domingo, 5 de abril de 2009

Sesión 04-04-09 (P.O.V. - WILLIAM WHITEHOUSE)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Sarah Kauffmann (ND): Tu amigo Leonard va a morir, Danny… Así aprenderás que no se juega con Wolfram & Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
James Roth (ND): Éste no es solo su primer día en Wolfram & Hart... (se calza las gafas de sol y sonríe) Bienvenido al primer día del resto de su vida...

...O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x03.-
WILLIAM WHITEHOUSE contra WOLFRAM & HART
(Parte 3 de 4)

P.O.V. – WILLIAM WHITEHOUSE

Ático de la Familia Baxton. Nueva York.
Hace 9 años.

Billy Baxton sólo tiene ocho años. Sus máximas preocupaciones deberían estar relacionadas con cómics, videojuegos y deberes de matemáticas sin terminar. Y pese a lo que pudiera parecer viendo su habitación, la de Billy no es una infancia cualquiera. Quizá por eso Billy no se asusta al escuchar los ruidos de lucha que llegan procedentes del salón. Su padre le advirtió de aquello. Le dijo que podría llegar el día en que hombres malos vendrían a hacerles daño. Pero Billy siempre ha sabido que llegado el momento su padre estaría aquí para protegerlo…

La puerta de su dormitorio se abre con un fuerte golpe. Bajo el umbral, Billy intuye la figura de su padre. Estaba en lo cierto. Su padre estaba aquí para protegerle de los hombres malos…

Billy Baxton: ¿Pa… Papá?

Entonces lo escucha. Un gruñido. Seco. Inhumano. Su padre da dos pasos en dirección a la cama de Billy. Cuando se encuentra a menos de dos metros, Billy puede oler la sangre que empapa lo que alguna vez fue un carísimo esmoquin. Los ojos de su padre, inyectados en sangre, se posan en Billy…

Y con un rugido, su padre salta sobre el aterrorizado muchacho.

Billy Baxton: ¡No! ¡Papá!

El chico salta de la cama justo a tiempo: las manos de su padre se hunden en el somier, rasgando y destrozándolo como si fuese la carne de su propio hijo. Billy mira aquello en lo que han convertido a su padre al tiempo que retrocede, tratando de salir del dormitorio.

Es entonces cuando tropieza con alguien más. Billy se da la vuelta y la ve, parada ante la puerta del dormitorio. Es una mujer morena, de pelo lacio. Viste un traje de noche negro que resalta aun más su piel blanquecina. Sus ojos son grandes y redondos, penetrantes y al mismo tiempo desquiciados.

Con la comisura de los labios manchada de sangre, la mujer sonríe a Billy.

Drusilla (ND): Oh, mírate… Eres perfecto. Tú serás mi pequeño muñequito.

Billy comienza a gritar.

Aeródromo McConahue, a 10 kilómetros de Los Ángeles.
Ahora.

Drusilla (ND): Mi pequeño muñequito… (bajando del reactor) Por fin.

William Whitehouse tiene 19 años. Ha sido entrenado durante años como un operativo especial de La Iniciativa, un comando militar secreto dedicado a combatir todo tipo de amenazas sobrenaturales. Ha dado caza a hombres lobo. Se ha enfrentado a varios espíritus y demonios. Ha reducido a cenizas a más vampiros de los que puede recordar…

Y sin embargo, ahora mismo tiene ganas de correr. De esconderse.
Vuelve a tener ocho años. Vuelve a estar en ese ático. Vuelve a sentir la mirada desquiciada de esa abominación en forma de mujer.

Gavin Park (ND): Bueno, Billy, muchacho… ¿Listo para…?

William no llega a escuchar el resto de la frase. Puede ver los labios de Gavin moverse, pero sus palabras caen en saco roto. Como deberían haberlo hecho desde el primer momento. Desde que, apenas 7 horas antes, William había recuperado el conocimiento. Sus últimos recuerdos eran de aquella operación en la que habían intentado asaltar Wolfram y Hart. De aquello hacía ya casi dos semanas. Dos semanas en las que había permanecido capturado por aquella firma de abogados infernales. Dos semanas de torturas, de escáneres psíquicos, de aislamiento…

No había creído a Park cuando le dijo que La Iniciativa le había dejado tirado. “Te han vendido, Billy, muchacho…” Eso es lo que dijo. Quizá si el profesor Vanister no le hubiese contado lo de la muerte de Devon Powell, quizá no le habría creído. Pero ahora comenzaba a verlo claro: Gavin Park los había engañado a todos. Posiblemente había sido verdad aquello de que él había preparado aquel “atentado”… Pero aquello jamás había sido una operación de rescate para ponerlo a salvo.

Iba a entregarlo a esa… a esa cosa.

William bajó la vista: el vampiro pelirrojo que estaba junto a Gavin aferraba con fuerza su escopeta recortada. Pero el enorme cuchillo de monte que llevaba al cinto… Bueno, eso era otra cosa.

Antes de que Gavin terminara aquella frase, el vampiro tenía ya el cuchillo clavado a la altura del vientre. Un par de centímetros más arriba y ahora sería una nube de cenizas.

Vampiro Motorista Pelirrojo (ND): Serás… ¡CABRÓN!

El golpe de culata hizo que Whitehouse volase varios metros hacía atrás. Su espalda golpeó el suelo y durante unos segundos Billy estuvo a punto de perder el conocimiento. Entonces escuchó el rugido del deportivo. Como una centella oscura, el coche salió del hangar, marcha atrás, quemando llantas… y frenando a pocos centímetros de William.

Profesor Vanister (NE) (abriendo la puerta): ¡Suba, señor Whitehouse!

Aeródromo McConahue, a 10 kilómetros de Los Ángeles.
12 minutos después.

William Whitehouse (ND): Oh, mierda…

Diez segundos atrás, la cosa pintaba mucho mejor. Diez segundos atrás, el deportivo atravesaba a toda velocidad el aeródromo, en mitad de una frenética persecución. Diez segundos atrás, William clavaba un fragmento de la luna trasera del coche en el corazón de aquel motorista vampiro, acabando el trabajo que había dejado pendiente con su propio cuchillo de monte. Diez segundos atrás, James Roth hacía un comentario jocoso sobre la tapicería manchada de cenizas vampíricas.

Todo cambió en apenas diez segundos. Fue el tiempo que necesitó el segundo de los matones vampíricos que el “colega” de Gavin Park había traído como guardaespaldas. Tanto William como Roth y el profesor se habían olvidado de él. Para cuando los faros lo iluminaron, el chupasangres descargaba sus dos recortadas contra el deportivo, dejando fuera de combate a Vanister y Roth.

Vampiro Motorista Mohicano (ND): Puedo olerte, carne… Sé que estás ahí dentro… Y cuando acabe contigo, me daré un festín con tus colegas…

William sabía que era cierto: los chupasangres tenían sentidos más allá de lo humano y podían captar el rastro de sangre fresca a distancia. Como si fuese una lata de sardinas, el chupasangres hizo fuerza y volcó el deportivo… con William aun dentro.

