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jueves, 24 de septiembre de 2009

Sesión 19-09-09 - KAUFFMANN (Parte 4 de 4)


Leonard Powell: Lo siento, Danny.
- BANG -

SACRIFICÓ SU VIDA...
Marcus Vanister (NE): Pero… ¿por qué dice eso?
Leonard Powell (sonríe, macabro): Porque me volé la maldita cabeza, profe. Por eso.

PACTÓ CON EL DIABLO...
Holland Manners (ND): Si conozco bien a esa víbora infernal de Sarah Kauffmann, el destino que aguarda a sus amigos es la muerte… o algo peor. Haciéndose pasar por James Roth podrá averiguar mucho más sobre dichos planes… y ayudar a sus amigos a escapar de esta dimensión.

MINTIÓ A SUS AMIGOS...
Holland Manners (ND): Me temo, señor Powell, que no hay forma de restaurar su cuerpo original. Y créame, si sus amigos llegasen a descubrir quien es…
Leonard Powell: … jamás me dejarían aquí.
Holland Manners (ND): Y eso les costaría la vida. ¿Es lo que quiere para sus amigos?

PERO TODO... TIENE UN PRECIO.
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, creo que trabajan para alguien de dentro de Wolfram y Hart.

Episodio 3x15.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 4 de 4)

Departamento de I+D. Subsótano 3.
Sede de Wolfram y Hart, Los Ángeles.
Hace una semana.


Una voz a sus espaldas hace que Ben, Danny y el profesor se den la vuelta con un sobresalto mal disimulado…

Sarah Kauffmann (ND): El señor Roth aun no ha regresado de la operación. Por suerte el señor Knox ha recalibrado la cámara de salto…
Danny Dalton: Un momento, no querrá decir…

Sarah Kauffmann se permite un segundo para mirarlos de arriba abajo. Están agotados, malheridos… apenas si se mantienen en pie. Sí, sería una locura enviarlos así a una misión.

Sarah Kauffmann (ND): En efecto, señor Dalton… (mira su reloj) Salen ustedes en cinco minutos. (mira a su derecha) Señor Knox, acompáñeme.

Sus protestas y quejas se pierden en el repicar de sus zapatos sobre el suelo del impoluto suelo del laboratorio. Sarah Kauffmann y el joven señor Knox desaparecen tras la compuerta de acceso al Departamento de I+D. Treinta segundos después, un ascensor los lleva un nivel por debajo.

Sarah Kauffmann (ND): Dígame, señor Knox ¿cree que sospechan algo?
Knox (ND): No lo creo, señora. Tras el regreso del señor Roth hicimos una limpieza en profundidad. Por cierto… (le entrega un dossier) Estos son los resultados del escáner psíquico realizado al señor Roth. Creo que lo encontrará muy… revelador.

Apenas ha leído unas líneas cuando, con un gesto de sus dedos, Sarah hace que el ascensor se detenga. Las luces parpadean durante un segundo y los viejos engranajes se quejan. Knox traga saliva.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Esto es…?
Knox (ND): Lo hemos comprobado varias veces, señora. Es correcto.

Las puertas del ascensor se abren, dejando paso a un lóbrego y sucio pasillo. Tras las pesadas puertas de metal que se reparten a un lado y otro del mismo, se escuchan alaridos y murmullos de dolor, pidiendo piedad… o la muerte. Entremezclados, se pueden escuchar también otros sonidos, como chasquear de látigos, el siseo de la carne mordida por aceros al rojo o la cantinela mecánica de una prensa industrial…

Sarah no necesita mostrar identificación alguna ante los dos agentes que custodian el acceso a la celda 909. Tras su puerta, bajo un foco de luz, James Roth yace postrado en un incómodo y voluminoso trono metálico. Recuerda vagamente a una silla eléctrica, por el cableado que se adhiere a las sienes de Roth. Está desnudo de cintura para arriba, empapado en sudor y con visibles quemaduras en los lugares donde se colocaron electrodos.

James Roth (ND): ¿Qué…? ¿Qué es lo que quieren?
Sarah Kauffmann (ND): Veo que está despierto… Bien, muy bien.
James Roth (ND): ¿Kauffmann? ¿De qué va esto? ¿Dónde están Ben, Danny y el profesor?
Sarah Kauffmann (ND): No se preocupe por ellos. Están en una misión, buscándolo. Tiene usted muy buenos amigos…
...señor Powell.

El silencio se adueña de la estancia por un instante. Casi puede sentir el miedo adueñándose de él, recorriéndolo de arriba abajo. Sarah deja que el silencio flote en el aire… al menos un poco más.

James Roth (ND): ¿Qué está diciendo…? Yo no…
Sarah Kauffmann (ND): Vamos, señor Powell. No tiene por qué seguir con la farsa. Desde el principio intuí que el señor James Roth trabajaba para alguien más de esta firma. Pero cuando decidí tomar cartas en el asunto… (señala los monitores a los que están conectados los electrodos de Roth) Bueno, digamos que encontré en su cabeza mucho más de lo que esperaba.
James Roth (ND): Señora Kauffmann…
Sarah Kauffmann (ND): No, no, no… No se preocupe, señor Powell. No estoy enfadada. Es más… Creo que el mejor uso que se puede dar a un agente doble es convertirlo en agente triple.

Y chasquea los dedos. Uno de los solícitos agentes que custodia el acceso entrega un pequeño estuche de madera noble. Sarah lo abre con delicadeza y extrae un pequeño objeto cubierto por un pequeño paño de terciopelo rojo.

James Roth (ND): ¿Piensa torturarme?
Sarah Kauffmann (ND): Oh no, señor Powell. No… (dejando caer el paño, muestra un precioso y antiguo espejo de mano) Solamente voy a presentarle a un viejo conocido…

Sarah acerca el espejo a su cara. Leonard Powell lleva ya mucho tiempo en este cuerpo. No le sorprende por tanto ver una cara extraña al otro lado del espejo.
Lo que sí le sorprende es que su reflejo le mire con odio.
Y que hable.

Sarah Kauffmann (ND): Señor Powell… el señor Roth. Creo que ya se conocen.
James Roth (en el espejo): Hola, bastardo. Tienes algo que me pertenece.

Despacho de Sarah Kauffmann.
Planta 7 de la sede de Wolfram y Hart. Los Ángeles.
Hace tres horas y 45 minutos.

Dorisume (ND): El señor Dalton está esperando.

Sarah alza la mano como quien da indicaciones a un perro bien amaestrado, sin dejar de atender al teléfono. Dócil y temeroso, el anciano japonés baja la vista y desaparece de nuevo tras la puerta.

Sarah Kauffmann (ND): Ese condenado vampiro con alma ha estado a punto de echarlo todo a perder, Roth.
James Roth (ND) (por teléfono): Lo sé. Intenté quitármelo de encima pero desde que Park lo puso en nuestro camino, he hecho lo posible por seguir con el plan…
Sarah Kauffmann (ND): ¿Crees que el señor Craig o el señor Dalton sospechan algo?
James Roth (ND) (por teléfono): Negativo, señora. Creen que Holland Manners es quien anda tras todo esto. Y se han tragado eso de que el anillo servirá para destruirla.
Sarah Kauffmann (ND): Muy bien. Creo que entonces ha llegado la hora del siguiente paso…
James Roth (ND) (por teléfono): ¿Desea que suba?
Sarah Kauffmann (ND): No, señor Roth. Permanezca en I+D mientras tengo unas palabras con el señor Dalton.

Sarah cuelga y hace sonar una diminuta campanita de plata. Servicial y silencioso, el anciano Dorisume aparece por la puerta como un fantasma.

Sarah Kauffmann (ND): Té. Para dos.
Dorisume (ND): Hai, mi señora.

Danny Dalton permanece sentado en uno de los elegantes sofás de diseño que decoran el vestíbulo previo al impresionante despacho de Sarah: el chico tiene algunas magulladuras y leves quemaduras en su arrugadísima camisa de seda.

Danny Dalton (levantándose): Señora…
Sarah Kauffmann (ND): Señor Dalton, me alegro ver que han salido sanos y salvos. ¿Qué es lo que pasó?
Danny Dalton: Fue el tal Ángel, ese chupa-sangres… Nos cogió por sorpresa a Roth y a mí. Nos usó como cebo para atraerla bajo aquel cruce de autopistas. Entonces aparecieron esos tipos orientales…
Sarah Kauffmann (ND): El señor Ángel mencionó algo que, según sus palabras, “podría destruirme”. ¿Sabe a qué se refería?
Danny Dalton: No lo sé, señora Kauffmann.

Sarah mantiene un convincente gesto de preocupación. Por dentro, su negra alma de alquitrán esboza una sucia sonrisa: le encanta el hedor de la mentira. De la conspiración.

Danny Dalton: ¿Cree… que es cierto?
Sarah Kauffmann (ND): ¿El qué?
Danny Dalton: Esa historia sobre lo de que tenían algo que podía destruirla…
Sarah Kauffmann (ND): Por favor, señor Dalton… ¿se preocupa usted por mi seguridad?
Danny Dalton: Sólo digo que debería andarse con ojo de ser cierto…
Sarah Kauffmann (ND): Dígame, señor Dalton, ¿le parezco alguien a quien se le pueda meter el miedo en el cuerpo?

Un zumbido rompió un breve silencio: Sarah se llevó la mano al comunicador que pendía de su oído.

Sarah Kauffmann (ND): Kauffmann.
John Ortega (ND) (a través del pinganillo): Aquí Ortega. Los psíquicos confirman la presencia de un vampiro de clase 4 en las inmediaciones. No estamos seguros pero…
Sarah Kauffmann (ND): Yo sí. Es él. Inicien protocolo 29, señor Ortega.
John Ortega (ND) (a través del pinganillo): Muy bien.

Sarah se desprendió del molesto pinganillo dejándolo caer en uno de sus bolsillos. Acto seguido miró a Danny… y sonrió.

Sarah Kauffmann (ND): Muy bien. (se encamina hacia el ascensor) Vamos.
Danny Dalton: Un momento, ¿A dónde…?
Sarah Kauffmann (ND): ¿A dónde va ser? Al cruce de autopistas. El señor Ángel parece obstinado en tener una cita conmigo así que se lo voy a conceder.
Danny Dalton: Pero él…
Sarah Kauffmann (ND): Tiene algo que puede destruirme. Lo sé, señor Dalton. Pero míreme. ¿Cree que he llegado hasta donde estoy… dejándome guiar por el miedo?

Las puertas del ascensor comenzaban a cerrarse cuando Sarah interpuso su mano. La sujetó con la fuerza de un titán vestido de Armani.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y bien, señor Dalton? Viene conmigo… ¿o quiere perderse la diversión?

Dentro del Anillo.
Hace doce segundos.


Los primeros rayos de sol comenzaban a teñir de malva el cielo del amanecer. La penumbra del alba bañaba la cima de la mina Dalton y a los pies del viejo cobertizo, dos jóvenes compartían un mismo saco de dormir. La chica le pasa un cigarrillo a medio consumir al chico.

Es el mismo chico que observa la escena a pocos metros de distancia, casi un año más viejo y enfundado en lo poco que queda de un carísimo traje de Armani. Por un momento casi se plantea dejarle disfrutar un poco más de sus viejos y buenos recuerdos.

