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domingo, 5 de abril de 2009

Sesión 04-04-09 (P.O.V. - WILLIAM WHITEHOUSE)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Sarah Kauffmann (ND): Tu amigo Leonard va a morir, Danny… Así aprenderás que no se juega con Wolfram & Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
James Roth (ND): Éste no es solo su primer día en Wolfram & Hart... (se calza las gafas de sol y sonríe) Bienvenido al primer día del resto de su vida...

...O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x03.-
WILLIAM WHITEHOUSE contra WOLFRAM & HART
(Parte 3 de 4)

P.O.V. – WILLIAM WHITEHOUSE

Ático de la Familia Baxton. Nueva York.
Hace 9 años.

Billy Baxton sólo tiene ocho años. Sus máximas preocupaciones deberían estar relacionadas con cómics, videojuegos y deberes de matemáticas sin terminar. Y pese a lo que pudiera parecer viendo su habitación, la de Billy no es una infancia cualquiera. Quizá por eso Billy no se asusta al escuchar los ruidos de lucha que llegan procedentes del salón. Su padre le advirtió de aquello. Le dijo que podría llegar el día en que hombres malos vendrían a hacerles daño. Pero Billy siempre ha sabido que llegado el momento su padre estaría aquí para protegerlo…

La puerta de su dormitorio se abre con un fuerte golpe. Bajo el umbral, Billy intuye la figura de su padre. Estaba en lo cierto. Su padre estaba aquí para protegerle de los hombres malos…

Billy Baxton: ¿Pa… Papá?

Entonces lo escucha. Un gruñido. Seco. Inhumano. Su padre da dos pasos en dirección a la cama de Billy. Cuando se encuentra a menos de dos metros, Billy puede oler la sangre que empapa lo que alguna vez fue un carísimo esmoquin. Los ojos de su padre, inyectados en sangre, se posan en Billy…

Y con un rugido, su padre salta sobre el aterrorizado muchacho.

Billy Baxton: ¡No! ¡Papá!

El chico salta de la cama justo a tiempo: las manos de su padre se hunden en el somier, rasgando y destrozándolo como si fuese la carne de su propio hijo. Billy mira aquello en lo que han convertido a su padre al tiempo que retrocede, tratando de salir del dormitorio.

Es entonces cuando tropieza con alguien más. Billy se da la vuelta y la ve, parada ante la puerta del dormitorio. Es una mujer morena, de pelo lacio. Viste un traje de noche negro que resalta aun más su piel blanquecina. Sus ojos son grandes y redondos, penetrantes y al mismo tiempo desquiciados.

Con la comisura de los labios manchada de sangre, la mujer sonríe a Billy.

Drusilla (ND): Oh, mírate… Eres perfecto. Tú serás mi pequeño muñequito.

Billy comienza a gritar.

Aeródromo McConahue, a 10 kilómetros de Los Ángeles.
Ahora.

Drusilla (ND): Mi pequeño muñequito… (bajando del reactor) Por fin.

William Whitehouse tiene 19 años. Ha sido entrenado durante años como un operativo especial de La Iniciativa, un comando militar secreto dedicado a combatir todo tipo de amenazas sobrenaturales. Ha dado caza a hombres lobo. Se ha enfrentado a varios espíritus y demonios. Ha reducido a cenizas a más vampiros de los que puede recordar…

Y sin embargo, ahora mismo tiene ganas de correr. De esconderse.
Vuelve a tener ocho años. Vuelve a estar en ese ático. Vuelve a sentir la mirada desquiciada de esa abominación en forma de mujer.

Gavin Park (ND): Bueno, Billy, muchacho… ¿Listo para…?

William no llega a escuchar el resto de la frase. Puede ver los labios de Gavin moverse, pero sus palabras caen en saco roto. Como deberían haberlo hecho desde el primer momento. Desde que, apenas 7 horas antes, William había recuperado el conocimiento. Sus últimos recuerdos eran de aquella operación en la que habían intentado asaltar Wolfram y Hart. De aquello hacía ya casi dos semanas. Dos semanas en las que había permanecido capturado por aquella firma de abogados infernales. Dos semanas de torturas, de escáneres psíquicos, de aislamiento…

No había creído a Park cuando le dijo que La Iniciativa le había dejado tirado. “Te han vendido, Billy, muchacho…” Eso es lo que dijo. Quizá si el profesor Vanister no le hubiese contado lo de la muerte de Devon Powell, quizá no le habría creído. Pero ahora comenzaba a verlo claro: Gavin Park los había engañado a todos. Posiblemente había sido verdad aquello de que él había preparado aquel “atentado”… Pero aquello jamás había sido una operación de rescate para ponerlo a salvo.

Iba a entregarlo a esa… a esa cosa.

William bajó la vista: el vampiro pelirrojo que estaba junto a Gavin aferraba con fuerza su escopeta recortada. Pero el enorme cuchillo de monte que llevaba al cinto… Bueno, eso era otra cosa.

Antes de que Gavin terminara aquella frase, el vampiro tenía ya el cuchillo clavado a la altura del vientre. Un par de centímetros más arriba y ahora sería una nube de cenizas.

Vampiro Motorista Pelirrojo (ND): Serás… ¡CABRÓN!

El golpe de culata hizo que Whitehouse volase varios metros hacía atrás. Su espalda golpeó el suelo y durante unos segundos Billy estuvo a punto de perder el conocimiento. Entonces escuchó el rugido del deportivo. Como una centella oscura, el coche salió del hangar, marcha atrás, quemando llantas… y frenando a pocos centímetros de William.

Profesor Vanister (NE) (abriendo la puerta): ¡Suba, señor Whitehouse!

Aeródromo McConahue, a 10 kilómetros de Los Ángeles.
12 minutos después.

William Whitehouse (ND): Oh, mierda…

Diez segundos atrás, la cosa pintaba mucho mejor. Diez segundos atrás, el deportivo atravesaba a toda velocidad el aeródromo, en mitad de una frenética persecución. Diez segundos atrás, William clavaba un fragmento de la luna trasera del coche en el corazón de aquel motorista vampiro, acabando el trabajo que había dejado pendiente con su propio cuchillo de monte. Diez segundos atrás, James Roth hacía un comentario jocoso sobre la tapicería manchada de cenizas vampíricas.

Todo cambió en apenas diez segundos. Fue el tiempo que necesitó el segundo de los matones vampíricos que el “colega” de Gavin Park había traído como guardaespaldas. Tanto William como Roth y el profesor se habían olvidado de él. Para cuando los faros lo iluminaron, el chupasangres descargaba sus dos recortadas contra el deportivo, dejando fuera de combate a Vanister y Roth.

Vampiro Motorista Mohicano (ND): Puedo olerte, carne… Sé que estás ahí dentro… Y cuando acabe contigo, me daré un festín con tus colegas…

William sabía que era cierto: los chupasangres tenían sentidos más allá de lo humano y podían captar el rastro de sangre fresca a distancia. Como si fuese una lata de sardinas, el chupasangres hizo fuerza y volcó el deportivo… con William aun dentro.

A duras penas, el agente de la Iniciativa pudo salir al exterior y rodar por la arena. El chupasangres sonreía, triunfal. William se incorporó y lo encañonó con la pistola que Roth había entrado al profesor. Las buenas noticias eran que había conseguido desencasquillar el arma. Las malas… que contra un vampiro aquello no iba a ser demasiado efectivo.

Vampiro Motorista Mohicano (ND): ¿Una pipa? ¿Estas de guasa? (se rasga su cazadora y muestra su pecho a descubierto) ¡Vamos, dispara! ¡Vamos!
William Whitehouse (ND): Dime una cosa… ¿Te has planteado lo que te hará tu jefa si le estropeas… “su mercancía”?

El chupasangres duda durante un segundo. Parece que le tiene el miedo suficiente a esa vampiresa como para que la estratagema de William funcione al menos durante un instante. Es todo cuanto necesita: aprieta el gatillo una, dos, tres veces. Uno de los proyectiles le alcanza en plena cara, destrozándole uno de sus ojos. No lo detendrá y lo enfurecerá aun más.

Drusilla (ND): Mi pequeño muñequito…

William escucha su voz y al girar la cabeza la ve aproximarse con paso lento pero firme. De repente, el chupasangres deja de ser una prioridad. De repente, William vuelve a ser simplemente “Billy”. Mirándola a los ojos, siente que vuelve a tener ocho años. Vuelve a estar asustado.

Intenta disparar contra ella. Pero sus ojos… Sus ojos son tan hondos. Tan oscuros…

Drusilla (ND): Arrojalá… lejos.

William obedece. Sin dudar.

Drusilla (ND): Ahora… De rodillas.

William obedece. Sus piernas tiemblan, intentan resistirse. Pero es imposible…

Gavin Park (ND): Eh… ¿La señorita Drusilla?

Y por primera vez desde que la vio bajar del avión, la vampiresa parece tan sorprendida como el propio William al ver aparecer a su espalda al señor Park.

Drusilla (ND): ¿Quién eres tú?
Gavin Park (ND): Creo que no hemos sido presentados… (le tiende la mano) Gavin Park, relaciones diplomáticas de Wolfram y Hart.

Drusilla mira la mano tendida de Park como un cachorro reaccionaría ante el saludo de un humano. Gavin, incómodo, la retira. Pero no ceja en su empeño…

Gavin Park (ND): Sólo quería decirle, señora, que ha sido un placer cumplir con sus deseos y que… bueno, esperaba que pudiera hablar bien de mi a…

La charla de Park cae en saco roto: la vampiresa lo mira como si apenas pudiera entender lo que dice. Sin embargo, la cháchara del ejecutivo cumple una inesperada función. Consigue que ella rompa la concentración. Y William vuelve a ser dueño de sus actos.

William Whitehouse (ND): Maldita escoría... (recuperando la pistola) ¡Muere!

Aprieta el gatillo varias veces. Una décima de segundo antes, el señor Park parece ver las intenciones de William e intenta tirar al suelo a la vampiresa. Sin embargo, su fuerza es mayor de la que el propio Park puede imaginar. Cuando las balas atraviesan la carne muerta de Drusilla, ésta parece más indignada por la osadía de Park al tocarla que por el hecho de haber sido tiroteada…

Drusilla (ND): Tu… (agarra por el cuello a Gavin) Me has tocado… (comienza a apretar) Me. Has. Tocado.

William contempla la escena. Por un segundo, duda. Ese ejecutivo intentó venderlo a esa vampiresa. A ese monstruo que parecía dispuesta a cumplir con el trabajo que dejó pendiente años atrás. Por un segundo, William se plantea la idea de salvar a Gavin Park. Quien sabe… puede que lo hubiera hecho.