A duras penas, el agente de la Iniciativa pudo salir al exterior y rodar por la arena. El chupasangres sonreía, triunfal. William se incorporó y lo encañonó con la pistola que Roth había entrado al profesor. Las buenas noticias eran que había conseguido desencasquillar el arma. Las malas… que contra un vampiro aquello no iba a ser demasiado efectivo.

Vampiro Motorista Mohicano (ND): ¿Una pipa? ¿Estas de guasa? (se rasga su cazadora y muestra su pecho a descubierto) ¡Vamos, dispara! ¡Vamos!
William Whitehouse (ND): Dime una cosa… ¿Te has planteado lo que te hará tu jefa si le estropeas… “su mercancía”?

El chupasangres duda durante un segundo. Parece que le tiene el miedo suficiente a esa vampiresa como para que la estratagema de William funcione al menos durante un instante. Es todo cuanto necesita: aprieta el gatillo una, dos, tres veces. Uno de los proyectiles le alcanza en plena cara, destrozándole uno de sus ojos. No lo detendrá y lo enfurecerá aun más.

Drusilla (ND): Mi pequeño muñequito…

William escucha su voz y al girar la cabeza la ve aproximarse con paso lento pero firme. De repente, el chupasangres deja de ser una prioridad. De repente, William vuelve a ser simplemente “Billy”. Mirándola a los ojos, siente que vuelve a tener ocho años. Vuelve a estar asustado.

Intenta disparar contra ella. Pero sus ojos… Sus ojos son tan hondos. Tan oscuros…

Drusilla (ND): Arrojalá… lejos.

William obedece. Sin dudar.

Drusilla (ND): Ahora… De rodillas.

William obedece. Sus piernas tiemblan, intentan resistirse. Pero es imposible…

Gavin Park (ND): Eh… ¿La señorita Drusilla?

Y por primera vez desde que la vio bajar del avión, la vampiresa parece tan sorprendida como el propio William al ver aparecer a su espalda al señor Park.

Drusilla (ND): ¿Quién eres tú?
Gavin Park (ND): Creo que no hemos sido presentados… (le tiende la mano) Gavin Park, relaciones diplomáticas de Wolfram y Hart.

Drusilla mira la mano tendida de Park como un cachorro reaccionaría ante el saludo de un humano. Gavin, incómodo, la retira. Pero no ceja en su empeño…

Gavin Park (ND): Sólo quería decirle, señora, que ha sido un placer cumplir con sus deseos y que… bueno, esperaba que pudiera hablar bien de mi a…

La charla de Park cae en saco roto: la vampiresa lo mira como si apenas pudiera entender lo que dice. Sin embargo, la cháchara del ejecutivo cumple una inesperada función. Consigue que ella rompa la concentración. Y William vuelve a ser dueño de sus actos.

William Whitehouse (ND): Maldita escoría... (recuperando la pistola) ¡Muere!

Aprieta el gatillo varias veces. Una décima de segundo antes, el señor Park parece ver las intenciones de William e intenta tirar al suelo a la vampiresa. Sin embargo, su fuerza es mayor de la que el propio Park puede imaginar. Cuando las balas atraviesan la carne muerta de Drusilla, ésta parece más indignada por la osadía de Park al tocarla que por el hecho de haber sido tiroteada…

Drusilla (ND): Tu… (agarra por el cuello a Gavin) Me has tocado… (comienza a apretar) Me. Has. Tocado.

William contempla la escena. Por un segundo, duda. Ese ejecutivo intentó venderlo a esa vampiresa. A ese monstruo que parecía dispuesta a cumplir con el trabajo que dejó pendiente años atrás. Por un segundo, William se plantea la idea de salvar a Gavin Park. Quien sabe… puede que lo hubiera hecho.

Es entonces cuando se comienzan a escuchar los helicópteros. Dos aparatos aparecen tras las colinas que rodean el aeródromo. Los dos van equipados con focos halógenos que rasgan la oscuridad de la noche. Mientras uno revolotea sobre Drusilla, el otro se centra en perseguir a William.

Sin dudar, el joven agente de La Iniciativa se incorpora y arranca a correr. No sabe quien bajará de esos helicópteros. Sean de Wolfram y Hart o de la propia Iniciativa, William sabe que lo mejor es aprovechar la distracción y huir. Huir lo más rápido posible.

El helicóptero trata de seguirlo con el foco halógeno. Sin embargo, cuando William logra poner sus manos en una de las motos dejadas por los vampiros motoristas, no tarda en internarse en la noche, perdiéndose en la oscura carretera interestatal.

Mientras siente el viento en su cara, William intenta poner en orden sus pensamientos. No puede dejarse atrapar por Wolfram y Hart. Y tampoco puede ponerse en contacto con La Iniciativa. No sin saber a qué atenerse. Gavin Park dijo muchas cosas y la mayor parte de ellas habían acabado siendo mentiras. Pero… ¿y si entre tanta farsa había algo de verdad? ¿Y si, tal y como le había dicho, la nueva directiva de La Iniciativa le había considerado un traidor?

Para cuando la moto se quedó sin gasolina, el sol comenzaba a surgir por el horizonte. Sin dinero, habiendo dejado la moto oculta entre las lomas desérticas del desierto, William se dispuso a probar suerte con el autostop. Aun no sabía qué hacer. Lo único seguro era que no podía dejarse coger.

Era hora de pasar desapercibido… algo que siempre se le había dado muy bien.

CONTINUARÁ...

Sesión 04-04-09 (P.O.V. - JAMES ROTH)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Sarah Kauffmann (ND): Tu amigo Leonard va a morir, Danny… Así aprenderás que no se juega con Wolfram & Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
James Roth (ND): Éste no es solo su primer día en Wolfram & Hart... (se calza las gafas de sol y sonríe) Bienvenido al primer día del resto de su vida...

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x03.-
WILLIAM WHITEHOUSE contra WOLFRAM & HART
(Parte 2 de 4)

P.O.V. – JAMES ROTH

Hanover Street. Los Ángeles.
Hace 10 horas.


James Roth (ND): Joder… (frustrado, arroja el móvil en el salpicadero) ¡JODER!

Entre el bullicio de la calle Hanover, en pleno corazón comercial de Los Ángeles, las voces de Roth llamaban la atención de alguno de los transeúntes. No era el hecho de haber perdido el rastro del Profesor Vanister lo que le había cabreado de esa forma. Ni que su obsesión por seguir la pista de aquel convoy de Wolfram & Hart les pudiese costar el pellejo si Sarah Kauffmann descubría que estaban metiendo las narices donde nadie les llamaba…

Lo que de verdad lo cabreaba en ese momento era que el profesor le hubiese rechazado ya dos llamadas seguidas. Por un segundo se planteó la opción de mandarlo a la mierda: de largarse al hotel y dejar que él mismo firmase su sentencia de muerte. ¿Pasaba de él? Pues cojonudo. Que le den. A tomar por…

El sonido del móvil sacó a James de su indignación el tiempo suficiente como para aceptar la llamada.

James Roth (ND): Profesor, ¿qué coño…?

La voz del profesor sonaba angustiada, presa del terror. Lo único que consiguió sacarle al nervioso Vanister fue su actual posición. Era lo único que necesitaba. Colgó y encendió el motor de su elegante Corvette negro.