Sarah Kauffmann (ND): Tenemos que dejar de vernos así, ¿no le parece?

Danny Dalton se da la vuelta, dándole la espalda a su yo del pasado, ese que en aquel reflejo de sus memorias abraza una vez más a la chica que ama.

Danny Dalton: ¿Qué es todo esto?
Sarah Kauffmann (ND): Aquella sala de reuniones en la que nos vimos antes era tan fría, tan… impersonal. Pensé que esto le gustaría más…
Danny Dalton: ¿Es un puñetero espejismo? ¿Un truquito mental de demonio de tres al cuarto?
Sarah Kauffmann (ND): No, señor Dalton. Esto… es un reflejo de sus deseos más profundos auténticos. Esto es lo que usted desea.
Danny Dalton: Lo que yo quiero ahora es que me diga la contraseña para desactivar los explosivos…
Sarah Kauffmann (ND): Veo que entonces dio con el paradero del señor Braddock… y de “Margaret”. ¿No le parece ingenioso? ¿Ocultarla donde a nadie se le ocurriría buscarla? La cara que pondrían esos tipos de la televisión… ¡Si supiesen que esa máquina de salto dimensional que ellos toman por atrezzo, es en realidad…
Danny Dalton: ¡Basta ya! ¡Quiero que me diga la contraseña… ahora!

Sarah clava sus ojos en Danny: si hay algo que no tolera en ningún caso… es que la interrumpan.

Sarah Kauffmann (ND): Mucho cuidado, señor Dalton. A fin de cuentas, es usted el invitado aquí. Eso sin mencionar que es usted quien ha venido a pedirme un favor a mí.

Y se reclina sobre la pared de madera del viejo cobertizo. Los primeros rayos de sol inciden directamente sobre él… y la madera reseca comienza a emitir pequeñas nubes de humo.

Sarah Kauffmann (ND): Parece que el tiempo corre en su contra, señor Dalton.
Danny Dalton: Esta bien… ¿Qué es lo que quiere?
Sarah Kauffmann (ND): ¿Lo que quiero yo?

Sarah camina y alza los brazos, mostrando al joven el idílico paraíso que sus propias memorias han construido.

Sarah Kauffmann (ND): Esto. Quiero que vuelvas a casa, Daniel Dalton. Eso es lo que quiero.
Danny Dalton: ¿Qué yo… vuelva a casa?
Sarah Kauffmann (ND): Me encargaré de que vuelva a casa… (le tiende la mano) si deja que lo ayude.

Danny mira la mano de esa mujer. Sarah le observa y casi puede leer su mente a través de su mirada.

Danny Dalton: Ya. Claro… ¿Y la letra pequeña?
Sarah Kauffmann (ND): ¿Quieres salvar a Ben de una muerte segura?

La mirada del joven pasa esta vez de la mano de Sarah a las pequeñas llamas que los rayos de sol consiguen prender del viejo cobertizo.

Sarah Kauffmann (ND): Vamos, Daniel Dalton.
Danny Dalton: Si acepto… ¿qué me ocurrirá?
Sarah Kauffmann (ND): Te garantizo que no te ocurrirá nada que no te ocurriría si me limito a esperar a que el contador llegue a cero.

Y es entonces cuando Danny siente ese escalofrío. La sensación de estar atrapado. Encerrado.

Sarah Kauffmann (ND): Apuesto a que el señor Craig… o el primo del señor Braddock, Bradley… Seguro que alguno de ellos os contó como funcionan esos anillos. Y lo que les pasa a quienes mueren llevando uno puesto…
Danny Dalton: No, no puede ser…
Sarah Kauffmann (ND): Si, creo que eso es lo que haré. Esperaré a que los explosivos hagan “boom”…
Danny Dalton: Esta bien.
Sarah Kauffmann (ND): …y entonces me apoderaré de lo que quede de tu cuerpo. Y después…
Danny Dalton: ¡ESTÁ BIEN!

Sarah mira al joven. Danny Dalton le tiende la mano. En su mirada hay una mezcla de impotencia y odio. Todo un manjar para cualquier criatura nacida en el vientre del Averno.

Sarah le estrecha la mano. Su tacto es frío, desagradable. Antes de desaparecer, Sarah le susurra una sola cosa al oído.

Sarah Kauffmann (ND): Te doy mi palabra que volverás a casa, Daniel Dalton… y cuando llegue, matar a Alma Grant será lo primero que haga.

Antes de poder reaccionar, de Sarah Kauffmann no quedan más que cenizas. A su alrededor, el paisaje se ve envuelto en llamas. La pareja de amantes adolescentes se ha convertido en un pedazo de carne chamuscada. El cobertizo arde como lo haría una hoguera de la Inquisición. Y desde lo alto de la cima, Danny Dalton puede ver como todo un infierno consume “Springfield”, extendiéndose hasta donde alcanza la vista.

Hubo un tiempo en que Danny Dalton tenía un sueño. Fue antes de conocer al profesor Vanister, a Fred Fesster, a Leonard Powell… Era un sueño pequeño y sencillo: dejar atrás Springfield.
Ahora está encerrado en él.
Para el resto de la eternidad.

Estudio 22. Centro de Producción de la FOX Entertainment.
10201 W. Pico Boulverd, Los Ángeles.
Ahora.

Danny Dalton: ¡Catorce Diecinueve! ¡Catorce Diecinueve!

Escupe las palabras al tiempo que cae de rodillas, desplomándose más allá de los límites trazados por el agua bendita de Craig. Roth introduce la clave a toda velocidad mientras Ángel ayuda a Danny a incorporarse.
Y con un pitido suave, el marcador electrónico de la bomba se detiene a tres segundos del momento fatal.

James Roth (ND): Eso ha estado jodidamente cerca…
Ángel (ND): Ya lo creo… (ayuda a Danny) ¿Te encuentras bien?
Danny Dalton: Si, lo estoy… Creo que sí…
Arthur Craig (ND): Por un momento pensé que no funcionaría.
James Roth (ND): ¡Pues ha funcionado! Dime, Daniel… ¿te costó mucho negociar con esa zorra de Kauffmann?
Danny Dalton: ¿Qué…? (mira para todos lados, confuso y mareado) No, Leo... Danny... Quiero decir, Roth. Yo… (mareado) Creo que necesito un poco de aire…
Ángel (ND): Esta bien, esta bien… Roth, desata a tu colega. Deberíamos irnos de aquí antes de que llegue la seguridad del estudio…
James Roth (ND): ¿Y a tí quién demonios te ha nombrado jefe?

Apenas si escucha lo que dicen a su alrededor. Le cuesta acostumbrarse a unos sentidos tan limitados. Por no hablar del caos de sensaciones que recorren su cuerpo. ¿Cómo pueden vivir así? Es desagradable, sucio y frágil a la vez. Es incómodo.

Pasan los minutos, puede que una hora: el tiempo es otra de las medidas a las que debe volver a acostumbrarse. Ángel les ha dejado curarse y descansar un poco en su oficina. Parece que el señor Craig se quedará con él hasta el día siguiente. No le preocupa: para entonces ya habrá arreglado algunas cosas en el bufete.

Ángel le estrecha la mano. Su tacto es como el de un mueble antiguo.

Ángel (ND): Deberías quedarte un tiempo aquí, Danny. Hay sitio de sobra. Y estarías más seguro.
Danny Dalton: No se preocupe, señor Ángel. Yo… (sonríe) estaré “de puta madre”.

Arthur Craig lo mira desde el quicio de la puerta de “Investigaciones Ángel”, encendiendo un generoso cigarro.

Arthur Craig (ND): Asegúrate de no perderlo, chico… (señala el anillo) Sigue siendo peligroso.
Danny Dalton: Lo sé, señor Craig. Créame… no me lo quitaré por nada del mundo. (sube a la berlina negra de James Roth) Vamos, señor Roth.

El coche deja atrás el viejo edificio de ladrillos que sirve de cobijo a Ángel y su panda de inofensivos bienhechores. James Roth conduce en silencio, tenso… sin saber como reaccionar.
La clave aparece en un oportuno semáforo en rojo: una impresionante limusina negra se detiene en paralelo a su coche. Dorisume, su viejo criado oriental, les saluda con un gesto de su gorra de chofer.

James Roth sonríe aliviado.

James Roth (ND): Parece que todo ha salido como usted planeó… (mira a Danny) Enhorabuena, señora Kauffmann.
Danny Dalton: Gracias, señor Roth. Su cooperación ha sido inestimable.
James Roth (ND): ¿Qué haremos con el señor Braddock? (señala a Ben, inconsciente en el asiento de atrás) ¿No es un cabo suelto?
Danny Dalton: En absoluto. Este pobre desgraciado idealista despertará mañana en la unidad de cuidados intensivos de un hospital, sin saber lo que ha pasado.
James Roth (ND): ¿Y el señor Dalton?

Sarah Kauffmann sonríe mientras disfruta de su nuevo reflejo en el espejo retrovisor.

Danny Dalton (ND): El señor Dalton volverá a casa, señor Roth. Y como dice la profecía… me convertiré en un Dios.

FIN DE LA TERCERA TEMPORADA

Sesión 19-09-09 - DALTON (Parte 3 de 4)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
James Roth (ND): Ahora trabajas para Wolfram & Hart, Danny. Olvídate de Leonard Powell. Como solemos decir aquí... “es un caso perdido”.

ENGAÑADOS POR EL "LIBRO DE LAS SOMBRAS";
EN MANOS DE "WOLFRAM & HART"...
Danny Dalton: Te conviene, ¿no? Porque trabajas para Manners a espaldas de Kauffmann. Y a tu jefe le conviene que nos larguemos de esta dimensión, ¿es eso?
James Roth (ND): Es más que eso. Kauffmann tiene planes para tí, Danny...

ES EL ÚLTIMO DE LOS VIAJEROS ORIGINALES...
Danny Dalton: ¿Por qué yo?
James Roth (ND): Porque según Kauffmann... serás tú quien traiga el apocalípsis.

Y SU DESTINO... ¡LO CAMBIARÁ TODO!
Ángel (ND): Si vuelves a la dimensión de la que saliste, Danny... acabarás convirtiéndote en un Dios.

Episodio 3x14.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 3 de 4)

Cruce de la Interestatal 5 con la 19, en el cauce seco del río.
Afueras de Los Ángeles.
Hace tres horas.


No es la primera vez que Danny aprieta el gatillo de un arma.
Sin embargo es la primera vez en la que se siente así después.
Se siente… bien. En paz.

Alza la vista: a su alrededor todo fluye a cámara lenta, al ritmo de sus latidos. Puede ver cómo Arthur Craig empuña sus armas contra los tiradores que, desde lo alto de la autopista, intentan ahora cobijarse tras el furgón que los trajo hasta aquí. Las balas silban a su alrededor pero Danny no puede reaccionar. A menos de un metro de distancia, John Ortega le encañona con su subfusil, mientras le grita algo que sus oídos no alcanzan a percibir. Danny no suelta la pistola no porque no quiera, sino porque no puede escucharle.

Es entonces cuando la sangre de John Ortega salpica a Danny, sacándolo finalmente de ese trance en el que se encontraba. El cuerpo del fiel sicario de Sarah Kauffmann se tambalea al ritmo de los tres proyectiles más que encaja su cuerpo. Al caer al suelo, Danny puede ver a James Roth empuñando su nueve milímetros.

