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miércoles, 6 de mayo de 2009

Sesión 02-05-09

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como “el prisma”.
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x07.-
WOLFRAM & HART contra MASSARA

Bar “RaveNant”. Polígono Industrial Eisenhower.
Afueras de Los Ángeles.
15:12 P.M.

Profesor Marcus Vanister (NE): ¿Qué?

Incluso a esa hora, aquel local de siniestra decoración tenía la música a todo volumen. Quizá por eso, pensó, lo habían traído hasta aquí. Ni el mejor de los micrófonos podría captar ni una triste palabra de todo lo que le habían contado.

El señor Braddock suspiró y se preparó para contar toda aquella historia de nuevo. Por su parte, el señor Roth miró hacia arriba, con cierta desesperación. Como si ya supiese que aquello iba a ocurrir...

Ben Braddock (NE): Profesor, se lo vuelvo a repetir...
Profesor Marcus Vanister (NE): No es necesario, señor Braddock. Es sólo que... Wolfram y Hart me ha mantenido tan ocupado en sus laboratorios que... bueno, cuesta creer que hayan descubierto tantas cosas en tan poco tiempo.
James Roth (ND): Mire, profesor... Danny Dalton tampoco cree esta historia, ¿vale?
Profesor Marcus Vanister (NE): El señor Dalton se encuentra ahora mismo bajo la observación del personal de I+D, señor Roth... Pero no se preocupe. Creo su historia. A fin de cuentas, siempre he sospechado que Leonard había conseguido escapar de aquel...

Vanister lucha por no definirlo con una sola palabra. Pero por desgracia no encuentra nada con lo que referirse a ese estado entre la vida y la muerte...

James Roth (ND): Aquel tren, ¿verdad?
Profesor Vanister (NE): Si... De alguna manera usted consiguió escapar. Lo que significa que Wolfram y Hart tienen el alma de Leonard en alguna parte.
James Roth (ND): Si Holland Manners lo sabe, no me lo ha dicho... Y si lo sabe Sarah Kauffmann...
Ben Braddock (NE): Si lo sabe Kauffmann ya es otra cosa que tenemos que averiguar. Lo único que nos ha garantizado su auténtico jefe, el señor Manners, es el prisma, ¿no, señor Roth?
James Roth (ND): Aja.
Profesor Vanister (NE): Aun necesitaremos saber donde está la tanqueta. Nadie en I+D tiene idea de donde la han llevado... tan sólo que la desmantelaron pieza a pieza y la llevaron en cajas a alguna parte.
James Roth (ND): Normal, teniendo en cuenta que intentaron atentar contra el convoy que la transportaba por primera vez... Eso me recuerda que podríamos hacerle unas cuantas preguntas al respecto al señor Park. Cuando vuelva de su viaje de negocios...
Ben Braddock (NE): La ausencia del señor Park al menos nos deja un día libre de cualquier encargo de Wolfram & Hart... y tenemos demasiadas incógnitas aun.
Profesor Vanister (NE): ¿Dónde esconden a Margaret 2.0?
James Roth (ND): ¿En qué consiste el plan apocalíptico de Kauffmann y qué papel juega Danny en él?
Ben Braddock (NE): Y el paradero de Leonard... Demasiadas preguntas.

Entre los tres se forma un molesto silencio. Molesto porque deja en evidencia el callejón sin salida al que han llegado sus indagaciones.

Profesor Vanister (NE): Caballeros... a la hora de plantar cara a Wolfram & Hart vamos a necesitar aliados.
Ben Braddock (NE): Lo más parecido a un aliado que hemos tenido... (mira su mano enguantada)
James Roth (ND): ¿No pensarás en tu primo Bradley? ¿Olvidas que trabaja para Wolfram...
Ben Braddock (NE): No pensaba en él... pero tiene relación con estos malditos anillos.

Ben Braddock se incorpora con decisión y guia sus pasos hasta el teléfono público que hay junto a la barra.

James Roth (ND): Pero... ¿a quien cojones vas a llamar?
Ben Braddock (NE): ¿Operadora? Quisiera un número particular de Queens...

Antes de que pueda pronunciar el nombre de la capilla, los muros del pub comienzan a transformarse ante la mirada incrédula del profesor Vanister. Éste se incorpora y se quita las gafas, como si su miopia galopante pudiera arrojar algo de luz a aquello que estaban viendo sus ojos.

Para cuando quieren darse cuenta, ya no están en el pub RaveNant. Ni siquiera estan en Los Ángeles.

Bajo la luz que se filtra a través de las vidrieras, Braddock, Roth y el profesor Vanister contemplan la figura monacal del padre Vincent Layton.

Ben Braddock (NE): ¿Profesor Vanister? Le presento al padre Layton...

Pozos de Brea.
Los Ángeles.
20:09 p.m.

Arthur Craig (ND): Así que os envía Layton...

Craig saca dos cabezas a Ben Braddock. Aquello no deja lugar a dudas de que es, posiblemente, el tipo más corpulento al que se han enfrentado en este universo. Ha bajado de su moto, una impresionante Harley Davidson. Lo único que resalta en su conjunto de tipo duro es el emblema que lleva en la solapa de su cazadora de cuero. Un emblema de una orden vaticana.

Ben Braddock (NE): Si lo hemos citado aquí... no es para buscar problemas, señor Craig.
Arthur Craig (ND): Si Layton os deja entrar en su capilla privada, eso es asunto suyo. No tengo por qué...
James Roth (ND): Vamos a ayudarte. Como favor a Layton.
Ben Braddock (NE): Busca anillos, ¿verdad? (se quita el guante) Como este.

Arthur Craig abre los ojos, sorprendido. Hace un gesto, como si intentase cogerlo. Ben da un par de pasos hacia atrás.

Ben Braddock (NE): No tan deprisa. Este anillo no va a ninguna parte...
James Roth (ND): Pero vamos a ayudarte a recuperar otro que andas buscando. Y que está aquí, en Los Ángeles.

El profesor Vanister escucha a Roth y a Braddock poner en antecedentes a Craig. Los dos jóvenes repiten, casi palabra por palabra, lo mismo que ya les dijese aquel fantasmagórico personaje, el padre Layton, en aquella experiencia psíquica compartida. Para cuando acaban de contarlo, Arthur Craig permanece en silencio. Segundos después, sin mediar palabra, se acerca a las alforjas de su Harley y rebusca en ellas.

Ben Braddock (NE): Sigo sin fiarme de alguien que intentó matarnos en Nueva York...
James Roth (ND): Recuerda lo que dijo el profesor. Aquello ocurrió en un pasado que dejó de existir cuando nosotros lo alteramos... Craig no recuerda nada de todo aquello.
Ben Braddock (NE): Entonces, ¿por qué Layton si nos recurda?
James Roth (ND): Quizá por el mismo motivo por el cual asegura que puede decirnos donde tienen los de Wolfram y Hart a Leonard... aunque personalmente lo dudo.
Ben Braddock (NE): También dijo que podía decirnos donde tenían guardada la tanque...
Arthur Craig (ND): Eh.

Los dos jóvenes apenas reaccionan a tiempo para coger al vuelo los diminutos frascos que les arroja Craig.

Ben Braddock (NE): ¿Qué se supone que...
Arthur Craig (ND): Agua Bendita. La necesitaremos si queremos dar caza a Massara.
James Roth (ND): ¿Ma...?
Arthur Craig (ND): Massara... (carga su escopeta) Príncipe demonio de la tentación.

Discoteca de Moda “Paradise”.
High Road, Beverly Hills. Los Ángeles.
2.30 a.m.

Ben Braddock (NE): No... ¿Nora?

Antes de entrar en aquel reservado, las cosas tenían algo de lógica. O al menos toda la lógica que puedan tener cuando vas tras la pista de un príncipe demonio de la tentación. Buscar a alguien así en una ciudad como Los Ángeles era como buscar una aguja en un pajar. A fin de cuentas, ¿qué mejor lugar para pescar almas ansiosas de sueños y ambición que Hollywood?

Ben recordó lo fácil que había sido conseguir una lista de los actores y actrices con más éxito del momento. Y de ellos, quedarse con los que triunfaron de la noche a la mañana. Literalmente. Dos de esos tres nombres que resonaban como sospechosos trabajaban para una misma productora. “ShortMovie”.

Las cosas parecían ir de fácil a mejor: trabajar para un bufete como Wolfram y Hart hizo que la amenaza de una falsa demanda por plagio soltase la lengua del jefe de la productora. Y así fue como llegaron a esa discoteca, donde se celebraba la fiesta de inauguración de la nueva temporada de Neverfield.

Para Ben resultaba doloroso caminar entre todas aquellas sonrientes personalidades del mundo del espectáculo. Para ellos, en el fondo, solo era una serie de televisión. Un negocio.

Para Ben y sus amigos, “Neverfield” era el sinónimo de una vida a la que parecía que jamás podrían volver.

Con ese pensamiento flotando en su cabeza, Ben siguió los pasos de James en dirección a la zona VIP de la discoteca. Aquello había sido apenas dos minutos atrás. Y, sin embargo, parecía tan lejano…

El hecho de ver a la chica que amas meterse en uno de los reservados es la clase de estímulo que te llevan a hacer alguna tontería.

Ben Braddock no dudó ni un instante en que se trataba de una trampa. Porque Nora le estaba esperando allí dentro. Le sonreía, radiante, hermosa… y viva.
Y por eso mismo, aquello no podía ser real.

Ben Braddock (NE): Vas a lamentar haber hecho esto…
Nora Thompson: ¿Qué…?

Uno de los diminutos frascos de agua bendita salió disparado del bolsillo de Ben. Con un chasquido se hizo añicos contra el lugar en el que, un instante antes, se encontraba Nora.

Ahora, por supuesto, no quedaba nada de aquella ilusión. Ni siquiera aquella vocecita que le susurraba en lo más profundo de su mente… “Puede ser tuya, Ben. Sólo tienes que decir las palabras mágicas.”

Ben se incorporó, aferrando con fuerza el segundo frasco de agua bendita.

Ben Braddock (NE): Lo vas a lamentar…

Entre la gente que iba de un lado a otro del área VIP, James pudo ver pasar a Ben. Sus pasos firmes y su mirada segura no dejaba lugar a dudas: el Capi se dirigía directo a la zona privada. Desde allí, se podía ver toda la planta inferior de la glamorosa discoteca: a casi siete metros por debajo, la multitud bailaba sobre una pista de baile levantada sobre un gigantesco acuario.

