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lunes, 21 de septiembre de 2009

Sesión 19-09-09 - CRAIG (Parte 1 de 4)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
James Hetfield (ND): Estos anillos te proporcionan dones más allá de lo humano, Ben… pero el precio es siempre demasiado alto. Y por ello deben estar bajo control. Nuestra misión es así de importante… y pese a todo, tu primo fue a buscarte. Arriesgando su delicada posición dentro de Wolfram y Hart…

ATRAPADOS POR CULPA DEL "LIBRO DE LAS SOMBRAS", TRABAJANDO PARA "WOLFRAM & HART"...
James Roth (ND): Era gigantesco, ¿vale? Pelo corto y afeitado por las sienes, rostro de piedra y ojos pequeños. Y le sacaba dos o tres cabezas a cualquiera. ¿Cómo demonios iba yo a saber que se gigantón era una especie de Terminator enviado por el Vaticano?

TODO FORMA PARTE DE UN PLAN...
Arthur Craig (ND): Si Layton os deja entrar en su capilla privada, eso es asunto suyo. No tengo por qué...
James Roth (ND): Vamos a ayudarte. Como favor a Layton.

...Y LOS ANILLOS, TAMBIÉN.
Ben Braddock (ND): Craig sacó a Amanda de la Torre Grant y estaban allí esperandonos. Creo que es el comienzo de una hermosa amistad...

Episodio 3x12.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 1 de 4)

Capilla de Saint Patrick. Queens.
Hace una semana.
1.06 A.M.


Con un "bleep" electrónico, diez kilos de explosivo plástico hacen temblar los cimientos de la vieja capilla de Saint Patrick. Las vidrieras estallan como una mortal lluvia de cristales. Y Arthur Craig vuela por los aires, atravesando la calle y cayendo pesadamente sobre el capó de una ranchera. Mientras media docena de alarmas de coche resuenan en mitad de la noche, Arthur se incorpora a duras penas. Trata de alcanzar su moto, su Harley… o lo que queda de ella. Nota como su visión se enturbia, en parte por la sangre que mana de sus heridas, en parte por la conmoción.

Antes de caer inconsciente, Craig consigue detener un más que oportuno taxi. La suerte le sigue sonriendo cuando el conductor acepta sacarlo de ahí sin hacer preguntas. Por un segundo, Craig piensa que quizá Dios sigue protegiéndolo. O a lo mejor ha sido cosa de ese billete ensangrentado de cien pavos que le ha soltado.

Clínica Ilegal. En alguna parte bajo el suelo de Manhattan Sur.
Tres días después.

Tulio (ND): No sé con quien te juntas ahora, Craig… Pero como tu médico te recomiendo que dejes de hacerlo…

Arthur Craig se limitó a dar otro trago de aquel vino barato que Tulio le había traído. Bajo la luz de una bombilla desnuda, aquel sótano y aquella cama habían sido el refugio de Craig durante las últimas 72 horas.

Tulio (ND): En serio, Craig… (termina de coserle una herida en la frente) ¿En qué te has metido…?
Arthur Craig (ND): ¿Haces tantas preguntas a tus clientes de la familia Panessi?

Aquello bastó para cerrar la boca de Tulio. Pero acallar sus propios pensamientos era más difícil. Desde que había recuperado el conocimiento, la mente de Craig había tratado de ordenar las piezas del rompecabezas. Sus manos recorrieron las páginas del periódico de hace un par de días. Los titulares del atentado a la Torre Grant seguían ocupando las páginas principales. Por un segundo, Craig estuvo a punto de sonreir. Aquello había estado bien. Le habían dado una buena patada en el culo a ese bastardo de Gideon Grant.

Entonces, Craig recordó lo que vino después.

Capilla de Saint Patrick. Queens.
Tres días antes.
0.24 A.M.


Arthur Craig (ND): Perdóneme Padre… porque he pecado.

El interior de la capilla estaba iluminada únicamente por velas. Cientos de velas que, nada más entrar, se habían ido encendiendo a medida que Craig se había aproximado al altar.

Padre Layton (ND): Si, has pecado… (sonríe) Y seguro que lo has disfrutado.

Aun de rodillas, en uno de los primeros bancos, Arthur Craig miró hacia atrás. La figura del Padre Vincent Layton se encontraba sentada a unos metros atrás. Se despojó de la capucha de su hábito, mostrando una sonrisa amable y condescendiente al mismo tiempo. La misma que había tenido en vida.

Arthur Craig (ND): No tienes mal aspecto para ser un fantasma, Vince.
Padre Layton (ND): Sabía que harías un buen trabajo en la Torre Grant. Lo que no me esperaba era esta visita.
Arthur Craig (ND): Bueno, mi vuelo no sale hasta dentro de un par de horas así que me dije “voy a visitar a un viejo amigo”.

Layton bajó la vista, manteniendo esta vez una sonrisa triste.

Padre Layton (ND): Dime, Arthur… ¿Cómo sigue el mundo ahí fuera?
Arthur Craig (ND): No te pierdes nada, Vince.

Los siguientes minutos los pasaron hablando de baseball, de política, de cine… De todas esas pequeñas tonterías que Layton ya no podía disfrutar. Craig no sabía cómo había sucedido (y lo cierto es que Layton parecía no querer hablar nunca del tema) pero lo cierto es que, pocos meses después de lo que ocurrió en Siria, Layton se le apareció por primera vez en una de esas extrañas visiones. Al principio, a Craig le costó asimilarlo. Su viejo camarada era ahora un espectro, atrapado en las paredes de aquella iglesia.

Padre Layton (ND): Veo… (mira el anillo que pende del cuello de Craig) Veo que lo llevas contigo.
Arthur Craig (ND): Tal y como me dijiste. No es que me guste llevarlo así pero…
Padre Layton (ND): No se perderá. No es como los otros anillos.
Arthur Craig (ND): Lo sé. Es… Es tuyo, ¿verdad?

Como ya era habitual cuando vivía, Layton se incorporó sin responder, caminando hasta el altar. Allí, una serie de velas aguardaban a ser encendidas. Mientras hablaba, Layton posaba su dedo sobre cada una de ellas, prendiéndolas.

Padre Layton (ND): Los aliados que te busqué… ¿te han sido de ayuda?
Arthur Craig (ND): Jugaron bien con Massara. Y desde luego se portaron en la Torre Grant.
Padre Layton (ND): ¿Cómo? (sorprendido, mira a Craig) ¿Estaban en la Torre…?
Arthur Craig (ND): Si, parecían tener algo pendiente con una ejecutivo de Wolfram y Hart que se encontraba allí con Grant. Una tal… ¿Samantha? ¿Sandra?
Padre Layton (ND): Sarah. Sarah Kauffmann.

El nombre retumba en la espectral garganta de Layton como la más terrible de las noticias. Si el tono de su voz ha sido como una alerta roja, el silencio de preocupación posterior deja clara la gravedad del asunto.

Arthur Craig (ND): Vince… (se levanta y se acerca) ¿Quién coño es esa tal Kauffmann?
Padre Layton (ND): Es peligrosa. Ella…

De repente, Layton volvió a dejar la frase a la mitad, como si de repente hubiese recordado algo. Pero no era un recuerdo: Craig pudo verlo en sus ojos. Bastó un susurro para dejar claro que algo iba mal. Mortalmente mal.

Padre Layton (ND): Dulce Jesucristo, Arthur… Te han seguido.
Arthur Craig (ND): ¿Qué estas…?

Pero ya era tarde: en el espacio de tres metros que los separaba a ambos, Layton y Craig vieron materializarse dos figuras en mitad de una nube de polvo de jade. La primera era una chica oriental, joven, de apenas dieciséis o diecisiete años, con el pelo tintado de color violeta y con una rodilla en el suelo. Su atuendo recordó a Craig el de una serie de dibujos japoneses. A su lado, de pie, había un individuo de edad indeterminada: su complexión era atlética, bajo una gabardina gris y sucia. Su cara estaba cubierta por vendajes sucios que dejaban ver unos desquiciados ojos rasgados.

La chica dijo algo en japonés y, al tiempo que su pompa de chicle estallaba, ella volvió a desvanecerse tan velozmente como había aparecido.
El otro, sin embargo, permaneció de pie, sonriendo de forma hilarante.

Arthur Craig (ND): No sé quien coño eres, pero…

Apenas había empezado a sacar las dos nueve milímetros de sus sobaqueras cuando los ojos de Craig vieron lo que ocultaba aquel tipo bajo la gabardina. Los números electrónicos del detonador marcaban el tres, el dos…

Arthur Craig no llegó a escuchar lo último que gritó Layton. Pero si escuchó el susurro de aquel japonés kamikaze.

Luego, todo voló por los aires.

Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.
Ahora.

Agente de Aduanas (ND): Todo en orden, Padre Craig… Feliz estancia en Los Ángeles.

Bajo la desconfiada mirada de los tres policías armados de la aduana, Craig tomó con fuerza sus maletas. Aunque su aspecto no era el de un sacerdote, aquella valija diplomática de la Santa Sede era tan auténtica como los documentos que le permitían viajar con todo su “instrumental” de un lado a otro del país. Ahora, aquella era la única ayuda que iba a tener en su cruzada contra esos endemoniados anillos. Ahora que Layton…

James Roth (ND): Espero que haya tenido un vuelo agradable, ¿señor Craig? (le tiende la mano a modo de saludo) ¿Qué tal la primera clase?

Craig permaneció ahí de pie, mirándolo con desprecio y sin soltar sus maletas. Roth suspiró y desistió de aguardar respuesta alguna a su saludo.

James Roth (ND): Mire, sé que tendrá preguntas…
Arthur Craig (ND): ¿Preguntas? (deja caer pesadamente las maletas y se acerca intimidante a Roth) Ya lo creo que tengo preguntas.

Por un instante, Roth teme que vaya a levantarlo por los aires y lanzarlo contra el panel de “Llegadas”. Con su descomunal fuerza Craig probablemente podría hacerlo.

James Roth (ND): Supimos lo de la Iglesia de Saint Patrick, lo de la semana pasada… Y créame que estamos del mismo lado.
Arthur Craig (ND): ¿Ah si? Pues no es eso lo que tengo entendido. A fin de cuentas Sarah Kauffmann trabaja para Wolfram y Hart… como trabajáis tú y Braddock.

James Roth da un par de pasos hacia atrás mientras mira a su alrededor. Hay mucha gente en la terminal, demasiada como para que Craig empiece un tiroteo. Pero la mirada de ese enorme tipo es la mirada de alguien a quien no le importa tener testigos.