Acaba de salvarle la vida. Danny sonríe: al final va a resultar que no es tan capullo como parece…

James Roth (ND): Llego en buen momento, ¿no?

A unos seis metros por encima de sus cabezas, el furgón de Wolfram y Hart se pone en marcha, bajo el fuego de las pistolas de Arthur Craig. Ni sus proyectiles ni la agilidad sobrehumana de Ángel consiguen impedir que los sicarios de Kauffmann consigan escapar de allí.

James Roth (ND): Cuando esos tíos cuenten cómo le volaste la cabeza a Kauffmann, las cosas van se te van a ponerse feas en Wolfram y Hart, Daniel.
Danny Dalton: Pues tendrás que recordarle a Manners que le hemos hecho el trabajo sucio quitando a Kauffmann de en medio.
James Roth (ND): Tú déjame a mí ese asunto. Hablaré con él y te avisaré cuando las aguas se hayan calmado por el bufete.
Danny Dalton: No tardes… no sé cuanto tiempo de suero me queda en el cuerpo.
James Roth (ND): Descuida… Ah, y por cierto… (se detiene a unos metros del coche en el que ha venido) Buen disparo, Daniel.

El coche de Roth se aleja dejando a Danny arrodillado ante las cenizas de Sarah Kauffmann. El anillo, brillante y dorado, es lo único sólido que queda de ella. Danny lo coge entre sus dedos. Está caliente.

Ángel (ND): ¿Y Roth?
Danny Dalton: De camino a Wolfram y Hart. Va a asegurarse de que no nos llueva mucha mierda por lo de Kauffmann… Mientras tanto, voy a necesitar un sitio donde descansar.
Ángel (ND): Puedes quedarte en mi casa hasta que las cosas se calmen.
Danny Dalton: Gracias, colega. Parece que todo ha terminado bien... (juguetea con el anillo) ¿no?
Arthur Craig (ND): Yo no jugaría con eso…
Danny Dalton: Considéralo la piel del tigre, colega.

Y diciendo eso, Danny se incorpora. Nunca ha sido bueno con las metáforas. Pero lo cierto es que se siente pletórico. Como un cazador victorioso.

Arthur Craig (ND): De todas formas, voy con vosotros. Creo que ese anillo aun puede traernos problemas…
Danny Dalton: Tranquilízate, hombre. Con Kauffmann fuera de juego… ¿Qué demonios puede ir mal?

“Investigaciones Ángel”. Suburbios de la Zona Oeste.
Hace dos horas.

James Roth (ND): ¡Todo, joder! ¡Todo se ha ido a la mierda!

Cinco minutos atrás, Roth había entrado como un huracán en la oficina. Apenas si se había despojado de su chaqueta y dejado su maletín a un lado cuando les indicó a los demás que pusieran la televisión. Cualquier canal valdría: estaba en todos los noticiarios.

“… fuentes aun no confirmadas. Los acontecimientos han ocurrido hace apenas treinta minutos, cuando varias explosiones en el interior del edificio activaron los sistemas de emergencia. Afortunadamente, no hay que lamentar pérdidas humanas auque los daños son cuantiosos aquí, en la sede de Wolfram & Hart, un prestigioso bufete de abogados que, hace apenas un par de meses, ya fuese víctima de un atentado similar…”

Danny Dalton: ¿Quieres tranquilizarte, joder? ¿Qué demonios ha pasado?
James Roth (ND): Mira esto… (saca su móvil de última generación) Es un video con lo último que captaron las cámaras de la sala de I+D.

La calidad de la imagen no es la mejor del mundo pero basta para que Danny pueda ver como, tras un resplandor jade, aparecen dos figuras en mitad del laboratorio. Antes de que nadie pueda reaccionar, el tipo con la cara vendada grita algo en japonés y activa unos explosivos que lleva al pecho. Luego, sólo hay nieve electrónica.

Danny Dalton: Mierda…
James Roth (ND): Pues eso no es todo. Tienen a Braddock.

No necesitaba escuchar eso para saberlo. Danny se sienta pesadamente sobre el sillón, cruzando los dedos con fuerza, como si el apretar el anillo pudiese hacerle algún daño a Sarah Kauffmann.

James Roth (ND): Está claro que este ataque no es más que una revancha. Imagino que le habría dado instrucciones a sus sicarios de ojos rasgados para que hiciesen esto en caso de que ella muriese…
Danny Dalton: La muy puta… Hasta después de muerta sigue dando por el culo.
Ángel (ND): Aunque sea pecar de optimista, no creo que tu amigo Ben Braddock esté muerto aun…
Danny Dalton: ¿Y como estas tan seguro?
Árthur Craig (ND): Es pura lógica, chico. Si vas a cargarte a alguien, ¿por qué llevártelo con vida del edificio que has atacado?
Ángel (ND): Quizá quieran torturarlo.
James Roth (ND): Lo estas mejorando…
Danny Dalton: De todas formas, pueden habérselo llevado a cualquier sitio… (mira el anillo) Y nos hemos cargado a la única que…
James Roth (ND): Bueno, en teoría no está muerta. Solo… encerrada.

El tono de Roth deja claro que acaba de recordar algo. O que un par de cabos acaban de ser debidamente atados.

James Roth (ND): Creo que acabo de tener una idea.

Sala de Juntas.
Lugar Indeterminado.
Hace una hora.


Sarah Kauffmann (ND): No esperaba volver a verte, Daniel.

El sillón de cuero negro y amplio respaldo gira lentamente, dejando ver a una elegante Sarah Kauffmann, luciendo un traje de ejecutiva blanco, impoluto. En su cara, donde debería estar la mejilla y el ojo derechos, hay un enorme agujero rodeado de carne quemada.

Danny Dalton está al otro lado de una mesa de reuniones tan limpia como larga. Sigue estando de pie, luciendo su arrugado traje de Wolfram y Hart. En su dedo siente aun la incómoda calidez del anillo. Hasta ahí, todo sigue igual.

El resto, por supuesto, ha cambiado en un abrir y cerrar de ojos. Porque hace un segundo se encontraba en un solar abandonado, a pocos metros de la nave industrial que acoge el Pub “RaveNant”. Aun podía escuchar las continuas protestas de Arthur Craig ante la idea que había tenido Roth. Pese a todo, y aunque a Danny tampoco le entusiasmaba tener un cara a cara metafísico con el alma de una criatura inhumana como era Kauffmann; lo cierto es que era la mejor idea que tenían.

Danny Dalton: Yo…
Sarah Kauffmann (ND): Espera, no me lo digas. Has venido… ¿para salvar al señor Braddock?
Danny Dalton: Dime a donde lo han llevado tus sicarios o…
Sarah Kauffmann (ND): O de lo contrario, ¿qué? (se incorpora) ¿Me matarás otra vez?

Ella camina hacia él, mirándolo con el único ojo sano que le queda.

Sarah Kauffmann (ND): Tu joven amigo está en un lugar extraño… Si, más extraño que la propia ficción me atrevería decir. Pero te garantizo que morirá… (sonríe) sintiéndose cerca de casa.
Danny Dalton: Maldita zorra…

Por puro impulso intenta golpearla. Pero ella es mucho más rápida que el. Danny siente como Kauffmann se apodera de su puño y lo presiona entre sus dedos. Con la fuerza de una trituradora hidráulica.

Sarah Kauffmann (ND): Ah, ah, ah. Muy mal, señor Dalton. No olvide que aquí dentro… mando yo.

La mujer coloca la palma de su otra mano en el pecho de Danny. Éste siente un golpe tremendo que le hace bailar las costillas…

Descampado, a escasos metros del Bar “RaveNant”
Polígono Industrial Eisenhower, Afueras de Los Ángeles.
Hace 59 minutos y 51 segundos.

Danny Dalton: ¡JODER!

Llevándose las manos al pecho, Danny se desploma de rodillas, saliendo del circulo de sal que Ángel había trazado siguiendo las indicaciones de Roth. Éste y Arthur Craig ayudan a Danny a incorporarse.

James Roth (ND): Vaya, sí que ha ido rápido… Daniel, ¿estas bien?
Arthur Craig (ND): Puede que aun esté en trance.
Danny Dalton: N… No… Estoy… (tose) Estoy bien… (más tos)
James Roth (ND): ¿Y bien? ¿Qué has visto? ¿Has hablado con Kauffmann?
Danny Dalton: Más… o… menos…

Unos minutos después y varios tragos de una pequeña petaca que guarda Arthur Craig en su cazadora, Danny cuenta todo lo que ha vivido en su viaje místico-psíquico “al fondo del anillo”.

Danny Dalton: Y eso es todo. Desde luego no ha sido de mucha ayuda…
James Roth (ND): “Se sentirá como en casa”. ¿Qué habrá querido decir con eso?
Ángel (ND): Está jugando contigo, Danny. A esta clase de criaturas les encanta atormentar a los humanos con acertijos.
Danny Dalton: Espera un momento… Dijo… Dijo que era un lugar donde la realidad es más extraña que la ficción… (abre mucho los ojos) Ficción…

De repente, Danny rompe a correr. El resto sale tras él, intentando no perderlo de vista mientras pasan a través de naves industriales semi-abandonadas. Finalmente, Danny se detiene a pocos metros del acceso a la carretera industrial, a la salida del Polígono Eisenhower. Ángel es el primero en llegar y encontrar a Danny riendo y señalando un enorme cartel publicitario que se alza a menos de un metro y medio de la carretera.

Danny Dalton: Más extraño que la ficción… Claro, joder.

James Roth y Arthur Craig no tardan en aparecer. Como el propio Ángel, sus miradas también se fijan en la gigantesca valla publicitaria. En ella, tras un montaje fotográfico de sus protagonistas, puede verse la silueta sombreada de un vehículo blindado.

“NEVERFIELD: Estreno de la Segunda Temporada. Este otoño, en FOX.”

Estudio 21. Centro de Producción de la FOX Entertainment.
10201 W. Pico Boulverd, Los Ángeles.
Hace diez minutos.

A Danny Dalton nunca le gustó la Plaza Lincoln. Era el epicentro de la vida social de Springfield: el clásico parque en el que las familias solían reunirse los domingos. La clase de sitio en el que Danny Dalton jamás podía encajar.

Bajo los focos de la inmensa nave industrial, los ojos de Danny se mueven incrédulos a través de los decorados que reproducen, hasta el más estúpido e insignificante detalle de esa plaza que jamás le importó lo más mínimo. Un lugar que en toda su vida había echado de menos… hasta ahora.

Ángel, Craig y Roth deambulan por el set de rodaje, mirando por todas partes. Ellos no pueden comprender lo que Danny siente. Quizá si estuviesen aquí Leonard. O “Perro Loco”. O Fred.

Danny tiene que acercar la mano y sentir el desagradable tacto del conglomerado de madera para cerciorarse de que es todo falso: el decorado que reproduce su auténtico hogar en una estúpida serie de televisión.

James Roth (ND): Daniel… (le pone la mano en el hombro) Sé que es duro, pero…

En entonces cuando las luces se apagan. Antes de poder reaccionar ante la emboscada, una nube de luz jade se materializa a espaldas de Roth. Danny no tiene apenas tiempo de advertirle: la adolescente con aspecto de “lolita” tiende un filamento de acero en torno al cuello de Roth, estrangulándolo de una forma salvaje y agónica.