Es entonces cuando se comienzan a escuchar los helicópteros. Dos aparatos aparecen tras las colinas que rodean el aeródromo. Los dos van equipados con focos halógenos que rasgan la oscuridad de la noche. Mientras uno revolotea sobre Drusilla, el otro se centra en perseguir a William.

Sin dudar, el joven agente de La Iniciativa se incorpora y arranca a correr. No sabe quien bajará de esos helicópteros. Sean de Wolfram y Hart o de la propia Iniciativa, William sabe que lo mejor es aprovechar la distracción y huir. Huir lo más rápido posible.

El helicóptero trata de seguirlo con el foco halógeno. Sin embargo, cuando William logra poner sus manos en una de las motos dejadas por los vampiros motoristas, no tarda en internarse en la noche, perdiéndose en la oscura carretera interestatal.

Mientras siente el viento en su cara, William intenta poner en orden sus pensamientos. No puede dejarse atrapar por Wolfram y Hart. Y tampoco puede ponerse en contacto con La Iniciativa. No sin saber a qué atenerse. Gavin Park dijo muchas cosas y la mayor parte de ellas habían acabado siendo mentiras. Pero… ¿y si entre tanta farsa había algo de verdad? ¿Y si, tal y como le había dicho, la nueva directiva de La Iniciativa le había considerado un traidor?

Para cuando la moto se quedó sin gasolina, el sol comenzaba a surgir por el horizonte. Sin dinero, habiendo dejado la moto oculta entre las lomas desérticas del desierto, William se dispuso a probar suerte con el autostop. Aun no sabía qué hacer. Lo único seguro era que no podía dejarse coger.

Era hora de pasar desapercibido… algo que siempre se le había dado muy bien.

CONTINUARÁ...

Sesión 04-04-09 (P.O.V. - JAMES ROTH)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Sarah Kauffmann (ND): Tu amigo Leonard va a morir, Danny… Así aprenderás que no se juega con Wolfram & Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
James Roth (ND): Éste no es solo su primer día en Wolfram & Hart... (se calza las gafas de sol y sonríe) Bienvenido al primer día del resto de su vida...

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x03.-
WILLIAM WHITEHOUSE contra WOLFRAM & HART
(Parte 2 de 4)

P.O.V. – JAMES ROTH

Hanover Street. Los Ángeles.
Hace 10 horas.


James Roth (ND): Joder… (frustrado, arroja el móvil en el salpicadero) ¡JODER!

Entre el bullicio de la calle Hanover, en pleno corazón comercial de Los Ángeles, las voces de Roth llamaban la atención de alguno de los transeúntes. No era el hecho de haber perdido el rastro del Profesor Vanister lo que le había cabreado de esa forma. Ni que su obsesión por seguir la pista de aquel convoy de Wolfram & Hart les pudiese costar el pellejo si Sarah Kauffmann descubría que estaban metiendo las narices donde nadie les llamaba…

Lo que de verdad lo cabreaba en ese momento era que el profesor le hubiese rechazado ya dos llamadas seguidas. Por un segundo se planteó la opción de mandarlo a la mierda: de largarse al hotel y dejar que él mismo firmase su sentencia de muerte. ¿Pasaba de él? Pues cojonudo. Que le den. A tomar por…

El sonido del móvil sacó a James de su indignación el tiempo suficiente como para aceptar la llamada.

James Roth (ND): Profesor, ¿qué coño…?

La voz del profesor sonaba angustiada, presa del terror. Lo único que consiguió sacarle al nervioso Vanister fue su actual posición. Era lo único que necesitaba. Colgó y encendió el motor de su elegante Corvette negro.

Bajo el nudo de autopistas 18 y 20.
Afueras de Los Ángeles.
Hace 9 horas.

James Roth (ND): O me dice de una vez que está pasando… o nadie se mueve de aquí.

El deportivo de Roth destacaba en aquel asentamiento de vagabundos y pordioseros como una cucaracha en un pastel de boda. Bajo un impresionante nudo de autopistas, se encontraba reunido aquel peculiar grupo de personas. A James no le sorprendió encontrar allí al profesor Vanister, aunque no esperaba ver su berlina en tan mal estado. Lo que si le sorprendió fue ver allí al señor Whitehouse. Y al otro tipo: aquel agente oriental de Wolfram & Hart al que habían visto en el parking.

Gavin Park (ND): Bueno… ¿Roth? ¿Así has dicho que te llamas? Aquí tu amigo el profesor y su colega, Billy, están cagándola a base de bien…
William Whitehouse (ND): Profesor… ¿Quién es?
Profesor Vanister (NE): No se preocupe, señor Whitehouse... El señor Roth trabaja conmigo. Es… de confianza.

El profesor Vanister comenzó a explicar de forma precipitada todo cuanto había ocurrido. De alguna forma, James ya sabía gran parte de todo ello.

Gavin Park (ND): Mira, Roth… Me llamo Gavin Park y soy del departamento de relaciones diplomáticas de Wolfram & Hart.
James Roth (ND): Relaciones diplomáticas. En Wolfram & Hart. Ya.
Gavin Park (ND): Hace cosa de una semana, el edificio de Wolfram y Hart fue atacado por un comando rebelde de una organización militar secreta conocida como La Iniciativa. Trabajan para el gobierno, ¿vale? En todo lo que tiene que ver con amenazas sobrenaturales y esos asuntos… El caso es que aquello estropeó un poco las relaciones entre el gobierno y Wolfram y Hart. Y por eso, para calmar un poco los ánimos, el bufete me enviaba a mi como mensajero de paz… con un presente.
James Roth (ND): ¿Un presente? (señala a Whitehouse) ¿El?
Profesor Vanister (NE): No exactamente, señor Roth… Wolfram y Hart ha desmontado pieza a pieza el vehículo de salto dimensional en el que llegamos. Van a entregarlo a La Iniciativa. Y ellos… Ellos lo convertirán en un arma. Y eso, señor Roth, es algo que no pienso permitir.

James miró al profesor: nunca lo había visto decir nada de una forma tan tajante.

William Whitehouse (ND): Pero… ¿y qué tiene eso que ver conmigo? ¿Me llevaban de vuelta a La Iniciativa?
Gavin Park (ND): Eso es un asunto más peliagudo, Billy, muchacho… Verás, La Iniciativa ha negado haber autorizado ninguna operación de asalto a Wolfram y Hart… lo que significa que todos los que participaron en ella lo hacían desobedeciendo órdenes.
William Whitehouse (ND): Un momento...
Profesor Vanister (NE): Intenté decírselo antes, señor Whitehouse. El Devon Powell de este universo fue capturado y ejecutado por Wolfram y Hart…
Gavin Park (ND): Ahora hay un nuevo director de operaciones en La Iniciativa, Billy… Y parece que no tiene el menor interés en volver a saber de ti.
William Whitehouse (ND): Entonces… ¿a dónde demonios me llevaban?

Aeródromo McConahue´s, a 10 kilómetros de Los Ángeles.
Hace 7 horas.

James Roth (ND): Vale… Hemos llegado.

Hace diez minutos que el sol se ha ocultado tras el horizonte, dejando en su lugar un cielo púrpura oscuro. Los faros del deportivo iluminan el acceso al desolado y abandonado aeródromo McConahue´s: varias hectáreas de terreno en mitad de las desoladas afueras de Los Ángeles, en mitad de los descampados en los que se puede ver los esqueletos de las futuras urbanizaciones.

William Whitehouse (ND): Un aeródromo abadonado… ¿aquí era donde me iba a llevar, Park?
Gavin Park (ND): Mira, Billy, muchacho… Me estoy jugando el pescuezo por ti, ¿vale? De hecho, mi colega Lee ya lo hizo. Le costó la vida preparar tu oportuna fuga…
Profesor Vanister (NE): ¿Lee? ¿Se refiere al motorista? ¿El del atentado?
Gavin Park (ND): ¿Qué…? Si, claro… Claro… Tenía que parecer creíble, por eso lo de que me pillase la explosión dentro del todoterreno…

James no puede prestar toda la atención que debería a las palabras de Park. Debe concentrarse en guiar el deportivo a través del terraplén que lleva al aeródromo abandonado. Los faros iluminan un viejo cartel en el que puede leerse “Circo Aéreo McConahue. ¡Los Ases del Aire!”.

Gavin Park (ND): Ahora solo queda esperar a mi colega Jeffrey. Él se mi contacto con… Con la persona que está interesada en ti, Billy, muchacho…
James Roth (ND): Personalmente creo que deberíamos escondernos, profesor…
Profesor Vanister (NE): Creo que tiene razón, señor Roth. Ustedes… (se gira a Park y Whitehouse) aguarden fuera a que lleguen los caballeros amigos del señor Park. El señor Roth y yo aguardaremos ocultos en aquel hangar.

Una vez dejan bajar a Park y Whitehouse, James dirige guía el deportivo hasta el interior del primero de los cuatro hangares abandonados que hay en el desolado aeródromo. En la maniobra que realiza para aparcarlo al fondo del todo, los faros iluminan por unos instantes un viejo biplano, destartalado y quebrado, que reposa en el interior.

Al bajar del vehículo, tanto James como el profesor lo huelen.

James Roth (ND): Profesor, ¿qué demonios es eso que huele?
Profesor Vanister (NE): Mmmm… (pasa los dedos por uno de los charcos que hay en el suelo) Queroseno…

James sigue con la mirada el rastro de ese líquido hasta varios bidones que reposan en el fondo del hangar, junto al coche. Unos bidones demasiado nuevos como para llevar ahí tanto tiempo.

James Roth (ND): Esto no me gusta…

Apenas ha pronunciado esas palabras cuando empieza a escucharse ruido de motores. Motos de alta cilindrada. Tres, quizá más. James y el profesor, éste último aferrando el subfusil que llevaba el misterioso motorista, se aproximan al acceso principal del hangar. Confirmando las sospechas de James, ambos ven aparecer a tres motoristas. Éstos, a diferencia del que atacó el todoterreno de Park, lucen el aspecto de los clásicos “ángeles del infierno”. Uno de ellos se aproxima a Park y le estrecha la mano. Debe ser el tal Jeffrey. Los otros dos moteros, armados con escopetas recortadas, permanecen a unos metros por detrás.

James Roth (ND): No puedo escuchar todo lo que dicen… Pero juraría que el tal Jeffrey acaba de llamar “mercancía” a Whitehouse…

James mira al profesor, como buscando una confirmación a sus sospechas. Pero lo que encuentra es un gesto de miedo en su rostro.