Arthur Craig (ND): Más te vale jugar bien tu última carta, Roth. Porque de lo contrario no vas a salir vivo de este aeropuerto.
James Roth (ND): Tiene razón, señor Craig. Es cierto, trabajo para Wolfram y Hart.
¡Tan cierto como que hemos sido nosotros quienes hemos pagado su billete para traerlo hasta aquí!

Con esas últimas palabras, Roth se detiene. Ha dado varios pasos hacia atrás, visiblemente intimidado. Pero, de repente, sus ojos se clavan en los de Craig.

James Roth (ND): Pero si hay algo seguro, señor Craig, es que ni yo ni el señor Braddock queremos seguir trabajando para Sarah Kauffmann.
Arthur Craig (ND): Ah, ¿no? Y entonces, ¿Qué es lo que queréis?
James Roth (ND): Queremos destruirla, señor Craig. Y usted es la clave para conseguirlo.

CONTINUARÁ…

jueves, 18 de junio de 2009

Sesión 13-06-09 (Parte 2 de 2)

PREVIAMENTE, EN "RINGS"...
(http://rings-therpgseries.blogspot.com/)

...Y ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como "el prisma".
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

… O A MORIR EN EL INTENTO.
Ben Braddock (NE): No… No puede ser…
Padre Vincent Layton (ND): Me temo que si. Fred Fesster es una de las almas que deberán capturar.

Episodio 3x09.-
RINGS contra NEVERFIELD (Parte 2 de 2)

Vestíbulo de la Torre Grant.
Nueva York, 20.16 horas.
Marcus Vanister.

Los flashes cubren la alfombra roja. Por suerte, los periodistas y paparazzis están más centrados en las celebridades que bajan de las limusinas como para fijarse en la peculiar pareja que pasa en segundo plano, justo por detrás de una modelo anoréxica y un célebre rapero. Un escalofrío recorre la espalda de Marcus Vanister cuando piensa que quizá esa pareja sean de los elegidos por Gideon Grant para recibir uno de los veinte anillos demoníacos con los que piensa premiar a las celebridades neoyorquinas.

Su mente regresa al aquí y al ahora cuando su acompañante le aprieta el brazo.

Amanda Lomax (ND): Fíjese, profesor... Ahí está Grant. Y... Oh Dios...

La joven enmudece al reconocer a Bradley Braddock y a James Hetfield entre los guardaespaldas que acompañan a Gideon Grant. El profesor Vanister comparte la impresión de la joven... pero por distinto motivo.

Amanda Lomax (ND): No reconozco a la mujer con la que habla Grant. La que va acompañada de ese individuo oriental.
Profesor Vanister (NE): Me temo que yo si les conozco... a los dos. El individuo oriental es Gavin Park y la mujer es Sarah Kauffmann, de la directiva de Wolfram y Hart en Los Ángeles...
Amanda Lomax (ND): Oh, Dios...
Profesor Vanister (NE): Hay demasiada seguridad en el edificio... Espero que mis jóvenes amigos hayan pensado como acceder.
Amanda Lomax (ND): Parecen muy intrépidos, la verdad...
Profesor Vanister (NE): Eso, señorita Lomax, es precisamente lo que me preocupa...

Sobrevolando la Torre Grant.
Nueva York, 20.21 horas.
Danny Dalton y Ben Braddock.

Policía Metropolitana (por la radio): Atención, vuelo no identificado. Le habla el departamento de policía de Nueva York. Está violando espacio aéreo restringido. Por favor, identifíquese...

Mientras la avioneta tiembla con cada turbulencia del aire, el piloto, Pete Beaumont, mira hacia atrás: en la plataforma de salto, se encuentran los dos jóvenes agentes del FBI que se presentaron hace una hora en su oficina de Queens. Cuando Pete montó su escuela de paracaidismo nunca pensó que recibiría un encargo como aquel...

Pete Beaumont (ND): ¡Oigan! ¡Ya estamos en la zona de salto pero tengo a la policía al otro lado de la radio!. ¿¡Les digo que es un asunto federal!?

Danny y Ben se miran por un segundo. Ambos sabían que, por muy bien que funcionasen las identificaciones psíquicas que Wolfram y Hart les habían proporcionado, la policía iba a estar vigilando los alrededores de la Torre Grant. Sobre todo teniendo en cuenta que, hacia cosa de un año, ese mismo edificio había sufrido un atentado terrorista mediante la táctica del helicóptero kamikaze.

Pete Beaumont (ND): ¿¡Qué les digo!?

Danny se limita a sonreir y presiona la palanca. El suelo se abre bajo sus pies y los de Ben. Y de repente, sus estómagos sienten la presión de quien se ve privado del suelo. Danny lanza un alarido triunfante mientras la adrenalina se dispara. Ben, sin embargo, no reacciona bien ante el movimiento sorpresa de su compañero... y abre el paracaídas tan rápido que éste se engancha en el ala de la avioneta. La presión en torno a su cuello no deja lugar a dudas:
o corta las amarras y se deja caer al vacío. O morirá ahorcado a cientos de metros del suelo.

En menos de un segundo, Ben da gracias a Dios por dos cosas. La primera, llevar consigo una pequeña navaja multiusos. La segunda, contar con un paraca de emergencia.

A varios cientos de metros por debajo, Danny siente el viento golpear su cuerpo. Apenas alcanza a ver nada. Las luces de la ciudad van haciéndose más brillantes y es entonces cuando descubre que la Torre Grant se aleja de su trayectoria. Aterrizar en mitad de la calle será la mejor forma de llamar la atención de la seguridad del edificio. Aunque no será ni la mitad de malo que aterrizar con los dientes, claro.

En ese momento, Danny siente la mano de alguien que le toma del brazo derecho. A su lado, Ben mueve frenéticamente sus manos, tratando de indicar a Danny que ha llegado la hora de tirar de la anilla.

Menos de tres minutos después, ambos se encontrarán sobre la azotea. Pero lo que pasa en esos eternos instantes se pierde en el mar de adrenalina que llena la cabeza de los dos. Ben rueda por el suelo de la azotea de la Torre Grant, revolviéndose y enredándose en su paracaídas. Para cuando logra liberarse del mismo, Danny lo mira como un James Bond cualquiera: aun con el paracaídas a la espalda, con su elegante traje de chaqueta negro y fumando un cigarrillo.

Danny Dalton (satisfecho): Debo reconocerlo, Capi... esto del paracaídas ha molado un huevo.
Ben Braddock (NE): Si... (entre asustado y agotado) Un huevo... Lo que tu... (sorprendido) Oh, mierda...

Danny se da la vuelta y ve el cuerpo de un guardia de seguridad de la Torre Grant. Yace a varios metros de un helicóptero que reposa sobre la plataforma del helipuerto. En su pecho, una pavorosa herida de escopeta. Si no está muerto, le queda poco.

Danny Dalton: Capi... Creo que alguien se nos ha adelantado.

Salón de Recepciones. Planta Baja de la Torre Grant.
Nueva York, 20.32 horas.
Marcus Vanister.


Gavin Park (ND): En efecto, trabajo para Wolfram y Hart. Me llamo Gavin Park...

Le tiende la mano, sonriente y diligente como siempre. El profesor Vanister sonríe bajo su barba postiza: un acento alemán y un poco de interpretación de teatro aficionado parecen ser suficientes para que Park no sospeche de él. Una pena que a Vanister no le importe lo más mínimo revelar sus cartas. No a Park. No a alguien que tiene tanto perder como ellos. Sobre todo ahora que Amanda está lo bastante lejos como para verse involucrada.

Gavin Park (ND): Y dígame, Herr Vandervilt... ¿Cuál es el problema que nuestro bufete puede solventarle?
Profesor Vanister (NE): Verrá, tratarrse de... (se acerca en confidencia y revelando su auténtica voz) ... de un socio traidor.

A juzgar por la velocidad en la que Park trata de zafarse de su mano, Vanister deduce que su esfínter acaba de pasar a Defcon 2.

Gavin Park (ND): Vaya... eh... (mira para todos lados, tratando de escabullirse) Acabo de recordar algo... Si me disculpa...
Profesor Vanister (NE): Si cree que puede jugárnosla, señor Park... piense que usted también tiene asuntos por los que responder. ¿O cree que he olvidado lo que ocurrió en aquel aeródromo?

El miedo es mayor que su prudencia y Gavin se zafa de un fuerte tirón, quedando libre de la presa de Vanister. Éste lo ve alejarse, perderse entre la gente. Parece que ha conseguido asustarlo.
O al menos eso es lo que el profesor espera.

Profesor Vanister (NE): Espero que el señor Dalton y el señor Braddock tengan más suerte...

Azotea de la Torre Grant.
Nueva York, 20.40 horas.
Danny Dalton y Ben Braddock.

Ben Braddock (NE): ¡Por fin! ¡Ya era hora!

Aun con sus armas encañonando al joven, los dos guardias de seguridad se miran confusos. A menos de cinco metros, junto al cuerpo de uno de los suyos, un joven trajeado permanece arrodillado, intentando hacer un torpe masaje cardíaco.

Ben Braddock (NE): ¡Soy yo quien les ha llamado! (saca su cartera de la chaqueta y la abre ante ellos) ¡Agente Meadaboy, FBI!

Pero en esa cartera los dos guardias de seguridad no ven nada. Absolutamente nada. Comparten una mirada fugaz y asienten. Uno de ellos se acerca y un segundo antes de que pueda lanzarse sobre Ben, éste se adelanta a su movimiento. Consigue reducirlo a tiempo de ver como Danny sale de entre las sombras, encargándose del segundo guardia.

Danny Dalton: Te dije que confías demasiado en ese cacharro psíquico de Wolfram y Hart, Capi... (mira a los guardias de seguridad) No tardarán en dar la alarma.
Ben Braddock (NE): Pues entonces... (sostiene la pistola de uno de los guardias) Entonces vamos a darles un buen motivo de alarma.

Danny sigue la mirada de Ben hasta una de las esquinas de la azotea. En ella, hay un kit completo de lucha contra incendios. Dos máscaras antigás... y un extintor.

Danny Dalton: ¿Qué...? (sonríe) No estarás pensando...
Ben Braddock (NE): Si, Danny... Lo estoy pensando.

Salón de Recepciones. Planta Baja de la Torre Grant.
Nueva York, 20.40 horas.
Marcus Vanister.


Gideon Grant (ND): Señoras y caballeros: un segundo de atención, por favor...

Un centenar de cabezas se giran al unísono: junto al atril de presentaciones, los focos se centran en la silueta de Gideon Grant.

