Primer poster promocional para la miniserie "NEVERFIELD: END OF THE ROAD".
viernes, 13 de abril de 2012
miércoles, 11 de abril de 2012
NEVERFIELD: END OF THE ROAD - Preludio
Fortaleza de Westmoore Hall, a treinta kilómetros de Londres.
Residencia de verano de Enrique VIII
Año de Nuestro Señor 1535
Emisario Real (leyendo de un pergamino) Ante los ojos de nuestro Señor y de nuestro rey, Enrique VIII, se hace saber al acusado que por los cargos de asalto, robo, espionaje y alta traición se le ha condenado a morir… (aparta sus ojos del pergamino y mira al reo encapuchado que, de rodillas, tiene su cabeza apoyada en un tocón)… decapitado. Que Dios se apiade de su alma.
Dicho eso, un súbito silencio se apodera de la concurrida plaza de armas de la fortaleza. Tan sólo el graznido de un grajo rompe la quietud del momento. Ni los soldados que aguardan en lo alto de las murallas, ni los casi doscientos plebeyos – entre campesinos, artesanos y soldados – que se han reunido en torno al cadalso, prestos a presenciar el ajusticiamiento… ¡ni tan siquiera el propio Enrique VIII, que desde la balconada real, presencia la ceremonia en compañía de su esposa, Ana Bolena! Nadie osa romper el silencio…
Emisario Real (retirando la capucha al condenado): ¿Tiene algo que decir el condenado?
El peculiar individuo, de pelo castaño y ojos saltones, se limita a sonreír.
El Doctor (mirando a su verdugo): Claro que tengo algo que decir… (alza la vista hacia el palco real) ¡Ahora, profesor Vanister!
Apenas ha terminado de pronunciar la frase, cuando uno de los guardias que custodia a Ana Bolena levanta la vista, rebelando una clase de anteojos que no se fabricarán hasta dentro de unos cuantos siglos. Con un movimiento rápido, toma a la escandalizada dama como rehén poniendo su rapier en el cuello de la mujer.
Profesor Vanister (NE): Lo siento, caballeros… (ante los guardias que desenvainan sus armas ante él) Pero voy a tener que pedirles que tiren sus espadas (aprieta un poco su cuchillo contra el cuello de la reina) Por favor.
A varios metros por debajo, al nivel de la plaza fuerte de la fortaleza, el caos reina entre los asistentes. El Doctor aprovecha para desembarazarse del verdugo y de los guardias que lo custodiaban en lo alto del cadalso. El profesor Vanister, habiendo comprobado que su peculiar compañero de viaje por el espacio y el tiempo ha conseguido – una vez más – salvar el pescuezo; decide que es hora de prescindir de su rehén.
Profesor Vanister (NE): Tendrá que disculparme, señora… (con un movimiento rápido de su rapier corta el colgante que lleva al cuello Ana Bolena) Pero no creo que su cuello vaya a necesitar esto mucho más tiempo…
Enrique VIII: ¡Por todos los hijos de Inglaterra! ¡Matad a los espias! ¡Matadlos!
La iracunda voz del monarca surte el efecto deseado en sus soldados, que no tardan en acorralar a los dos intrusos en lo más alto de las murallas. Ambos, tanto el Profesor Vanister como ese extraño viajero del tiempo al que conocen en medio universo sencillamente como “El Doctor”; los dos acaban acorralados con el abismo a un lado y toda una tropa de soldados de la corona inglesa al otro.
Profesor Vanister (NE): Muy bien, Doctor… ¿Cuál es el plan ahora?
El Doctor: ¿El plan? (mira al abismo: más de quince metros de caída con un foso repleto de picas y cadáveres ensartados) Saltar, por supuesto.
Profesor Vanister (NE): Está de broma, ¿no?
El Doctor (saltando al vacío): Allons-Y!!!
El profesor Vanister siente el tirón de su manga cuando el Doctor le aferra al tiempo que la gravedad hace el resto: se precipitan en el aire hacia una muerte segura. Sin embargo, y como el profesor Vanister ha comprobado en los últimos meses de viaje espacio-temporal, cuando se trata de “El Doctor”, ninguna muerte es segura.
A menos de cuatro metros de unas afiladas picas de acero, con su peculiar murmullo metálico, una cabina telefónica de la policía comienza a materializarse. Las puertas se abren para dejarlos pasar al interior de una surrealista nave que viaja a través del espacio y el tiempo. “El Doctor” la llama simplemente “TARDIS”.
El Doctor (incorporándose en el interior de la TARDIS, sano y salvo): ¡Tardis, dulce Tardis! (manipulando los mandos a toda prisa) ¡Justo a tiempo!
Profesor Vanister (NE): ¿Me está diciendo que éste era su plan de huida?
El Doctor: Lo cierto es que nunca pensé que sería necesario huir.
Profesor Vanister (NE): Claro. ¿Quién iba a pensar que al intentar robar el collar de Ana Bolena ibamos a necesitar un algún plan de huida?
El profesor Vanister se desprende de las pesadas placas de la armadura y del resto de piezas de su disfraz como guardia real de la corona inglesa. Sostiene entre los dedos el colgante de diamantes y rubíes de Ana Bolena.
Profesor Vanister (NE): Sigo sin comprender, Doctor, cómo podrá ayudarme a volver a mi universo este colgante.
El Doctor (arrebatándole de las manos el colgante): Sencillo. Porque no es un colgante… (le arranca las joyas y las tira al suelo como si fuesen basura: muestra orgulloso el soporte de las gemas) ¡Es tecnología alienígena! ¡Un chip Slarnaak, para ser exactos!
Profesor Vanister (NE): Pero, pero… Lo tenía Ana Bolena…
El Doctor (colocando el chip entre el cableado de la TARDIS) Ah, tranquilo. Ella también es una Slarnaak.
Con un chasquido, el chip encaja en los resortes de la TARDIS y las luces de la estancia adquieren una suave tonalidad verdosa, parpadeante. Los dispositivos ronronean rítmicamente y el Doctor sonríe satisfecho.
El Doctor: Si, mi amigo y profesor Vanister… (pasa el brazo por su hombro) Ahora sí podemos llevarle de vuelta a casa.
Profesor Vanister (NE): Pero usted dijo que era imposible. Quiero decir… (se ajusta nervioso sus gafas) ¡mi universo está desincronizado todo un año con respecto al resto de las tierras alternativas!
El Doctor: Exacto. Y eso significa a) todo lo que ocurre en otros universos, en el suyo ha ocurrido un año antes. Y b) que hace falta un chip Slarnaak para que la preciosa TARDIS pueda llevarnos allí.
Profesor Vanister (NE): Un momento… (las piezas comienzan a encajar en su cabeza) Dice usted que puede… ¿que puede llevarnos a nuestro universo de origen?
El Doctor: ¿Qué si podré llevarlos? Profesor… ¡Acabo de hacerlo!
Antes de acabar su frase, la TARDIS se detiene súbitamente. Por un segundo, sus dos ocupantes están al filo de perder el equilibrio.
