martes, 24 de febrero de 2009

Próximamente - NEVERFIELD: TERCERA TEMPORADA

Tras una pausa motivada por viajes a Madrid, Carnavales y otras circunstancias ajenas a la producción de esta serie, muy pronto comenzaremos la nueva temporada de "NEVERFIELD". Una temporada que promete nuevas incorporaciones al elenco protagonista y una profunda transformación para la mayor parte de los restantes protagonistas.

martes, 3 de febrero de 2009

Diario de Leonard Powell (Sesión 31-01-09) - ÚLTIMA ANOTACIÓN

Si estas leyendo esto es porque entonces a estas horas ya estaré muerto.

La verdad es que no se me da bien escribir. Y menos aun este tipo de cosas. Pero supongo que eso es algo que ya sabes. Intentaré ser lo más claro y preciso posible. No quisiera saturar tu pequeña capacidad cerebral con palabras que no entenderías.

Bien, Danny... No se como he muerto, ni quien ha sido la persona que ha puesto fin a mi vida… pero seguro que sin duda es un autentico bastardo sin escrúpulos. Pero no es para insultar a mi ejecutor por lo que escribo esto, sino para hacerte entender algo que no sé si sabias. Y es que has sido el único amigo que he tenido en mi vida.

Podría darte varios consejos ahora que no estoy como por ejemplo que no te metas en líos, porque ya no estaré yo para sacarte de ellos. O que trates de ser un poco más diplomático, si es que sabes lo que significa esa palabra. No, no significa liarse a puñetazos con alguien hasta que opine lo mismo que tú.

Tengo que contarte un secreto.

Como ya sabes, todos guardamos toneladas de mierda y algunos como yo, se niegan a reconocerlo… ¿Recuerdas a Rachel? ¿Rachel Wayne, la hermana mojigata de Sam? Unas semanas antes de que ocurriera todo lo que nos ha pasado, tuvimos un lío. La cosa se complicó y…

Bueno, digamos que he tratado a cubos de basura mejor que a Rachel.

Te preguntaras porqué te cuento esto. Pues porque tengo que pedirte un último favor. Tienes que volver a casa. Coge mi mejor moto, desde ahora es tuya. Pero antes quiero que hables con Rachel y quiero que le digas que lo siento.

También puedo asegurarte que mi padre tuvo algo que ver con el desastre de las minas. Cuando llegues a casa, investiga todo lo que puedas. Seguro que puedes sacar la verdad adelante. Tu padre no merece estar en la cárcel. El mío, en cambio, es lo mínimo que se ha ganado.

Ah, por cierto. Nunca te lo he dicho pero… ¿tanto te costaba llamarme por mi nombre, capullo? Bueno, supongo que ya es tarde para que me llames de ninguna manera.

Hay una canción de un grupo. Kansas, creo que son. "Carry on My Wayward Son". ¿Qué? ¿Te sorprende que me sepa alguna canción que no sea de los Chemical Brothers, Apollo 440 o Daft Punk? Bueno, mi madre solía ponerla cuando aun vivía. Y teniendo en cuenta que eres un hortera anticuado pensé que sería la clase de canción que te gustaría…

Carry on my wayward son
For there'll be peace when you are done
Lay your weary head to rest
Now don't you cry no more

Once I rose above the noise and confusion
Just to get a glimpse beyond the illusion
I was soaring ever higher, but I flew too high
Though my eyes could see I still was a blind man
Though my mind could think I still was a madman
I hear the voices when I'm dreamin'
I can hear them say

Carry on my wayward son
For there'll be peace when you are done
Lay your weary head to rest
Now don't you cry no more

Masquerading as a man with a reason
My charade is the event of the season
And if I claim to be a wise man,
it surely means that I don't know
On a stormy sea of moving emotion
Tossed about, I'm like a ship on the ocean
I set a course for winds of fortune,
but I hear the voices say

Carry on, you will always remember
Carry on, nothing equals the splendor
Now your life's no longer empty
Surely heaven waits for you

Carry on my wayward son
For there'll be peace when you are done
Lay your weary head to rest
Now don't you cry don't you cry no more
no more

Vuelve a casa…Y recuerda: nosotros elegimos qué hacer con nuestras vidas.

