jueves, 28 de mayo de 2009

Sesión 16-05-09 - Parte 2 de 2

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como “el prisma”.
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

… O A MORIR EN EL INTENTO.
Ben Braddock (NE): No… No puede ser…

Padre Vincent Layton (ND): Me temo que si. Fred Fesster es una de las almas que deberán capturar.

Episodio 3x08.-
Caso Nº00520910-X
NEVEREND contra WOLFRAM & HART

Universo Neverend
Piso franco de Billy Whitehouse. Suburbios de Los Ángeles.
Ahora.


Devon Powell (NE): Ahí estas...

Devon Powell llevaba esperando dos horas apoyado en aquella ventana. Sabía que su paciencia tendría su justa recompensa. A fin de cuentas, la paciencia era una de sus armas más poderosas. No tanto como el dinero o las influencias, claro. Pero la paciencia era lo que le permitiría alzarse de entre las cenizas. El dinero le daría los medios para levantar de nuevo las Torres Powell, aunque probablemente lo haría aquí, en Los Ángeles. Y las influencias en el gobierno y el ejército le permitirían retomar sus experimentos. El programa Twilight seguiría adelante y crearían una fuerza militar capaz de explorar otras dimensiones... Las posibilidades eran infinitas.

Abajo, en la calle y bajo la luz de las farolas, William Whitehouse se aproximaba a la entrada del bloque de apartamentos. Junto a Ben Braddock, el profesor Vanister y un grupo de viajeros procedentes de otro Springfield paralelo; Whitehouse había sido responsable del colapso de las Torres Powell y de que sus planes se hubiesen visto retrasados.

Por no hablar de la muerte de Leonard, claro.
Su hijo.

Devon Powell (NE): Muy bien, señores... (apartándose de la ventana) Estén preparados: el señor Whitehouse es... especialmente escurridizo.

Mientras sus dos guardaespaldas tomaban posiciones a ambos lados de la puerta del apartamento, Devon miró a la joven que dormía tendida en el sofá. Aun le costaba creer que aquella mosquita muerta pecosa y flacucha hubiese sido capaz de volar la cabeza de su hijo.

Por suerte, las influencias de Devon iban más allá de lo financiero, lo político y lo militar. Algunas iban más allá de la misma muerte.

Un par de disparos resonaron fuera, en la calle. En un barrio como aquel, dos disparos no iban a atraer la atención de la policía. Devon miró al exterior. Dos individuos trajeados flanqueaban el coche en el que dos de sus hombres montaban guardia. Aunque no reconoció a los trajeados, sólo había una cosa segura.
Whitehouse había desaparecido.

Billy Whitehouse (NE): Es hora de acabar con esto...

Devon se dio la vuelta y ahí estaba: de pie, a menos de cinco metros y con sus dos guardaespaldas encañonándole, con el gesto sorprendido de haberlo visto llegar veloz como una centella.

Billy Whitehouse (NE): No sé cómo lo has hecho, hijo de puta... No sé cómo has conseguido volver de entre los muertos...
Devon Powell (NE): Le aseguro que yo tampoco lo comprendo a ciencia cierta, señor Whitehouse... Eso me recuerda que debo contactar con mi abogado, el señor Goodwin Steele.
Billy Whitehouse (NE): Diga a sus hombres que bajen las armas.
Devon Powell (NE): ¿Cómo? Señor Whitehouse, compréndalo... Usted no va armado. Ellos sí. No está en posición de negociar. Nunca lo ha estado. Yo, en cambio...

Devon Powell señala el sofá en el que reposa una inconsciente Rachel.

Devon Powell (NE): Yo tengo todas las cartas, señor Whitehouse. ¿De verdad cree poder hacer algo para evitar que gane esta partida?

Billy Whitehouse miró la ventana, a espaldas de Devon Powell. Y sonrió.

Billy Whitehouse (NE): Si. Creo que si.

Universo Neverend.
Exterior del piso franco de Whitehouse. Suburbios de Los Ángeles.
Tres minutos antes...

Danny Dalton: Es una pésima idea, profe.

El profesor Vanister no le contestó: seguía mirando los vendajes improvisados que habían frenado de momento la hemorragia craneal de Ben. Éste seguía inconsciente, más muerto que vivo...

Profesor Marcus Vanister (NE): Si el señor Whitehouse quiere resolver sus asuntos pendientes con Devon Powell, ¿quiénes somos nosotros para interponernos?
Danny Dalton: Los tipos que han venido a devolverlo al infierno. Eso para empezar, profe.

Afuera, Billy Whitehouse caminaba con paso firme hacia su casa. Dentro de aquel apartamento estaba el hombre que lo había utilizado como rata de laboratorio. El hombre que había arruinado no sólo su vida, sino también la de Ben Braddock.

Danny Dalton: Profe, ¡problemas!

Danny señaló un coche que había aparcado al otro lado de la calle. Los dos tipos que había dentro parecían llevar un luminoso neón sobre sus cabezas. Y en él podía leerse “Escoria a sueldo de Devon Powell”.

Profesor Marcus Vanister (NE): Deberíamos...
Danny Dalton (saliendo del coche y empuñando su pistola): Actuar. Ya.

Antes de poder darse cuenta, ambos caminan en dirección al coche de los matones de Powell. Si no consiguen detenerles, piensa Danny, al menos podrán darle algo de ventaja a Billy. La idea es sencilla: encañonar a los matones antes de que ni tan siquiera puedan sacar sus propias pipas. Los muy bastardos no les dan la oportunidad: les han visto venir y parecen dispuestos a apretar el gatillo sin hacer preguntas. Danny no tiene problemas en ponerse a su nivel y volar la cabeza del primero de ellos. El parabrisas se llena de sangre. El conductor rebusca su arma y casi se mea en los pantalones cuando el profesor Vanister mete el cañón de su pistola por la ventanilla.