El Profesor Vanister mira hacia la puerta de salida. Durante un segundo sus pies no le obedecen. Siente una inquietud en la boca del estómago. Tiene miedo a que se rompan sus expectativas: a que todo sea un sueño. Lleva tanto tiempo esperando poder decirle a Ben que podrá por fin cumplir con su promesa. Hace ya muchos saltos entre dimensiones que tendría que haberlo hecho. Y ahora, por fin, gracias a ese misterioso vagabundo espaciotemporal conocido como “El Doctor”, está a un paso de lograrlo.
Su mano reposa inquieta sobre el picaporte de la TARDIS. Un giro y abrirá las puertas a su mundo de origen. Su hogar.
El Profesor Vanister contiene la respiración. Siente que el viaje está a punto de terminar. Gira el picaporte y…
El Doctor (presa del pánico): ¡¡¡NOOOOO!!! ¡No lo…!
Apenas ha presionado el picaporte cuando las puertas se abren de par en par. Al otro lado, la nada. La más absoluta oscuridad. El Profesor Vanister siente como una fuerza irresistible trata de engullirlo y llevarlo a esa inmensidad negra, silenciosa e infinita. Con unos reflejos que casi creía haber perdido ya, Vanister se aferra con toda la fuerza de la que es capaz al picaporte de la TARDIS. No aguantará mucho más. Siente como sus dedos van deslizándose, uno tras otro…
Una micronésima de segundo más tarde, y la propia TARDIS se habría plegado sobre sí misma a causa de la descompresión. Con el estridente sonido de las alarmas, las puertas vuelven a cerrarse, cesando bruscamente toda corriente y haciendo que el cuerpo del Profesor Vanister golpee con fuerza el suelo de la TARDIS.
Profesor Vanister (NE): ¿Qué…? (acepta la ayuda de El Doctor a la hora de ponerse en pie) ¿Qué era eso?
El Doctor: Nada.
Profesor Vanister (NE) (conteniendo la sangre que mana de una brecha en su frente) Doctor, no creo que sea momento para bromas.
El Doctor: No, profesor. Quiero decir que era “Nada”. “LA” Nada. La ausencia de existencia (el Doctor camina hasta la consola de mandos de la TARDIS) Es… Es lo que queda cuando un universo…
Profesor Vanister (NE): Cuando un universo… ¿qué?
El Doctor (una mirada de terror se refleja al comprobar unos datos en la terminal): Por los campos de Gallifrey…
Profesor Vanister (NE): Doctor, por el amor de Dios, dígame…
El Doctor: Según los escáneres de la TARDIS... sucedió hace un año menos un día.
Profesor Vanister (NE): ¿Qué pasó, Doctor? ¿Qué pasó hace un año menos un día?
El Doctor: Su universo, profesor Vanister… Algo lo ha borrado de la existencia.
HA PASADO MUCHO TIEMPO DESDE EL PRIMER SALTO
ES HORA... DE VOLVER A CASA
jueves, 22 de abril de 2010
Cabecera - NEVERFIELD Season 4
Por fin. Tras pelearme una y mil veces con el After Effects, aquí está la cabecera de esta cuarta (y posiblemente última) temporada. El montaje de video es obra del Gran Agrevain, que se lo curró a base de bien.
lunes, 5 de abril de 2010
jueves, 10 de diciembre de 2009
Neverfield - UNA PARADA EN EL CAMINO
Sin embargo, y creo que hablo por todos, no esta de más hacer un alto en el camino. "NEVERFIELD" continuará tarde o temprano, pero de momento conviene hacer un alto en el camino, embarcarnos en otras historias y, en un futuro próximo, iniciar una cuarta (y probablemente última) temporada. De todas formas, y creo que en eso coincidirán los otros dos directores de juego que en esta última temporada me han ayudado a sacarla adelante; que aun nos quedan muchos cabos por atar: quedan muchas sorpresas y muchos regresos inesperados. Porque si algo nos ha enseñado esta última temporada es que en "NEVERFIELD" hay pocas cosas irreversibles. La muerte puede ser solo una de ellas...
No me gustaría iniciar este parón de campaña sin hacer un resumen de lo que ha sido la tercera temporada, la cual si bien no ha tenido tanta variedad de escenarios como las otras (por desarrollarse casi integramente en el Buffyverso); si ha tenido grandes dosis de conspiraciones, giros inesperados y escenas memorables.
Tras dar caza a su primera alma (la del pistolero del salvaje oeste con poderes de mesmerismo, Rick Lombardo); nuestros amigos empezaron a comprender que atrapar todas y cada una de las almas iba a ser una labor casi eterna. Sin embargo, para huir necesitaban no solo un prisma, sino tener acceso al vehículo de salto con el que habían llegado a esta dimensión. En el capítulo siguiente (3x03.- WILLIAM WHITEHOUSE contra WOLFRAM & HART), se descubría que el bufete había pactado la entrega de MARGARET al programa paranormal del gobierno estadounidense ("La Iniciativa") tanto de MARGARET como el prisma y un prisionero miembro de La Iniciativa, William Whitehouse. Sin embargo, la aparición de un nuevo personaje, Gavin Park, hizo que Whitehouse estuviese a punto de caer en manos de Drusilla, vampiresa que ya había convertido al padre de aquel hacia ya muchos años. El señor Park consiguió ganarse la confianza tanto de los protagonistas como de Sarah Kauffmann, comenzando un delicado doble juego que más adelante tendría inesperados resultados.
El siguiente capítulo (3x04 - BEN BRADDOCK contra WOLFRAM & HART) descubriríamos cual había sido el destino de Ben Braddock, quien no había sido de momento capturado por Wolfram & Hart. Sin que sus compañeros lo supieran, Ben había sido rescatado por la versión de su primo en este universo, Bradley Braddock, abogado de Wolfram & Hart... en su sucursal de Nueva York, De esta forma, los protagonistas de "NEVERFIELD" vieron cruzado sus destinos con los personajes de "RINGS", otra serie de rol que iniciamos unos meses antes. En este capítulo (dirigido por Agrevain) nuestros protagonistas trabaron contacto con los infames anillos infernales (los cuales adquirirían mucho peso en sucesivos episodios)
El siguiente capítulo (3x05 - DOUGLAS MEYER contra WOLFRAM & HART) representa el estreno de Ben Braddock como agente de campo de Wolfram & Hart. Junto a Gavin Park (ascendido a jefe de campo por Sarah Kauffmann) y James Roth, En esta historia protagonizada por el alma fugitiva de un buen policía en busca de redención, Ben comprueba que las almas que deben capturar no siempre son oscuras y terribles. Además de mostrarnos una perspectiva distinta de las almas fugitivas, este capítulo es el estreno de nuestro camarada Yugu como director en la serie "NEVERFIELD".
En el siguiente capítulo (dirigido por Agrevain, 3x06 - ARTHUR BLAKE contra WOLFRAM & HART) Danny Dalton y Ben Braddock debían capturar un alma capaz de ver el futuro. Es aqui cuando, por primera vez, James Roth revela a sus compañeros que, en realidad, trabaja para Holland Manners. Sin poder revelar su tapadera, Leonard revela a sus amigos que Sarah Kauffmann tiene grandes planes para Danny Dalton... porque según todas las teorías, él va a traer el apocalípsis.