Bajo el nudo de autopistas 18 y 20.
Afueras de Los Ángeles.
Hace 9 horas.

James Roth (ND): O me dice de una vez que está pasando… o nadie se mueve de aquí.

El deportivo de Roth destacaba en aquel asentamiento de vagabundos y pordioseros como una cucaracha en un pastel de boda. Bajo un impresionante nudo de autopistas, se encontraba reunido aquel peculiar grupo de personas. A James no le sorprendió encontrar allí al profesor Vanister, aunque no esperaba ver su berlina en tan mal estado. Lo que si le sorprendió fue ver allí al señor Whitehouse. Y al otro tipo: aquel agente oriental de Wolfram & Hart al que habían visto en el parking.

Gavin Park (ND): Bueno… ¿Roth? ¿Así has dicho que te llamas? Aquí tu amigo el profesor y su colega, Billy, están cagándola a base de bien…
William Whitehouse (ND): Profesor… ¿Quién es?
Profesor Vanister (NE): No se preocupe, señor Whitehouse... El señor Roth trabaja conmigo. Es… de confianza.

El profesor Vanister comenzó a explicar de forma precipitada todo cuanto había ocurrido. De alguna forma, James ya sabía gran parte de todo ello.

Gavin Park (ND): Mira, Roth… Me llamo Gavin Park y soy del departamento de relaciones diplomáticas de Wolfram & Hart.
James Roth (ND): Relaciones diplomáticas. En Wolfram & Hart. Ya.
Gavin Park (ND): Hace cosa de una semana, el edificio de Wolfram y Hart fue atacado por un comando rebelde de una organización militar secreta conocida como La Iniciativa. Trabajan para el gobierno, ¿vale? En todo lo que tiene que ver con amenazas sobrenaturales y esos asuntos… El caso es que aquello estropeó un poco las relaciones entre el gobierno y Wolfram y Hart. Y por eso, para calmar un poco los ánimos, el bufete me enviaba a mi como mensajero de paz… con un presente.
James Roth (ND): ¿Un presente? (señala a Whitehouse) ¿El?
Profesor Vanister (NE): No exactamente, señor Roth… Wolfram y Hart ha desmontado pieza a pieza el vehículo de salto dimensional en el que llegamos. Van a entregarlo a La Iniciativa. Y ellos… Ellos lo convertirán en un arma. Y eso, señor Roth, es algo que no pienso permitir.

James miró al profesor: nunca lo había visto decir nada de una forma tan tajante.

William Whitehouse (ND): Pero… ¿y qué tiene eso que ver conmigo? ¿Me llevaban de vuelta a La Iniciativa?
Gavin Park (ND): Eso es un asunto más peliagudo, Billy, muchacho… Verás, La Iniciativa ha negado haber autorizado ninguna operación de asalto a Wolfram y Hart… lo que significa que todos los que participaron en ella lo hacían desobedeciendo órdenes.
William Whitehouse (ND): Un momento...
Profesor Vanister (NE): Intenté decírselo antes, señor Whitehouse. El Devon Powell de este universo fue capturado y ejecutado por Wolfram y Hart…
Gavin Park (ND): Ahora hay un nuevo director de operaciones en La Iniciativa, Billy… Y parece que no tiene el menor interés en volver a saber de ti.
William Whitehouse (ND): Entonces… ¿a dónde demonios me llevaban?

Aeródromo McConahue´s, a 10 kilómetros de Los Ángeles.
Hace 7 horas.

James Roth (ND): Vale… Hemos llegado.

Hace diez minutos que el sol se ha ocultado tras el horizonte, dejando en su lugar un cielo púrpura oscuro. Los faros del deportivo iluminan el acceso al desolado y abandonado aeródromo McConahue´s: varias hectáreas de terreno en mitad de las desoladas afueras de Los Ángeles, en mitad de los descampados en los que se puede ver los esqueletos de las futuras urbanizaciones.

William Whitehouse (ND): Un aeródromo abadonado… ¿aquí era donde me iba a llevar, Park?
Gavin Park (ND): Mira, Billy, muchacho… Me estoy jugando el pescuezo por ti, ¿vale? De hecho, mi colega Lee ya lo hizo. Le costó la vida preparar tu oportuna fuga…
Profesor Vanister (NE): ¿Lee? ¿Se refiere al motorista? ¿El del atentado?
Gavin Park (ND): ¿Qué…? Si, claro… Claro… Tenía que parecer creíble, por eso lo de que me pillase la explosión dentro del todoterreno…

James no puede prestar toda la atención que debería a las palabras de Park. Debe concentrarse en guiar el deportivo a través del terraplén que lleva al aeródromo abandonado. Los faros iluminan un viejo cartel en el que puede leerse “Circo Aéreo McConahue. ¡Los Ases del Aire!”.

Gavin Park (ND): Ahora solo queda esperar a mi colega Jeffrey. Él se mi contacto con… Con la persona que está interesada en ti, Billy, muchacho…
James Roth (ND): Personalmente creo que deberíamos escondernos, profesor…
Profesor Vanister (NE): Creo que tiene razón, señor Roth. Ustedes… (se gira a Park y Whitehouse) aguarden fuera a que lleguen los caballeros amigos del señor Park. El señor Roth y yo aguardaremos ocultos en aquel hangar.

Una vez dejan bajar a Park y Whitehouse, James dirige guía el deportivo hasta el interior del primero de los cuatro hangares abandonados que hay en el desolado aeródromo. En la maniobra que realiza para aparcarlo al fondo del todo, los faros iluminan por unos instantes un viejo biplano, destartalado y quebrado, que reposa en el interior.

Al bajar del vehículo, tanto James como el profesor lo huelen.

James Roth (ND): Profesor, ¿qué demonios es eso que huele?
Profesor Vanister (NE): Mmmm… (pasa los dedos por uno de los charcos que hay en el suelo) Queroseno…

James sigue con la mirada el rastro de ese líquido hasta varios bidones que reposan en el fondo del hangar, junto al coche. Unos bidones demasiado nuevos como para llevar ahí tanto tiempo.

James Roth (ND): Esto no me gusta…

Apenas ha pronunciado esas palabras cuando empieza a escucharse ruido de motores. Motos de alta cilindrada. Tres, quizá más. James y el profesor, éste último aferrando el subfusil que llevaba el misterioso motorista, se aproximan al acceso principal del hangar. Confirmando las sospechas de James, ambos ven aparecer a tres motoristas. Éstos, a diferencia del que atacó el todoterreno de Park, lucen el aspecto de los clásicos “ángeles del infierno”. Uno de ellos se aproxima a Park y le estrecha la mano. Debe ser el tal Jeffrey. Los otros dos moteros, armados con escopetas recortadas, permanecen a unos metros por detrás.

James Roth (ND): No puedo escuchar todo lo que dicen… Pero juraría que el tal Jeffrey acaba de llamar “mercancía” a Whitehouse…

James mira al profesor, como buscando una confirmación a sus sospechas. Pero lo que encuentra es un gesto de miedo en su rostro.