James Roth (ND): Muchachos… (acercándose a los dos matones que custodiaban el acceso a la zona privada) Venimos a ver a la señorita…
Matón 1 (ND): Lárgate, tío.
James Roth (ND): Verás, tenemos que hablar con…
Ben Braddock (NE): Al infierno.

El golpe sorpresa de Ben hace que la mandíbula del primero de los matones se quiebre como el cristal. El tipo cae a plomo sobre la planta baja del local, provocando un susto de muerte a la veintena de personas que danzaban justo por debajo.

James Roth (ND): ¡Joder, Capi!
Ben Braddock (NE): Roth... ¡Mira!

James gira la cabeza, esquivando un torpe golpe del segundo matón. Lo hace lo bastante rápido como para poder ver la atractiva pelirroja que asiste, divertida, al espectáculo que ha provocado el impetuoso Ben Braddock.

Roth la mira de arriba abajo. Dejando el hecho de que es posiblemente la mujer más atractiva que ha podido ver en los últimos meses, no parece gran cosa. James Roth se permite el lujo de sacar uno de sus dos frascos de agua bendita al tiempo que piensa…

“Vamos. Hemos cazado a un tío que veía el futuro… Esta piba no puede ser mucho más difícil.”

Apenas dos minutos después, las cosas no pueden estar peor. Las buenas noticias fueron que, en efecto, el agua bendita parecía dañarla (tal y como les advirtió Craig que pasaría si el demonio del anillo había tomado ya posesión de la mujer que le servía de huésped) Las malas noticias, sin embargo, eran mucho peores: Ben no estaba dándolo todo en esta pelea… y se notaba. Si aquella mujer estaba empleando alguna clase de truco psíquico, no parecía afectar a James… pero sí a Ben.

La segunda mala noticia, en cambio, era aun peor. No podían acercarse demasiado a ella porque, al tacto, aquella perra era capaz de transmitirles cualquier daño que le hubiesen provocado. A Ben lo había aferrado por el cuello durante un instante… y ahora sus viejas heridas se habían abierto. En concreto, la que estuvo a punto de levantarle la tapa de los sesos. Delgados ríos carmesíes manaban por su frente, cegándolo casi por completo.

Y como no había dos sin tres, la tercera y última de las malas noticias era quizá la peor. Aquella pelirroja de infarto no sólo era fuerte como un toro, sino que además parecía ser invulnerable a cualquier daño que no fuese el agua bendita. Y tanto Ben como James habían terminado con sus dosis. Las últimas gotas eran las que empapaban el pelo y parte de la cara de aquella perra.

Ben Braddock (NE): James… (mirando al suelo) ¿Piensas lo mismo que yo?

James bajó la vista. A través del suelo de cristal de la zona VIP pudo ver el suelo de la planta baja. El acuario. Litros y litros y litros de agua… a la espera de ser consagrados.

James sonrió y asintió. Ben miró a Massara. Y luego miró más allá de ella. A la barandilla del balcón.

Ben Braddock (NE): ¡Ahora!

Los que estaban en el piso de abajo hacia ya un par de minutos que habían despejado los alrededores de la zona privada. Sobre todo en previsión de que siguieran lloviendo guardias de seguridad sobre la pista.

Todos levantaron la vista cuando escucharon la barandilla ceder. Y tres figuras se precipitaron contra el suelo de cristal reforzado, reventándolo en el impacto y sumergiéndose en las aguas del acuario. Entonces, el agua comenzó a bullir, como si algo estuviese cociéndose en su interior. Un par de chicas gritaron aterrorizadas al captar el olor a carne quemada procedente del agua.

Chica aterrorizada (ND): Oh, Dios… ¡Estan muertos!
Arthur Craig (ND): No… Aun no.

Enfundado en su cazadora de cuero y bajo sus atónitas miradas, Arthur Craig atravesó la multitud y se dispuso a esperar con su escopeta al pie de la improvisada piscina.

Arthur Craig (ND): Veamos si sois tan duros como deci…

Antes de acabar la frase, dos figuras enfundadas en trajes de chaqueta salieron a la superficie, entre toses y jadeos. Una tercera apareció a sus espaldas, profiriendo un grito gutural e inhumano. La escopeta de Craig tosió una. Dos. Tres veces.

Y el cuerpo de aquella mujer, antaño hermoso y deseable, se convulsionó por última vez.

Ben Braddock (NE): Ja… (medio ahogado) ¿James?
James Roth (ND): Estoy… (tos) estoy bien… (tos)
Arthur Craig (ND): Buena jugada, lo reconozco… (sacando unas tenazas de su chaqueta)… y ahora...

Con un chasquido, las tenazas amputan un dedo de manicura perfecta. Arthur Craig sostiene el anillo y lo deja caer en un frasco de agua bendita. Acto seguido sonríe a Ben y James. O al menos, esboza lo que en su universo privado él debe entender por una sonrisa.

Arthur Craig (ND): Bien jugado, amigos. Bien jugado.

Capilla de St.Patrick. Queens.
En algún punto entre las dimensiones posibles.
4:51 a.m.

Ben Braddock (NE): Y después, se marchó.

A pocos metros del banco que ocupaban Ben, James y el profesor Vanister, se encontraba el padre Vincent Layton, enfundado en su hábito monacal, bajo la luz que se filtraba a través de las vidrieras. Permaneció en silencio durante un largo rato, a pesar de que sus invitados aguardaban su recompensa. Fue el joven e impaciente Braddock quien rompió dicho silencio.

Ben Braddock (NE): Padre Layton… Hemos cumplido con nuestro cometido…
Padre Vincent Layton (ND): Y ahora queréis vuestro pago… (se da la vuelta y los mira, sonriente) Es justo.
James Roth (ND): Vuelvo a repetirlo… Si tenéis que elegir entre saber donde están las piezas de la tanqueta o saber donde tiene Wolfram y Hart encerrado a Leonard…
Ben Braddock (NE): No es una elección, James. No se elige entre una persona y un objeto. Elegimos a…
Padre Vincent Layton (ND): Aguarda, joven Braddock… pues hay una tercera opción.

Los tres miraron al espectro de Layton con inquietud.

Padre Vincent Layton (ND): Hay otro. Otro viejo amigo al que también, en lo más profundo de vuestros corazones, ansiáis ver de nuevo con vida…
James Roth (ND): ¿Otro?
Ben Braddock (NE): ¿Además de Leonard? ¿Quien…
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mio… (mira a Ben) Sé a quien se refiere, señor Braddock.

El profesor se incorpora, quitándose las gafas y aproximándose a Layton.


Profesor Vanister (NE): Es Fred. (se gira y mira a Ben y James) Sabe donde está Fred.
Ben Braddock (NE): ¿Qué…? (poniéndose en pie) Pero Fred está… Está…
James Roth (ND): Muerto (tajante y frío) ¿A qué está jugando, Layton?

Layton miró por un segundo a sus tres visitantes y sonrió.

Padre Vincent Layton (ND): En efecto. Fred Fesster murió. Y como atestigua la marca espiritual que emanan sus almas, tanto usted señor… Roth como el profesor Vanister, han estado en lo que hay entre los lugares.
Profesor Vanister (NE): Fred Fesster viajó en ese tren… pero, ¿cómo…?
Padre Vincent Layton (ND): Ese “tren” como sus limitados sentidos humanos lo percibieron es un lugar similar a esta capilla… un reino más allá de los reinos… donde el tiempo y el espacio dejan de seguir reglas estrictas.
James Roth (ND): Ya lo sabemos. Pero Fred…
Padre Vincent Layton (ND): Fred Fesster recibió una visita durante su viaje en ese tren. Una visita similar a la que recibió usted, profesor Vanister. Un hombre que le ofreció un trato a cambio de volver de entre los muertos. Su nombre era… Goodwin Steele.

El nombre resuena como una lápida de mármol cayendo sobre el corazón de los presentes.

Ben Braddock (NE): No… No puede ser…
Profesor Vanister (NE): Me temo que sí, señor Braddock. Si lo que dice el Padre Layton es cierto…
Padre Vincent Layton (ND): En efecto, profesor… Fred Fesster es una de las almas que deberán capturar.

CONTINUARÁ…

jueves, 16 de octubre de 2008

Diario de Leonard Powell (Sesión 11-10-08) - REQUIEM POR UN FRIKI



Pocas veces no consigo lo que quiero.
Pero sin duda esta es la vez que peor me siento.

Para que me entendáis debería empezar desde el principio.

Fred Fesster era el friki del instituto.
Alguien con quien normalmente los matones del instituto, e incluso yo cuando tenía la oportunidad, nos metíamos constantemente, hacíamos bromas, algunas de ellas incluso pesadas. Era el raro, un pequeño negrito endeble, que nada tenía que hacer con la panda de tiburones y bastardos que pueblan el instituto Mark Twain.

Siempre sacaba unas notas excelentes y nunca se le veía por la calle, excepto por la tienda de esoterismo de Gabrielle Grant. Eso no es que ayudara precisamente a su reputación. Por eso me sorprendió cuando el profesor Marcus Vanister le incluyo entre los suspensos de su asignatura. A día de hoy no sé si de verdad suspendió o si el profesor Vanister quería tener a su lado a alguien que pudiera ayudarle en su experimento. Sobre todo viendo a la larga cual era el verdadero motivo de dicho experimento.

En cada uno de los saltos que hemos dado, todos hemos tenido discusiones, enfrentamientos, momentos en los que casi nos damos de hostias. Pero Fred no. Es más, ni siquiera se molestó cuando lo apodamos Friki Fesster, por las cosas que decía.

Cuando recuerdo quienes empezamos, quienes se nos unieron y cuántos somos ahora, más me reafirmo en mi teoría. "Si quieres sobrevivir a este mundo, tienes que ser el hijo de puta más grande que lo pise". Ahora daré las pruebas de por qué esto es así. En tu mundo, en el mío y en cualquier dimensión en el que nos encontremos.

Todos hemos cometido pecados. Delitos y asesinatos. Defensa propia. Interés, negocios, ciencia... Cada uno pondrá la excusa que mejor le parezca para exculparse a sí mismo. Pero eso no quita que los haya cometido. Pero Fred... Podría casi asegurar que ese chico no había roto un plato en su vida. Ni tenía intención de hacerlo.