Y un sonoro “click” deja claro que su arma se ha encasquillado.

Profesor Vanister (NE): Oh. Cielos...
Danny Dalton: ¡Profe! ¡Al suelo!

Vanister besa el suelo mientras un segundo disparo de Danny impacta contra la nuca del conductor, que cae sobre el claxon. Danny se acerca hasta el profesor.

Danny Dalton: ¿Esta usted bien? Casi...

El sonido de cristales rotos interrumpe su frase. Apenas si tiene tiempo de mirar hacia arriba y ver como, de una de las ventanas del quinto piso, surgen dos figuras. Caen al vacío enzarzadas en una mortal melé. Y con el crujido del metal y los huesos quebrados, ambos caen pesadamente, aplastando el techo del coche.

Profesor Marcus Vanister (NE): ¿Qué...?
Danny Dalton: Oh, mierda...

Entre estertores, Devon Powell boquea, como quien intenta articular unas últimas palabras, ahogadas por la sangre que brota de su garganta. Sobre él, yace el cuerpo inerte de Billy. Una docena de impactos de bala marcan su espalda.

Danny Dalton: Lo siento, chico... Profesor, el maletín.

Danny marca el triple seís en la cerradura automática del elegante maletín. Por un segundo, antes de abrirlo ante él, mira a Devon Powell.

Danny Dalton: Muy bien, viejo cabrón... Hora de volver al infierno.

Universo Neverdale.
Instalaciones Médicas de Wolfram y Hart.
Dos meses después.

Ben Braddock despierta. Sus últimos recuerdos son de un vagón de metro. Recuerda haberse incorporado a toda velocidad, tratando de ayudar al profesor Vanister (pero, ¿a qué? ¿ayudarlo para qué?) Luego, un tropezón absurdo y... oscuridad.

James Roth (ND): Bienvenido al mundo de los vivos.

Ben Braddock tiene media cabeza vendada y siente sus movimientos lastrados por obra y gracia de los analgésicos. La cabeza le zumba y le retumba.

Ben Braddock (NE): ¿Qué...? (se percata de que está tendido en una cama de hospital) ¿Qué ha pasado?
James Roth (ND): Tranquilo, Capi... Tómatelo con calma. Llevas cerca de dos meses así...
Ben Braddock (NE): ¿Dos... dos meses? ¿Y el profesor? ¿Y Danny?
James Roth (ND): El profesor y Danny han venido a verte a menudo, desde que llegaron de esa misión...
Ben Braddock (NE): ¿Misión? ¿Qué... misión?
James Roth (ND): Espera un segundo... ¿no recuerdas nada?
Ben Braddock (NE): No recuerdo... no recuerdo nada de…

De repente, Ben siente que algo falta. Algo además de ese enorme vacío oscuro en el que debían estar sus recuerdos.
Mira sus manos.

Ben Braddock (NE): El anillo... (mira a Roth) ¿Dónde está el anillo?

James Roth se incorpora al tiempo que Ben se desconecta de los aparatos de medición.

James Roth (ND): Tranquilo, ¿vale? El anillo lo tiene el profesor. Esta sano y salvo.

Como si hubiese realizado un conjuro, la puerta se abre. El profesor Vanister y Danny Dalton hacen acto de presencia, luciendo sus elegantes trajes de Wolfram y Hart.

James Roth (ND): ¿Lo ves?
Danny Dalton: Capi...
Profesor Vanister (NE): ¡Señor Braddock! ¿Cómo se encuentra...?
Ben Braddock (NE): Estoy bien, profesor pero... ¿el anillo?
Profesor Vanister (NE): No se preocupe, señor Braddock... (muestra sus manos enguantadas) No he tenido ningun percance... al menos no tan grave como el suyo.
Danny Dalton: Ben, sobre lo que pasó en la misión...
Ben Braddock (NE): Me lo cuentas por el camino, Danny...

Ben se incorpora, buscando sus ropas.

Danny Dalton: Un momento, Ben... ¿camino de donde?
Ben Braddock (NE): Es hora de arreglar un asunto, Danny... (mira las manos enguantadas del profesor) Volvemos a Nueva York.

CONTINUARÁ...

martes, 26 de mayo de 2009

Sesión 16-05-09 - Parte 1 de 2

ANTERIORMENTE, EN “NEVEREND”...
Danny Dalton: Así que en esta dimensión, Leonard, tú y yo volvimos sanos y salvos.


EL HOGAR DE BEN BRADDOCK Y MARCUS VANISTER...
Ben Braddock: Espere, profesor... ¿dice que éste Billy es de otra...?

Marcus Vanister: No, señor Braddock. Éste es nuestro Billy. Solo que le han implantado el ADN del otro Billy. Compatibilidad genética perfecta, claro...

UNA REALIDAD ALTERNATIVA...
Billy Whitehouse: Ben, ese año y pico que llevas pensando que yo estaba en Nueva York... ha sido un año y pico en el que me han hecho ni se sabe cuantos experimentos y mierdas médicas. Y alguien tiene que pagar por ello.


DONDE VOLVIERON A CASA UN AÑO DESPUÉS...
Billy Whitehouse: Devon Powell está enviando máquinas de salto dimensional a saquear otros mundos...
Ben Braddock: Alguien tiene que pararle los pies.

UNA DIMENSIÓN QUE CREEN HABER DEJADO ATRAS...
Ben Braddock (después que Rachel haya volado la cabeza a Leonard Powell): Rachel, no... Tranquila. Tranquila...
Leonard Powell (aun sobresaltado, mirándose a sí mismo... y manchado la sangre de su otro "yo"): Joder...

