jueves, 10 de diciembre de 2009

Neverfield - UNA PARADA EN EL CAMINO

Ha sido un largo viaje, para que lo vamos a negar.

Sin embargo, y creo que hablo por todos, no esta de más hacer un alto en el camino. "NEVERFIELD" continuará tarde o temprano, pero de momento conviene hacer un alto en el camino, embarcarnos en otras historias y, en un futuro próximo, iniciar una cuarta (y probablemente última) temporada. De todas formas, y creo que en eso coincidirán los otros dos directores de juego que en esta última temporada me han ayudado a sacarla adelante; que aun nos quedan muchos cabos por atar: quedan muchas sorpresas y muchos regresos inesperados. Porque si algo nos ha enseñado esta última temporada es que en "NEVERFIELD" hay pocas cosas irreversibles. La muerte puede ser solo una de ellas...

No me gustaría iniciar este parón de campaña sin hacer un resumen de lo que ha sido la tercera temporada, la cual si bien no ha tenido tanta variedad de escenarios como las otras (por desarrollarse casi integramente en el Buffyverso); si ha tenido grandes dosis de conspiraciones, giros inesperados y escenas memorables.

La temporada arrancó con un Danny Dalton devastado por la muerte de Leonard Powell. Sin ir más lejos, el primer capítulo de la temporada (3x01.- NEVERDALE - Epílogo) nos mostraba el peculiar rescate que Wolfram & Hart organizaba para evitar que el alma del profesor Marcus Vanister llegase al más allá. James Roth, el agente enviado por el bufete de abogados para rescatar al profesor, tuvo su encontronazo con Leonard Powell, quien tenía billete de ida al infierno tras haberse quitado la vida. En dicho enfrentamiento, Leonard Powell consiguió escapar del infierno... ocupando el cuerpo real del propio agente Roth.

De esa forma, en el capítulo siguiente (3x02.- RICK LOMBARDO contra WOLFRAM & HART) comenzaría la temporada propiamente dicha, con Danny Dalton y el profesor Vanister convertidos en agentes del bufete de abogados Wolfram & Hart, obligados a dar caza a las almas que ellos mismos habían dejado libres en la segunda temporada de la serie. A ellos se les uniría el agente James Roth, asignado por su superiora, Sarah Kauffmann, como jefe de equipo. Sin embargo, ninguno de sus compañeros podía saber que bajo la fachada de Roth seguía encontrándose Leonard Powell, quien trabajaba para un rival de Sarah Kauffmann, Holland Manners.

Tras dar caza a su primera alma (la del pistolero del salvaje oeste con poderes de mesmerismo, Rick Lombardo); nuestros amigos empezaron a comprender que atrapar todas y cada una de las almas iba a ser una labor casi eterna. Sin embargo, para huir necesitaban no solo un prisma, sino tener acceso al vehículo de salto con el que habían llegado a esta dimensión. En el capítulo siguiente (3x03.- WILLIAM WHITEHOUSE contra WOLFRAM & HART), se descubría que el bufete había pactado la entrega de MARGARET al programa paranormal del gobierno estadounidense ("La Iniciativa") tanto de MARGARET como el prisma y un prisionero miembro de La Iniciativa, William Whitehouse. Sin embargo, la aparición de un nuevo personaje, Gavin Park, hizo que Whitehouse estuviese a punto de caer en manos de Drusilla, vampiresa que ya había convertido al padre de aquel hacia ya muchos años. El señor Park consiguió ganarse la confianza tanto de los protagonistas como de Sarah Kauffmann, comenzando un delicado doble juego que más adelante tendría inesperados resultados.

El siguiente capítulo (3x04 - BEN BRADDOCK contra WOLFRAM & HART) descubriríamos cual había sido el destino de Ben Braddock, quien no había sido de momento capturado por Wolfram & Hart. Sin que sus compañeros lo supieran, Ben había sido rescatado por la versión de su primo en este universo, Bradley Braddock, abogado de Wolfram & Hart... en su sucursal de Nueva York, De esta forma, los protagonistas de "NEVERFIELD" vieron cruzado sus destinos con los personajes de "RINGS", otra serie de rol que iniciamos unos meses antes. En este capítulo (dirigido por Agrevain) nuestros protagonistas trabaron contacto con los infames anillos infernales (los cuales adquirirían mucho peso en sucesivos episodios)

El siguiente capítulo (3x05 - DOUGLAS MEYER contra WOLFRAM & HART) representa el estreno de Ben Braddock como agente de campo de Wolfram & Hart. Junto a Gavin Park (ascendido a jefe de campo por Sarah Kauffmann) y James Roth, En esta historia protagonizada por el alma fugitiva de un buen policía en busca de redención, Ben comprueba que las almas que deben capturar no siempre son oscuras y terribles. Además de mostrarnos una perspectiva distinta de las almas fugitivas, este capítulo es el estreno de nuestro camarada Yugu como director en la serie "NEVERFIELD".

En el siguiente capítulo (dirigido por Agrevain, 3x06 - ARTHUR BLAKE contra WOLFRAM & HART) Danny Dalton y Ben Braddock debían capturar un alma capaz de ver el futuro. Es aqui cuando, por primera vez, James Roth revela a sus compañeros que, en realidad, trabaja para Holland Manners. Sin poder revelar su tapadera, Leonard revela a sus amigos que Sarah Kauffmann tiene grandes planes para Danny Dalton... porque según todas las teorías, él va a traer el apocalípsis.

El siguiente capítulo (dirigido de nuevo por Yugu, 3x07.- MASSARA contra WOLFRAM & HART) profundiza en la relación entre las almas fugitivas que persiguen nuestros protagonistas y los misteriosos anillos infernales que ya aparecieron antes. En esta ocasión, James Roth y Ben Braddock cooperan con un agente del Vaticano llamado Arthur Craig... ¡al que ya se enfrentaron en el capítulo 3x04! Por otro lado, un misterioso personaje (el padre Layton) aparece dando una sorprendente revelación a nuestros protagonistas: una de las almas que tendrán que capturar... es la de su difunto amigo Fred Fesster.

El siguiente episodio (dirigido por Agrevain, 3x08 - NEVEREND contra WOLFRAM & HART) obliga a Ben Braddock a regresar a su universo de origen... para dar caza al alma fugitiva de Devon Powell. Este capítulo tan especial nos permite asistir al emotivo reencuentro entre Ben y el Billy Whitehouse de aquella dimensión. Sin embargo, como siempre sucede, la intervención de sujetos de otro plano de realidad desencadena la tragedia... y Billy Whitehouse muere ayudando a Ben y sus amigos dar caza de Devon Powell.

De regreso al Buffyverso (3x09.- RINGS contra WOLFRAM & HART, dirigido por Agrevain), el profesor Vanister, Ben Braddock y Danny Dalton viajan a Nueva York, a espaldas de Sarah Kauffmann, para evitar que esta ayude a Gideon Grant en su plan de convertir en demonios a las personas más influyentes de la ciudad. De nuevo, el camino de nuestros protagonistas y el de los funestos anillos vuelve a cruzarse. Un presagio de lo que esta por venir...

Mientras Ben Braddock, Danny Dalton y el profesor Vanister deben viajar al futuro de una tierra paralela sometida a una extraña invasión extraterrestre para rescatar a James Roth (3x11 - ANDREW MITCHELL contra WOLFRAM & HART, dirigido por Agrevain); Gavin Park tiene un encontronazo con el vampiro con alma, Angel, en un intento por salvar la vida de uno de los videntes del bufete infernal. Angel descubre en este episodio (3x10 - VLADIMIR KAMINSKI contra WOLFRAM & HART) el interés que tiene Sarah Kauffmann en Danny Dalton. Según las visiones del futuro de sus precognitores, si Danny Dalton regresa alguna vez a su hogar... se convertirá en un dios.

Con el profesor Vanister habiendose embarcado en una odisea interdimensional junto a un extraño personaje conocido como "el Doctor"; Ben Braddock y Danny Dalton regresaron al Buffyverso creyendo haber rescatado a James Roth. Sin embargo, como se descubriría en la saga que cierra esta temporada (3x12 al 3x15, SARAH KAUFFMANN contra WOLFRAM & HART), Sarah Kauffmann había descubierto el doble juego que Manners tenía con Leonard infiltrado en el cuerpo de Roth. Usando eso en su beneficio, Kauffmann devolvió a Roth a su cuerpo... y dejó que este guiase a nuestros protagonistas hasta un anillo infernal vacío, el cual estaba en poder de Arthur Craig.

Con su ayuda y la del vampiro con alma, Angel, Sarah Kauffmann los manipuló a todos para que la matasen llevando puesto el anillo. De esa forma, su alma quedó vinculada al anillo. Lo único que tuvo que hacer entonces fue guiarlos hasta una trampa (cosa que Roth hizo encantado) Una vez allí, ante la amenaza de hacer volar por los aires su única vía de regreso a casa, Danny decidió ponerse el anillo y pactar con el alma de la pérfida Kauffmann.

Así, el alma de Danny Dalton se encuentra atrapada en el anillo que Sarah Kauffmann tiene en su poder.

El profesor Vanister ha desaparecido.

Y Ben Braddock permanece en Wolfram & Hart... ignorando que su único amigo, Danny Dalton, está poseido por el espíritu de un demonio.

Pensaba que habia sido divertido, pero viendolo con perspectiva y gracias al esfuerzo de todos; creo que ha sido épico. Espero que la cuarta temporada sea, por lo menos, tan emocionante como han sido hasta ahora.

Gracias a todos por hacerlo posible.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Sesión 19-09-09 - KAUFFMANN (Parte 4 de 4)


Leonard Powell: Lo siento, Danny.
- BANG -

SACRIFICÓ SU VIDA...
Marcus Vanister (NE): Pero… ¿por qué dice eso?
Leonard Powell (sonríe, macabro): Porque me volé la maldita cabeza, profe. Por eso.

PACTÓ CON EL DIABLO...
Holland Manners (ND): Si conozco bien a esa víbora infernal de Sarah Kauffmann, el destino que aguarda a sus amigos es la muerte… o algo peor. Haciéndose pasar por James Roth podrá averiguar mucho más sobre dichos planes… y ayudar a sus amigos a escapar de esta dimensión.

MINTIÓ A SUS AMIGOS...
Holland Manners (ND): Me temo, señor Powell, que no hay forma de restaurar su cuerpo original. Y créame, si sus amigos llegasen a descubrir quien es…
Leonard Powell: … jamás me dejarían aquí.
Holland Manners (ND): Y eso les costaría la vida. ¿Es lo que quiere para sus amigos?

PERO TODO... TIENE UN PRECIO.
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, creo que trabajan para alguien de dentro de Wolfram y Hart.

Episodio 3x15.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 4 de 4)

Departamento de I+D. Subsótano 3.
Sede de Wolfram y Hart, Los Ángeles.
Hace una semana.


Una voz a sus espaldas hace que Ben, Danny y el profesor se den la vuelta con un sobresalto mal disimulado…

Sarah Kauffmann (ND): El señor Roth aun no ha regresado de la operación. Por suerte el señor Knox ha recalibrado la cámara de salto…
Danny Dalton: Un momento, no querrá decir…

Sarah Kauffmann se permite un segundo para mirarlos de arriba abajo. Están agotados, malheridos… apenas si se mantienen en pie. Sí, sería una locura enviarlos así a una misión.

Sarah Kauffmann (ND): En efecto, señor Dalton… (mira su reloj) Salen ustedes en cinco minutos. (mira a su derecha) Señor Knox, acompáñeme.

