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martes, 23 de junio de 2009

Sesión 20-06-09 (Parte 2 de 2)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Gavin Park (ND): Si, Roth, muchacho. Ahora yo soy el jefe de equipo. La señora Kauffmann acaba de ascenderme… (sonríe) ¿no te lo había dicho?

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…

Gavin Park (ND): Mira, Roth… (se acerca a él) Los dos sabemos que en Wolfram y Hart hay muchos intereses enfrentados. Y estoy seguro de que los dos tenemos nuestros propios intereses.

… O A MORIR EN EL INTENTO.
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, creo que trabajan para alguien de dentro de Wolfram y Hart.

Episodio 3x10.-
VLADIMIR KAMINSKI contra WOLFRAM & HART

Hospital Saint Betheleem. Los Ángeles.
5.22 AM.

Gavin Park (ND): Agente Pierce, del departamento de Homicidios.

Bajo las luces de las ambulancias y el trasiego habitual de una madrugada de sábado en urgencias; las credenciales psíquicas de Wolfram y Hart hicieron su trabajo y los enfermeros asintieron y dejaron pasar al agente Pierce.

Supervisor de Urgencias (ND): Ah, si. El vagabundo… Alguien lo dejó en Urgencias. Tenía una hemorragia bastante fea. Parece que ya lo han subido a planta. Habitación 302.
Gavin Park (ND): ¿Se sabe algo de quien lo trajo?
Supervisor de Urgencias (ND): No, señor. Pero es lo habitual, ¿sabe? Tenemos casos como ese todos los fines de semana…
Gavin Park (ND): Ya me imagino… Muchas gracias.

Pero no. Aquel tipo de perilla y pendiente en la oreja no tenía ni idea. No podía imaginar que el sin techo al que habían atendido era un psíquico, un precognitor capaz de ver el futuro. Había trabajado para Wolfram y Hart, concretamente para Sarah Kauffmann. Y había visto algo relacionado con aquellos viajeros dimensionales que, hacía ya tres meses, habían aparcado su tanqueta en la planta cuarta del bufete.

El psíquico, Vladimir Kaminski, había escapado de unas instalaciones de W&H. El azar quiso ponerlo en el camino de Gavin. Una magnífica forma de arreglar las cosas con Sarah Kauffmann tras el chasco de Gideon Grant. ¿Y que hace Gavin? Deja al bueno de Vladimir en manos de quien encabeza la lista negra de Wolfram y Hart: el vampiro con alma. El jodido Ángel.

Claro que quedaban menos de tres horas para que amaneciese. Con un poco de suerte, el chupasangres se habría retirado a su refugio y…

Ángel (ND): Voy con él.

Gavin escucha su voz y se detiene. Está ahí, junto al mostrador de enfermeras. Ángel lo saluda esbozando lo que para un vampiro eternamente melancólico debe ser lo más parecido a una sonrisa. Gavin suspira y asiente, resignado: “dejemos que crea que tiene las de ganar. Cuando llegue el comando de asalto de Wolfram y Hart, ya veremos si le quedan ganas de sonreir…”

Gavin Park (ND): Vaya. No pensaba encontrarte por aquí…
Ángel (ND): ¿Y dejarlo sólo, en manos de Wolfram y Hart?
Gavin Park (ND): Eh, ¿Quién crees que va a pagar las facturas del hospital?
Ángel (ND): ¿No has visto el informe médico? Tiene el cerebro como un colador. ¿Vas a decirme que no sabes nada de eso?
Gavin Park (ND): Ya te lo dije antes… Trabajo para Wolfram y Hart, sí. Pero es solo una tapadera, ¿vale? Ayudo a unas personas, a los…
Ángel (ND): A esos “viajeros” de los que hablaba el vagabundo, ¿no?
Gavin Park (ND): Exacto… (el ascensor se abre, dejándoles en la planta quinta) Aquí estamos, Ángel, muchacho…

Un amable policía deja de flirtear con la jefa de enfermeras y, diligentemente, guía a los dos supuestos detectives de homicidios hasta la habitación del paciente.

Policía 1 (ND): Creo que está dormido todavía. Pero si quieren iniciar el traslado…
Gavin Park (ND): Si, cuanto antes lo… (se queda petrificado) Mierda.
Ángel (ND), (también lo ha visto): Oh, no…

El policía aun no ha terminado de girar el pomo cuando Ángel y Gavin se percatan del haz de luz verdosa que ha parpadeado por un segundo, filtrándose bajo la puerta. Hay alguien dentro de la habitación con Vladimir. Y ellos saben quien es.

Ángel (ND): ¡A un lado!
Policía 1 (ND): Pero, ¿qué…?

Gavin saca su pistola mientras contempla como Ángel propina una potente patada contra la puerta. No sólo la saca de sus goznes sino que sale disparada como un proyectil plano, atravesando la estancia de lado a lado y destrozando el ventanal justo antes de caer al vacío.

Las sospechas se confirman cuando, en la penumbra de la estancia, el brillo jade que rodea a la joven oriental se convierte en la única fuente de luz. Junto a ella, otro individuo. Este no es tan corpulento como el gigantesco vagabundo que los atacó en el callejón… pero es sin duda más inquietante. Luce una cazadora de cuero, similar a la de los aviadores de la Segunda Guerra Mundial. Su rostro y sus manos permanecen ocultos bajo unos sucios vendajes.


Y en sus manos dos pistolas de nueve milímetros aparecen de la nada.

Con una desquiciada risotada, el misterioso sujeto cubre de balas la estancia, dejando a la joven una oportunidad de oro para tratar de llevarse consigo a Vladimir.

Uno de los proyectiles alcanza a Gavin en el brazo. Al menos tres muerden la carne muerta de Ángel. Lo único que consigue es enfurecerle. Cuando Gavin lo ve incorporarse, siente un escalofrío. Ha visto muchos vampiros. Pero en el rostro demoníaco de Ángel se pueden intuir las atrocidades que hizo cuando respondía por su otro nombre…

Ángel (ND): Espero que sepas volar… ¡Te hará falta!

Antes de que ese cruce de momia y pistolero pueda siquiera encañonarlo con su pareja de pistolas, Ángel lanza una patada aérea que se hunde en el pecho de su oponente. Lo desestabiliza lo suficiente como para que se precipite al vacío, a través del mismo hueco que dejó la puerta. Ángel ve como el cuerpo rompe la cristalera superior del atrio del hospital. No han transcurrido ni dos segundos cuando se escucha una pavorosa explosión que sacude los cimientos del hospital. Los gritos y la confusión se adueñan del lugar, dejando claro que ha llegado la hora de salir de ahí.

Ángel (ND): Es hora de salir de aquí (coge en brazos al inconsciente vagabundo) Esto ya no es seguro…
Gavin Park (ND): ¿Y a donde vas a llevarlo? ¡Esa cabroncilla de ojos rasgados puede volver a teleportarse en cualquier momento!
Ángel (ND): Créeme… Donde voy yo no podrá seguirme.
Gavin Park (ND): Espera, joder. Estoy herido…

Ángel se detiene por un instante y lo mira. La herida del hombro de Park no parece gran cosa. Sobrevivirá. Pero eso no es lo importante. Lo que realmente importa es que asegura estar haciendo el doble juego a Wolfram y Hart. ¿Y si fuera cierto? ¿Sería esto una oportunidad para conseguir un aliado dentro del bufete?

Ángel (ND): Maldita sea… (suspira y entrega una tarjeta de Investigaciones Ángel a Gavin) Cuando Wesley se entere… Va a volverse loco.

“Investigaciones Ángel”. Suburbios de la Zona Oeste.
5.59 AM


Wesley Wyndam-Pryce (ND): ¿Estas completamente loco? (baja la voz y lleva a Ángel aparte) ¡Has traído a un agente de Wolfram y Hart a la oficina!
Ángel (ND): Tranquílizate, Wes… Bajaré a ver como sigue nuestro invitado.
Wesley Wyndam-Pryce (ND): ¡Espera! ¿Vas a dejarme aquí con…? (Ángel baja las escaleras) Sí, vas a dejarme a solas con él.

Gavin ve desaparecer a Ángel escaleras abajo, quedándose con el tal “Wesley”. Tiene todo el aspecto de un bibliotecario. Y parece igual de peligroso. Gavin pasea la vista por el lamentable inmueble. De acuerdo: Ángel es un vampiro con más de dos siglos de experiencia. Pero ¿ese sitio? ¿Un tugurio que no vale ni el dinero de su demolición? ¿Y se supone que esta panda de perdedores es un peligro potencial para Wolfram y Hart? Fuese como fuese, a Sarah Kauffmann casi le da un infarto (o lo que sea que padecen las criaturas infernales) cuando se enteró de quien tenía en su poder a su vidente particular. Ahora era cosa de Gavin el sacarlo de ahí. Para ello había dos opciones. Y descartando el enfrentamiento directo con Ángel, solo quedaba una vía. La negociación.

A varios metros por debajo de sus pies, mientras Gavin daba vueltas a los argumentos que utilizaría para convencerlo; Ángel se adentró en la penumbra de su recámara. Bajo la titilante luz de las velas, Vladimir Kaminski se revolvía como un enfermo atormentado por visiones febriles.