Un rugido en tosco japonés deja claro que, tras él, Ángel ha encontrado a su compañero de baile: el enorme gigantón de barba poblada, greñas sucias y gabardina de vagabundo acaba de atravesar la fachada de cartón piedra del Ayuntamiento de Springfield.

Las cosas no van mucho mejor para Arthur Craig: el robusto cazador de anillos trata de desenfundar sus dos automáticas, en un intento por ayudar a Roth. Sin embargo, una sombra cae del techo, esgrimiendo una pareja de afiladísimos cuchillos ninja. La atractiva japonesa luce un atuendo ajustado, similar al neopreno, y lanza un pícaro beso a Craig. Antes de que éste pueda encañonarla con una de sus pistolas, su mano queda clavada en la pared por cortesía de uno de sus cuchillos.

Danny Dalton aprieta el gatillo de su arma. Una, dos, tres veces. Es inútil: las heridas que provoca en la espalda del gigante barbudo se cierran con la misma velocidad a la que se producen. Parece indestructible.

Ángel (ND): Danny… ¡A tu espalda!

Ángel acompaña su grito con el encendido de un potente foco. Su luz rasga la oscuridad de la nave industrial, proyectando una temible sombra en una de sus paredes. La sombra de un samurai medieval, enfundado en su armadura de guerra.

Ángel (ND): ¡A la sombra! ¡Dispara a la sombra!

El gigantesco barbudo alza las manos: entre ellas sostiene una viga de madera acabada en punta. Una improvisada estaca que apunta directamente al corazón de Ángel. Entonces, Danny vuelve a apretar el gatillo y tres proyectiles del calibre cincuenta agujerean la colosal sombra del samurai.

A su espalda, al mismo tiempo, el cuerpo del titánico vagabundo cae al suelo, con tres proyectiles en el cuerpo. Antes de que ni Ángel ni Danny pueda decir nada, un nuevo disparo resuena con eco entre las paredes de la nave industrial. Ambos giran la cabeza, viendo como Arthur Craig sale de entre las sombras empuñando una humeante Glock 17.

Ángel (ND): ¿Y la cambia-formas?
Arthur Craig (ND): Va a necesitar cambiarse de cara… permanentemente (termina de improvisar un vendaje para la herida de su mano) ¿Y Roth?
James Roth (ND): Creo que deberíais ver esto…

Arrodillado ante una puerta que conecta con la nave de al lado, Roth frota sus dedos tratando de limpiarse el polvo de jade.

James Roth (ND): Nuestra amiga teleportadora ha escapado por aquí.

Danny siente un escalofrío al leer el cartel de la puerta: “Escenarios de la Segunda Temporada. SOLO PERSONAL AUTORIZADO”.

Ángel (ND): Es una trampa y lo sabes, ¿verdad?
Arthur Craig (ND): No entres ahí, chico…
Danny Dalton: ¿Tengo elección?

Estudio 22. Centro de Producción de la FOX Entertainment.
10201 W. Pico Boulverd, Los Ángeles.
Ahora.

A su alrededor, todo echa humo. Le duelen todos los huesos; la cabeza le da vueltas y en sus oídos se ha instalado un aguado e insidioso pitido. Y pese a todo, Danny Dalton se incorpora, con lo que queda de su camisa echo jirones. Algunas llamas rodean el acceso al estudio 22, convertida en un agujero cinco veces más grande de lo que era cuando, cinco segundos atrás, aun era una puerta.

Ángel ayuda a incorporarse a un magullado Roth mientras Arthur Craig le tiende la mano a Danny. Poco a poco, los sonidos comienzan a llegar a sus oídos.

Arthur Craig (ND): … si estás bien?
Danny Dalton: Sí, sí… Estoy bien (mira a Ángel y Roth) Lo estamos todos, ¿no?
James Roth (ND): Teniendo en cuenta que acaba de inmolarse un tío cargado de explosivos ante nuestras narices… Si, estamos bien.
Ángel (ND): Te dije que era una trampa…

Danny apenas si había tenido tiempo de activar las luces de aquella nave, gemela a la que habían dejado atrás. Los fluorescentes les habían dejado ver un estudio a medio montar, con los decorados aun por montar, amontonados en pilas de hasta tres y cuatro metros. En el centro de la estancia, sin embargo, había algo del tamaño de un microbús, cubierto por una lona negra. Y sobre él, pendiendo en el aire y sujeto por cuerdas a las vigas del techo, estaba Ben Braddock.

El pobre Ben, pensó Danny. Convertido una vez más en rehén involuntario. Si en la última misión no le hubieran dado tan fuerte, quizá hubiese sido él quien colgase del techo como una mísera piñata.

Y antes de poder preguntar “¿cómo vamos a bajarlo de ahí?”, apareció aquel tipo. Arthur Craig fue el primero en reconocerlo… y el primero en saltar fuera del estudio. Había sido el mismo tipo que había hecho volar por los aires la capilla del Padre Layton. El mismo que ya se había enfrentado antes a Ángel. El mismo que había atacado la sede de Wolfram y Hart…

Danny Dalton: ¿Cuántas vidas le quedan a ese tío?
Arthur Craig (ND): No las suficientes como para evitar que le ponga las manos encima…

El interior de la nave industrial era ahora un caos de humo, hedor a carne quemada, restos de decorados calcinados y pequeños focos de llamas desperdigados allí y allá… Lo que estuviese bajo la lona negra, sin embargo, había salido indemne de la explosión. Al igual que el bueno de Ben, quien seguía colgando del techo, inconsciente y…

Ángel (ND): ¿Qué es eso que lleva en el pecho?

Antes de poder si quiera reaccionar a su pregunta, Roth descorrió la lona que cubría aquel enorme vehículo. Más tarde, Arthur Craig reconocería el sistema de cables como un mecanismo casero de activación de explosivos. Pero eso sería mucho más tarde: en aquel momento, al apartar la lona, los diminutos cables activaron las dos cargas explosivas. La primera pendía del pecho de Ben Braddock.
La segunda estaba dentro de aquel vehículo.

Danny Dalton: Mierda, ¡Mierda!
James Roth (ND): Joder… Es la, es la…
Danny Dalton: Si. Es la jodida “Margaret”

Más allá de la cuenta atrás en dígitos rojos, los ojos de Danny recorrieron de cabo a rabo el chasis maltratado, abollado, tiroteado, desguazado y vuelto a ensamblar de la tanqueta que habían robado en aquel universo alternativo tan parecido al suyo propio. Aquel en el que había muerto Fred.
Y ahora iba a morir Ben. Como “Perro Loco”. Como Leonard.

Danny Dalton: Ni de coña.

Con esas palabras, Danny puso las manos sobre el temporizador del explosivo. Arthur Craig puso la suya a modo de barrera.

Arthur Craig (ND): ¿Qué coño crees que estas haciendo, chico?
Danny Dalton: Apártate, joder…
Arthur Craig (ND): Tiene una contraseña de cuatro dígitos y un triple sistema de seguridad. Aunque supieses como desactivar una de estas podrías, jamás podrías hacerlo en... (lee el marcador y silba) menos de un minuto.
Danny Dalton: ¿¡Y qué se supone que debo hacer!?
Ángel (ND): ¡Mi deber es protegerte! ¡Y lo haré aunque te tenga que sacar a rastras!
Danny Dalton: Pues tendrás que hacerlo, colega… Porque si Ben muere, yo también.
Ángel (ND): ¡Maldita sea, Danny! ¡No hay nada que puedas hacer!
James Roth (ND): Bueno, en realidad… si hay una cosa.

Los tres se giraron y miraron a Roth.

James Roth (ND): Sé de alguien que seguro sabe la contraseña.

CONCLUIRÁ...

miércoles, 15 de julio de 2009

Sesión 04-07-09 (Parte 2 de 2)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, creo que trabajan para alguien de dentro de Wolfram y Hart.


CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): Roth quiere nuestra confianza y esta es su mejor oportunidad de ganársela. Dará caza al tal Andrew Mitchell por nosotros. No nos fallará…

…O A MORIR EN EL INTENTO.
Sarah Kauffmann (ND): El señor Roth aun no ha regresado.
Danny Dalton: Un momento, no querrá decir…
Sarah Kauffmann (ND): En efecto, señor Dalton… (mira su reloj) Salen ustedes en cinco minutos.

Episodio 3x11.-
Caso Nº00389221-X
ANDREW MITCHELL contra WOLFRAM & HART (Parte 2 de 2)


De: Sarah Kauffmann, directora de Operaciones.
Para: Socios Fundadores.
Asunto: Informe de Operativo.

Estimados Socios

A la luz de los últimos acontecimientos, debo informar de la conducta de los agentes destinados bajo mi mando. Adjunto una copia de la trascripción del informe presentado tras su última operación. Espero que sea prueba más que suficiente para que se acepte mi sugerencia de tomar medidas al respecto.

Atentamente,
Sarah Kauffmann
Directora de Operaciones.

(Trascripción del informe oral presentado por los agentes Braddock, Benjamin y Dalton, Daniel)

Sarah Kauffmann (ND): Muy bien, caballeros. Pueden proceder…
Ben Braddock (NE): Señora Kauffmann, no tenemos tiempo para esto. ¡Tenemos que volver!
Sarah Kauffmann (ND): Señor Braddock, haga el favor de sentarse y cómportese.
Ben Braddock (NE): ¿Comportarme? Oiga, no…
Danny Dalton (interrumpe): Ahorra saliva, Capi. No se puede negociar con ella. Además… (a Kauffmann) me gustaría dejar claro que nos envió malheridos y agotados a una doble misión de captura y rescate, en un Londres del futuro, arrasado por una invasión de tostadoras alienígenas.
Sarah Kauffmann (ND): Los Dalek son una de las especies más destructivas que ha conocido el multiverso, señor Dalton. Definirlas como “tostadoras marcianas”…
Danny Dalton: … es lo mejor que puedo decir de esos hijos de puta, señora. Mire, aquella ciudad parecía un maldito cementerio. Sus calles estaban desiertas, arrasadas… y el metro… Joder… parecía un matadero, ¿vale?
Sarah Kauffmann (ND): Por lo que mencionó al poco de llegar, señor Dalton, trabaron contacto con una versión paralela de su tío Russell…
Ben Braddock (NE): Su nombre allí era Harkness. Capitán Jack Harkness. Se mostró… extrañamente cálido con nosotros. Tanto él como el médico que atendió las heridas de Danny pertenecían a algo llamado Torchwood.
Sarah Kauffmann (ND): Interesante… La organización Torchwood.
Ben Braddock (NE): ¿La conoce?
Sarah Kauffmann (ND): No es de su incumbencia, señor Braddock. Pero continúe.
Ben Braddock (NE): James Roth se encontraba a salvo en unas instalaciones de Torchwood, en un lugar llamado Cardiff.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Cardiff? Eso está…
Ben Braddock (NE): … lejos de Londres, lo sé. Lo miré en un mapa. Así que el profesor y yo decidimos buscar otra solución.
Sarah Kauffmann (ND): Que fue…
Ben Braddock (NE): Capturar a Andrew Mitchell. Con el bio-escaner GPS que el capitán Harkness nos entregó, podíamos rastrear el paradero de Mitchell. El profesor Vanister pensó que si capturábamos el alma que James Roth había vendo a buscar, se activaría el dispositivo de regreso… y todos regresaríamos a casa.
Sarah Kauffmann (NE): Y… ¿qué salió mal?
Ben Braddock (NE): ¿Desde que salimos de los túneles del metro? Todo.