Gideon Grant (ND): Vamos a proceder con la entrega de los galardones. Sin embargo, por motivos de seguridad, la ceremonia se llevará a cabo en una habitación a parte. Por supuesto, y como no quiero que ninguno de los presentes se pierda el magnífico discurso que he preparado...

Las luces se encienden de nuevo y revelan una gigantesca pantalla plana que surge de una de las paredes. Los aplausos no tardan en aparecer mientras Gideon Grant abandona el atril, bajo los flashes de las cámaras. Sarah Kauffmann, acompañada de Gavin Park, entra en la habitación. Tras ella, Bradley Braddock y James Hetfield.

El profesor Vanister prueba un sorbo de champagne, tratando mantener una imagen de tranquilidad absoluta. Pero no puede... Tiene que hacer algo. O veinte de las personas más influyentes de una de las ciudades más importantes del planeta se convertirán en demonios.

Marcus Vanister (NE): Esto… (murmurando) Esto no es una buena idea…

Pero antes de poder pensarlo dos veces, sus manos ya han activado la alarma de incendios. La confusión y el miedo se propagan a la vez que los murmullos de la concurrencia.

Gideon Grant (ND): Tranquilícense, por favor. No hay motivos para…

Y es en ese instante cuando todos sienten el rumor inequívoco de una explosión lejana. Los muros vibran por un segundo.

La siguiente señal de que algo va mal es el estruendo de uno de los cinco ascensores del edificio estampándose contra el suelo de la planta baja.


Escaleras de la Torre Grant.
Nueva York, 20.43 horas.
Danny Dalton y Ben Braddock.

Agente de Seguridad 1 (a través de un walkie): Repito, una explosión en la planta diez. No, aun no sabemos nada…
Agente de Seguridad 2: Espera, Ted… Mira.

De entre el humo, surgen dos figuras. Llevan elegantes trajes negros y lucen las máscaras antigás reglamentarias contraincendio. Una de las dos figuras carga con la segunda, que parece malherida.

Agente de Seguridad 1: Dios, ¿qué ha pasado?
Enmascarado 1: El ascensor de la planta 10… Dios, es horrible. ¡Hay más gente ahí arriba! ¡Necesitan ayuda!
Agente de Seguridad 2: Muy bien, quedaos aquí. (al otro agente) ¡Vamos!

Una vez han desaparecido escaleras arriba, Danny Dalton se quita su máscara por un segundo y sonríe.

Danny Dalton: Y el Oscar al Mejor Actor es para…
Ben Braddock (NE): Vaya… (quitándose la máscara) ¿Quién iba a pensar que un extintor iba a provocar semejante explosión?
Danny Dalton: Capi, a veces das miedo… Bueno, ¿y ahora?
Ben Braddock (NE): Ahora a los subterráneos. Allí está el generador. Lo apagamos y esperamos que el profe haga su parte.

De nuevo con las máscaras antigás ocultando sus rostros, Danny y Ben consiguen llegar hasta la planta baja. El caos y la confusión que se ha extendido entre los invitados a la fiesta pone las cosas fáciles a la hora de llegar hasta el sótano.

Otra cosa que ayuda, claro, es descubrir que alguien ha llegado antes que ellos: las dos cerraduras de seguridad han sido reventadas y otros dos agentes de seguridad yacen en el suelo con heridas de escopeta.

Danny Dalton: Joder… (aferra su pistola) Vale. Sea quien sea, tiene que estar ahí dentro. A la de tres. Uno, dos…
Ben Braddock (NE): ¡Tres!

Bajo las luces rojizas de emergencia, el sótano es un lugar mucho más claustrofóbico de lo que podían esperar. Entre un sin fin de tuberías y conductos, un viejo y corpulento conocido de Ben y Danny los mira mientras manipula uno de los depósitos de agua.

Arthur Craig (ND): ¿Qué pasa, amigos?
Ben Braddock (NE): Señor Craig… Veo que al final ha podido venir.
Arthur Craig (ND): Veinte anillos son muchos anillos…
Danny Dalton: ¿Y qué se supone que está haciendo?

Danny observa como Craig vierte el contenido de una botella marcada con una cruz en el interior de uno de los conductos. Ben los mira, siguiéndolos con la mirada. Y entonces, con el sonido de la alarma contra incendios sonando en el piso de arriba, lo comprende.

Ben Braddock (NE): Espera… Agua bendita, alarma contraincendios… Oh, joder…
Arthur Craig (ND): Si. Y ahora, id a por ese bastardo de Grant. Creedme... Va a preferir haberse quedado en el infierno.

Y a modo de confirmación, un grito completamente inhumano eclipsa la alarma contraincendios.

Salón de Recepciones. Planta Baja de la Torre Grant.
Nueva York, 20.44 horas.
Marcus Vanister.


Hace un segundo que los aspersores se han puesto en marcha. Marcus Vanister pensaba que iba a ser mucho más difícil, la verdad. Pero el hecho de que tanto Gideon Grant como la mayor parte de la comitiva que lo acompañaba comiencen a rugir de dolor deja claro que el agua ha sido debidamente consagrada.

Y Vanister se sorprende a sí mismo utilizando la palabra “milagro”. Gideon y compañía están demasiado ocupados tratando de salir del edificio. Apartan y empujan a todo el que se pone en su camino. En uno de los golpes, la tarima en la que se encuentran los anillos cae al suelo. Dos miembros del equipo de seguridad se lanzan a recogerlos. Marcus Vanister no deja escapar la ocasión…

Profesor Vanister (NE): Caballeros… (muestra su credencial psíquica) Jefe de Seguridad de la Grant Corporation. Yo me haré cargo de esto, ¡ustedes protejan al señor Grant!

Con sus manos temblorosas y amparado en el caos y la confusión que reinan en la estancia, Marcus atesora los veinte anillos en sus manos. Deja caer la mayoría en el interior del estuche.
La mayoría, si. Pero no todos.
Los últimos diez reposan entre las palmas de sus manos. Los contempla, hipnotizado.

“Cada uno de estos anillos alberga un poder inmenso… Con ellos quizá tengamos una oportunidad de enfrentarnos a Sarah Kauffmann. Podríamos plantar cara a Wolfram y Hart. Puede que incluso nos permitan regresar a casa…”

Lentamente, uno a uno, cada anillo va ocupando uno de sus dedos. El ritmo de su corazón se acelera, con la adrenalina de quien sabe estar jugando a una ruleta rusa con cinco balas en el tambor.

Cuando se incorpora, estuche bajo el brazo, Marcus Vanister se siente como nunca antes se había sentido.

Profesor Vanister (NE), (a sí mismo): Muy bien, Marcus… Recuerda que eres mortal.

Salida de Emergencia. Zona de Servicio de la Torre Grant.
Nueva York, 21.04 horas.
Gideon Grant.


Una vez fuera, el dolor cesa. Siente su piel marcada por las quemaduras mientras piensa en las formas (terribles y dolorosas) en las que el responsable va a pagar por esto. La escoria de Wolfram y Hart no ha tardado en poner pies en polvorosa: probablemente quieren desentenderse de todo ese fiasco. Él no puede hacer lo mismo. Es su casa. Alguien se ha meado en su casa y ese alguien va a pagar por ello.

Desde el umbral de la puerta de servicio, ha contemplado cómo sus marionetas, Bradley Braddock y James Hetfield han fracasado en la intentona por frenar a quienes parecen responsables de aquel desastre. El primero yace inconsciente entre los restos de la limusina que uno de los intrusos utilizó para intentar escapar. La condujo el tiempo suficiente como para que Bradley se aferrara al techo de la misma… y saltó a tiempo de que chocase contra un autobús que iba en dirección contraria.

El otro intruso también lleva márcara antigás y acaba de romper el brazo de Hetfield, arrebatándole el anillo que le proporcionaba el poder de la llama verde de Inconnuma. Aunque no puede ver sus caras, Gideon comprende que deben conocer el poder de los anillos pues el segundo de los intrusos no duda en colocarse el anillo de Inconnuma e intenta usarlo contra él. Idiota.

Con toda la facilidad del mundo, Gideon evita la descarga y alza la mano, dejando ver los cinco anillos que acumula en su puño.

Gideon Grant (ND): Y ahora… (susurro) MUERE.

El enmascarado gime de dolor e hinca la rodilla en el suelo. Gideon aun desconoce sus identidades. Bah. Es lo de menos: tendrá tiempo de diseccionarlas y colgarlas de su colección privada cuando acabe con ellos.

Gideon Grant (ND): No sé quienes sois… pero lo vais a…

No termina la frase. Un dolor como el de una aguja de coser seccionando un globo ocular estalla a la altura de su frente. El agua bendita se clava en su piel junto las esquirlas de cristal de una elegante copa de champagne.

Parcialmente cegado por el dolor y las quemaduras, Gideon golpea a ciegas a su atacante, arrojándolo al otro lado de la avenida.

Danny Dalton: Joder, menudo golpe. Pero parece que aun respira.
Ben Braddock (NE): Si. Llévate al profesor… (encuentra el estuche con los anillos oculto en su chaqueta) ¡Nos vemos en el Rialto!
Danny Dalton: Pero, ¿qué piensas hacer?
Ben Braddock (NE): Tengo que sacar a Brad de aquí… ¡Corre!

La visión va regresando y Gideon contempla al joven que yace arrodillado junto a la humeante limusina, cruzada en mitad de la avenida. A sus pies, el cuerpo de Bradley Braddock, inconsciente. Gideon camina hacia ambos, pensando en las mil formas de matarlo…
Y es entonces cuando aquel enmascarado hace una jugada inesperada.

Ben Braddock (NE): ¿Quieres los anillos, Grant? ¡Pues ve a por ellos!

Y los arroja.
Los anillos brillan en el aire como perlas ingrávidas… durante un instante. Con un tintineo se escurren entre las rendijas de una alcantarilla.

Gideon Grant (ND): ¡¡NO!! (arranca con sus propias manos la alcantarilla) ¡¡CONDENADO JESUCRISTO, NO!!

Y mientras Gideon Grant sumerge sus manos en varios palmos de escoria, Ben Braddock corre con el cuerpo de su primo Brad entre los brazos.
Y sonríe. Porque le ha salvado.
Ha pagado su deuda.
Ahora, están en paz.


Departamento de I+D, Subsótano 3.
Sede de Wolfram y Hart. Los Ángeles.
Ocho horas después.

Profesor Vanister (NE): ¿Y después?