El siguiente capítulo (dirigido de nuevo por Yugu, 3x07.- MASSARA contra WOLFRAM & HART) profundiza en la relación entre las almas fugitivas que persiguen nuestros protagonistas y los misteriosos anillos infernales que ya aparecieron antes. En esta ocasión, James Roth y Ben Braddock cooperan con un agente del Vaticano llamado Arthur Craig... ¡al que ya se enfrentaron en el capítulo 3x04! Por otro lado, un misterioso personaje (el padre Layton) aparece dando una sorprendente revelación a nuestros protagonistas: una de las almas que tendrán que capturar... es la de su difunto amigo Fred Fesster.
El siguiente episodio (dirigido por Agrevain, 3x08 - NEVEREND contra WOLFRAM & HART) obliga a Ben Braddock a regresar a su universo de origen... para dar caza al alma fugitiva de Devon Powell. Este capítulo tan especial nos permite asistir al emotivo reencuentro entre Ben y el Billy Whitehouse de aquella dimensión. Sin embargo, como siempre sucede, la intervención de sujetos de otro plano de realidad desencadena la tragedia... y Billy Whitehouse muere ayudando a Ben y sus amigos dar caza de Devon Powell.
De regreso al Buffyverso (3x09.- RINGS contra WOLFRAM & HART, dirigido por Agrevain), el profesor Vanister, Ben Braddock y Danny Dalton viajan a Nueva York, a espaldas de Sarah Kauffmann, para evitar que esta ayude a Gideon Grant en su plan de convertir en demonios a las personas más influyentes de la ciudad. De nuevo, el camino de nuestros protagonistas y el de los funestos anillos vuelve a cruzarse. Un presagio de lo que esta por venir...
Con el profesor Vanister habiendose embarcado en una odisea interdimensional junto a un extraño personaje conocido como "el Doctor"; Ben Braddock y Danny Dalton regresaron al Buffyverso creyendo haber rescatado a James Roth. Sin embargo, como se descubriría en la saga que cierra esta temporada (3x12 al 3x15, SARAH KAUFFMANN contra WOLFRAM & HART), Sarah Kauffmann había descubierto el doble juego que Manners tenía con Leonard infiltrado en el cuerpo de Roth. Usando eso en su beneficio, Kauffmann devolvió a Roth a su cuerpo... y dejó que este guiase a nuestros protagonistas hasta un anillo infernal vacío, el cual estaba en poder de Arthur Craig.
Así, el alma de Danny Dalton se encuentra atrapada en el anillo que Sarah Kauffmann tiene en su poder.
Pensaba que habia sido divertido, pero viendolo con perspectiva y gracias al esfuerzo de todos; creo que ha sido épico. Espero que la cuarta temporada sea, por lo menos, tan emocionante como han sido hasta ahora.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Sesión 19-09-09 - CRAIG (Parte 1 de 4)
ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...Hace una semana.
1.06 A.M.
Con un "bleep" electrónico, diez kilos de explosivo plástico hacen temblar los cimientos de la vieja capilla de Saint Patrick. Las vidrieras estallan como una mortal lluvia de cristales. Y Arthur Craig vuela por los aires, atravesando la calle y cayendo pesadamente sobre el capó de una ranchera. Mientras media docena de alarmas de coche resuenan en mitad de la noche, Arthur se incorpora a duras penas. Trata de alcanzar su moto, su Harley… o lo que queda de ella. Nota como su visión se enturbia, en parte por la sangre que mana de sus heridas, en parte por la conmoción.
Clínica Ilegal. En alguna parte bajo el suelo de Manhattan Sur.
Tres días después.
Tulio (ND): No sé con quien te juntas ahora, Craig… Pero como tu médico te recomiendo que dejes de hacerlo…
Arthur Craig se limitó a dar otro trago de aquel vino barato que Tulio le había traído. Bajo la luz de una bombilla desnuda, aquel sótano y aquella cama habían sido el refugio de Craig durante las últimas 72 horas.
Tulio (ND): En serio, Craig… (termina de coserle una herida en la frente) ¿En qué te has metido…?
Arthur Craig (ND): ¿Haces tantas preguntas a tus clientes de la familia Panessi?
Aquello bastó para cerrar la boca de Tulio. Pero acallar sus propios pensamientos era más difícil. Desde que había recuperado el conocimiento, la mente de Craig había tratado de ordenar las piezas del rompecabezas. Sus manos recorrieron las páginas del periódico de hace un par de días. Los titulares del atentado a la Torre Grant seguían ocupando las páginas principales. Por un segundo, Craig estuvo a punto de sonreir. Aquello había estado bien. Le habían dado una buena patada en el culo a ese bastardo de Gideon Grant.
Entonces, Craig recordó lo que vino después.
Capilla de Saint Patrick. Queens.
Tres días antes.
0.24 A.M.
Arthur Craig (ND): Perdóneme Padre… porque he pecado.
El interior de la capilla estaba iluminada únicamente por velas. Cientos de velas que, nada más entrar, se habían ido encendiendo a medida que Craig se había aproximado al altar.
Padre Layton (ND): Si, has pecado… (sonríe) Y seguro que lo has disfrutado.
Aun de rodillas, en uno de los primeros bancos, Arthur Craig miró hacia atrás. La figura del Padre Vincent Layton se encontraba sentada a unos metros atrás. Se despojó de la capucha de su hábito, mostrando una sonrisa amable y condescendiente al mismo tiempo. La misma que había tenido en vida.
Arthur Craig (ND): No tienes mal aspecto para ser un fantasma, Vince.
Padre Layton (ND): Sabía que harías un buen trabajo en la Torre Grant. Lo que no me esperaba era esta visita.
Arthur Craig (ND): Bueno, mi vuelo no sale hasta dentro de un par de horas así que me dije “voy a visitar a un viejo amigo”.
Layton bajó la vista, manteniendo esta vez una sonrisa triste.
Padre Layton (ND): Dime, Arthur… ¿Cómo sigue el mundo ahí fuera?
Arthur Craig (ND): No te pierdes nada, Vince.
Los siguientes minutos los pasaron hablando de baseball, de política, de cine… De todas esas pequeñas tonterías que Layton ya no podía disfrutar. Craig no sabía cómo había sucedido (y lo cierto es que Layton parecía no querer hablar nunca del tema) pero lo cierto es que, pocos meses después de lo que ocurrió en Siria, Layton se le apareció por primera vez en una de esas extrañas visiones. Al principio, a Craig le costó asimilarlo. Su viejo camarada era ahora un espectro, atrapado en las paredes de aquella iglesia.
Padre Layton (ND): Veo… (mira el anillo que pende del cuello de Craig) Veo que lo llevas contigo.
Arthur Craig (ND): Tal y como me dijiste. No es que me guste llevarlo así pero…
Padre Layton (ND): No se perderá. No es como los otros anillos.
Arthur Craig (ND): Lo sé. Es… Es tuyo, ¿verdad?
Como ya era habitual cuando vivía, Layton se incorporó sin responder, caminando hasta el altar. Allí, una serie de velas aguardaban a ser encendidas. Mientras hablaba, Layton posaba su dedo sobre cada una de ellas, prendiéndolas.
Padre Layton (ND): Los aliados que te busqué… ¿te han sido de ayuda?
Arthur Craig (ND): Jugaron bien con Massara. Y desde luego se portaron en la Torre Grant.