Profesor Vanister (NE): Señor Roth, esos hombres… No son humanos.
James Roth (ND): Joooooder…

“No son humanos”. Aquellas tres palabras bastan para dejarle claro a James algo que se ha repetido desde que comenzó toda esa movida. Algo que tendría que haber hecho desde el momento en que a Vanister le dio por seguir la pista del maldito convoy…

Profesor Vanister (NE): Señor Roth… (mientras Roth camina hasta el fondo del hangar) ¿Qué demonios hace?
James Roth (ND): ¿Que qué hago? (mientras saca el móvil) Llamar a la caballería…

Nervioso, Roth marca el botón de llamada automática. Durante unos segundos nadie responde. Al quinto tono, una voz de mujer suena al otro lado.

Sarah Kauffmann (ND): Espero que sea importante, señor Roth…
James Roth (ND): Escúcheme con atención, señora… porque estamos metidos en un buen lío. Imagino que está al tanto del atentado que ha sufrido su agente, el señor Park…
Sarah Kauffmann (ND): ¿Cómo sabe…?
James Roth (ND): El profesor Vanister tuvo… tuvo un presentimiento, ¿vale? Y decidió seguir el convoy. Hemos impedido que el señor Whitehouse se escape pero… y ahora viene lo más extraño… parece que su hombre, el agente Park, tenía sus propios planes para el señor Whitehouse. Y…

De repente, un ensordecedor silbido corta el silencio del desolado aeródromo. Un hermoso reactor privado, con los emblemas de Airfrance, toma tierra en una pista de aterrizaje que ha conocido tiempos mejores.

James Roth (ND): Aeródromo McConahue, a las afueras. Envíe a alguien. Rápido.

Y cuelga. James camina deprisa hacia el acceso del hangar: sea quien sea quien viaje a bordo de ese jet privado tiene interés en Whitehouse.

James Roth (ND): Profesor… (mientras se acerca a la salida del hangar) ¿Quién ha bajado del avión?
Profesor Vanister (NE): Parece una mujer… (se gira y mira a Roth) Pero no es huma…

El profesor no termina la frase. Un gruñido inhumano resuena en el exterior… seguido del sonido de un fuerte golpe. Un segundo después, Vanister y Roth ven aterrizar el cuerpo de William Whitehouse a escasos metros del acceso al hangar.

James Roth (ND): Profesor… Al coche.

El deportivo sale a toda velocidad del hangar, marcha atrás y dejando un trazado de llantas quemadas sobre el suelo. James mueve el volante con destreza suficiente como para interponer el vehículo entre William Whitehouse y uno de los moteros de Jeffrey. Éste, un corpulento pelirrojo, encañona con su escopeta recortada al deportivo. Lo que atemoriza a James no es que lo haga a bocajarro. Lo que le aterroriza es que su rostro es el de un vampiro.
El profesor tenía razón. No son humanos. Genial.

Profesor Vanister (NE): ¡Conduzca, señor Roth!

Y antes de que el motorista pueda abrir fuego, el profesor aprieta el gatillo del subfusil, acribillándolo. No consigue gran cosa… pero le da el tiempo suficiente como para que William suba al deportivo.

James Roth (ND): ¡Agarrénse!

Aprieta el acelerador, atravesando marcha atrás la pista de aterrizaje. Por un momento, casi parece que han dejado atrás cualquier amenaza. Es entonces cuando algo cae pesadamente sobre el deportivo, hundiendo su techo.

Vampiro Motorista Pelirrojo (ND): ¡Sois carne muerta! ¿Me oís? ¡Jodida carne muerta!
Profesor Vanister (NE) (mirando el subfusil): ¡Sin munición!
James Roth (ND): ¡Coja mi pistola, profe!

El profesor Vanister intenta coger el arma de James mientras este conduce de forma temeraria, intentando desprenderse del pasajero extra que llevan detrás. Para empeorar las cosas, el segundo de los matones vampíricos del tal Jeffrey, abre fuego contra el coche. El cristal trasero del deportivo vuela en pedazos y los fragmentos de cristal llueven sobre un aturdido William Whitehouse.

James Roth (ND): Maldito chupasangres… (conduciendo de forma salvaje) ¡fuera de mi coche!

En ese momento, mientras rodea el jet privado que acaba de aterrizar, los faros del deportivo iluminan una silueta que se cruza en su camino. La silueta de una mujer. Por un segundo, los ojos de James quedan fijos en los de ella.

James Roth (ND): ¡Joder!

Con un volantazo, el deportivo la esquiva a duras penas, pasando en paralelo al avión. Una idea pasa por la cabeza del profesor. Le grita que pase de nuevo junto al jet. James no tiene tiempo ni de pensar que aquello es una locura. Al mismo tiempo que el profesor encasquilla su arma al tratar de disparar contra el depósito de combustible del reactor; el vampiro pelirrojo intenta colarse por el hueco dejado por la luna trasera del deportivo.

Vampiro Motorista Pelirrojo (ND): ¡Sois míos…!
William Whitehouse (ND): Ni lo sueñes, monstruo.

Por un segundo y a través del espejo retrovisor, James ve como Whitehouse clava un fragmento de la luna trasera en el corazón de la bestia… que estalla en una nube de polvo.

James Roth (ND): Vale, tío. ¡Me acabas de joder la tapice...!
Profesor Vanister (NE): ¡Señor Roth! ¡Cuid…!

El aviso llega un segundo demasiado tarde: los faros del deportivo iluminan al segundo de los motoristas vampiro. Sus dos escopetas recortadas escupen sendas salvas que revientan la luna delantera del deportivo. Los proyectiles, junto a una lluvia de cristales, impactan contra James y el profesor.

Antes de perder el conocimiento, James solo alcanza a pensar una cosa.
“Estamos muertos. Otra vez.”

Apartamento de Gavin Park.
Zona del Downtown, Los Ángeles.
Ahora.

Gavin Park (ND): Ah. Veo que ya estás despierto.

Gavin cruza el umbral de la puerta corredera, enfundado en un elegante kimono y haciendo malabares con una pequeña bandeja de té. La estancia es amplia, con suelo de parquet y paredes blancas, desnudas. El único mobiliario son los dos colchones en los que reposan James y el profesor respectivamente.

Gavin Park (ND): Parece que tus heridas se han curado bien… (abre las persianas del inmenso ventanal) Te vendrá bien un poco de té.

Junto al agradable sol del mediodía, el bullicio del centro de Los Ángeles llega a oídos de James. Sus ojos se posan en el profesor Vanister.

James Roth (ND): ¿Dónde…?
Gavin Park (ND): Es mi apartamento. Y te aseguro que es el sitio más seguro en el que Vanister y tú podéis estar ahora mismo.
James Roth (ND): ¿Y Whitehouse?
Gavin Park (ND): Escapó. Ya le presenté mi informe a Kauffmann… Un informe en el que no he mencionado la extraña alianza que tuvo lugar entre Vanister y Whitehouse.
James Roth (ND): Imagino que tampoco habrás mencionado tu participación en la fuga de Whitehouse…
Gavin Park (ND): Yo de ti no le daría más vueltas, me relajaría y disfrutaría del té.

James mira al profesor: sigue inconsciente, con un gotero conectado a su antebrazo. Esa imagen le hace recordar algo importante.

James Roth (ND): Tarde o temprano, vamos a tener que volver a Wolfram y Hart. El profesor necesitará su tratamiento. Y cuando lo hagamos…
Gavin Park (ND): Cuando lo hagáis lo haréis como mis subordinados.

Aquello consigue algo que muy pocas veces sucede en la vida de James Roth: aquello lo deja sin habla.

Gavin Park (ND): Si, Roth, muchacho. Ahora yo soy el jefe de equipo. La señora Kauffmann acaba de ascenderme… (sonríe) ¿no te lo había dicho?
James Roth (ND): Ya… claro.
Gavin Park (ND): Mira, Roth… (se acerca a él) Los dos sabemos que en Wolfram y Hart hay muchos intereses enfrentados. Y estoy seguro de que los dos tenemos nuestros propios intereses.
James Roth (ND): ¿A dónde quieres llegar, Park?
Gavin Park (ND): A una alianza, Roth, muchacho. Tu y yo, sin mentiras. (le tiende la mano) ¿Qué me dices?

James mira su mano. Y luego le mira a él. Gavin Park. Relaciones diplomáticas. Liante profesional. Y su única baza en una partida en la que han dado cartas marcadas.
Como si tuviera más opciones...

James Roth (NE): Sin mentiras… (estrechando su mano) Como agentes de Wolfram y Hart.

CONTINUARÁ…

Sesión 04-04-09 (P.O.V. - MARCUS VANISTER)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!


CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Sarah Kauffmann (ND): Tu amigo Leonard va a morir, Danny… Así aprenderás que no se juega con Wolfram & Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
James Roth (ND): Éste no es solo su primer día en Wolfram & Hart... (se calza las gafas de sol y sonríe) Bienvenido al primer día del resto de su vida...

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x03.-
WILLIAM WHITEHOUSE contra WOLFRAM & HART
(Parte 1 de 4)

P.O.V.- MARCUS VANISTER

Concierto número 666 de los “Satan´s Hammer”
Algún punto del desierto de Arizona.
3 de Abril de 1984. Universo Neverdale.

En el escenario, los teloneros hacen lo que pueden. El público, cerca de dos mil jóvenes completamente entregados, se deja llevar por la furia de unas letras arrolladoras y el ensordecedor rugido de las guitarras. Y sin embargo, no es ni la milésima parte de adrenalina que van a soltar con el plato fuerte. Con los “Satan´s Hammer”. Desde que aparecieron con su primer single hace dos años (“Razor´s Cake”), el número de discos vendidos y premios ganados sólo rivaliza con el aumento de suicidios juveniles entre sus entregadísimos fans. Los rumores sobre prácticas satanistas y demás entre los miembros de la banda no han tardado en llegar a los medios de comunicación. Sobre todo tras la falsa noticia de la muerte del líder de la banda, el carismático Hans Hammer. Dicen que ha hecho un pacto con el diablo para cantar como lo hace. La mayor parte de la gente cree que es solo una maniobra de marketing.

Marcus Vanister, aferrado con ambas manos a los andamios superiores del escenario, sabe que no lo es. Sabe que es cierto: que Hans Hammer hizo un pacto con un agente de Wolfram & Hart, Goodwin Steele. Gracias a ello, Hans tiene ahora un poder hipnótico, haciéndole capaz de controlar a las masas solo con su voz.