Sus protestas y quejas se pierden en el repicar de sus zapatos sobre el suelo del impoluto suelo del laboratorio. Sarah Kauffmann y el joven señor Knox desaparecen tras la compuerta de acceso al Departamento de I+D. Treinta segundos después, un ascensor los lleva un nivel por debajo.

Sarah Kauffmann (ND): Dígame, señor Knox ¿cree que sospechan algo?
Knox (ND): No lo creo, señora. Tras el regreso del señor Roth hicimos una limpieza en profundidad. Por cierto… (le entrega un dossier) Estos son los resultados del escáner psíquico realizado al señor Roth. Creo que lo encontrará muy… revelador.

Apenas ha leído unas líneas cuando, con un gesto de sus dedos, Sarah hace que el ascensor se detenga. Las luces parpadean durante un segundo y los viejos engranajes se quejan. Knox traga saliva.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Esto es…?
Knox (ND): Lo hemos comprobado varias veces, señora. Es correcto.

Las puertas del ascensor se abren, dejando paso a un lóbrego y sucio pasillo. Tras las pesadas puertas de metal que se reparten a un lado y otro del mismo, se escuchan alaridos y murmullos de dolor, pidiendo piedad… o la muerte. Entremezclados, se pueden escuchar también otros sonidos, como chasquear de látigos, el siseo de la carne mordida por aceros al rojo o la cantinela mecánica de una prensa industrial…

Sarah no necesita mostrar identificación alguna ante los dos agentes que custodian el acceso a la celda 909. Tras su puerta, bajo un foco de luz, James Roth yace postrado en un incómodo y voluminoso trono metálico. Recuerda vagamente a una silla eléctrica, por el cableado que se adhiere a las sienes de Roth. Está desnudo de cintura para arriba, empapado en sudor y con visibles quemaduras en los lugares donde se colocaron electrodos.

James Roth (ND): ¿Qué…? ¿Qué es lo que quieren?
Sarah Kauffmann (ND): Veo que está despierto… Bien, muy bien.
James Roth (ND): ¿Kauffmann? ¿De qué va esto? ¿Dónde están Ben, Danny y el profesor?
Sarah Kauffmann (ND): No se preocupe por ellos. Están en una misión, buscándolo. Tiene usted muy buenos amigos…
...señor Powell.

El silencio se adueña de la estancia por un instante. Casi puede sentir el miedo adueñándose de él, recorriéndolo de arriba abajo. Sarah deja que el silencio flote en el aire… al menos un poco más.

James Roth (ND): ¿Qué está diciendo…? Yo no…
Sarah Kauffmann (ND): Vamos, señor Powell. No tiene por qué seguir con la farsa. Desde el principio intuí que el señor James Roth trabajaba para alguien más de esta firma. Pero cuando decidí tomar cartas en el asunto… (señala los monitores a los que están conectados los electrodos de Roth) Bueno, digamos que encontré en su cabeza mucho más de lo que esperaba.
James Roth (ND): Señora Kauffmann…
Sarah Kauffmann (ND): No, no, no… No se preocupe, señor Powell. No estoy enfadada. Es más… Creo que el mejor uso que se puede dar a un agente doble es convertirlo en agente triple.

Y chasquea los dedos. Uno de los solícitos agentes que custodia el acceso entrega un pequeño estuche de madera noble. Sarah lo abre con delicadeza y extrae un pequeño objeto cubierto por un pequeño paño de terciopelo rojo.

James Roth (ND): ¿Piensa torturarme?
Sarah Kauffmann (ND): Oh no, señor Powell. No… (dejando caer el paño, muestra un precioso y antiguo espejo de mano) Solamente voy a presentarle a un viejo conocido…

Sarah acerca el espejo a su cara. Leonard Powell lleva ya mucho tiempo en este cuerpo. No le sorprende por tanto ver una cara extraña al otro lado del espejo.
Lo que sí le sorprende es que su reflejo le mire con odio.
Y que hable.

Sarah Kauffmann (ND): Señor Powell… el señor Roth. Creo que ya se conocen.
James Roth (en el espejo): Hola, bastardo. Tienes algo que me pertenece.

Despacho de Sarah Kauffmann.
Planta 7 de la sede de Wolfram y Hart. Los Ángeles.
Hace tres horas y 45 minutos.

Dorisume (ND): El señor Dalton está esperando.

Sarah alza la mano como quien da indicaciones a un perro bien amaestrado, sin dejar de atender al teléfono. Dócil y temeroso, el anciano japonés baja la vista y desaparece de nuevo tras la puerta.

Sarah Kauffmann (ND): Ese condenado vampiro con alma ha estado a punto de echarlo todo a perder, Roth.
James Roth (ND) (por teléfono): Lo sé. Intenté quitármelo de encima pero desde que Park lo puso en nuestro camino, he hecho lo posible por seguir con el plan…
Sarah Kauffmann (ND): ¿Crees que el señor Craig o el señor Dalton sospechan algo?
James Roth (ND) (por teléfono): Negativo, señora. Creen que Holland Manners es quien anda tras todo esto. Y se han tragado eso de que el anillo servirá para destruirla.
Sarah Kauffmann (ND): Muy bien. Creo que entonces ha llegado la hora del siguiente paso…
James Roth (ND) (por teléfono): ¿Desea que suba?
Sarah Kauffmann (ND): No, señor Roth. Permanezca en I+D mientras tengo unas palabras con el señor Dalton.

Sarah cuelga y hace sonar una diminuta campanita de plata. Servicial y silencioso, el anciano Dorisume aparece por la puerta como un fantasma.

Sarah Kauffmann (ND): Té. Para dos.
Dorisume (ND): Hai, mi señora.

Danny Dalton permanece sentado en uno de los elegantes sofás de diseño que decoran el vestíbulo previo al impresionante despacho de Sarah: el chico tiene algunas magulladuras y leves quemaduras en su arrugadísima camisa de seda.

Danny Dalton (levantándose): Señora…
Sarah Kauffmann (ND): Señor Dalton, me alegro ver que han salido sanos y salvos. ¿Qué es lo que pasó?
Danny Dalton: Fue el tal Ángel, ese chupa-sangres… Nos cogió por sorpresa a Roth y a mí. Nos usó como cebo para atraerla bajo aquel cruce de autopistas. Entonces aparecieron esos tipos orientales…
Sarah Kauffmann (ND): El señor Ángel mencionó algo que, según sus palabras, “podría destruirme”. ¿Sabe a qué se refería?
Danny Dalton: No lo sé, señora Kauffmann.

Sarah mantiene un convincente gesto de preocupación. Por dentro, su negra alma de alquitrán esboza una sucia sonrisa: le encanta el hedor de la mentira. De la conspiración.

Danny Dalton: ¿Cree… que es cierto?
Sarah Kauffmann (ND): ¿El qué?
Danny Dalton: Esa historia sobre lo de que tenían algo que podía destruirla…
Sarah Kauffmann (ND): Por favor, señor Dalton… ¿se preocupa usted por mi seguridad?
Danny Dalton: Sólo digo que debería andarse con ojo de ser cierto…
Sarah Kauffmann (ND): Dígame, señor Dalton, ¿le parezco alguien a quien se le pueda meter el miedo en el cuerpo?

Un zumbido rompió un breve silencio: Sarah se llevó la mano al comunicador que pendía de su oído.

Sarah Kauffmann (ND): Kauffmann.
John Ortega (ND) (a través del pinganillo): Aquí Ortega. Los psíquicos confirman la presencia de un vampiro de clase 4 en las inmediaciones. No estamos seguros pero…
Sarah Kauffmann (ND): Yo sí. Es él. Inicien protocolo 29, señor Ortega.
John Ortega (ND) (a través del pinganillo): Muy bien.

Sarah se desprendió del molesto pinganillo dejándolo caer en uno de sus bolsillos. Acto seguido miró a Danny… y sonrió.

Sarah Kauffmann (ND): Muy bien. (se encamina hacia el ascensor) Vamos.
Danny Dalton: Un momento, ¿A dónde…?
Sarah Kauffmann (ND): ¿A dónde va ser? Al cruce de autopistas. El señor Ángel parece obstinado en tener una cita conmigo así que se lo voy a conceder.
Danny Dalton: Pero él…
Sarah Kauffmann (ND): Tiene algo que puede destruirme. Lo sé, señor Dalton. Pero míreme. ¿Cree que he llegado hasta donde estoy… dejándome guiar por el miedo?

Las puertas del ascensor comenzaban a cerrarse cuando Sarah interpuso su mano. La sujetó con la fuerza de un titán vestido de Armani.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y bien, señor Dalton? Viene conmigo… ¿o quiere perderse la diversión?

Dentro del Anillo.
Hace doce segundos.


Los primeros rayos de sol comenzaban a teñir de malva el cielo del amanecer. La penumbra del alba bañaba la cima de la mina Dalton y a los pies del viejo cobertizo, dos jóvenes compartían un mismo saco de dormir. La chica le pasa un cigarrillo a medio consumir al chico.

Es el mismo chico que observa la escena a pocos metros de distancia, casi un año más viejo y enfundado en lo poco que queda de un carísimo traje de Armani. Por un momento casi se plantea dejarle disfrutar un poco más de sus viejos y buenos recuerdos.

Sarah Kauffmann (ND): Tenemos que dejar de vernos así, ¿no le parece?

Danny Dalton se da la vuelta, dándole la espalda a su yo del pasado, ese que en aquel reflejo de sus memorias abraza una vez más a la chica que ama.

Danny Dalton: ¿Qué es todo esto?
Sarah Kauffmann (ND): Aquella sala de reuniones en la que nos vimos antes era tan fría, tan… impersonal. Pensé que esto le gustaría más…
Danny Dalton: ¿Es un puñetero espejismo? ¿Un truquito mental de demonio de tres al cuarto?
Sarah Kauffmann (ND): No, señor Dalton. Esto… es un reflejo de sus deseos más profundos auténticos. Esto es lo que usted desea.
Danny Dalton: Lo que yo quiero ahora es que me diga la contraseña para desactivar los explosivos…
Sarah Kauffmann (ND): Veo que entonces dio con el paradero del señor Braddock… y de “Margaret”. ¿No le parece ingenioso? ¿Ocultarla donde a nadie se le ocurriría buscarla? La cara que pondrían esos tipos de la televisión… ¡Si supiesen que esa máquina de salto dimensional que ellos toman por atrezzo, es en realidad…
Danny Dalton: ¡Basta ya! ¡Quiero que me diga la contraseña… ahora!

Sarah clava sus ojos en Danny: si hay algo que no tolera en ningún caso… es que la interrumpan.

Sarah Kauffmann (ND): Mucho cuidado, señor Dalton. A fin de cuentas, es usted el invitado aquí. Eso sin mencionar que es usted quien ha venido a pedirme un favor a mí.

Y se reclina sobre la pared de madera del viejo cobertizo. Los primeros rayos de sol inciden directamente sobre él… y la madera reseca comienza a emitir pequeñas nubes de humo.

Sarah Kauffmann (ND): Parece que el tiempo corre en su contra, señor Dalton.
Danny Dalton: Esta bien… ¿Qué es lo que quiere?
Sarah Kauffmann (ND): ¿Lo que quiero yo?

Sarah camina y alza los brazos, mostrando al joven el idílico paraíso que sus propias memorias han construido.

Sarah Kauffmann (ND): Esto. Quiero que vuelvas a casa, Daniel Dalton. Eso es lo que quiero.
Danny Dalton: ¿Qué yo… vuelva a casa?
Sarah Kauffmann (ND): Me encargaré de que vuelva a casa… (le tiende la mano) si deja que lo ayude.