Dimensión Neverwood.
Las desoladas calles de un Londres bajo el ataque de los Dalek.
Hace 4 horas.

Ben Braddock (NE): Fíjese, profesor… No hay nadie en las calles.
Profesor Vanister (NE): Los más afortunados ya habrán sido evacuados, señor Braddock. Los menos… (mira la entrada de metro por la que acaban de salir)
Ben Braddock (NE): Entonces, todo esto… ¿es de una serie de la tele?
Profesor Vanister (NE): Algo más que eso, señor Braddock. Doctor Who es todo un clásico de la ciencia-ficción. Pero todo esto es… (mira los restos calcinados de un viandante) demasiado real.
Ben Braddock (NE): Doctor… ¿qué?
Profesor Vanister (NE): ¡Ben, cuidado!

La primera señal de que los Dalek los han encontrado es un grito mecánico e inhumano. La siguiente, dos descargas láser de enfermizo color verde que desintegran un pintoresco taxi negro británico.

Daleks (NW): EX-TER-MINATE. ¡EX-TER-MINATE!

Danny Dalton: Y allí estaban el profesor y Ben. Acorralados por esas dos latas de sardinas marcianas, bajo el fuego de sus láseres mortales. Por suerte, llegué justo a tiempo para salvar la situación.
Ben Braddock (NE): Eh... ¿Danny?
Danny Dalton: ¿Qué?
Ben Braddock (NE): Creo que se te ha olvidado mencionar la parte en la que casi mueres.
Sarah Kauffmann (ND): Señor Dalton… (lo mira, sorprendida) Usted… ¿recibió un impacto de un arma Dalek?
Danny Dalton: Bueno, creo que su suero tiene parte del mérito de haberlo aguantado…
Sarah Kauffmann (ND): Eso es imposible. Si un arma así le impactase, a pesar de los efectos secundarios que el suero tiene en su organismo humano… Debería estar muerto, señor Dalton.
Ben Braddock (NE): Bueno, lo cierto es que lo estuvo, señora Kauffmann.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Y qué es lo que pasó?
Ben Braddock (NE): El Doctor, señora. Pasó el Doctor.

Dimensión Neverwood.
Las desoladas calles de un Londres bajo el ataque de los Dalek.
Hace 3 horas y 49 minutos.

Ben Braddock (NE): ¡Danny, no! (corre hasta donde yace el cuerpo humeante de Danny Dalton, recién impactado por un láser Dalek) ¡Danny!
Profesor Vanister (NE): Fascinante... (mirando la pistola de impulsos que les dejó el capitán Harkness) Las descargas de estas armas de energía en las bases flotantes de los Dalek les provocan un cortocircuito de su cortex diametral…
Ben Braddock (NE): ¡Profesor! ¡Necesitamos un médico, profesor! ¡Danny no respira!
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mío. (se aparta de los humeantes Daleks y se acerca a su amigo sin pulso) Tiene razón, señor Braddock. Pero… ¿Dónde encontraremos un doctor ahora?

Casi a modo de invocación, un extraño zumbido comienza a resonar en toda la manzana. No viene de ninguna parte y, al mismo tiempo, retumba como si estuviese en todas a la vez. Como un espejismo parpadeando entre el antes y el después, entre el aquí y el más allá, una cabina de teléfonos azul se materializa ante la atónita mirada de Ben Braddock y el profesor Vanister.

Ben Braddock (NE): Joder… (mira la cabina) Así es como debe sentirse la gente cuando ve aparecer a Margaret en su dimensión.

La puerta de la cabina se abre y un curioso y joven individuo mira a su alrededor con aire despistado.

El Doctor: Mmm… Creo que he llegado veinticuatro horas tarde.
Profesor Vanister (NE): No puedo creerlo… (se incorpora y camina hacia la cabina) Es él.
Ben Braddock (NE): ¿Quién?
Profesor Vanister (NE): Es el Doctor.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Doctor? Doctor, ¿qué?
Ben Braddock (NE): Sólo el Doctor. Verá, a mi también me costó digerirlo al principio. Pero el profesor Vanister nos dijo que pasaba lo mismo con el Doctor como con nosotros aquí. El profesor había visto la serie del Doctor en nuestro mundo de origen. Y por eso sabía tanto sobre él.
Danny Dalton: Espera un momento, Capi… ¿estas diciendo que me salvó un personaje de una serie de la tele?
Sarah Kauffmann (ND): Aun no ha dicho quien es ese Doctor… y como fue capaz de salvar al señor Dalton.
Ben Braddock (NE): El profesor me dijo que el Doctor era un viajero. Lo llamó “el último de los Señores del Tiempo” o algo parecido. Viajaba a través de la corriente temporal, resolviendo problemas y…
Sarah Kauffmann (ND): Viajando en una cabina de teléfonos.
Ben Braddock (NE): Bueno, nosotros hemos viajado entre dimensiones con una furgoneta. Pero lo cierto es que aquella cabina era mucho más que eso…

Dimensión Neverwood.
En el interior del vehículo de salto temporal del Doctor.
Hace 3 horas y cinco minutos.

El Doctor: Bienvenidos a la TARDIS. (atraviesa con un par de zancadas el espacioso salón de controles de la TARDIS) Por favor, no toquéis nada que pueda desintegrarnos…
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mío. (contemplando las maravillas de la TARDIS) Es… es…
El Doctor: Si, lo sé. Más grande por dentro que por fuera. Un pequeño truco de desajuste cuántico-espacial.
Ben Braddock (NE) (cargando con el cuerpo de Danny): Profesor, siento interrumpirle pero Danny… ¡No tiene pulso!
El Doctor: Un momento… (se acerca a Danny) Vuestro amigo, ¿ha sido atacado por un Dalek?
Ben Braddock (NE): Si, es…
El Doctor: ¡Fantástico! (se marcha corriendo y rebusca entre unos cajones de la TARDIS) Creo que tengo algo por aquí… (extrae una extraña probeta llena de un líquido amarillento) ¡Bingo!

Sarah Kauffmann (ND): Así que el señor Dalton bebió eso…
Danny Dalton: … y eché hasta la primera papilla. Pero sí: aquella mierda amarillenta me devolvió al mundo de los vivos. Un diez para el Doctor.
Ben Braddock (NE): He de reconocer que no confiaba en que el mejunje del Doctor fuese a funcionar. Ni él mismo parecía convencido. Pero lo cierto es que salvó a Danny…
Sarah Kauffmann (ND): Entonces, ese “Doctor”, era un viajero del tiempo.
Ben Braddock (NE): No sabría decirle. Parecía un tanto… lunático.
Danny Dalton: Estaba como un rebaño de cabras, Capi. No te cortes.
Ben Braddock (NE): El caso es que el profesor parecía confiar ciegamente en él. Él y el Doctor comenzaron a hablar de cosas científicas, de líneas de tiempo y ese tipo de cosas… Yo estaba a punto de interrumpirles cuando, de repente, el profesor dijo algo que pareció afectar mucho al Doctor.

Dimensión Neverwood.
En el interior del vehículo de salto temporal del Doctor.
Hace 2 horas y 43 minutos.


El Doctor: Eso es imposible.
Profesor Vanister (NE): Yo también lo creía, Doctor. Pero se puede. He conseguido crear un vehículo que viaja entre dimensiones paralelas.
El Doctor: Pero eso… si es cierto lo que dice… Podría salvar a Rose.
Ben Braddock (NE): ¿Rose? ¿Quién es…?
El Doctor: Mi compañera. Mi ex – compañera. Está atrapada en una dimensión paralela a la nuestra… (se vuelve súbitamente hacia el profesor Vanister y lo abraza) ¡Fantastico! ¡Usted me enseñará como viajar entre dimensiones!
Profesor Vanister (NE): Bueno, yo…
Ben Braddock (NE): Ejem… Doctor, agradezco su ayuda pero… Tenemos nuestros propios problemas aquí.
El Doctor: Oh, no tengas miedo de los Daleks, mi joven amigo. La TARDIS tiene un pequeño campo distorsionador de realidad que nos hace invisibles a ellos.
Ben Braddock (NE): No me refería a los Daleks. Tenemos nuestra propia misión, profesor Vanister, ¿o lo ha olvidado?
Profesor Vanister (NE): Oh, claro. Andrew Mitchell, claro…
Ben Braddock (NE): Seguro que el Doctor podría ayudarnos a dar con el señor Mitchell…

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y lo hizo? ¿Les ayudó a dar con el señor Mitchell?
Ben Braddock (NE): Bueno, el Doctor sintonizó las coordenadas del GPS de Torchwood con su “cabina del tiempo”. Pero tuvimos un pequeño problema en el primer intento.
Danny Dalton: ¿Pequeño problema, Capi? Joder. Estuvimos a punto de morir.

Dimensión Neverwood.
Dentro de una de las naves nodriza de los Daleks.
Hace 2 horas y 21 minutos.

Daleks (mientras se aproximan a la TARDIS, lanzando sus rayos láser): EX – TER – MINATE. ¡EX – TER – MINATE!
Ben Braddock (NE): ¡Salen por todas partes! (responde al fuego láser con la pistola de impulsos de Torchwood) ¡Nos están rodeando!
Danny Dalton: Joder, Doctor… ¿¡Que puto infierno es este!?
El Doctor (comprobando los controles de la TARDIS): Vaya, creo que calibré mal el salto. Hemos aparecido en el vientre de una de las naves nodriza de los Daleks. Qué ironía, ¿verdad?
Ben Braddock (NE): ¡Sáquenos de aquí! ¡YA!

Ben Braddock (NE): Y, por suerte, lo consiguió.
Sarah Kauffmann (ND): Esa TARDIS… ¿volvió a desmaterializarse con ustedes dentro?
Danny Dalton: Ya lo creo. Y esta vez aparecimos en el sitio adecuado.
Ben Braddock (NE): Era un edificio de oficinas. Estaba destrozado, como si hubiese pasado una turba furiosa por allí.
Danny Dalton: Al otro lado de la calle estaba la residencia del Primer Ministro. Joder, el tío vive en un duplex, ¿vale? Si que era una dimensión rara…
Ben Braddock (NE): El caso es que toda esa manzana de Downing Street estaba tomada por los Daleks. Era imposible entrar sin alertarles…
Sarah Kauffmann (ND): Pero si la máquina del Doctor les había llevado allí…
Ben Braddock (NE): … era porque Mitchell se encontraba en alguna parte de ese edificio. Si, eso estaba claro. La cuestión era conseguir que él llegase a nosotros. Sólo teníamos que llamarlo.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Llamarlo? ¿Por teléfono?
Ben Braddock (NE): No era necesario. Bastó con susurrarlo. El tipo tenía sentidos aumentados, ¿recuerda?
Sarah Kauffmann (ND): Y… ¿funcionó?