Vladimir Kaminski (ND): Ah… Iusted…
Ángel (ND): Debería descansar. Esos cerdos de Wolfram y Hart le han…
Vladimir Kaminski (ND): Da, da… Ellos siacarme tioda la información con sus artilugios… (se señala la cabeza) Siolo piequeñas piezas sin sentido aquí, en mi quiabesa…

Es entonces cuando Kaminski comienza a relatar su historia. La historia del tercer hijo de un humilde matrimonio afincado en Vladivostok, Rusia. Le cuenta sobre las visiones del futuro que desde muy joven le privaban del sueño de los justos; y de cómo unos ricos hombres de negocios americanos llegaron un día, asegurándole el porvenir de su familia si aceptaba viajar con ellos, poniendo su don a su servicio.

Durante casi diez minutos, Kaminski llora al recordar las cosas que el bufete infernal le forzó a ver en el futuro. Finalmente, parece que logra reunir fuerzas para continuar…

Vladimir Kaminski (ND): Wiolfram y Hart cumplir su pialabra… Pero hace tries mieses, algo cambió. Lliegaron unas piersonas… de un liugar más allá de nuestro mundo…
Ángel (ND): ¿Los viajeros?
Vladimir Kaminski (ND): Da, da… Los viajeros. Mi supervisiora, Siarah Kauffmann, me encargó vier el fiuturo de ellos… Y cuando lo hice… me envió a ese liugar… ese laboratorio…
Ángel (ND): ¿Qué vio en el futuro... sobre esos viajeros?

La mirada de Kaminski, inyectada en sangre a causa de las hemorragias, muestra una mezcla de terror y decepción.

Vladimir Kaminski (ND): Sieñor Angel… Sé que me quieda poco tiempo y… De donde io vengo, se dice que quien no muere dionde nació, vivirá eternamente pierdido…

Antes de que pronuncie las palabras, Ángel ya sabe cual va a ser la petición de Kaminski. Y de antemano, sabe que piensa cumplirla.

A fin de cuentas, es el último deseo de un moribundo.


Despacho Privado de Maikah King, Nave Industrial 2.
Campo de Extracción Petrolífera “Pinewood”.
Afueras de Los Ángeles.
6:30 AM


Maikah King (ND): ¿Y para esta mierda tenías tanta prisa?

Con un firme tirón, Maikah arranca el pliego de impresora y se lo tiende a Gavin, que permanece recostado cómodamente en el sofá del despacho. A través de las cristaleras, a vista de pájaro, se puede ver cómo una pequeña tropa de limpiadoras, en su mayoría hispanas, limpia laboriosamente los vestigios de la “rave sangrienta” de esa noche.

Gavin Park (ND): Sabía que no sería nada para ti, Maikah, muchacho… Para ser el mejor organizador de fiestas privadas para vampiros con pasta, sigues siendo un hacker de la hostia.
Maikah King (ND): En serio, Park… ¿Para que quieres los planos de un viejo edificio de los suburbios?

Gavin no contestó y mantuvo la vista en aquel pliego de impresora: en él se podía ver hasta el más mínimo detalle de la estructura del edificio en el que se encontraba “Investigaciones Ángel”. Incluidos los “retoques” que el vampiro con alma había realizado en las alcantarillas. El mismo chupasangres estirado que lo había puesto de patitas en la calle hacía menos de una hora. Sin más explicaciones. “Ahora Kaminski está bajo mi protección.” Y punto. Ni negociación ni nada de nada. Así que Ángel quería jugar duro, ¿eh? Pues genial. Gavin esperaría a que fuese de día y luego… bueno, los detalles ya los arreglaría luego. Por el momento le bastaba encontrar una vía de acceder al cubil de Ángel. Y parecía que la clave estaba en las alcantarillas.

Maikah King (ND): Bueno, colega… Si no se te ofrece nada más…
Gavin Park (ND): En realidad, sí. Hay otra cosa… (tendiéndole una tarjeta con un número de serie escrito al dorso) Quiero que accedas a este servidor.
Maikah King (ND): Esto es un servidor de Wolfram y Hart… No, ni de coña. No muerdas la mano que te da de comer, colega…
Gavin Park (ND): Vamos, Maikah, muchacho… ¿Olvidas quien te dió los contactos para que montases tu chiringuito para chupasangres con pasta?

En el fondo, bajo las ropas de chico malo y las rastas a lo “perro salvaje”, Maikah seguía siendo el mismo “nerd” hacker al que Park había salvado el pellejo un par de años atrás. Aun tenía ese sentido del honor que a Park tanto le gustaba explotar.

Maikah (ND): Mierda… (agarrando su portátil) Pero esto salda mi deuda, ¿vale?
Gavin Park (ND): Maikah, muchacho… (sonríe) Deuda saldada.

No pasan ni cinco minutos cuando Maikah termina su trabajo. Mientras asimila los datos que el joven hacker le ha dado, Park se despide mecánicamente de él y abandona la nave industrial, completamente enfrascado en sus pensamientos. No puede dejar de darle vueltas. El archivo de información personal sobre James Roth tenía tres sellos de seguridad. Hasta ahí nada que no supiese ya el propio Park.

Sin embargo, lo más interesante es que los dos primeros habían sido dispuestos por Sarah Kauffmann… mientras que el tercero, un sello invisible para los demás usuarios internos del bufete, había sido puesto recientemente por otra persona.
Por Holland Manners.


Park lo había dicho pensando que era una pista falsa. Y al final iba a resultar que iba a ser cierto. Que James Roth trabajaba realmente para Holland Manners.

Gavin Park (ND): Hay que joderse… Se pone interesante.
Stewie (ND): ¿Perdona, colega?

Gavin sale de sus pensamientos al tiempo que se percata de que ya está en el taxi. Stewie lo mira, entre inquieto y expectante. Ha oído historias sobre las fiestas que se organizan aquí y siendo un simple mortal es normal que tenga ganas de irse de aquí.

Stewie (ND): ¿A dónde vamos, jefe?
Gavin Park (ND): Volvemos a donde me recogiste, Stewie, muchacho… (mira la tarjeta de “Investigaciones Ángel” que reposa entre sus dedos) He olvidado algo importante ahí.

Terminal 5.
Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.
6.28 AM


“… Última llamada para los pasajeros del vuelo Oceanic 795 destino Vladivostok, con escala en Tokio, por favor embarquen por puerta seis…”

Ángel (ND): Ése es su vuelo, señor Kaminski.

Vladimir se da la vuelta, algo sobresaltado. De no haber estado tan ensimismado viendo los monitores de televisión del aeropuerto, tampoco hubiese podido ver el reflejo de Ángel a su espalda.

Vladimir Kaminski (ND): Griasias, sieñor Angel…
Ángel (ND): Su vuelo sale en apenas unos minutos, señor Kaminski. Sé que puede ser doloroso para usted pero…
Vladimir Kaminski (ND): Quiere siaber lo que vi siobre esos viajeros… (asiente con la cabeza) Lio quiomprendo… Debería iusted decírles a ellos lo que io ví…

Y Kaminski susurra unas breves palabras al oído del vampiro con alma.
De haber tenido un corazón que funcionase, puede que habría dejado de funcionar durante un segundo al escuchar lo que le dice el vidente moribundo.

Ángel (ND): ¿Está…? ¿Está usted seguro?
Vladimir Kaminski (ND): Nada es sieguro en iesta vida, sieñor Ángel… Nada salvo la muerte… Dasdivania, sieñor Ángel. Y gracias pior todo.

Ángel lo ve desaparecer entre la multitud de turistas y hombres de negocios que se pierden más allá de la puerta de embarque.

Quince minutos después, el Oceanic 795 hace la maniobra de despegue bajo el cielo púrpura. Apoyado contra su descapotable negro, el vampiro con alma lo contempla mientras da vueltas al misterioso mensaje que le ha dejado el vidente moribundo. Y comprende por qué Wolfram y Hart tiene tanto interés en recuperarlo. No deja de pensar en que el vuelo hará una escala en Tokio. Japón. Sus atacantes eran todos japoneses. ¿Ha puesto a salvo a Vladimir? ¿O lo ha enviado a una trampa segura?

La respuesta viene por si sola.
Apenas ha levantado el vuelo, el Oceanic 795 estalla en una pavorosa bola de fuego. Queda menos de una hora para el amanecer pero por un segundo parece que el sol se ha adelantado. Mientras los fragmentos llueven sobre la pista y comienzan a escucharse las primeras sirenas; Ángel mira a su espalda.

Una nube de polvo de jade flota en el ambiente y un pensamiento cruza la mente del vampiro con alma.

“Fue un trabajo eficaz, pequeña teleportadora de ojos rasgados… Pero no debiste firmarlo.”

A una manzana y media de “Investigaciones Ángel”.
Suburbios de la Zona Oeste.
7.31 AM


Gavin Park (ND): En serio… (se incorpora y se da la vuelta) Tienes que dejar de acechar a la gente.