Danny mira la mano de esa mujer. Sarah le observa y casi puede leer su mente a través de su mirada.

Danny Dalton: Ya. Claro… ¿Y la letra pequeña?
Sarah Kauffmann (ND): ¿Quieres salvar a Ben de una muerte segura?

La mirada del joven pasa esta vez de la mano de Sarah a las pequeñas llamas que los rayos de sol consiguen prender del viejo cobertizo.

Sarah Kauffmann (ND): Vamos, Daniel Dalton.
Danny Dalton: Si acepto… ¿qué me ocurrirá?
Sarah Kauffmann (ND): Te garantizo que no te ocurrirá nada que no te ocurriría si me limito a esperar a que el contador llegue a cero.

Y es entonces cuando Danny siente ese escalofrío. La sensación de estar atrapado. Encerrado.

Sarah Kauffmann (ND): Apuesto a que el señor Craig… o el primo del señor Braddock, Bradley… Seguro que alguno de ellos os contó como funcionan esos anillos. Y lo que les pasa a quienes mueren llevando uno puesto…
Danny Dalton: No, no puede ser…
Sarah Kauffmann (ND): Si, creo que eso es lo que haré. Esperaré a que los explosivos hagan “boom”…
Danny Dalton: Esta bien.
Sarah Kauffmann (ND): …y entonces me apoderaré de lo que quede de tu cuerpo. Y después…
Danny Dalton: ¡ESTÁ BIEN!

Sarah mira al joven. Danny Dalton le tiende la mano. En su mirada hay una mezcla de impotencia y odio. Todo un manjar para cualquier criatura nacida en el vientre del Averno.

Sarah le estrecha la mano. Su tacto es frío, desagradable. Antes de desaparecer, Sarah le susurra una sola cosa al oído.

Sarah Kauffmann (ND): Te doy mi palabra que volverás a casa, Daniel Dalton… y cuando llegue, matar a Alma Grant será lo primero que haga.

Antes de poder reaccionar, de Sarah Kauffmann no quedan más que cenizas. A su alrededor, el paisaje se ve envuelto en llamas. La pareja de amantes adolescentes se ha convertido en un pedazo de carne chamuscada. El cobertizo arde como lo haría una hoguera de la Inquisición. Y desde lo alto de la cima, Danny Dalton puede ver como todo un infierno consume “Springfield”, extendiéndose hasta donde alcanza la vista.

Hubo un tiempo en que Danny Dalton tenía un sueño. Fue antes de conocer al profesor Vanister, a Fred Fesster, a Leonard Powell… Era un sueño pequeño y sencillo: dejar atrás Springfield.
Ahora está encerrado en él.
Para el resto de la eternidad.

Estudio 22. Centro de Producción de la FOX Entertainment.
10201 W. Pico Boulverd, Los Ángeles.
Ahora.

Danny Dalton: ¡Catorce Diecinueve! ¡Catorce Diecinueve!

Escupe las palabras al tiempo que cae de rodillas, desplomándose más allá de los límites trazados por el agua bendita de Craig. Roth introduce la clave a toda velocidad mientras Ángel ayuda a Danny a incorporarse.
Y con un pitido suave, el marcador electrónico de la bomba se detiene a tres segundos del momento fatal.

James Roth (ND): Eso ha estado jodidamente cerca…
Ángel (ND): Ya lo creo… (ayuda a Danny) ¿Te encuentras bien?
Danny Dalton: Si, lo estoy… Creo que sí…
Arthur Craig (ND): Por un momento pensé que no funcionaría.
James Roth (ND): ¡Pues ha funcionado! Dime, Daniel… ¿te costó mucho negociar con esa zorra de Kauffmann?
Danny Dalton: ¿Qué…? (mira para todos lados, confuso y mareado) No, Leo... Danny... Quiero decir, Roth. Yo… (mareado) Creo que necesito un poco de aire…
Ángel (ND): Esta bien, esta bien… Roth, desata a tu colega. Deberíamos irnos de aquí antes de que llegue la seguridad del estudio…
James Roth (ND): ¿Y a tí quién demonios te ha nombrado jefe?

Apenas si escucha lo que dicen a su alrededor. Le cuesta acostumbrarse a unos sentidos tan limitados. Por no hablar del caos de sensaciones que recorren su cuerpo. ¿Cómo pueden vivir así? Es desagradable, sucio y frágil a la vez. Es incómodo.

Pasan los minutos, puede que una hora: el tiempo es otra de las medidas a las que debe volver a acostumbrarse. Ángel les ha dejado curarse y descansar un poco en su oficina. Parece que el señor Craig se quedará con él hasta el día siguiente. No le preocupa: para entonces ya habrá arreglado algunas cosas en el bufete.

Ángel le estrecha la mano. Su tacto es como el de un mueble antiguo.

Ángel (ND): Deberías quedarte un tiempo aquí, Danny. Hay sitio de sobra. Y estarías más seguro.
Danny Dalton: No se preocupe, señor Ángel. Yo… (sonríe) estaré “de puta madre”.

Arthur Craig lo mira desde el quicio de la puerta de “Investigaciones Ángel”, encendiendo un generoso cigarro.

Arthur Craig (ND): Asegúrate de no perderlo, chico… (señala el anillo) Sigue siendo peligroso.
Danny Dalton: Lo sé, señor Craig. Créame… no me lo quitaré por nada del mundo. (sube a la berlina negra de James Roth) Vamos, señor Roth.

El coche deja atrás el viejo edificio de ladrillos que sirve de cobijo a Ángel y su panda de inofensivos bienhechores. James Roth conduce en silencio, tenso… sin saber como reaccionar.
La clave aparece en un oportuno semáforo en rojo: una impresionante limusina negra se detiene en paralelo a su coche. Dorisume, su viejo criado oriental, les saluda con un gesto de su gorra de chofer.

James Roth sonríe aliviado.

James Roth (ND): Parece que todo ha salido como usted planeó… (mira a Danny) Enhorabuena, señora Kauffmann.
Danny Dalton: Gracias, señor Roth. Su cooperación ha sido inestimable.
James Roth (ND): ¿Qué haremos con el señor Braddock? (señala a Ben, inconsciente en el asiento de atrás) ¿No es un cabo suelto?
Danny Dalton: En absoluto. Este pobre desgraciado idealista despertará mañana en la unidad de cuidados intensivos de un hospital, sin saber lo que ha pasado.
James Roth (ND): ¿Y el señor Dalton?

Sarah Kauffmann sonríe mientras disfruta de su nuevo reflejo en el espejo retrovisor.

Danny Dalton (ND): El señor Dalton volverá a casa, señor Roth. Y como dice la profecía… me convertiré en un Dios.

FIN DE LA TERCERA TEMPORADA

Sesión 19-09-09 - DALTON (Parte 3 de 4)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
James Roth (ND): Ahora trabajas para Wolfram & Hart, Danny. Olvídate de Leonard Powell. Como solemos decir aquí... “es un caso perdido”.

ENGAÑADOS POR EL "LIBRO DE LAS SOMBRAS";
EN MANOS DE "WOLFRAM & HART"...
Danny Dalton: Te conviene, ¿no? Porque trabajas para Manners a espaldas de Kauffmann. Y a tu jefe le conviene que nos larguemos de esta dimensión, ¿es eso?
James Roth (ND): Es más que eso. Kauffmann tiene planes para tí, Danny...

ES EL ÚLTIMO DE LOS VIAJEROS ORIGINALES...
Danny Dalton: ¿Por qué yo?
James Roth (ND): Porque según Kauffmann... serás tú quien traiga el apocalípsis.

Y SU DESTINO... ¡LO CAMBIARÁ TODO!
Ángel (ND): Si vuelves a la dimensión de la que saliste, Danny... acabarás convirtiéndote en un Dios.

Episodio 3x14.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 3 de 4)

Cruce de la Interestatal 5 con la 19, en el cauce seco del río.
Afueras de Los Ángeles.
Hace tres horas.


No es la primera vez que Danny aprieta el gatillo de un arma.
Sin embargo es la primera vez en la que se siente así después.
Se siente… bien. En paz.

Alza la vista: a su alrededor todo fluye a cámara lenta, al ritmo de sus latidos. Puede ver cómo Arthur Craig empuña sus armas contra los tiradores que, desde lo alto de la autopista, intentan ahora cobijarse tras el furgón que los trajo hasta aquí. Las balas silban a su alrededor pero Danny no puede reaccionar. A menos de un metro de distancia, John Ortega le encañona con su subfusil, mientras le grita algo que sus oídos no alcanzan a percibir. Danny no suelta la pistola no porque no quiera, sino porque no puede escucharle.

Es entonces cuando la sangre de John Ortega salpica a Danny, sacándolo finalmente de ese trance en el que se encontraba. El cuerpo del fiel sicario de Sarah Kauffmann se tambalea al ritmo de los tres proyectiles más que encaja su cuerpo. Al caer al suelo, Danny puede ver a James Roth empuñando su nueve milímetros.

Acaba de salvarle la vida. Danny sonríe: al final va a resultar que no es tan capullo como parece…

James Roth (ND): Llego en buen momento, ¿no?

A unos seis metros por encima de sus cabezas, el furgón de Wolfram y Hart se pone en marcha, bajo el fuego de las pistolas de Arthur Craig. Ni sus proyectiles ni la agilidad sobrehumana de Ángel consiguen impedir que los sicarios de Kauffmann consigan escapar de allí.

James Roth (ND): Cuando esos tíos cuenten cómo le volaste la cabeza a Kauffmann, las cosas van se te van a ponerse feas en Wolfram y Hart, Daniel.
Danny Dalton: Pues tendrás que recordarle a Manners que le hemos hecho el trabajo sucio quitando a Kauffmann de en medio.
James Roth (ND): Tú déjame a mí ese asunto. Hablaré con él y te avisaré cuando las aguas se hayan calmado por el bufete.
Danny Dalton: No tardes… no sé cuanto tiempo de suero me queda en el cuerpo.
James Roth (ND): Descuida… Ah, y por cierto… (se detiene a unos metros del coche en el que ha venido) Buen disparo, Daniel.

El coche de Roth se aleja dejando a Danny arrodillado ante las cenizas de Sarah Kauffmann. El anillo, brillante y dorado, es lo único sólido que queda de ella. Danny lo coge entre sus dedos. Está caliente.

Ángel (ND): ¿Y Roth?
Danny Dalton: De camino a Wolfram y Hart. Va a asegurarse de que no nos llueva mucha mierda por lo de Kauffmann… Mientras tanto, voy a necesitar un sitio donde descansar.
Ángel (ND): Puedes quedarte en mi casa hasta que las cosas se calmen.
Danny Dalton: Gracias, colega. Parece que todo ha terminado bien... (juguetea con el anillo) ¿no?
Arthur Craig (ND): Yo no jugaría con eso…
Danny Dalton: Considéralo la piel del tigre, colega.

Y diciendo eso, Danny se incorpora. Nunca ha sido bueno con las metáforas. Pero lo cierto es que se siente pletórico. Como un cazador victorioso.

Arthur Craig (ND): De todas formas, voy con vosotros. Creo que ese anillo aun puede traernos problemas…
Danny Dalton: Tranquilízate, hombre. Con Kauffmann fuera de juego… ¿Qué demonios puede ir mal?

“Investigaciones Ángel”. Suburbios de la Zona Oeste.
Hace dos horas.

James Roth (ND): ¡Todo, joder! ¡Todo se ha ido a la mierda!