Los demás... sólo tenéis que echarnos un vistazo para comprobar que aquel que no es un hipócrita, es un bastardo que no le importa más que si mismo. O un matón del tres al cuarto. Pero nosotros estamos vivos. Y ese hecho confirma mi teoría.

"Casi, Powell"
Nunca había sido así. Cuando alguien me decía algo solía ser "¿Cómo lo has hecho Powell? " "De nuevo lo has conseguido Powell". "Joder, cómo molas Powell".
Pero no. Este puto mundo de mierda quiso que en el momento de salvar a la persona más inocente que he conocido, fuera un jodido "Casi, Powell".

Desde luego Fred, te has ido consiguiendo demostrar mi vulnerabilidad. Que aún puedo fallar. Esas palabras quedaran marcadas a fuego en mi cabeza y no las volveré a escuchar en mi vida, desde este preciso instante.
Atraparemos a cada una de esas jodidas almas.
Las encerraremos de nuevo y destruiremos el maldito libro. Porque este libro ha tenido la culpa de todo.
Y esto, Friki, no va a ser un "Casi Powell".

Ese friki, negrito y endeble, con el que todo el mundo se metía en el instituto, se convirtió en Fred Fesster.

Y luego se sacrificó por salvarnos la vida. Por algo que personas como yo no entienden hasta que es demasiado tarde.
Por amistad.

martes, 14 de octubre de 2008

Sesión 11-10-2008 (Parte 3 de 3)

Episodio 2x05.- TWINFIELD (Parte 5)

Quinta Parte.
FRED


Me llamo Fred Fesster.
Mis amigos me llaman Friki-Fess.
Hace casi dos semanas, todo era normal. En menos de un mes o dos iba a entrar en el M.I.T. dejando atrás mi vida en Springfield, el lugar más aburrido que podáis imaginar. Entonces el profesor Vanister nos propuso participar en un experimento para subir nota. Tuvimos un accidente y…
Bueno, pero esa es otra historia.
La que voy a contaros es una historia muy distinta.
Es la historia de cómo morí.

Universo Twinfield.
Cima de la mina Dalton.
Hace una hora.

Ése soy yo: el chico que va vestido con los harapos que alguna vez fueron la bata de un hospital. Había empezado a llover pero creo que todos estábamos tan asustados que lo último que nos importaba era la amenaza de pillar un resfriado.

Si, lo que hay justo detrás mía es un helicóptero del FBI. El que está sentado en la cabina es el teniente Russell T. Dalton. Por lo visto es el tío-abuelo de Danny y supuestamente murió en la guerra de Corea. Digo supuestamente porque, al parecer, participó en un proyecto secreto del gobierno. Una mezcla entre "Regreso al Futuro", "El Experimento Filadelfia" y "Quantum Leap". ¿Qué no sabes que serie es "Quantum Leap"? Bueno, creo que el señor Dalton tampoco. De hecho, teniendo en cuenta que para él hace una semana era 1953, hay que reconocer que se está habituando relativamente bien al cambio de aires. A fin de cuentas nos ha traído en helicóptero hasta aquí… y ya no dice cosas como "¿Desde cuando se le hace tanto caso a los negros?"

Los que están dentro del helicóptero intentando abrir el pequeño arsenal del FBI son mis compañeros de viaje. En serio, si hace dos semanas me hubiesen dicho que dos de los tíos más güais del instituto iban a ser mis colegas… Bueno, el hecho de apellidarse Dalton no hace que Danny sea lo que se dice "popular". Pero tiene un corazón de oro, por mucha pose de Bruce Willis que te ponga.

Y luego está Leonard. También es güai pero… No sé. A veces me recuerda a Lex Luthor, ¿vale? No, no está calvo. Pero su padre es un auténtico bastardo. Y ya sabes lo que dicen… En cualquier caso, los dos siempre intentan protegerme. Eso cuando no están compitiendo para ver quien dice la frase más ingeniosa, claro.

¿El cuarentón que traza extraños dibujos en la tierra mojada? Es el profesor Marcus Vanister y está intentando (sin mucho éxito) los grabados que su versión de Witchfield utilizó para invocar al Libro de las Sombras. Bueno, lo cierto es que éste profesor Vanister no es el mismo que inventó la Alfombra Mágica y nos metió en esta odisea interdimensional. Ése está muerto. El profesor Vanister que véis procede de otra dimensión. Es prácticamente el mismo… pero a la vez no lo es. En fin, es complicado. Digamos que procede de un mundo parecido al mío.

Ben Braddock también es de otro mundo. Si, es ese chico moreno que está sentado en pose de loto. Jamás pensé decir esto de alguien como él (en mi mundo es el tío al que todos envidian) pero siento lástima por él. Lo ha pasado realmente mal: aunque consiga volver a su mundo, allí no le queda nadie. Ni su padre, ni su chica… Nada. Pero ahora tiene otros problemas más graves, la verdad.

¿Cómo?
Ah, vale.
Veo que te has fijado en que recita unas extrañas palabras aparentemente inconexas. Bueno eso es porque en estos momentos Ben está poseído por eso. Sí, eso. Ya sé que parece un simple libro viejo, gastado y de hojas amarillentas. Pero no lo es. Es una fuerza oscura. Maligna. Peor aun… es un recipiente.
Y ahora mismo, Ben está recitando las palabras mágicas para abrirlo. Para dejarlos libres.

No creo que Leonard o Danny puedan comprenderlo. Me alegro de que todos estén pendientes de Ben. Eso me permite acercarme discretamente al borde del precipicio. No me atrevo a mirar hacia abajo. Si lo hago quizá lo piense dos veces. Pero es algo que tiene que hacerse. El Libro nos necesita a todos con vida… por eso el zombi no me atacó en la morgue. Por eso no nos ha matado hasta ahora.
Nos necesita vivos. A todos.
Miro cornisa abajo.

"¿Dolerá?"

Con ese fugaz pensamiento casi estoy a punto de arrepentirme cuando escucho la voz de Leonard gritar mi nombre. Danny se da la vuelta. Corre hacia mí, intentando agarrarme antes de que pueda hacerlo. Leonard es menos diplomático: saca la pistola que le arrebató a uno de los guardaespaldas de Morgan Kyle. Y me apunta.
El disparo me atraviesa la pierna. Duele como el infierno. Pero sonrío: esta vez no voy a caer. Voy a ser un héroe.
Voy a salvarlos a todos.

Fred "Fess" Fesster: Casi, Powell.

Lo último que veo antes de dejarme caer es a Danny. Grita algo, posiblemente mi nombre. Extiende su mano, intentando agarrar la mía.
Por un momento dudo. ¿Y si me he equivocado?
Cierro los ojos. Me da miedo conocer la respuesta. Siento el viento a mi alrededor. Y la lluvia. Luego llega el dolor. Rápido y brusco.
Y todo se vuelve oscuro.

Al menos por un segundo.

Abro los ojos. Y lo primero que veo es mi cuerpo. Tendido como un muñeco roto entre las rocas. Poco a poco noto que me voy alejando, subiendo cada vez más rápido. ¿Así que esto es morir? Pensaba que era un topicazo de las películas. O quizá… Quizá es una forma de procesarlo mi cerebro. Quizá sea como la peli que te ponen en un avión antes de llegar a tu destino. En mi caso antes de ir… a donde quiera que vaya.
Sigo subiendo. No sé cuanto tiempo ha pasado. No lo sé. Cuando quiero darme cuenta, llego a la cima de la mina Dalton. Allí están todos: Leonard, Danny, el profesor... Algo me tira hacia arriba pero me resisto.
Si ésta es mi última película quiero ver como acaba.

Profesor Vanister (NE): No… No puede ser… (coge una de las escopetas del helicóptero) Ésto ha sido un error… (se acerca a Ben Braddock) Un error que pienso subsanar.
Leonard Powell (interponiéndose): ¡No, profesor!

En ese momento, todos se quedan petrificados. Maldita sea, incluso yo siento escalofríos. Todos lo vemos aparecer, moviéndose torpemente, arrastrando sus contusionadas extremidades como el títere inanimado que es. Es mi cuerpo. Muerto. Animado por el Libro de las Sombras. Yo tenía razón, nos necesitaba a todos.
Pero también me equivoqué.
No nos necesitaba vivos.

Danny aprieta los dientes. Aferra la escopeta del profesor Vanister, arrebatándosela. La carga y encañona a la cabeza de Ben. Durante unos segundos todos aguantan la respiración.

Leonard Powell: Vamos, Danny… Yo también siento lo de Fred. Pero si lo haces… Matarás a Ben.
Danny Dalton: Ya lo sé.

Danny alza la escopeta y cambia de blanco. Aprieta el gatillo. Y la cabeza deforme y grotesca del Ben zombi estalla como una putrefacta sandía. El resto de su cuerpo cae al suelo, entre espasmos.
Danny deja caer la escopeta y mientras lo veo regresar al helicóptero me doy cuenta.
Está llorando.

Es entonces cuando sucede.
Ben termina de pronunciar las palabras. Las nubes negras que cubren todo Springfield comienzan a abrir un claro… justo encima de la mina Dalton. El Libro de las Sombras levita hasta colocarse metro y medio por encima del suelo. Los ojos de Ben son ahora amarillos. Y con una sonrisa, pronuncia unas últimas palabras.

Ben Braddock (NE): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

Y con esa última palabra, una descarga de energía carmesí brota de su boca impactando contra el Libro de las Sombras. Éste se abre, haciendo saltar los cierres metálicos que lo mantenían cerrado. Las hojas aletean frenéticas mientras el libro da vueltas sobre sí mismo. La energía carmesí forma una esfera que va aumentando de tamaño. En pocos segundos tiene el tamaño de una pelota de playa.
Y estalla.
Una columna brota del Libro y se pierde a través del claro entre las nubes. Parece algo sacado de Industrias Light & Magic… pero con el punto siniestro de "El Arca Perdida". De vez en cuando, en esa columna de energía, se intuyen formas. Aterradoras. Inhumanas. Y todas ríen.

El espectáculo dura pocos minutos.
Cuando acaba, el libro cae al suelo. Su portada está cubierta de carbonilla. Y sus páginas están en blanco.
Lo llamaban el recipiente. Y ahora está vacío.


Danny Dalton: ¿Qué hemos hecho, pijo?
Profesor Vanister (NE): Hemos salvado este Springfield, señor Dalton.
Danny Dalton: ¿Y qué me dice de esas cosas, profe? ¿Y si han ido a otros Springfield?
Leonard Powell: ¿Y si han ido… al nuestro?
Ben Braddock (NE): Eh… ¿perdonad?