Las puertas del ascensor se abren dejando a Danny, Ben y el profesor ante el ajetreado laboratorio subterráneo de I+D.

Ben Braddock (NE): Bueno, llevamos a Bradley al Rialto y dejamos allí los anillos. Craig sacó a Amanda de la Torre Grant y estaban allí esperandonos. Creo que es el comienzo de una hermosa amistad...
Danny Dalton: Los tiene usted cuadrados, Profe… ¡Mira que ponerse diez jodidos anillos!
Profesor Vanister (NE): Me pareció… buena idea.
Ben Braddock (NE): El caso es que Amanda tuvo la amabilidad de curar sus heridas, poner a buen recaudo esos anillos… y Brad nos consiguió un avión privado.
Danny Dalton: Me pregunto cómo le habrá ido a Roth…

Los tres se acercan a Knox, el joven ayudante de laboratorio, en parte responsable de la cámara de salto dimensional.

Profesor Vanister (NE): ¡Ah, señor Knox! ¿Qué tal ha ido el operativo?
Knox (ND): ¿El operativo…? (confuso, mira sus notas) No… ¿No les han dicho nada?
Profesor Vanister (NE): Decirnos… (inquieto) ¿Decirnos el qué?

Una voz a sus espaldas hace que los tres, Ben, Danny y el profesor, se den la vuelta con un sobresalto mal disimulado…

Sarah Kauffmann (ND): El señor Roth aun no ha regresado.
Knox (ND): La señora Kauffmann ya sabe que ustedes… bueno, que ustedes tuvieron ESE pequeño problema de desajuste dimensional del que ya les hablé.
Sarah Kauffmann (ND): Por suerte el señor Knox ha recalibrado la cámara de salto…
Danny Dalton: Un momento, no querrá decir…

Sarah Kauffmann se permite un segundo para mirarlos de arriba abajo. Están agotados, malheridos… apenas si se mantienen en pie.
Sí, sería una locura enviarlos así a una misión.

Sarah Kauffmann (ND): En efecto, señor Dalton… (mira su reloj) Salen ustedes en cinco minutos.

EPÍLOGO.

Año 2019.
Otro Londres.
Otro Universo…

Danny Dalton: Así que esto es el Big Ben…
Profesor Vanister (NE): Bueno, el que recuerdo no parecía haber sido bombardeado.

Como un gigantesco cíclope tuerto, el orgulloso Big Ben se alza ante los tres viajeros dimensionales, mostrando un gigantesco agujero humeante en donde antes había un hermoso reloj. Ben Braddock se incorpora, aun recuperándose de las nauseas de la reintegración molecular.

Ben Braddock (NE): Profesor, ¿ha visto esas columnas de humo? Las hay por toda la ciudad…
Profesor Vanister (NE): A juzgar por las calles desiertas y esa alarma que suena por todas partes, parece que la ciudad está siendo atacada.
Ben Braddock (NE): Bueno, el informe decía que la ciudad estaba bajo el ataque de fuerzas aliení…
Danny Dalton (interrumpe): Ey, gente… Tenemos compañía.

Con un chirriar de frenos, un todoterreno de color negro aparece de una de las avenidas colindantes. Danny y Ben buscan sus armas mientras el profesor se aferra al maletín. El vehículo frena a escasos metros de ellos y una de sus puertas se abre.

Ben Braddock (NE): “Torchwood” (leyendo el logotipo del vehículo) ¿Qué se supone…?
Danny Dalton (viendo a la persona que baja del coche): Esto tiene que ser una jodida broma…

Enfundado en una elegante gabardina negra y sonriente bajo el Armageddon, una versión de Russell T. Dalton los contempla.

Danny Dalton: ¿Tio…? ¿Tío Russell?
Capitán Harkness (NW): Creo que me confudes, amigo. Mi nombre es Jack Harness. Capitán Jack Harkness. Y si queréis vivir… (se escucha una explosión a lo lejos) …vendréis conmigo.

CONTINUARÁ…

miércoles, 17 de junio de 2009

Sesión 13-06-09 (Parte 1 de 2)

PREVIAMENTE, EN "RINGS"...
(
http://rings-therpgseries.blogspot.com/)

...Y ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...

Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como "el prisma".
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

… O A MORIR EN EL INTENTO.
Ben Braddock (NE): No… No puede ser…
Padre Vincent Layton (ND): Me temo que si. Fred Fesster es una de las almas que deberán capturar.

Episodio 3x09.-
RINGS contra NEVERFIELD (Parte 1 de 2)

Sala de Cuidados Intensivos. Planta 2.
Sede de Wolfram y Hart. Los Ángeles.
Universo Neverdale.


Ben Braddock (NE): Ya me has oído. Nos vamos a Nueva York.
Danny Dalton: Espera, Capi… Hay algo que no…
Ben Braddock (NE): ¿Es sobre la misión en nuestro mundo? (mientras se cambia de ropa, mira al profesor) ¿Fue todo bien, profesor? ¿Consiguieron encargarse de Devon Powell?
Profesor Vanister (NE): Eh… si, el señor Powell fue debidamente procesado, aunque…
Ben Braddock (NE): Genial. Así Billy y Rachel tendrán la oportunidad de tener una vida normal. (sonríe) Parece que al final vamos a tener un buen motivo para querer regresar a casa, ¿no cree, profesor?

Hace casi dos meses que Ben Braddock ha permanecido en coma, en la unidad de cuidados intensivos de Wolfram y Hart. Durante todo ese tiempo, ni el profesor Vanister ni el propio Danny Dalton han encontrado una forma suave de decirle a Ben que aquella operación en su mundo fue un éxito… sólo para Wolfram y Hart. Dos meses y aun no sabían cómo decirle que Billy Whitehouse había muerto tratando de acabar a su vez con Devon Powell. Danny y el profesor intercambiaron una mirada fugaz y se dijeron en silencio que ya habría tiempo para eso…

Danny Dalton: No es sobre la misión, Ben. Lo que intento decirte… (agarra el mando a distancia del televisor y lo conecta) Mejor lo ves tu mismo.
Ben Braddock (NE): Danny, qué…
Danny Dalton: Aquí está…

En pantalla, la reportera de la CNN se lleva la mano a sus auriculares mientras retransmite la noticia bajo la sombra de un gigantesco edificio. A medida que Danny va dándole voz, las palabras de la reportera hacen que Ben se estremezca…

Reportera CNN (NE): … para la gran celebración. En el aniversario del infame atentado contra la Torre Grant, todos se hacen la misma pregunta. ¿Se trata de un desafío a los terroristas? ¿Una muestra de arrojo ante quienes trataron de repetir el infame 11S hace apenas un año? Lo único que sabemos a ciencia cierta es que la gala que tendrá lugar mañana por la noche estará rodeada de fuertes medidas de seguridad. Y no es para menos: Gideon Grant apadrinará un acto conmemorativo en el que se hará entrega de un galardón en forma de anillo a las veinte personas de mayor influencia y calado de la Nueva York del siglo 21. Desde el alcalde hasta personalidades del cine y la televisión, todos recibirán un galardón que, en palabras del mismo Gideon Grant, "representa el compromiso y la unión de todos los neoyorquinos ante la lucha contra el terror".

Antes de que den paso a los deportes, Danny desconecta el aparato. El semblante de Ben es pura poesía. Lentamente, se sienta, como si de repente recordara que acaba de salir de un coma.

Ben Braddock (NE): Veinte anillos… Jesucristo.
Danny Dalton: Es lo que trataba de decirte, Ben. Acababa de oírlo por la radio.
Ben Braddock (NE): Tengo… tengo que ponerme en contacto con Brad, avisarlo de…
Danny Dalton: No te molestes. Ya lo he intentado y no hay manera de dar con él. Como si se lo hubiese tragado la puta tierra.
Ben Braddock (NE): Vamos a necesitar toda la ayuda posible en esto. Profesor, contacte con Arthur Craig… quizá siga en la ciudad y… Bueno, al menos seguimos teniendo su anillo, ¿no?

El profesor está a punto de marcar el número de móvil de Craig cuando escucha las palabras de Ben. Le mira y el chico comprende que algo no va del todo bien…

Ben Braddock (NE): Profesor, ¿qué…?
Profesor Vanister (NE): Me temo, señor Braddock, que el anillo… En fin…

El profesor se quita su guante y deja ver el anillo. Se lo quita con facilidad. "Demasiada facilidad" apunta mentalmente Ben. Cuando lo deja caer al suelo, se parte como la burda falsificación que es…

Profesor Vanister (NE): No tuve opción, señor Braddock… Wolfram y Hart supo desde el primer momento que usted lo llevaba consigo. Y cuando me lo exigieron…
Ben Braddock (NE): Maldita sea, profesor… ¡Mi primo Brad me lo entregó! ¡Me hizo responsable de él, maldita sea!
Profesor Vanister (NE): No crea que fue fácil, señor Braddock. Le repito que no tenía opción y, además, el trueque me permitió conseguir cierta información…
Ben Braddock (NE): ¿Información? ¿Qué…?
Profesor Vanister (NE): El portátil de Devon Powell, señor Braddock. En el que está toda la información relativa a MARGARET 2.0. Posiblemente, la información que nos permita dejar de vagar sin rumbo entre dimensiones… O al menos lo hará cuando Knox consiga desencriptar la clave de acceso.
Danny Dalton: ¿Knox? ¿Se fía usted de…?
Profesor Vanister (NE): El señor Knox ha demostrado ser…
Ben Braddock (NE): Bueno, es igual. No tenemos tiempo. Como decía… nos vamos a Nueva York.

Y diciendo eso, la puerta de la habitación se abre. Atraviesa el umbral una pareja de agentes de Wolfram y Hart. El primero es James Roth, el intrigante nuevo compañero de fatigas de nuestros protagonistas. El segundo es un individuo atlético, hispano y de unos treinta y tantos años. Perilla elegantemente recortada, peinado corto y engominado… Es John Ortega, la mano derecha de Sarah Kauffmann.

John Ortega (ND): Ah, están aquí… Bien. Acompáñenme a la sala de reuniones. Tienen una nueva misión.

El portazo suena lo bastante fuerte como para dejar claro que no ha sido una invitación formal.

Ben Braddock (NE): Pues parece que no vamos a Nueva York…

Sala de Reuniones. Planta 8.
Sede de Wolfram y Hart. Los Ángeles.
Quince minutos después.

John Ortega (ND): Su próximo objetivo les llevará a Londres.