Cinco minutos atrás, Roth había entrado como un huracán en la oficina. Apenas si se había despojado de su chaqueta y dejado su maletín a un lado cuando les indicó a los demás que pusieran la televisión. Cualquier canal valdría: estaba en todos los noticiarios.

“… fuentes aun no confirmadas. Los acontecimientos han ocurrido hace apenas treinta minutos, cuando varias explosiones en el interior del edificio activaron los sistemas de emergencia. Afortunadamente, no hay que lamentar pérdidas humanas auque los daños son cuantiosos aquí, en la sede de Wolfram & Hart, un prestigioso bufete de abogados que, hace apenas un par de meses, ya fuese víctima de un atentado similar…”

Danny Dalton: ¿Quieres tranquilizarte, joder? ¿Qué demonios ha pasado?
James Roth (ND): Mira esto… (saca su móvil de última generación) Es un video con lo último que captaron las cámaras de la sala de I+D.

La calidad de la imagen no es la mejor del mundo pero basta para que Danny pueda ver como, tras un resplandor jade, aparecen dos figuras en mitad del laboratorio. Antes de que nadie pueda reaccionar, el tipo con la cara vendada grita algo en japonés y activa unos explosivos que lleva al pecho. Luego, sólo hay nieve electrónica.

Danny Dalton: Mierda…
James Roth (ND): Pues eso no es todo. Tienen a Braddock.

No necesitaba escuchar eso para saberlo. Danny se sienta pesadamente sobre el sillón, cruzando los dedos con fuerza, como si el apretar el anillo pudiese hacerle algún daño a Sarah Kauffmann.

James Roth (ND): Está claro que este ataque no es más que una revancha. Imagino que le habría dado instrucciones a sus sicarios de ojos rasgados para que hiciesen esto en caso de que ella muriese…
Danny Dalton: La muy puta… Hasta después de muerta sigue dando por el culo.
Ángel (ND): Aunque sea pecar de optimista, no creo que tu amigo Ben Braddock esté muerto aun…
Danny Dalton: ¿Y como estas tan seguro?
Árthur Craig (ND): Es pura lógica, chico. Si vas a cargarte a alguien, ¿por qué llevártelo con vida del edificio que has atacado?
Ángel (ND): Quizá quieran torturarlo.
James Roth (ND): Lo estas mejorando…
Danny Dalton: De todas formas, pueden habérselo llevado a cualquier sitio… (mira el anillo) Y nos hemos cargado a la única que…
James Roth (ND): Bueno, en teoría no está muerta. Solo… encerrada.

El tono de Roth deja claro que acaba de recordar algo. O que un par de cabos acaban de ser debidamente atados.

James Roth (ND): Creo que acabo de tener una idea.

Sala de Juntas.
Lugar Indeterminado.
Hace una hora.


Sarah Kauffmann (ND): No esperaba volver a verte, Daniel.

El sillón de cuero negro y amplio respaldo gira lentamente, dejando ver a una elegante Sarah Kauffmann, luciendo un traje de ejecutiva blanco, impoluto. En su cara, donde debería estar la mejilla y el ojo derechos, hay un enorme agujero rodeado de carne quemada.

Danny Dalton está al otro lado de una mesa de reuniones tan limpia como larga. Sigue estando de pie, luciendo su arrugado traje de Wolfram y Hart. En su dedo siente aun la incómoda calidez del anillo. Hasta ahí, todo sigue igual.

El resto, por supuesto, ha cambiado en un abrir y cerrar de ojos. Porque hace un segundo se encontraba en un solar abandonado, a pocos metros de la nave industrial que acoge el Pub “RaveNant”. Aun podía escuchar las continuas protestas de Arthur Craig ante la idea que había tenido Roth. Pese a todo, y aunque a Danny tampoco le entusiasmaba tener un cara a cara metafísico con el alma de una criatura inhumana como era Kauffmann; lo cierto es que era la mejor idea que tenían.

Danny Dalton: Yo…
Sarah Kauffmann (ND): Espera, no me lo digas. Has venido… ¿para salvar al señor Braddock?
Danny Dalton: Dime a donde lo han llevado tus sicarios o…
Sarah Kauffmann (ND): O de lo contrario, ¿qué? (se incorpora) ¿Me matarás otra vez?

Ella camina hacia él, mirándolo con el único ojo sano que le queda.

Sarah Kauffmann (ND): Tu joven amigo está en un lugar extraño… Si, más extraño que la propia ficción me atrevería decir. Pero te garantizo que morirá… (sonríe) sintiéndose cerca de casa.
Danny Dalton: Maldita zorra…

Por puro impulso intenta golpearla. Pero ella es mucho más rápida que el. Danny siente como Kauffmann se apodera de su puño y lo presiona entre sus dedos. Con la fuerza de una trituradora hidráulica.

Sarah Kauffmann (ND): Ah, ah, ah. Muy mal, señor Dalton. No olvide que aquí dentro… mando yo.

La mujer coloca la palma de su otra mano en el pecho de Danny. Éste siente un golpe tremendo que le hace bailar las costillas…

Descampado, a escasos metros del Bar “RaveNant”
Polígono Industrial Eisenhower, Afueras de Los Ángeles.
Hace 59 minutos y 51 segundos.

Danny Dalton: ¡JODER!

Llevándose las manos al pecho, Danny se desploma de rodillas, saliendo del circulo de sal que Ángel había trazado siguiendo las indicaciones de Roth. Éste y Arthur Craig ayudan a Danny a incorporarse.

James Roth (ND): Vaya, sí que ha ido rápido… Daniel, ¿estas bien?
Arthur Craig (ND): Puede que aun esté en trance.
Danny Dalton: N… No… Estoy… (tose) Estoy bien… (más tos)
James Roth (ND): ¿Y bien? ¿Qué has visto? ¿Has hablado con Kauffmann?
Danny Dalton: Más… o… menos…

Unos minutos después y varios tragos de una pequeña petaca que guarda Arthur Craig en su cazadora, Danny cuenta todo lo que ha vivido en su viaje místico-psíquico “al fondo del anillo”.

Danny Dalton: Y eso es todo. Desde luego no ha sido de mucha ayuda…
James Roth (ND): Se sentirá como en casa”. ¿Qué habrá querido decir con eso?
Ángel (ND): Está jugando contigo, Danny. A esta clase de criaturas les encanta atormentar a los humanos con acertijos.
Danny Dalton: Espera un momento… Dijo… Dijo que era un lugar donde la realidad es más extraña que la ficción… (abre mucho los ojos) Ficción…

De repente, Danny rompe a correr. El resto sale tras él, intentando no perderlo de vista mientras pasan a través de naves industriales semi-abandonadas. Finalmente, Danny se detiene a pocos metros del acceso a la carretera industrial, a la salida del Polígono Eisenhower. Ángel es el primero en llegar y encontrar a Danny riendo y señalando un enorme cartel publicitario que se alza a menos de un metro y medio de la carretera.

Danny Dalton: Más extraño que la ficción… Claro, joder.

James Roth y Arthur Craig no tardan en aparecer. Como el propio Ángel, sus miradas también se fijan en la gigantesca valla publicitaria. En ella, tras un montaje fotográfico de sus protagonistas, puede verse la silueta sombreada de un vehículo blindado.

“NEVERFIELD: Estreno de la Segunda Temporada. Este otoño, en FOX.”

Estudio 21. Centro de Producción de la FOX Entertainment.
10201 W. Pico Boulverd, Los Ángeles.
Hace diez minutos.

A Danny Dalton nunca le gustó la Plaza Lincoln. Era el epicentro de la vida social de Springfield: el clásico parque en el que las familias solían reunirse los domingos. La clase de sitio en el que Danny Dalton jamás podía encajar.

Bajo los focos de la inmensa nave industrial, los ojos de Danny se mueven incrédulos a través de los decorados que reproducen, hasta el más estúpido e insignificante detalle de esa plaza que jamás le importó lo más mínimo. Un lugar que en toda su vida había echado de menos… hasta ahora.

Ángel, Craig y Roth deambulan por el set de rodaje, mirando por todas partes. Ellos no pueden comprender lo que Danny siente. Quizá si estuviesen aquí Leonard. O “Perro Loco”. O Fred.

Danny tiene que acercar la mano y sentir el desagradable tacto del conglomerado de madera para cerciorarse de que es todo falso: el decorado que reproduce su auténtico hogar en una estúpida serie de televisión.

James Roth (ND): Daniel… (le pone la mano en el hombro) Sé que es duro, pero…

En entonces cuando las luces se apagan. Antes de poder reaccionar ante la emboscada, una nube de luz jade se materializa a espaldas de Roth. Danny no tiene apenas tiempo de advertirle: la adolescente con aspecto de “lolita” tiende un filamento de acero en torno al cuello de Roth, estrangulándolo de una forma salvaje y agónica.

Un rugido en tosco japonés deja claro que, tras él, Ángel ha encontrado a su compañero de baile: el enorme gigantón de barba poblada, greñas sucias y gabardina de vagabundo acaba de atravesar la fachada de cartón piedra del Ayuntamiento de Springfield.

Las cosas no van mucho mejor para Arthur Craig: el robusto cazador de anillos trata de desenfundar sus dos automáticas, en un intento por ayudar a Roth. Sin embargo, una sombra cae del techo, esgrimiendo una pareja de afiladísimos cuchillos ninja. La atractiva japonesa luce un atuendo ajustado, similar al neopreno, y lanza un pícaro beso a Craig. Antes de que éste pueda encañonarla con una de sus pistolas, su mano queda clavada en la pared por cortesía de uno de sus cuchillos.

Danny Dalton aprieta el gatillo de su arma. Una, dos, tres veces. Es inútil: las heridas que provoca en la espalda del gigante barbudo se cierran con la misma velocidad a la que se producen. Parece indestructible.

Ángel (ND): Danny… ¡A tu espalda!

Ángel acompaña su grito con el encendido de un potente foco. Su luz rasga la oscuridad de la nave industrial, proyectando una temible sombra en una de sus paredes. La sombra de un samurai medieval, enfundado en su armadura de guerra.

Ángel (ND): ¡A la sombra! ¡Dispara a la sombra!

El gigantesco barbudo alza las manos: entre ellas sostiene una viga de madera acabada en punta. Una improvisada estaca que apunta directamente al corazón de Ángel. Entonces, Danny vuelve a apretar el gatillo y tres proyectiles del calibre cincuenta agujerean la colosal sombra del samurai.

A su espalda, al mismo tiempo, el cuerpo del titánico vagabundo cae al suelo, con tres proyectiles en el cuerpo. Antes de que ni Ángel ni Danny pueda decir nada, un nuevo disparo resuena con eco entre las paredes de la nave industrial. Ambos giran la cabeza, viendo como Arthur Craig sale de entre las sombras empuñando una humeante Glock 17.

Ángel (ND): ¿Y la cambia-formas?
Arthur Craig (ND): Va a necesitar cambiarse de cara… permanentemente (termina de improvisar un vendaje para la herida de su mano) ¿Y Roth?
James Roth (ND): Creo que deberíais ver esto…

Arrodillado ante una puerta que conecta con la nave de al lado, Roth frota sus dedos tratando de limpiarse el polvo de jade.

James Roth (ND): Nuestra amiga teleportadora ha escapado por aquí.

Danny siente un escalofrío al leer el cartel de la puerta: “Escenarios de la Segunda Temporada. SOLO PERSONAL AUTORIZADO”.

Ángel (ND): Es una trampa y lo sabes, ¿verdad?
Arthur Craig (ND): No entres ahí, chico…
Danny Dalton: ¿Tengo elección?

Estudio 22. Centro de Producción de la FOX Entertainment.
10201 W. Pico Boulverd, Los Ángeles.
Ahora.