No te dejes matar capullo.
O te perseguiré por todo el infierno.

lunes, 2 de febrero de 2009

Sesión 31-01-09


El suelo de la estancia es blanco. Como sus muros. Como su inexistente techo.
Es una habitación sin muros, sin mobiliario. Fría. Infinita.
Aun arrodillado, Danny Dalton piensa por un instante que esa habitación, al igual que sus ocupantes, son irreales.
Pero el cuerpo que yace ante él… Ese es muy real.
La sangre impregna la impoluta camisa de seda blanca, los pantalones de pinza, el suelo blanco.
A su alrededor aun huele a pólvora.

Es el cuerpo de Leonard Powell.
Muerto.

Episodio 2x16.- NEVERDALE (Parte 5 de 5)

Sala de Juntas nº2.
Planta Octava de la sede de Wolfram & Hart en Los Ángeles.
Hace 36 minutos.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y bien? ¿Se os ocurre un buen motivo por el cual no debamos dejaros morir?

Como si fuese a encontrarlo, la mente de Danny Dalton viajó hacía atrás en el tiempo, contemplando lo que habían sido aquellas últimas 48 horas. Su llegada a este universo destruyendo la planta cuarta de ese mismo edificio; su viaje a Sunnydale tras la pista de uno de los abogados de esta infernal firma; el secuestro por parte de los agentes de "La Iniciativa"; la alianza con Devon Powell y su plan de dar un golpe contra Wolfram & Hart desde dentro…

Profesor Vanister (NE): Señora, si…
Sarah Kauffmann (ND): Silencio…

La misma Sarah Kauffmann que acababa de hacer estallar con la mirada los tres viales de suero que les iban a inyectar, alzó la mano y dejó inconsciente al profesor con un solo gesto.

No, pensó Danny: definitivamente, no iban a encontrar ningún argumento para que aquellos bastardos los dejasen con vida.

Y así, Danny se levantó de la silla empuñando la Desert Eagle que guardaba bajo su chaqueta.

- BANG -

El disparo resonó como un pequeño obús y el impacto tumbó a una sorprendida Sarah Kauffman. Leonard intentó aferrar del brazo al asustado doctor Casey. Sin embargo, su atractiva y rubia ayudante resultó ser algo más que una simple enfermera. Su rostro se arrugó transformándose en la mueca grotesca de una cara que alguna vez fue humana… y que ahora se revelaba como la de un vampiro.

Un disparo más de Danny hizo que el doctor Casey se detuviese a pocos centímetros de la puerta de la sala de juntas. Sin embargo, su indecisión duraría breves segundos: la puerta de la estancia se abrió dejando pasar a un guardaespaldas del bufete. Danny ni siquiera le dio ocasión de terminar de sacar su pistola: un nuevo proyectil de su Desert Eagle derribaba al trajeado.

Leonard Powell (forcejeando con la vampiresa): Da… Danny… Me vendría bien… Un poco de…

Un nuevo disparo de su cañón en miniatura ayudó a que el rostro del vampiro comenzara a fundirse. Cortesía de la munición especial que Devon Powell y los chicos de la Iniciativa les habían dado: el agua bendita que contenía las puntas huecas de esa munición consiguieron enloquecer de dolor a la vampiresa que abandonó la sala de juntas gritando de forma enloquecida, derribando a su paso la puerta de la misma.

Danny Dalton (ayudando a Leonard): ¿Estas bien, pi…?
Leonard Powell (señalando la puerta): ¡Casey! ¡Se escapa…!

Danny dejó a Leonard en la sala de juntas. Lo hizo sin pensar por un instante en los peligros que aun dejaban atrás. Lo cierto es que Casey había sido el científico que les había inyectado por primera vez el suero. Probablemente sabría donde lo guardaba Wolfram & Hart. Y si no querían que sus cuerpos estallasen como palomitas en un microondas, Danny y sus compañeros de viaje interdimensional iban a necesitar ese suero cuanto antes.

Por eso Danny no llegó a ver como Sarah Kauffmann se incorporaba, aun con su chaqueta humeante tras el impacto de la Desert Eagle a bocajarro. Sus ojos llameaban de ira inhumana cuando los posó sobre Leonard Powell.