Las luces se han apagado y en una enorme pantalla se muestra la imagen de un tipo bien parecido, de unos treinta y tantos, pelo largo en media melena castaña. Danny, el profesor y Ben intercambian miradas de duda y confusión. James Roth comprende a sus compañeros: el hecho de que Ortega les haya dicho que Sarah Kauffmann está de viaje de negocios en Nueva York no los ha dejado especialmente tranquilos.

John Ortega (ND): Su nombre es Andrew Mitchell, detective privado. Reside en Londres, en el número 11 de Downing Street. Su contrato con Wolfram y Hart estipulaba, a cambio de la contraprestación habitual, un incremento de su capacidad sensorial muy por encima de los límites humanos. (pulsa un botón y las luces vuelven a encenderse) Muy bien. El resto podrán leerlo en sus informes… ahora, si me disculpan.

Antes de que Ortega pueda dejarlos a solas, Ben no puede evitar casi atragantarse al leer uno de los párrafos del dossier.

Ben Braddock (NE): Espere un segundo… Aquí debe haber un error… la fecha…
John Ortega (ND): Me temo que no, Braddock. La fecha es correcta. 8 de Agosto de...
Profesor Vanister (NE): ...del año 2019
Danny Dalton: Y aquí donde pone "área metropolitana de Londres bajo el ataque y asedio de formas…" (levanta la vista, incrédulo) "¿Alienígenas?" Tienes que estar de…
John Ortega (ND): Yo de ustedes no me lo tomaría a la ligera, señores. Prepárense para el salto (mira el reloj) El tiempo vuela.

Apenas los ha dejado solos, Danny se incorpora dejando caer pesadamente el dossier sobre la mesa.

Danny Dalton: Esto es cosa de Kauffmann. ¡Está claro que enviarnos 11 años en el futuro es la mejor forma de evitar que agüemos la fiesta de Nueva York!
Ben Braddock (NE): Quizá podamos avisar a Arthur Craig, o a Vincent Layton…
Profesor Vanister (NE): He intentado llamar al señor Craig y, según parece, está en San Francisco, en mitad de la caza de otro anillo. Le he dejado el mensaje sobre el evento en Nueva York y los veinte anillos, pero…
Danny Dalton: Y el tal Layton por lo que sabemos no puede salir de los limites de su maldita iglesia, ¿no? No nos será de mucha ayuda.
Ben Braddock (NE): Pues tenemos que ir a Nueva York.
Danny Dalton: Es una puta locura, Capi. El suero…
Profesor Vanister (NE): Señor Dalton, el suero dejará de tener efecto en unas 22 horas. Con un poco de suerte… podríamos estar de vuelta a tiempo.
Danny Dalton: Bueno, eso nos deja sólo con el problema de que hay una misión que afrontar. Y si no la hacemos nosotros, ¿Quién cojones la va a hacer?

Ben, el profesor y Danny se miran en silencio y, al unísono, giran la cabeza. Sus miradas se posan en James quien, distraído, hojeaba su propia copia del dossier.

James Roth (ND): ¿Qué? (los mira) ¿Qué pasa?

Ruinas de Nuestra Señora de las Lágrimas.
Bajo los cimientos del cine Rialto, Harlem Hispano.Nueva York.
8 horas después.

Danny Dalton: Sigue sin gustarme…

La voz de Danny resuena en las paredes de piedra desnuda y en los escarpados escalones de la escalera que conduce al refugio secreto de Brad Braddock y los demás "cazadores de anillos". Ben comprende la inquietud de Danny: la capilla de aquella iglesia derruida, bajo los cimientos de aquel viejo cine, era posiblemente uno de los lugares más siniestros que había visto en su vida… "Con la salvedad de aquel mausoleo gigante que visité en aquella versión medieval de Springfield, claro.", pensó Ben.

Ben Braddock (NE): Lo comprendo, Danny. Pero Brad ha desaparecido sin dejar rastro. Si no está en su casa, es probable que esté aquí…
Danny Dalton: No me refería a eso, Capi. Me refería a dejar a Roth cubriéndonos.
Ben Braddock (NE): Quiere nuestra confianza y esta es su mejor oportunidad de ganársela. Dará caza al tal Andrew Mitchell por nosotros. No nos fallará…
Profesor Vanister (NE): Cielos... (contempla el inquietante escenario de la iglesia derruida bajo los cimientos del cine) Este lugar…
Amanda Lomax (ND): ¿Quiénes son ustedes?

Los tres se dan la vuelta al tiempo que los fluorescentes que penden del techo de la caverna se iluminan con un parpadeo. Mientras apagan sus linternas, contemplan a la joven que se ocultaba tras uno de los pilares básicos del cine. La misma que ha conectado las luces. La misma que luce un desgastado traje de abogada, impropio para una chica tan joven. No llegará a los treinta y pocos. Tiene el pelo rizado, castaño y es más bonita que atractiva.

Ben Braddock (NE): Señorita, verá…
Amanda Lomax (ND): Más les vale decirme quienes son…
Ben Braddock (NE): Me llamo Ben Braddock y…
Amanda Lomax (ND): ¿Braddock? Un segundo… ¿conoces a Brad?
Ben Braddock (NE): Es mi primo, en efecto. Y usted…
Amanda Lomax (ND): Me llamo Amanda Carpenter.
Danny Dalton: Y ahora es cuando nos dice que trabaja para Wolfram y Hart…

Por fortuna, los siguientes minutos dejan claro a Danny, Ben y el profesor que la joven Amanda no solo no trabaja para Wolfram y Hart sino que, además, forma parte del grupo de individuos que luchan en secreto por mantener bajo control esos infames anillos que albergan en su interior un poder infernal y peligroso…

Amanda Lomax (ND): Y así fue como Brad, David y los demás contactaron conmigo tras el funeral de mi padre. Él… (mira la capilla derruida) Esto es lo que me dejó. Su legado… y su misión.
Ben Braddock (NE): Entonces, ¿sabe lo que planea Gideon Grant? ¿Lo ha visto por televisión?
Amanda Lomax (ND): Mucho mejor... (saca de su bolso dos invitaciones) He conseguido un par de invitaciones gracias a un amigo que tengo en la Fiscalía. Cuando Brad y los demás desaparecieron, sospeché que Gideon Grant tramaba algo. Pero esto...
Profesor Vanister (NE): Claro...
Danny Dalton: ¿Qué ocurre, profe? Parece que le ha venido una revelación o...
Profesor Vanister (NE): Señor Braddock, ¿recuerda aquellos hombres a los que descubrimos intentando irrumpir en el Rialto en nuestra última visita a Nueva York?
Ben Braddock (NE): Si, lo recuerdo...
Profesor Vanister (NE): Los coches en los que llegaron tenían logotipos de una empresa de seguridad. Starkwood...
Amanda Lomax (ND): Oh, señor... Grant es dueño de esa empresa. Eso significa...
Ben Braddock (NE): Que posiblemente Brad y los demás estén en manos de Grant.

El silencio se hace en aquel sepulcro subterráneo. Y el tiempo sigue corriendo en contra de ellos.

Danny Dalton (rompiendo el silencio): ¿Y bien? ¿A qué coño estamos esperando?
Amanda Lomax (ND): ¿A dónde va?
Danny Dalton: Mira, guapa. Apenas si he entendido una mierda de toda esa movida esotérica de los anillos del demonio, ¿vale? Lo único claro es que quedan menos de dos tres horas para que empiece el espectáculo y no pienso quedarme aquí cruzado de brazos...
Ben Braddock (NE): Tiene razón. (mira a Amanda) Amanda, usted y el profesor entrarán por la puerta principal, con las invitaciones...
Profesor Vanister (NE): Pero, ¿yo? (mira preocupado a Ben) Pero, señor Braddock... Si Sarah Kauffmann está en esa recepción...
Ben Braddock (NE): Habrá cerca de mil personas en esa fiesta, profesor. Una barba postiza, gafas de sol y un tinte blanco harán maravillas con usted...
Danny Dalton: ¿Y nosotros, Capi? ¿Cómo vamos a entrar sin invitación en el sitio más seguro de la ciudad más segura del mundo?

Ben sonríe.

Ben Braddock (NE): Dime, Danny... ¿Nunca has querido hacer paracaidismo?

CONTINUARÁ...

miércoles, 6 de mayo de 2009

Sesión 02-05-09

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como “el prisma”.
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x07.-
WOLFRAM & HART contra MASSARA

Bar “RaveNant”. Polígono Industrial Eisenhower.
Afueras de Los Ángeles.
15:12 P.M.

Profesor Marcus Vanister (NE): ¿Qué?

Incluso a esa hora, aquel local de siniestra decoración tenía la música a todo volumen. Quizá por eso, pensó, lo habían traído hasta aquí. Ni el mejor de los micrófonos podría captar ni una triste palabra de todo lo que le habían contado.

El señor Braddock suspiró y se preparó para contar toda aquella historia de nuevo. Por su parte, el señor Roth miró hacia arriba, con cierta desesperación. Como si ya supiese que aquello iba a ocurrir...

Ben Braddock (NE): Profesor, se lo vuelvo a repetir...
Profesor Marcus Vanister (NE): No es necesario, señor Braddock. Es sólo que... Wolfram y Hart me ha mantenido tan ocupado en sus laboratorios que... bueno, cuesta creer que hayan descubierto tantas cosas en tan poco tiempo.
James Roth (ND): Mire, profesor... Danny Dalton tampoco cree esta historia, ¿vale?
Profesor Marcus Vanister (NE): El señor Dalton se encuentra ahora mismo bajo la observación del personal de I+D, señor Roth... Pero no se preocupe. Creo su historia. A fin de cuentas, siempre he sospechado que Leonard había conseguido escapar de aquel...

Vanister lucha por no definirlo con una sola palabra. Pero por desgracia no encuentra nada con lo que referirse a ese estado entre la vida y la muerte...

James Roth (ND): Aquel tren, ¿verdad?
Profesor Vanister (NE): Si... De alguna manera usted consiguió escapar. Lo que significa que Wolfram y Hart tienen el alma de Leonard en alguna parte.
James Roth (ND): Si Holland Manners lo sabe, no me lo ha dicho... Y si lo sabe Sarah Kauffmann...
Ben Braddock (NE): Si lo sabe Kauffmann ya es otra cosa que tenemos que averiguar. Lo único que nos ha garantizado su auténtico jefe, el señor Manners, es el prisma, ¿no, señor Roth?
James Roth (ND): Aja.
Profesor Vanister (NE): Aun necesitaremos saber donde está la tanqueta. Nadie en I+D tiene idea de donde la han llevado... tan sólo que la desmantelaron pieza a pieza y la llevaron en cajas a alguna parte.
James Roth (ND): Normal, teniendo en cuenta que intentaron atentar contra el convoy que la transportaba por primera vez... Eso me recuerda que podríamos hacerle unas cuantas preguntas al respecto al señor Park. Cuando vuelva de su viaje de negocios...
Ben Braddock (NE): La ausencia del señor Park al menos nos deja un día libre de cualquier encargo de Wolfram & Hart... y tenemos demasiadas incógnitas aun.
Profesor Vanister (NE): ¿Dónde esconden a Margaret 2.0?
James Roth (ND): ¿En qué consiste el plan apocalíptico de Kauffmann y qué papel juega Danny en él?
Ben Braddock (NE): Y el paradero de Leonard... Demasiadas preguntas.