... Y A LA QUE TENDRÁN QUE VOLVER.

Episodio 3x08.-
Caso Nº00520910-X
NEVEREND contra WOLFRAM & HART


Universo Neverend.
Hace unas horas.

“... a la espera de nuevas noticias. Mientras tanto, las fuerzas militares mantienen el cerco en torno al condado de Springfield, California, dos meses después de los desafortunados atentados terroristas contra las instalaciones de Powell Corporation...”

“... los rumores en torno a la muerte de su principal accionista, Devon Powell, quedaron desmentidos tras una rueda de prensa sorpresa dada a primera hora de esta mañana en la sede de la corporación aquí, en Los Ángeles. El señor Powell no quiso hacer mención...”

“... la implicación del número dos de la Powell Corporation, Jack Dalton, en la intentona terrorista perpetrada contra intereses estratégicos nacionales. Las autoridades militares no descartan la posibilidad de que otros terroristas hayan buscado refugio aquí, en Los Ángeles...”

Billy Whitehouse cambiaba de canal, uno tras otro. Rachel, acurrucada a su lado, se revolvió entre sueño y sueño, murmurando. Billy apagó el televisor y esperó que el rumor de los suburbios no la despertasen. Hacia dos meses que Rachel apenas si conciliaba el sueño. Y aquella era la primera vez que lo lograba sin calmantes. Billy la llevó hasta la cama y la dejó descansar. Luego recogió su cazadora gastada y rebuscó en sus bolsillos. Durante un par de minutos, Billy sostuvo en la mano aquellas dos entradas para el final de la temporada de futbol. Tribuna lateral.

Billy Whitehouse (NE): Ben...

Ben Braddock había llegado a ser una prometedora estrella del futbol profesional. Billy nunca había aspirado a tanto. Y sin embargo... Miró por un segundo sus cicatrices, las que cubrían sus brazos y, por debajo de la ropa, otras zonas de su cuerpo. Las que Devon Powell y sus siniestros experimentos habían provocado en él. De no haber sido por Ben y los demás, Billy aun seguiría siendo un conejillo de indias en manos de Devon Powell. Aun seguirían implantándole ADN de sus otras versiones de otras dimensiones alternativas.

Ben se había marchado con aquel peculiar grupo de viajeros dimensionales: las versiones de Danny Dalton, Leonard Powell y aquel chico, Fred Fesster. No había vuelto a saber de ellos en aquellos dos meses.

Dos meses... y los Patriots iban a jugar su primer partido de temporada. Si Ben iba a cumplir su promesa, Billy estaría allí para verlo. Poniendose la cazadora, se dispuso a abrir la puerta cuando escuchó una voz a su espalda...

Rachel Wayne (NE): ¿Billy...? ¿a dónde...?

Rachel lo miraba desde el umbral del dormitorio. Parecía estar a punto de venirse abajo entre lágrimas. Discutir con ella no serviría de nada.

Billy Whitehouse (NE): Vuelve a la cama... Yo... Estaré bien, Rachel...
Rachel Wayne (NE): Vas a verle, ¿verdad?
Billy Whitehouse (NE): Sé que es peligroso, Rachel. Pero hizo una promesa... y Ben siempre cumple. Si dijo que estaría allí...
Rachel Wayne (NE): Estará ahí, Billy. (se acerco a él) Y ese es el problema... Ben... sus... sus amigos... Ellos siempre traen problemas.

Billy abrazó a Rachel, sintiendo como temblaba de miedo y preocupación. Devon Powell había hecho algo más que regresar milagrosamente de entre los muertos: había conseguido movilizar al ejército y al departamento de policía de Los Ángeles para buscarles. A él y a Rachel. A él lo buscaba por ser su conejillo de indias. A Rachel la buscaba por otro motivo. La buscaba por pura y sencilla venganza.

A fin de cuentas, fue Rachel la que había matado a su hijo.

Universo Neverdale.
Hace unas horas.

Danny Dalton: Y una mierda... No pienso hacerlo, tio.

La habitación era una de las más caras, ya no del hotel sino de todo Los Ángeles. Danny Dalton había necesitado apenas un par de días para convertirla en una zona de guerra. Mientras lo veía dar vueltas de un lado para otro, tratando de contenerse para no destrozar su guitarra contra las paredes de la suite; James Roth trataba de buscar las palabras necesarias para calmarlo.

James Roth (ND): Me temo que no estas en posición de negociar, Danny... A fin de cuentas es tu cometido...
Danny Dalton: ¿Mi cometido? No me jodas, Roth... Claro que a ti te da igual. No era tu amigo, ¿no? ¡Para ti es solo una puta alma fugitiva más!

James Roth apretó con fuerzas las manos. Suspiró y se levantó, dispuesto a marcharse. No quería hacer o decir nada que pudiera lamentar.

James Roth (ND): Mira, yo sólo he venido a avisarte, ¿de acuerdo? Avisarte de que la próxima alma que te envien a cazar puede ser la de Fred Fesster.

Roth caminó hasta la puerta, aprovechando el silencio meditabundo de Danny. Puso la mano en el pomo y estaba a punto de abrirla cuando cedió. Cedió a decir algo de lo que posiblemente algun día se lamentaría.

James Roth (ND): Por cierto, Danny... Si te niegas a dar caza a Fred... tendrás todo mi apoyo.

Danny lo miró como si hablara en un idioma extraterrestre.