Mientras se vuelve a poner en pié, el profesor Vanister puede ver como James Roth forcejea con Hans Hammer. Éste clava un puñal en el hombro del joven ejecutivo, entre risas desquiciadas. Parece una herida fea… pero no es nada comparado al destino que ha corrido el señor Dalton.

El cuerpo de Daniel se balancea sobre el escenario, pendiente de una cuerda que rodea su cuello. Todos creen que forma parte del espectáculo. Vanister intenta centrarse, intenta olvidar que hace apenas unos minutos, bajo el dominio hipnótico de Hammer, Daniel se arrojó desde lo alto del escenario con una soga al cuello y un dispositivo explosivo pegado con cinta aislante al pecho. Si la caída le ha roto el cuello, ya no hay nada que puedan hacer por él. Pero el explosivo…

No hay tiempo: el profesor Vanister mira a sus pies. En el suelo de esa pasarela aérea, a metros y metros sobre el escenario, reposa el elegante maletín de cuero de Wolfram & Hart. James Roth consigue evitar una nueva estocada de Hammer. Y lo hace lo bastante rápido como para apoderarse del maletín. Vanister no lo duda un segundo: con un movimiento rápido, apresa los brazos de Hammer, reteniéndolo justo a tiempo para que el señor Roth abra el maletín y…

Sala de Reuniones, número 12.
Sede de Wolfram & Hart. Los Ángeles.
En la actualidad. Universo Neverdale.

Profesor Vanister (NE): … y eso es todo. Nos materializamos en la cámara de contención del sótano dos y…
Sarah Kauffmann (ND): Si, ya lo veo… (cierra la carpetilla que ha estado leyendo) Un informe muy completo, señor Vanister.
Profesor Vanister (NE): Gracias. Sin embargo no nos han dicho nada sobre el estado del señor Dalton…
Sarah Kauffmann (ND): El señor Dalton ha sufrido lesiones de gravedad en el cuello… sin mencionar que tendrá que ser sometido a una revisión psíquica: es posible que el señor Hammer instalase sugestiones hipnóticas en su subconsciente… así que hasta que no estemos totalmente seguros, el señor Dalton permanecerá bajo observación. Entre tanto, ustedes dos pueden tomarse el día libre.

La fría ejecutiva, vestida siempre con un elegante traje blanco, no necesita decir que la reunión ha terminado: el silencio que se crea en su despacho es suficientemente incómodo como para que Vanister comprenda que es hora de irse.

Durante la hora siguiente, Vanister apenas si presta atención a lo que acontece a su alrededor. Su cabeza no deja de pensar en los extraños efectos que el suero les está ocasionando. Al principio pensaba que solo le afectaba a él: de un tiempo a esta parte, Vanister era capaz de “sentir” presencias ajenas a la naturaleza humana. Sin embargo, ahora no cabía duda: aquella soga habría roto el cuello de cualquier persona normal… pero no rompió el de Daniel.

James Roth (ND): ¿Qué coño pasa aquí?

Hasta aquel momento, Vanister había estado tan enfrascado en sus pensamientos que apenas si había prestado atención a todo lo que le había estado diciendo el señor Roth. El joven trataba de ganarse su confianza pero Vanister no estaba dispuesto a ponérselo fácil. Si, le había sacado del infierno. Pero también había dejado allí a Leonard. Y, pese a las diferencias que siempre había habido entre el joven Powell y el profesor, era algo que no iba a perdonar con facilidad.

Allí, en la penumbra iluminada por fluorescentes del parking subterráneo de Wolfram y Hart, el profesor Vanister comparte la sorpresa del joven señor Roth: una veintena larga de obreros cargan unas pesadas cajas a bordo de un enorme camión de dieciocho ruedas, siempre bajo la supervisión de un individuo trajeado. Es oriental, de unos treinta y pocos años. Al sentirse observado por Roth y el profesor, se acerca a ellos.

Gavin Park (ND): Oigan… Esto no es una feria de exposiciones, ¿de acuerdo? Si pudieran dejarnos seguir con…
Doctor Casey (ND): Ah, señor Park…

Vanister reconoce la voz del científico jefe del departamento de I+D. No le sorprende verlo aparecer enfundado en su bata. Lo que le sorprende es ver que viene acompañado de un par de enfermeros… que llevan consigo a un sedado, maniatado y amordazado Billy Whitehouse.

Profesor Vanister (NE) (sorprendido): Señor Whitehouse..

Carretera Industrial nº9.
Zona Sur de Los Ángeles.
Una hora después.

Profesor Vanister (NE): Por última vez, señor Whitehouse… ¡Suba al coche!

El humo salía del radiador de su berlina negra y el motor gemía agonizante: el profesor Vanister sabía que, tras aquel golpe brutal, su vehículo no tardaría en morir. Desde luego, aquello no era nada comparado con el estado en el que había quedado el todoterreno negro del señor Gavin Park. Parecía imposible que aquel montón de chatarra humeante, recostado sobre un lateral y ennegrecido por la explosión hubiera parecido recién salido de fábrica hacía apenas una hora.

Claro que aquel joven que había salido arrastrándose de los restos del todoterreno, el mismo que ahora sostenía con fuerza un subfusil y encañonaba al señor Park, hace una hora apenas si parecía un pelele bajo el efecto de los tranquilizantes…

Una hora… ¡cuantas cosas habían pasado en apenas sesenta minutos! La mente del profesor Vanister regresó al momento en que volvió a ver al señor Whitehouse en el parking subterráneo de Wolfram y Hart. Su aspecto era lamentable: habían afeitado su cabeza, en la que aun se veían marcas y quemaduras provocadas posiblemente por electrodos (o algo peor) Su mirada, completamente ida, dejaba claro que o bien estaba sedado… o los métodos de extorsión psíquica de Wolfram y Hart habían dejado una huella irrevocable en su cerebro. Posiblemente, una mezcla de ambas.

De alguna forma, el cargamento de aquel camión y el señor Whitehouse estaban relacionados. En aquel momento, el profesor evitó discutir con el señor Park y siguió la recomendación del señor Roth de marcharse de allí y “no meterse en asuntos que no eran de su incumbencia”. Sin embargo, en cuanto vio salir del aparcamiento al camión, seguido de cerca por el todoterreno del señor Park (quien parecía estar al mando de aquella operación), el profesor comenzó a seguirlos entre el tráfico.

Aquel seguimiento llevó al profesor hasta las afueras, atravesando el centro de Los Ángeles así como la zona de Heavenwood Boulevard. Fue allí donde el profesor comprobó que si él había estado siguiendo a Park y al camión, el señor Roth lo había estado siguiendo a él. Por algún extraño motivo, el profesor no sintió alivio al perder de vista a Roth, quien se quedó atrás por culpa de un oportuno semáforo en rojo. Lo cierto es que echó de menos tener a alguien que le cubriese las espaldas… sobre todo cuando tuvo lugar el atentado.

El atentado… En aquel momento, el profesor se sorprendió con la naturalidad con la que asumía conceptos como ese.

Había ocurrido hace diez minutos y ya parecía algo lejano en el tiempo. El convoy dirigido por Park había llegado hasta una zona de suburbios, en la parte sur de la ciudad. El camión cruzó un paso a nivel. Pero el todoterreno de Park tuvo que esperar un fatídico semáforo en rojo. Vanister esperó, una calle más atrás, a que se pusiera en verde. No quería pegarse demasiado a él. Quizá fue esa precaución la que le salvó la vida.

Con el resonar de su escape libre, una moto todoterreno pasó a toda velocidad junto a la berlina de Vanister. El motorista, enfundado de arriba a bajo en cuero negro y con un casco de idéntico color, saltó de su montura, dejando que la moto se deslizara por el suelo hasta llegar junto al todoterreno de Park. Entonces, el motorista pulsó el botón de un mando a distancia.

Y la motocicleta voló por los aires, haciendo que los cristales del todoterreno volasen en mil pedazos y haciéndole dar un par de vueltas de campana por la onda expansiva.

El profesor Vanister apretó el acelerador. No quería atropellarle. Pero el motorista no le dio otra opción: se dio la vuelta y se giró empuñando un subfusil. Al mismo tiempo que apretaba el gatillo y los proyectiles comenzaron a destrozar la luna delantera de su berlina, el morro de su coche golpeó con fuerza al motorista, haciéndolo volar por los aires.

Su cuerpo, completamente destrozado por el tremendo golpe, aterrizó a unos centímetros del todoterreno siniestrado. Mientras comprobaba que sus heridas no eran más que rasguños y una herida leve en el hombro, Vanister vio como, de entre los restos del todoterreno, salía un malherido y aturdido William Whitehouse.

Con un movimiento rápido del volante, colocó su berlina a pocos metros del siniestro.

Profesor Vanister (NE): ¡Señor Whitehouse!

Por puro instinto, con la mirada confusa, el pulso inseguro y varios hilos de sangre manando de sus cortes y heridas; William Whitehouse encañonó por un instante al profesor.

Profesor Vanister (NE): ¡No dispare! (alza las manos, en señal de indefensión) Soy el profesor Vanister… ¿me recuerda?
William Whitehouse (ND): ¿Va… Vanister? ¿Qué demonios…?
Gavin Park (ND): Eh… Perdonen…

Whitehouse se dio la vuelta: pese al efecto de los sedantes, el joven soldado parecía ser víctima de una fuerte subida de adrenalina pues encañonó con firmeza al titubeante señor Park, cuyo traje de chaqueta mostraba signos evidentes de haberse llevado la peor parte de la detonación.

Gavin Park (ND): Eh, eh, eh… Chico, ¿por qué me apuntas?
William Whitehouse (ND): ¿Qué…? ¡Porque ha secuestrado a un agente de La Iniciativa! ¡Por eso!
Gavin Park (ND): Te equivocas, Billy, muchacho… (da un par de pasos hacia delante) No te he secuestrado… De hecho, soy quien estaba intentando… salvarte.
William Whitehouse (ND): No de un paso más…
Profesor Vanister (ND): ¡Señor Whitehouse! ¡Suba al coche! No podemos quedarnos aquí…

Es entonces cuando el profesor capta la atención del señor Park. Y éste abre un poco más sus ojos rasgados, a modo de sorpresa…

Gavin Park (ND): Espere un segundo… usted… Es uno de los ejecutivos del parking…
William Whitehouse (ND): ¿Qué…? (mira al profesor Vanister) ¿Qué está diciendo, profesor?
Gavin Park (ND): Billy, muchacho, tu colega el profesor… también trabaja para Wolfram y Hart.
Profesor Vanister (NE): Usted cállese, señor Park. Señor Whitehouse, por favor…
William Whitehouse (ND): No, él... él tiene razón, profesor. Lleva usted uno de esos trajes… Trabaja para ellos.
Profesor Vanister (NE): Puedo explicárselo, señor Whitehouse. Pero ahora debe subir al coche… ¡antes de que lleguen refuerzos!
Gavin Park (ND): Si, sería mejor que nos largáramos cuanto antes…
William Whitehouse (ND): ¡Usted se queda aquí!
Gavin Park (ND): Si así es como lo quieres, Billy, muchacho... Pero entonces no sabrás quien ha intentado salvarte ni quien ha vendido tu pellejo. Y usted, profesor… no sabrá lo que había dentro de ese camión.
Profesor Vanister (NE): ¿Cómo está tan seguro de que eso pueda interesarme, señor Park?
Gavin Park (ND): Porque lo que llevan dentro de ese camión es suyo, profesor.