Entre los tres se forma un molesto silencio. Molesto porque deja en evidencia el callejón sin salida al que han llegado sus indagaciones.

Profesor Vanister (NE): Caballeros... a la hora de plantar cara a Wolfram & Hart vamos a necesitar aliados.
Ben Braddock (NE): Lo más parecido a un aliado que hemos tenido... (mira su mano enguantada)
James Roth (ND): ¿No pensarás en tu primo Bradley? ¿Olvidas que trabaja para Wolfram...
Ben Braddock (NE): No pensaba en él... pero tiene relación con estos malditos anillos.

Ben Braddock se incorpora con decisión y guia sus pasos hasta el teléfono público que hay junto a la barra.

James Roth (ND): Pero... ¿a quien cojones vas a llamar?
Ben Braddock (NE): ¿Operadora? Quisiera un número particular de Queens...

Antes de que pueda pronunciar el nombre de la capilla, los muros del pub comienzan a transformarse ante la mirada incrédula del profesor Vanister. Éste se incorpora y se quita las gafas, como si su miopia galopante pudiera arrojar algo de luz a aquello que estaban viendo sus ojos.

Para cuando quieren darse cuenta, ya no están en el pub RaveNant. Ni siquiera estan en Los Ángeles.

Bajo la luz que se filtra a través de las vidrieras, Braddock, Roth y el profesor Vanister contemplan la figura monacal del padre Vincent Layton.

Ben Braddock (NE): ¿Profesor Vanister? Le presento al padre Layton...

Pozos de Brea.
Los Ángeles.
20:09 p.m.

Arthur Craig (ND): Así que os envía Layton...

Craig saca dos cabezas a Ben Braddock. Aquello no deja lugar a dudas de que es, posiblemente, el tipo más corpulento al que se han enfrentado en este universo. Ha bajado de su moto, una impresionante Harley Davidson. Lo único que resalta en su conjunto de tipo duro es el emblema que lleva en la solapa de su cazadora de cuero. Un emblema de una orden vaticana.

Ben Braddock (NE): Si lo hemos citado aquí... no es para buscar problemas, señor Craig.
Arthur Craig (ND): Si Layton os deja entrar en su capilla privada, eso es asunto suyo. No tengo por qué...
James Roth (ND): Vamos a ayudarte. Como favor a Layton.
Ben Braddock (NE): Busca anillos, ¿verdad? (se quita el guante) Como este.

Arthur Craig abre los ojos, sorprendido. Hace un gesto, como si intentase cogerlo. Ben da un par de pasos hacia atrás.

Ben Braddock (NE): No tan deprisa. Este anillo no va a ninguna parte...
James Roth (ND): Pero vamos a ayudarte a recuperar otro que andas buscando. Y que está aquí, en Los Ángeles.

El profesor Vanister escucha a Roth y a Braddock poner en antecedentes a Craig. Los dos jóvenes repiten, casi palabra por palabra, lo mismo que ya les dijese aquel fantasmagórico personaje, el padre Layton, en aquella experiencia psíquica compartida. Para cuando acaban de contarlo, Arthur Craig permanece en silencio. Segundos después, sin mediar palabra, se acerca a las alforjas de su Harley y rebusca en ellas.

Ben Braddock (NE): Sigo sin fiarme de alguien que intentó matarnos en Nueva York...
James Roth (ND): Recuerda lo que dijo el profesor. Aquello ocurrió en un pasado que dejó de existir cuando nosotros lo alteramos... Craig no recuerda nada de todo aquello.
Ben Braddock (NE): Entonces, ¿por qué Layton si nos recurda?
James Roth (ND): Quizá por el mismo motivo por el cual asegura que puede decirnos donde tienen los de Wolfram y Hart a Leonard... aunque personalmente lo dudo.
Ben Braddock (NE): También dijo que podía decirnos donde tenían guardada la tanque...
Arthur Craig (ND): Eh.

Los dos jóvenes apenas reaccionan a tiempo para coger al vuelo los diminutos frascos que les arroja Craig.

Ben Braddock (NE): ¿Qué se supone que...
Arthur Craig (ND): Agua Bendita. La necesitaremos si queremos dar caza a Massara.
James Roth (ND): ¿Ma...?
Arthur Craig (ND): Massara... (carga su escopeta) Príncipe demonio de la tentación.

Discoteca de Moda “Paradise”.
High Road, Beverly Hills. Los Ángeles.
2.30 a.m.

Ben Braddock (NE): No... ¿Nora?

Antes de entrar en aquel reservado, las cosas tenían algo de lógica. O al menos toda la lógica que puedan tener cuando vas tras la pista de un príncipe demonio de la tentación. Buscar a alguien así en una ciudad como Los Ángeles era como buscar una aguja en un pajar. A fin de cuentas, ¿qué mejor lugar para pescar almas ansiosas de sueños y ambición que Hollywood?

Ben recordó lo fácil que había sido conseguir una lista de los actores y actrices con más éxito del momento. Y de ellos, quedarse con los que triunfaron de la noche a la mañana. Literalmente. Dos de esos tres nombres que resonaban como sospechosos trabajaban para una misma productora. “ShortMovie”.

Las cosas parecían ir de fácil a mejor: trabajar para un bufete como Wolfram y Hart hizo que la amenaza de una falsa demanda por plagio soltase la lengua del jefe de la productora. Y así fue como llegaron a esa discoteca, donde se celebraba la fiesta de inauguración de la nueva temporada de Neverfield.

Para Ben resultaba doloroso caminar entre todas aquellas sonrientes personalidades del mundo del espectáculo. Para ellos, en el fondo, solo era una serie de televisión. Un negocio.

Para Ben y sus amigos, “Neverfield” era el sinónimo de una vida a la que parecía que jamás podrían volver.

Con ese pensamiento flotando en su cabeza, Ben siguió los pasos de James en dirección a la zona VIP de la discoteca. Aquello había sido apenas dos minutos atrás. Y, sin embargo, parecía tan lejano…

El hecho de ver a la chica que amas meterse en uno de los reservados es la clase de estímulo que te llevan a hacer alguna tontería.

Ben Braddock no dudó ni un instante en que se trataba de una trampa. Porque Nora le estaba esperando allí dentro. Le sonreía, radiante, hermosa… y viva.
Y por eso mismo, aquello no podía ser real.

Ben Braddock (NE): Vas a lamentar haber hecho esto…
Nora Thompson: ¿Qué…?

Uno de los diminutos frascos de agua bendita salió disparado del bolsillo de Ben. Con un chasquido se hizo añicos contra el lugar en el que, un instante antes, se encontraba Nora.

Ahora, por supuesto, no quedaba nada de aquella ilusión. Ni siquiera aquella vocecita que le susurraba en lo más profundo de su mente… “Puede ser tuya, Ben. Sólo tienes que decir las palabras mágicas.”

Ben se incorporó, aferrando con fuerza el segundo frasco de agua bendita.

Ben Braddock (NE): Lo vas a lamentar…

Entre la gente que iba de un lado a otro del área VIP, James pudo ver pasar a Ben. Sus pasos firmes y su mirada segura no dejaba lugar a dudas: el Capi se dirigía directo a la zona privada. Desde allí, se podía ver toda la planta inferior de la glamorosa discoteca: a casi siete metros por debajo, la multitud bailaba sobre una pista de baile levantada sobre un gigantesco acuario.

James Roth (ND): Muchachos… (acercándose a los dos matones que custodiaban el acceso a la zona privada) Venimos a ver a la señorita…
Matón 1 (ND): Lárgate, tío.
James Roth (ND): Verás, tenemos que hablar con…
Ben Braddock (NE): Al infierno.

El golpe sorpresa de Ben hace que la mandíbula del primero de los matones se quiebre como el cristal. El tipo cae a plomo sobre la planta baja del local, provocando un susto de muerte a la veintena de personas que danzaban justo por debajo.

James Roth (ND): ¡Joder, Capi!
Ben Braddock (NE): Roth... ¡Mira!

James gira la cabeza, esquivando un torpe golpe del segundo matón. Lo hace lo bastante rápido como para poder ver la atractiva pelirroja que asiste, divertida, al espectáculo que ha provocado el impetuoso Ben Braddock.

Roth la mira de arriba abajo. Dejando el hecho de que es posiblemente la mujer más atractiva que ha podido ver en los últimos meses, no parece gran cosa. James Roth se permite el lujo de sacar uno de sus dos frascos de agua bendita al tiempo que piensa…

“Vamos. Hemos cazado a un tío que veía el futuro… Esta piba no puede ser mucho más difícil.”

Apenas dos minutos después, las cosas no pueden estar peor. Las buenas noticias fueron que, en efecto, el agua bendita parecía dañarla (tal y como les advirtió Craig que pasaría si el demonio del anillo había tomado ya posesión de la mujer que le servía de huésped) Las malas noticias, sin embargo, eran mucho peores: Ben no estaba dándolo todo en esta pelea… y se notaba. Si aquella mujer estaba empleando alguna clase de truco psíquico, no parecía afectar a James… pero sí a Ben.

La segunda mala noticia, en cambio, era aun peor. No podían acercarse demasiado a ella porque, al tacto, aquella perra era capaz de transmitirles cualquier daño que le hubiesen provocado. A Ben lo había aferrado por el cuello durante un instante… y ahora sus viejas heridas se habían abierto. En concreto, la que estuvo a punto de levantarle la tapa de los sesos. Delgados ríos carmesíes manaban por su frente, cegándolo casi por completo.

Y como no había dos sin tres, la tercera y última de las malas noticias era quizá la peor. Aquella pelirroja de infarto no sólo era fuerte como un toro, sino que además parecía ser invulnerable a cualquier daño que no fuese el agua bendita. Y tanto Ben como James habían terminado con sus dosis. Las últimas gotas eran las que empapaban el pelo y parte de la cara de aquella perra.