Dimensión Neverwood.
Quinta Planta de un Edificio de Oficinas del MI5.
Hace 1 hora y 58 minutos.


Andrew Mitchell (NW): Muy bien… ¿Dónde está? ¿Dónde está el Doctor?
Ben Braddock (NE): Tranquilo, está aquí. En la TARDIS.
Andrew Mitchell (NW): El Primer Ministro necesita su ayuda… (se acerca a la TARDIS)
Danny Dalton (se interpone entre él y la TARDIS): Espera un segundo, amigo.
Andrew Mitchell (NW): ¿Qué? ¿Qué pasa?
Ben Braddock (NE): Antes de entrar necesitas unas gafas protectoras… (coloca el maletín de Wolfram y Hart a pocos metros de Mitchell) Como estas.

Los cierres del maletín saltan y Andrew Mitchell apenas si tiene tiempo de gritar antes de que las corrientes lo absorban de regreso al lugar del que nuestros protagonistas jamás debieron liberarlo.


Danny Dalton: Cojonudo, Capi.
Ben Braddock (NE): Si. No ha sido tan difícil, ¿eh?

Sarah Kauffmann (ND): Y eso es todo, ¿no?
Ben Braddock (NE): Si, eso es todo. Y ahora, ¿podemos ponernos en marcha y volver a la cámara de salto? Con un poco de suerte, podremos regresar a por el profesor…
Sarah Kauffmann (ND): Señor Braddock… siéntese.
Ben Braddock (NE): Pero, el profesor…
Sarah Kauffmann (ND): Siéntese. AHORA. (el señor Braddock se sienta en incómodo silencio) Esta claro que el profesor Vanister tenía razón: el señor Roth apareció en la cámara de salto en el preciso instante en que el alma del señor Mitchell fue recibida por nuestros Socios. Sin embargo… eso no explica la ausencia del profesor Vanister.
(Kauffmann mira en silencio a Danny y Ben)
Sarah Kauffmann (ND): Supongo que no hay nada que no me hayan contado, ¿verdad?

Dimensión Neverwood.
Dentro de la TARDIS, mientras Ben y Danny capturan a Mitchell.
Hace 1 hora y 58 minutos.


El Doctor: Así que usted y sus amigos viajan entre realidades paralelas capturando almas fugitivas para un bufete de abogados dimensional… Fascinante.
Profesor Vanister (NE): Bueno… Viajar a lo largo de la corriente temporal tampoco es moco de pavo, Doctor. Viajar en el tiempo… (se queda pensativo) Si pudiéramos dar marcha atrás…
El Doctor: Cuando sus amigos capturen al señor Mitchell, usted me enseñará cómo viajar entre dimensiones. Iremos a por Rose y regresaremos antes de que sus amigos puedan decir “¡Fantástico!”
Profesor Vanister (NE): Doctor… Tengo una condición.
El Doctor: ¿Cuál?
Profesor Vanister (NE): Yo le enseñaré los secretos del viaje entre dimensiones. Pero usted… Usted tendrá que enseñarme cómo viajar en el tiempo.
El Doctor: Eso… (su mirada se torna seria) Eso puede llevar tiempo.
Profesor Vanister (NE): Usted mismo lo ha dicho, Doctor… Con la TARDIS, será un abrir y cerrar de ojos.

Mientras el Doctor medita la propuesta, el profesor Vanister se gira, dispuesto a comentar sus planes con sus dos compañeros. Danny y Ben aguardan la inminente llegada del señor Mitchell. Pero a Vanister le basta ver la mirada de Danny para comprender que, a diferencia de Ben, él si ha escuchado su conversación con el Doctor.

El Doctor: Mmmm… ¿Qué demonios? ¡Acepto!
Profesor Vanister (NE): Muy bien. ¡Pongámonos en marcha!

Y mientras dentro de la TARDIS, el Doctor comienza a ultimar los preparativos para el salto temporal, Vanister asiste a cómo Danny y Ben dan buena cuenta de Mitchell. Apenas les ha costado un par de minutos. Los mismos que necesita el Doctor para activar la TARDIS.

Danny Dalton: Cojonudo, Capi.
Ben Braddock (NE): Si. No ha sido tan difícil, ¿eh?

En ese momento, el rumor de la TARDIS activándose pilla por sorpresa a Ben.

Ben Braddock (NE): ¿Qué coño…? (intenta correr hacia la TARDIS) ¡Profesor no! ¡No!
Danny Dalton (aferrando a Ben): Vamos, Capi. ¡Ese trasto viaja en el tiempo! ¡Volveran antes de darnos cuenta!
Ben Braddock (NE): ¡¿Y si algo sale mal?! ¡Joder, sueltame! (mientras la TARDIS comienza a desvanecerse entre parpadeos) ¡NO, PROFESOR! ¡NO LO HAGA!
Danny Dalton: Demasiado tarde, Capi. (la TARDIS se desvanece del todo) Ya se ha ido…
Ben Braddock (NE): No… No puede ser…
Danny Dalton: Estarán aquí en unos segundos. Ya lo verás.

Pero pasaron segundos. Y minutos. Y nada volvió a materializarse ante ellos.
Cuando quisieron darse cuenta, ellos mismos se habían desmaterializado.

Y si el Profesor Vanister había cumplido su palabra de volver, ellos no lo podían ver.
Porque ya estaban de regreso en la cámara de salto dimensional de Wolfram y Hart.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y bien? ¿Hay algo que quieran decirme sobre por qué el profesor se quedó allí?
Danny Dalton: El profesor…
Ben Braddock (NE): No, señora. No hay nada más que añadir. Y ahora, si ya lo cree conveniente… nos gustaría volver a buscarlo.
Sarah Kauffmann (ND): Me temo que eso no va a pasar, señor Braddock.
Ben Braddock (NE): ¿Cómo dice?
Sarah Kauffmann (ND): La misión ha sido un éxito. Ahora, vayan a descansar.
Ben Braddock (NE): Pero, ¡no puede hablar en serio! ¡El profesor es parte de nuestro equipo!
Sarah Kauffmann (ND): Ya no, señor Braddock. (mientras se marcha) Considérelo la primera baja de su equipo.

CONTINUARÁ…

miércoles, 29 de abril de 2009

Sesión 25-04-09

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Sarah Kauffmann (ND): Tu amigo Leonard va a morir, Danny… Así aprenderás que no se juega con Wolfram & Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
James Roth (ND): Éste no es solo su primer día en Wolfram & Hart... (se calza las gafas de sol y sonríe) Bienvenido al primer día del resto de su vida...

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x06.-
Caso Nº00158112-X

ARTHUR BLAKE contra WOLFRAM & HART

Departamento de I+D
Subsótano 3, Sede de Wolfram & Hart. Los Ángeles.
Hace una hora.

Imagina que un millón de diminutos garfios penetran por cada uno de los poros de tu piel. Y luego alguien tira de todos ellos como quien te hace la cera en seco.

Más o menos eso es lo más parecido a viajar entre dimensiones por cortesía de Wolfram y Hart. La cámara, acolchada de blanco, está aislada del exterior. Imagino que así Knox y los demás “geeks” del departamento I+D no tienen que soportar nuestros agónicos gritos que marcan nuestras idas y venidas.

Con el estómago aun dando volteretas, trato de incorporarme. Miro a mi alrededor: Danny ha sido el primero en dejar de quejarse y se ha levantado. Aun va enfundado en el traje negro marca de la casa. Ayuda a incorporarse a Ben, quien aun lleva anudada la corbata del traje a su antebrazo. El resto de su indumentaria es el vivo testimonio de que nuestro paseo por el Los Ángeles de los años sesenta no ha sido un sueño: Ben aun va vestido con el uniforme de ese policía al que… Vaya. Creo que estoy adelantando acontecimientos. Lo importante ahora mismo es que en el maletín que lleva Ben entre los brazos está el alma que nos habían encargado dar caza.

James Roth (ND): Nunca me acostumbrare a esto.
Danny Dalton: Nenaza…
James Roth (ND): Lo dice el que se ha pegado casi una semana de vacaciones.
Ben Braddock (NE): No te pases James. Ha estado en coma…
James Roth (ND): Lo dicho…vacaciones.
Ben Braddock (NE): Vamos Danny… Volvamos al hotel.

Los veo caminar a lo largo del pasillo del departamento de I+D. A mi lado, Knox acaba de entregar el maletín a su equipo de “geeks” y me da la lata sobre los informes que he de rellenar. Apenas le presto atención: veo a Ben y Danny alejarse de mí…
Y es en ese momento, antes de que los dos desaparezcan tras las compuertas del laboratorio cuando tomo la decisión.
Esto no puede seguir así. Debo hacer algo.

James Roth (ND): Necesito que vengáis conmigo.

Danny y Ben se giran y se me quedan mirando con la extrañeza de a quien le acaban de invitar a un paseo por el espacio.

Danny Dalton: ¿Para qué?
James Roth (ND): Sarah Kauffman me pidió que rellenáramos el informe entre los tres…así que no voy a hacerlo todo yo.
Ben Braddock (NE): Bien, volvamos a la oficina y terminemos lo antes posible.
James Roth (ND): Tengo una idea mejor…

Bar “RaveNant”, Polígono Industrial Eisenhower.
Afueras de Los Ángeles.
Ahora.

Danny Dalton: Hazme un favor... y mátame.

No puedo evitar sonreír mientras paso por el lado de Danny, entrando en el local. Por su cara, imagino que es el último local que pisaría un “roquero sin causa” como él. Aun es temprano, no son ni las once, y el local está muerto. “Muerto”. Pienso en lo irónico que resulta ese adjetivo. La música breakbeat resuena en los altavoces, haciendo eco y dejándome claro que vuelvo a estar en mi época. Que he dejado atrás los años sesenta.

James Roth (ND): Os puede parecer extraño… (se sienta en uno de los reservados) Pero este sitio me ayuda a reubicarme tras cada uno de los saltos dimensio-temporales que damos con Wolfram & Hart. Además… me gusta esta música.
Danny Dalton: ¿Música? (sentándose) Tío, más vale que comencemos con el informe antes de que me dé por escuchar algo de esta “música” y me dé por cortarme las putas venas…
Ben Braddock (NE): Muy bien… Creo recordar que…

…cuando llegamos a su despacho, la señora Kauffman nos estaba esperando. Acabábamos de terminar una misión: habíamos tenido que atrapar a un tipo que podía cambiar de rostro cada cierto tiempo. No había resultado nada fácil y tanto el señor Braddock como yo estábamos aun débiles por el esfuerzo. Por ello, esta nueva misión representaba un segundo salto en el mismo día: algo que hasta entonces nunca habíamos afrontado. Sin duda aquello era una muestra más del especial interés que la señora Kauffman tenía en ponernos a prueba, sobre todo en lo que atañe al señor Danny Dalton (teniendo en cuenta su estado convaleciente)

Danny Dalton (molesto): Te repito que no estoy oxidado.
James Roth (ND): Oye, yo lo único que digo es que Kauffman te estaba poniendo a prueba.
Ben Braddock (NE): Eh… ¿Podemos seguir con el informe?