Todos, incluso yo, miramos hacia el lado. Es Ben: el auténtico. Sin ojos blancos y ni voz inquietante.

Ben Braddock (NE): Puede decirme alguien donde estoy… (se mira de arriba abajo) Y de paso… (se toca la herida en la cabeza) ¿Podéis decirme cómo me llamo?

Vaya…
Aun estoy viendo la cara de incrédulos que están poniendo los demás cuando noto que esa fuerza tira de mí hacia arriba. Y me doy cuenta que no es una película lo que estaba viendo. Es una maldita serie. Y ahora no sabré cómo continúa.
Pero eso no es lo peor de todo.
Lo peor es que aun no me he ido… y ya les echo de menos.
Adiós, amigos.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Sesión 26-09-08

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
Russell T. Dalton: Mi nombre es… Dalton. Teniente Russell T. Dalton, de las Fuerzas Áereas de los Estados Unidos de América.
Danny Dalton: Joooooder…

CUATRO JÓVENES EMBARCADOS EN UN EXPERIMENTO SIN CONTROL...
Danny Dalton: Ten mucho cuidado con eso, Billy (señalando el Libro de las Sombras, debidamente envuelto en un saco y atado) Escóndelo. Y mantenlo lejos de todo el mundo. Incluso de ti mismo, ¿de acuerdo?

UN VIAJE A TRAVÉS DE DIMENSIONES ALTERNATIVAS...
Leonard Powell (viendo como lo sacan de la habitación): ¡Russell! ¿A dónde se lo llevan?
Agente Sarah Kauffmann (TW): Señor Powell, ¿sabe acaso quien es ese hombre?

INFINITOS MUNDOS POSIBLES...
Agente Sarah Kauffmann (TW): Veamos… (leyendo) "Institución Militar Psiquiátrica de San Antonio", paciente Russell Thadeus Dalton. Ingresado el 20 de Agosto de 1953. Fallecido el 11 de Julio de 1973.

... Y UN ÚNICO CAMINO DE VUELTA A CASA.

Episodio 2x03.- TWINFIELD (Parte 3)

Noviembre de 1952.
White Sands, Nuevo Méjico.

Un coche con distintivos militares atraviesa una desolada carretera. En su interior viaja el veterano piloto de pruebas, Russell T. Dalton. Lleva puesto el uniforme de las grandes ocasiones. Y tener la oportunidad de hablar directamente con el Comandante John Rockstone lo es. Son viejos amigos y no es la primera vez que visita su casa de campo. Pero la formalidad es una muestra de respeto. Y Russell lo sabe.

Mira en el horizonte y puede ver la base aérea de Roswell. Russell sonríe y pide al joven soldado que hace de piloto que detenga el vehículo. Baja del coche y contempla durante un par de minutos la base en la que se fragua el futuro bélico de su país.

Russell T. Dalton: Dime, chico… ¿Sabes lo que es eso?
Soldado: Es la base aérea de Roswell, señor.
Russell T. Dalton: ¿Y sabes lo que se hace allí?
Soldado: Eso es alto secreto, señor. Pero… ¿permiso para hablar con franqueza, señor?
Russell T. Dalton (sonríe): Claro…
Soldado: Es donde se fabrican las armas secretas con las que patearemos el culo de esos jodidos comunistas, señor.

Russell asiente y vuelve a mirar por última vez a las instalaciones. Sí, allí es donde se fabrica el futuro. Pocos minutos después, el coche entra en la propiedad privada del Comandante Rockstone, un enorme rancho situado entre la base de Roswell y la pequeña localidad civil que le da su nombre. Bajo el porche de la casa colonial, Russell ve al joven Duncan, el hijo del comandante. Va vestido con un uniforme de los boy-scouts y juguetea con varios aviones de latón.

El chico se incorpora y saluda efusivamente a su tío Russell. Éste no puede evitar sonreír mientras escucha al pequeño Duncan hablar apresuradamente sobre los últimos cómics que ha leído. Sin embargo, su padre no tarda en aparecer y de inmediato, Russell recuerda que no es una visita de cortesía.

Russell T. Dalton (cuadrándose): Señor…
Comandante John Rockstone: Descanse, soldado… (superada la formalidad, le da un abrazo) Me alegro de verte, Russell. Ven… quiero que conozcas a alguien…

Mientras María, la criada hispana del comandante lleva unas copas al despacho, Russell puede ver en la penumbra de la habitación a un joven con bata blanca. Apenas supera los veintipocos y limpia sus gafas con cierto nerviosismo.

Comandante John Rockstone: Teniente Dalton… Le presento al profesor Karl Van Ishter.

Agosto 2008.
Springfield, California.

Russell T. Dalton siente como los recuerdos van quedando atrás. Igual que la oscuridad. Abre los ojos y lo primero que ve son unos fluorescentes. Parpadean y emiten un extraño zumbido. Se incorpora, esperando como siempre que todo haya sido un sueño. No es así: a su alrededor, varias estanterías repletas de material hospitalario. Afuera, en el pasillo, se escuchan voces y mucho movimiento. Ni aun estando en perfectas condiciones Russell sería capaz de captar o entender algo de lo que sucede: los calmantes que le proporcionaron aquellos agentes del FBI siguen haciendo efecto.

De hecho, los minutos (¿o son horas?) siguientes pasan de forma confusa: cuando su mente se aclara un poco y la cabeza deja de darle vueltas, Russell descubre que lo han trasladado. Sigue estando en el hospital pero ahora vuelve a estar en la sala de cuidados intensivos. En la penumbra reinante es capaz de ver que la suya es la única cama ocupada. La camilla en la que lo han trasladado sigue a unos metros suya y sus muñecas y tobillos siguen atados a la cama. Con correas.

En el reloj que hay en la pared, Russell comprueba que son algo más de la una de la madrugada. Quizá sea el mejor momento para intentar escapar: Russell forcejea por liberar al menos una de sus manos de las correas cuando escucha pasos de nuevo. Simula estar durmiendo aún cuando irrumpen en la estancia dos agentes del FBI que escoltan a dos enfermeros. Éstos llevan a su vez a un chico negro. Y el hecho de reconocerlo da a Russell una extraña sensación de paz. Es uno de esos jóvenes que se materializaron en lo alto de la mina Dalton. Supuestamente son viajeros de otro mundo, de una realidad paralela.
En el fondo, están tan perdidos como el propio Russell.

Los agentes y los enfermeros abandonan la estancia. Russell, liberado de sus correas, se incorpora y se aproxima al chico. Éste, con un apósito en la frente que tapa un feo golpe en la cabeza, parece dormir. Pero no es un sueño plácido: se agita como si intentase despertar de una pesadilla. Y cuando lo hace… se aferra al brazo de Russell, sobresaltándose los dos.

Russell T. Dalton: Tranquilo, chico… Tranquilo.
Fred "Fess" Fesster: ¿Qué…? ¿Dónde estoy?
Russell T. Dalton: Estas en el hospital, chico. Te acaban de traer los agentes del FBI y… ¿Se puede saber que te ha pasado en la cabeza?
Fred "Fess" Fesster (tocándose la herida): Pues… No lo sé. No lo… No lo recuerdo.
Russell T. Dalton: ¿Dónde está mi sobrino?
Fred "Fess" Fesster: Danny y yo os dejamos en la mina y… nos encontramos con Nora. Y luego… Luego intentamos salir del pueblo pero no pudimos. Y luego nos encontramos a Billy Whitehouse. Y Danny le dio el Libro de las Sombras. Y después… Después fuimos a la comisaria y allí me llevaron a los calabozos. Había un agente del FBI. Lo llamaban Casey… Agente Casey. Y…
Russell T. Dalton: ¿Y? Habla, maldita sea…
Fred "Fess" Fesster: Nada. No recuerdo nada más.

Antes de que puedan decir nada más, se escuchan voces en el pasillo. Russell apenas si tiene tiempo de correr de vuelta a su cama y hacerse de nuevo el dormido. Un segundo después, la doctora Emily Fesster irrumpe en la sala mientras dos agentes del FBI intentan impedírselo. Por supuesto, es del todo inútil.

Emily Fesster (TW): ¡¡FREDDIE!! ¡Hijo mío! ¿Estás bien? Déjame que te vea… ¡Oh, Dios Mío! ¡Mira esa herida! ¿Puedes hablar?
Fred "Fess" Fesster (bajo el acoso hipocondríaco de su madre): Estoy bien, mamá…
Emily Fesster (TW): No te preocupes, Freddie. Todo va a salir bien, ¿de acuerdo? Conozco a los mejores especialistas en shock post-traumático de California.
Agente del FBI 1 (TW): Por favor, señora Fesster. No puede…
Emily Fesster (TW): ¡NI SE LE OCURRA DECIRME LO QUE PUEDO O NO PUEDO HACER, AGENTE! ¡ESTE ES MI HOSPITAL!
Agente del FBI 2 (TW): Señora Fesster, por favor…

Finalmente, tiene que ser el Doctor Jefferson quien interceda entre los agentes y la histérica Emily Fesster (quien incluso llega a echar mano de unas pastillas para controlar la angustia de ver así a su hijo) Unos minutos después, aun pueden escucharse las voces de Emily Fesster amenazando a los agentes del FBI. De nuevo solos, Russell se acerca en silencio a la cama de Fred.

Russell T. Dalton: ¿A qué ha venido todo eso?
Fred "Fess" Fesster: No lo sé… Pero algo ha pasado en la comisaría. Mi madre ha dicho algo de que han muerto dos agentes y que hay un agente del FBI herido muy grave.
Russell T. Dalton: No sé tú, muchacho. Pero yo no voy a quedarme cruzado de brazos… Me voy de aquí.

Y empleando las propias correas que lo retenían, Russell emplea las hebillas como destornillador para quitar las rejas de la ventana de la sala de cuidados intensivos. Sin embargo, un descuido por parte de Fred hace que uno de los tornillos salga despedido… golpeando las paredes y el suelo de la habitación. Eso basta para llamar la atención de los agentes que siguen en el pasillo. Fred intenta usar la camilla para impedirles el paso. Mientras, Russell termina de arrancar la reja por la fuerza…

Los agentes del FBI les gritan el alto pero tanto Fred como Russell ya han dejado atrás la unidad de cuidados intensivos. Los dos saltan sobre la marquesina del acceso de urgencias del hospital y consiguen subir a una de las ambulancias que hay aparcadas en el lateral. Sin embargo, cuando intentan salir de allí tropiezan con el agente John Ortega y otros dos agentes del FBI. Russell frena en seco mientras le encañonan.