Padre Layton (ND): ¿Cómo? (sorprendido, mira a Craig) ¿Estaban en la Torre…?
Arthur Craig (ND): Si, parecían tener algo pendiente con una ejecutivo de Wolfram y Hart que se encontraba allí con Grant. Una tal… ¿Samantha? ¿Sandra?
Padre Layton (ND): Sarah. Sarah Kauffmann.
El nombre retumba en la espectral garganta de Layton como la más terrible de las noticias. Si el tono de su voz ha sido como una alerta roja, el silencio de preocupación posterior deja clara la gravedad del asunto.
Arthur Craig (ND): Vince… (se levanta y se acerca) ¿Quién coño es esa tal Kauffmann?
Padre Layton (ND): Es peligrosa. Ella…
De repente, Layton volvió a dejar la frase a la mitad, como si de repente hubiese recordado algo. Pero no era un recuerdo: Craig pudo verlo en sus ojos. Bastó un susurro para dejar claro que algo iba mal. Mortalmente mal.
Padre Layton (ND): Dulce Jesucristo, Arthur… Te han seguido.
Arthur Craig (ND): ¿Qué estas…?
Pero ya era tarde: en el espacio de tres metros que los separaba a ambos, Layton y Craig vieron materializarse dos figuras en mitad de una nube de polvo de jade. La primera era una chica oriental, joven, de apenas dieciséis o diecisiete años, con el pelo tintado de color violeta y con una rodilla en el suelo. Su atuendo recordó a Craig el de una serie de dibujos japoneses. A su lado, de pie, había un individuo de edad indeterminada: su complexión era atlética, bajo una gabardina gris y sucia. Su cara estaba cubierta por vendajes sucios que dejaban ver unos desquiciados ojos rasgados.
La chica dijo algo en japonés y, al tiempo que su pompa de chicle estallaba, ella volvió a desvanecerse tan velozmente como había aparecido.
El otro, sin embargo, permaneció de pie, sonriendo de forma hilarante.
Arthur Craig (ND): No sé quien coño eres, pero…
Apenas había empezado a sacar las dos nueve milímetros de sus sobaqueras cuando los ojos de Craig vieron lo que ocultaba aquel tipo bajo la gabardina. Los números electrónicos del detonador marcaban el tres, el dos…
Arthur Craig no llegó a escuchar lo último que gritó Layton. Pero si escuchó el susurro de aquel japonés kamikaze.
Luego, todo voló por los aires.
Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.
Ahora.
Agente de Aduanas (ND): Todo en orden, Padre Craig… Feliz estancia en Los Ángeles.
Bajo la desconfiada mirada de los tres policías armados de la aduana, Craig tomó con fuerza sus maletas. Aunque su aspecto no era el de un sacerdote, aquella valija diplomática de la Santa Sede era tan auténtica como los documentos que le permitían viajar con todo su “instrumental” de un lado a otro del país. Ahora, aquella era la única ayuda que iba a tener en su cruzada contra esos endemoniados anillos. Ahora que Layton…
James Roth (ND): Espero que haya tenido un vuelo agradable, ¿señor Craig? (le tiende la mano a modo de saludo) ¿Qué tal la primera clase?
Craig permaneció ahí de pie, mirándolo con desprecio y sin soltar sus maletas. Roth suspiró y desistió de aguardar respuesta alguna a su saludo.
James Roth (ND): Mire, sé que tendrá preguntas…
Arthur Craig (ND): ¿Preguntas? (deja caer pesadamente las maletas y se acerca intimidante a Roth) Ya lo creo que tengo preguntas.
Por un instante, Roth teme que vaya a levantarlo por los aires y lanzarlo contra el panel de “Llegadas”. Con su descomunal fuerza Craig probablemente podría hacerlo.
James Roth (ND): Supimos lo de la Iglesia de Saint Patrick, lo de la semana pasada… Y créame que estamos del mismo lado.
Arthur Craig (ND): ¿Ah si? Pues no es eso lo que tengo entendido. A fin de cuentas Sarah Kauffmann trabaja para Wolfram y Hart… como trabajáis tú y Braddock.
James Roth da un par de pasos hacia atrás mientras mira a su alrededor. Hay mucha gente en la terminal, demasiada como para que Craig empiece un tiroteo. Pero la mirada de ese enorme tipo es la mirada de alguien a quien no le importa tener testigos.
Arthur Craig (ND): Más te vale jugar bien tu última carta, Roth. Porque de lo contrario no vas a salir vivo de este aeropuerto.
James Roth (ND): Tiene razón, señor Craig. Es cierto, trabajo para Wolfram y Hart.
¡Tan cierto como que hemos sido nosotros quienes hemos pagado su billete para traerlo hasta aquí!
Con esas últimas palabras, Roth se detiene. Ha dado varios pasos hacia atrás, visiblemente intimidado. Pero, de repente, sus ojos se clavan en los de Craig.
James Roth (ND): Pero si hay algo seguro, señor Craig, es que ni yo ni el señor Braddock queremos seguir trabajando para Sarah Kauffmann.
Arthur Craig (ND): Ah, ¿no? Y entonces, ¿Qué es lo que queréis?
James Roth (ND): Queremos destruirla, señor Craig. Y usted es la clave para conseguirlo.
CONTINUARÁ…
miércoles, 25 de marzo de 2009
Sesión 21-03-09 (Parte 1 de 3)

P.O.V. – MARCUS VANISTER
“Es el mejor día de mi vida.”
Con ese pensamiento, el profesor Marcus Vanister ocupó su cómodo asiento de ventanilla en la desierta primera clase del expreso de Los Ángeles.
Marcus miró a través de la ventana: desde el concurrido andén, pudo ver a Evan Foster y a Rayna que se despedían agitando la mano. La joven le lanzó un beso y el profesor pudo leer en sus labios “nos vemos esta noche. Te quiero”. Marcus sonrió otra vez: si, sin duda aquel era el mejor día de su vida.
Y, sin duda, aquello no podía ser real.
No podía serlo porque él había dejado Los Ángeles hacía años. Porque hacía años desde la última vez que sintió el roce de la piel de Rayna contra la suya. Y porque los diseños de su dispositivo jamás permitieron el codiciado teletransporte. En su lugar, Marcus Vanister había creado una máquina de salto dimensional que los había arrojado a él y a un grupo de críos inocentes a una odisea entre realidades paralelas…
Sin duda éste se trataba de otro reino paralelo, otro mundo en el que los acontecimientos habían tenido lugar de forma distinta… Si tan sólo tuviera un periódico para comprobar el momento justo…
Como si respondiese a sus deseos, un ejemplar de “Los Ángeles Tribune” cayó sobre la mesa de su reservado. Marcus miró por un segundo la fecha: era la misma de su primer salto dimensional. ¿Se trataba de una broma? ¿Había viajado en el…?
Marcus Vanister (NE): Gracias, muchas… (colocándose las gafas)… ¿gracias?
En un primer momento, Marcus había pensado que se trataba del revisor: el amable hombrecillo enfundado en traje blanco y gorrito rojo que lo había recibido a bordo del tren. A fin de cuentas había sido a él a quien le había pedido el periódico.