Nuestro objetivo era Arthur Blake: un importante hombre de negocios, de naturaleza obstinada y paranoíde. Su trato con Wolfram & Hart le había granjeado en vida la capacidad de ver el futuro. El hecho de ser capaz de prever los acontecimientos intensificó su naturaleza paranoica. Paradójicamente, el señor Blake falleció a la edad de cincuenta y siete años de un ataque al corazón. Si había algo que no podía prever era su propia muerte.

Los informes preliminares ubicaban la reaparición de su alma el 6 de Marzo de 1967, pocas horas después de su muerte, por lo que al señor Blake no le fue muy difícil hacer pasar su fallecimiento como una “falsa alarma”.

Teniendo como objetivo alguien capaz de prever el futuro, se nos planteaba nuestra misión como un reto difícilmente abarcable. Teníamos que analizar cada uno de nuestros pasos, medir sus consecuencias antes de actuar, utilizar el cerebro…

Danny Dalton: Claro. Ir a su edificio y decir que somos de Wólfram y Hart se puede llamar así.
James Roth (ND): Trato de decorarlo un poco, ¿vale?
Ben Braddock (NE): Al fin y al cabo sabía que iríamos, así que tampoco teníamos muchas opciones.
Danny Dalton: El hecho de que los capullos de Wolfram & Hart nos teleportasen hasta las puertas de su edificio también tuvo algo que ver…

Tal y como llegamos, entramos en el edificio. No nos sorprendió el hecho de que ya nos estuviesen esperando. Lo que si nos sorprendió fue el comité de bienvenida. Estabamos esperando, sentados en la recepción de aquel hotel reformado, cuando comenzó el tiroteo. De no ser por los reflejos del señor Braddock es muy posible que ahora mismo todos estuviésemos muertos.

Seis pistoleros contratados por Blake aparecieron desde las balconadas de los pisos superiores. Con sus ametralladoras Thompson no les fue difícil cubrir todo el vestíbulo de balas. El señor Braddock se incorporó, tumbando el sofá de la recepción y empleándolo como cobertura. El señor Dalton prefirió correr hacia el mostrador, buscando otra cobertura. Fue ahí cuando el señor Dalton recibió dos heridas de bala que, afortunadamente, resultaron ser meros rasguños.

Permanecí en un segundo plano, cubriendo al señor Braddock quien, de forma rápida y precisa, tomó a uno de los sicarios de Blake por la espalda. Lo apresó y empleó su propia Thompson para acabar con la vida de los demás matones.

Danny Dalton: Joder…y menuda manera de acabar con ellos. ¿Cómo coño lo hacías tan rápido, Capi?
Ben Braddock (NE): Ya te lo conté… (muestra su mano enguantada) El anillo.
Danny Dalton: Pero… ¿No me dijiste también que era mejor no usarlo?
James Roth (ND): Vale, sigamos…

El único matón de Blake al que dejamos con vida nos dio indicaciones sobre su paradero. Al parecer, nuestro objetivo tenía planeado salir del país a bordo de un velero. Con algo más de presión, el matón nos reveló el muelle en el que se encontraba atracado la embarcación de Blake (al que había bautizado con su mismo nombre, “Arthur Blake”)

Fue entonces cuando el señor Braddock, recordando que nuestro objetivo podría haber previsto que le daríamos caza en los muelles, propuso dejar nuestros pasos en manos del azár. Arrojando una moneda al aire decidiríamos si ir hacia el muelle o encaminar nuestros pasos de regreso al hotel propiedad de Blake.

Danny Dalton: La verdad es que estuvo muy bien pensado, Capi…pero ese cabron ya lo tenía previsto.
Ben Braddock (NE): Tal vez... Si hubiéramos vuelto al edificio entonces...
James Roth (ND): Dudo que estuviera allí, teniendo en cuenta donde lo encontramos.

Para cuando llegamos al muelle era medio día: la actividad de los estibadores y los porta-contenedores nos permitió colarnos sin demasiados problemas. El señor Braddock, en su línea de actitud impulsiva y poco dada a la reflexión, corrió hasta la embarcación de Blake. Curiosamente, no había ningún matón vigilándolo. Aquello sin duda olía cada vez peor...

Danny Dalton: ¿“Olía cada vez peor”? Joder, tío. Que es un informe, no una novela barata de detectives...
James Roth (ND): Oye, yo sólo pongo la verdad. Además si hubiera sido una novela, los protagonistas no hubiesen sido tan idiotas. El tío es un paranoico y le pone a su barco su propio nombre. Como pintarse una diana en la frente...
Ben Braddock (NE): Menos mal que se me ocurrió saltar del barco para evitar la explosión.
James Roth (ND): Aun así, estuvo cerca.

La explosión del barco no solo dejó claro que se trataba de una trampa y que Blake seguía llevándonos ventaja. El señor Dalton y yo pudimos cubrirnos de la onda expansiva y de los fragmentos de metralla. Sin embargo no pudimos evitar caer en manos de los policías que, en poco tiempo, acordonaron la zona. El señor Braddock, sin embargo, permaneció bajo las aguas, habiendo sobrevivido a la terrible explosión del “Blake”...

Danny Dalton: ¿Por qué te dejaste coger, Capi?
Ben Braddock (NE): Hay partidos que no puedes ganar, Danny. Comprendí que no le encontraríamos a él... Blake nos encontraría a nosotros.
James Roth (ND): Menos mal que para esta misión eras tú el encargado, Danny.
Danny Dalton: Vete a la mierda.

La súbita aparición de la policía en el lugar de la explosión nos tuvo que haber puesto sobre aviso de lo que enseguida pudimos comprobar: que el señor Blake tenía comprada a las fuerzas del orden de Los Ángeles. Los policías nos encerraron en un viejo almacén de los barrios bajos, probáblemente con la intención de que no resúltasemos un estorbo mientras Blake planeaba la forma de salir del país.

Por suerte, el señor Braddock consiguió liberarse de las esposas que lo retenían y nos ayudó tanto a mi como al señor Dalton a quitarnos las nuestras.

James Roth (ND): ¿Veis? Los informes hay que decorarlos un poco...
Danny Dalton: ¿Qué ibas a poner?
James Roth (ND): Que me queríais dejar allí tirado.
Ben Braddock (NE): No nos fiábamos de ti, James...
Danny Dalton: Corrijo. No nos fiamos de ti.
James Roth (ND): Qué halagador...

Una vez neutralizada la amenaza de los dos policías que mantenian vigilada la entrada de aquel viejo almacén, nos encontramos de nuevo ante la tesitura de cómo atrapar a un hombre que podía ver su futuro. Y esa resultó ser la cuestión tal y como mencionó el señor Braddock en un alarde de ingenio.

Ben Braddock (NE): Bueno, en ese momento me pareció una buena idea...
Danny Dalton: No seas modesto, Capi. Estuviste rápido.

Teniendo en cuenta que el señor Blake podía ver su futuro, el señor Braddock propuso utilizar a una persona cercana a Blake para que nos llevase hasta él. Recordando la información que la señora Kauffman nos proporcionó sobre el objetivo, descubrimos que además de ser un millonario paranoide y preconitor, Blake era un padre modelo. Su hija, Teresa, sería la que nos llevaría hasta él.

En 1967, Teresa Blake contaba con veinte años y acudía a la Universidad de Berkeley. Utilizando el furgón policial y las ropas de uno de los agentes que nos habían retenido, el señor Braddock se hizo pasar por un agente al servicio de su padre y logró ganarse la confianza de la joven, la cual sabia donde se escondía su padre.

Así, sin ella saberlo, nos llevó hasta un viejo edificio, uno de los muchos inmuebles propiedad de Blake que había por toda la ciudad. Mientras el señor Dalton y el señor Braddock accedían al edificio acompañados de Teresa, yo permanecí en el coche. A tenor de nuestros últimos encuentros, convenía estar preparado.

Ben Braddock (NE): Aquel viejo edificio de oficinas era un auténtico laberinto de pasillos. Y lo mejor es que, cuando llegamos al supuesto despacho, Teresa nos reveló que había una entrada secreta, escondido en la biblioteca. Había que presionar un viejo volumen sobre un tal... ¿Nostradamus?
James Roth (ND): Qué propio...
Danny Dalton: Una vez allí, llegamos hasta un bunker subterráneo. Algo sacado de los años cincuenta, ¿vale? La chica metió la clave y entramos.
Ben Braddock (NE): Arthur Blake estaba allí y no estaba dispuesto a dejarse atrapar.
Danny Dalton: Agarré a la chica y le puse mi pistola en su cabeza pero...
Ben Braddock (NE): Sus hombres atacaron…parece como si supieran de antemano que el señor Dalton no dispararía.
James Roth (ND): No hubieras disparado, ¿verdad, Danny?
Danny Dalton: Creo que eso no lo sabía ni el. Y yo menos.
Ben Braddock (NE): Lo importante es que conseguí abrir el maletín y encerrar en él a Blake... antes de que me disparara a bocajarro.
Danny Dalton: Y, por supuesto, dejamos marchar a la niña. Bastante la habíamos jodido ya...

Cierro la carpeta, dando por terminado el informe. Aun puedo ver la mirada de amargura en los ojos de Danny. Los de Ben parecen algo más duros. Como si, en el fondo, se estuviese acostumbrando a recibir ordenes... y cumplirlas. Charlie, el camarero, se acerca. Danny pide una cerveza. Ben, un vaso de leche. Y yo pido lo de siempre.

James Roth (ND): Bien. Informe terminado.
Danny Dalton: Cojonudo. Ahora habla…
Ben Braddock (NE): ¿Qué...? (mira a Danny) ¿Qué pasa, Danny?
Danny Dalton: Vamos, Capi. ¿De verdad crees que este tío nos ha traído aquí para escribir el puñetero informe? (mira a Roth) ¿De qué coño vas, tío?
James Roth (ND): Asi me gusta... (sonríe) Directo y delicado como una patada en la boca. Como siempre...
Danny Dalton: Si no me convence lo que tienes que contar, si que vas a saber qué es ser delicado.
James Roth (ND): En realidad no trabajo para la Señora Kauffman.
Ben Braddock (NE): ¿Qué quieres decir?
James Roth (ND): Trabajo para otro socio de la firma…el señor Manners.
Danny Dalton: ¿Y?
James Roth (ND): El señor Manners está dispuesto a devolveros a casa.
Danny Dalton: ¿Y que gana él con eso?
James Roth (ND): Joder a la señora Kauffman, para empezar. Ahora mismo hay dos gallos de pelea y un único puesto como socio de la firma. Sólo puede quedar uno...
Ben Braddock (NE): ¿Y qué tenemos que hacer?
James Roth (ND): Averiguar el plan de la señora Kauffman. Averiguar qué demonios planea en relación a Danny...
Danny Dalton: ¿Por qué yo?
James Roth (ND): Porque según ella... serás tú quien traiga el apocalípsis.

Los dos se quedan en silencio. Tal y como me quedé yo cuando lo escuché la primera vez. Danny Dalton y apocalípsis son dos terminos que jamás imaginarías en una sola frase.

Ben Braddock (NE): ¿Có... (incrédulo) ¿Cómo?
James Roth (ND): El Apocalípsis es el negocio de Wolfram & Hart. Cada socio tiene su propia apuesta al respecto. Y la de la señora Kauffman es Danny. Eres... su caballo ganador.
Ben Braddock (NE): Y el señor Manners tiene otro individuo para sus planes.
James Roth (ND): Exacto.