Profesor Vanister (NE): Señor Roth, esos hombres… No son humanos.
James Roth (ND): Joooooder…

“No son humanos”. Aquellas tres palabras bastan para dejarle claro a James algo que se ha repetido desde que comenzó toda esa movida. Algo que tendría que haber hecho desde el momento en que a Vanister le dio por seguir la pista del maldito convoy…

Profesor Vanister (NE): Señor Roth… (mientras Roth camina hasta el fondo del hangar) ¿Qué demonios hace?
James Roth (ND): ¿Que qué hago? (mientras saca el móvil) Llamar a la caballería…

Nervioso, Roth marca el botón de llamada automática. Durante unos segundos nadie responde. Al quinto tono, una voz de mujer suena al otro lado.

Sarah Kauffmann (ND): Espero que sea importante, señor Roth…
James Roth (ND): Escúcheme con atención, señora… porque estamos metidos en un buen lío. Imagino que está al tanto del atentado que ha sufrido su agente, el señor Park…
Sarah Kauffmann (ND): ¿Cómo sabe…?
James Roth (ND): El profesor Vanister tuvo… tuvo un presentimiento, ¿vale? Y decidió seguir el convoy. Hemos impedido que el señor Whitehouse se escape pero… y ahora viene lo más extraño… parece que su hombre, el agente Park, tenía sus propios planes para el señor Whitehouse. Y…

De repente, un ensordecedor silbido corta el silencio del desolado aeródromo. Un hermoso reactor privado, con los emblemas de Airfrance, toma tierra en una pista de aterrizaje que ha conocido tiempos mejores.

James Roth (ND): Aeródromo McConahue, a las afueras. Envíe a alguien. Rápido.

Y cuelga. James camina deprisa hacia el acceso del hangar: sea quien sea quien viaje a bordo de ese jet privado tiene interés en Whitehouse.

James Roth (ND): Profesor… (mientras se acerca a la salida del hangar) ¿Quién ha bajado del avión?
Profesor Vanister (NE): Parece una mujer… (se gira y mira a Roth) Pero no es huma…

El profesor no termina la frase. Un gruñido inhumano resuena en el exterior… seguido del sonido de un fuerte golpe. Un segundo después, Vanister y Roth ven aterrizar el cuerpo de William Whitehouse a escasos metros del acceso al hangar.

James Roth (ND): Profesor… Al coche.

El deportivo sale a toda velocidad del hangar, marcha atrás y dejando un trazado de llantas quemadas sobre el suelo. James mueve el volante con destreza suficiente como para interponer el vehículo entre William Whitehouse y uno de los moteros de Jeffrey. Éste, un corpulento pelirrojo, encañona con su escopeta recortada al deportivo. Lo que atemoriza a James no es que lo haga a bocajarro. Lo que le aterroriza es que su rostro es el de un vampiro.
El profesor tenía razón. No son humanos. Genial.

Profesor Vanister (NE): ¡Conduzca, señor Roth!

Y antes de que el motorista pueda abrir fuego, el profesor aprieta el gatillo del subfusil, acribillándolo. No consigue gran cosa… pero le da el tiempo suficiente como para que William suba al deportivo.

James Roth (ND): ¡Agarrénse!

Aprieta el acelerador, atravesando marcha atrás la pista de aterrizaje. Por un momento, casi parece que han dejado atrás cualquier amenaza. Es entonces cuando algo cae pesadamente sobre el deportivo, hundiendo su techo.

Vampiro Motorista Pelirrojo (ND): ¡Sois carne muerta! ¿Me oís? ¡Jodida carne muerta!
Profesor Vanister (NE) (mirando el subfusil): ¡Sin munición!
James Roth (ND): ¡Coja mi pistola, profe!

El profesor Vanister intenta coger el arma de James mientras este conduce de forma temeraria, intentando desprenderse del pasajero extra que llevan detrás. Para empeorar las cosas, el segundo de los matones vampíricos del tal Jeffrey, abre fuego contra el coche. El cristal trasero del deportivo vuela en pedazos y los fragmentos de cristal llueven sobre un aturdido William Whitehouse.

James Roth (ND): Maldito chupasangres… (conduciendo de forma salvaje) ¡fuera de mi coche!

En ese momento, mientras rodea el jet privado que acaba de aterrizar, los faros del deportivo iluminan una silueta que se cruza en su camino. La silueta de una mujer. Por un segundo, los ojos de James quedan fijos en los de ella.

James Roth (ND): ¡Joder!

Con un volantazo, el deportivo la esquiva a duras penas, pasando en paralelo al avión. Una idea pasa por la cabeza del profesor. Le grita que pase de nuevo junto al jet. James no tiene tiempo ni de pensar que aquello es una locura. Al mismo tiempo que el profesor encasquilla su arma al tratar de disparar contra el depósito de combustible del reactor; el vampiro pelirrojo intenta colarse por el hueco dejado por la luna trasera del deportivo.

Vampiro Motorista Pelirrojo (ND): ¡Sois míos…!
William Whitehouse (ND): Ni lo sueñes, monstruo.

Por un segundo y a través del espejo retrovisor, James ve como Whitehouse clava un fragmento de la luna trasera en el corazón de la bestia… que estalla en una nube de polvo.

James Roth (ND): Vale, tío. ¡Me acabas de joder la tapice...!
Profesor Vanister (NE): ¡Señor Roth! ¡Cuid…!

El aviso llega un segundo demasiado tarde: los faros del deportivo iluminan al segundo de los motoristas vampiro. Sus dos escopetas recortadas escupen sendas salvas que revientan la luna delantera del deportivo. Los proyectiles, junto a una lluvia de cristales, impactan contra James y el profesor.

Antes de perder el conocimiento, James solo alcanza a pensar una cosa.
“Estamos muertos. Otra vez.”

Apartamento de Gavin Park.
Zona del Downtown, Los Ángeles.
Ahora.

Gavin Park (ND): Ah. Veo que ya estás despierto.

Gavin cruza el umbral de la puerta corredera, enfundado en un elegante kimono y haciendo malabares con una pequeña bandeja de té. La estancia es amplia, con suelo de parquet y paredes blancas, desnudas. El único mobiliario son los dos colchones en los que reposan James y el profesor respectivamente.

Gavin Park (ND): Parece que tus heridas se han curado bien… (abre las persianas del inmenso ventanal) Te vendrá bien un poco de té.

Junto al agradable sol del mediodía, el bullicio del centro de Los Ángeles llega a oídos de James. Sus ojos se posan en el profesor Vanister.

James Roth (ND): ¿Dónde…?
Gavin Park (ND): Es mi apartamento. Y te aseguro que es el sitio más seguro en el que Vanister y tú podéis estar ahora mismo.
James Roth (ND): ¿Y Whitehouse?
Gavin Park (ND): Escapó. Ya le presenté mi informe a Kauffmann… Un informe en el que no he mencionado la extraña alianza que tuvo lugar entre Vanister y Whitehouse.
James Roth (ND): Imagino que tampoco habrás mencionado tu participación en la fuga de Whitehouse…
Gavin Park (ND): Yo de ti no le daría más vueltas, me relajaría y disfrutaría del té.