Sin embargo, Marcus jamás en su vida había visto al joven que había dejado caer el ejemplar del “Los Ángeles Tribune”. No tendría más de veintipocos años, de pelo castaño oscuro, tez pálida y un elegante traje. Un traje negro.
Marcus Vanister (NE): ¿Quién…?
James Roth (ND): Me temo que no tenemos mucho tiempo, profesor… (se sienta frente a él) Me envía Wolfram & Hart… Estoy aquí para rescatarlo.
“Wolfram & Hart”. Junto a la visión de aquel elegante traje negro (que tan familiar le había resultado), aquellos dos apellidos parecieron abrir la caja de Pandora de los recuerdos de Marcus. A los recuerdos de sus jóvenes compañeros de odisea dimensional, otros momentos más recientes brotaron de su memoria: el Libro de las Sombras; el ritual que liberó aquellas criaturas; el infernal bufete de abogados y la aparatosa entrada que hicieron en sus instalaciones; el viaje a aquella versión de Springfield a la que en ese universo llamaban Sunnydale…
Un macabro deja-vu sacudió con un escalofrío el cuerpo de Marcus.
Marcus Vanister (NE): Un momento… ¿Rescatarme? ¿De qué…?
James Roth (ND): No sé para qué cree que está usted en este tren, profesor. Pero le aseguro que no es lo que imagina. Usted no lo recuerda, profesor… Pero…
En ese momento, el tren comenzó a moverse. La cara del joven quedó marcada por la preocupación.
James Roth (ND): Mierda… (se incorpora, nervioso) No tardará en venir... No puedo quedarme más tiempo aquí...
Marcus Vanister (ND): Oiga, joven... No sé que...
El chico saca de su traje de chaqueta un billete de tren y lo deja en manos de Marcus.
James Roth (ND): Escúcheme. Escúcheme con mucha atención. Antes de que el tren llegue a su destino, reúnase conmigo en el último vagón. Y lleve consigo este billete.
James Roth (ND): Entonces su viaje será sólo de ida, profesor.
Marcus sintió de nuevo aquel escalofrío. El mismo que notó junto a aquel deja-vu. Bajó la vista y miró aquel billete. Era idéntico al que Marcus había mostrado al revisor antes de subir al tren. Entonces fue cuando los ojos del profesor se percataron de un detalle: las letras impresas aquel billete estaban al revés. Como reflejadas en un espejo.
Marcus Vanister (NE): Por lo menos podría decirme su nombre...
Pero para cuando alzó la vista, el misterioso joven se había desvanecido: Marcus volvía a estar sólo en la sección de primera clase del tren.
Marcus Vanister (NE): Vaya...
Con el billete aun en las manos, el profesor miró hacia la puerta del fondo.
Y con un suspiro, se dispuso a salir al encuentro del misterioso joven.

P.O.V. – LEONARD POWELL
“Ya es oficial...” – pensó Leonard – “Es el peor día de mi vida”.
Leonard jamás había visto un vagón de ganado en toda su vida. Pero de haber viajado en alguno, probablemente tendría el mismo aspecto que aquel en el que había despertado.
“Y por último, y no por ello menos importante, está el pequeño detalle de que debería estar muerto.”
Leonard Powell: Esto... ¿Oigan?
Las tres siluetas se giraron al unísono al escuchar la voz de Leonard. Sus murmurllos cesaron y sus ojos se posaron en el joven enfundado en traje de ejecutivo (y aun manchado de su propia sangre)
Leonard Powell: Miren... No sé lo que ha pasado, ¿vale? Si esto es una movida de Wolfram & Hart o lo que sea, bueno... ¿Al menos podrían liberar...?
La voz de Leonard se desvaneció al tiempo que aquellas tres siluetas se aproximaron a él. Con paso lento, los tres individuos se colocaron a pocos metros del joven, permitiendo a este identificarlos.
Porque los tres eran Morgan Kyle.
Leonard Powell: Vale... ¿Esto es una pesadilla... o es el infierno?
Morgan Kyle (SF): Ambas cosas.
Y diciendo eso, el Morgan Kyle al que sus amigos y él habían dado muerte en Shadowfield aferró del cuello a Leonard con un crujido de sus vértebras. Las fauces del vampiro se abrieron dejando ver sus colmillos.
Lord Kyle (DF): ¡Conten tu sed, criatura de la noche! (desenvainando sus dos cimitarras) ¡El código de honor exige vengar la vida de mi Señor!
Comandante Morgan Kyle (PS): Tranquilo, elfo... (amartilla su calibre cuarenta y cinco) Hay Leonard para todos...
Leonard Powell (al borde de la asfixia): No... No hay para todos...
De haber sido solo dos, quizá aquello hubiese funcionado. A fin de cuentas, si había algo que Leonard sabía hacer bien en todos los mundos posibles... era sacar de quicio a Morgan Kyle. Bastaron varios comentarios más para que el elfo intentase imponerse al vampiro. Aun forcejeaban cuando Leonard se percató de un pequeño detalle. El frío contacto del cañón de la calibre cuarenta y cinco le recordó a Leonard que aun había un tercer Morgan Kyle del que preocuparse.
Comandante Morgan Kyle (PS): La última vez te disparé en el estómago... (aprieta el cañón contra la cabeza) No cometeré dos veces el mismo...
Y entonces, alguien abrió la compuerta metálica, desde el otro extremo del vagón. El Morgan élfico y el vampírico estaban demasiado ocupados resolviendo sus diferencias para percatarse. Sin embargo, el sonido metálico bastó para llamar la atención del Morgan militar durante un instante. Leonard no necesitó más: con la reducida movilidad que le permitían las cadenas, el joven golpeó la mano de Morgan haciendo que su pistola volase por los aires. El arma cayó al suelo y se deslizó hasta los pies del recién llegado. Éste se agachó y la sostuvo en sus manos.
Por un instante, Leonard se permitió imaginar quien podría ser el último invitado a esa fiesta. Esperaba ver a otro Morgan Kyle, procedente de otro mundo y con el que, como una de esas constantes que se repetían, también tendría cuentas pendientes. Leonard se temía lo peor...
Entonces vio como el profesor Vanister, enfundado en un traje de chaqueta gris, contemplaba entre confuso y temeroso el arma en sus manos.
Profesor Vanister (NE): ¿Señor...? ¿Señor Powell?
Tres pares de ojos se posaron en el recién llegado. Y una sonrisa apareció en los labios del Morgan de Shadowfield.
Morgan Kyle (SF): Genial... (muestra los colmillos) El aperitivo.
lunes, 16 de marzo de 2009
Cabecera NEVERFIELD - Season 3
Pues gracias a la pericia de Raul montando el video, he podido añadirle unos retoquitos con el After Effects y añadiéndole una música que me parece más apropiada para lo que se avecina en la serie...
Por cierto, intenté colgarlo en Youtube pero tuve problemas con los derechos de autor... En fin...
Los rótulos se leían perfectamente cuando hice los videos. No contaba con el respeto prodigioso de Blogger video a la hora de pasarlo...