Un escalofrío recorre la columna vertebral del profesor Vanister pues sólo hay algo en esta dimensión que pueda ser suyo.
Algo que ni siquiera es de este mundo.

Profesor Vanister (NE): Oh.Dios.Mío… Margaret.
CONTINUARÁ...

martes, 3 de febrero de 2009

Diario de Leonard Powell (Sesión 31-01-09) - ÚLTIMA ANOTACIÓN

Si estas leyendo esto es porque entonces a estas horas ya estaré muerto.

La verdad es que no se me da bien escribir. Y menos aun este tipo de cosas. Pero supongo que eso es algo que ya sabes. Intentaré ser lo más claro y preciso posible. No quisiera saturar tu pequeña capacidad cerebral con palabras que no entenderías.

Bien, Danny... No se como he muerto, ni quien ha sido la persona que ha puesto fin a mi vida… pero seguro que sin duda es un autentico bastardo sin escrúpulos. Pero no es para insultar a mi ejecutor por lo que escribo esto, sino para hacerte entender algo que no sé si sabias. Y es que has sido el único amigo que he tenido en mi vida.

Podría darte varios consejos ahora que no estoy como por ejemplo que no te metas en líos, porque ya no estaré yo para sacarte de ellos. O que trates de ser un poco más diplomático, si es que sabes lo que significa esa palabra. No, no significa liarse a puñetazos con alguien hasta que opine lo mismo que tú.

Tengo que contarte un secreto.

Como ya sabes, todos guardamos toneladas de mierda y algunos como yo, se niegan a reconocerlo… ¿Recuerdas a Rachel? ¿Rachel Wayne, la hermana mojigata de Sam? Unas semanas antes de que ocurriera todo lo que nos ha pasado, tuvimos un lío. La cosa se complicó y…

Bueno, digamos que he tratado a cubos de basura mejor que a Rachel.

Te preguntaras porqué te cuento esto. Pues porque tengo que pedirte un último favor. Tienes que volver a casa. Coge mi mejor moto, desde ahora es tuya. Pero antes quiero que hables con Rachel y quiero que le digas que lo siento.

También puedo asegurarte que mi padre tuvo algo que ver con el desastre de las minas. Cuando llegues a casa, investiga todo lo que puedas. Seguro que puedes sacar la verdad adelante. Tu padre no merece estar en la cárcel. El mío, en cambio, es lo mínimo que se ha ganado.

Ah, por cierto. Nunca te lo he dicho pero… ¿tanto te costaba llamarme por mi nombre, capullo? Bueno, supongo que ya es tarde para que me llames de ninguna manera.

Hay una canción de un grupo. Kansas, creo que son. "Carry on My Wayward Son". ¿Qué? ¿Te sorprende que me sepa alguna canción que no sea de los Chemical Brothers, Apollo 440 o Daft Punk? Bueno, mi madre solía ponerla cuando aun vivía. Y teniendo en cuenta que eres un hortera anticuado pensé que sería la clase de canción que te gustaría…

Carry on my wayward son
For there'll be peace when you are done
Lay your weary head to rest
Now don't you cry no more

Once I rose above the noise and confusion
Just to get a glimpse beyond the illusion
I was soaring ever higher, but I flew too high
Though my eyes could see I still was a blind man
Though my mind could think I still was a madman
I hear the voices when I'm dreamin'
I can hear them say

Carry on my wayward son
For there'll be peace when you are done
Lay your weary head to rest
Now don't you cry no more

Masquerading as a man with a reason
My charade is the event of the season
And if I claim to be a wise man,
it surely means that I don't know
On a stormy sea of moving emotion
Tossed about, I'm like a ship on the ocean
I set a course for winds of fortune,
but I hear the voices say

Carry on, you will always remember
Carry on, nothing equals the splendor
Now your life's no longer empty
Surely heaven waits for you

Carry on my wayward son
For there'll be peace when you are done
Lay your weary head to rest
Now don't you cry don't you cry no more
no more

Vuelve a casa…Y recuerda: nosotros elegimos qué hacer con nuestras vidas.

No te dejes matar capullo.
O te perseguiré por todo el infierno.

martes, 13 de enero de 2009

P.O.V. - LEONARD POWELL y MARCUS VANISTER (Sesión 10-01-09)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

ATRAPADOS EN UNA ODISEA DIMENSIONAL…
Danny Dalton: Vale. Ahora el Libro es un libro y las Sombras... Se han ido.
Profesor Vanister (NE) ¿Y si han ido a otros Springfield?
Leonard Powell: ¿Y si han ido…? (mira Danny) ¿Y si han ido al nuestro?

UN VIAJE A TRAVÉS DE REALIDADES ALTERNATIVAS...
Riley Finn (ND): Estáis cometiendo un error… Trabajo para el gobierno de los Estados Unidos.
Leonard Powell: Si, claro. Y ahora me dirás que trabajas para una unidad militar especial que tiene un complejo subterráneo oculto bajo este pueblo de mierda.
Riley Finn (ND): ¿Cómo…? (sorprendido) ¿Conoces "La Iniciativa"?

TODOS BUSCAN EL CAMINO DE VUELTA A CASA...
Profesor Vanister (NE): Ahora buscamos a Goodwin Steele, un abogado de Wolfram & Hart.
Leonard Powell: Bueno, más bien son "abogados del Diablo"… en el sentido más literal de la expresión. Y buscar al tal Steele era nuestra misión… al menos hasta que un cabrón secuestró a nuestros colegas… Danny Dalton y Ben Braddock.

PERO NO TODOS VIVIRÁN PARA ENCONTRARLO.

Episodio 2x14.- NEVERDALE (Parte 3)

Habitación 205, Motel Gates. Sunnydale.
Ahora.

Leonard Powell: ¡Riley! ¡AL SUELO!

Apenas un segundo antes, antes de que las ráfagas de fuero automático comenzaran a hacer trizas aquella habitación de motel; Leonard y el profesor Vanister escuchaban atentamente las especificaciones que el agente Riley Finn de "La Iniciativa" les daba sobre la mansión de Devon Powell. Se encontraba mencionando algo sobre las cámaras y los sensores de movimiento que había a lo largo de toda la finca cuando, de repente, dos puntos rojos aparecieron en el pecho de Riley.

Y entonces comenzó el infierno.

Las balas llovían sobre ellos mientras Riley trataba de contactar con sus agentes de apoyo que, supuestamente, vigilaban esa especie de piso franco al que los había llevado.

Riley Finn (ND) (por su comunicador): ¿¡Patrick!? ¿¡Wilson!? Maldición... (mira a Leonard y el profesor) Esto solo puede ser cosa del Comandante Kyle...

Antes de poder acabar la frase, una granada rompe lo poco que queda de la destrozada ventana de la habitación. Del cilindro metálico comienza a salir un gas amarillento...

Riley Finn (ND) (empuñando su arma): ¡Póngase a salvo! ¡Yo les cubro!

Esa aureola de patriotismo barato y heroismo gratuito le recuerdan a Leonard al bueno de Ben Braddock. No piensa desaprovecharlo y, junto con el profesor, se disponen a salir. Es en ese momento cuando Leonard se percata de que el suelo esta manchado de sangre. Se mira el cuerpo: si no es suya, solo puede...

Leonard Powell (ayudando al profesor): ¿Profesor...?
Profesor Marcus Vanister (NE): Es solo... un rasguño... (aferrándose la herida en el hombro) Hay que... salir de aquí, señor Powell...

Cubiertos por el fuego de cobertura de Riley y su pistola, Leonard y el profesor corren por el pasillo exterior del motel Gates. Bajan las escaleras hasta llegar a la planta baja. Es entonces cuando ven entrar súbitamente una berlina gris en el aparcamiento del motel: un coche muy parecido al que Wolfram & Hart les dio. Y de él bajan dos tipos trajeados (y armados) a los que solo les falta un cartel para saber que trabajan para el infame bufete.

Antes de que puedan responder al fuego automático del mismo tipo encapuchado que dejó la habitación convertida en queso gruyere, un segundo encapuchado sale de detrás del camión en el que aguardaban los hombres del agente Finn. Empuña un M16 con lanzagranadas... y un proyectil explosivo autopropulsado cruza la zona de aparcamiento para acabar volando por los aires el coche de la recién llegada caballería de W&H.

Leonard Powell (mirando al encapuchado del subfusil): ¡Joder! ¡Riley ha caído! ¡Me encargaré de ese tipo! ¡Cúbrame profesor!

Mientras los disparos del profesor Vanister distraen al encapuchado del M16, Leonard se desliza entre los coches hasta situarse a pocos metros por debajo de donde está el encapuchado del subfusil. Un disparo certero y una bala entra por su pecho, dejándolo muerto. Leonard está a punto de hacer un comentario ingenioso al respecto, cuando escucha el fuego automático del M16.

En el suelo, tras los restos llameantes de la berlina, está el cuerpo del profesor. Leonard se da la vuelta y mira al encapuchado del fusil de asalto. No le da tiempo ni siquiera a que le encañone: Leonard camina con paso firme hacia él, disparando su pistola...

Leonard Powell: Hijo de puta...

Un proyectil convierte la cabeza del encapuchado en papilla. Leonard corre hasta el cuerpo del profesor: tres orificios en su pecho dejan claro que la vida se le escapa por momentos. Las manos de Leonard se empapan de sangre...

Leonard Powell (tratando de contener las hemorragias): No. Usted no, ¿me oye? Esto no va a pasar otra vez...
Profesor Vanister (NE): Señor Powell... Llévelos de vuelta... Llévelos... a casa...