Éste sostenía su pistola y contemplaba a la asesora de W&H como quien ve abalanzarse sobre él un tren de mercancías.

Danny acababa de salir al vestíbulo de la octava planta. Los disparos y la abrupta salida de la vampiro habían provocado la alarma de los oficinistas y burócratas trajeados que pululaban por aquella planta. Danny miró por todas partes, en busca de Casey. Vio uno de los ascensores cerrándose y entonces escuchó un disparo procedente de la sala de juntas. Danny hizo un intento por regresar pero fue entonces cuando aparecieron dos guardaespaldas más. Esta vez fueron más rápidos que él y dispararon sus armas. Danny sintió el mordisco de una de las balas alcanzar su pierna izquierda.

Fue entonces escuchó los gritos de Leonard. Tanto Danny como los propios trajeados de W&H quedaron paralizados ante la figura envuelta en llamas que salió de la sala de juntas, luchando por quitarse un traje que ardía como una pira diabólica.

Danny Dalton: Pijo…

Antes de que el sentido común pudiera gritarle que aquellos dos trajeados aun le encañonaban con sus pistolas, las manos de Danny ya apretaban el disparador de uno de los extintores que había en aquella planta. La espuma cubrió fue mermando las llamas y el cuerpo de Leonard, marcado horriblemente por quemaduras y heridas, yacía en el suelo.

Danny (sosteniendo el cuerpo de Leonard): Pijo… No, tío… No…

Los dos tipos trajeados no dejaban de apuntarle con sus pistolas cuando se apartaron dejando paso a Sarah Kauffmann. Ésta, con toda la tranquilidad del mundo, se inclinó ante Danny.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y bien, Señor Dalton? Aun espero un motivo por el cual deba dejarle vivir…

Pero Danny no podía articular palabra. Le costó un mundo alzar la vista y clavar sus ojos en los de aquella perra del infierno. Sus labios comenzaron a moverse para dejar escapar una última palabra. Sabía que aquella zorra le haría lo mismo que le hizo a Leonard. Pero no iba a dejar que se quedase ahí, riéndose de ellos…

Entonces comenzó a escuchar las aspas del helicóptero. Todos los presentes comenzaron a escucharlas, girando sus cabezas en dirección a los despachos cuyos ventanales daban al exterior. Hubo un silbido, fugaz y breve como el vuelo de un dardo… Y luego, una explosión voló en pedazos toda la fachada oeste de la planta octava de Wolfram & Hart.

Danny apenas si tuvo tiempo de esconderse tras el mostrador de las secretarias, sintiendo como los fragmentos de mesas, material de oficina, ventanas, muros y personas volaban por los aires. La mayor parte de las luces de la planta se fundieron y todo se lleno de humo, chispazos, toses y confusión.

En mitad del caos, entre los escombros y los oficinistas que torpemente trataban de incorporarse; Danny tuvo tiempo de levantar sobre sus hombros el cuerpo de Leonard. Sentía su cabeza palpitar, notaba la sangre que manaba por su nariz (cortesía de lo que el profesor Vanister había bautizado como "descomprensión interdimensional")… la herida de bala de su pierna ladraba de dolor…

Los minutos siguientes se convierten en un angustioso periplo a través de las escaleras de Wolfram & Hart. En seguida saltan las alarmas y el personal de seguridad es movilizado de inmediato: muchos oficinistas, como parte del programa de contingencia y prevención de riesgos, toman el papel de sanitarios y acuden en tropel en ayuda de los posibles heridos que hay en la planta octava.

Los intentos por llegar a la planta cuarta, donde aun se encuentra su blindado de salto dimensional, chocan de bruces con agentes de W&H. Por un momento, Danny cree que su suerte ha terminado cuando se ve sorprendido por un grupo de cuatro individuos. Dos de ellos son trajeados con armas, del personal de seguridad. Los otros dos, oficinistas haciendo de paramédicos. Esta a punto de soltar el cuerpo de Leonard y agarrar su arma cuando…

Agente de W&H (ND): Chico… (se acerca a Danny, ayudando) ¡Dios mio! ¡Sandy, écheme una mano!