James mira al profesor: sigue inconsciente, con un gotero conectado a su antebrazo. Esa imagen le hace recordar algo importante.

James Roth (ND): Tarde o temprano, vamos a tener que volver a Wolfram y Hart. El profesor necesitará su tratamiento. Y cuando lo hagamos…
Gavin Park (ND): Cuando lo hagáis lo haréis como mis subordinados.

Aquello consigue algo que muy pocas veces sucede en la vida de James Roth: aquello lo deja sin habla.

Gavin Park (ND): Si, Roth, muchacho. Ahora yo soy el jefe de equipo. La señora Kauffmann acaba de ascenderme… (sonríe) ¿no te lo había dicho?
James Roth (ND): Ya… claro.
Gavin Park (ND): Mira, Roth… (se acerca a él) Los dos sabemos que en Wolfram y Hart hay muchos intereses enfrentados. Y estoy seguro de que los dos tenemos nuestros propios intereses.
James Roth (ND): ¿A dónde quieres llegar, Park?
Gavin Park (ND): A una alianza, Roth, muchacho. Tu y yo, sin mentiras. (le tiende la mano) ¿Qué me dices?

James mira su mano. Y luego le mira a él. Gavin Park. Relaciones diplomáticas. Liante profesional. Y su única baza en una partida en la que han dado cartas marcadas.
Como si tuviera más opciones...

James Roth (NE): Sin mentiras… (estrechando su mano) Como agentes de Wolfram y Hart.

CONTINUARÁ…

Sesión 04-04-09 (P.O.V. - MARCUS VANISTER)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!


CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Sarah Kauffmann (ND): Tu amigo Leonard va a morir, Danny… Así aprenderás que no se juega con Wolfram & Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
James Roth (ND): Éste no es solo su primer día en Wolfram & Hart... (se calza las gafas de sol y sonríe) Bienvenido al primer día del resto de su vida...

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x03.-
WILLIAM WHITEHOUSE contra WOLFRAM & HART
(Parte 1 de 4)

P.O.V.- MARCUS VANISTER

Concierto número 666 de los “Satan´s Hammer”
Algún punto del desierto de Arizona.
3 de Abril de 1984. Universo Neverdale.

En el escenario, los teloneros hacen lo que pueden. El público, cerca de dos mil jóvenes completamente entregados, se deja llevar por la furia de unas letras arrolladoras y el ensordecedor rugido de las guitarras. Y sin embargo, no es ni la milésima parte de adrenalina que van a soltar con el plato fuerte. Con los “Satan´s Hammer”. Desde que aparecieron con su primer single hace dos años (“Razor´s Cake”), el número de discos vendidos y premios ganados sólo rivaliza con el aumento de suicidios juveniles entre sus entregadísimos fans. Los rumores sobre prácticas satanistas y demás entre los miembros de la banda no han tardado en llegar a los medios de comunicación. Sobre todo tras la falsa noticia de la muerte del líder de la banda, el carismático Hans Hammer. Dicen que ha hecho un pacto con el diablo para cantar como lo hace. La mayor parte de la gente cree que es solo una maniobra de marketing.

Marcus Vanister, aferrado con ambas manos a los andamios superiores del escenario, sabe que no lo es. Sabe que es cierto: que Hans Hammer hizo un pacto con un agente de Wolfram & Hart, Goodwin Steele. Gracias a ello, Hans tiene ahora un poder hipnótico, haciéndole capaz de controlar a las masas solo con su voz.

Mientras se vuelve a poner en pié, el profesor Vanister puede ver como James Roth forcejea con Hans Hammer. Éste clava un puñal en el hombro del joven ejecutivo, entre risas desquiciadas. Parece una herida fea… pero no es nada comparado al destino que ha corrido el señor Dalton.

El cuerpo de Daniel se balancea sobre el escenario, pendiente de una cuerda que rodea su cuello. Todos creen que forma parte del espectáculo. Vanister intenta centrarse, intenta olvidar que hace apenas unos minutos, bajo el dominio hipnótico de Hammer, Daniel se arrojó desde lo alto del escenario con una soga al cuello y un dispositivo explosivo pegado con cinta aislante al pecho. Si la caída le ha roto el cuello, ya no hay nada que puedan hacer por él. Pero el explosivo…

No hay tiempo: el profesor Vanister mira a sus pies. En el suelo de esa pasarela aérea, a metros y metros sobre el escenario, reposa el elegante maletín de cuero de Wolfram & Hart. James Roth consigue evitar una nueva estocada de Hammer. Y lo hace lo bastante rápido como para apoderarse del maletín. Vanister no lo duda un segundo: con un movimiento rápido, apresa los brazos de Hammer, reteniéndolo justo a tiempo para que el señor Roth abra el maletín y…

Sala de Reuniones, número 12.
Sede de Wolfram & Hart. Los Ángeles.
En la actualidad. Universo Neverdale.

Profesor Vanister (NE): … y eso es todo. Nos materializamos en la cámara de contención del sótano dos y…
Sarah Kauffmann (ND): Si, ya lo veo… (cierra la carpetilla que ha estado leyendo) Un informe muy completo, señor Vanister.
Profesor Vanister (NE): Gracias. Sin embargo no nos han dicho nada sobre el estado del señor Dalton…
Sarah Kauffmann (ND): El señor Dalton ha sufrido lesiones de gravedad en el cuello… sin mencionar que tendrá que ser sometido a una revisión psíquica: es posible que el señor Hammer instalase sugestiones hipnóticas en su subconsciente… así que hasta que no estemos totalmente seguros, el señor Dalton permanecerá bajo observación. Entre tanto, ustedes dos pueden tomarse el día libre.

La fría ejecutiva, vestida siempre con un elegante traje blanco, no necesita decir que la reunión ha terminado: el silencio que se crea en su despacho es suficientemente incómodo como para que Vanister comprenda que es hora de irse.

Durante la hora siguiente, Vanister apenas si presta atención a lo que acontece a su alrededor. Su cabeza no deja de pensar en los extraños efectos que el suero les está ocasionando. Al principio pensaba que solo le afectaba a él: de un tiempo a esta parte, Vanister era capaz de “sentir” presencias ajenas a la naturaleza humana. Sin embargo, ahora no cabía duda: aquella soga habría roto el cuello de cualquier persona normal… pero no rompió el de Daniel.

James Roth (ND): ¿Qué coño pasa aquí?

Hasta aquel momento, Vanister había estado tan enfrascado en sus pensamientos que apenas si había prestado atención a todo lo que le había estado diciendo el señor Roth. El joven trataba de ganarse su confianza pero Vanister no estaba dispuesto a ponérselo fácil. Si, le había sacado del infierno. Pero también había dejado allí a Leonard. Y, pese a las diferencias que siempre había habido entre el joven Powell y el profesor, era algo que no iba a perdonar con facilidad.

Allí, en la penumbra iluminada por fluorescentes del parking subterráneo de Wolfram y Hart, el profesor Vanister comparte la sorpresa del joven señor Roth: una veintena larga de obreros cargan unas pesadas cajas a bordo de un enorme camión de dieciocho ruedas, siempre bajo la supervisión de un individuo trajeado. Es oriental, de unos treinta y pocos años. Al sentirse observado por Roth y el profesor, se acerca a ellos.