Y por un segundo, Leonard casi siente lágrimas en sus ojos. Porque por un segundo, está seguro de que el corazón del profesor se detiene en ese preciso instante.

Leonard Powell: ¿Profesor?... ¡¡Profesor!!
Riley Finn (ND): Déjeme a mi...

La voz a su espalda hace que Leonard se de la vuelta. Riley camina torpemente, manteniendo su mano izquierda contra el costado, del cual salen hilillos de sangre. Las sirenas de policía comienzan a escucharse a lo lejos.

Riley Finn (ND) (ayudando como puede a Leonard a llevar el cuerpo del profesor hasta la furgoneta): Póngase al volante... Yo intentaré hacer algo por su amigo...
Leonard Powell: Pero... ¿el qué?
Riley Finn (ND) (sacando del botiquín de la furgoneta una jeringa de adrenalina) Lo que sea necesario...

Leonard Powell da la vuelta a esa furgoneta de reparto mientras en su interior, rodeado de aparatos de escucha y seguimiento electrónico, el profesor Vanister siente como su cuerpo regresa de entre la estrecha frontera entre la vida y la muerte.

La furgoneta sale del motel Gates a toda velocidad, con un par de coches patrulla siguiéndola muy de cerca. Por suerte, Sunnydale se parece lo bastante a su Springfield natal como para que Leonard pueda desenvolverse con relativa facilidad.

Leonard Powell (hablándole a los policías): ¿Queréis jugar? Pues no os lo pondré fácil...

Con un volantazo, Leonard abandona la carretera industrial y se adentra en uno de los muchos barrios residenciales que pueblan los suburbios de Sunnydale. Hace apenas diez minutos que la noche ha caído sobre la ciudad y, por suerte, no ni tráfico en la calle ni gente paseando.

O al menos eso cree Leonard.
Enfilando una de las calles residenciales, una chica con el volumen de su I-Pod demasiado alto no escucha el rechinar de frenos de la furgoneta. Ni Leonard es lo bastante rápido como para evitar llevarse por delante el enorme dálmata que la adolescente llevaba de la correa...

Con el cristal frontal hecho añicos y cubierto por los restos de la desafortunada mascota, Leonard siente como la furgoneta se adentra a ciegas en los jardines de al menos tres o cuatro casas. Mientras, los dos coches patrulla le siguen muy de cerca...

Las cosas mejoran cuando, al salir de un cruce, Leonard esquiva por los pelos el último autobús de línea que pasa por esa zona residencial. El primero de los coches patrulla también lo consigue. El segundo, no.

Agente McNamara (ND): Joder, ese cabrón ha hecho estrellarse a Donovan y Martin... (por la megafonía del coche patrulla) ¡Atención, vehículo en persecución! ¡Detén...

Y Leonard se adelanta a sus ordenes. Pega un frenazo tan súbito que consigue su objetivio: su perseguidor empotra el morro de su coche contra el trasero de la furgoneta de reparto. Leonard sabe que ha perdido al menos el cincuenta por ciento de la velocidad de su vehículo. Pero viendo el humo salir del capó del coche patrulla también sabe que sus perseguidores necesitarán un vehículo nuevo...

Agente McNamara (ND) (saliendo del coche y viendo los destrozos): ¡¡Joder!! (ve alejarse la furgoneta) ¿Quién cojones es ese tío?

Antiguo Matadero Grant.
Aproximadamente una hora después...


El lugar está completamente desierto.
La única construcción, una enorme nave industrial, sirve ahora de improvisado garaje para la furgoneta. Dentro de la misma, Riley termina de hacer milagros con el botiquín, intentando mantener con vida al pobre profesor Vanister. Leonard apura el último cigarrillo que consiguió robarle a Danny antes de que éste y Ben fuesen secuestrados. Mientras expulsa el humo por la nariz, Leonard recuerda que no pueden quedarse aquí mucho tiempo. El reloj sigue contando y sus... (sus amigos)... sus compañeros de viaje sin ahí afuera.
En manos de su padre.
Una vez más, su jodido padre.

Profesor Vanister (NE): ¿Señor Powell?

Su voz es la de un cadáver. Su forma de andar, también. La chaqueta de Wolfram y Hart cubre su figura y deja ver el bendaje con el que Riley ha parcheado sus agujeros. Por un momento, Leonard casi siente el impulso de abrazarlo. Pero parece tan debil que quizá un abrazo acabe por rematarlo.

Leonard Powell: ¿Profesor? ¿Y Riley...?
Profesor Vanister (NE): Inconsciente me temo... Hubiera intentado hacer algo más por sus heridas pero creo que he consumido los escasos recursos del botiquín...
Leonard Powell: ¿Y ahora? La emboscada del motel parece cosa de esa "Iniciativa" para la que trabaja Riley...
Profesor Vanister (NE): Lo que significaría que el señor Kyle y su padre están buscándonos...
Leonard Powell: Por no hablar de la policía de Sunnydale...
Profesor Vanister (NE): No podemos quedarnos aquí mucho tiempo ocultos, señor Powell. El tiempo corre en contra de nuestros amigos... quedan apenas ocho horas para que el suero pierda su efecto...
Leonard Powell: Tal y como lo veo yo, profesor, tenemos dos opciones: o le echamos huevos y asaltamos por nuestra cuenta la mansión de mi padre. O buscamos un aliado...
Profesor Vanister (NE): Creo recordar que el señor Finn mencionó al padre del señor Dalton como uno de los civiles al tanto de "La Iniciativa". Quizá...

El razonamiento se ve interrumpido por las estridentes notas musicales de "Ace of Spades" de Motorhead. Leonard y el profesor, escondidos junto a las puertas de la nave industrial del matadero, ven como un Cadillac descapotable irrumpe en los alrededores del matadero. Su chapa cromada negra resalta con el dibujo de unas llamas incandescentes. De sus cinco ocupantes, solo uno parece no estar disfrutando de alguna clase de juerga nocturna. Bajo la música, el motor del coche y las risas y carcajadas de esos cerdos, Leonard reconoce los gritos de una chica.

Nora Thompson (ND): ¡Soltadme, bastardos!
Profesor Vanister (NE): Hay que hacer algo, señor Powell… Esos brutos van a…
Leonard Powell (susurrando): No ha visto nunca Buffy en la tele, ¿verdad? Profesor, si esto es Sunnydale esos no son simples brutos… Son vampiros.

Como para constatar la teoría de Leonard al respecto, el que parece el cabecilla de los vampiros, un tipo enfundado en una chupa de cuero y con larga melena negra, da un poderoso brinco y se coloca justo ante Nora, cerrándole el paso. Ésta trata de usar su spray anti-violadores con él. Lo único que consigue es enfadar al vampiro… y hacer que "ponga su cara demoniaca".

Leonard Powell: Odio tener razón… (comprueba su pistola) Cúbrame, profesor.

El profesor Vanister asiente, entra en el almacén y busca la caja de fusibles. Sabe que las luces de ese lugar llevan al menos años sin funcionar. Para lo que él quiere, le da lo mismo. Activa todos los conmutadores consiguiendo un cortocircuito. Por un instante, las luces exteriores de la nave industrial se encienden, estallando en chispas y cegando a unos fotosensibles vampiros.
Y, al amparo de la oportuna distracción, Leonard sale al descubierto. Antes de que el vampiro pueda decir nada, Leonard se ha colocado a su lado y descarga un tiro contra la mandíbula. El vampiro cae al suelo.


Nora Thompson (ND): ¿Qué…? (reconoce a Leonard) ¿¡Tú!?
Leonard Powell: Nora, adentro (sigue encañonando al vampiro) ¡Deprisa!

Mientras Nora corre a esconderse dentro del matadero, perseguida por dos de los vampiros amigos del primero; Leonard ve como el vampiro de la melena se incorpora luciendo una mirada de odio mezclado con incredulidad. Lo poco que queda de su mandíbula es apenas un pedazo de carne que pende apenas de un par de tendones…

Vampiro Melenudo (ND): ¡¿Anf anffann?!
Leonard Powell (alzando la pistola, mientras retrocede): Lo siento… (dispara dos veces más) No hablo vampiro.

Las balas solo frenan de forma temporal al vampiro que, inexorablemente lo va acorralando hasta el interior de la nave industrial.

Mientras, dentro del viejo Matadero Grant…

Nora Thompson (ND): ¿Pro… Profesor Giles?
Profesor Vanister (NE): Eh… (escucha los gruñidos y risas de los dos vampiros que van tras Nora) No hay tiempo de explicaciones, señorita… (la toma de la mano) Venga conmigo.

Los dos se adentran en las derruidas y oscuras estancias del matadero, encontrando un acceso que lleva al sótano del mismo. Con dos vampiros pisándoles los talones, Nora y el profesor acaban en una de las estancias del subterráneo del matadero. Un lugar que el profesor reconoce como el enorme coso donde, en Witchifield, fueron "juzgados" por el triunvirato de los Capuchas Rojas.

Profesor Vanister (NE): Fascinante…
Nora Thompson (ND): ¿Cómo…? Oiga, profesor, no es…

En ese momento, las puertas de la estancia son destrozadas de golpe por el primero de los dos vampiros que les perseguía. A simple vista parece un veinteañero negro, vestido con cazadora vaquera y luciendo un absurdo sombrero tejano. Sus colmillos y su rugido inhumano hielan la sangre del profesor… pero no sus neuronas.

Profesor Vanister (NE): No quieres hacerlo… (agarra un pedazo de madera de los muchos escombros que pueblan el suelo del lugar) Sabes quien soy, ¿verdad?
Vampiro Tejano (ND): Rupert Giles… Has matado a muchos de los nuestros…
Profesor Vanister (NE): Has caído en la trampa… (mira por encima de su espalda, como si Nora fuese Buffy) ¡Ahora, Buffy!
Vampiro Tejano (ND): ¿La… (glups)… Cazadora?

Si los vampiros pudiesen hacer ciertas funciones biológicas, éste habría manchado los pantalones. Pero al darse la vuelta, lo único que ve es a Nora. Vanister no desaprovecha la ocasión y clava la improvisada estaca a la altura del corazón del vampiro. Estalla en una nube de polvo que cubre tanto a Vanister como a Nora.

Nora Thompson (ND): Así que todas esas historias que me han contado sobre este pueblo… Joooder. Ahora hay un montón de cosas que… ¡Cuidado!

El profesor Vanister apenas si puede hacer un torpe intento por clavar la estaca en el vampiro que acaba de irrumpir en la estancia. Ha visto como desintegraba a su colega y no está contento. Derriba a Vanister y le arrebata la estaca con la facilidad de quien le quita el sonajero a un bebé.