Sandy parece más una ratita de biblioteca que una enfermera de campaña: mientras su compañero y el otro guarda de seguridad siguen escaleras arriba, el tipo trajeado baja la guardia el tiempo suficiente como para que Danny tenga tiempo para prepararse…

Agente de W&H (ND): Tu amigo tiene mal aspecto, chico. Dime, ¿vienes de la planta octava?
Danny Dalton (ND): Si… Ha habido… una…
Sandy (ND): ¡Oh, Dios…! (mira estremecida de terror a Danny) Su amigo… ¡No tiene pulso!

Danny no tiene tiempo para pensar: con un golpe certero en la nuca, deja fuera de combate al agente de W&H. Sandy arranca a correr, bajando las escaleras que la llevarán hasta la planta cuarta. Allí, entre lágrimas, contará a los guardias de seguridad lo que acaba de ver. Entre tartamudeos, dará la descripción de Danny y un equipo de asalto se movilizará de inmediato para darle caza.

Danny no necesita ser vidente para saber todo eso. Lo sabe porque ya está habituado a tener esa clase de suerte. La clase de suerte que te lleva a vagar por la quinta planta de un edificio de oficinas cargando con el cuerpo de un amigo moribundo. Nadie se atreve a interponerse en el camino de Danny que, desesperado, busca un despacho. Cualquier despacho.

Sus ojos se posan en uno de ellos. "Holland Manners". En aquel momento, la adrenalina de Danny corre demasiado rápido como para recordar ese nombre. Le basta un instante para reconocer al hombre que, tras un escritorio, termina de teclear un informe.

Holland Manners (ND): Baja el arma, Bob… (su guardaespaldas, situado tras él, baja su pistola) No creo haberle dado cita, Señor Dalton…
Danny Dalton (dejando el cuerpo de Leonard en el suelo): Debe… Debe ayudarme…
Holland Manners (ND): ¿De verás? (lo mira atentamente) Y, ¿qué ganaría yo…?

La pregunta queda en el aire. Manners enmudece al ver los puntos rojos que comienzan a cubrir el cuerpo de Danny Dalton. Éste no necesita mirar a su derecha para ver que, a través del umbral de la puerta, media docena de rifles automáticos apuntan directamente a zonas vitales de su cuerpo. Un equipo completo de asalto de W&H aguarda una sola orden para abrir fuego.

Sarah Kauffmann (ND): Lamento la interrupción, Holland…

Danny la contempla con profundo rencor: la ve aparecer, abriéndose paso entre los miembros del equipo de asalto. Incluso ellos parecen temerla. Kauffmann se coloca ante Danny y habla. Habla durante varios minutos… pero Danny no presta atención. Al principio es solamente el odio. El odio profundo y visceral hacia la zorra que acaba de hacer arder a su amigo. Pero luego… Luego su vista se centra a lo que hay tras Kauffmann. Y tras ella, ve a Holland Manners. Hablar por teléfono.

Sarah Kauffmann (ND): Tu amigo Leonard va a morir, Danny… Así aprenderás que no se juega con Wolfram & Ha…
Holland Manners (ND) (interrumpe): ¿Kauffmann? (muestra el teléfono) Es para ti.

Sarah dedica una mirada de odio silencioso a Manners. Se aproxima y aferra el teléfono. Y por primera vez, Danny ve el miedo en los ojos de Kauffmann. Asiente varias veces. Incluso susurra un par de "si, mi señora". Cuando cuelga, Danny juraría que las manos de ese ser vestido de ejecutiva tiemblan por el miedo. Intenta que no se le note cuando da las órdenes a sus hombres de que cojan el cuerpo de Leonard. Danny obedece cuando ella le ordena que lo siga. Antes de irse, ve como Holland Manners asiente con una sonrisa inquietante. Danny siente un escalofrío.

Los miembros del equipo de asalto han montado a Leonard en una camilla y lo han llevado a uno de los ascensores. Supuestamente, han dejado de funcionar, bloqueados como procedimiento de emergencia ante un ataque. Sin embargo, en el que ellos se han montado aun funciona. Dos miembros del equipo de asalto custodian la camilla de Leonard mientras Kauffmann pulsa una serie de botones. Danny intenta memorizar la secuencia pero es imposible. No puede apartar los ojos del horriblemente quemado cuerpo de Leonard.

Aunque consigan salvarlo… será un monstruo el resto de sus días.
Aquel pensamiento le devuelve a Danny la furia que creía dormida.