Ben Braddock (NE): James… (mirando al suelo) ¿Piensas lo mismo que yo?

James bajó la vista. A través del suelo de cristal de la zona VIP pudo ver el suelo de la planta baja. El acuario. Litros y litros y litros de agua… a la espera de ser consagrados.

James sonrió y asintió. Ben miró a Massara. Y luego miró más allá de ella. A la barandilla del balcón.

Ben Braddock (NE): ¡Ahora!

Los que estaban en el piso de abajo hacia ya un par de minutos que habían despejado los alrededores de la zona privada. Sobre todo en previsión de que siguieran lloviendo guardias de seguridad sobre la pista.

Todos levantaron la vista cuando escucharon la barandilla ceder. Y tres figuras se precipitaron contra el suelo de cristal reforzado, reventándolo en el impacto y sumergiéndose en las aguas del acuario. Entonces, el agua comenzó a bullir, como si algo estuviese cociéndose en su interior. Un par de chicas gritaron aterrorizadas al captar el olor a carne quemada procedente del agua.

Chica aterrorizada (ND): Oh, Dios… ¡Estan muertos!
Arthur Craig (ND): No… Aun no.

Enfundado en su cazadora de cuero y bajo sus atónitas miradas, Arthur Craig atravesó la multitud y se dispuso a esperar con su escopeta al pie de la improvisada piscina.

Arthur Craig (ND): Veamos si sois tan duros como deci…

Antes de acabar la frase, dos figuras enfundadas en trajes de chaqueta salieron a la superficie, entre toses y jadeos. Una tercera apareció a sus espaldas, profiriendo un grito gutural e inhumano. La escopeta de Craig tosió una. Dos. Tres veces.

Y el cuerpo de aquella mujer, antaño hermoso y deseable, se convulsionó por última vez.

Ben Braddock (NE): Ja… (medio ahogado) ¿James?
James Roth (ND): Estoy… (tos) estoy bien… (tos)
Arthur Craig (ND): Buena jugada, lo reconozco… (sacando unas tenazas de su chaqueta)… y ahora...

Con un chasquido, las tenazas amputan un dedo de manicura perfecta. Arthur Craig sostiene el anillo y lo deja caer en un frasco de agua bendita. Acto seguido sonríe a Ben y James. O al menos, esboza lo que en su universo privado él debe entender por una sonrisa.

Arthur Craig (ND): Bien jugado, amigos. Bien jugado.

Capilla de St.Patrick. Queens.
En algún punto entre las dimensiones posibles.
4:51 a.m.

Ben Braddock (NE): Y después, se marchó.

A pocos metros del banco que ocupaban Ben, James y el profesor Vanister, se encontraba el padre Vincent Layton, enfundado en su hábito monacal, bajo la luz que se filtraba a través de las vidrieras. Permaneció en silencio durante un largo rato, a pesar de que sus invitados aguardaban su recompensa. Fue el joven e impaciente Braddock quien rompió dicho silencio.

Ben Braddock (NE): Padre Layton… Hemos cumplido con nuestro cometido…
Padre Vincent Layton (ND): Y ahora queréis vuestro pago… (se da la vuelta y los mira, sonriente) Es justo.
James Roth (ND): Vuelvo a repetirlo… Si tenéis que elegir entre saber donde están las piezas de la tanqueta o saber donde tiene Wolfram y Hart encerrado a Leonard…
Ben Braddock (NE): No es una elección, James. No se elige entre una persona y un objeto. Elegimos a…
Padre Vincent Layton (ND): Aguarda, joven Braddock… pues hay una tercera opción.

Los tres miraron al espectro de Layton con inquietud.

Padre Vincent Layton (ND): Hay otro. Otro viejo amigo al que también, en lo más profundo de vuestros corazones, ansiáis ver de nuevo con vida…
James Roth (ND): ¿Otro?
Ben Braddock (NE): ¿Además de Leonard? ¿Quien…
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mio… (mira a Ben) Sé a quien se refiere, señor Braddock.

El profesor se incorpora, quitándose las gafas y aproximándose a Layton.


Profesor Vanister (NE): Es Fred. (se gira y mira a Ben y James) Sabe donde está Fred.
Ben Braddock (NE): ¿Qué…? (poniéndose en pie) Pero Fred está… Está…
James Roth (ND): Muerto (tajante y frío) ¿A qué está jugando, Layton?

Layton miró por un segundo a sus tres visitantes y sonrió.

Padre Vincent Layton (ND): En efecto. Fred Fesster murió. Y como atestigua la marca espiritual que emanan sus almas, tanto usted señor… Roth como el profesor Vanister, han estado en lo que hay entre los lugares.
Profesor Vanister (NE): Fred Fesster viajó en ese tren… pero, ¿cómo…?
Padre Vincent Layton (ND): Ese “tren” como sus limitados sentidos humanos lo percibieron es un lugar similar a esta capilla… un reino más allá de los reinos… donde el tiempo y el espacio dejan de seguir reglas estrictas.
James Roth (ND): Ya lo sabemos. Pero Fred…
Padre Vincent Layton (ND): Fred Fesster recibió una visita durante su viaje en ese tren. Una visita similar a la que recibió usted, profesor Vanister. Un hombre que le ofreció un trato a cambio de volver de entre los muertos. Su nombre era… Goodwin Steele.

El nombre resuena como una lápida de mármol cayendo sobre el corazón de los presentes.

Ben Braddock (NE): No… No puede ser…
Profesor Vanister (NE): Me temo que sí, señor Braddock. Si lo que dice el Padre Layton es cierto…
Padre Vincent Layton (ND): En efecto, profesor… Fred Fesster es una de las almas que deberán capturar.

CONTINUARÁ…

sábado, 11 de abril de 2009

Sesión 08-04-09 - Parte 2 de 2

Episodio 3x04.-
BEN BRADDOCK contra WOLFRAM & HART
(Parte 2 de 2)

Vestíbulo del Cine Rialto.
Harlem Hispano, Nueva York.
Hace 10 horas.

Gavin Park (ND): Ya estamos como siempre… (alzando las manos, a modo de indefensión) Muchacho, ¿por qué apuntas a un hombre desarmado?

James Hetfield hubiera disparado en cuanto vio a aquellos tres tipos trajeados entrar en el vestíbulo del viejo Rialto. Su pistola de nueve milímetros se encontraba a escasos centímetros del rostro de aquel oriental sonriente.

James Hetfield (ND): Siempre me ha parecido más sensato estar a este lado de la pistola. Y creo que tu colega opina lo mismo, ¿no?

James Roth amartilló su automática mientras la colocaba a escasa distancia de la mejilla de Hetfield.

James Roth (ND): Eres rápido, colega. Pero… ¿tanto como una bala?
James Hetfield (ND): ¿Quieres apostar, niñato?
Gavin Park (ND): Bueno, ¿y por qué no nos calmamos todos un poco? (buscando apoyo) ¿No está de acuerdo conmigo, Vanister?

El profesor Vanister, sin embargo, se encontraba paralizado. Su mirada, completamente fija y ausente al mismo tiempo, estaba centrada en el anillo que lucía en su dedo el hombre que encañonaba a Gavin. Había algo en ese anillo. Algo…

Ben Braddock (NE): ¿Pro… Profesor?

Una voz familiar hizo que Vanister viese rota su concentración. De la penumbra de uno de los pasillos que salían de aquel vestíbulo, apareció la silueta de Benjamín Braddock. Aunque vestía una cazadora vaquera gastada, aun podía verse bajo ella la elegante camisa y pantalones del traje que Wolfram y Hart le había dado en su momento.

Profesor Vanister (NE): ¡Señor Braddock!

Cuando se está lejos, cualquier cosa que nos recuerda el hogar es bienvenido. Para bien o para mal, aquel científico cuyos experimentos habían sido el detonante de toda aquella odisea era lo más parecido a una familia que le quedaba a Ben.

Gavin Park (ND): Oh, genial. Abrazos. (mirando el arma de Hetfield) ¿Puede dejar ya de encañonarme, amigo?

A bordo de un coche de empresa de Wolfram y Hart.
Algún punto entre la calle 23 y la Quinta Avenida.
Nueva York.
Hace 7 horas y media.

James Roth (ND): A ver si lo he entendido… (conduciendo) Tu primo (o al menos tu primo en esta dimensión) tiene una especie de refugio secreto bajo un cine abandonado. Y junto a una panda de pirados se dedica a recuperar una serie de anillos los cuales, además de dar… “superpoderes”, pueden acabar por poseerte.

El rumor del coche mientras atravesaba las nocturnas calles del centro de Nueva York eran lo único que rompía el silencio del lugar.

James Roth (ND): ¿Me he dejado algo?
Ben Braddock (NE): Bueno… (sentado en el asiento de atrás, se apoya en los delanteros) Confío en que el señor Park mantenga su promesa.

Gavin, sentado en el asiento del co-piloto, miró a Ben con inocencia.

Gavin Park (ND): Incluso si su primo Brad no hubiese amenazado con “silenciarme”, Ben, no tengo el menor interés en ganarme un enemigo de su calibre. Es un pez gordo de W&H en Nueva York. Si quiere mantener toda su cruzada contra los anillos en secreto para el bufete… ¿Quién soy yo para buscarle las cosquillas?
Ben Braddock (NE): Muchas gracias, señor Park, yo…
Gavin Park (ND): No tienes por qué darlas, Ben, muchacho… Ahora volveremos a Los Ángeles, redactaremos un informe en el que diremos simplemente que te encontramos en uno de los sitios marcados como “posibles” y…
Profesor Vanister (NE): Señor Park… Tengo una extraña sensación. Un presentimiento.
Gavin Park (ND): Vanister, amigo… ¿a qué viene eso ahora?

James Roth rebusca en su bolsillo y, sin dejar de conducir, muestra lo que guardaba en él.

James Roth (ND): Bueno… quizá esto tenga algo que ver con el “mal yuyu” del profesor.

Los ojos de Ben se abren como platos al ver relucir el dorado del anillo entre los dedos de Roth.

Ben Braddock (NE): No… (lo coge de los dedos de Roth) Es uno de los anillos de los que me habló mi primo. ¿De donde lo…?
James Roth (ND): Ey, tío, a mi no me sueltes el rollo. Se le debió caer a alguno de los colegas de tu primo.
Ben Braddock (NE): Da media vuelta. Tenemos…

Ben deja la frase pendiente de un hilo. Sus ojos se posan en el brillante y reluciente anillo. Y, movido por una fuerza que no es capaz de explicar con simples palabras, Ben Braddock desliza la argolla metálica en torno a su falange.