Ahí, de pie en la entrada de aquel callejón, con una tapa de alcantarillado a medio abrir; Gavin Park trata de mantener una sonrisa de poker ante un vampiro con alma de más de doscientos años. No es nada fácil. Aunque lo hubiese sido de no ser por el maldito atasco que Stewie encontró a la salida de la interestatal tres.

Gavin Park (ND): He oído por la radio lo del vuelo ese de Los Ángeles-Vladivostok. Vaya cagada, ¿eh?
Ángel (ND): Maldito… (lo aferra por las solapas del traje y lo levanta como un muñeco de trapo) Lo habéis matado. Tú y tus amigos de Wolfram y Hart.
Gavin Park (ND): ¿De qué estas hablando?
Ángel (ND): La chica teleportadora… ¡Ella ha tenido algo que ver en el atentado del avión!
Gavin Park (ND): Ángel, muchacho, te recuerdo que también han intentado matarme a mí. Te aseguro que no trabajo para esa chica, ¿vale? Además…

Gavin mira por encima del hombro de Ángel. Y sonríe. Los primeros rayos de sol se filtran entre los rascacielos del centro. Dentro de muy poco, Ángel comenzará a parecerse mucho a una hamburguesa muy hecha.

Sin delicadeza alguna, Ángel deja caer a Gavin sobre el asfalto.

Ángel (ND): Vas a darles un mensaje a esos a los que Kaminski llamaba “los viajeros”. Diles que quiero hablar con ellos. En persona.

CONTINUARÁ…

lunes, 22 de junio de 2009

Sesión 20-06-09 (Parte 1 de 2)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Gavin Park (ND): Si, Roth, muchacho. Ahora yo soy el jefe de equipo. La señora Kauffmann acaba de ascenderme… (sonríe) ¿no te lo había dicho?

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…

Gavin Park (ND): Mira, Roth… (se acerca a él) Los dos sabemos que en Wolfram y Hart hay muchos intereses enfrentados. Y estoy seguro de que los dos tenemos nuestros propios intereses.

… O A MORIR EN EL INTENTO.
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, se lo advierto: puede que trabajen para alguien de dentro de Wolfram y Hart.

Episodio 3x10.-
VLADIMIR KAMINSKI contra WOLFRAM & HART

Aeropuerto de Los Ángeles.
2:45 AM.


“... lo que muchos llaman ya “la maldición Grant”. Un año después del atentado que dejó graves daños en la orgullosa Torre Grant, el evento organizado por el magnate neoyorquino tuvo que ser cancelado a causa de las sospechas de un nuevo complot terrorista contra él. Fuentes próximas aseguran que Gideon Grant se encuentra fuera de peligro, recuperándose de la...”

La periodista no llega a terminar la frase: el monitor de televisión, junto a los otros siete que emitían la noticia por distintos canales, se funde en una cascada de chispas. Los murmullos se extienden por la terminal del aeropuerto mientras varios operarios acuden extintor en ristre, dispuestos a aplacar el pequeño incendio que han provocado los televisores. Cuando dentro de un par de horas abran el vientre de esos monitores probablemente se pregunten cómo demonios se han podido fundir desde dentro.

Gavin Park sonreiría de no ser porque conoce la respuesta. A fin de cuentas, hacer que las cosas se derritan ante su mirada es uno de los terroríficos poderes que ostenta Sarah Kauffmann, enviada de los Socios Fundadores, alta ejecutiva de Wolfram y Hart y, actualmente, su jefa directa.

Sarah Kauffmann (ND): Estoy muy decepcionada, señor Park... Mucho.

Junto a dos guardaespaldas, Gavin camina junto a la enfurecida ejecutiva, tratando de buscar una excusa. Su mejor excusa.

Gavin Park (ND): No sé cómo el profesor Vanister pudo llegar tan deprisa a Nueva York. Sin duda recibe ayuda de quien sea que le ayuda desde dentro del bufete...
Sarah Kauffmann (ND): Es obvio quien ha ayudado al señor Vanister. Y sin duda, también está empleando a Braddock y Dalton en mi contra.

Apenas han salido de la terminal y ya está ahí la enorme limusina de Kauffmann. Un criado oriental ciego, anciano, alto y delgado como un palillo abre gentilmente la puerta del coche a la señora Kauffmann.

Sarah Kauffmann (ND): Es Holland Manners, señor Park. Es él quien está ayudando a Vanister y los demás. Debería aprovechar el hecho de que estarán ausentes las próximas horas para tratar de averiguar algo más sobre ellos. Estoy...

El sirviente la interrumpe un instante, susurrando algo a su oído. Gavin no puede ni imaginarse lo que es. Pero sin duda debe ser una terrible noticia. El semblante de por sí furioso de Kauffmann se torna incluso pálido. ¿Es miedo lo que ve Park en los ojos de la zorra infernal?

Sarah Kauffmann (ND): Señor Park, tengo... asuntos importantes que atender. Espero por su bien que en las próximas horas encuentre alguna pista que demuestre la implicación del señor James Roth, Vanister y demás con Holland Manners. Nadie me decepciona dos veces y vive para contarlo, señor Park.

La limusina se aleja mientras Park trata de acallar esas voces que le repiten una y otra vez “estás en un aeropuerto, muchacho: ¡pilla el primer vuelo a cuanto-más-lejos-mejor y pon un océano de por medio entre tú y esa jodida puta demoníaca!”

Pero, en lugar de eso, Park hace un gesto a uno de los taxis que se apilan en el acceso del aeropuerto. El conductor, un chico de apenas veinte años y estética de los Beach Boys.

Stewie (ND): ¿A dónde, colega?
Gavin Park (ND): Cien pavos si me llevas volando al Hotel Ambassador.
Stewie (ND): Por cien pavos le llevo al infierno si quiere, colega.
Gavin Park (ND): Por el momento, el Ambassador bastará... Gracias.

Son las tres de la madrugada y está agotado. Pero el inocente comentario de Stewie, el taxista, ha bastado para recordarle a Park lo que se está jugando. No hay tiempo para descansar: conecta su portátil y teclea frenéticamente, tratando de bucear entre las fichas de personal de Wolfram y Hart. “Veamos quien eres realmente, James Roth...” Las sospechas son claras: Roth es el único de Wolfram y Hart que ha tenido contacto con Vanister y los chicos. Sin duda el primer candidato en una lista muy corta de posibles topos enviados por Holland Manners para buscar las cosquillas a Kauffmann.

Es entonces cuando se activan tres defensas informáticas. Tres barreras para proteger un simple archivo de personal. Park teclea a toda velocidad, luchando por borrar sus huellas. Parece que es demasiado para sus habilidades como hacker. Tendrá que buscar ayuda... y Park sabe exactamente a quien llamar.

Pero antes de poder hacerlo, su taxista frena el coche.

Stewie (ND): Eh, ¿colega?... El Ambassador.

Gavin baja del taxi con la tarjeta de Stewie entre los dedos: parece que se ha ganado un chofer de confianza. Camina bajo una insípida pero molesta lluvia, en una madrugada incómoda. Está a pocos metros de la marquesina del hotel cuando ve a dos miembros del personal de seguridad sacando la basura... por la puerta principal.

El vagabundo forcejea, soltando improperios en un idioma que parece venir del bloque del Este. Los guardias de seguridad no le entienden ni les importa. Cuando lo dejan en la calle, se dan la vuelta, de regreso al Ambassador.

Park pasa junto al vagabundo, sintiendo ese escalofrío que le recorre el espinazo siempre que está a punto de meterse en problemas. Cuando siente la mano del pordiosero aferrarse a su pierna, sus sospechas se confirman.

Gavin Park (ND): Eh, amigo... No...
Vagabundo (ND): Usted.... Usted les conoce...

El tipo luce un chubasquero marrón, sucio y mojado. Aparenta unos treinta años, es más gordo que corpulento y lo mira con unos ojos verdes inyectados en sangre. Sangre... como la que mana por su nariz.

Gavin Park (ND): Oiga, amigo... Su nariz...
Vagabundo (ND): ¡Usted les conoce!
Gavin Park (ND): ¿Conocer... a quien?
Vagabundo (ND): ¡A los viajeros! ¡Usted conoce a los viajeros que vinieron de otro mundo!

Callejón próximo al Hotel Ambassador.
3.32 AM.

Una vez más, Cordi había acertado de pleno.
Ángel se aproximó al borde de la azotea, contemplando los cuatro pisos en caída libre que lo separaban del asfalto mojado del sucio callejón. El vagabundo apareció tambaleándose sobre sus propios tobillos mientras gesticulaba y hablaba de forma atropellada, entre nervioso y delirante. Hace más de cien años que no escucha el acento pero Ángel no lo duda: es ruso, probablemente de las regiones próximas al estrecho de Bering. Si ese vagabundo es el protagonista de una de las visiones de Cordi es porque los “Grandes Poderes” quieren protegerlo de un peligro inminente. La pregunta ahora era… ¿qué peligro?

Gavin Park (ND): Tranquilo, amigo, tranquilo… Explíqueme detenidamente eso de los viajeros.