Danny Dalton: ¿Cómo...?
James Roth: Que estaré contigo, ¿vale?
Danny Dalton: Ah, claro... “estarás con nosotros”. Porque te conviene, ¿no? Porque trabajas para Manners a espaldas de Kauffmann. Porque a tu jefe le conviene que nos larguemos de esta dimensión, ¿es eso?
James Roth (ND): Danny, escucha...
Danny Dalton: No, Roth. Vas a escucharme tu a mi. Vas a conseguirme una entrevista en persona con Manners. Y vas a dejar de tutearme, joder. No me fio de ti. Nunca me he fiado de ti. ¿Está claro?

Roth lo miró y guardó silencio por un instante. Entonces comenzó a sonar el busca de Danny. Era Kauffmann: un nuevo trabajito para Wolfram y Hart les esperaba. Roth se dispuso a salir de la suite.

Danny Dalton: ¿A dónde crees que vas?
James Roth (ND): Tengo el día libre, ¿vale? No os acompaño en esta misión...
Danny Dalton: Una última cosa, Roth.

Roth lo miró desde el umbral de la puerta.

Danny Dalton: La carta que me diste. La que estaba escrita por Leonard... Dijiste que te la entregó un agente de Wolfram y Hart. ¿Dónde...?
James Roth (ND): Déjame darte un consejo gratis, agente Dalton. Olvídate de Leonard Powell. Como solemos decir en Wolfram y Hart... “es un caso perdido”.

Y cerró la puerta tras de sí. Danny tuvo el impulso de salir a buscarlo y pedirle más explicaciones. Pero algo le decía que no le iba a gustar lo que iba a descubrir si seguía interrogando a Roth.

Aun dudaba sobre si perseguirlo o no cuando la puerta de su suite volvió a abrirse. Ben Braddock lo miró mientras terminaba de ponerse la corbata.

Ben Braddock (NE): ¿Danny? Es Kauffmann, tenemos...
Danny Dalton: Si, Capi, si: Ya lo sé. Tenemos trabajo.

Universo Neverend.
Estadio de los Patriots, Los Ángeles.
Grada Interior, Izquierda.
Ahora.


Rachel tenía razón.
Aquel era el pensamiento que se repetía una y otra vez mientras las pistolas resonaban desde el graderío del estadio desierto. Billy saltaba los escalones de tres en tres, aferrando con fuerza a Rachel y presionando al máximo sus capacidades de velocidad incrementada. Por un segundo pensó que fueron esos terribles y dolorosos experimentos a los que lo había sometido Devon Powell lo único que lo habían permitido sobrevivir tanto tiempo.

Jadeando, Billy llegó hasta la barrera de seguridad. A pocos metros por debajo, el terreno de juego. Mientras, en lo alto de las gradas y rodeando por completo el hemiciclo, una docena de tipos trajeados, con gafas de sol y pistolas automáticas salieron a su encuentro.

Rachel Wayne (NE): Oh, no... Estan por todas partes. Billy, ¡van a cogernos! ¡No dejes que me cojan!
Billy Whitehouse (NE): ¡No voy a permitirlo! ¿me oyes? ¡No voy a dejar que te hagan daño pero ahora tienes que ser fuerte, Rachel!

Entonces, en el silencio de aquel estadio desierto, se pudo escuchar el eco de los percutores de sus armas. Estaban rodeados. Billy podría tener una oportunidad gracias a su velocidad y reflejos sobrehumanos. Pero Rachel... Billy la colocó tras de sí, como si él mismo fuese un chaleco antibalas. Miró por un instante a los tres matones de Powell que se acercaban a él, pistola en mano.

Billy Whitehouse (NE): Muy bien. (encarando con valor a sus perseguidores) Estoy listo para...

Dejó la frase en el aire. Para su sorpresa, los tres tipos trajeados se detuvieron. Bajaron sus armas durante un instante. Billy se sorprendió: ¿tan convincente les había parecido?

Entonces miró a Rachel y vio sus ojos, asustados, mirando al terreno de juego. Cuando Billy se dio la vuelta y vio aquella esfera de energía azulada que se estaba materializando en mitad del campo de futbol, comprendió que no era a él a quien estaban mirando todos.

Allí, sobre el cesped del terreno de juego, acababan de materializarse tres figuras que Billy alcanzó a reconocer pese a sus elegantes trajes de ejecutivo. Danny Dalton, el profesor Marcus Vanister y Ben Braddock.

Por un segundo, Billy se permitió el lujo de sonreir.
Ben.
El muy cabrón había cumplido su promesa.

Fue entonces cuando un primer disparo impactó a escasos centímetros de Billy y Rachel. El descanso había terminado y había llegado la segunda parte del partido. Billy saltó por encima de la barrera y sus pies tocaron el cesped del campo. Con Rachel de la mano, se dispuso a hacer la carrera de su vida. Y entonces recordó algo que solía decir el entreneador McDugan...

“Si tienes a Braddock de tu parte en el terreno de juego, no hay partido imposible”.

Billy rezaba para que el viejo McDugan tuviese razón.

Universo Neverdale
Sala de Juntas nº2.Planta Octava de la sede de Wolfram & Hart en Los Ángeles
54 minutos antes.

Sarah Kauffmann (ND): Me temo que este caso les atañe de una forma muy personal, caballeros...

Dejó caer el dossier sobre la mesa de reuniones como quien deja caer una bomba. Marcus Vanister, Danny Dalton y Ben Braddock intercambiaron unas silenciosas y nerviosas miradas. Lo peor de todo es que aquello no les tomaba por sorpresa.

Entonces las luces se apagaron y en la pantalla de proyecciones apareció el rostro de su próximo objetivo. Era una de las almas fugadas del Libro de las Sombras... y Sarah Kauffmann tenía razón: era un viejo conocido.

Pero, para su sorpresa, no era Fred Fesster.

Sarah Kauffmann (ND): Devon Powell... o al menos una de sus infinitas versiones en otros tantos infinitos universos. Sin embargo, como les decía, es un viejo conocido de ustedes...