Ben Braddock (NE): Tenemos que volver.
Profesor Vanister (NE): No creo que ponerte el anillo sea buena idea, Ben.
Gavin Park (ND): Ben, muchacho… Kauffmann nos ha ordenado regresar cuanto antes a Los Ángeles. Y eso quiere decir en menos de tres horas. Si no…
Ben Braddock (NE): Este anillo es peligroso. ¡No pienso llevarlo a Wolfram y Hart! ¡Da media vuelta!
James Roth (ND): ¿Aquí todos me dan órdenes? Siéntate y tranquilízate, ¿vale?

El coche acelera. A través de la ventanilla, las calles pasan a cada vez más velocidad. Pero Ben no puede apreciarlo. Porque de repente todo va demasiado lento. Y, en realidad, todo sucede demasiado deprisa.

Ben Braddock (NE): ¡Detén el coche… YA!

Para cuando quiere darse cuenta, Ben está ya sobre la calzada. Apenas si es consciente de haber abierto la portezuela del coche de una soberana patada. Antes de que su cerebro pueda preguntarse por qué todo va tan despacio a su alrededor, Ben arranca a correr en dirección al Rialto.

Al cruzar la calle, escucha un sonido lejano. Son los frenos de un autobús de línea que se precipita sobre él. Los reflejos de Ben son lo bastante rápidos como para evitar morir arrollado. Pero no puede evitar estrellarse de frente contra un poste de electricidad.

Para cuando todo vuelve a moverse a ritmo normal, Ben está tendido en el suelo. Puede sentir el dolor llegando a raudales a su cerebro. Su nariz es un surtidor de sangre y algunos de sus dientes yacen en el suelo, deslizándose por el charco de líquido carmesí que mana de su cara.

El profesor y el señor Park han bajado del coche y lo llevan entre los dos hasta su interior.

Ben Braddock (NE): Tenemos… (balbuceante) Tenemos que volver…
Gavin Park (ND): Esta bien, Ben, muchacho… Volveremos al Rialto. Pero la próxima vez… abre la puerta del coche como todo el mundo, ¿vale?

Gavin sube a bordo del coche. James lo mira, incrédulo.

James Roth (ND): No iremos a volver, ¿verdad?
Gavin Park (ND): Pues si, James, muchacho… Es precisamente lo que vamos a hacer.
James Roth (ND): Usted manda... JEFE.

Exterior del Cine Rialto.
Harlem Hispano, Nueva York.
Hace 6 horas.


James Roth (ND): Una idea cojonuda JEFE.

Al tiempo que termina de murmurar eso entre dientes, James estampa su puño contra la cara del último de los cuatro pandilleros que han intentado robarle el coche. Incluso con una puerta menos (cortesía de Ben), ese Audi era un caramelito en un lugar como ese.

Los dos últimos pandilleros aun corrían, alejándose de allí cuando James vio salir del Rialto a sus compañeros. Todos tenían esa mirada en los ojos. La mirada de no haber encontrado nada. Y pese a todo, James preguntó. Sólo por constatar que aquello había sido una pérdida de tiempo.

James Roth (ND): Dejadme adivinar… Nada de nada, ¿verdad?
Ben Braddock (NE): Ni rastro de mi primo Brad o de sus compañeros.
Profesor Vanister (NE): No debe preocuparse, señor Braddock. No creo que esos hombres que nos atacaron en el interior del Rialto hayan acabado con la vida de su primo.
Gavin Park (ND): Opino lo mismo, Ben, muchacho… Además, a juzgar por el todoterreno en el que llegaron, esos hombres trabajaban para una empresa de seguridad privada… (leyendo el letrero del todoterreno) “Stormwood”. Algo me dice que tu primo Brad y sus amigos "caza-anillos" tienen sus propios problemas y enemigos...
James Roth (ND): Genial. Ahora podremos irnos y…
Ben Braddock (NE): No. Aun no… (a Gavin) Señor Park, mi primo puede haber ido a su apartamento. Quizá le encontremos allí…

Gavin miró su reloj e hizo un breve cálculo mental. Luego puso la mano sobre el hombro de Ben.

Gavin Park (ND): El avión privado de Wolfram y Hart hace el trayecto Nueva York-Los Ángeles en dos horas y media. Eso nos da un margen de sesenta y dos minutos… a partir de ya.

Apartamento de Bradley Braddock.
Upper West Side, Nueva York.
Sesenta y dos minutos después.

Gavin Park (ND): Ben, muchacho… Se acabó el tiempo.

Durante los últimos cuarenta minutos, Ben había ido de un sitio a otro de la casa, buscando de arriba a bajo algo que pudiera decirle donde se encontraba su primo. Había puesto patas arriba cada centímetro cuadrado de aquel lujoso apartamento del Upper West Side.

Pero lo cierto es que, en los últimos diez minutos, Ben se había quedado paralizado, con la mirada perdida sobre un viejo panel de instantáneas. Eran viejos recuerdos de Brad. Una de las instantáneas lo mostraba junto a un viejo Chevy.

Gavin Park (ND): Ben, muchacho… (susurró y miró de reojo al guardia de seguridad que los había dejado entrar en el apartamento: aun creía que eran agentes del FBI y así debía seguir siendo) Ben, tu primo no está aquí ni creo que venga. Es hora…
Ben Braddock (NE): No puedo. No puedo ir con ustedes… (mira su dedo, con el anillo) No mientras tenga esto en mi poder…
Gavin Park (ND): Ben… No voy a poder forzarte a hacerlo. Es tu elección. Quédate si quieres…

Gavin caminó hasta uno de los ventanales desde los que, cinco pisos por debajo, podía verse la calle. Allí, apoyados en el coche, el profesor Vanister y James Roth miraban inquietos el reloj.

Gavin Park (ND): Pero déjame decirte una cosa, Ben, muchacho… (se dirige a la salida y se detiene ante ella) Todos tomamos decisiones. Y todas tienen un precio que acabamos pagando.

Gavin se ajusta el traje y se dispone a salir. Es la voz de Ben la que lo frena. Al girarse y verlo, ve que ha cogido la fotografía de un Brad de hace tiempo. El Brad que vendía coches usados.

Ben Braddock (NE): Tiene razón, señor Park… (se guarda la fotografía) Es hora de pagar por lo que hice.

Despacho de Sarah Kauffmann.
Sede de Wolfram y Hart, Los Ángeles.
Cuatro horas y veinte minutos después.

Sarah Kauffman (ND): Pagar por lo que hizo… (mordisqueó las patillas de sus gafas mientras miraba a Ben) ¿Es lo que quiere, señor Braddock?
Ben Braddock (NE): Es lo justo, señora Kauffmann.

Desde que habían llegado a Los Ángeles, Ben sentía un desagradable quemazón entorno a su dedo anular. Sentado ahí, ante Sarah Kauffmann, Ben se acarició disimuladamente su mano enguantada, tratando de paliar esa desagradable sensación.

Sarah Kauffmann (ND): Sus amigos, el profesor Vanister y el señor Dalton, tendrán que firmar tarde o temprano su acuerdo de cooperación…
Ben Braddock (NE): No si yo firmo por ellos.
Sarah Kauffmann (ND): Vamos, no…
Ben Braddock (NE): Es cierto que todos hicimos un trato con aquel libro… Pero fui yo al que esas… (trató de buscar una palabra para definirlas) esas sombras poseyeron. Y al que usaron para dejarlas en libertad. Por lo tanto… soy yo quien debe pagar por ello.

Sarah Kauffmann miró al chico de diecinueve años que tenía ante ella. Ben mantuvo su mirada firme. Ella, en cambio, se limitó a sonreír y levantarse. Mientras paseaba alrededor del muchacho, activó con un gesto de su mano el sistema automatizado de video que disponía su despacho. En una pantalla plana de alta definición, comenzaron a pasar distintas escenas. Escenas protagonizadas por sus compañeros, el profesor Vanister y el señor Dalton. En algunas incluso aparecía el difunto Leonard Powell.

Sarah Kauffmann (ND): Parece usted estar dispuesto a dar sacrificar su alma por sus amigos… aunque ellos no parecían preocupados por usted.

En aquellas escenas, tomadas en cada una de las reuniones que habían tenido con Sarah Kauffmann desde su llegada a la firma, ninguno de ellos había preguntado por el paradero de Ben.

Sarah Kauffmann (ND): Dígame, señor Braddock… ¿aun sigue dispuesto a hacer semejante sacrificio?

Ben bajó la vista. Trató de respirar con calma, intentando controlar sus sentimientos. Luego miró a Kauffmann.

Ben Braddock (ND): He perdido a mi padre, a la mujer que amaba… si algún día regreso al mundo al que pertenezco, seguramente acabe mis días entre rejas. He sacrificado la mitad de la vida que me queda por capturar una sola de las almas que liberé… (bajó la vista y apretó los dientes) ¿De verdad cree que me da miedo perder mi alma?

En su recuerdo, Ben volvió a escuchar las palabras que su primo Brad le había dicho poco antes de que abandonasen el Rialto. Antes de que un anillo maldito acabase en su poder. Antes de que volviese a Los Ángeles. Antes de poder hacer una tontería como la que estaba a punto de hacer.

Brad Braddock (ND): “Recuerda, Ben… Nunca firmes nada con Wolfram y Hart.”

De vuelta en aquel despacho, Ben miró a la mujer que tenía ante sí.

Ben Braddock (NE): Y ahora, señora Kauffmann… ¿Dónde tengo que firmar?

-EPÍLOGO-

Habitación Blanca.
En algún lugar entre lugares.
En algún momento entre el pasado y el futuro.

Una niña rubia juguetea con una peonza, hipnotizada ante su bailoteo. A su espalda, una mujer enfundada en un elegante y sobrio traje gris de ejecutivo hace acto de presencia.

Sarah Kauffman (ND): Tal y como predijo, el señor Braddock se sacrificó al firmar por el resto.
Mesektet (ND): Humanos… Tan predecibles. Tan aburridos… (sonríe) No como esta maravillosa peonza… Nunca sabes hacia donde se inclinará…
Sarah Kauffman (ND): Pero… Mi señora… Aun nos queda por encontrar a Bradley Braddock.
Mesektet (ND): No te impacientes, criatura tonta… Mientras tengamos a un Braddock, el otro…

La peonza termina de girar y cae. Muerta sobre el suelo.

Mesektet (ND): Caerá… (sonríe) Al final, siempre caen.

CONTINUARÁ...