El tipo que acompaña al sin techo va vestido con un traje de dos mil dólares. Su ritmo cardíaco es acelerado y es definitivamente humano. Por un segundo, Ángel se plantea que quizá sea ese pobre tipo quien va a ser víctima del vagabundo. Empieza a barajar posibilidades (un cambiaformas, un vampiro de las alcantarillas, un brujo…)
…hasta que escucha la palabra mágica.


Vagabundo (ND): Sé que… triabajas para Wolfram y Hart… Pero ieres amigo de los viajeros… Debo advertierles…

“Wolfram y Hart”. Si su estómago aun funcionase, Ángel sentiría ganas de vomitar: desde las alturas, escucha como el tipo trajeado y oriental reconoce trabajar para ese bufete de alimañas demoníacas. Por lo poco que ha dicho el vagabundo, parece que éste ha conseguido escapar de uno de los muchos cubiles que la firma tiene en Los Ángeles para solo el Diablo sabe qué impíos propósitos. Eso da igual ahora: ya tendrá tiempo de hablar con el sin techo… en cuanto dé buena cuenta del picapleitos.

Su gabardina negra ondea al viento mientras se deja caer. Sus pies tocan el suelo, interponiéndose entre el vagabundo y el trajeado.

Angel (ND): Esté tranquilo, señor. Me llamo Ángel y estoy aquí para protegerlo… (se gira y mira a Park) Esto no llevará mucho tiempo…
Gavin Park (ND): ¡Joder…! (saca su pistola) ¿Quién eres tú?
Angel (ND): ¿Y… (sorprendido, mirando más allá de Park)… ¿quien es él?
Gavin Park (ND): Vamos, ¿de verdad crees que caeré en un truco…?

Gavin enmudece al escuchar unas guturales palabras en japonés a su espalda. Al darse la vuelta, tanto él como Ángel pueden ver una figura que los observa desde el acceso del callejón. Mide dos metros y algunos centímetros más, luce una melena larga junto con una barba poblada. Su indumentaria, como su aspecto, son los de un vagabundo. Por un momento, casi parece una simple pelea de sin techos.

Es entonces cuando un coche atraviesa la avenida y sus faros iluminan por un segundo el callejón. Dura un parpadeo… lo suficiente como para que Ángel y Park vean proyectada la auténtica sombra del vagabundo japonés en la pared. La sombra de un temible samurai, enfundado en su armadura de batalla… y katana en ristre.

Ángel (ND), (murmurando para sí): “¿Para qué vas a ir armado, Ángel?” “No necesitarás tu espada, Ángel”… Es la última vez que te hago caso, Wes…

Con un feroz grito de samurai, el vagabundo se lanza contra Ángel. Éste acepta el reto y corre en su dirección. Una patada que habría decapitado a cualquier humano apenas si tuerce de forma imposible la mandíbula del gigante japonés. Con una sonrisa, el coloso se recompone la quijada y se lanza de nuevo contra Ángel.

Ángel (ND): Vale… (mira hacia la entrada del callejón: se escucha un camión de la basura acercándose) Plan B.

El gigantón está tan cegado por su frenesí de samurai que no reacciona a tiempo: Ángel aguarda el tiempo necesario para retirarse un poco y efectuar un derribo. El gigantón tropieza y se estrella contra el camión de basuras. El impacto es tal que su cuerpo acaba estampado contra un escaparate de una lujosa boutique.

Ángel se da la vuelta, pensando que quizá ha sido una treta de distracción por parte del ejecutivo de Wolfram y Hart. Sin embargo, esa teoría se desvanece en cuanto comprueba que el trajeado está siendo atacado por un peculiar oponente. No llegará a los veinte, viste con ropa de cuero negro y lleva el pelo cortado en punta y tintado de violeta. Una especie de aureola de polvo de jade envuelve a la adolescente japonesa que intenta estrangular al tipo de Wolfram y Hart. “¿Debo salvarlo?”

Antes de poder contestar, Park consigue zafarse y encañona con su pistola a la chica. Ésta se desvanece en el aire, en un estallido de luz verde acompañado de una polvareda de jade.

Ángel (ND): Definitivamente, no son humanos… (mira a Park) ¿Amigos tuyos?
Gavin Park (ND): Claro…(irónico) Por eso han intentado matarme. A mi y a…

Va a señalar al vagabundo. Pero éste yace en el suelo. Inconsciente. Mientras Park trata de reanimarlo, Ángel no necesita acercarse para comprobar que apenas tiene pulso.

Ángel (ND): Necesita un hospital… (lo coge en brazos) Y lo tendrá.
Gavin Park (ND): El más próximo es el Saint Betheleem… Nos vemos allí, ¿de acuerdo?

Ángel no le responde. Por un momento se plantea llevarlo directamente a “Investigaciones Ángel”. Pero lo cierto es que necesita ayuda médica. Y si no lo lleva a ese hospital, posiblemente muera. Maldita sea...

Gavin Park (ND): ¿¡De acuerdo!? (Park ve impotente como Ángel alcanza la azotea de un solo salto) Jodidos vampiros…

Es en ese momento cuando suena su móvil. Es Sarah Kauffmann… ¿Quién dijo que la noche no podía empeorar?

Gavin Park (ND): Park.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Señor Park? (por teléfono)
Gavin Park (ND): Verá, señora Kauffmann, yo…
Sarah Kauffmann (ND): Escúcheme, señor Park. Hay un cambio en sus prioridades. Una de nuestras instalaciones de investigación en Los Ángeles ha sufrido un ataque hace unas horas… y uno de nuestros mejores videntes ha desaparecido.

Y Sarah Kauffmann empieza a hablarle de Vladimir Kaminski, el psíquico precognitor desaparecido. Cuando ve la foto del tal Kaminski y reconoce sus facciones en el rostro de aquel vagabundo que ha dejado en manos de ese vampiro…

Es entonces cuando Park ya sabe que está metido de mierda hasta el cuello.

Sarah Kauffmann (ND): Encuéntrelo y tráigamelo con vida… con la mayor discreción. ¿Ha quedado claro?
Gavin Park (ND): Sólo una última cosa, señora Kauffmann… ¿conoce a un tal “Ángel”?

CONTINUARÁ…

miércoles, 15 de abril de 2009

Sesión 09-04-09


Episodio 3x05.-
Caso Nº00452308-X
DOUGLAS MEYER contra WOLFRAM & HART

Agentes Responsables:
Gavin Park (Supervisor de Campo)
James Roth
Benjamin Braddock


Responsable de Área:
Sarah Kauffmann

Informe Previo sobre el Acusado:
Douglas Meyer nace en 1962, en el seno de una familia de clase media en Filadelfia. A la edad de veinte años, ingresa en la Academia de Policía de Nueva York donde se graduará con honores dos años después. Ejerce como patrullero del Distrito 13 de Queens durante cinco años pasados los cuales es ascendido a oficial y, posteriormente, a detective.

En el transcurso de esos años, contrae matrimonio con Samantha Harrington, quien asumirá el apellido Meyer al casarse con Douglas. Un año y medio después de su boda, nace su hija, Emily Meyer.

En invierno de 1998, el señor Douglas Meyer traba contacto con Goodwin Steele, con quien [FRAGMENTO ELIMINADO POR CUESTIONES DE SEGURIDAD]

El detective Douglas Meyer fallece el 3 de Diciembre del 2000, durante un intercambio de disparos entre dos bandas rivales. El detective Meyer, que salía de unos oficios religiosos en la parroquia de Saint Patrick, Queens; recibe dos impactos de bala, uno en el vientre y otro a la altura del cuello. Fallece a las 20 horas, 14 minutos, antes de que llegue la ayuda médica.

De acuerdo a lo estipulado en el contrato firmado previamente, su alma pasa directamente al archivo provisional 329022, al cargo de nuestro agente Goodwin Steele.

Tras el robo del archivo y la desaparición del agente Steele, el alma del señor Meyer escapa de su cautiverio junto a las que se encontraban encerradas allí (ver dossieres adjuntos)

Los informes de rastreo psíquico multi-dimensional indican que el alma del señor Meyer pudo regresar a su antiguo cuerpo, aproximadamente unas diez horas después de su muerte.

Informe de la Operación:
Los agentes Roth y Braddock son convocados junto a su nuevo jefe de campo, el señor Gavin Park (recientemente asignado a la unidad de Recuperación de Datos a petición personal de la directora de departamento, Sarah Kauffmann: ver dossieres adjuntos)

Tras la reunión informativa en la sala de juntas número doce, los agentes son debidamente preparados para la transferencia dimensional: se les proporciona, junto a los trajes reglamentarios, varios maletines de contención especial (debidamente configurados según los parámetros bio-plasmáticos del acusado)

Debidamente inoculados con el suero de resistencia paradimensional; a las siete horas cuarenta y dos minutos se lleva a cabo el protocolo de salto sin incidentes a destacar.