Danny Dalton (a Kauffmann): Zorra del Infierno… Te voy a…
Sarah Kauffmann (ND): Silencio.

Y pulsa un botón. Un botón que hace apenas un segundo no estaba ahí. Y todo, absolutamente todo, se vuelve blanco.



Blanco.

Todo en ese lugar lo es: el suelo, los muros, el techo… si es que puede llamarse así. Podría no haber ni muros ni techo. De no ser porque despierta tendido sobre él, Danny tampoco podría asegurar que existe el suelo. Lleva la misma indumentaria que cuando entró en el ascensor. Sin embargo… El dolor. Ha desaparecido. Ni el disparo de la pierna, ni el insoportable dolor de cabeza, ni sangre en su nariz…

Leonard Powell (quejumbroso): Vale… ¿Qué coño ha pasado?

Danny se da la vuelta. Y ahí está: sonriente, levemente despeinado y con una mueca burlesca en la cara. Ni quemaduras, ni heridas… Nada.

Danny Dalton (incrédulo): ¿Le…? ¿Pijo?
Leonard Powell (ajustándose la chaqueta de W&H): Estoy… (sorprendido) Estoy bien, tío. Pero… (su gesto adquiere un leve toque de preocupación) Danny…

Danny puede leer en los ojos de su compañero de aventuras. Se da la vuelta y, dentro de lo que cabe, no le pilla por sorpresa encontrar allí a esa zorra infernal de Sarah Kauffmann. Al igual que ellos, tanto su traje como sus heridas se han visto regeneradas.

Danny Dalton: Vale… ¿Y ahora por qué cojones nos has traído aquí?
Voz Infantil (tras Sarah Kauffmann): No ha sido ella la que os ha llamado… sino yo.

Y la ven aparecer. Sale tras Sarah, dando pasitos cortos pero firmes. No tiene más de ocho años: el pelo rubio, lacio y negro. La tez, mortalmente pálida. Y sus ojos… Sus ojos son viejos, muy viejos. Antiguos.

Mesektet (ND): Mi nombre es ancestral. Os encontráis en la Habitación Blanca. Y yo… Yo soy Mesektet, de los Ra-Tet. Vosotros… Vosotros habéis violado la confianza de los Socios Fundadores. Ellos… están descontentos. (se detiene por un momento y sonríe) Ah. Ya estamos todos.

De repente, Danny y Leonard pueden sentir un escalofrío. Les recorre la espina dorsal como un reguero de agua helada. Ante sus ojos, entre ellos y sus dos inquietantes anfitrionas, se materializa una figura. Luce un traje de chaqueta gris y tiene sus manos esposadas a la espalda.

Devon Powell (ND) (visiblemente desorientado y cansado): ¿Hi… Hijo?
Leonard Powell (sorprendido): ¿Cómo…? (mira a Mesektet) ¿Cómo lo habéis…?
Mesektet (ND): En la habitación blanca el tiempo tal y como lo comprendéis los humanos deja de tener sentido. Es un espacio entre los espacios. Mientras sanaban vuestras heridas, las horas han pasado en el mundo que conocéis como físico…
Sarah Kauffmann (ND): Y en ese tiempo, la información que le extrajimos a ese agente de "La Iniciativa" junto a nuestros contactos en Washington nos permitió dar con Devon Powell. Nuestros hombres tomaron la mansión y… Bueno, aquí lo tenéis.

Sarah saca de su chaqueta una pistola. La amartilla y la ofrece a Danny y Leonard.

Sarah Kauffmann (ND): Los Socios parecen muy… interesados en vosotros. Y por ello han decidido ofreceros la oportunidad de recuperar su confianza. Devon Powell ha sido encontrado culpable de cargos contra W&H. La pena por dicho crimen es la muerte. Y uno de vosotros será el encargado de administrarla.
Mesektet (ND): Hacedlo y se os permitirá regresar a vuestro mundo.
Danny Dalton: ¿Y si nos negamos?
Sarah Kauffmann (ND): Pues mataremos a uno de vosotros en su lugar.

Y el silencio se hace en la habitación blanca. Antes de que Danny pueda terminar de asimilar las últimas palabras de Sarah, Leonard tiende la mano y aferra la pistola. La sopesa, nota el tacto frío de la culata…

Devon Powell (ND): Hazlo.