El profesor Vanister fue el primero en hojear el dossier. Pálido y sin poder articular palabra, pasó el informe a Ben. Su corazón casi da un vuelco al leerlo.

Ben Braddock (NE): Tiene que estar de broma...
Sarah Kauffmann (ND): Me temo que no, señor Braddock. Es el Devon Powell de su universo.
Danny Dalton: Espere un segundo... ¿el Devon Powell de qué universo?
Ben Braddock (NE): Del nuestro, Danny... (deja el informe sobre la mesa) Volvemos a casa, Profesor.

Universo Neverend
Metro de Los Ángeles, Línea 20.
En algun punto bajo Tershire Boulevard y Gibbons.
Dos horas más tarde.


Profesor Marcus Vanister (NE): ¡Mantened la herida presionada!

Mientras el profesor marca el camino, Danny Dalton y Billy Whitehouse intentan sacar del vagón de metro a un inerte Ben Braddock. Tras de sí, además de un reguero de sangre, dejan a todo el pasaje, más de dos docenas de personas murmurando entre curiosos y temerosos.

Billy Whitehouse mira el rostro de los asustadísimos pasajeros y, por un momento, se alegra de haber dejado a Rachel en el hospital. Ya fue demasiado para ella la precipitada fuga del estadio de los Patriots. Billy no quiere ni imaginarse el shock que le habría producido verse en esa situación.

Danny Dalton: ¡Billy! ¡Joder, colega, date prisa!

El vozarrón de Danny le hizo volver a la realidad: de una fuerte patada, Danny había reventado el candado de una compuerta metálica. Bajo la ténue luz de una desnuda bombilla, Billy y Danny rebuscaron entre los rincones de aquel cuarto de mantenimiento, rezando por encontrar cualquier cosa que pareciese un botiquín.

Profesor Vanister (NE): ¡El señor Braddock necesita un médico!
Billy Whitehouse (NE): Pero, ¿qué demonios ha pasado? Hace un momento, mientras escapabamos en el metro, era todo agilidad y velocidad...
Danny Dalton: Y de repente tropieza y rompe con la cabeza una de las ventanillas del metro...
Profesor Vanister (NE): Ha sido el anillo, señor Dalton. Ese anillo... ¡Pero ahora no hay tiempo! ¡Tenemos que buscar un médico!
Billy Whitehouse (NE): ¡Imposible, profesor! ¡Se lo dije! Mire, no tiene por qué contarme por qué andan buscando a Devon Powell... ¡Pero él me busca a mi! ¡Y ha puesto a toda la policía de Los Ángeles tras mi pellejo!
Danny Dalton: Oye, tio... Por culpa de llevar a tu Rachel a un puto lugar seguro tenemos a la poli tras nuestros talones. Pero, claro, ahora que es Ben quien necesita un médico te entran los reparos...
Billy Whitehouse (NE): Dalton, Ben es mi mejor amigo. Si crees que voy a dejarlo morir...
Profesor Vanister (NE): ¡Es suficiente, caballeros! ¡Sus discusiones no ayudarán a detener la hemorragia craneal del señor Braddock!

Por un instante, tanto Danny como Billy miran el cuerpo de Ben. Apenas respira. Puede que le queden minutos de vida. Y durante unos segundos, nadie sabe qué hacer. Nadie dice nada.

Billy Whitehouse (NE): Tienes razón, Danny... Necesita un médico. Y voy a buscarlo.

Billy sube apresuradamente las escaleras que le llevan hasta la calle. Lo cierto es que no tiene nada. Ni la más remota idea de qué puede hacer.

Es entonces cuando suena su movil. Reconoce el número de Rachel. Probablemente se haya despertado en el hospital. Estará aterrorizada.

Billy Whitehouse (NE): ¿Rachel?

Pero al otro lado del móvil, una voz conocida y terrible corta la respiración de Billy.

Devon Powell (NE): Me temo que Rachel no puede ponerse ahora mismo, Whitehouse.

CONTINUARÁ...

miércoles, 6 de mayo de 2009

Sesión 02-05-09

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como “el prisma”.
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x07.-
WOLFRAM & HART contra MASSARA

Bar “RaveNant”. Polígono Industrial Eisenhower.
Afueras de Los Ángeles.
15:12 P.M.

Profesor Marcus Vanister (NE): ¿Qué?

Incluso a esa hora, aquel local de siniestra decoración tenía la música a todo volumen. Quizá por eso, pensó, lo habían traído hasta aquí. Ni el mejor de los micrófonos podría captar ni una triste palabra de todo lo que le habían contado.

El señor Braddock suspiró y se preparó para contar toda aquella historia de nuevo. Por su parte, el señor Roth miró hacia arriba, con cierta desesperación. Como si ya supiese que aquello iba a ocurrir...

Ben Braddock (NE): Profesor, se lo vuelvo a repetir...
Profesor Marcus Vanister (NE): No es necesario, señor Braddock. Es sólo que... Wolfram y Hart me ha mantenido tan ocupado en sus laboratorios que... bueno, cuesta creer que hayan descubierto tantas cosas en tan poco tiempo.
James Roth (ND): Mire, profesor... Danny Dalton tampoco cree esta historia, ¿vale?
Profesor Marcus Vanister (NE): El señor Dalton se encuentra ahora mismo bajo la observación del personal de I+D, señor Roth... Pero no se preocupe. Creo su historia. A fin de cuentas, siempre he sospechado que Leonard había conseguido escapar de aquel...

Vanister lucha por no definirlo con una sola palabra. Pero por desgracia no encuentra nada con lo que referirse a ese estado entre la vida y la muerte...