Agente John Ortega (TW): Muy bien, amigo. ¡Salga con las manos en alto!
Russell T. Dalton (al volante): Joder…
Fred "Fess" Fesster (recordando cierto encuentro con Nora en PSIFIELD): Espera… (rebusca en la parte de atrás: encuentra un bisturí entre el instrumental médico) Como dijo una vez cierta chica que conocí… (le pone el bisturí en la mano a Russell) Tómame de rehén.

Antes de que puedan apretar el gatillo, Russell alza el brazo y coloca la cuchilla del bisturí bajo el cuello de Fred. Los agentes dan un paso atrás… incluso el propio Ortega acaba bajando el arma, maldiciendo. Dejan libre el camino a la ambulancia que no tarda en ganar velocidad. Sin embargo…

Russell T. Dalton: Joder, ha funciona…
Fred "Fess" Fesster (intentando avisarle): ¡Cuidado!

El aviso de Fred llega tarde: dos coches patrulla intentan bloquear la salida de la ambulancia… y ésta los embiste con fuerza. Russell acaba empotrando la ambulancia en el escaparate de una tienda de modas. Los cristales llueven sobre la ambulancia y varios agentes de policía bajan, aturdidos, de sus coches. Apenas si se han recuperado cuando Russell aprieta con fuerza el acelerador y, siguiendo las indicaciones de Fred, consigue llevar la ambulancia lejos del hospital y de las fuerzas de la ley y el orden.

Russell conduce a través de las calles de un Springfield desolado. De no ser por las indicaciones de Fred, probablemente se perdería sin remedio: es de noche y es un Springfield muy distinto al que él ha conocido. A fin de cuentas, en medio siglo cambian muchas cosas. Incluso en un lugar donde nunca pasa nada.

Siempre bajo la guía de Fred, Russell conduce hasta dejar atrás el centro de la ciudad, internándose en la desolada carretera que atraviesa la zona de granjas de "The Fields". Allí, la única luz que tienen es la del único faro frontal que le queda intacto a la ambulancia.

Russell T. Dalton: Espero que sepas a donde vamos, muchacho…
Fred "Fess" Fesster: No tengo ni idea de donde están Danny, Leonard o el profesor. Pero si sé donde hay otra cosa…
(el motor de la ambulancia comienza a toser)
Fred "Fess" Fesster: Vaya…
Russell T. Dalton: Tranquilo. Antes de que nos deje tirados, la esconderemos en uno de esos cultivos. Bastará con atravesar la cerca y…

En cincuenta años cambian muchas cosas. En el Springfield que Russell recordaba, las cercas de las granjas eran poco menos que tres o cuatro tablones, tan firmes como el pulso de un cirujano borracho. En el Springfield actual, sin embargo, las cercas son algo más sólidas… y Russell lo comprueba cuando empotra la ambulancia contra una de ellas. Los airbag de la ambulancia frenan gran parte del tremendo golpe…

Fred "Fess" Fesster: Pero… ¿Se puede saber que haces?
Russell T. Dalton (mirando con curiosidad los airbag): Una vez probé algo parecido en un test de vuelo. ¿Ahora los ponen en los coches? Qué curioso…
Fred "Fess" Fesster (viendo como se encienden las luces de una granja cercana): Vamos, no podemos quedarnos aquí…

La travesía a través de los cultivos es lenta y penosa. Russell se lleva la mejor parte: ha podido cambiar su bata de hospital por el uniforme de un enfermero del Hospital. Sin embargo Fred tiene que improvisar un apaño rasgando la mitad de su bata, empleando la tela para envolver sus pies descalzos.
Para cuando divisan la granja de los Whitehouse, los pies de Fred sangran con algunos cortes.

Russell T. Dalton: Muy bien. Y ahora… ¿vas a explicarme de una vez que hacemos aquí, chico?
Fred "Fess" Fesster: Su sobrino y yo dejamos algo muy peligroso en manos de un joven. Ese joven vive en esa granja y, a falta de un plan mejor, lo único que podemos hacer es recuperar ese objeto…
Russell T. Dalton: Ese objeto… ¿no será por casualidad ese "libro mágico" que llevaba mi sobrino consigo?
Fred "Fess" Fesster: Me temo que sí, señor…

Nuestros dos fugitivos se disponen a entrar a hurtadillas en la propiedad de los Whitehouse. El primero en hacerlo, Russell, apenas acaba de sortear la cerca que la rodea cuando una berlina del FBI pasa justo por delante de la propiedad… dejando claro que no han tardado en rastrear la ambulancia. Por suerte, los dos agentes pasan de largo y el peligro parece haber sido pasajero.
Sin embargo, cuando Fred salta la cerca reuniéndose de nuevo con Russell, se percata de algo…

Fred "Fess" Fesster (viendo las luces traseras de la berlina del FBI a lo lejos): Algo pasa…
Russell T. Dalton: Vamos, no te quedes ahí parado…
Fred "Fess" Fesster: Espere… (se queda en silencio) ¿Lo oye?

Si. Los dos pueden oírlo. Algo arrastrándose a través de los cultivos, procedente del mismo lugar en el que se ha detenido la berlina del FBI. Russell y Fred, por puro instinto, se internan en la propiedad de los Whitehouse. No tardan en descubrir que, sea lo que sea, les sigue. El sonido. Algo arrastrándose. Consiguen llegar hasta el granero donde se encierran a la espera de "eso" pase de largo. Por un segundo, "eso" se detiene justo a las puertas del granero. Por un segundo nada más. Después, pasa de largo.

Desde lo alto del granero, tanto Russell como Fred pueden ver una extraña figura caminar de forma torpe y artificiosa hacia una loma que hay un poco más al norte. Una loma sobre la que hay un gran árbol reseco.

Russell T. Dalton: ¿Qué demonios es eso?
Fred "Fess" Fesster: No lo sé, señor Dalton… (bajando las escaleras del granero y agarrando una horca de trinchar paja) Pero diez a uno a qué sé lo que va buscando.

Para cuando ambos salen de nuevo al exterior, caminando lenta y silenciosamente hacia la loma; los dos pueden ver esa extraña figura humanoide, inclinada y escarbando a pocos metros de las raíces del árbol. Mientras Russell se desliza por un lateral, aprovechando mejor las sombras; Fred camina lentamente hacia la figura.

Y entonces, la figura deja de cavar. Se gira, con movimientos torpes e inhumanos. Y mira a Fred. Éste se queda petrificado. No puede mover un solo músculo. Porque lo reconoce.
Es Marcus Vanister.
Lo que queda de Marcus Vanister: un cadáver con todos los huesos fracturados de forma abominable. Fragmentos de hierro retorcido y pedazos de granito brotan de su carne putrefacta como aberrantes protuberancias antinaturales. La criatura que alguna vez fue Marcus Vanister da un par de torpes e inhumanos pasos en dirección a Fred, intentando articular su nombre… pero no puede: carece de mandíbula.
Una mano muerta se aferra a la horca que sujeta un petrificado Fred.

Y es entonces cuando Russell intenta lanzarse contra esa criatura imposible. Sin embargo, un mal paso lo lleva a caer de bruces. El movimiento llama la atención el tiempo suficiente del Marcus Vanister zombi como para que Fred vuelva a recuperar la horca.

Fred "Fess" Fesster: ¡Teniente Dalton! ¡El Libro!

Y Russell corre hacia lo alto de la loma y se arrodilla sobre el foso que las manos muertas de Vanister han comenzado a cavar. La criatura intenta farfullar algo parecido a un "No" y camina torpemente loma arriba. Y ese es su último error: Fred lanza un golpe letal con la horca, clavándola a la altura de la nuca… y separando el cráneo del cuello. La cabeza de lo que alguna vez fue Marcus Vanister vuela en una dirección. Mientras, el cuerpo se desploma, estallando contra el suelo en un millón de pedazos pútridos y, ahora sí, definitivamente muertos.

Soltando la horca, Fred camina torpemente hasta lo alto de la loma. Y allí, se une a Russell en sus esfuerzos por cavar. Lo hacen durante pocos minutos: enseguida, sus dedos tropiezan con una especie de manta india artesanal. Es con lo que Danny cubrió el libro. Una vez lo han desenterrado, tanto Fred como Russell luchan de forma instintiva por apoderarse del Libro.
Y antes de que puedan empezar a pelearse por él…
… escuchan el resorte de una escopeta a su espalda.

Johnatan Whitehouse (TW): Dense la vuelta con las manos arriba… Muy despacio.

Aunque tanto Russell como Fred obedecen, es éste último quien aprovecha la distracción para hacerse con el pesado libro, abrazándose a él como si fuese capaz de detener los perdigones de un tiro de escopeta.

Johnatan Whitehouse (TW): Muy bien. Ahora quiero saber qué demonios hacían en mis… Un momento… (reconoce a Fred) Tu eres el chico de los Fesster…
Fred "Fess" Fesster: Señor Whitehouse, por favor…
Billy Whitehouse (TW): ¡Tío Johnatan! ¡Espera, tío Johnatan!

La aparición de Billy ayuda a nuestros dos fugitivos a no tener que dar demasiadas explicaciones al tío de Billy. No en vano, éste intenta por todos los medios no involucrar a sus seres queridos en lo que sea que Danny y Fred lo metieron a él.

Para complicar aún más las cosas, un coche de la oficina del sheriff hace acto de presencia. Mientras Martha y Johnatan Whitehouse salen de su propiedad para entretenerlos; Billy se queda a solas con nuestros dos protagonistas.

Fred "Fess" Fesster: Billy, te agradezco que…
Billy Whitehouse (TW): No me agradezcas nada. (su tono es cortante y, al mismo tiempo, rebosa temor) Lárgate de aquí… (señala, temeroso, el Libro) ¡¡Y llévate esa cosa. Llévatela y ni se te ocurra traerla de vuelta!!