Por un segundo, los colmillos del segundo vampiro casi rozan el cuello del profesor. Y es entonces cuando el palo de una vieja escoba atraviesa el pecho del chupa-sangres… ¡haciéndolo estallar y cubriendo de cenizas al pobre Vanister!

Profesor Vanister (NE): Coff, coff… Gracias, Nora…
Nora Thompson (ND): No hay de qué, Giles… solo le pediría una cosa… (le ayuda a incorporarse) No vuelva a llamarme Buffy, ¿de acuerdo?

Mientras tanto, en el piso de arriba…

Leonard Powell (sigue disparando): Tío, ¡cómo odio los vampiros!

Las balas atraviesan el cuerpo del vampiro de la melena sin que éste haga otra cosa más que frenar levemente el paso. Leonard lanza una mirada fugaz a la furgoneta, dentro de la nave industrial. Intenta llegar hasta ella. Quizá Riley haya despertado y…

Pero antes de poder comprobarlo, el vampiro da otro de sus impresionantes brincos, interponiéndose en el camino de Leonard. De un fuerte manotazo, le arrebata la pistola, tirándola al suelo.

Leonard Powell: Joder…

Y es entonces cuando el virote de flecha se clava en el pecho del vampiro. Éste, por un segundo, mira incrédulo la punta de madera afilada que sobresale empapada en sangre. Intenta articular algo parecido a un "oh, mierda" pero sin mandíbula inferior. Un instante después, estalla convertido en una nube de polvo.

Leonard agudiza la mirada tratando de percibir la identidad de su oportuno salvador. Al amparo de la luz procedente de la propia furgoneta, Leonard distingue la silueta del profesor Vanister. Y sostiene entre las manos una ballesta.

Leonard Powell: ¿Profesor Vanister?
Rupert Giles (ND): Creo que me confunde, joven. Mi nombre es Rupert. Rupert Giles.

Antes de que Leonard pueda dejar de abrir la boca, paralizado por la sorpresa, otra voz se deja escuchar a la entrada de la nave industrial. Camina hasta donde están ellos dos, sin dejar de hacer divertidos malabares con una estaca de madera.

Buffy Summers (ND): Me estaba preguntando, Giles, ¿estaría mal que me quedase los pendientes de esa vampiresa que acabo de evaporar? Oh… (ve a Leonard) Bonito traje.
Leonard Powell: Bu… Bu… ¿Buffy?

CONTINUARÁ…

lunes, 12 de enero de 2009

P.O.V. - DANNY DALTON (Sesión 10-01-09)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!


ATRAPADOS EN UNA ODISEA DIMENSIONAL…
Danny Dalton: Vale. Ahora el Libro es un libro y las Sombras... Se han ido.
Profesor Vanister (NE) ¿Y si han ido a otros Springfield?
Leonard Powell: ¿Y si han ido…? (mira Danny) ¿Y si han ido al nuestro?

UN VIAJE A TRAVÉS DE REALIDADES ALTERNATIVAS...
Profesor Vanister (NE): Ahora buscamos a Goodwin Steele, un abogado de Wolfram & Hart.
Leonard Powell: Bueno, más bien son "abogados del Diablo"… en el sentido más literal de la expresión. Y buscar al tal Steele era nuestra misión… al menos hasta que un cabrón secuestró a nuestros colegas… Danny Dalton y Ben Braddock.

TODOS BUSCAN EL CAMINO DE VUELTA A CASA...
Profesor Vanister (NE): Algo me dice que tanto nuestros compañeros de viaje como el señor Steele se encuentran en manos del señor Powell.
Leonard Powell: Y apuesto lo que quiera, profe… a que sé donde los ha llevado.

PERO NO TODOS VIVIRÁN PARA ENCONTRARLO.

Episodio 2x14.- NEVERDALE (Parte 3)

Poco a poco, Danny Dalton va despertando…
Los últimos recuerdos aun flotan en su cabeza: habían salido de Los Ángeles, dejando atrás el edificio de Wolfram & Hart cuya cuarta planta, con su accidentada llegada a este universo paralelo, casi habían demolido.

Eso había sido bastante guay, pensó Danny.
Lo que ya no era tan guay era trabajar para una firma de abogados del Diablo (sobre todo cuando eso no es una jodida metáfora)
Y desde luego tampoco era nada guay lo de tener una especie de veneno verde regando sus venas. Según esos cabrones de Wolfram & Hart, era lo único que les impedía morir por eso a lo que el profe daba uno de esos nombres científicos tan raros. ¿Presión interdimensional? Bah. El nombre era lo de menos. Lo importante era que esa mierda los mantenía vivos. Aunque parecía que tanto en el bueno del Capi como en su caso, aquello tenía desagradables efectos secundarios.

Del tipo nauseas y vomiteras, para ser exactos.

Y ahí estaban el Capi y él: echando la pota en los servicios de una estación de servicio a medio camino de Sunnydale… cuando aparecieron aquellos dos tipos. El que atacó al Capi era el más corpulento pero el otro no se quedó atrás: de hecho, el muy cabrón usó una especie de táser con él. Antes de perder el conocimiento, Danny les escuchó hablar. Sin embargo, no pudo reconocer sus voces bajo los pasamontañas que cubrían sus rostros.

Voz: Identifíquese.

Danny parpadeó, intentando ubicar aquella voz y, de paso, ver algo a través de la deslumbrante luz que le cegaba. Estaba desnudo de torso para arriba, con todas aquellas cicatrices que este viajecito dimensional le estaba haciendo ganar. Sentado en una silla de metal clavada a un suelo de albero, Danny tenía las manos a la espalda, sujetas por unas presillas militares.

Voz: ¿Cuál es su nombre?
Danny Dalton: ¿Y quién coño quiere saberlo?

Fue entonces cuando una figura salió de la penumbra de aquella estancia, una habitación sumida en la penumbra y de la cual Danny solo podía resaltar el hedor que flotaba en el ambiente: a cerrado y a una especie de mezcla entre vino y vinagre… Danny reconoció a la figura: era uno de los dos tipos que les asaltaron a él y al Capi en la estación de servicio. El más corpulento. Seguía con el rostro cubierto por el pasamontañas pero se acomodó en los nudillos un puño americano.

Voz (al tipo corpulento): Adelante.
Danny Dalton (recibiendo el impacto en su vientre): Buff… ¿Es… tu mejor… golpe… capullo?

No lo había sido, tal y como demostraron los tres que siguieron al primero. El tercero resultó ser el más efectivo pues hizo a Danny escupir un diente. La figura se retiró y una segunda hizo acto de presencia. Vestía una especie de traje de camuflaje. Similar al que lucen los militares en las operaciones. Llevaba un pasamontañas. Por eso no había podido identificar la voz.
La figura se sentó ante Danny y se quitó el pasamontañas. Fue entonces, cuando volvió a ver la cara de Morgan Kyle cuando Danny supo que estaba en problemas.

Morgan Kyle (ND): Agente Dalton…
Danny Dalton: Joder, vale… Mire, se equivoca, ¿vale? No soy su jodido agente Dalton. No soy quien cree.
Morgan Kyle (ND): Agente Daniel Dalton. Operativo de "La Iniciativa".
Danny Dalton: ¿La qué? Oiga, se confunde de tipo, ¿de acuerdo? Mire… Sé como suena pero es la jodida verdad. Mi amigo…
Morgan Kyle (ND): El agente Benjamin Braddock…
Danny Dalton: Y dale con la mierda esa de "agente"… No. Ni el Capi ni yo somos sus jodidos agentes. Somos viajeros, ¿vale? De otra jodida dimensión si sabe a lo que me refiero…
Morgan Kyle (ND): ¿Otra dimensión…? (mirando unos informes médicos) Eso explicaría los residuos encontrados en su torrente sanguíneo…
Danny Dalton: No, eso… Eso es una basura que esos cerdos para los que nos obligan a trabajar, Wolfram y… Hart…
Morgan Kyle (ND): Así que Wolfram & Hart… (pensativo, se pone de pie) Está claro, agente Dalton que ha sido víctima de alguna clase de lavado de cerebro. Sin duda el procedimiento de escáner psíquico responderá a todas las preguntas que su cerebro se niega a darnos… Claro que es posible que sufra daños neuronales permanentes y pierda pequeñas capacidades como el habla o la continencia…

Morgan Kyle se encaminaba a la puerta, ignorando las voces de Danny asegurando que le estaba contando toda la verdad. Fue en ese momento cuando sonó el movil del militar. Tras escuchar atentamente, tan solo dijo tres palabras.

Morgan Kyle (ND): Inicien el ataque. (cuelga y mira a Danny) Sus amigos… Ya están muertos.

Y se marcha junto con el matón encapuchado, dejando sólo a Danny encerrado en aquella habitación en penumbra. Sus ojos se han acostumbrado a la poca luz y se hace a la idea de lo que puede ser ese lugar: paredes de azulejo, un viejo sistema de tubos y una bañera antigua y mohosa. Alguna clase de destilería o similar. En aquel momento, sin embargo, Danny estaba más preocupado de conseguir soltar sus presillas. Sentía que podía romperlas. Si tan solo pudiera hacer un poco más de presión…

Con un chasquido, las presillas se rompen. Aunque las muñecas le duelen horrores, Danny no puede evitar un escalofrío al percatarse de lo que ahora es ya obvio. Su fuerza y su resistencia son mucho mayores que antes de recibir el suero de Wolfram & Hart. Y conociéndolos, seguro que algo tan cojonudo encierra alguna "letra pequeña".

Por el momento, Danny prefiere centrarse en los aspectos positivos y opta por utilizar su fuerza para intentar derribar la puerta de la estancia. Una primera embestida hace que llueva serrín del techo y que la puerta se tambalee un poco. La segunda se ve interrumpida cuando alguien abre la puerta desde el otro lado. Es un tipo encapuchado, de mediana estatura y luciendo los mismos pantalones de camuflaje y camisetas de manga corta que los otros. Saca la pistola y le encañona. Por suerte, recibe una llamada por su walkie-talkie… lo que da a Danny la oportunidad para dejarlo fuera de combate.

Danny sabe que los colegas del encapuchado al que acaba de dejar inconsciente (y con la rodilla reventada por un disparo) no tardarán en venir en su búsqueda. Descubre que, en efecto, su improvisado calabozo era una vieja destilería, ubicada al fondo de una bodega subterránea. Apenas dos bombillas iluminan una estancia larga y rectangular, cuya penumbra ayuda a Danny a buscar un escondrijo… bajo las escaleras de madera que llevan a la doble puerta de salida. Es allí desde donde Danny ve aparecer a dos agentes más: también van encapuchados pero llevan entre manos sendas escopetas y, además, lucen trajes de chaqueta gris.