James Roth (ND): Aquel tren, ¿verdad?
Profesor Vanister (NE): Si... De alguna manera usted consiguió escapar. Lo que significa que Wolfram y Hart tienen el alma de Leonard en alguna parte.
James Roth (ND): Si Holland Manners lo sabe, no me lo ha dicho... Y si lo sabe Sarah Kauffmann...
Ben Braddock (NE): Si lo sabe Kauffmann ya es otra cosa que tenemos que averiguar. Lo único que nos ha garantizado su auténtico jefe, el señor Manners, es el prisma, ¿no, señor Roth?
James Roth (ND): Aja.
Profesor Vanister (NE): Aun necesitaremos saber donde está la tanqueta. Nadie en I+D tiene idea de donde la han llevado... tan sólo que la desmantelaron pieza a pieza y la llevaron en cajas a alguna parte.
James Roth (ND): Normal, teniendo en cuenta que intentaron atentar contra el convoy que la transportaba por primera vez... Eso me recuerda que podríamos hacerle unas cuantas preguntas al respecto al señor Park. Cuando vuelva de su viaje de negocios...
Ben Braddock (NE): La ausencia del señor Park al menos nos deja un día libre de cualquier encargo de Wolfram & Hart... y tenemos demasiadas incógnitas aun.
Profesor Vanister (NE): ¿Dónde esconden a Margaret 2.0?
James Roth (ND): ¿En qué consiste el plan apocalíptico de Kauffmann y qué papel juega Danny en él?
Ben Braddock (NE): Y el paradero de Leonard... Demasiadas preguntas.

Entre los tres se forma un molesto silencio. Molesto porque deja en evidencia el callejón sin salida al que han llegado sus indagaciones.

Profesor Vanister (NE): Caballeros... a la hora de plantar cara a Wolfram & Hart vamos a necesitar aliados.
Ben Braddock (NE): Lo más parecido a un aliado que hemos tenido... (mira su mano enguantada)
James Roth (ND): ¿No pensarás en tu primo Bradley? ¿Olvidas que trabaja para Wolfram...
Ben Braddock (NE): No pensaba en él... pero tiene relación con estos malditos anillos.

Ben Braddock se incorpora con decisión y guia sus pasos hasta el teléfono público que hay junto a la barra.

James Roth (ND): Pero... ¿a quien cojones vas a llamar?
Ben Braddock (NE): ¿Operadora? Quisiera un número particular de Queens...

Antes de que pueda pronunciar el nombre de la capilla, los muros del pub comienzan a transformarse ante la mirada incrédula del profesor Vanister. Éste se incorpora y se quita las gafas, como si su miopia galopante pudiera arrojar algo de luz a aquello que estaban viendo sus ojos.

Para cuando quieren darse cuenta, ya no están en el pub RaveNant. Ni siquiera estan en Los Ángeles.

Bajo la luz que se filtra a través de las vidrieras, Braddock, Roth y el profesor Vanister contemplan la figura monacal del padre Vincent Layton.

Ben Braddock (NE): ¿Profesor Vanister? Le presento al padre Layton...

Pozos de Brea.
Los Ángeles.
20:09 p.m.

Arthur Craig (ND): Así que os envía Layton...

Craig saca dos cabezas a Ben Braddock. Aquello no deja lugar a dudas de que es, posiblemente, el tipo más corpulento al que se han enfrentado en este universo. Ha bajado de su moto, una impresionante Harley Davidson. Lo único que resalta en su conjunto de tipo duro es el emblema que lleva en la solapa de su cazadora de cuero. Un emblema de una orden vaticana.

Ben Braddock (NE): Si lo hemos citado aquí... no es para buscar problemas, señor Craig.
Arthur Craig (ND): Si Layton os deja entrar en su capilla privada, eso es asunto suyo. No tengo por qué...
James Roth (ND): Vamos a ayudarte. Como favor a Layton.
Ben Braddock (NE): Busca anillos, ¿verdad? (se quita el guante) Como este.

Arthur Craig abre los ojos, sorprendido. Hace un gesto, como si intentase cogerlo. Ben da un par de pasos hacia atrás.

Ben Braddock (NE): No tan deprisa. Este anillo no va a ninguna parte...
James Roth (ND): Pero vamos a ayudarte a recuperar otro que andas buscando. Y que está aquí, en Los Ángeles.

El profesor Vanister escucha a Roth y a Braddock poner en antecedentes a Craig. Los dos jóvenes repiten, casi palabra por palabra, lo mismo que ya les dijese aquel fantasmagórico personaje, el padre Layton, en aquella experiencia psíquica compartida. Para cuando acaban de contarlo, Arthur Craig permanece en silencio. Segundos después, sin mediar palabra, se acerca a las alforjas de su Harley y rebusca en ellas.

Ben Braddock (NE): Sigo sin fiarme de alguien que intentó matarnos en Nueva York...
James Roth (ND): Recuerda lo que dijo el profesor. Aquello ocurrió en un pasado que dejó de existir cuando nosotros lo alteramos... Craig no recuerda nada de todo aquello.
Ben Braddock (NE): Entonces, ¿por qué Layton si nos recurda?
James Roth (ND): Quizá por el mismo motivo por el cual asegura que puede decirnos donde tienen los de Wolfram y Hart a Leonard... aunque personalmente lo dudo.
Ben Braddock (NE): También dijo que podía decirnos donde tenían guardada la tanque...
Arthur Craig (ND): Eh.

Los dos jóvenes apenas reaccionan a tiempo para coger al vuelo los diminutos frascos que les arroja Craig.

Ben Braddock (NE): ¿Qué se supone que...
Arthur Craig (ND): Agua Bendita. La necesitaremos si queremos dar caza a Massara.
James Roth (ND): ¿Ma...?
Arthur Craig (ND): Massara... (carga su escopeta) Príncipe demonio de la tentación.