Dejando atrás la propiedad de los Whitehouse, Russell y Fred consiguen robar la furgoneta de sus vecinos (una pareja de jóvenes hippies de diseño) Con ella y viendo que los accesos al centro de la ciudad ya estarán controlados por el FBI, nuestros amigos intentan tomar la carretera interestatal que rodea el condado. Su destino: Dry Rock, la reserva wakane. Quizá allí puedan esconderse el tiempo suficiente como para descansar y trazar planes…

El ronroneo del motor y el agotamiento acumulado de toda la noche consiguen que Fred caiga dormido nada más apoyar su cabeza contra el cristal.
Y Fred sueña.

Fred abre los ojos: el motor de la furgoneta se ha detenido. A su lado, el asiento del conductor está vacío. Mira el exterior, buscando a Russell. Pero no hay nadie fuera. De hecho, no está ni siquiera la carretera. Fred reconoce el cobertizo: están en lo alto de la mina Dalton.
Es un sueño.

Tiene que serlo.

Y entonces se da cuenta. El Libro. No lo tiene en las manos. Comienza a buscarlo desesperadamente. Entre los asientos, en la parte de atrás, en la guantera…

Nora Thompson (desde fuera): No lo encontrarás ahí, Fred.

Fred levanta la cabeza. Y ahí está ella: ante la furgoneta, con sus ojos verdes y su pelo negro. Y sonriéndole de una forma que no olvidará en su vida.
Fred se frota los ojos. No puede ser.

Nora Thompson (a su lado, en el asiento del conductor): Si que lo es, Fred.
Fred "Fess" Fesster: No eres… (se aparta, asustado) No eres ella.
Nora Thompson: Pues claro que no, tonto… (se acerca a él) Pero puedo serlo. Si lo deseas…
Fred "Fess" Fesster: No…
Nora Thompson: Sólo tienes que hacer una cosa por él… Y él te lo dará todo. Todo cuanto pidas, Fred… Sólo tienes que llevarlo aquí… (señala el exterior, la cima de la mina) Y hacer lo que él te pida.
Fred "Fess" Fesster: Danny dijo que eras peligroso. No… No lo haré: búscate a otro que quiera pasarse al Lado Oscuro.
Nora Thompson: ¿Sabes una cosa?… (y tras un silencio, sonríe)… Es justo lo que voy a hacer.

Y Fred despierta.
Vuelve a ser de noche. Vuelve a estar en la furgoneta. Vuelve a notar el Libro entre sus manos.
Pero Fred sabe una cosa.
En alguna otra parte…
… uno de ellos está soñando con el Libro.

CONTINUARÁ…

lunes, 8 de septiembre de 2008

P.O.V. - DANNY DALTON y FRED "FESS" FESSTER (Sesión 06-09-08)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
Danny Dalton: A ver si lo he entendido... Tenemos que colocar un poste metálico como éstos en cada uno de los puntos que rodean el condado de Neverfield y vigilar que esa luz verde no se pone roja. ¿Es eso? Venga, vale. ¿Dónde está la trampa, profe?

CUATRO JÓVENES EMBARCADOS EN UN EXPERIMENTO SIN CONTROL...
Leonard Powell: Un Neverfield con vampiros. Vale. Un Neverfield controlado por militares. De acuerdo. Pero... ¿un Neverfield donde Friki-Fess está liado con la segunda tía más buena del condado?

UN VIAJE A TRAVÉS DE DIMENSIONES ALTERNATIVAS...
Danny Dalton: El profesor Vanister de Witchfield me advirtió del poder de eso… Porque es algo más que un libro, os lo puedo asegurar.

INFINITOS MUNDOS POSIBLES...
Danny Dalton: Ni de coña. No pienso dejar que nos encierren o algo parecido. Y menos dejar ésto (muestra el Libro) en malas manos…
Fred "Fess" Fesster: Yo voy contigo, Danny.

... Y UN ÚNICO CAMINO DE VUELTA A CASA.

Episodio 2x01.- TWINFIELD (Parte 1)

Fred "Fess" Fesster no podía seguir su ritmo.
Era imposible: Danny no sólo era físicamente superior; además conocía aquella montaña como la palma de su mano. Se deslizaba por los terraplenes de la montaña con la facilidad de quien lo ha hecho infinidad de veces. Y eso que llevaba consigo el pesado Libro de las Sombras.
Haberlo dejado arriba les habría permitido ir más deprisa, claro.
Pero aun no estaba claro que ése fuese su auténtico mundo. Lo parecía, desde luego. Fred no estaba del todo convencido y a Danny aquello le daba igual: fuera su mundo o no, para él era una amenaza. Y no iba a dejar que nadie pusiera las manos encima de ese libro… no sin antes haber encontrado una forma de destruirlo.

Había pasado una hora desde que dejaron en la cima de la mina a Leonard y al profesor Vanister junto a un inconsciente Ben Braddock y al teniente Russell T. Dalton (la nueva incorporación de su peculiar familia de exiliados dimensionales) El equipo de búsqueda que había aparecido ya les habría encontrado. Danny y Fred consiguieron esquivar a los jornaleros que rastreaban los bosques circundantes a la mina.
Y finalmente, siguiendo la carretera interestatal y con la luz del atardecer, Danny y Fred llegaron a un merendero.

Fred "Fess" Fesster (agotado): No puedo más… (se deja caer sobre uno de los bancos del merendero, apartando la basura que hay allí amontonada)
Danny Dalton: No tenemos tiempo para descansar, Friki "Fess". Tenemos que esconder este maldito libro antes de que nos carguemos nuestro mundo como hicimos con otros…
Fred "Fess" Fesster: Pues creo que tengo buenas noticias, Danny… (le muestra uno de los periódicos que hay entre la basura) No creo que éste sea nuestro mundo.

Danny Dalton contempla el titular: "SEGUNDA SEMANA DE BÚSQUEDA: Sin rastro de LOS NIÑOS PERDIDOS." Y en portada, las fotografías de los desaparecidos: Marcus Vanister junto a cuatro chicos: Leonard Powell, Fredderick Fesster, Daniel Dalton…
...y Benjamin Braddock.

Pero la sorpresa no dura mucho tiempo: antes de poder tomar una decisión sobre qué hacer, el sonido de un motor acercándose les obliga a esconderse entre la maleza. El vehículo que entra en el merendero es una furgoneta azul. Y de ella baja una hermosa chica morena, de rasgos entre indios y latinos. Viste ropa vaquera y habla por el móvil.

Nora Thompson (TW): Si, papá… (recogiendo la basura acumulada en los bancos del merendero) Dios, tendrías que ver como lo han dejado todo esos cerdos del equipo de búsqueda. Tienes que hablar con Sam Wayne y los suyos. Si… ya sé que son labores de rastreo y que son voluntarios. Papá, mi novio es uno de los desaparecidos, ¿vale? Soy la primera que les agradece eso, pero…
Danny Dalton (habiéndose acercado por su espalda): Hola, Nora… (sonríe) ¿Me pones una cerveza?

Nora se da la vuelta. Y apenas puede articular un "te llamo luego" antes de colgar.

Tiene que pasar un tiempo para que el cerebro de Nora parece empezar a reaccionar ante la sorpresa. Para cuando lo hace, han pasado veinte minutos y está al volante de la furgoneta, conduciendo a lo largo de la carretera que sigue la ruta del río Spring.
A su lado, Danny y ese otro chico, otro de los desaparecidos, Fred Fesster.

Nora Thompson (TW): Así que… (conduciendo) pretendes que me crea que tras la clase con Vanister, te escapaste a Las Vegas. Y que una vez allí, descubriste que Fred te había seguido. ¿De verdad pretendes que me crea eso?
Danny Dalton: Mira, Nora. Yo no pretendo nada, ¿vale? Tan sólo…
Nora Thompson (TW): Ahora mismo vamos a ver a mi padre, ¿de acuerdo? A él seguro que podéis contarle donde están Ben y los demás. Y…
Fred "Fess" Fesster (percatándose de que hay algo en la carretera): Nora, ¡cuidado!

El aviso de Fred llega justo a tiempo: Nora reacciona, esquivando en el último momento a un despistado ciclista que había aparecido de entre los bosques. Con la furgoneta cruzada en la carretera, el ciclista se aproxima a la furgoneta. Y esta vez la sorpresa es para nuestros amigos…

Nora Thompson (TW): Joder, he estado a punto de… (hace ademán de bajar) ¡Eh! ¿Se encuentra bien?
Danny Dalton: Eso no es buena idea, Nora. Joder, ¡larguémonos de…!
Billy Whitehouse (TW): ¿Da-dalton? ¿Danny Dalton?
Danny Dalton y Fred "Fess" Fesster (mirando por la ventana de la furgoneta al chico que han estado a punto de atropellar) ¿Billy?
Billy Whitehouse (TW): Joder…
Danny Dalton (reaccionando por instinto): ¡Nora, pisa el acelerador!

Y Nora, sin poder reaccionar aún, obedece su orden sin pensarlo mucho. Justo a tiempo, pues del bosque comienzan a salir otros componentes del equipo de búsqueda con el que trabajaba Billy Whitehouse. Nora sigue conduciendo, dejando a todos atrás.

Danny Dalton: Muy bien, Nora. Ahora llévanos a un lugar apartado. Hay algo…
(Con un tremendo frenazo , Nora detiene la furgoneta)
Nora Thompson (TW): Ni hablar, Danny. (quita las llaves del contacto) Quiero saber lo que pasa. Ya.
Danny Dalton (tras un segundo sopesándolo): Muy bien… Friki "Fess", haz los honores. Explícaselo todo. (sale de la furgoneta) Me vendrá de coña un cigarrillo.
Fred "Fess" Fesster: Bueno… Pues lo que nos ha pasado… (tras unos segundos tensos, buscando una forma de empezar) Dime… ¿has leído "Días del Futuro Pasado", de la Patrulla X?

A través del parabrisas de la furgoneta, Fred gesticula mientras habla. Incluso le muestra a Nora el teclado de la "Alfombra Mágica". Danny contempla la cara de Nora. Conoce esos gestos de incredulidad. Ella los alterna con fugaces miradas a Danny, a las cuales el responde con un leve asentimiento de cabeza: un gesto que viene a decir… "Si, nena: viajeros de otra dimensión. Créetelo."

Cuando Nora termina de escuchar la historia de Fred, permanece un minuto completo en silencio. Y acto seguido baja del coche. Mira a Danny, buscando una respuesta que no va a tener. Todo es cierto. Y, por ridículo que suene, Nora intuye que Fred no ha mentido.

