una descomunal estancia llena de columnas, con alfombra roja en el suelo, y coronada por un trono en el que yace sentado un pequeño hombrecillo, regordete y de carrillos hinchados. El hombre que en sus mundos era un simple alcalde... aquí es un rey. El rey Sullivan III... rodeado por su cohorte de consejeros: Gabrielle Grant y su hija, Lady Alma Grant, a un lado. Y al otro, Maese Paul Fesster.

Profesor Vanister (susurrando mientras se acercan): Recuerden, caballeros... a su altura, inclinación y reverencia.
Rey Sullivan III: ¡Ah! ¡Sabio Vanister! Decidme... ¿lo habéis traido?
Profesor Vanister (NE): ¿Traido? Mi señor...
Rey Sullivan III: El Libro. El Libro de las Sombras. El único objeto que, según sus palabras, podría detener para siempre a Garius Voldan.
Profesor Vanister (NE): Está a buen recaudo, majestad...
Rey Sullivan III: ¡Magníficas noticias! Mañana hablaremos de todo esto. Ahora, el pueblo necesita una inyección de moral. Sir Edward... avisad a todos. Al atardecer, habrá festejos en honor a nuestros héroes. Ahora... descansad.

De camino a sus aposentos, nuestros héroes recorren pasillos en los que sus conversaciones sobre coches y música rock contrastan como un anacronismo frente a telares y armaduras. Los dos soldados que los escoltan escuchan anodadados una conversación aparentemente marciana...

Soldado Big Timmy (susurrando) (DF): Sí, han vuelto... pero por Amanautor que esa misión los ha vuelto locos.

Los aposentos de Sir Ben sirven de punto de reunión para nuestros amigos. Mientras Danny descansa tendido en una enorme cama con dosel, el profesor Vanister y Ben se aproximan a la ventana. En el exterior, se hacen los preparativos para los festejos de esa misma noche: mesas de banquete, palios... y una extensión de tierra horizontal, en la que se colocan dos barreras de madera. A ambos lados, dos soldados a caballo, lanza en riste, cargan el uno contra el otro.

Sir Edward Braddock (DF): Ah, veo que ya has visto los preparativos... (el padre de Ben entra en la estancia y pone la mano en el hombro de su hijo) No te preocupes, hijo. Lo harás bien. Sigues siendo el número uno.
(y diciendo eso, Sir Edward se marcha)
Ben Braddock (NE): Vale. Tenemos que irnos de aquí.
Danny Dalton: Ya no te parece un mundo perfecto, ¿eh Capi?
Profesor Vanister (NE): Señor Dalton... (señalando a un foso de arena en donde varios enanos pelean cuerpo a cuerpo) Debería ver eso.
Danny Dalton: Ya... Pues no mire a su izquierda, profe.

A unos metros, reunidos en corro, varios aprendices de hechicero compiten entre risas, realizando pequeños conjuros de metamorfosis. Uno de ellos, en concreto, convierte un sabueso en una diminuta rata blanca. Las risas y aplausos contrastan con el semblante pálido del profesor Vanister.

Ben Braddock (NE): Hay que salir de aquí.
Profesor Vanister (NE): No. Lo mejor sería intentar sortear esas pruebas como mejor podamos...
Ben Braddock (NE): Genial, profesor. Tenemos apenas un par de horas antes de los festejos ¿Va a aprender magia en ese tiempo?
Profesor Vanister (NE): No soy mago, señor Braddock. Soy científico. Pero hubo un tiempo en el que no se diferenciaba a unos de otros.
Danny Dalton: Venga, Capi... (coje la espada que, junto a la lanza y una pesada armadura han traído un par de soldados) Seguro que no es tan difícil. (empieza a manejar la espada, haciendo el "Conan") ¿Ves? Es como un bate de...

La espada sale disparada de sus manos y atraviesa la ventana. El arma se clava en la tierra, justo a un par de centímetros de un pobre campesino que iba cargado de cestos con fruta. Todos miran hacia arriba, temerosos.