Discoteca de Moda “Paradise”.
High Road, Beverly Hills. Los Ángeles.
2.30 a.m.

Ben Braddock (NE): No... ¿Nora?

Antes de entrar en aquel reservado, las cosas tenían algo de lógica. O al menos toda la lógica que puedan tener cuando vas tras la pista de un príncipe demonio de la tentación. Buscar a alguien así en una ciudad como Los Ángeles era como buscar una aguja en un pajar. A fin de cuentas, ¿qué mejor lugar para pescar almas ansiosas de sueños y ambición que Hollywood?

Ben recordó lo fácil que había sido conseguir una lista de los actores y actrices con más éxito del momento. Y de ellos, quedarse con los que triunfaron de la noche a la mañana. Literalmente. Dos de esos tres nombres que resonaban como sospechosos trabajaban para una misma productora. “ShortMovie”.

Las cosas parecían ir de fácil a mejor: trabajar para un bufete como Wolfram y Hart hizo que la amenaza de una falsa demanda por plagio soltase la lengua del jefe de la productora. Y así fue como llegaron a esa discoteca, donde se celebraba la fiesta de inauguración de la nueva temporada de Neverfield.

Para Ben resultaba doloroso caminar entre todas aquellas sonrientes personalidades del mundo del espectáculo. Para ellos, en el fondo, solo era una serie de televisión. Un negocio.

Para Ben y sus amigos, “Neverfield” era el sinónimo de una vida a la que parecía que jamás podrían volver.

Con ese pensamiento flotando en su cabeza, Ben siguió los pasos de James en dirección a la zona VIP de la discoteca. Aquello había sido apenas dos minutos atrás. Y, sin embargo, parecía tan lejano…

El hecho de ver a la chica que amas meterse en uno de los reservados es la clase de estímulo que te llevan a hacer alguna tontería.

Ben Braddock no dudó ni un instante en que se trataba de una trampa. Porque Nora le estaba esperando allí dentro. Le sonreía, radiante, hermosa… y viva.
Y por eso mismo, aquello no podía ser real.

Ben Braddock (NE): Vas a lamentar haber hecho esto…
Nora Thompson: ¿Qué…?

Uno de los diminutos frascos de agua bendita salió disparado del bolsillo de Ben. Con un chasquido se hizo añicos contra el lugar en el que, un instante antes, se encontraba Nora.

Ahora, por supuesto, no quedaba nada de aquella ilusión. Ni siquiera aquella vocecita que le susurraba en lo más profundo de su mente… “Puede ser tuya, Ben. Sólo tienes que decir las palabras mágicas.”

Ben se incorporó, aferrando con fuerza el segundo frasco de agua bendita.

Ben Braddock (NE): Lo vas a lamentar…

Entre la gente que iba de un lado a otro del área VIP, James pudo ver pasar a Ben. Sus pasos firmes y su mirada segura no dejaba lugar a dudas: el Capi se dirigía directo a la zona privada. Desde allí, se podía ver toda la planta inferior de la glamorosa discoteca: a casi siete metros por debajo, la multitud bailaba sobre una pista de baile levantada sobre un gigantesco acuario.

James Roth (ND): Muchachos… (acercándose a los dos matones que custodiaban el acceso a la zona privada) Venimos a ver a la señorita…
Matón 1 (ND): Lárgate, tío.
James Roth (ND): Verás, tenemos que hablar con…
Ben Braddock (NE): Al infierno.

El golpe sorpresa de Ben hace que la mandíbula del primero de los matones se quiebre como el cristal. El tipo cae a plomo sobre la planta baja del local, provocando un susto de muerte a la veintena de personas que danzaban justo por debajo.

James Roth (ND): ¡Joder, Capi!
Ben Braddock (NE): Roth... ¡Mira!

James gira la cabeza, esquivando un torpe golpe del segundo matón. Lo hace lo bastante rápido como para poder ver la atractiva pelirroja que asiste, divertida, al espectáculo que ha provocado el impetuoso Ben Braddock.

Roth la mira de arriba abajo. Dejando el hecho de que es posiblemente la mujer más atractiva que ha podido ver en los últimos meses, no parece gran cosa. James Roth se permite el lujo de sacar uno de sus dos frascos de agua bendita al tiempo que piensa…

Vamos. Hemos cazado a un tío que veía el futuro… Esta piba no puede ser mucho más difícil.”

Apenas dos minutos después, las cosas no pueden estar peor. Las buenas noticias fueron que, en efecto, el agua bendita parecía dañarla (tal y como les advirtió Craig que pasaría si el demonio del anillo había tomado ya posesión de la mujer que le servía de huésped) Las malas noticias, sin embargo, eran mucho peores: Ben no estaba dándolo todo en esta pelea… y se notaba. Si aquella mujer estaba empleando alguna clase de truco psíquico, no parecía afectar a James… pero sí a Ben.

La segunda mala noticia, en cambio, era aun peor. No podían acercarse demasiado a ella porque, al tacto, aquella perra era capaz de transmitirles cualquier daño que le hubiesen provocado. A Ben lo había aferrado por el cuello durante un instante… y ahora sus viejas heridas se habían abierto. En concreto, la que estuvo a punto de levantarle la tapa de los sesos. Delgados ríos carmesíes manaban por su frente, cegándolo casi por completo.

Y como no había dos sin tres, la tercera y última de las malas noticias era quizá la peor. Aquella pelirroja de infarto no sólo era fuerte como un toro, sino que además parecía ser invulnerable a cualquier daño que no fuese el agua bendita. Y tanto Ben como James habían terminado con sus dosis. Las últimas gotas eran las que empapaban el pelo y parte de la cara de aquella perra.