Ah, y aqui teneis otra versión del video, con una música quizá más adecuada para Wolfram & Hart: ya direis si le pega una más que otra.
martes, 27 de enero de 2009
Sesión 24-01-09
Leonard Powell: Bueno, más bien son "abogados del Diablo"… en el sentido más literal de la expresión. Y buscar al tal Steele era nuestra misión… al menos hasta que un cabrón secuestró a nuestros colegas… Danny Dalton y Ben Braddock.
En un ático cercano a Central Park, acordonado por la policía…
En otros, el hombre que muestra su acreditación al asustado crío es algo más.
En éste, es un miembro de una organización secreta gubernamental conocida como "La Iniciativa".
Sede de Wolfram & Hart, Los Ángeles.
Subnivel 3
- Por un momento salió algo en la pantalla. Un tipo ayudando a un crío asustado o algo así...
- Ah, probablemente sea algún recuerdo lejano. Suelen aparecer cuando el sujeto está bajo estrés... Veamos… - Colocándose las gafas de lectura, Knox examina la ficha del sujeto. – Vaya. Un agente de "La Iniciativa". – Lo mira – Cada vez los reclutan más jóvenes…
- ¿La Iniciativa?
- Es una especie de rama del ejército, Rosco. Tiene una sede en Sunnydale y se dedican a llevar a cabo cacerías y experimentos con HST. Demonios, hombres lobo... y por supuesto, vampiros.
- Joder... ¿Y dices que trabajan en Sunnydale? Menos mal que hice caso a mi cuñado y me vine a Los Ángeles.
- AKJHA´LDHASLKJ´DH
- ¿Podrías traducírmelo, Rosco? Me temo que mi dominio de la lengua F´yarl no es muy bueno.
- Gustav dice que los vampiros ya teníamos bastantes problemas en Sunnydale con "La Cazadora".
- "La Cazadora"... Bueno, por lo que parece los chicos de "La Iniciativa" tienen instrucciones de no cruzarse en su camino. No me extrañaría que la catalogasen como un HST más...
- JHKL´JHKLJÑSAKDH`DJKHA
- Gustav dice que ha oído por ahí rumores sobre ella. Dicen que no es del todo humana...
- Bueno, no sé lo que dirán de "La Cazadora"... – Knox termina de conectar unos cables al monitor.- Pero nuestro amigo es humano al 100% Lo que quiere decir que este procedimiento posiblemente tenga secuelas en su capacidad cognoscitiva.
- ¿HJG´AJKGHKJG´HASJ?
- El señor Knox quiere decir que lo volverá idiota, Gustav.
- Bien... – Knox se coloca unos auriculares y comienza a tomar notas. Mueve una redecilla y el chico comienza a sacudirse como un pelele cargado de electricidad. - Procedamos...
- ¿Qué pasa?
- Es Morgan Kyle. El comandante Kyle en persona... Y eso. Si, no hay duda... Debe ser una de las dependencias de La Iniciativa.
- ¿Cómo estas tan seguro, Knox?
- No siempre trabajé para Wolfram & Hart, Rosco. Morgan Kyle... Joder. No ha cambiado nada. Por lo que hablan, parece que envía a este chico y a su compañero… - Knox hace una anotación rápida – Un tal… Sam Wayne… Les ha encomendado una misión.
- Entonces ¿fueron ellos los que secuestraron al señor Steele?
- KHKJLJKH`SASS
- ¿Qué ha dicho?
- Gustav trabajó para el señor Steele un par de veces. Era un consultor, señor Knox. De los gordos.
- Joder... – Knox deja escapar un silbido – Pues acaban de confirmar que si. Que fue "La Iniciativa" la que… ¡Vaya!
- No sé lo que les acaba de ordenar el comandante Kyle… - Knox forcejea con los cables: la imagen sigue siendo pura y dura estática.- … Sea lo que sea lo que les ordenase, a éste tío parece haberle creado un conflicto moral que interfiere con las ondas psíquicas...
- Espere, señor Knox... ¡Parece que ya se ve algo!
- ¿Quién es? – Rosco señala al tipo viejo, enfundado en un batín burdeos como si fuese la versión siniestra de Hugh Hefner.
- Es Devon Powell. Era un ex – vigilante hasta que el Consejo lo expulsó. He leído sobre él en los archivos. Pero nadie tenía ni idea de donde estab... Espera. – Knox guarda silencio súbito: el audio parece haber vuelto a los auriculares – Están hablando...
- Tranquilo, Gustav... – Rosco tiene que retener el entusiasmo de su colega.
- ¿Qué pasa? – Knox mira al F´yral con cierto temor...
- ¡G´HFHJGFDL´GHAIL´A!
- Gustav dice que conoce a ese otro tío. El chaval de pelo castaño y vendaje en el pecho...
- ¡YUTGJHGFF!
- Dice que es uno de los que aparecieron en esa tanqueta que arrasó la planta cuarta.
- Tiene sentido... – Knox vuelve a mirar la pantalla. – Por lo que me han dicho, se llama Danny Dalton y el bufete los envió a él y a sus amigos a Sunnydale.
- Espera, sí... – Rosco hace memoria.- Pero ¿no habían muerto en una emboscada?
- No... – Knox ajusta los niveles de rastreo psíquico.- Esos fueron los refuerzos que enviaron. Lo último que supimos de ellos fue que alguien los había emboscado...
- Y parece que fueron los de esa "Iniciativa", ¿no?
- Si, pero...
- KHK´LJHS...
- Totalmente de acuerdo, Gustav... – Rosco da un trago a su petaca y saborea un poco de sangre.- Esto va para largo...
- Espera… Creo que ya... – pulsando un par de botones, Knox consigue que la imagen del monitor parpadee.- Si, ¡ya lo tengo!
- Es de noche, Rosco. Y no es un DVD... Son recuerdos. No le pidas más... – Knox se ajusta los auriculares.- Parece que su compañero y él han ido a capturar al resto de los amigos de Danny Dalton... Y se han topado con la Cazadora.
- ¿Y qué más?
- Pues poco más... Al parecer los colegas del tal Danny Dalton tampoco han querido tener mucho trato con ella. Imagino que los socios les habrán avisado con respecto a evitar a "La Cazadora".
- HJ´KHLKKHKL´JHSH...
- Dice Gustav que conoce a esos dos... El cuarentón con cara de rata de biblioteca y el chaval rubio.
- Según mis informes son los compañeros de Danny Dalton, el profesor Marcus Vanister y Leonard Powell. A quien no conozco... Joder.
- ¡Ey! ¡Pare la imagen, señor Knox!
- ¡No puedo...!
- ¡AJKHLKAJHSD!
- Ya puedes decirlo, Gustav... Está buenísima.
- Si las cosas siguen igual que cuando trabajaba para ellos, Rosco… Es una reubicación. Seguramente esa chica haya sido testigo de la operación. La dejarán en su casa con bastante droga de amnesia en la sangre como para despertar al día siguiente sin recordar nada… – Knox sonríe socarronamente a Rosco.- No te preocupes: tus colegas chupasangres de Sunnydale podrán hincarle el diente cualquier otro día.
- ¿KJHKJHLKJASL´GHAL?
- La verdad es que tienes razón, Gustav… - Rosco señala a Leonard, Danny y el profesor, que suben a bordo del Hummer de "La Iniciativa" - ¿Y qué les harán a ellos?