A su alrededor, todo echa humo. Le duelen todos los huesos; la cabeza le da vueltas y en sus oídos se ha instalado un aguado e insidioso pitido. Y pese a todo, Danny Dalton se incorpora, con lo que queda de su camisa echo jirones. Algunas llamas rodean el acceso al estudio 22, convertida en un agujero cinco veces más grande de lo que era cuando, cinco segundos atrás, aun era una puerta.

Ángel ayuda a incorporarse a un magullado Roth mientras Arthur Craig le tiende la mano a Danny. Poco a poco, los sonidos comienzan a llegar a sus oídos.

Arthur Craig (ND): … si estás bien?
Danny Dalton: Sí, sí… Estoy bien (mira a Ángel y Roth) Lo estamos todos, ¿no?
James Roth (ND): Teniendo en cuenta que acaba de inmolarse un tío cargado de explosivos ante nuestras narices… Si, estamos bien.
Ángel (ND): Te dije que era una trampa…

Danny apenas si había tenido tiempo de activar las luces de aquella nave, gemela a la que habían dejado atrás. Los fluorescentes les habían dejado ver un estudio a medio montar, con los decorados aun por montar, amontonados en pilas de hasta tres y cuatro metros. En el centro de la estancia, sin embargo, había algo del tamaño de un microbús, cubierto por una lona negra. Y sobre él, pendiendo en el aire y sujeto por cuerdas a las vigas del techo, estaba Ben Braddock.

El pobre Ben, pensó Danny. Convertido una vez más en rehén involuntario. Si en la última misión no le hubieran dado tan fuerte, quizá hubiese sido él quien colgase del techo como una mísera piñata.

Y antes de poder preguntar “¿cómo vamos a bajarlo de ahí?”, apareció aquel tipo. Arthur Craig fue el primero en reconocerlo… y el primero en saltar fuera del estudio. Había sido el mismo tipo que había hecho volar por los aires la capilla del Padre Layton. El mismo que ya se había enfrentado antes a Ángel. El mismo que había atacado la sede de Wolfram y Hart…

Danny Dalton: ¿Cuántas vidas le quedan a ese tío?
Arthur Craig (ND): No las suficientes como para evitar que le ponga las manos encima…

El interior de la nave industrial era ahora un caos de humo, hedor a carne quemada, restos de decorados calcinados y pequeños focos de llamas desperdigados allí y allá… Lo que estuviese bajo la lona negra, sin embargo, había salido indemne de la explosión. Al igual que el bueno de Ben, quien seguía colgando del techo, inconsciente y…

Ángel (ND): ¿Qué es eso que lleva en el pecho?

Antes de poder si quiera reaccionar a su pregunta, Roth descorrió la lona que cubría aquel enorme vehículo. Más tarde, Arthur Craig reconocería el sistema de cables como un mecanismo casero de activación de explosivos. Pero eso sería mucho más tarde: en aquel momento, al apartar la lona, los diminutos cables activaron las dos cargas explosivas. La primera pendía del pecho de Ben Braddock.
La segunda estaba dentro de aquel vehículo.

Danny Dalton: Mierda, ¡Mierda!
James Roth (ND): Joder… Es la, es la…
Danny Dalton: Si. Es la jodida “Margaret”

Más allá de la cuenta atrás en dígitos rojos, los ojos de Danny recorrieron de cabo a rabo el chasis maltratado, abollado, tiroteado, desguazado y vuelto a ensamblar de la tanqueta que habían robado en aquel universo alternativo tan parecido al suyo propio. Aquel en el que había muerto Fred.
Y ahora iba a morir Ben. Como “Perro Loco”. Como Leonard.

Danny Dalton: Ni de coña.

Con esas palabras, Danny puso las manos sobre el temporizador del explosivo. Arthur Craig puso la suya a modo de barrera.

Arthur Craig (ND): ¿Qué coño crees que estas haciendo, chico?
Danny Dalton: Apártate, joder
Arthur Craig (ND): Tiene una contraseña de cuatro dígitos y un triple sistema de seguridad. Aunque supieses como desactivar una de estas podrías, jamás podrías hacerlo en... (lee el marcador y silba) menos de un minuto.
Danny Dalton: ¿¡Y qué se supone que debo hacer!?
Ángel (ND): ¡Mi deber es protegerte! ¡Y lo haré aunque te tenga que sacar a rastras!
Danny Dalton: Pues tendrás que hacerlo, colega… Porque si Ben muere, yo también.
Ángel (ND): ¡Maldita sea, Danny! ¡No hay nada que puedas hacer!
James Roth (ND): Bueno, en realidad… si hay una cosa.

Los tres se giraron y miraron a Roth.

James Roth (ND): Sé de alguien que seguro sabe la contraseña.

CONCLUIRÁ...

Sesión 19-09-09 - ANGEL (Parte 2 de 4)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ATRAPADOS POR CULPA DEL "LIBRO DE LAS SOMBRAS", TRABAJANDO PARA "WOLFRAM & HART"...Vladimir Kaminski (ND): Wiolfram y Hart cumplir su pialabra… Pero hace tries mieses, algo cambió. Lliegaron unas piersonas… de un liugar más allá de nuestro mundo…
Ángel (ND): ¿Los viajeros?

UNA TERRIBLE PROFECIA...
Vladimir Kaminski (ND): Da, da… Los viajeros. Mi supervisiora, Siarah Kauffmann, me encargó vier el fiuturo de ellos…
Ángel (ND): ¿Qué vio en el futuro... sobre esos viajeros?

¡ESTÁ A PUNTO DE CUMPLIRSE!
Ángel (ND): Escúchame, Park. Dáles un mensaje a esos a los que Kaminski llamaba “los viajeros”. Diles que quiero hablar con ellos. En persona.

Episodio 3x13.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 2 de 4)

Algún punto bajo el subsuelo de Los Ángeles.
Hace cuatro horas.


Ángel (ND): Vale, ya estoy aquí. ¿Qué es lo que queréis ahora?

Su voz reverberó entre las paredes de aquella cámara. Olía como lo que era: un acceso subterráneo al sistema de alcantarillado de una de las ciudades más sucias del planeta. Las tuberías cubrían el techo llevando mierda de un lado a otro de Los Ángeles. Y ahí estaba él: con su mejor cazadora de cuero y con unos zapatos a los que acababa de sacar brillo. Genial.
Era un vampiro, sí. Y estaba más que acostumbrado a moverse por el entramado de alcantarillas. Pero seguía prefiriendo las reuniones en un restaurante o en un buen pub irlandés.

Ángel (ND): ¿Hola?

No era la primera vez que los “Grandes Poderes” contactaban con él. Esta vez habían cogido a Cordi en su retiro de fin de semana, en Nuevo Méjico. Supuestamente no eran ni buenos ni malos... si es que unas criaturas como esas podían someterse a criterios morales semejantes. Pero a Ángel no le gustaba la forma que tenían de usar a Cordi como una mensajera (a través de esas dolorosas visiones psíquicas) Ni tampoco le gustaba que le usaran a él como chico de los recados.

En el fondo, Ángel sabía que sería así: estaría a punto de marcharse, soltaría una frase del estilo “bah, me largo...” y, en ese momento, un resplandor cegador surgiría de unas de las paredes, mostrando en su lugar un corredor de luz, aparentemente infinito.

Oráculos (ND): Lamentamos llamarte así, pero es de una importancia trascendental...

Ángel los miró de arriba abajo: aparentaban unos veintipocos y los dos tenían el aspecto de haber escapado de una película de romanos. Sus pieles brillaban como el oro puro y ambos, tanto él como ella, lucían máscaras de una serenidad escalofriante.

Ángel (ND): Vale, ¿podemos ir directamente a la parte en la que me encargáis la misión suicida?
Oráculo Masculino (ND): El equilibrio del telar del destino...
Oráculo Femenino (ND): ... está en peligro.
Ángel (ND): Ya... ¿Y que puedo hacer yo?
Oráculo Femenino (ND): Hay un joven muy especial...
Oráculo Masculino (ND): ... su nombre es Daniel.

Ángel podía ver como iba a seguir la historia. Tendría que protegerlo y todo ese rollo. Vale, el clásico encargo de los “Grandes Poderes”: críptico y, a la vez, sencillo.

Oráculos (ND): Debes protegerlo de todo mal.
Ángel (ND): Qué sorpresa... ¿Y como le encontraré?
Oráculo Masculino (ND): Ya has oído hablar de él...
Oráculo Femenino (ND): ... como uno de los “viajeros”.

Fue entonces cuando esa sensación se adueñó de él. Ángel no sabía si otros vampiros podían sentirlo, pero él desde luego lo sintió. Algo parecido a un escalofrío. “Los viajeros”. Eran aquellos chicos de los que le había hablado aquel pobre desgraciado de Kaminski, un vidente de Wolfram & Hart.

Oráculos (ND): Debes protegerlo de todo mal.

Y con el mismo resplandor en el que aparecieron, se esfumaron. Aquello volvía a ser un desagüe maloliente e insalubre. Sin embargo, la mente de Ángel estaba demasiado ocupada intentando ensamblar las piezas. Daniel. Al menos ya tenía un nombre para el chico. Porque Kaminski le había dicho algo sobre el porvenir de ese joven, algo que le sucedería si alguna vez conseguía volver a su mundo de origen. Algo que, muy posiblemente, la gente de Wolfram & Hart sabía.

Ángel (ND): Esto es... (rebusca en sus bolsillos) Esto es genial, de verdad...

Entre los dedos, Ángel sostuvo la tarjeta de visita que le dejó esa alimaña de Gavin Park. En aquella ocasión habían “colaborado” protegiendo a Kaminski de esa panda de demonios japoneses que lo perseguían. Sin haberle contado nada de lo que el vidente moribundo le dijo antes de ser asesinado, Ángel pidió a Park que le concertase una cita con aquellos “viajeros”. Por supuesto, no había tenido noticias de ese bastardo sonriente. Tendría que insistir.

Mientras dejaba atrás la cámara de desagüe, Ángel dejó que su mente pasara al segundo problema. Encontrarlo ya no lo era: Park se encargaría de eso (al menos en teoría) Lo realmente difícil iba a ser decirle al tal Daniel lo que Kaminski había profetizado sobre su destino. No era moco de pavo, la verdad.

A fin de cuentas, ¿cómo le dices a un chaval que, si vuelve a su dimensión natal, acabará convirtiéndose en un Dios?

Apartamento de Wolfram y Hart.
Zona del Downtown, Los Ángeles.
Hace tres horas.


Ángel (ND): Si regresas a casa, te convertirás en un Dios.

Hacia ya veinte minutos que Danny Dalton había dejado de encañonarle con su Desert Eagle calibre cincuenta. Su mirada había sido entonces la clásica de desconfianza que Ángel solía ver en los demás cuando hacía una de sus dramáticas apariciones. En este caso, Danny y su compañero de Wolfram y Hart (un tal James Roth) habían entrado en el ático de Park empuñando sus pistolas y luciendo sus trajes de ejecutivo “made in Wolfram & Hart”. Ángel imaginó que se fiaban tanto de una cita a ciegas orquestada por Park como él mismo. Pero cuando les preguntó si alguno de ellos era Daniel y aquel chico dijo que era él... Bueno, en ese momento tuvo que darle un voto de confianza a Park. Quizá en el fondo no era tan alimaña.