Ben baja la vista, pensativo. Danny, en cambio, no ha abierto la boca en todo este tiempo. Simplemente se ha quedado con los brazos cruzados, mirándome fijamente.

Ben Braddock (NE): No nos conoces de nada. Te arriesgas demasiado. Solo un loco o un suicida contaría todo lo que nos has contado.
James Roth (ND): Siempre he sido un suicida.
Danny Dalton: Y una mierda.

Danny aparta su cerveza y se echa para delante. Me clava su mirada de rencor.

Danny Dalton: No eres más que una rata más de Wolfram & Hart. Dime, Roth... ¿qué te ha prometido Manners? ¿Qué ganas tú con todo esto?
James Roth (ND): ¿Yo? (sonríe) Descansar en paz, Danny.
Ben Braddock (NE): Un momento, tú...

Por un instante, casi temo haber ido demasiado lejos. Ben me señala y abre mucho los ojos. Hace unos días no me habría preocupado de las teorías de un palurdo demasiado aficionado al futbol americano. Pero después de ver como funciona su cabeza, de saber que hay algo más que jugadas y partidos en su cerebro... Casi temo que me haya descubierto...

Ben Braddock (NE): Eres... Eres otro alma del Libro de las Sombras, ¿verdad?
James Roth (ND): No de ese libro. Pero el señor Manners prometió darme una carta de recomendación para cuando me toque bajar al infierno...
Danny Dalton: Pongamos que me creo todo eso... ¿Tienes alguna prueba de que Manners puede ayudarnos?
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como “el prisma”.
Danny Dalton: Espera un segundo... ¿el prisma? ¿La gema que hace funcionar el cachivache de Vanister?
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.
James Roth (ND): Yo me encargare de recuperar la máquina de salto.
Ben Braddock (NE): Tenemos... Tenemos que pensarlo, no podemos contestar ahora.
James Roth (ND): Lo entiendo... (se incorpora, poniendose la chaqueta) Pero no os toméis demasiado tiempo.

Es mi última carta. Busco en mis bolsillo y la saco. Si después de esto no confían en mí...

James Roth (ND): Un amigo tuyo me dejó esto para tí, Danny...

Dejo reposar la carta en su mano y me marcho. Antes de que puedan hacer la clase de preguntas que no podré responder sin mentiras.

Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

CONTINUARÁ...

domingo, 29 de marzo de 2009

Sesión 28-03-09

Episodio 3x02.-
Caso Nº00230323-X

RICK LOMBARDO contra WOLFRAM & HART

Agentes Responsables:
James Roth
Daniel Dalton
Marcus Vanister

Responsable de Área:
Sarah Kauffmann

Informe Previo sobre el Acusado:
Richard Devereaux nace en 1814, en el seno de una rica familia de terratenientes, poseedores de importantes tierras en la zona de Louisiana. Oficialmente, el joven Richard muere junto al resto de su familia durante una sangrienta revuelta de esclavos en 1830, en la cual la mansión familiar arde hasta los cimientos. Extraoficialmente, Richard logra sobrevivir no sin sufrir terribles quemaduras que le desfiguran el rostro por completo.

En Octubre de 1831, Richard traba contacto con uno de nuestros agentes. El acuerdo firmado especifica la restauración de su aspecto así como la adquisición del don conocido como Fascinación (ver informe de Recursos Sobrenaturales 4312-R, página 231, párrafo 8)

Bajo el alias de Rick Lombardo, Richard emprende una carrera de sucesivas estafas y fraudes centrando sus objetivos en ricas herederas y mujeres relacionadas con hombres de importantes recursos monetarios.

En Abril de 1836, Rick Lombardo es brutalmente asesinado por varios sicarios contratados por el ganadero Harry Ferguson. Tras fallecer, su alma pasa directamente al archivo provisional 329022, al cargo de nuestro agente Goodwin Steele.

Tras el robo del archivo y la desaparición del agente Steele, el alma del señor Deveraux escapa de su cautiverio junto a las que se encontraban encerradas allí (ver dossier adjunto)

Los informes de rastreo psíquico multi-dimensional indican que el alma del señor Deveraux pudo regresar a su antiguo cuerpo, aproximadamente unas diez horas después de su muerte.

Informe de la Operación:
Los agentes Dalton y Vanister son convocados junto al agente James Roth (recientemente ascendido por sus brillantes actuaciones en anteriores operaciones: ver dossieres adjuntos)

Tras la reunión informativa en la sala de juntas número doce, los agentes son debidamente preparados para la transferencia dimensional: se les proporciona, junto a los trajes reglamentarios, varios maletines de contención especial (debidamente configurados según los parámetros bio-plasmáticos del acusado)

Debidamente inoculados con el suero de resistencia paradimensional; a las nueve horas diecisiete minutos se lleva a cabo el protocolo de salto sin incidentes a destacar.

(a continuación se reproducen algunos fragmentos del informe oral presentado por los agentes a su regreso de la operación)

Danny Dalton: Aquello era el desierto, ¿vale? El jodido desierto…
Profesor Vanister: En aquel momento no nos percatamos pero más tarde averiguaríamos que habíamos aparecido justo en el lugar en el que había sido enterrado el cuerpo del señor Lombardo.
James Roth: El lugar habitado más próximo a nuestro punto de llegada resultó ser un pequeño pueblo de apenas tres o cuatro casas. Su nombre era Apocalipsis y estaba a menos de una hora de camino. Tardamos un poco más a causa de la insolación de la que fue víctima el señor Dalton…

(aunque se han registrado las quejas del señor Dalton con respecto al uso de trajes de chaqueta de color negro en entornos de calor extremo, se han eliminado los comentarios obscenos contra el agente Roth)

Profesor Vanister: Aunque quizá el término "cloaca infecta" sea un poco extremo, lo cierto es que los pocos habitantes que encontramos en Apocalipsis resultaron ser cuatreros y forajidos.
Danny Dalton: El jefe de todos ellos resultó ser un tipo gordo llamado (y esto no te lo vas a creer, colega) Fatboy. Como el jodido Fatboy Slim…

(se han eliminado del registro varios minutos en los que el agente Dalton tararea varias canciones del artista conocido como Fatboy Slim)

James Roth: Sin embargo, antes de que pudiéramos hablar directamente con Fatboy, topamos con su lugarteniente: un indio mestizo al que llamaban Eddie "Fast".
Profesor Vanister: Tanto el señor Fast como su jefe, el señor Fatboy, nos confundieron con detectives de la agencia Pinkerton. Por eso no fue muy complicado hacerles creer que pesaba una cuantiosa recompensa por el cuerpo del señor Lombardo…
James Roth: Fue así como descubrimos que habían sido ellos los que habían enterrado su cuerpo… y uno de los chicos de Eddie Fast, un criollo llamado "Pitch", le había arrancado los ojos al cadáver…
Danny Dalton: Los muy capullos… Tendría que haber visto cómo salieron corriendo cuando vieron la fosa abierta.
James Roth: Eddie Fast y sus chicos se asustaron mucho al comprobar que, en efecto, el bueno de Lombardo había salido de su tumba. Eso nos permitió convencer a Fatboy de que Eddie y los suyos se habían largado con el cuerpo para cobrar la recompensa.
Profesor Vanister: Bueno, lo cierto es que el señor Fatboy tampoco se fiaba demasiado de nosotros.
James Roth: Es cierto… Joder, aun siento nauseas por ese maldito whisky que tuve que tragar.
Danny Dalton: No aguantas nada, tío.
James Roth: Claro… Olvidaba que tú hiciste tu parte cargándote el banjo de aquel pobre tipo.
Danny Dalton: Jódete, Roth.

(fragmento de discusión eliminado)

Profesor Vanister: Una vez los dos hombres del señor Fatboy yacían completamente ebrios, pudimos quitarles sus armas. Lo cierto es que la colaboración del barman fue imprescindible. Me dio la impresión de que usted le recordó a alguien, ¿no es así, señor Dalton?
Danny Dalton: Déjelo, profe…
James Roth: En cualquier caso, pudimos salir de allí. Era ya de noche y no teníamos muy claro a donde íbamos a meternos.
Danny Dalton: Sí… El tal Fatboy fue el que nos dijo que había muchas leyendas locales. Una en concreto nos llamó la atención.
Profesor Vanister: Al parecer había una mansión a unas dos millas de Apocalipsis. Se trataba de un burdel regentado por una misteriosa mujer a la que llamaban Madame Rouge.
James Roth: Fatboy nos dijo que era un burdel muy exótico. Y que la madame era de Nueva Orleáns. Eso junto al hecho de que Lombardo era un mujeriego, nos llevó a pensar que un burdel sería el típico lugar que usaría como refugio.
Danny Dalton: Y lo cierto es que dimos en el clavo.
Profesor Vanister: Mademoiselle Rouge en efecto daba asilo al señor Lombardo, quien en su condición de invidente se encontraba expuesto y prácticamente indefenso.
James Roth: Lo que nos pilló por sorpresa es el hecho de que Rouge y sus chicas fuesen vampiresas...
Danny Dalton: Vampiros... (se toca el cuello inquieto) Odio a esos bichos...
Profesor Vanister: La mención de que trabajábamos para Wolfram & Hart y que buscábamos al señor Lombardo fue lo que llevó a Mademoiselle Rouge a tomar una postura más... beligerante.
James Roth: ¿Beligerante? Se nota que no fue a usted a quien esa vampiresa cogió de rehén...
Danny Dalton: El caso es que el follón que montamos en aquel burdel fue suficiente como para llamar la atención del tal Lombardo, que salió de su escondrijo... Y aquí el profe utilizó uno de los maletines para darle caza.
James Roth: Lo dices como si fuese un gran triunfo. Te recuerdo que el tal Lombardo estaba medio desnudo y ciego como un topo...
Profesor Vanister: Lo cierto es que el señor Lombardo aun conservaba el don de controlar a cualquier sujeto femenino. O al menos esa sensación nos dio pues, en cuanto se vio atrapado en el maletín, la actitud de Mademoiselle Rouge y sus pupilas cambió radicalmente para con nosotros...
Danny Dalton: Y diez minutos después de abandonar ese burdel, comenzamos a sentir ese jodido cosquilleo y... ¡bang! De vuelta al jodido Wolfram & Hart.

(la supervisora Kauffmann da por concluido el registro del informe oral llegados a este punto)

Observaciones:

* El agente James Roth parece haberse integrado bien en la dinámica de grupo. Pese a la carencia de apego que tienen por su vida sus dos nuevos compañeros, no se han detectado incidentes que vayan más allá del mero conflicto verbal.

* El profesor Marcus Vanister parece haber desarrollado algún tipo de sensibilidad paranormal que le permite captar presencias paradimensionales. Si se trata de algún tipo de mutación a raíz de sus desplazamientos entre realidades o un efecto secundario del suero, el Departamento de I+D se encargará de supervisar su evolución (ver dossier adjunto)

* Con respecto al señor Daniel Dalton, muestra una considerable adaptabalidad teniendo en cuenta la reciente pérdida del señor Leonard Powell. Parece ir asimilando su nueva condición y ha comenzado a hacer uso de los recursos de esta firma (ver desglose de contabilidad sobre los gastos realizados con su tarjeta de crédito)

FIN DEL INFORME.