(a continuación se reproducen algunos fragmentos del informe oral presentado por los agentes a su regreso de la operación)

Gavin Park (ND): Antes de comenzar me gustaría mencionar que el procedimiento de salto resulta extramadamente doloroso...
James Roth (ND): Con el debido respeto, JEFE... Teniendo en cuenta que básicamente nos desintegran molécula a molécula y luego nos vuelven a reintegrar en un tiempo y espacio diferente, empleando para ello alguna clase de cruce entre magia y tecnología que apenas si alcanzo a entender... Bueno teniendo en cuenta todo ello no creo que un poco de dolor sea para tanto. Joder... Empiezo a sonar como el profesor.
Gavin Park (ND): En cualquier caso, el señor Roth, el señor Braddock y yo comenzamos nuestra búsqueda en el mismo lugar donde aparecimos.
James Roth (ND): Si, en mitad de Central Park casi al anochecer... Diciembre del 2008.
Gavin Park (ND): Y fue allí donde encontramos la primera pista.
James Roth (ND): Pillé un periódico para comprobar que, en efecto, habíamos viajado al momento y lugar adecuados. Y fue así como descubrimos algo más.
Gavin Park (ND): Al parecer, el agente Douglas Meyer no solo había vuelto a la vida debido a la fuga de almas... sino que además no había perdido el tiempo.
James Roth (ND): Su necrológica aparecía en la página 48. Pero apenas un par de páginas antes, había una noticia local en la que se mencionaba las acciones de una especie de justiciero callejero.
Gavin Park (ND): Alguien había metido entre rejas a algunos matones, todos ellos miembros de la banda de Caceta, ese señor del crimen de medio pelo que había dado pasaporte a Meyer...
James Roth (ND): Estaba oscureciendo y Central Park no parecía el mejor lugar para quedarnos, asi que optamos por ir a visitar a la esposa del difunto antes de que fuese más tarde.
Gavin Park (ND): Sin embargo, aquella mujer no nos lo puso nada fácil...
James Roth (ND): Bueno, JEFE, ahí debe darle el mérito a Ben...

(Ben Braddock se limita a responder a la mirada de James Roth con una fría inclinación de cabeza)

Gavin Park (ND): Si, bueno... En cualquier caso, a aquella mujer no le gustó nada vernos aparecer ante su puerta. Lo cierto es que el chico, Ben, se desenvolvió bastante bien aunque poco pudimos sacar en claro de la esposa del difunto.
James Roth (ND): Así que probamos otro camino: la comisaria del Distrito 13.
Gavin Park (ND): Allí, Ben y yo fuimos a hablar con el compañero de Meyer... ¿cómo demonios se llamaba? ¿Tú lo recuerdas, Ben, muchacho?

(Ben Braddock mantiene su silencio, limitándose a negar con la cabeza)

Gavin Park (ND): Ya... En fin, el caso es que el tipo no parecía tener ni idea de los acuerdos que Meyer tenía con Wolfram & Hart. Así que nos limitamos a pedirle que contactase con nosotros si... bueno, si algo raro sucedía.
James Roth (ND): Y mientras ellos no sacaban nada en claro, yo hice una visita a los calabozos. Allí encontré a los matones que el “misterioso justiciero” había capturado esa misma tarde. Curiosamente, alguien parecía habérseme adelantado.
Gavin Park (ND): Ah, si... Joder. ÉSE tipo.
James Roth (ND): Era gigantesco, ¿vale? Pelo corto y afeitado por las sienes, rostro de piedra y ojos pequeños. Y le sacaba dos o tres cabezas a cualquiera de esos tres matones. El caso es que el gigantón salió de los calabozos en cuanto me vio aparecer. Debí... Debí intimidarle.
Gavin Park (ND): ¡JA!
James Roth (ND): Bueno, JEFE... En aquel momento no sabíamos quien era realmente. Además, me preocupaba más sacar algo en claro de los tres matones. Cuando dijeron que su asaltante “no parecía humano”, ante su resistencia a las balas... Bueno, quedó claro que había sido cosa de Meyer.
Gavin Park (ND): Tampoco es que fuese un gran avance...
James Roth (ND): Lo mismo puedo decir de lo que hicieron Ben y usted...

(fragmento de discusión omitido: en ella, el señor Braddock permanece al margen en todo momento)

Gavin Park (ND): ¡Eso no es lo importante, James, muchacho! Lo importante... es que ese tipo no nos hubiera seguido de no haber sido por ti.
James Roth (ND): Vale... ¿Y como demonios iba yo a saber que se gigantón era una especie de Terminator enviado por el Vaticano?
Gavin Park (ND): Para cuando Ben vio aquel emblema en la gabardina de cuero de ese tipo, él ya nos había seguido hasta el bufete de Wolfram y Hart.

(Sarah Kauffmann realiza una serie de preguntas acerca del motivo que impulsó a los agentes a ir hasta la sede de Wolfram y Hart en Nueva York. Se aprecia una leve incomodidad entre los miembros del equipo: durante unos instantes, los señores Park y Roth miran al señor Braddock. Éste permanece en silencio y es el señor Park quien reanuda el relato)

Gavin Park (ND): Bueno, lo cierto es que ese tipo parecía peligroso y... ¿qué podíamos hacer? ¿Viajar hasta Los Ángeles para pedir un poco de ayuda?
James Roth (ND): Lo cierto es que menos mal que nos dejaron aquel todoterreno. Aun me sigo preguntando... ¿qué fue aquello que le tiramos a ese asesino del Vaticano?
Gavin Park (ND): Una especie de clavos explosivos, ¿no? El caso es que funcionó...
James Roth (ND): Aquello dejó al tipo sin su moto. Pero salió sin un rasguño de un accidente que habría dejado en silla de ruedas al más pintado...
Gavin Park (ND): En fin, lo cierto es que seguíamos sin tener pistas y entonces... Bueno, lo cierto es que se le ocurrió a Ben...

(Ben Braddock permanece una vez más en silencio, con el gesto serio)

Gavin Park (ND): La idea básica era buscar a Samantha Meyer. Si en vida, Douglas había dado su vida por protegerla, sin duda volvería a aparecer si creía que ella se encontraba en peligro.
James Roth (ND): En realidad no hizo falta ir a buscarla a su apartamento porque la encontramos en la Iglesia de Saint Patrick.
Gavin Park (ND): Si, habíamos ido ahí por la vi...
James Roth (ND): JEFE...

(Se produce un silencio entre ambos, roto casi de inmediato por la nueva intervención del señor Park, que parece rectificar su anterior frase)

Gavin Park (ND): Ah... Claro. Bueno, el caso es que allí tenía lugar la misa por el difunto agente Meyer.
James Roth (ND): Y de alguna forma, el espíritu de Douglas consiguió llevar a Caceta y sus matones hasta las mismas puertas de la capilla.
Gavin Park (ND): Douglas y la banda de Caceta intercambiaron disparos. Bueno... más bien, eran ellos los que intentaban tirotear a Douglas aunque éste...
James Roth (ND): Las balas le atravesaban como si fuese Casper, ¿vale?
Gavin Park (ND): Así que dejamos que Douglas se encargase de Caceta. Y en cuanto lo dejó esposado a la farola más próxima, cogimos el maletín y lo devolvimos su alma a donde pertenecía. Es lo que yo llamo un trabajo rápido, sencillo y...

[FRAGMENTO DE CONVERSACIÓN ELIMINADO DE INFORME OFICIAL. ACCESO RESTRINGIDO A SOCIOS DE NIVEL MEDIO Y ALTO]

Ben Braddock (NE): No.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Disculpe?
Ben Braddock (NE): No fue un trabajo sencillo. Ni tampoco fue justo.
Gavin Park (ND): Ben, muchacho, el tipo firmó un acuerdo con Wolfram y Hart...
Ben Braddock (NE): Y lo cumplió en su momento. Lo mataron y su alma fue al inf... a donde tenía que ir. El hecho de que yo... de que mis compañeros y yo lo liberasemos fue una...
Sarah Kauffmann (ND): ¿Desafortunada coincidencia?
Ben Braddock (NE): Sí, en efecto. Fue mala suerte.
James Roth (ND): Vamos, Ben... Sabes que no estas siendo objetivo... Lo que hacía ese tipo, Meyer, era tomarse la justicia por su mano.
Ben Braddock (NE): Estaba limpiando las calles. Y además, señora Kauffmann... ¿Por qué no nos dijo el auténtico motivo por el que había firmado Meyer con Wolfram & Hart?
Sarah Kauffmann (ND): No era relevante para el caso. Su misión...
Ben Braddock (NE): Mi misión es enmendar un error que mis compañeros y yo cometimos al liberar esas almas. Pero si por culpa de nuestro error una buena persona como Meyer tiene la oportunidad de...
Gavin Park (ND): Ben, muchacho, era su mujer. Samantha…
Ben Braddock (NE): Ya, ¿pero que iban a poder hacerle a ella Wolfram y Hart?
Gavin Park (ND): Le habrían devuelto el cáncer.

(silencio por parte de todos durante unos segundos)

Gavin Park (ND): No podíamos hacer nada, Ben, muchacho...
Ben Braddock (NE): Pero el señor Meyer... no firmó a cambio de poder, o de riquezas. Lo hizo para salvar a su esposa. ¿Me está diciendo que alguien como él no merecía aprovechar un golpe de suerte?
Gavin Park (ND): ¿Quieres que te lo dé por escrito? El trato se había roto. Finito. Sin trato, no hay cura para el cáncer.
James Roth (ND): ¿Por qué sino crees que Meyer se entregó a nosotros en cuanto detuvo a Caceta?
Ben Braddock (NE): Yo… Yo no firmé por esto. Garius Voldan es una cosa. Pero el agente Meyer…
Sarah Kauffmann (ND): Todos los que han firmado con nosotros conocían los riesgos, señor Braddock. Desde Garius Voldan hasta el agente Meyer… Todos.
Ben Braddock (NE): Incluyéndome a mí.