Danny Dalton: ¿Puedes...? (cierra los ojos y vuelve a abrirlos, como intentando creer lo que le acaba de decir) ¿Puedes repetir eso?
Ángel (ND): Si vuelves a la dimensión de la que saliste, Danny, de un modo u otro (esa es la parte turbia de la profecía) acabarás convirtiéndote en un Dios.
Danny Dalton: Ya... Y por eso te han enviado a protegerme, ¿no?

Ángel asintió sin dejar de mirar a través del inmenso ventanal del ático. Gavin Park parecía confiar lo bastante en él como para dejarle a solas con los “viajeros”. Sin embargo, el compañero de Danny, el tal James Roth, no le tragaba. Como el propio Danny le explicó poco después, Roth no era uno de los viajeros sino que era una especie de aliado dentro de Wolfram y Hart, como lo era el propio Park. Al parecer había varias facciones del bufete y no todas tenían los mismos planes para con Danny y sus amigos viajeros. Lo cierto es que Roth no parecía fiarse de Ángel... y él tampoco de Roth.

Danny Dalton: Así que un Dios... (tono de incredulidad total) Bueno, no cabe duda de que ésta entra directamente en el TOP 10 de chorradas que he oído desde que comencé esta movida de saltar entre dimensiones. Pero dime una cosa, ¿no se supone que es bueno? Quiero decir, eso de ser un Dios y tal... ¿no es una movida de puta madre?
Ángel (ND): Poder absoluto, Danny... Y ya sabes lo que dicen del poder absoluto, ¿no?
Danny Dalton: ¿Que está de puta madre?
Ángel (ND): Que corrompe absolutamente.
James Roth (ND): ¿Qué es lo que corrompe absolutamente?

Roth entró en el salón, guardando su teléfono móvil y con una mirada desconfiada que se acentuó ante el evidente silencio que se generó tras su pregunta. A Ángel le bastó una mirada fugaz para dejarle claro a Danny que no debería hablar con nadie de Wolfram y Hart acerca de lo que le había revelado...

Danny Dalton: El poder, Roth. El jodido poder. Aquí el amigo Ángel estaba dando lecciones morales...
Ángel (ND): Moralidad. Vaya... Algo que Wolfram y Hart conoce muy bien, ¿no? Seguro que el vidente moribundo al que intenté salvar aprendió mucha moralidad vuestras instalaciones de tortura y experimentación...
James Roth (ND): Antes de lanzar esas acusaciones...
Ángel (ND): Sea lo que sea que le hicieron, Sarah Kauffmann le sacó todo lo que quería...
Danny Dalton: Entonces... ¿ella lo sabe? ¿Sabe...?
Ángel (ND): Si. Me temo que sí. Conoce tu destino. 
James Roth (ND): Eso me recuerda... (mira a Danny) He recibido una llamada de mi... (mira a Ángel y luego vuelve a mirar a Danny) de mi “superior”.

Danny asintió: aunque supuestamente Roth trabajaba para Sarah Kauffmann como él mismo, Ben y los demás; en realidad Roth era un agente doble de Holland Manners, otro de los altos directivos del bufete. Si Ángel quería mantener secretos ante Roth, pensó Danny; Roth también tenía derecho a mantener los suyos ante él.

James Roth (ND): Tengo que pasarme por el aeropuerto a recoger a alguien.
Danny Dalton: ¿Quién?
James Roth (ND): Ya lo verás... (le arroja unas cerillas a Danny) Nos vemos en el “RaveNant” dentro de una hora. Ah... (mira a Ángel) Y ni se te ocurra aparecer por ahí.

Bar “RaveNant”, Polígono Industrial Eisenhower.
Afueras de Los Angeles.
Hace dos horas


Ángel (ND): Espera un segundo… ¿Oriental? ¿De unos diecisiete años? ¿Y se teleporta dejando un rastro de polvo de jade?

Había permanecido al margen de la conversación hasta ese preciso instante. Durante los veinte minutos anteriores, desde que James Roth apareció por el bar acompañado de aquel mastodonte de gabardina negra y cara de pocos amigos. Por un segundo, Ángel temió encontrarse ante uno de esos insidiosos cazadores de vampiros (unos temores que se acrecentaron cuando vio la insignia del Vaticano que Craig llevaba en la solapa de su cazadora)

Sin embargo, ahora que había decidido unirse a la conversación, quedó claro que si el tal Craig era un experto en el mundo de lo oculto, su asignatura pendiente eran los vampiros. En cambio, sí parecía estar puesto en todo lo referente a algo que denominó “limbus infernae”. “Anillos Infernales”. Ángel había oído historias sobre ellos: anillos que, como las lámparas de los cuentos orientales, albergaban la esencia de demonios y que otorgaban a quienes los llevasen poderes más allá de lo humano. Por supuesto, el precio casi siempre implicaba el alma del usuario… o algo peor.

James Roth y Danny Dalton habían llevado a Craig a uno de los reservados. Para Ángel no fue difícil confundirse entre la fauna del “RaveNant”: el único sitio donde un vampiro (aunque tenga alma) puede pasar desapercibido es un viernes a la una de la madrugada en un local así. Ni el bullicio ni la música “dark” a todo volumen le impidieron captar la conversación que tenía lugar en el reservado de al lado.

Durante los primeros minutos la conversación no parecía interesante: al parecer el tal Craig había ayudado a Danny y a uno de sus compañeros “viajeros” durante una operación en Nueva York. Sin embargo, horas después de aquello alguien atentó contra Craig y consiguió matar a un aliado suyo, un tal Padre Layton.

Cuando Craig describió a sus atacantes y el modus operandi del atentado, Ángel tuvo que intervenir. A fin de cuentas, conocía a esos bastardos.

James Roth (ND): Joder, Daniel… ¡Te dije que no quería que él estuviese…!
Danny Dalton: Tranquilízate, Roth. Es un tío legal.
Arthur Craig (ND): ¿Quién coño…?
Ángel (ND): Un amigo, nadie de quien deba preocuparse… (se sienta frente a él) Me llamo Ángel, señor Craig. Y por lo que cuenta apuesto que a esa lolita japonesa la acompañaba un tipo grande, ¿una especie de vagabundo gigante, también japonés?
Arthur Craig (ND): No, no, no… La chica apareció de la puta nada. Y volvió a desaparecer dejando allí a un tipo que tenía la cara vendada…
Ángel (ND): … Y explosivos atados al pecho, ¿verdad?
Arthur Craig (ND): Si, el mismo. ¿Lo conoce?
Ángel (ND): Me temo que sí.

Se hizo un extraño silencio en el que sólo se escuchaba el retumbar de la música y del gentío del “RaveNant”. La clase de silencio de comprensión de quienes saben que luchan contra un mismo enemigo. Arthur Craig fue el primero en romperlo.

Arthur Craig (ND): Bueno, Roth. No he venido aquí para hacer nuevos amigos…
Danny Dalton: ¿A qué se refiere?
Arthur Craig (ND): No… (algo sorprendido, a Roth) ¿No se lo ha dicho?
Danny Dalton: Decirme, ¿el qué?

Ángel y Danny miraron entonces a Roth quien apartó las bebidas que ocupaban la mesa. En su lugar, dejó a la vista un pequeño maletín de viaje. Con la pausa dramática de quien muestra un truco de magia, Roth hablaba mientras abría el maletín, sacando de él unos informes.

James Roth (ND): Esta misma tarde, poco después de acudir a la cita con Park, recibí una llamada de mi superior en Wolfram y Hart. (entrega el informe a Craig) Creo que si lee esto, señor Craig, comprenderá por qué Sarah Kauffmann quiso destruir a su amigo, el Padre Layton.

Ángel lee en el rostro pétreo de Craig mientras él mismo pasea sus ojos por encima de las páginas de aquel informe. Sus nudillos se aferran al papel y en cuestión de un minuto, vuelve a mirar a Roth.

Arthur Craig (ND): Así que era eso… (se lleva la mano al cuello y muestra el anillo que pende de la cadena) Querian el anillo…
Danny Dalton: Joder… ¿Es uno de esos anillos malditos?
James Roth (ND): Es algo más que eso, Daniel. Es un receptáculo vacío. Y la herramienta idónea para acabar con Sarah Kauffmann.

Danny Dalton clavó sus ojos en Roth.

Danny Dalton: ¿Me… Me estas diciendo que eso puede acabar con Kauffmann? ¿Y a qué cojones…?
Arthur Craig (ND) (interrumpe): No es tan sencillo. El anillo en sí no tiene poder alguno.
James Roth (ND): Sin embargo, en el momento en que Sarah Kauffmann se ponga el anillo, será tan vulnerable al daño como pudiera serlo cualquier ser humano…
Danny Dalton: Quieres decir que si se pone el anillo…
James Roth (ND): Si, Daniel… Podremos enviarla al infierno.
Arthur Craig (ND): O siendo más exactos… (muestra el anillo) encerrarla en él.
Danny Dalton: Entonces, y suponiendo que Kauffmann no sepa exactamente qué es lo que hace el anillo, solo queda una cuestión por resolver… ¿Cómo conseguir que se lo ponga?

Una leve tosecilla salió de la garganta de Ángel, dejando claro que él tenía una idea al respecto.

Ángel (ND): Creo que he tenido una idea. (sonríe a Roth) Aunque creo que no te va a gustar lo más mínimo.

Cruce de la Interestatal 5 con la 19, en el cauce seco del río.
Afueras de Los Ángeles.
Hace una hora.


Ángel (ND): Si no quiere que parta su delicado cuello… (mueve la bota sobre la nuca de Roth) Yo no daría un paso más.

De vez en cuando, las luces de un coche pasan fugaces, a seis o siete metros por encima de sus cabezas, recorriendo los carriles de las autopistas que, formando un nudo, se alzan sobre sus cabezas. A unos cincuenta metros, Sarah Kauffmann se detiene al pié de la cañada seca del río. Ángel recuerda cuando el agua corría salvaje por él, hace ya casi un siglo. Ahora es un lugar infecto, el perfecto campamento para vagabundos, yonquis y gente que, como ellos, quiere llevar a cabo intercambios al margen de la legalidad y la moralidad.

Sarah Kauffmann (ND): Las amenazas son del todo innecesarias, señor Ángel. Creí que nuestra conversación telefónica lo había dejado bien claro…
Ángel (ND): Usted trabaja para Wolfram y Hart, señora… No pretenderá que me fíe de usted así como así.
Sarah Kauffmann (ND): Mi limusina está aparcada ahí arriba, ¿la ve? (señala a su espalda, a lo alto de la cañada) Tengo un burdeos excepcional en la nevera que podríamos tomar… y todos estaríamos más cómodos.

Y diciendo eso, señala a James Roth y Danny Dalton. Ambos, muy metidos en su papel de rehenes, tratan de liberarse de unas inofensivas ataduras.

Ángel (ND): Hablemos claro, señora. Usted no ha venido por sus peones. Ambos sabemos lo que usted busca.
Sarah Kauffmann (ND): Al contrario, señor Ángel. Fue usted quien dijo que tenía en su poder algo que… algo que podría destruirme, ¿no es así?

Ángel recuerda fugazmente la conversación telefónica. La misma en la que Roth pasó la mayor parte del tiempo quejándose de un plan del cual él era el único detractor. Iba a responder a Kauffmann cuando, de repente, sintió algo extraño en el ambiente. Su “sexto sentido vampirico” zumbaba como loco.

Algo no iba bien. Y deseó que, desde su escondrijo, Craig pudiera ver ese algo. Él tenía otras cosas en las que pensar.
O al menos eso creía.