Gavin Park (ND): Oigan… Esto no es una feria de exposiciones, ¿de acuerdo? Si pudieran dejarnos seguir con…
Doctor Casey (ND): Ah, señor Park…

Vanister reconoce la voz del científico jefe del departamento de I+D. No le sorprende verlo aparecer enfundado en su bata. Lo que le sorprende es ver que viene acompañado de un par de enfermeros… que llevan consigo a un sedado, maniatado y amordazado Billy Whitehouse.

Profesor Vanister (NE) (sorprendido): Señor Whitehouse..

Carretera Industrial nº9.
Zona Sur de Los Ángeles.
Una hora después.

Profesor Vanister (NE): Por última vez, señor Whitehouse… ¡Suba al coche!

El humo salía del radiador de su berlina negra y el motor gemía agonizante: el profesor Vanister sabía que, tras aquel golpe brutal, su vehículo no tardaría en morir. Desde luego, aquello no era nada comparado con el estado en el que había quedado el todoterreno negro del señor Gavin Park. Parecía imposible que aquel montón de chatarra humeante, recostado sobre un lateral y ennegrecido por la explosión hubiera parecido recién salido de fábrica hacía apenas una hora.

Claro que aquel joven que había salido arrastrándose de los restos del todoterreno, el mismo que ahora sostenía con fuerza un subfusil y encañonaba al señor Park, hace una hora apenas si parecía un pelele bajo el efecto de los tranquilizantes…

Una hora… ¡cuantas cosas habían pasado en apenas sesenta minutos! La mente del profesor Vanister regresó al momento en que volvió a ver al señor Whitehouse en el parking subterráneo de Wolfram y Hart. Su aspecto era lamentable: habían afeitado su cabeza, en la que aun se veían marcas y quemaduras provocadas posiblemente por electrodos (o algo peor) Su mirada, completamente ida, dejaba claro que o bien estaba sedado… o los métodos de extorsión psíquica de Wolfram y Hart habían dejado una huella irrevocable en su cerebro. Posiblemente, una mezcla de ambas.

De alguna forma, el cargamento de aquel camión y el señor Whitehouse estaban relacionados. En aquel momento, el profesor evitó discutir con el señor Park y siguió la recomendación del señor Roth de marcharse de allí y “no meterse en asuntos que no eran de su incumbencia”. Sin embargo, en cuanto vio salir del aparcamiento al camión, seguido de cerca por el todoterreno del señor Park (quien parecía estar al mando de aquella operación), el profesor comenzó a seguirlos entre el tráfico.

Aquel seguimiento llevó al profesor hasta las afueras, atravesando el centro de Los Ángeles así como la zona de Heavenwood Boulevard. Fue allí donde el profesor comprobó que si él había estado siguiendo a Park y al camión, el señor Roth lo había estado siguiendo a él. Por algún extraño motivo, el profesor no sintió alivio al perder de vista a Roth, quien se quedó atrás por culpa de un oportuno semáforo en rojo. Lo cierto es que echó de menos tener a alguien que le cubriese las espaldas… sobre todo cuando tuvo lugar el atentado.

El atentado… En aquel momento, el profesor se sorprendió con la naturalidad con la que asumía conceptos como ese.

Había ocurrido hace diez minutos y ya parecía algo lejano en el tiempo. El convoy dirigido por Park había llegado hasta una zona de suburbios, en la parte sur de la ciudad. El camión cruzó un paso a nivel. Pero el todoterreno de Park tuvo que esperar un fatídico semáforo en rojo. Vanister esperó, una calle más atrás, a que se pusiera en verde. No quería pegarse demasiado a él. Quizá fue esa precaución la que le salvó la vida.

Con el resonar de su escape libre, una moto todoterreno pasó a toda velocidad junto a la berlina de Vanister. El motorista, enfundado de arriba a bajo en cuero negro y con un casco de idéntico color, saltó de su montura, dejando que la moto se deslizara por el suelo hasta llegar junto al todoterreno de Park. Entonces, el motorista pulsó el botón de un mando a distancia.

Y la motocicleta voló por los aires, haciendo que los cristales del todoterreno volasen en mil pedazos y haciéndole dar un par de vueltas de campana por la onda expansiva.

El profesor Vanister apretó el acelerador. No quería atropellarle. Pero el motorista no le dio otra opción: se dio la vuelta y se giró empuñando un subfusil. Al mismo tiempo que apretaba el gatillo y los proyectiles comenzaron a destrozar la luna delantera de su berlina, el morro de su coche golpeó con fuerza al motorista, haciéndolo volar por los aires.

Su cuerpo, completamente destrozado por el tremendo golpe, aterrizó a unos centímetros del todoterreno siniestrado. Mientras comprobaba que sus heridas no eran más que rasguños y una herida leve en el hombro, Vanister vio como, de entre los restos del todoterreno, salía un malherido y aturdido William Whitehouse.

Con un movimiento rápido del volante, colocó su berlina a pocos metros del siniestro.

Profesor Vanister (NE): ¡Señor Whitehouse!

Por puro instinto, con la mirada confusa, el pulso inseguro y varios hilos de sangre manando de sus cortes y heridas; William Whitehouse encañonó por un instante al profesor.

Profesor Vanister (NE): ¡No dispare! (alza las manos, en señal de indefensión) Soy el profesor Vanister… ¿me recuerda?
William Whitehouse (ND): ¿Va… Vanister? ¿Qué demonios…?
Gavin Park (ND): Eh… Perdonen…

Whitehouse se dio la vuelta: pese al efecto de los sedantes, el joven soldado parecía ser víctima de una fuerte subida de adrenalina pues encañonó con firmeza al titubeante señor Park, cuyo traje de chaqueta mostraba signos evidentes de haberse llevado la peor parte de la detonación.

Gavin Park (ND): Eh, eh, eh… Chico, ¿por qué me apuntas?
William Whitehouse (ND): ¿Qué…? ¡Porque ha secuestrado a un agente de La Iniciativa! ¡Por eso!
Gavin Park (ND): Te equivocas, Billy, muchacho… (da un par de pasos hacia delante) No te he secuestrado… De hecho, soy quien estaba intentando… salvarte.
William Whitehouse (ND): No de un paso más…
Profesor Vanister (ND): ¡Señor Whitehouse! ¡Suba al coche! No podemos quedarnos aquí…

Es entonces cuando el profesor capta la atención del señor Park. Y éste abre un poco más sus ojos rasgados, a modo de sorpresa…

Gavin Park (ND): Espere un segundo… usted… Es uno de los ejecutivos del parking…
William Whitehouse (ND): ¿Qué…? (mira al profesor Vanister) ¿Qué está diciendo, profesor?
Gavin Park (ND): Billy, muchacho, tu colega el profesor… también trabaja para Wolfram y Hart.
Profesor Vanister (NE): Usted cállese, señor Park. Señor Whitehouse, por favor…
William Whitehouse (ND): No, él... él tiene razón, profesor. Lleva usted uno de esos trajes… Trabaja para ellos.
Profesor Vanister (NE): Puedo explicárselo, señor Whitehouse. Pero ahora debe subir al coche… ¡antes de que lleguen refuerzos!
Gavin Park (ND): Si, sería mejor que nos largáramos cuanto antes…
William Whitehouse (ND): ¡Usted se queda aquí!
Gavin Park (ND): Si así es como lo quieres, Billy, muchacho... Pero entonces no sabrás quien ha intentado salvarte ni quien ha vendido tu pellejo. Y usted, profesor… no sabrá lo que había dentro de ese camión.
Profesor Vanister (NE): ¿Cómo está tan seguro de que eso pueda interesarme, señor Park?
Gavin Park (ND): Porque lo que llevan dentro de ese camión es suyo, profesor.