Esta a punto de preguntar por Ben cuando la voz del joven friki la interrumpe.


Fred "Fess" Fesster (saca la cabeza por la ventanilla): ¡¡Danny!! (señala al otro extremo de la carretera) ¡¡El FBI!!
Danny Dalton (viendo llegar por el otro lado el todoterreno de Billy Whitehouse): Y por el otro lado, el bueno de Billy… ¡hora de irse!
Nora Thompson: Pero…
Danny Dalton (poniéndose al volante): Lo siento, Nora. (pone en marcha la furgoneta) ¡Te la devolveré!

Danny arranca el vehículo y, levantando una bonita polvareda, pone la furgoneta a todo gas. Sin más opciones, el único camino para salir de allí es a través del centro de la ciudad. Sea su mundo o no, eso no importa: se parece lo bastante como para saber manejarse por sus calles. Callejea, pega varios frenazos e incluso llega a meterse en la acera un par de veces… Danny conduce como el diablo y consigue atravesar el centro de Springfield en un tiempo record: incluso teniendo que evitar la Plaza Lincoln, cuyo acceso parece estar cerrado al tráfico.

Finalmente, con el cielo púrpura de la tarde, la camioneta de Nora lleva a Danny y Fred hacia el norte. Las calles del centro dejan paso a las zonas de granjas y, poco a poco, a las montañas. Incluso ven pasar el cartel de "Esta usted abandonando Springfield. ¡Vuelva pronto!"
Sin embargo…

Fred "Fess" Fesster (viendo el todoterreno tras sus talones): Nos siguen.
Danny Dalton: Lo sé. Es Billy Whitehouse. Joder… No quiero meterlo en esto.
Fred "Fess" Fesster (viendo la sangre fluir por los orificios nasales de Danny): Danny… tienes algo en la nariz…
Danny Dalton: ¿Qué…? (mira Fred… ¡y la nariz de éste también parece un surtidor carmesí) Joder, Friki "Fess". ¡Tu también!
Fred "Fess" Fesster: ¿Yo también…? (lo comprueba y, de repente, siente un súbito mareo) Oh, no… No…
Danny Dalton (conduciendo y, al tiempo, viendo como su compañero comienza a perder el conocimiento): ¿Friki? ¿¡Friki!?

Y entonces, Danny lo ve. Por el espejo retrovisor. El todoterreno de Billy parece haberse salido de la carretera: sus amortiguadores aguantan lo justo para estamparse contra uno de los postes del cableado telefónico. Éste cae pesadamente sobre el vehículo. La gasolina, el calor del verano y las chispas de electricidad hacen el resto…

Danny Dalton (frenando la furgoneta): Joder… Billy. (derrapa y da media vuelta) No vamos a dejarte ahí, colega…

Pero antes de que la furgoneta llegue a detenerse junto al todoterreno (ahora envuelto en llamas), la figura de Billy Whitehouse se interpone en su camino. Danny frena y mira a un desconcertado Billy a través de la ventanilla.

Danny Dalton: ¿Estás bien?
Billy Whitehouse (TW): S-si…
Danny Dalton (viendo cada vez más débil a Fred): Vale. Pues sube a la parte de atrás. Volvemos a Neverfield.

El cielo es ya de un azul nocturno tan oscuro que se pueden empezar a ver las estrellas. Danny frena a pocos metros después de dejar atrás el cartel de "Esta usted entrando en Springfield. ¡Bienvenido!"

Danny Dalton (comprobando que Billy está mejor): Joder, me has dado un susto de muerte, Friki… ¿Qué cojones ha pasado?
Fred "Fess" Fesster: No estoy seguro, Danny. Pero… bueno, es posible que…
Danny Dalton: Joder, dilo ya, friki…
Fred "Fess" Fesster: Es posible que los saltos que hemos dado hayan creado un efecto de resonancia. Como las ondas en un estanque, ¿vale? Y ahora…
Danny Dalton: No me jodas… ¿Me estas diciendo que no podemos salir de este jodido pueblo? ¡¿Qué he sobrevivido a vampiros, psíquicos, quemadores de brujas y que ahora que hemos llegado a casa no puedo salir de este jodido pueblo?! ¿¡¡ES ESO!!?
Fred "Fess" Fesster: Mira, yo sólo te digo que si éste es nuestro mundo…
Danny Dalton: Espera… (se da la vuelta y encara a un asustado y alucinado Billy, el cual ha sido testigo de toda la conversación) ¿A quiénes están buscando, Billy?
Billy Whitehouse (TW): Pues… A Ben Braddo…
Danny Dalton (interrumpe): Suficiente. (se gira a Fred) No estamos en casa, Friki. Definitivamente.

La conversación entre Danny y Fred pasa del posible fenómeno cuántico a un problema más inmediato: el Libro de las Sombras. Saben que no pueden estar huyendo durante mucho más tiempo (no con el FBI, la policía y prácticamente todo Springfield rastreando la zona). Y saben que no pueden dejar el Libro en manos de cualquiera.

Danny Dalton (mirando a Billy): Creo que tengo una idea…

Pasan veinte minutos y la noche cae sobre la zona conocida como North Fields. Allí es donde los tíos de Billy tienen su granja. A unos cien metros, Danny detiene la furgoneta.

Danny Dalton: Ten mucho cuidado con eso, Billy (señalando el Libro de las Sombras, debidamente envuelto en un saco y atado) Escóndelo. Y mantenlo lejos de todo el mundo. Incluso de ti mismo, ¿de acuerdo? Volveré a por él.

La furgoneta se aleja dejando a Billy con el pesado ejemplar entre los brazos. Fred lo ve a través del espejo retrovisor. Y luego mira a Danny: no cree que haya sido buena idea. Pero no quiere discutir. Está agotado, hambriento… y en el fondo se alegra de que por fin vayan a entregarse a la policía.

Danny aparca la furgoneta en uno de los primeros accesos al centro del pueblo. No hay mucha gente en la calle a estas horas. Pero los pocos que hay se detienen en cuanto les reconocen. Danny y Fred aprietan el paso a medida que se aproximan al corazón mismo de Springtown.
Sin embargo, cuando llegan a Lincoln Square, lo que encuentran les deja sin habla.

Danny Dalton: Joder…
Fred "Fess" Fesster: Claro. Por eso estaba cortado el acceso…

Ante ellos, cubriendo todo el centro de la plaza, se ha montado una enorme carpa en la que se pueden ver distintivos del FBI. Incluso de noche, hay focos iluminando la zona y al menos una veintena de agentes van de un lado para otro, entrando y saliendo de la carpa.

Pero eso no es lo peor.

Lo peor es la treintena de furgonetas y coches diversos con logotipos de canales de noticias y emisoras de televisión. Un pequeño ejército de periodistas que llevan casi dos semanas esperando alguna clase de pista y que ahora se encontraban contrastando sus notas sobre el reciente hallazgo de varios de los desaparecidos.
Imaginad sus caras cuando, de una de las calles adyacentes, aparecen los dos últimos "niños perdidos".

Fred "Fess" Fesster: Vaya… Nos han visto.
Danny Dalton: Corre, Friki. ¡Corre!

Y una auténtica estampida de periodistas ruge tras ellos.

Dentro de la comisaría de policía, el ajetreo es bien distinto. Hay varios agentes del FBI haciendo llamadas a Washington y Los Ángeles. Incluso los agentes locales están desbordados de trabajo.

Agente McNamara (TW) (contándoselo a dos compañeros más): Pues sí, colegas. Estaban en el cobertizo, ¿vale? Y entonces…
Sheriff "Rayo" Thompson (TW) (por teléfono): Muy bien, explícamelo otra vez, Nora… ¿Qué ha pasado con la furgoneta?
Agente Deveraux (TW): Esperad… ¿Qué es ese jaleo?
Agente McNamara (TW): Juraría que viene de fuera…

Las puertas de la comisaría se abren súbitamente. Dos figuras irrumpen de forma accidentada y, nada más entrar, cierran las puertas, pegándose a ellas como si así pudieran contener la marabunta que se les viene encima.

Todos los agentes, policías o federales, contemplan atónitos a los dos chicos que acaban de entrar. Jadean completamente agotados y tienen el aspecto de quien ha estado peleando con un tigre durante días. Pero, pese a todo, no hay duda: son dos de los chicos cuyos rostros muestran los cientos de carteles que, como las paredes de esa comisaría, decoran cada rincón de Springfield.

Danny Dalton: Sheriff, no se lo diga a nadie… (jadeando) Pero creo que nos siguen.

CONTINUARÁ…

viernes, 29 de agosto de 2008

Unisystem - FRED "FESS" FESSTER

Las estadísticas de juego están en el apartado de comentarios. El único que puede leerlas es el propio jugador. Por favor, sed deportivos.

sábado, 26 de julio de 2008

P.O.V. - FRED "FESS" FESSTER (Sesión 19-07-08)



ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
Cabecilla #1 (WF): "Nuevo Springfield" es un buen pueblo. Un pueblo de gente honesta, decente... Un pueblo de buenos cristianos. Y queremos que siga siendo así.

CUATRO JÓVENES PERDIDOS EN EL MULTIVERSO...
Ben Braddock (NE): A ver si lo he entendido: creeis que si sacamos el prisma de ahí, esa estatua cobrará vida y…
Fred "Fess" Fesster: Y nos matará a todos. Y posiblemente a todos los que estén fuera de esta gruta.

INFINITOS MUNDOS POSIBLES...
Fred "Fess" Fesster (mientras los guardaespaldas lo separan del grupo y lo llevan hasta un almacén que hace las veces de garaje): ¿Chi...? ¿Chicos?
Danny Dalton: Eh, ¡Eh! (encarándose a sus captores) Es nuestro colega... ¿a dónde lo lleváis?

...Y UN ÚNICO CAMINO A CASA

Episodio 19.- WITCHFIELD (Parte 5)

Parte 1. - “Vaya. Parece que ya es una costumbre”.

Ese es el primer pensamiento de Fred “Fess” Fesster al tiempo que comienza a recuperar la consciencia. Los recuerdos aun flotan en su cabeza: iban a quemarlos vivos en la mina Dalton. Y, en el último momento, la comitiva de Capuchas Rojas que los llevaban tomaron el desvío a la mansión Powell. Y allí... Allí, sus amigos fueron llevados a la mansión mientras que a él lo metieron en ese cobertizo. Ahí acaban sus recuerdos: la herida en su cuello y la pérdida de sangre ayudaron a que perdiese el conocimiento a partir de ese momento.