Danny Dalton: Vale. Quizá no sea igual que un bate de baseball.

Las siguientes horas transcurren en un intento por enseñar a Ben el arte de la lanza... un curso impartido por el propio Vanister (cuyos conocimientos sobre caballería se basan en lo poco que ha leído en los libros)

Finalmente la noche cae sobre el castillo de Sullivan III: la gente ha salido de sus casas y llena cada rincón el enorme patio de armas, convertido ahora en una fiesta donde todo el mundo ríe, canta y se divierte en torno a las pistas centrales.

En uno de los establos, Ben lucha por ponerse la pesada armadura de placas con la que está obligado a pelear.

Ben Braddock (NE): Es inútil, profesor. Si apenas puedo mantenerme sobre el caballo... ¡imagine con esto encima!
Danny Dalton (mirando al exterior por la rendija de las puertas): Esta todo el mundo ahí afuera. Y...
Maese Jak Dalton (DF): ¿¡Hijo!? (escoltado por otros dos enanos, irrumpe en la estancia el padre de Danny) ¡Ah, estas aún aquí! ¡Bien! (le entrega una pesada hacha) ¡Esta noche pelearás contra tu tío! ¡Suerte!

Danny sigue con la mirada a su padre y el resto de su comitiva de enanos que, una vez fuera, se reunen en torno al foso de arena. Allí, Danny contempla a su oponente: la viva imagen de su tío Charlie... en versión enana. Sin embargo, su estatura deja de ser un problema cuando ve la impresionante musculatura que luce.

Profesor Vanister (NE): La potencia muscular de esa especie es... temible.
Danny Dalton: Si se parece a mi tío Charlie, profe, no es su músculo lo que me preocupa... sino su mala leche.
Ben Braddock (NE): ¡Se acabó! (quitándose la armadura) No pienso salir con esto...

Y es justo entonces cuando resuenan las trompetas. El silencio se adueña de las gradas en las que nobles y plebeyos se reunen para, a la luz de las antorchas, presenciar la justa entre Sir Ben Braddock... y su oponente. Cabalgando un hermoso corcel negro, un corpulento caballero oculta su identidad bajo una armadura oscura.

Ben Braddock (NE): Deseadme suerte... (y dicho esto, sale al exterior)

El murmullo se adueña de las gradas cuando ven aparecer a Ben sin la correspondiente armadura, tan solo sosteniendo el escudo y la lanza. Dirigiéndose al rey en persona, Ben pide luchar sin armadura. Sin embargo, lejos de ser un problema, su oponente ríe ante su ocurrencia.

Caballero Negro: Muy bien, viejo amigo... (las placas de su armadura van cayendo una a una... hasta dejar ver su identidad) Si así es como lo quieres...

Tanto Ben como Danny y el profesor aguantan la respiración al ver el hombre al que tendrá que enfrentarse. Un joven en perfecta forma física, con una mirada amable pero segura. Y que, salvo por su porte de auténtico titan de ébano, es idéntico a alguien a quien todos conocen.

Danny Dalton: Joder, profesor... Pero ese es...
Profesor Vanister (NE): Si, señor Dalton. Es Fred. Sir Fred Fesster.

Ben, paralizado, no puede evitar sentirse intimidado por la presencia temible de su rival.

Ben Braddock (NE): Pero... ¿no eras un mago?
Sir Fred Fesster (DF): Muchas cosas han cambiado... (sonríe)... viejo amigo.

CONTINUARÁ.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Y tras un breve corte publicitario...


... volvemos a la carga.

Hace unas semanas que el blog de Neverfield andaba un poco parado. Han sido causas ajenas a nuestra voluntad y esperemos que en breve, recuperemos el ritmo habitual.

De todas formas, hay algun material promocional de esta segunda temporada que ira viendo la luz a lo largo de los próximos días. Espero que sea del gusto de todos...

Como muestra, un poster inédito de la primera temporada de Neverfield.

¡Un abrazo a todos!

PD: Tras un sin fin de batallas con Blogger, por fin he podido colgar el poster de la Segunda Temporada.