Porque fue entonces cuando, de lo alto del carril de la autopista que pasaba por encima de sus cabezas, algo aterrizó pesadamente a su espalda. Ángel apenas sí pudo darse la vuelta antes de que un par de brazos, fuertes como prensas hidráulicas, lo rodearon. No necesitó escuchar su vozarrón lanzando exclamaciones en japonés para saber que aquel vagabundo gigantón de ojos rasgados había vuelto a por más.

Ángel (ND): ¿Tú otra vez?
Sarah Kauffmann (ND): ¡Vamos! ¡Muévanse! ¡Ahora!

Danny Dalton y James Roth trataron de incorporarse y, torpemente, comenzaron a correr en dirección a ella. No era lo que tenían previsto en el guión, pero estaba claro que el nuevo cambio en la historia requería improvisación. Además, Ángel no tendría problemas en acabar con un simple…

Fue en ese instante cuando todos los allí presentes comenzaron a oír el rotor del helicóptero. Inmovilizado por los brazos de acero de aquel enorme nipón barbudo, Ángel vio descender de los cielos un aparato civil, provisto de un potente foco que los deslumbró a ambos por un segundo. Al principio, se limitó a flotar a ras del suelo, a unos quinientos o seiscientos de donde estaban los dos.
Entonces, el helicóptero comenzó a moverse en dirección a ellos. Sin importarle que hubiese unos gruesos y sólidos pilares de hormigón, el aparato se introdujo bajo el nudo de autopista. Las aspas chocaron contra ellos, gimiendo y doblándose en un mar de chispas y de aceros retorcidos.

Arthur Craig (ND): Jodido Jesucristo…

Incluso desde su escondrijo al otro lado de la cañada, oculto tras el chasis de una vieja tartana del sesenta y dos; Craig pudo ver y escuchar como la estructura metálica del helicóptero chocaba contra los pilares, estallando en el aire y convirtiéndose en una pavorosa bola de fuego que, deslizándose por el suelo, estaba a punto de consumir a Ángel y a su oponente, el cual se limitaba a retenerlo entre sus brazos, como si no le importase morir si así se lo llevaba por delante.
Craig arrojó a un lado su escopeta recortada. Iba a necesitar otra cosa para algo así.

Ángel (ND): Esto… se… pone… interesante…

Lo que antes había sido un helicóptero era ahora un amasijo de hierros incandescentes que, en forma de bola de fuego, iba a consumirlos a los dos. Y parecía que al gigantesco barbudo japonés poco le importaba: tras toda una lluvia de golpes, los puños de Ángel apenas si le habían sacado poco más que una sonrisa. Iba a necesitar otra…

El estampido de un arma interrumpió sus pensamientos. El proyectil de Craig apenas si le hizo un rasguño en la cabeza al gigantón. Pero bastó para distraerlo. Lo único que necesitó Ángel para escabullirse de su mortal abrazo… y dejar que los restos del helicóptero se lo llevasen por delante.
Ángel rodó por el suelo, dando tumbos y se incorporó al tiempo que dos o tres pequeñas explosiones daban cuenta de los últimos vestigios de lo que fue un helicóptero. Al otro lado, separado por una estela de llamas y napalm, Ángel vio como Danny y Roth eran debidamente conducidos al interior de la limusina de Kauffmann.

Arthur Craig (ND): No hace falta que me des las gracias… (se acerca hasta donde está Ángel) ¿Y Kauffmann? ¿Dónde…?
Ángel (ND): No ha venido. Nunca estuvo aquí. Fíjate…

Ángel señaló a través de la temblorosa cortina de llamas. La persona que acompañaba a Danny y James a la limusina iba, en efecto, ataviada con un elegante traje de ejecutivo. Sin embargo, su aspecto no era el de Sarah Kauffmann sino el de una hermosa mujer oriental, de unos treinta y pocos años. Y subiendo a la limusina, la pícara cambiaformas se despidió de ambos con un beso lanzado al aire.

Ángel (ND): Una chica que se teleporta, un kamikaze, un gigantón indestructible… y ahora una cambia-formas.
Arthur Craig (ND): Al menos… (muestra el anillo que aun pende de su cuello) Seguimos teniendo esto.
Ángel (ND): Tengo la sensación, señor Craig, que no es el anillo lo que más le interesaba a Kauffmann.
Arthur Craig (ND): ¿Y ahora? ¿Los seguimos?
Ángel (ND): Si. Directos a la boca del lobo.

Azotea del Edificio Fielding,
a unos cien metros de la Sede de Wolfram y Hart.
Hace veinte minutos.

Por supuesto no hablaba en serio. “Directos a la Boca del Lobo”, por favor. ¿Acaso pretendía impresionar a Craig? Meterse en Wolfram y Hart sin un plan es la forma más rápida y estúpida de acabar convertido en picadillo.

Ángel mira su reloj: las dos de la madrugada, de un viernes cualquiera. La mayor parte de los rascacielos de esta zona están apagados, como gigantes de cristal y que ahora parecen de mármol negro. Pero no el de Wolfram & Hart. El mal nunca duerme. Y Ángel lo sabe. No hace mucho que se han convertido en algo más que una preocupación ocasional. Pero poco a poco los ha ido conociendo mejor. Hay algo que le dice que Sarah Kauffmann no tardará en hacer su próximo movimiento.

Diez pisos por debajo, al nivel de la calle, Ángel ve la Harley Davidson que Arthur Craig tomó prestada de Danny Dalton. Como él, Craig aguarda también cualquier movimiento de los abogados infernales. Y si no sucede. Bueno, si no hacen nada habrá que pasar al plan “B”. Ese plan “B” de “Boca del Lobo”. Por un segundo, Ángel desea no tener que tomar el plan “B”.
Y, por primera vez en toda la noche, alguien parece escuchar sus plegarias.
Las puertas principales se abren de par en par y un pequeño ejército de agentes de Wolfram y Hart (todos enchaquetados, todos armados) toman posiciones en torno al acceso. Como si supiesen que alguien les observa, esperando una posible emboscada.

Ángel (ND): Ahí estas…

Sarah Kauffmann sale al exterior, acompañada de Danny Dalton. Ambos son escoltados por dos docenas de agentes, con medidas de seguridad propias de un jefe de estado. Al menos media docena de hombres suben dentro del pesado furgón, junto a Kauffmann y el joven Dalton. El vehículo no tarda en ponerse en marcha, tomando dirección Boulevard Santa Mónica.

Ángel siente entonces el rugir sordo de la Harley, a diez pisos bajo sus pies. Mientras Arthur Craig gana velocidad, tratando de no perder a su objetivo; Ángel toma impulso. Sus pies juguetean fugazmente sobre las cornisas, lanzándose al vacío durante un instante eterno.

Ángel (ND): Niños, no intentéis esto en casa…

Arthur Craig siente como algo pesado cae sobre él, estando a punto de perder el control de su moto. La Harley, sólida y fiel, se mantiene milagrosamente en pie mientras Ángel se aferra a la espalda del cazador de anillos.

Arthur Craig (ND): ¿Se puede saber a qué juegas, chupasangres? ¡Podrías habernos matado a los dos!
Ángel (ND): No, sólo a ti. Yo ya estoy muerto, ¿recuerdas?
Arthur Craig (ND): Muy gracioso. Y dime, ¿crees que se dirigen a donde yo creo que se dirigen?
Ángel (ND): Eso parece. Seguro que saben que les seguimos… porque vuelven al lugar de la primera cita.
Arthur Craig (ND): ¿Crees que Kauffmann habrá picado el anzuelo? ¿O nos habrá enviado otra vez a la cambia-formas?
Ángel (ND): Bueno… Sólo hay una forma de averiguarlo.

Cruce de la Interestatal 5 con la 19, en el cauce seco del río.
Afueras de Los Ángeles.
Ahora.


Sarah Kauffmann (ND): Por última vez, señor Ángel… (vuelve a alzar su mano) ¿Dónde está?

Las llamas volvieron a brotar alrededor del cuerpo de Ángel… con la diferencia de que, en esta ocasión, ya no quedaba cazadora de cuero que calcinar. Esta vez fue su carne de vampiro la que sufrió el tacto del fuego infernal. Una de las primeras cosas que aprende un vampiro es que hay ciertas formas de daño contra las que no es invulnerable. Una de las más dolorosas es el fuego.

Ángel (ND): Definitivamente… (de rodillas, agónico) Eres… la auténtica…
Sarah Kauffmann (ND): No volveré a repetirlo…
Ángel (ND): De acuerdo… de acuerdo…

Ángel se incorporó, aun envuelto por el humo de las llamas del último ataque. A través del mismo se podían ver los haces láser de los dos tiradores que Kauffmann había dejado en lo alto de la autopista. A menos de tres metros de donde estaba él, Danny Dalton permanecía en un silencioso segundo plano mientras que un tercer hombre de Wolfram y Hart parecía cumplir las veces de su guardaespaldas.

John Ortega (ND): Tenga cuidado, señora…
Sarah Kauffmann (ND): Tranquilícese, señor Ortega. El señor Ángel parece haber comprendido que no puede negociar conmigo…
Ángel (ND): ¿A esto lo llama negociar?
Sarah Kauffmann (ND): Fue usted quien me habló de ese objeto que podía acabar conmigo, ¿no? Bien, ¿Dónde está?
Ángel (ND): Está… ¡AQUÍ!

Era la señal. Y tal y como lo habían improvisado de camino a la cita, Ángel se precipitó sobre Kauffmann tan lento como un vampiro novato. Lo bastante como para dar tiempo a Arthur Craig de salir de entre las sombras próximas y hacer su papel de “salvador en el último minuto”.

Arthur Craig (ND): ¡Ni lo intentes, escoria!

Empuñando el anillo, Arthur lo presionó contra la nuca de Ángel. Delgados hilos de humo dejaron claro que el agua bendita que lo había empapado hacía bien su trabajo sobre la piel del vampiro.

Ángel (ND): Maldito traidor…
John Ortega (ND): ¡Apártate de él! ¡Vamos!
Sarah Kauffmann (ND): Alto… (a Ortega) Todos.

Arthur Craig se incorporó, dejando que una de sus pesadas botas pisara la nuca del aparentemente debilitado vampiro. Alzó los brazos mientras dos puntos rojos de mira láser danzaban sobre su pecho.

Arthur Craig (ND): Me llamo Craig. Arthur Craig...
Sarah Kauffmann (ND): Creo haber oído hablar de usted, señor Craig. Aunque para serle franca me sorprende que alguien como usted intente… salvarme la vida.
Arthur Craig (ND): Usted puede irse al infierno, señora. Pero este cerdo… (propina una patada a Ángel) Va a pagar por haberme vendido.
Sarah Kauffmann (ND): Imagino que ese anillo…
Ángel (ND): No… No se lo des…
Arthur Craig (ND): Silencio, escoria. (otro golpe más) Es posible que esto sea lo que anda buscando, señora… (muestra el anillo en su dedo) ¿No es así?
Sarah Kauffmann (ND): Sea inteligente, señor Craig. Entréguelo… y vivirá para seguir cazando anillos un día más.
Ángel (ND): No… Si se lo pone, estaremos…

Sarah Kauffmann tiende la mano y Arthur Craig deja el anillo sobre su palma. Durante un segundo, su piel reacciona ante los restos de agua bendita que aun lo rodean. La quemadura que provoca apenas si consigue arrancarle una sonrisa.

Sarah Kauffmann (ND): Por favor, señor Ángel… (desliza el anillo en uno de sus dedos) ¿De verdad creía que esto iba a terminar con…?
- BANG -

La lluvia de sangre y tejido cerebral salpica las caras de Ángel y Craig. El cuerpo de Kauffmann cae al suelo a cámara lenta, convirtiéndose en polvo nada más tocarlo y dejando al descubierto a Danny Dalton, empuñando una humeante Desert Eagle.