- Pues según mi informe… - Knox repasa las notas que le han sido entregadas minutos antes de iniciar el interrogatorio.- Dalton, Powell y el profesor Vanister aseguran haber escapado de "La Iniciativa". Imagino que escaparían antes de que los llevarán a las instalaciones subterráneas y…
- Pues no, señor Knox. – Rosco, que no ha dejado de mirar la pantalla, señala el monitor.- Mire…
- Esos planos… Señor Knox, ¿son lo que…?
- Si, Rosco… Son los planos de este edificio.
Octava Planta del Edificio de Wolfram & Hart, Los Ángeles.
Treinta y tres segundos después.
- No es por ofender… - Danny no puede evitar mirar el reloj y después al doctor Casey.- Pero, ¿no podría darse prisa con eso?
- Antes me gustaría saber qué ha sido del señor Braddock…
- Braddock… - A todos les ha pillado por sorpresa. Pero sólo a Leonard se le da tan bien improvisar mentiras. – Claro, Ben…
Por desgracia para ellos, sólo lo parece.
Sólo necesitaban que Billy aguantase diez minutos las torturas a las que les sometiesen esos abogados del Diablo.
martes, 13 de enero de 2009
P.O.V. - LEONARD POWELL y MARCUS VANISTER (Sesión 10-01-09)
ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!
ATRAPADOS EN UNA ODISEA DIMENSIONAL…
Danny Dalton: Vale. Ahora el Libro es un libro y las Sombras... Se han ido.
Profesor Vanister (NE) ¿Y si han ido a otros Springfield?
Leonard Powell: ¿Y si han ido…? (mira Danny) ¿Y si han ido al nuestro?
UN VIAJE A TRAVÉS DE REALIDADES ALTERNATIVAS...
Riley Finn (ND): Estáis cometiendo un error… Trabajo para el gobierno de los Estados Unidos.
Leonard Powell: Si, claro. Y ahora me dirás que trabajas para una unidad militar especial que tiene un complejo subterráneo oculto bajo este pueblo de mierda.
Riley Finn (ND): ¿Cómo…? (sorprendido) ¿Conoces "La Iniciativa"?
TODOS BUSCAN EL CAMINO DE VUELTA A CASA...
PERO NO TODOS VIVIRÁN PARA ENCONTRARLO.
Episodio 2x14.- NEVERDALE (Parte 3)
Ahora.
Leonard Powell: ¡Riley! ¡AL SUELO!
Apenas un segundo antes, antes de que las ráfagas de fuero automático comenzaran a hacer trizas aquella habitación de motel; Leonard y el profesor Vanister escuchaban atentamente las especificaciones que el agente Riley Finn de "La Iniciativa" les daba sobre la mansión de Devon Powell. Se encontraba mencionando algo sobre las cámaras y los sensores de movimiento que había a lo largo de toda la finca cuando, de repente, dos puntos rojos aparecieron en el pecho de Riley.
Y entonces comenzó el infierno.
Esa aureola de patriotismo barato y heroismo gratuito le recuerdan a Leonard al bueno de Ben Braddock. No piensa desaprovecharlo y, junto con el profesor, se disponen a salir. Es en ese momento cuando Leonard se percata de que el suelo esta manchado de sangre. Se mira el cuerpo: si no es suya, solo puede...
Leonard Powell (ayudando al profesor): ¿Profesor...?
Profesor Marcus Vanister (NE): Es solo... un rasguño... (aferrándose la herida en el hombro) Hay que... salir de aquí, señor Powell...
Antes de que puedan responder al fuego automático del mismo tipo encapuchado que dejó la habitación convertida en queso gruyere, un segundo encapuchado sale de detrás del camión en el que aguardaban los hombres del agente Finn. Empuña un M16 con lanzagranadas... y un proyectil explosivo autopropulsado cruza la zona de aparcamiento para acabar volando por los aires el coche de la recién llegada caballería de W&H.
Leonard Powell (mirando al encapuchado del subfusil): ¡Joder! ¡Riley ha caído! ¡Me encargaré de ese tipo! ¡Cúbrame profesor!
Mientras los disparos del profesor Vanister distraen al encapuchado del M16, Leonard se desliza entre los coches hasta situarse a pocos metros por debajo de donde está el encapuchado del subfusil. Un disparo certero y una bala entra por su pecho, dejándolo muerto. Leonard está a punto de hacer un comentario ingenioso al respecto, cuando escucha el fuego automático del M16.
En el suelo, tras los restos llameantes de la berlina, está el cuerpo del profesor. Leonard se da la vuelta y mira al encapuchado del fusil de asalto. No le da tiempo ni siquiera a que le encañone: Leonard camina con paso firme hacia él, disparando su pistola...
Leonard Powell: Hijo de puta...
Profesor Vanister (NE): Señor Powell... Llévelos de vuelta... Llévelos... a casa...
Riley Finn (ND): Déjeme a mi...
Riley Finn (ND) (ayudando como puede a Leonard a llevar el cuerpo del profesor hasta la furgoneta): Póngase al volante... Yo intentaré hacer algo por su amigo...
Leonard Powell: Pero... ¿el qué?
Riley Finn (ND) (sacando del botiquín de la furgoneta una jeringa de adrenalina) Lo que sea necesario...
Leonard Powell da la vuelta a esa furgoneta de reparto mientras en su interior, rodeado de aparatos de escucha y seguimiento electrónico, el profesor Vanister siente como su cuerpo regresa de entre la estrecha frontera entre la vida y la muerte.
La furgoneta sale del motel Gates a toda velocidad, con un par de coches patrulla siguiéndola muy de cerca. Por suerte, Sunnydale se parece lo bastante a su Springfield natal como para que Leonard pueda desenvolverse con relativa facilidad.
Leonard Powell (hablándole a los policías): ¿Queréis jugar? Pues no os lo pondré fácil...
Con un volantazo, Leonard abandona la carretera industrial y se adentra en uno de los muchos barrios residenciales que pueblan los suburbios de Sunnydale. Hace apenas diez minutos que la noche ha caído sobre la ciudad y, por suerte, no ni tráfico en la calle ni gente paseando.
Enfilando una de las calles residenciales, una chica con el volumen de su I-Pod demasiado alto no escucha el rechinar de frenos de la furgoneta. Ni Leonard es lo bastante rápido como para evitar llevarse por delante el enorme dálmata que la adolescente llevaba de la correa...
Agente McNamara (ND) (saliendo del coche y viendo los destrozos): ¡¡Joder!! (ve alejarse la furgoneta) ¿Quién cojones es ese tío?
Antiguo Matadero Grant.
Aproximadamente una hora después...
El lugar está completamente desierto.
Profesor Vanister (NE): Inconsciente me temo... Hubiera intentado hacer algo más por sus heridas pero creo que he consumido los escasos recursos del botiquín...
Leonard Powell: ¿Y ahora? La emboscada del motel parece cosa de esa "Iniciativa" para la que trabaja Riley...
Profesor Vanister (NE): Lo que significaría que el señor Kyle y su padre están buscándonos...
Leonard Powell: Por no hablar de la policía de Sunnydale...
Profesor Vanister (NE): No podemos quedarnos aquí mucho tiempo ocultos, señor Powell. El tiempo corre en contra de nuestros amigos... quedan apenas ocho horas para que el suero pierda su efecto...