El primero de ellos jamás sabrá que le mató: su nuca explota en un estallido de sangre con el primer disparo de Danny. El segundo y el tercero chocan contra el quicio de la puerta de la pequeña destilería. Eso da una oportunidad al segundo de los encapuchados, que se parapeta en la misma estancia que sirvió de celda para Danny. Éste apunta su pistola al techo y abre fuego volando la primera de las dos bombillas que iluminan la estancia. Amparado en la oscuridad, Danny aguarda un descuido de su oponente… el cual no duda en imitar la estrategia de Danny disparando su escopeta contra la segunda de las bombillas. Con la estancia casi a oscuras, Danny sabe que está en una ratonera.

A toda prisa y haciendo varios disparos para cubrir se movimiento, Danny sube las escaleras y sale al exterior. Intenta cerrar la doble puerta del sótano, pero éstas vuelan por los aires al recibir un disparo de escopeta.

Danny Dalton: Tío, este sitio… Joder. Este sitio me suena…

Ante él, con el cielo púrpura de la noche ciñéndose sobre ambos, se alza una orgullosa mansión de piedra gris y muros cubiertos por enredaderas. Es la mansión Powell. La puñetera boca del lobo, piensa Danny. Y ante eso, lo mejor es salir de allí cuanto antes. Danny recuerda que había un jardín en la parte de atrás. Y más allá, un embarcadero. Si consiguiese llegar hasta él…

Mientras se desliza entre la oscuridad de los setos y estatuas del elegante jardín, Danny comprueba que esta mansión es una versión (descuidada y en peor estado) que la que pudo conocer en otros mundos paralelos. Sin embargo, apenas está a unos diez metros del embarcadero, las luces del jardín se encienden, dejándolo al descubierto y a merced de tres matones trajeados (esta vez sin pasamontañas) que vigilan el acceso al embarcadero. Dos de ellos caen bajo el fuego de la pistola de Danny. El tercero está demasiado ocupado tirándose al suelo y llamando por su walkie-talkie al resto de los guardias de la mansión.


Danny corre hasta la verja metálica que separa el embarcadero de la mansión, con la idea de trepar por ella y robar una de las lanchas allí disponibles. Saldrá de ahí, encontrará al pijo y al profesor y los tres harán lo que tantas veces han hecho antes: patear el culo de Devon Powell y…

El pensamiento acaba ahí: Danny apenas ha puesto sus dedos sobre la reja cuando siente en su espalda tres proyectiles adentrarse en su cuerpo, perforando carne y órganos. La boca se le llena de sangre súbitamente. Y el pulso de Danny se ralentiza por segundos. En menos de dos minutos, habrá muerto.

Voz 1: ¿Respira?
Voz 2: Si, joder. Pero traed de una puta vez el desfibrilador…
Voz 3: Tío, el viejo te va a joder vivo…
Voz 1: Apuntaba a las piernas, ¿vale?
Voz 2: ¡¿Queréis traer de una puta vez ese desfibrilador?!

La primera sacudida solo hace brincar el cuerpo inerte de Danny. La segunda es la que reinicia su corazón como si fuese el viejo motor de un Cadillac. Durante unos segundos, Danny incluso abre los ojos. Ve algunas caras flotar a su alrededor, mirando desde arriba. Las voces se confunden entre sí. Entonces, las caras que lo miran desde los cielos se apartan y dejan en su lugar una sola. La reconoce.

Morgan Kyle (ND): Llevénlo abajo.

Y sabiéndose jodido, Danny se permite el lujo de caer inconsciente.

Destilería, bajo la Mansión de Crawford Lane.
Una indeterminada fracción de tiempo después…

Danny aun siente el sabor a sangre en su boca cuando despierta. El olor a vinagre y a cerrado le llega incluso teniendo un saco cubriéndole la cabeza. Respira con dificultad y nada más que la idea de mover un músculo le produce punzadas de dolor en el pecho. Escucha voces más allá del saco que le cubre la cabeza. Unas manos le arrebatan el saco de la cabeza y es entonces cuando Danny descubre que vuelve a estar en su celda improvisada. Sin embargo, él está ahora sentado en una silla de ruedas, esposado de muñecas y tobillos.

En cambio, quien está sentado en la silla metálica, con presillas en sus muñecas no es otro que el Capi. Lo tienen retenido igual que lo tuvieron en su momento a él. Sin embargo hay algo distinto: una serie de cables penden de unas ventosas que le han colocado en las sienes a Ben. Éstos van conectados a una especie de ordenador montado en un carrito con ruedas. Parece una sofisticada versión del cacharro ese que usaban en aquel estúpido programa de televisión, "La Máquina de la Verdad".

Cuando Danny ve aparecer a Morgan Kyle en la estancia, comprende que esta maquina es bien distinta…

Ben Braddock (NE): ¿Us… usted? (lucha por liberarse de las presillas) Condenado hijo de perra…
Morgan Kyle (ND): Modere su vocabulario, agente Braddock. Ah… el agente Dalton ha vuelto a honrarnos con su presencia.
Ben Braddock (NE): ¿Danny? (a Morgan) Apártese de él, bastardo…
Danny Dalton: Tranquilo, Capi… (mira a Morgan) Deje a Braddock en paz. Yo responderé a sus preguntas…

Y Danny lo cuenta todo. Otra vez: su llegada a Los Ángeles desde otro mundo paralelo; el pacto con Wolfram & Hart… Por un instante, Danny piensa que esto empieza a parecer el cuento de nunca acabar. Y entonces, Morgan hace la pregunta del millón…

Morgan Kyle (ND): Así que Wolfram & Hart los envió aquí, a Sunnydale, para buscar a Goodwin Steele, ¿correcto?
Danny Dalton: Si…
Morgan Kyle (ND): Entonces, ¿qué sabe Wolfram y Hart de la Operación Shadowbook?
Danny Dalton: Espere, espere… ¿Libro de las Sombras?
Morgan Kyle (ND): ¿Dónde está el Libro? ¿Quién lo tiene?

En ese momento, entra un viejo conocido de Danny y Ben. No es otro que William Whitehouse. Luce camiseta de tirantes y pantalón de camuflaje. Ignorando las voces de Ben llamándole "viejo amigo", Whitehouse entrega una carpeta con los logotipos "TOP SECRET" a Morgan. Mientras Whitehouse abandona la estancia, Morgan permanece en silencio mirando el interior de la carpeta. Y luego…

Morgan Kyle (ND): ¿Reconoce esta foto? (le muestra una imagen tomada con teleobjetivo de Leonard saliendo a toda prisa de un motel)
Danny Dalton: Claro que si… Es Leonard Powell.

Como si aquellas dos palabras fuesen alguna contraseña, Morgan hace una llamada de teléfono fuera de la habitación. Por un instante, Danny piensa que ha metido la pata. Sin embargo, cuando pasan diez minutos, Morgan regresa. Ordena a uno de los soldados que los vigilan que le retiren las esposas y escoltan a Danny hasta un despacho en la planta baja de la mansión. Por supuesto, sus exigencias de que suelten también a Ben caen en saco roto.

Aunque su mobiliario es sorprendentemente similar al de los otros despachos que ha visto Danny, ésta versión del mismo está sumido en penumbras. Ante la única luz de la chimenea, Devon Powell bebe de una copa de cognac enfundado en un batín burdeos. Mientras, resuena en la estancia el Ave María de Schubert.

Danny Dalton: Vale… El que faltaba. Devon Powell… Oiga, ya le he dicho a lameculos asesino que el Libro de las Sombras lo tiene Wolfram y Hart. No sé lo que…
Devon Powell (ND): He escuchado todo lo que le ha contado, señor Dalton. Dígame… en ese mundo paralelo del que vienen… (lo mira) ¿mi hijo y usted son amigos?

Si el cariz humano de la pregunta pilla por sorpresa a Danny, es tan solo el principio de lo que serán los próximos minutos. Mientras Devon Powell le cuenta su historia, la mente de Danny intenta conciliar la imagen que tenía de Devon Powell y la del hombre al que está mirando en esos momentos.

Devon Powell (ND): La primera vez que murió mi hijo, tenía quince años. Era… Era el mejor chico que haya podido conocer. Noble. Generoso. Puro… Cuando aquel coche lo arrolló, perdí toda la fe en Dios. Y créame que era mucha. Cualquier otro hombre hubiese aceptado aquella broma cruel de Dios. Pero yo… Yo tenía acceso a conocimientos. Conocimientos prohibidos… Acceso a artes que me permitieron hacer un pacto.
Danny Dalton: Un momento, ¿está diciendo que hizo un pacto con el Di…?
Devon Powell (ND): Con uno de sus representantes. Firmé en un libro. Un libro que usted conoce bien…
Danny Dalton: El Libro de las Sombras…
Devon Powell (ND): En efecto. Por supuesto, aquello me costó mi cargo en el Consejo de Vigilante. Pero eso no me importaba: mi hijo estaba de vuelta… O al menos eso pensé al principio.
Danny Dalton: ¿Que pasó?
Devon Powell: Que no era mi hijo, señor Dalton. Físicamente, quizá lo fuera. Pero por dentro… Era egoísta, canalla. Bebía, se drogaba… Aquel no era Leonard. Y entonces, apenas un año después de volver… se mató en su coche.
Danny Dalton: ¿Se refiere a otro acciden…?
Devon Powell: He dicho que se mató, señor Dalton. Mi hijo se lanzó con su coche a doscientos kilómetros por hora desde un acantilado en Maine… (mira la chimenea) Comprendí entonces que tanto Dios como el Diablo me habían engañado. Y fue entonces cuando decidí que no iba a quedarme cruzado de brazos. Y, aprovechando mi posición en "La Iniciativa", comencé a preparar la operación Shadowbook.
Danny Dalton: Pues no le debió salir muy bien, amigo… El Libro estaba en otra dimensión. Y ese tipo, el tal Goodwin Steele…
Devon Powell: El señor Steele fue más rápido de lo que esperábamos y, antes de ser capturado, envió el Libro a un lugar donde no pudiéramos cogerlo.
Danny Dalton: Un momento… ¿me está diciendo que tiene en su poder al tal Goodwin Steele?
Devon Powell: Más que eso, señor Dalton. Lo que le estoy diciendo es que no sólo tengo aquello que Wolfram y Hart le han pedido que busque… Sino que además sé como destruir ese Libro.

CONTINUARÁ…