Danny Dalton: Jódete, puta.

CONTINUARÁ.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Sesión 19-09-09 - CRAIG (Parte 1 de 4)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
James Hetfield (ND): Estos anillos te proporcionan dones más allá de lo humano, Ben… pero el precio es siempre demasiado alto. Y por ello deben estar bajo control. Nuestra misión es así de importante… y pese a todo, tu primo fue a buscarte. Arriesgando su delicada posición dentro de Wolfram y Hart…

ATRAPADOS POR CULPA DEL "LIBRO DE LAS SOMBRAS", TRABAJANDO PARA "WOLFRAM & HART"...
James Roth (ND): Era gigantesco, ¿vale? Pelo corto y afeitado por las sienes, rostro de piedra y ojos pequeños. Y le sacaba dos o tres cabezas a cualquiera. ¿Cómo demonios iba yo a saber que se gigantón era una especie de Terminator enviado por el Vaticano?

TODO FORMA PARTE DE UN PLAN...
Arthur Craig (ND): Si Layton os deja entrar en su capilla privada, eso es asunto suyo. No tengo por qué...
James Roth (ND): Vamos a ayudarte. Como favor a Layton.

...Y LOS ANILLOS, TAMBIÉN.
Ben Braddock (ND): Craig sacó a Amanda de la Torre Grant y estaban allí esperandonos. Creo que es el comienzo de una hermosa amistad...

Episodio 3x12.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 1 de 4)

Capilla de Saint Patrick. Queens.
Hace una semana.
1.06 A.M.


Con un "bleep" electrónico, diez kilos de explosivo plástico hacen temblar los cimientos de la vieja capilla de Saint Patrick. Las vidrieras estallan como una mortal lluvia de cristales. Y Arthur Craig vuela por los aires, atravesando la calle y cayendo pesadamente sobre el capó de una ranchera. Mientras media docena de alarmas de coche resuenan en mitad de la noche, Arthur se incorpora a duras penas. Trata de alcanzar su moto, su Harley… o lo que queda de ella. Nota como su visión se enturbia, en parte por la sangre que mana de sus heridas, en parte por la conmoción.

Antes de caer inconsciente, Craig consigue detener un más que oportuno taxi. La suerte le sigue sonriendo cuando el conductor acepta sacarlo de ahí sin hacer preguntas. Por un segundo, Craig piensa que quizá Dios sigue protegiéndolo. O a lo mejor ha sido cosa de ese billete ensangrentado de cien pavos que le ha soltado.

Clínica Ilegal. En alguna parte bajo el suelo de Manhattan Sur.
Tres días después.

Tulio (ND): No sé con quien te juntas ahora, Craig… Pero como tu médico te recomiendo que dejes de hacerlo…

Arthur Craig se limitó a dar otro trago de aquel vino barato que Tulio le había traído. Bajo la luz de una bombilla desnuda, aquel sótano y aquella cama habían sido el refugio de Craig durante las últimas 72 horas.

Tulio (ND): En serio, Craig… (termina de coserle una herida en la frente) ¿En qué te has metido…?
Arthur Craig (ND): ¿Haces tantas preguntas a tus clientes de la familia Panessi?

Aquello bastó para cerrar la boca de Tulio. Pero acallar sus propios pensamientos era más difícil. Desde que había recuperado el conocimiento, la mente de Craig había tratado de ordenar las piezas del rompecabezas. Sus manos recorrieron las páginas del periódico de hace un par de días. Los titulares del atentado a la Torre Grant seguían ocupando las páginas principales. Por un segundo, Craig estuvo a punto de sonreir. Aquello había estado bien. Le habían dado una buena patada en el culo a ese bastardo de Gideon Grant.

Entonces, Craig recordó lo que vino después.

Capilla de Saint Patrick. Queens.
Tres días antes.
0.24 A.M.


Arthur Craig (ND): Perdóneme Padre… porque he pecado.

El interior de la capilla estaba iluminada únicamente por velas. Cientos de velas que, nada más entrar, se habían ido encendiendo a medida que Craig se había aproximado al altar.

Padre Layton (ND): Si, has pecado… (sonríe) Y seguro que lo has disfrutado.

Aun de rodillas, en uno de los primeros bancos, Arthur Craig miró hacia atrás. La figura del Padre Vincent Layton se encontraba sentada a unos metros atrás. Se despojó de la capucha de su hábito, mostrando una sonrisa amable y condescendiente al mismo tiempo. La misma que había tenido en vida.

Arthur Craig (ND): No tienes mal aspecto para ser un fantasma, Vince.
Padre Layton (ND): Sabía que harías un buen trabajo en la Torre Grant. Lo que no me esperaba era esta visita.
Arthur Craig (ND): Bueno, mi vuelo no sale hasta dentro de un par de horas así que me dije “voy a visitar a un viejo amigo”.

Layton bajó la vista, manteniendo esta vez una sonrisa triste.

Padre Layton (ND): Dime, Arthur… ¿Cómo sigue el mundo ahí fuera?
Arthur Craig (ND): No te pierdes nada, Vince.

Los siguientes minutos los pasaron hablando de baseball, de política, de cine… De todas esas pequeñas tonterías que Layton ya no podía disfrutar. Craig no sabía cómo había sucedido (y lo cierto es que Layton parecía no querer hablar nunca del tema) pero lo cierto es que, pocos meses después de lo que ocurrió en Siria, Layton se le apareció por primera vez en una de esas extrañas visiones. Al principio, a Craig le costó asimilarlo. Su viejo camarada era ahora un espectro, atrapado en las paredes de aquella iglesia.

Padre Layton (ND): Veo… (mira el anillo que pende del cuello de Craig) Veo que lo llevas contigo.
Arthur Craig (ND): Tal y como me dijiste. No es que me guste llevarlo así pero…
Padre Layton (ND): No se perderá. No es como los otros anillos.
Arthur Craig (ND): Lo sé. Es… Es tuyo, ¿verdad?

Como ya era habitual cuando vivía, Layton se incorporó sin responder, caminando hasta el altar. Allí, una serie de velas aguardaban a ser encendidas. Mientras hablaba, Layton posaba su dedo sobre cada una de ellas, prendiéndolas.

Padre Layton (ND): Los aliados que te busqué… ¿te han sido de ayuda?
Arthur Craig (ND): Jugaron bien con Massara. Y desde luego se portaron en la Torre Grant.
Padre Layton (ND): ¿Cómo? (sorprendido, mira a Craig) ¿Estaban en la Torre…?
Arthur Craig (ND): Si, parecían tener algo pendiente con una ejecutivo de Wolfram y Hart que se encontraba allí con Grant. Una tal… ¿Samantha? ¿Sandra?
Padre Layton (ND): Sarah. Sarah Kauffmann.

El nombre retumba en la espectral garganta de Layton como la más terrible de las noticias. Si el tono de su voz ha sido como una alerta roja, el silencio de preocupación posterior deja clara la gravedad del asunto.

Arthur Craig (ND): Vince… (se levanta y se acerca) ¿Quién coño es esa tal Kauffmann?
Padre Layton (ND): Es peligrosa. Ella…

De repente, Layton volvió a dejar la frase a la mitad, como si de repente hubiese recordado algo. Pero no era un recuerdo: Craig pudo verlo en sus ojos. Bastó un susurro para dejar claro que algo iba mal. Mortalmente mal.

Padre Layton (ND): Dulce Jesucristo, Arthur… Te han seguido.
Arthur Craig (ND): ¿Qué estas…?

Pero ya era tarde: en el espacio de tres metros que los separaba a ambos, Layton y Craig vieron materializarse dos figuras en mitad de una nube de polvo de jade. La primera era una chica oriental, joven, de apenas dieciséis o diecisiete años, con el pelo tintado de color violeta y con una rodilla en el suelo. Su atuendo recordó a Craig el de una serie de dibujos japoneses. A su lado, de pie, había un individuo de edad indeterminada: su complexión era atlética, bajo una gabardina gris y sucia. Su cara estaba cubierta por vendajes sucios que dejaban ver unos desquiciados ojos rasgados.

La chica dijo algo en japonés y, al tiempo que su pompa de chicle estallaba, ella volvió a desvanecerse tan velozmente como había aparecido.
El otro, sin embargo, permaneció de pie, sonriendo de forma hilarante.

Arthur Craig (ND): No sé quien coño eres, pero…

Apenas había empezado a sacar las dos nueve milímetros de sus sobaqueras cuando los ojos de Craig vieron lo que ocultaba aquel tipo bajo la gabardina. Los números electrónicos del detonador marcaban el tres, el dos…

Arthur Craig no llegó a escuchar lo último que gritó Layton. Pero si escuchó el susurro de aquel japonés kamikaze.

Luego, todo voló por los aires.

Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.
Ahora.

Agente de Aduanas (ND): Todo en orden, Padre Craig… Feliz estancia en Los Ángeles.

Bajo la desconfiada mirada de los tres policías armados de la aduana, Craig tomó con fuerza sus maletas. Aunque su aspecto no era el de un sacerdote, aquella valija diplomática de la Santa Sede era tan auténtica como los documentos que le permitían viajar con todo su “instrumental” de un lado a otro del país. Ahora, aquella era la única ayuda que iba a tener en su cruzada contra esos endemoniados anillos. Ahora que Layton…

James Roth (ND): Espero que haya tenido un vuelo agradable, ¿señor Craig? (le tiende la mano a modo de saludo) ¿Qué tal la primera clase?

Craig permaneció ahí de pie, mirándolo con desprecio y sin soltar sus maletas. Roth suspiró y desistió de aguardar respuesta alguna a su saludo.

James Roth (ND): Mire, sé que tendrá preguntas…
Arthur Craig (ND): ¿Preguntas? (deja caer pesadamente las maletas y se acerca intimidante a Roth) Ya lo creo que tengo preguntas.

Por un instante, Roth teme que vaya a levantarlo por los aires y lanzarlo contra el panel de “Llegadas”. Con su descomunal fuerza Craig probablemente podría hacerlo.

James Roth (ND): Supimos lo de la Iglesia de Saint Patrick, lo de la semana pasada… Y créame que estamos del mismo lado.
Arthur Craig (ND): ¿Ah si? Pues no es eso lo que tengo entendido. A fin de cuentas Sarah Kauffmann trabaja para Wolfram y Hart… como trabajáis tú y Braddock.

James Roth da un par de pasos hacia atrás mientras mira a su alrededor. Hay mucha gente en la terminal, demasiada como para que Craig empiece un tiroteo. Pero la mirada de ese enorme tipo es la mirada de alguien a quien no le importa tener testigos.

Arthur Craig (ND): Más te vale jugar bien tu última carta, Roth. Porque de lo contrario no vas a salir vivo de este aeropuerto.
James Roth (ND): Tiene razón, señor Craig. Es cierto, trabajo para Wolfram y Hart.
¡Tan cierto como que hemos sido nosotros quienes hemos pagado su billete para traerlo hasta aquí!

Con esas últimas palabras, Roth se detiene. Ha dado varios pasos hacia atrás, visiblemente intimidado. Pero, de repente, sus ojos se clavan en los de Craig.

James Roth (ND): Pero si hay algo seguro, señor Craig, es que ni yo ni el señor Braddock queremos seguir trabajando para Sarah Kauffmann.
Arthur Craig (ND): Ah, ¿no? Y entonces, ¿Qué es lo que queréis?
James Roth (ND): Queremos destruirla, señor Craig. Y usted es la clave para conseguirlo.

CONTINUARÁ…