Leonard Powell: Tal y como lo veo yo, profesor, tenemos dos opciones: o le echamos huevos y asaltamos por nuestra cuenta la mansión de mi padre. O buscamos un aliado...
Profesor Vanister (NE): Creo recordar que el señor Finn mencionó al padre del señor Dalton como uno de los civiles al tanto de "La Iniciativa". Quizá...
Nora Thompson (ND): ¡Soltadme, bastardos!
Profesor Vanister (NE): Hay que hacer algo, señor Powell… Esos brutos van a…
Leonard Powell (susurrando): No ha visto nunca Buffy en la tele, ¿verdad? Profesor, si esto es Sunnydale esos no son simples brutos… Son vampiros.
Como para constatar la teoría de Leonard al respecto, el que parece el cabecilla de los vampiros, un tipo enfundado en una chupa de cuero y con larga melena negra, da un poderoso brinco y se coloca justo ante Nora, cerrándole el paso. Ésta trata de usar su spray anti-violadores con él. Lo único que consigue es enfadar al vampiro… y hacer que "ponga su cara demoniaca".
Leonard Powell: Odio tener razón… (comprueba su pistola) Cúbrame, profesor.
El profesor Vanister asiente, entra en el almacén y busca la caja de fusibles. Sabe que las luces de ese lugar llevan al menos años sin funcionar. Para lo que él quiere, le da lo mismo. Activa todos los conmutadores consiguiendo un cortocircuito. Por un instante, las luces exteriores de la nave industrial se encienden, estallando en chispas y cegando a unos fotosensibles vampiros.
Y, al amparo de la oportuna distracción, Leonard sale al descubierto. Antes de que el vampiro pueda decir nada, Leonard se ha colocado a su lado y descarga un tiro contra la mandíbula. El vampiro cae al suelo.
Nora Thompson (ND): ¿Qué…? (reconoce a Leonard) ¿¡Tú!?
Leonard Powell: Nora, adentro (sigue encañonando al vampiro) ¡Deprisa!
Vampiro Melenudo (ND): ¡¿Anf anffann?!
Leonard Powell (alzando la pistola, mientras retrocede): Lo siento… (dispara dos veces más) No hablo vampiro.
Las balas solo frenan de forma temporal al vampiro que, inexorablemente lo va acorralando hasta el interior de la nave industrial.
Mientras, dentro del viejo Matadero Grant…
Nora Thompson (ND): ¿Pro… Profesor Giles?
Profesor Vanister (NE): Eh… (escucha los gruñidos y risas de los dos vampiros que van tras Nora) No hay tiempo de explicaciones, señorita… (la toma de la mano) Venga conmigo.
Los dos se adentran en las derruidas y oscuras estancias del matadero, encontrando un acceso que lleva al sótano del mismo. Con dos vampiros pisándoles los talones, Nora y el profesor acaban en una de las estancias del subterráneo del matadero. Un lugar que el profesor reconoce como el enorme coso donde, en Witchifield, fueron "juzgados" por el triunvirato de los Capuchas Rojas.
Profesor Vanister (NE): Fascinante…
Nora Thompson (ND): ¿Cómo…? Oiga, profesor, no es…
En ese momento, las puertas de la estancia son destrozadas de golpe por el primero de los dos vampiros que les perseguía. A simple vista parece un veinteañero negro, vestido con cazadora vaquera y luciendo un absurdo sombrero tejano. Sus colmillos y su rugido inhumano hielan la sangre del profesor… pero no sus neuronas.
Profesor Vanister (NE): No quieres hacerlo… (agarra un pedazo de madera de los muchos escombros que pueblan el suelo del lugar) Sabes quien soy, ¿verdad?
Vampiro Tejano (ND): Rupert Giles… Has matado a muchos de los nuestros…
Profesor Vanister (NE): Has caído en la trampa… (mira por encima de su espalda, como si Nora fuese Buffy) ¡Ahora, Buffy!
Vampiro Tejano (ND): ¿La… (glups)… Cazadora?
Si los vampiros pudiesen hacer ciertas funciones biológicas, éste habría manchado los pantalones. Pero al darse la vuelta, lo único que ve es a Nora. Vanister no desaprovecha la ocasión y clava la improvisada estaca a la altura del corazón del vampiro. Estalla en una nube de polvo que cubre tanto a Vanister como a Nora.
Nora Thompson (ND): Así que todas esas historias que me han contado sobre este pueblo… Joooder. Ahora hay un montón de cosas que… ¡Cuidado!
El profesor Vanister apenas si puede hacer un torpe intento por clavar la estaca en el vampiro que acaba de irrumpir en la estancia. Ha visto como desintegraba a su colega y no está contento. Derriba a Vanister y le arrebata la estaca con la facilidad de quien le quita el sonajero a un bebé.
Por un segundo, los colmillos del segundo vampiro casi rozan el cuello del profesor. Y es entonces cuando el palo de una vieja escoba atraviesa el pecho del chupa-sangres… ¡haciéndolo estallar y cubriendo de cenizas al pobre Vanister!
Profesor Vanister (NE): Coff, coff… Gracias, Nora…
Nora Thompson (ND): No hay de qué, Giles… solo le pediría una cosa… (le ayuda a incorporarse) No vuelva a llamarme Buffy, ¿de acuerdo?
Mientras tanto, en el piso de arriba…
Leonard Powell (sigue disparando): Tío, ¡cómo odio los vampiros!
Las balas atraviesan el cuerpo del vampiro de la melena sin que éste haga otra cosa más que frenar levemente el paso. Leonard lanza una mirada fugaz a la furgoneta, dentro de la nave industrial. Intenta llegar hasta ella. Quizá Riley haya despertado y…
Pero antes de poder comprobarlo, el vampiro da otro de sus impresionantes brincos, interponiéndose en el camino de Leonard. De un fuerte manotazo, le arrebata la pistola, tirándola al suelo.
Leonard Powell: Joder…
Y es entonces cuando el virote de flecha se clava en el pecho del vampiro. Éste, por un segundo, mira incrédulo la punta de madera afilada que sobresale empapada en sangre. Intenta articular algo parecido a un "oh, mierda" pero sin mandíbula inferior. Un instante después, estalla convertido en una nube de polvo.
Leonard agudiza la mirada tratando de percibir la identidad de su oportuno salvador. Al amparo de la luz procedente de la propia furgoneta, Leonard distingue la silueta del profesor Vanister. Y sostiene entre las manos una ballesta.
Leonard Powell: ¿Profesor Vanister?
Rupert Giles (ND): Creo que me confunde, joven. Mi nombre es Rupert. Rupert Giles.
Antes de que Leonard pueda dejar de abrir la boca, paralizado por la sorpresa, otra voz se deja escuchar a la entrada de la nave industrial. Camina hasta donde están ellos dos, sin dejar de hacer divertidos malabares con una estaca de madera.
Buffy Summers (ND): Me estaba preguntando, Giles, ¿estaría mal que me quedase los pendientes de esa vampiresa que acabo de evaporar? Oh… (ve a Leonard) Bonito traje.
Leonard Powell: Bu… Bu… ¿Buffy?
CONTINUARÁ…