Un escalofrío recorre la columna vertebral del profesor Vanister pues sólo hay algo en esta dimensión que pueda ser suyo.
Algo que ni siquiera es de este mundo.

Profesor Vanister (NE): Oh.Dios.Mío… Margaret.
CONTINUARÁ...

miércoles, 1 de abril de 2009

Nuevo Personaje - JOHNNY DO

"¿Qué? Oh, no, no... Ya no me dedico a eso. Aquello fue una moda pasajera, ¿sabes? Ahora el futuro está en..."

35 años. El eterno forastero.

Si tiene familia en alguna parte, John (o Johnny como él mismo pide que le llamen) nunca la ha mencionado. Si tiene algo que pueda llamarse hogar, ese es Springfield. Johnny apareció por primera vez hace cosa de tres años. Por aquel entonces era viajante de una conocida marca de cosméticos. Y lo cierto es que su llegada a Springfield fue puramente accidental: su viejo Camaro negro lo dejó tirado en mitad de Lincoln Square. Quizá de no ser por eso, no habría decidido pasar la noche aquí.

Y desde entonces, Johnny ha seguido viajando por todo el país, regresando de vez en cuando a Springfield. Durante sus breves estancias se hospeda en el motel Gates y pasa los días frecuentando a un sin fin de lugareños con los que, a lo largo de sus visitas, ha trabado amistad. Siempre que regresa de uno de sus viajes, trae consigo regalos para muchos de los habitantes del lugar.

Nadie sabe de donde viene ni a donde va. Pero cada vez que hace una parada en Springfield, todo el mundo sabe que anda por la ciudad. Se suele hospedar en el motel Gates y allí pasa entre una y dos semanas. Durante ese tiempo, se dedica a ir de un lado a otro, habla con todo el mundo... Un tipo majo, la verdad.
(Norman McNamara – Ayudante del Sheriff)

Le puedo asegurar que el señor Do es uno de los pocos clientes que deja su habitación tal y como la encontró. Nunca he tenido queja de él ni le he visto traer a ninguna mujer. Ya sabe a lo que me refiero. Pueden no ser cristianos, pero hay que reconocer que estos chinos son gente muy limpia... ¿o era japonés?
(Lucille Wayne – Propietaria del Motel Gates)

No me gusta. Sí, ya sé que es amable con todo el mundo y que siempre trae regalos para todo el mundo como si fuese el Papa Noel coreano. Pero no sé... ¿A qué coño se dedica realmente? Un día dice que vende enciclopedias y cuando vuelve, dos semanas después, está metido en propiedades. Lo único seguro es que deja su dinero en el banco. Si sigue así, Richie va a tener que nombrarlo cliente del año...
(Ed Braddock – Granjero y Propietario)

Informe Personal - James Roth (Sesión 28-03-09)

De: James Roth, agente de campo.
Para: Sarah Kauffmann, supervisora de equipo.
Asunto: Informe personal de James Roth en relación al caso Nº00230323-X [RICK LOMBARDO contra WOLFRAM & HART]

Hoy he tenido mi primer día de trabajo junto a mis nuevos compañeros, Daniel Dalton y el Profesor Marcus Vanister y, la verdad es que quitando algunos momentos aislados, he de reconocer que parecen acostumbrados a esto de viajar a través del tiempo y del espacio, algo que no suele ser común entre personas normales. Pero claro... si lo fueran, no estarían trabajando para Wolfram y Hart.

El señor Dalton parece preocupado y silencioso por alguna causa. Seguramente tenga que ver con la mención por parte del profesor Vanister acerca de uno de sus compañeros, el tal Leonard Powell. Al parecer eran amigos y murió aquí, en Wolfram y Hart. También he podido comprobar que el señor Dalton es demasiado impulsivo, tal vez deberíamos encontrar la manera de que sus reacciones fueran menos violentas. Así tal vez nos ahorraríamos más de un problema.

Tal vez todo tenga un mismo patrón de comportamiento y se deba a que no se sienta cómodo trabajando en la empresa. También es posible que se deba a la muerte de su amigo. Creo que si conseguimos que con el tiempo se sienta mas relajado, y olvide lo ocurrido, podrá dar todo su potencial.

Por parte del profesor Vanister, sólo decir que se lo ha tomado con una gran filosofía y, aunque no le agrade que yo forme parte del grupo "pensando que soy algo así como una niñera" por lo demás ha cumplido con las ordenes tal y como se especificaba. Y de una manera más cabal e inteligente que el señor Dalton. Sin embargo, demostró una falta de apego a mi vida cuando aquella vampiresa me cogió de rehén. Lo cierto es que yo también hubiera hecho lo mismo: el primer objetivo es siempre cumplir con la misión. Sea como sea.

En resumidas cuentas, creo que ninguno de los dos me salvarían el cuello en un momento de grave peligro, pero es algo que tampoco me hace falta: sé perfectamente cuidarme solo y llevar a cabo los objetivos propuestos. Siempre lo hice así.

Mantendré una vigilancia estrecha en ambos sujetos ya que sin duda tendrán que ganarse la confianza de Wolfram y Hart a pulso pues no es la primera vez que los dos intentan algún subterfugio para engañar a esta firma. Así que con el debido permiso de la señora Kauffman, tratare de saber que hacen en todo momento. Tanto dentro como fuera de nuestra firma.

Pese a no comprender los motivos que empujan a que la firma haya contratado a estas dos personas teniendo a profesionales como yo dentro de Wolfram y Hart, tampoco estoy en posición de discutir, ni dudar los motivos de nuestra supervisora, ella sabe que es lo mejor para la empresa.

Sin más dilación, entrego este informe a la supervisora Kauffman, para que sea archivado como corresponde.

Atentamente,
James Roth. Agente supervisor de campo.

domingo, 29 de marzo de 2009

Sesión 28-03-09

Episodio 3x02.-
Caso Nº00230323-X

RICK LOMBARDO contra WOLFRAM & HART

Agentes Responsables:
James Roth
Daniel Dalton
Marcus Vanister

Responsable de Área:
Sarah Kauffmann

Informe Previo sobre el Acusado:
Richard Devereaux nace en 1814, en el seno de una rica familia de terratenientes, poseedores de importantes tierras en la zona de Louisiana. Oficialmente, el joven Richard muere junto al resto de su familia durante una sangrienta revuelta de esclavos en 1830, en la cual la mansión familiar arde hasta los cimientos. Extraoficialmente, Richard logra sobrevivir no sin sufrir terribles quemaduras que le desfiguran el rostro por completo.