(la supervisora Kauffmann da por concluido el registro del informe oral llegados a este punto)

Observaciones:

* Pese a las previsiones, complace comprobar que los férreos preceptos morales del joven Benjamin Braddock comienzan a mostrar síntomas de desgaste. Pese a sus constantes quejas sobre el destino del agente Meyer, asumió con relativa facilidad las órdenes de capturar y devolver su alma a la firma. Se recomienda seguir con el curso de las actividades previstas.

* El profesor Marcus Vanister fue relegado durante el transcurso de este operativo a labores de apoyo logístico en el Departamento de I+D. El objetivo es perfeccionar el sistema de salto dimensional para lo que se ha destinado a Vanister como asesor del equipo al cargo del Profesor Kurt Casey.

* El agente supervisor Gavin Park ha demostrado su capacidad de lidiar con un equipo potencialmente hostil. Su segundo operativo vuelve a saldarse con un éxito sin apenas costes presupuestarios.

* El agente James Roth, en cambio [FRAGMENTO ELIMINADO POR CUESTIONES DE SEGURIDAD]

* El agente Daniel Dalton aun permanece en observación: los escáneres psíquicos realizados constatan que su mente se encuentra libre de cualquier clase de sugestión latente (motivada por su contacto con las capacidades de dominación mental de nuestro viejo cliente Hans Hammer, ver Caso Nº00416791-X: HANS HAMMER contra WOLFRAM & HART) Su regreso al servicio activo sigue aun pendiente de confirmación...

FIN DEL INFORME.

lunes, 6 de abril de 2009

Sesión 04-04-09 (P.O.V.- GAVIN PARK)

Episodio 3x03.-
WILLIAM WHITEHOUSE contra WOLFRAM & HART
(Parte 4 de 4)

P.O.V. – GAVIN PARK

Sede de Wolfram & Hart, planta 3.
Hace dos semanas.

Lou Weeks (ND): Qué me pongan un traje de colegiala y me monten como una yegua… ¡Lo has conseguido bastardo!

Lou Weeks. 40 años. Los últimos veinte los ha pasado como chupatintas metido en su cubículo de la tercera planta de Wolfram & Hart. Tiene un colesterol tan alto como grande es su panza. Está casado con una morsa llamada Betthany que le prepara cada día un (repugnante) sándwich de pavo y jalapeños.

Mientras recogía sus cosas del escritorio adyacente, Gavin tuvo más claro que nunca que él no acabaría como Lou. No es que fuera un mal tipo… pero Gavin tenía otros planes para su vida.

Gavin Park (ND): Tampoco ha sido tan terrible, Lou, muchacho…
Lou Weeks (ND): “Asesor de Relaciones Diplomáticas”. ¡Joder! ¡Eso son por lo menos dos ceros más en tu cuenta! Sin contar que vas a trabajar para uno de los peces gordos de W&H… Por cierto… (baja la voz, en confidencia) ¿Tiene cuernos y cola?
Gavin Park (ND): No, Lou… La señora Kauffmann es un ser humano como tu y como yo…

Y mientras mentía miserablemente, Gavin pudo recordar la inquietud que recorrió su espina dorsal mientras aquella cosa con forma de cuarentona ejecutiva le hacía aquella entrevista personal.

Lou Weeks (ND): En fin, tio… ¡Acuérdate de tus colegas de adquisiciones cuando seas la mano derecha de Kauffmann !

Gavin estuvo a punto de meter la pata en ese momento. Tenía la guardia baja y le faltó poco para hacer algún comentario velado sobre sus propios intereses. Los chupatintas como Lou no tenían ni puñetera idea de las luchas de poder que tenían lugar en las altas esferas de la firma. Sin embargo, si las guerras internas de W&H hubieran sido carreras de caballos, Kauffmann era una triste yegua tullida… mientras que el gran Holland Manners iba a ser el semental que ganaría el jodido gran Derby.
A Gavin le habían dado boletos para apostar por Kauffmann. Pero él quería subirse al carro del caballo ganador.

Gavin hubiera metido la pata al hacer ese comentario en voz alta, si. Pero fue entonces cuando toda la planta tercera tembló de arriba a bajo. La taza de su escritorio cayó al suelo partiéndose en mil pedazos mientras del techo se desprendían hilos de gravilla y cemento.

Las alarmas saltaron y, tal y como habían ensayado tantas veces en los simulacros de emergencia, el personal fue trasladado hasta el vestíbulo. Entre la multitud de ejecutivos y oficinistas que murmuraban entre curiosos y preocupados, Gavin pudo ver como el equipo de asalto, armado con armas automáticas, subía las escaleras.

Gavin aferró por el brazo a uno de ellos, un viejo conocido al que había desplumado al poker alguna que otra vez.

Gavin Park (ND): Ey, Charlie, ¿qué cóño está pasando?
Charlie Garrison (ND): No te lo vas a creer, Park… Pero dicen que un jodido blindado acaba de materializarse en la planta cuarta.

El jefe de su unidad llamó la atención a Charlie y éste subió escaleras arriba. Gavin lo vio desaparecer mientras pensaba que aquello era una mierda de primera categoría.

Compadecía al pobre capullo al que le tocase limpiar aquel marrón.

Despacho de Sarah Kauffmann.
Planta 10. Sede de Wolfram y Hart, Los Ángeles.
Hace 16 horas.

Sarah Kauffmann (ND): Seré clara, señor Park… (dejó el informe sobre la mesa) Es una misión delicada.

“Misión delicada”. Gavin hojeó el informe de doscientas páginas mientras pensaba que aquel era un buen eufemismo para decir “marrón”.

Sarah Kauffmann (ND): Como sabe… Un comando rebelde de La Iniciativa asaltó nuestras oficinas hace cosa de una semana. Dicho comando fue parte responsable de la reciente desaparición de uno de nuestros agentes, el señor Goodwin Steele.

Gavin recordaba haber oído algo al respecto: se rumoreaba que el tipo se había largado con informes importantes del bufete. Siendo Wolfram & Hart una firma como la que era, “informes importantes” podía significar cualquier cosa.

Sarah Kauffmann (ND): El caso es que, una vez comprobado que se trataba de una facción rebelde de La Iniciativa; los socios fundadores han considerado conveniente templar las relaciones con dicha organización. Para ello, vamos a hacerles entrega de un presente…

Hojeando el informe, Gavin vio a lo que se refería con “presente”: aquel blindado que se había materializado en la planta cuarta del bufete. Habían tardado una semana en desmantelarlo y convertirlo en piezas.

Sarah Kauffmann (ND): Dicho artefacto ha sido desmontado y empaquetado para ser llevado en tren hasta las instalaciones de La Iniciativa ubicadas en la localidad de Sunnydale. (dejó un silencio y miró a Gavin) ¿Alguna pregunta?
Gavin Park (ND): Er… Si. En el informe… se menciona a un prisionero. El soldado William Whitehouse.
Sarah Kauffmann (ND): En efecto. Se encuentra retenido en las dependencias del sótano tres… Acuda allí y compruebe si su condición actual hacen viable su devolución a La Iniciativa.
Gavin Park (ND): Perdone, señora, pero… ¿A qué se refiere con “condición actual”?

Sótano Tres.
Sede de Wolfram & Hart, Los Ángeles.
Hace 14 horas y media.

Doctor Kurt Casey (ND): Daños cerebrales irreparables. (deja de comprobar las pupilas del prisionero y mira a Gavin) Lo siento, señor Park.

Gavin jamás había estado aquí. Claro que había oído las historias sobre el sótano tres. Todo el mundo había oído las historias del sótano tres. Pero como todo el mundo, Gavin había preferido pensar en ellas como “leyendas de oficina”.

Ahora, sin embargo, viendo al pobre desgraciado que yacía en aquella silla de metal, con aquel fin de cables conectados a su cabeza, Gavin comprendía que todo era cierto. La estancia, iluminada bajo una enfermiza luz verdosa, era tan acogedora de una sala de interrogatorios de la Europa del Este.

Gavin Park (ND): Pero… ¿qué le han hecho?
Doctor Kurt Casey (ND): La señora Kauffmann ordenó un escáner cerebral completo. El riesgo de lesiones era alto, ¿sabe? Pero si no, no hubiéramos podido captar imágenes tan buenas de sus recuerdos…

El científico señaló un viejo monitor de televisión: la imagen parpadeaba de vez en cuando y los colores desaparecían a cada instante, como una vieja recepción televisiva. En pantalla, el punto de vista era el de los ojos del individuo.

Gavin Park (ND): Espere un segundo, doc… ¿Dice que esos son sus recuerdos?
Doctor Kurt Casey (ND): Si, señor Park. Concretamente… (revisa unos datos numéricos del escáner) son recuerdos de sus ocho años. Y… ¡Maldita sea!