Ben Braddock (NE): James… (mirando al suelo) ¿Piensas lo mismo que yo?

James bajó la vista. A través del suelo de cristal de la zona VIP pudo ver el suelo de la planta baja. El acuario. Litros y litros y litros de agua… a la espera de ser consagrados.

James sonrió y asintió. Ben miró a Massara. Y luego miró más allá de ella. A la barandilla del balcón.

Ben Braddock (NE): ¡Ahora!

Los que estaban en el piso de abajo hacia ya un par de minutos que habían despejado los alrededores de la zona privada. Sobre todo en previsión de que siguieran lloviendo guardias de seguridad sobre la pista.

Todos levantaron la vista cuando escucharon la barandilla ceder. Y tres figuras se precipitaron contra el suelo de cristal reforzado, reventándolo en el impacto y sumergiéndose en las aguas del acuario. Entonces, el agua comenzó a bullir, como si algo estuviese cociéndose en su interior. Un par de chicas gritaron aterrorizadas al captar el olor a carne quemada procedente del agua.

Chica aterrorizada (ND): Oh, Dios… ¡Estan muertos!
Arthur Craig (ND): No… Aun no.

Enfundado en su cazadora de cuero y bajo sus atónitas miradas, Arthur Craig atravesó la multitud y se dispuso a esperar con su escopeta al pie de la improvisada piscina.

Arthur Craig (ND): Veamos si sois tan duros como deci…

Antes de acabar la frase, dos figuras enfundadas en trajes de chaqueta salieron a la superficie, entre toses y jadeos. Una tercera apareció a sus espaldas, profiriendo un grito gutural e inhumano. La escopeta de Craig tosió una. Dos. Tres veces.

Y el cuerpo de aquella mujer, antaño hermoso y deseable, se convulsionó por última vez.

Ben Braddock (NE): Ja… (medio ahogado) ¿James?
James Roth (ND): Estoy… (tos) estoy bien… (tos)
Arthur Craig (ND): Buena jugada, lo reconozco… (sacando unas tenazas de su chaqueta)… y ahora...

Con un chasquido, las tenazas amputan un dedo de manicura perfecta. Arthur Craig sostiene el anillo y lo deja caer en un frasco de agua bendita. Acto seguido sonríe a Ben y James. O al menos, esboza lo que en su universo privado él debe entender por una sonrisa.

Arthur Craig (ND): Bien jugado, amigos. Bien jugado.

Capilla de St.Patrick. Queens.
En algún punto entre las dimensiones posibles.
4:51 a.m.

Ben Braddock (NE): Y después, se marchó.

A pocos metros del banco que ocupaban Ben, James y el profesor Vanister, se encontraba el padre Vincent Layton, enfundado en su hábito monacal, bajo la luz que se filtraba a través de las vidrieras. Permaneció en silencio durante un largo rato, a pesar de que sus invitados aguardaban su recompensa. Fue el joven e impaciente Braddock quien rompió dicho silencio.

Ben Braddock (NE): Padre Layton… Hemos cumplido con nuestro cometido…
Padre Vincent Layton (ND): Y ahora queréis vuestro pago… (se da la vuelta y los mira, sonriente) Es justo.
James Roth (ND): Vuelvo a repetirlo… Si tenéis que elegir entre saber donde están las piezas de la tanqueta o saber donde tiene Wolfram y Hart encerrado a Leonard…
Ben Braddock (NE): No es una elección, James. No se elige entre una persona y un objeto. Elegimos a…
Padre Vincent Layton (ND): Aguarda, joven Braddock… pues hay una tercera opción.

Los tres miraron al espectro de Layton con inquietud.

Padre Vincent Layton (ND): Hay otro. Otro viejo amigo al que también, en lo más profundo de vuestros corazones, ansiáis ver de nuevo con vida…
James Roth (ND): ¿Otro?
Ben Braddock (NE): ¿Además de Leonard? ¿Quien…
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mio… (mira a Ben) Sé a quien se refiere, señor Braddock.

El profesor se incorpora, quitándose las gafas y aproximándose a Layton.


Profesor Vanister (NE): Es Fred. (se gira y mira a Ben y James) Sabe donde está Fred.
Ben Braddock (NE): ¿Qué…? (poniéndose en pie) Pero Fred está… Está
James Roth (ND): Muerto (tajante y frío) ¿A qué está jugando, Layton?

Layton miró por un segundo a sus tres visitantes y sonrió.

Padre Vincent Layton (ND): En efecto. Fred Fesster murió. Y como atestigua la marca espiritual que emanan sus almas, tanto usted señor… Roth como el profesor Vanister, han estado en lo que hay entre los lugares.
Profesor Vanister (NE): Fred Fesster viajó en ese tren… pero, ¿cómo…?
Padre Vincent Layton (ND): Ese “tren” como sus limitados sentidos humanos lo percibieron es un lugar similar a esta capilla… un reino más allá de los reinos… donde el tiempo y el espacio dejan de seguir reglas estrictas.
James Roth (ND): Ya lo sabemos. Pero Fred…
Padre Vincent Layton (ND): Fred Fesster recibió una visita durante su viaje en ese tren. Una visita similar a la que recibió usted, profesor Vanister. Un hombre que le ofreció un trato a cambio de volver de entre los muertos. Su nombre era… Goodwin Steele.

El nombre resuena como una lápida de mármol cayendo sobre el corazón de los presentes.

Ben Braddock (NE): No… No puede ser
Profesor Vanister (NE): Me temo que sí, señor Braddock. Si lo que dice el Padre Layton es cierto…
Padre Vincent Layton (ND): En efecto, profesor… Fred Fesster es una de las almas que deberán capturar.

CONTINUARÁ…