Leonard alza la vista y contempla a ese hombre que no puede ser su padre. Idéntico en todos y cada uno de sus rasgos físicos. Es él… Y al mismo tiempo, no puede haber hombre más diferente al padre que Leonard ha conocido.

Leonard Powell: No. (mira a Danny) Lo siento, Danny.

Levanta la pistola. Danny puede ver el trazado del cañón del arma y durante un instante la pistola pasa ante sus ojos. Y durante ese mismo instante, su cabeza se llena de recuerdos. De advertencias. De lo que se suele decir sobre los Powell. De lo que siempre ha temido. Del temor a una traición anunciada por todos.

- BANG –

La sangre salpica la camisa blanca de Danny. Las fuerzas dejan de responder y sus piernas fallan. Cae de rodillas mientras su propio grito de impotencia aun resuena por todas partes. Un grito que él mismo no puede escuchar. Porque no ha podido evitarlo. Otra vez.

Leonard yace en el suelo.
La pólvora aun flota a su alrededor.
La sangre comienza a extenderse alrededor de su sien.
En su mano, la pistola reposa aun humeante.

Sótano 2.
Edificio de Wolfram & Hart.
Horas después.

Doctor Casey (ND): Ya está… Puede retirar el brazo, señor Dalton.

Danny deja de mirar al infinito y mira a Casey. Éste, incapaz de devolver la mirada a unos ojos muertos, se retira murmurando algo sobre "dentro de cuarenta y ocho horas". Algo que Danny apenas puede entender. Algo que apenas le importa.

Con su chaqueta al hombro, Danny camina a través de las instalaciones de ciencia-ficción de ese laboratorio subterráneo. Camina como un hombre muerto, con la mirada apagada de quien, en cada parpadeo, ve una y otra vez la misma escena.

"Lo siento, Danny."
- BANG –

En el vestíbulo del edificio, a través de las cristaleras, se puede ver la noche luminosa de Los Ángeles. Antes de irse, una de las secretarias le entrega un maletín que Danny coge de forma automática, sin prestarle mayor importancia. Ni siquiera escucha lo que le dice. Capta fragmentos: "primera hora", "hotel", "tarjeta de crédito", "llegar tarde el primer día"… No le interesan.

Danny se sienta en la escalinata del edificio, viendo como los últimos ejecutivos salen del mismo. Los cierres del maletín saltan cuando Danny introduce un código de tres cifras. Dentro hay una agenda con la dirección de un hotel anotada. Hay varias tarjetas de crédito. Y las llaves de una moto.

La Ducati ronronea como un gato salvaje. Danny sale a toda velocidad de los subterráneos de Wolfram & Hart. Como si la velocidad de esa preciosidad fuese suficiente como para dejar atrás los malos recuerdos. Parece que ocurrió hace una vida. Pero ocurrió hace menos de dos horas.

"Lo siento, Danny."
- BANG –

Es una de las mejores suites de uno de los mejores hoteles de una de las mejores ciudades del mundo. Danny jamás quiso nada de ninguna de esas tres cosas. Se conformaba con ser libre. Ahora, es lo único que no puede tener.

Lentamente, los recuerdos inmediatamente posteriores a Leonard comienzan a hacerse más claros. Danny recuerda el rostro desencajado de Devon Powell: su mirada, la de un padre que acaba de ver como su hijo se vuela la tapa de los sesos…

Que Sarah Kauffmann lo calcinase apenas unos segundos después fue quizá el único gesto piadoso de aquella zorra infernal.

Danny encendió el cigarrillo y miró la ciudad de Los Ángeles. La miró como siempre había mirado Springfield desde lo alto de la mina Dalton. Siempre había soñado con escapar de allí. Con ser verdaderamente libre.

Danny siempre había sido un solitario. Pero nunca hasta ese momento se había sentido tan solo.

"Perro Loco".
El profesor.
Fred.
Leonard.

Danny intentó cerrar los ojos. Sabía que aquella noche iba a ser mala. Pero el día siguiente sería infinitamente peor.

Porque sería su primer día de trabajo para Wolfram & Hart.

FIN DE LA SEGUNDA TEMPORADA.