Un instante después, antes de que el científico pudiera llegar a los controles del escáner, William Whitehouse comenzó a convulsionarse. Como a un reo al que le están dando la descarga mortal en una silla eléctrica. De no haber tenido un protector de plástico metido en la boca, el desgraciado se habría arrancado la lengua con sus propios dientes.

Doctor Kurt Casey (ND): ¡Es un recuerdo traumático! ¡Knox, diez miligramos de Norazepán! ¡Rápido!

Mientras el doctor y su ayudante dopaban al chico, Gavin centró su atención en la pantalla del escáner. Fue pura curiosidad morbosa. William Whitehouse era un soldado de La Iniciativa, un tipo duro acostumbrado a desollar vampiros con sus manos desnudas… ¿qué mierda le había acojonado tanto?

Y entonces la vio en pantalla. Estaba ahí, en la imagen congelada del recuerdo de Whitehouse, apoyada junto al quicio de una puerta, mirando a cámara con ojos desquiciados. Gavin sintió una punzada helada en el corazón. Reconoció a aquella mujer. Y en aquel momento, algo más fuerte que su miedo hizo actuar a Gavin. Algo que otros habrían denominado “sucio oportunismo”. Algo que a él le gustaba llamar “crear buenas oportunidades”.

Gavin Park (ND): Doc… Prepare al señor Whitehouse para su traslado inmediato.

Esquina de la 12 con Kensington Avenue.
A dos manzanas de Wolfram y Hart, Los Ángeles.
Hace 13 horas, cuarenta minutos.

Gavin Park (ND): Por última vez, Jeffrey… ¡es un negocio seguro!

Aquello era algo más que una de las quince cabinas que aun quedaban en pié en la zona céntrica de Los Ángeles. Aquel teléfono público era, paradójicamente, el medio más seguro para mantener una conversación a espaldas de oídos indiscretos.

Al otro lado de la línea, Gavin podía escuchar el rumor de fondo de uno de esos tugurios subterráneos donde escoria vampiro como su colega Jeffrey solía estar un jueves al medio día.

Jeffrey (ND): No sé, Gavin, tío… A ver, hablar con esta tía es ya de por sí peligroso, ¿lo pillas? ¿Cómo estas tan seguro de que le va a interesar el tipo ese, el tal Winnehouse?
Gavin Park (ND): Es Whitehouse. Y créeme... He oído decir que tu señora es de gustos fijos. Cuando muerde algo… quiere repetir siempre.
Jeffrey (ND) Pues entonces también sabrás que es una tía peligrosa.
Gavin Park (ND): Mira, Jeff, muchacho… Si no quieres participar, encontraré a alguien que quiera…

Había conocido a Jeffrey en uno de esos “after-hours” para vampiros, jugando a algo que llamaban “poker sangriento”. Gracias a eso, Gavin sabía lo fácil que era colarle un farol al bueno de Jeffrey…

Jeffrey (ND): Está bien, está bien… Llamaré a la señora y le daré el nombre de ese tal Limehouse.
Gavin Park (ND): Es Whitehouse.

Y colgó. Gavin miró su reloj y aguardó tres minutos. Hizo un repaso mental de lo que tenía planeado: en menos de media hora saldría con el convoy de Wolfram y Hart, escoltando el camión hasta la estación de trenes de Down Hill, en la zona sur de Los Ángeles. Una vez dejado el cargamento rumbo a Sunnydale, él tomaría la carretera interestatal. Y en algún punto entre Los Ángeles y Sunnydale, entregaría a Whitehouse a Jeffrey y sus colegas. Para cuando llegase a la sede de La Iniciativa en Sunnydale, Gavin pondría su mejor sonrisa, estrecharía un par de manos y ¡voila! Todo arreglado. Volvería a Wolfram y Hart con el beneplácito de la señora Kauffmann… y sin que la muy zorra supiese que había hecho un favor a uno de los mejores clientes de Holland Manners, su competidor directo dentro de la firma.

Jugar para el bando contrario de tu equipo siempre era peligroso, pensó Gavin. Pero también era la forma más rápida de ganar puntos ante Manners.

El teléfono de la cabina sonó dos veces. A la tercera, Gavin lo cogió.

Jeffrey (ND): Vale, tío. La jefa está ahora mismo en Europa pero llegará esta noche en un vuelo privado. Tomará tierra en el aeródromo McConahue en torno a las ocho. Yo y mis colegas estaremos allí esperando.
Gavin Park (ND): Perfecto, allí estaré…
Jeffrey (ND): Park, tío… Drusilla es algo más que un peso pesado, ¿vale? Está como una puta cabra. Ten mucho cuidado…
Gavin Park (ND): Jeff, muchacho, tranquilizate. Lo tengo todo controlado.

Aeródromo McConahue, a 10 kilómetros de Los Ángeles.
Hace 7 horas.

Gavin Park (ND): Creo… (asfixia) que podemos... arre..glarlo...

Drusilla miró a Gavin mientras lo sujetaba por el cuello con una de sus manos. Los pies del ejecutivo se movían graciosamente a varios palmos del suelo arenoso del aeródromo. Ella parecía divertida ante el color sofocado que comenzaba a adquirir el rostro de Gavin. Éste por su parte no podía dejar de pensar cómo demonios había salido todo tan mal…

Quizá tendría que haberlo dejado correr cuando las cosas comenzaron a ponerse feas. Fue unas pocas horas atrás, cuando aquel jodido motorista apareció de la nada y arrojó su moto cargada de explosivos contra el coche de Gavin. De no haber ido en un robusto todoterreno, probablemente hubiese muerto en el atentado.

Para empeorar las cosas, Whitehouse había conseguido liberarse de sus presillas. Aun seguía bajo los efectos de los narcóticos y sedantes que el doctor Casey le había puesto. Sin embargo, el chico contó con cierta ayuda extra. Vanister y Roth, agentes de Wolfram y Hart también, habían seguido a Gavin desde que éste saliese de Wolfram y Hart escoltando el camión. Gavin había reconocido a Vanister de ciertas menciones que se hacían en el informe que le había entregado Kauffmann. Intuyó que el profesor le había estado siguiendo para saber qué iban a hacer con su invento. En un principio, Gavin había pensado que quizá Vanister y Roth estaban compinchados con el tipo de la moto en un intento por rescatar a Whitehouse.
Cuando quedó claro que ni Vanister ni Roth ni tampoco Whitehouse parecían conocer al tipo de la moto, Gavin optó por jugar una baza improvisada.

Y lo cierto es que había funcionado bastante bien: Gavin había conseguido llevar a Whitehouse hasta el aeródromo con la patraña de que él mismo había orquestado el atentado para cubrir su fuga. Por supuesto, Gavin lo adornó con algunas medias verdades que hicieron más digerible la farsa. El hecho de que Gavin, como el profesor Vanister y Roth, trabajase para Sarah Kauffmann le permitió ganar cierta confianza con ambos.

Así, pese a todos los contratiempos, Gavin hizo lo que se le daba mejor: utilizar los percances en su favor. Convirtió aquel inesperado atentado motorizado en una parte de su supuesto plan. Convirtió la entrega de Whitehouse a Drusilla en un heroico y arriesgado rescate. Todo había ido como la seda…

… hasta que Whitehouse vio bajar a Drusilla del avión.

Vanister y Roth se habían enfrentado a los colegas vampiros que el bueno de Jeffrey había traído consigo. Ahora, los dos yacían inconscientes dentro de los restos del deportivo negro de Roth.

Whitehouse, en cambio, seguía despierto y sostenía una pistola automática con la que había disparado varias veces contra Drusilla.

Y Gavin… Gavin había cometido una estupidez supina. Había intentado echar al suelo a Drusilla al ver que Whitehouse la encañonaba con su arma por la espalda. Un gesto tan noble como estúpido y peligroso. Tocar a Drusilla… ¿pero en qué coño estaba pensando? Ahora, mientras el oxígeno comenzaba a no llegar a su cerebro, Gavin pensó…

“Bueno… Al menos, ya no puede salir nada peor.”

Fue entonces cuando empezó a escuchar el sonido de los helicópteros acercándose. Antes de lo que tardó en pensar “cuidado con lo que deseas”, Gavin vio aparecer tras las colinas dos helicópteros de fuselaje negro. Uno de ellos comenzó a perseguir a Whitehouse, el cual desapareció entre la oscuridad reinante del aeródromo abandonado.

Un chorro de luz cayó sobre Drusilla, cegando a Gavin por unos instantes. Las aspas levantaron a su alrededor nubes de polvo y arena mientras el helicóptero tomaba tierra a unos metros de donde se encontraban ambos. De su interior, salió un escuadrón completo de comandos encapuchados, empuñando sus armas automáticas. Media docena de miras láser dibujaron puntos de luz sobre Drusilla y Gavin.

Drusilla (ND): Luciérnagas… (suelta a Gavin y hace ademán de intentar atrapar las luces rojizas) ¡Qué bonitas!