Ahora, Fred contempla la estancia, un garaje con espacio suficiente como para dos, quizá tres todoterrenos. Las malas noticias son que, a juzgar por la oscuridad que puede verse por la única ventana del garaje, Fred se ha pasado las últimas doce horas durmiendo. Además, unas cuerdas lo mantienen atado a una silla, inmovilizado casi totalmente. Las buenas noticias son que alguien parece haber “parcheado” su herida del cuello. Y que, entre el mobiliario del garaje, hay una estantería de herramientas cuyos filos oxidados pueden servir para cortar sus ataduras.

Apenas ha conseguido liberarse de sus ataduras, alguien entra en el garaje. Fred se tira al suelo, tumbando una mesa de reparaciones para usarla como parapeto. El recién llegado no es otro que uno de los guardias a sueldo de Devon Powell: hace varios disparos pero ninguno alcanza a Fred. Éste, con una llave inglesa en la mano, se dispone a sorprenderlo en cuanto se acerque lo suficiente. Sin embargo, el guardia parece haber adivinado sus intenciones y cuando el chico intenta su ataque, se topa de frente con el cañón de su pistola.

Suena un disparo. Por un instante, Fred piensa que ya está: que su suerte ha terminado y que está muerto. Cuando abre los ojos, Fred descubre el cuerpo del guardia en el suelo, con un disparo en la espalda. Muerto. Mientras se apodera de su pistola, descubre un agujero en el cristal de la ventana: sea quien sea, disparó desde fuera.

En ese instante, la puerta del cobertizo vuelve a abrirse: esta vez, no es un guardia de Devon Powell. Pasamontañas negro, gafas de visión nocturna, ropas oscuras, petate al hombro y un rifle de caza entre las manos. El misterioso intruso camina por la estancia, acercándose a la mesa tras la que se oculta Fred. Cuando éste se incorpora, intentando golpearle con la llave inglesa, la figura se da la vuelta y bloquea su golpe con el propio rifle.
Y justo antes de comenzar a plantearse siquiera como saldrá de ésta, la figura habla con una voz que le resulta familiar.

Marcus Vanister (WF): ¿Fesster? Es... (quitándose el pasamontañas) ¿Es usted?
Fred “Fess” Fesster: ¿Pro...? ¿Profesor?
***
Parte 2.- “Debería largarme. Debería largarme. Debería…”

Fred “Fess” Fesster sostiene nervioso la pistola que le arrebató al matón de Powell que lo vigilaba. Lleva casi una hora esperando en esa furgoneta: estaba donde Vanister le dijo que estaría, en un claro del bosque (lo que antaño tuvo que ser un merendero del lago) Lo que no le dijo era que en la parte de atrás de la furgoneta estaría un inconsciente Higgins: en el Springfield de Fred, Higgins es un viejo simpático, un pescador jubilado que se pasa media vida en los alrededores del lago Spring tratando de atrapar un gigantesco barbo al que llaman “Sargento Trueno”. A juzgar por la capucha roja que Fred encontró en la guantera, el Wallace de este mundo es algo más.

Fred está a punto de salir a buscar a Vanister cuando ve haces de linterna en el bosque. Y ladridos. Acercándose. Fred pone en marcha el motor e intenta salir de allí a toda prisa. Dos perros de presa salen de la espesura del bosque, acompañados por un par de guardaespaldas de Devon Powell. Las balas silban alrededor de la furgoneta mientras Fred conduce casi a ciegas a través del bosque. Uno de los perros consigue saltar a la parte trasera de la furgoneta. Sin embargo, el traqueteo frenético del vehículo hace que salgan despedidos tanto el propio sabueso como el inconsciente Higgins y un sin fin de aparejos de pesca.

Finalmente, la furgoneta sale del bosque y se cala justo en mitad del camino privado que lleva a la mansión Powell. Fred intenta salir del atolladero pero es imposible: antes de poder hacer nada más, el sabueso que lo ha rastreado golpea con fuerza la puerta de la furgoneta. Fred no se lo piensa dos veces: empuña con fuerza la pistola y dispara contra él.

Los ladridos del segundo perro se dejan sentir en la lejanía. Y Fred opta por no jugársela: coge aliento, aferra su pistola y corre campo a través, dejando atrás la furgoneta y el camino que lleva a la mansión Powell. Su destino: el único lugar en el que tiene la esperanza de encontrar algo conocido… la mina Dalton. Donde está “Margaret”.

La caminata es larga y trabajosa: incluso con las gafas de visión nocturna, avanzar por el bosque es algo agotador. En un momento dado, Fred escucha el sonido de varios motores y le parece ver dos todoterrenos como los que había en la mansión Powell dejar la mina Dalton a gran velocidad. Piensa que quizá sea una buena noticia: quizá no hayan dejado a nadie vigilando.

Fred descubre su error cuando llega al límite del bosque: allí, ante la entrada de la mina, hay dos hombres de Devon Powell, con UZIs y varias lámparas de gas iluminando el perímetro. Antes de que ni tan siquiera pueda maldecir su suerte, Fred escucha el grito de uno de los hombres de Powell… ¡que cae al suelo con un cuchillo clavado en la espalda! Aprovechando la confusión, Fred corre a toda velocidad, intentando llegar lo más cerca que pueda al acceso de la mina. Sin embargo, el segundo matón de Powell lo ve y lanza varios disparos a modo de aviso. Fred se tira al suelo, esperando que la espesura le ofrezca la cobertura necesaria para esconderse.

Pasan los minutos. Y no se escucha nada. Fred, con todo el sigilo que puede reunir, intenta reptar hasta el acceso a la mina. Pero su avance se ve interrumpido por el ataque de un corpulento individuo que cae sobre él como una pared de ladrillos. Clavando su cuchillo en la misma herida que tiene en el hombro, Fred ve las estrellas y cae inconsciente… no sin antes reconocer a su atacante, que lo mira confuso y extrañado.

Fred “Fess” Fesster (murmurando): ¿Ty…? ¿Tyler Crow?

Y luego, todo se vuelve oscuro. "Como siempre", piensa Fred.
***
Parte 3.- “Oh, venga ya… ¿otra vez me han dejado inconsciente?”

Las punzadas de dolor en su hombro son lo primero que nota Fred. Poco a poco, se va percatando de donde se encuentra: reconoce el túnel como la boca de acceso a la mina Dalton. Afuera sigue siendo de noche. Fred comprueba que le han limpiado los bolsillos (adiós a su pistola) y que, para su sorpresa, tampoco le han atado esta vez.

En ese momento, Fred percibe un pequeño ruido procedente del interior de la mina. Camina lentamente hacia la cámara subterránea y, una vez allí, descubre que hay luz. Más tarde verá los focos y el generador portátil que llevaron los hombres de Powell allí (ver capítulo anterior) Pero lo primero que llama la atención de Fred es que alguien ha colocado a “Margaret” bloqueando la entrada del túnel… Y que, para variar, hay numerosas muescas de bala entre las abolladuras que cubren el chasis de la curtida furgoneta. Cuando entra, Fred comprueba que alguien ha estado trasteando en los controles de “Margaret”.

La segunda cosa que de lo que se percata Fred… es que el ruidito ha cesado. Antes de que pueda darse cuenta, alguien se coloca justo detrás de suya. Y la hoja de un cuchillo de monte aparece justo debajo de su cuello.

Tyler Crow (WF): Ni un movimiento, muchacho. ¿Quién eres? ¿Y de qué me conoces?
Fred “Fess” Fesster: Ey, ey, ey. Tranquilo, tranquilo, ¿vale? No quiero hacerte daño, de verdad. Me llamo Fesster. Fred Fesster.
Tyler Crow (WF): Mmm… (extrañado) ¿Fesster? ¿Cómo Paul Fesster?
Fred “Fess” Fesster: Si, es mi… Es mi tío.
Tyler Crow (WF): Paul Fesster, ¿eh?… (le da la vuelta y le mira a los ojos, como buscando un parecido) Paul Fesster es un buen hombre. (Y dicho eso, suelta a Fred) Por eso deberías buscarlo y marcharte de éste pueblo. Lejos.
Fred “Fess” Fesster: ¿Qué…?

En ese instante, Tyler frena en seco y manda callar con un gesto a Fred: parece haber escuchado algo. Antes de que el joven pueda mascullar ni siquiera un pregunta, Tyler corre a esconderse tras “Margaret”.
Y entonces, es cuando Fred lo escucha.
Pisadas. En el túnel de acceso.
Acercándose.
CONTINUARÁ...

miércoles, 30 de enero de 2008

PNJ - ¿Quien es Quien?: LOS FESSTER

Paul Fesster: Director de "La Voz de Springfield"
El negocio familiar de los Fesster ha sido siempre el periodismo. Paul siempre tuvo la esperanza de ser tan buen periodista como su abuelo Jim Fesster. Sin embargo, cuando su padre enfermó, Paul tuvo que regresar para hacerse cargo del negocio. Hace unos años, Paul fue de los pocos que intentó luchar por defender la inocencia de Jake Dalton. Hombre culto y versado en múltiples materias, es una enciclopedia viviente.

Emily Fesster: Jefe Médico del Hospital Powell
Emily había terminado la carrera de medicina cuando su padre, jefe médico del hospital de Neverfield, falleció. Emily se trasladó entonces a Neverfield donde su obsesiva dedicación a la salud pública la llevaron a ser la primera y más joven doctora jefe de todo el condado. Es respetada por todos y, en general, se la considera una más que eficiente profesional.

martes, 22 de enero de 2008

Protagonistas - FREDDY FESSTER (a.k.a. "FESS")


"¿Vivir en Neverfield? Es como estar encerrado en una mezcla de Matrix y la Casa de la Pradera..."

El geek oficial de Neverfield. Desde pequeño, ha sido un crío propenso a enfermar y su madre, la médico jefe del Hospital Powell, lo somete a análisis semanales para prever cualquier posible enfermedad. En parte por eso y en parte por su incapacidad para tener relaciones sociales; Fess tan solo pisa la calle para ir al instituto. Eso sí: es un auténtico genio, siendo un ávido internauta y experto hacker.

Una Película: La Sagrada Trilogía (los episodios IV al IV, Regreso al Futuro, Indiana Jones… cualquiera de ellas)
Un Estilo de Música: J-Pop.
Un Icono: Luke Skywalker.