Gavin tosió bruscamente mientras trataba de ponerse en pie. Se incorporó al tiempo que se distanciaba de la vampiresa, la cual estaba demasiado ocupada cazando luciérnagas imaginarias. Alzando los brazos, Gavin se dispuso a rendirse… preparando una versión de los hechos que le permitiese salvar el pellejo ante un pelotón de agentes de La Iniciativa.

Por suerte no fue necesario: uno de los encapuchados bajó el arma y se quitó el pasamontañas. Llevándose la mano a un comunicador que pendía de su oreja, dijo las palabras mágicas que casi consiguieron que Gavin manchase los pantalones.

John Ortega (ND): Aquí jefe de equipo Ortega a Kauffmann. El objetivo es cliente nuestro. Repito, el objetivo es cliente de Wolfram y Hart.

Gavin sólo pudo pensar algo mientras esgrimía una sonrisa de falso alivio.
“Genial. Ahora sí que estoy jodido.”

Aeródromo McConahue, a 10 kilómetros de Los Angeles.
Hace 6 horas, veinticinco minutos.

John Ortega (ND): ¿Y bien? ¿Qué es lo que pasó?

Gavin sostenía entre las manos un café caliente. Llevaba sentado sobre el capó de aquel furgón negro casi media hora. Había visto llegar dos equipos completos de limpieza de Wolfram y Hart. Casi tres docenas de agentes trataban de limpiar todo aquel desastre.

John Ortega (ND): Según los informes… (mira una lista que le entrega uno de sus hombres) El convoy perdió contacto con usted a menos de dos kilómetros de la estación de tren.
Gavin Park (ND): Si, fue… Fue allí donde me atacaron.
John Ortega (ND): ¿Ellos?

Ortega señala a unos inconscientes Vanister y Roth: en esos momentos, varios médicos atienden sus heridas.

Gavin Park (ND): Si. Quiero decir, no. Bueno… Verá, quien llevó a cabo el atentado fue un tercero. No llegué a ver quien era. Pero es muy posible que trabajara para Vanister y Roth.

Ortega muestra una foto a Gavin. En ella se puede ver a un chico de unos veintipocos años. Es rubio, de mandíbula cuadrada. De su cabeza mana la suficiente sangre como para dejar claro que está muerto. Y lleva las ropas de cuero de aquel motorista.

John Ortega (ND): Su nombre es Samuel Wayne. Agente rebelde de La Iniciativa. Mis hombres encontraron su cuerpo en el lugar del atentado.
Gavin Park (ND): Si… El profesor Vanister le atropelló con su berlina, ¿sabe? Quizá una forma de limpiar sus huellas. El caso es que Vanister parecía querer ayudar a Whitehouse a huir y…
John Ortega (ND): ¿Por qué no le mataron a usted?
Gavin Park (ND): ¡No lo sé! Puede… puede que me quisieran como rehén. El caso… El caso es que intenté avisarles cuando me llamaron. Puede ver su informe…

Ortega revisa sus anotaciones y luego vuelve a mirar a Gavin.

Gavin Park (ND): Mire… ¿Ortega, verdad? Fue Whitehouse quien quiso venir hasta aquí. Y Vanister y Roth le seguían el juego… Yo sólo era su salvoconducto. Sólo eso.

En ese momento, suena el móvil de Ortega. Al tiempo que acepta la llamada se retira a una distancia prudencial. Gavin apura su café mientras trata de evaluar las posibilidades que tiene de salir limpio de ésta. Si le cuelga el muerto a Vanister y Roth, éstos no tardarán en devolverle la pelota. Será su palabra contra la suya… Tiene que improvisar. Tiene que…

Una luz se enciende en la cabeza de Park.

Gavin Park (ND): ¡Ortega! (corre hasta acercarse a él) ¡Hay algo más!
John Ortega (ND): ¿El qué, señor Park?
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… De alguna forma contactaron con la señorita Drusilla... (baja la voz, en confidencia) Puede que trabajen para alguien de dentro de Wolfram y Hart.

Ortega mira a Gavin. Éste asiente de forma severa, para remarcar la gravedad de la acusación. Ortega se aparta unos metros y regresa junto a Gavin pasados unos instantes. Le tiende el teléfono.

John Ortega (ND): Es para usted…

Gavin mira el teléfono por un segundo, inseguro. Al otro lado de la línea, la voz de Sarah Kauffmann.

Sarah Kauffmann (ND): Escúcheme atentamente, señor Park. Voy a hacerle una oferta que no va a poder rechazar…

Apartamento de Wolfram y Hart.
Zona del Downtown, Los Ángeles.
Ahora.

La tetera silba y Gavin apaga el fuego del hornillo. Enfundado en un elegante kimono, vierte el té en tres diminutas tazas. Las coloca sobre la bandeja y se dispone a cruzar el estrecho pasillo de su falso apartamento.

No es su casa. Jamás podría serlo con su sueldo actual. Pero esa es sólo una de las muchas mentiras que va a tener que colarle a sus dos nuevos compañeros de trabajo.

Gavin se detiene ante las puertas de papel que bloquean el acceso al salón. Tras ellas, están Vanister y Roth. Éste último parecía estar a punto de despertarse. Gavin ha tenido apenas cinco minutos para ensayar su discurso. Su farsa.

Le dirá que les ha cubierto las espaldas, que ha presentado un informe en el que tanto él como Vanister han quedado como “héroes” al evitar que un grupo rebelde de La Iniciativa rescatase a Whitehouse. Les dirá que los comandos de asalto de Sarah Kauffmann no llegaron a tiempo al aeródromo y que, cuando lo hicieron, sólo encontraron a Drusilla.

Les dirá lo que haga falta para ganarse su confianza. Porque esa es ahora su misión: Sarah Kauffmann lo acaba de nombrar jefe de equipo, responsable a partir de ahora de Vanister, Roth y ese otro chico, el tal Dalton. Por supuesto es sólo una tapadera: el verdadero objetivo de Gavin es averiguar para quien trabajan Vanister y Roth. Averiguar si es cierto que ambos, en colaboración con Holland Manners, conspiran contra Sarah Kauffmann.

Aquello sería una buena forma de ganarse el aprecio de Kauffmann… de no ser por un pequeño detalle sin importancia.

Que no es cierto.

Porque fue Gavin quien dijo a Kauffmann que el profesor y el joven Roth podían trabajar para “alguien de dentro de Wolfram y Hart”. Fue Gavin quien se inventó aquello para colgarles el muerto a ellos de todo lo ocurrido en el aeródromo.

Lo que no podía imaginar Gavin es que fuesen sus propias mentiras las que lo llevarían a tener que jugar a este complicado doble juego.

Gavin suspira, respira hondo y abre las puertas de papel, haciendo malabares con la bandeja del té. En el salón, Roth acaba de recuperar la consciencia.

Gavin Park (ND): Ah… Veo que ya estas despierto.

CONTINUARÁ…

miércoles, 1 de abril de 2009

Nuevo Personaje - JOHNNY DO

"¿Qué? Oh, no, no... Ya no me dedico a eso. Aquello fue una moda pasajera, ¿sabes? Ahora el futuro está en..."

35 años. El eterno forastero.

Si tiene familia en alguna parte, John (o Johnny como él mismo pide que le llamen) nunca la ha mencionado. Si tiene algo que pueda llamarse hogar, ese es Springfield. Johnny apareció por primera vez hace cosa de tres años. Por aquel entonces era viajante de una conocida marca de cosméticos. Y lo cierto es que su llegada a Springfield fue puramente accidental: su viejo Camaro negro lo dejó tirado en mitad de Lincoln Square. Quizá de no ser por eso, no habría decidido pasar la noche aquí.

Y desde entonces, Johnny ha seguido viajando por todo el país, regresando de vez en cuando a Springfield. Durante sus breves estancias se hospeda en el motel Gates y pasa los días frecuentando a un sin fin de lugareños con los que, a lo largo de sus visitas, ha trabado amistad. Siempre que regresa de uno de sus viajes, trae consigo regalos para muchos de los habitantes del lugar.

Nadie sabe de donde viene ni a donde va. Pero cada vez que hace una parada en Springfield, todo el mundo sabe que anda por la ciudad. Se suele hospedar en el motel Gates y allí pasa entre una y dos semanas. Durante ese tiempo, se dedica a ir de un lado a otro, habla con todo el mundo... Un tipo majo, la verdad.
(Norman McNamara – Ayudante del Sheriff)

Le puedo asegurar que el señor Do es uno de los pocos clientes que deja su habitación tal y como la encontró. Nunca he tenido queja de él ni le he visto traer a ninguna mujer. Ya sabe a lo que me refiero. Pueden no ser cristianos, pero hay que reconocer que estos chinos son gente muy limpia... ¿o era japonés?
(Lucille Wayne – Propietaria del Motel Gates)

No me gusta. Sí, ya sé que es amable con todo el mundo y que siempre trae regalos para todo el mundo como si fuese el Papa Noel coreano. Pero no sé... ¿A qué coño se dedica realmente? Un día dice que vende enciclopedias y cuando vuelve, dos semanas después, está metido en propiedades. Lo único seguro es que deja su dinero en el banco. Si sigue así, Richie va a tener que nombrarlo cliente del año...
(Ed Braddock – Granjero y Propietario)