En Octubre de 1831, Richard traba contacto con uno de nuestros agentes. El acuerdo firmado especifica la restauración de su aspecto así como la adquisición del don conocido como Fascinación (ver informe de Recursos Sobrenaturales 4312-R, página 231, párrafo 8)

Bajo el alias de Rick Lombardo, Richard emprende una carrera de sucesivas estafas y fraudes centrando sus objetivos en ricas herederas y mujeres relacionadas con hombres de importantes recursos monetarios.

En Abril de 1836, Rick Lombardo es brutalmente asesinado por varios sicarios contratados por el ganadero Harry Ferguson. Tras fallecer, su alma pasa directamente al archivo provisional 329022, al cargo de nuestro agente Goodwin Steele.

Tras el robo del archivo y la desaparición del agente Steele, el alma del señor Deveraux escapa de su cautiverio junto a las que se encontraban encerradas allí (ver dossier adjunto)

Los informes de rastreo psíquico multi-dimensional indican que el alma del señor Deveraux pudo regresar a su antiguo cuerpo, aproximadamente unas diez horas después de su muerte.

Informe de la Operación:
Los agentes Dalton y Vanister son convocados junto al agente James Roth (recientemente ascendido por sus brillantes actuaciones en anteriores operaciones: ver dossieres adjuntos)

Tras la reunión informativa en la sala de juntas número doce, los agentes son debidamente preparados para la transferencia dimensional: se les proporciona, junto a los trajes reglamentarios, varios maletines de contención especial (debidamente configurados según los parámetros bio-plasmáticos del acusado)

Debidamente inoculados con el suero de resistencia paradimensional; a las nueve horas diecisiete minutos se lleva a cabo el protocolo de salto sin incidentes a destacar.

(a continuación se reproducen algunos fragmentos del informe oral presentado por los agentes a su regreso de la operación)

Danny Dalton: Aquello era el desierto, ¿vale? El jodido desierto…
Profesor Vanister: En aquel momento no nos percatamos pero más tarde averiguaríamos que habíamos aparecido justo en el lugar en el que había sido enterrado el cuerpo del señor Lombardo.
James Roth: El lugar habitado más próximo a nuestro punto de llegada resultó ser un pequeño pueblo de apenas tres o cuatro casas. Su nombre era Apocalipsis y estaba a menos de una hora de camino. Tardamos un poco más a causa de la insolación de la que fue víctima el señor Dalton…

(aunque se han registrado las quejas del señor Dalton con respecto al uso de trajes de chaqueta de color negro en entornos de calor extremo, se han eliminado los comentarios obscenos contra el agente Roth)

Profesor Vanister: Aunque quizá el término "cloaca infecta" sea un poco extremo, lo cierto es que los pocos habitantes que encontramos en Apocalipsis resultaron ser cuatreros y forajidos.
Danny Dalton: El jefe de todos ellos resultó ser un tipo gordo llamado (y esto no te lo vas a creer, colega) Fatboy. Como el jodido Fatboy Slim…

(se han eliminado del registro varios minutos en los que el agente Dalton tararea varias canciones del artista conocido como Fatboy Slim)

James Roth: Sin embargo, antes de que pudiéramos hablar directamente con Fatboy, topamos con su lugarteniente: un indio mestizo al que llamaban Eddie "Fast".
Profesor Vanister: Tanto el señor Fast como su jefe, el señor Fatboy, nos confundieron con detectives de la agencia Pinkerton. Por eso no fue muy complicado hacerles creer que pesaba una cuantiosa recompensa por el cuerpo del señor Lombardo…
James Roth: Fue así como descubrimos que habían sido ellos los que habían enterrado su cuerpo… y uno de los chicos de Eddie Fast, un criollo llamado "Pitch", le había arrancado los ojos al cadáver…
Danny Dalton: Los muy capullos… Tendría que haber visto cómo salieron corriendo cuando vieron la fosa abierta.
James Roth: Eddie Fast y sus chicos se asustaron mucho al comprobar que, en efecto, el bueno de Lombardo había salido de su tumba. Eso nos permitió convencer a Fatboy de que Eddie y los suyos se habían largado con el cuerpo para cobrar la recompensa.
Profesor Vanister: Bueno, lo cierto es que el señor Fatboy tampoco se fiaba demasiado de nosotros.
James Roth: Es cierto… Joder, aun siento nauseas por ese maldito whisky que tuve que tragar.
Danny Dalton: No aguantas nada, tío.
James Roth: Claro… Olvidaba que tú hiciste tu parte cargándote el banjo de aquel pobre tipo.
Danny Dalton: Jódete, Roth.

(fragmento de discusión eliminado)

Profesor Vanister: Una vez los dos hombres del señor Fatboy yacían completamente ebrios, pudimos quitarles sus armas. Lo cierto es que la colaboración del barman fue imprescindible. Me dio la impresión de que usted le recordó a alguien, ¿no es así, señor Dalton?
Danny Dalton: Déjelo, profe…
James Roth: En cualquier caso, pudimos salir de allí. Era ya de noche y no teníamos muy claro a donde íbamos a meternos.
Danny Dalton: Sí… El tal Fatboy fue el que nos dijo que había muchas leyendas locales. Una en concreto nos llamó la atención.
Profesor Vanister: Al parecer había una mansión a unas dos millas de Apocalipsis. Se trataba de un burdel regentado por una misteriosa mujer a la que llamaban Madame Rouge.
James Roth: Fatboy nos dijo que era un burdel muy exótico. Y que la madame era de Nueva Orleáns. Eso junto al hecho de que Lombardo era un mujeriego, nos llevó a pensar que un burdel sería el típico lugar que usaría como refugio.
Danny Dalton: Y lo cierto es que dimos en el clavo.
Profesor Vanister: Mademoiselle Rouge en efecto daba asilo al señor Lombardo, quien en su condición de invidente se encontraba expuesto y prácticamente indefenso.
James Roth: Lo que nos pilló por sorpresa es el hecho de que Rouge y sus chicas fuesen vampiresas...
Danny Dalton: Vampiros... (se toca el cuello inquieto) Odio a esos bichos...
Profesor Vanister: La mención de que trabajábamos para Wolfram & Hart y que buscábamos al señor Lombardo fue lo que llevó a Mademoiselle Rouge a tomar una postura más... beligerante.
James Roth: ¿Beligerante? Se nota que no fue a usted a quien esa vampiresa cogió de rehén...
Danny Dalton: El caso es que el follón que montamos en aquel burdel fue suficiente como para llamar la atención del tal Lombardo, que salió de su escondrijo... Y aquí el profe utilizó uno de los maletines para darle caza.
James Roth: Lo dices como si fuese un gran triunfo. Te recuerdo que el tal Lombardo estaba medio desnudo y ciego como un topo...
Profesor Vanister: Lo cierto es que el señor Lombardo aun conservaba el don de controlar a cualquier sujeto femenino. O al menos esa sensación nos dio pues, en cuanto se vio atrapado en el maletín, la actitud de Mademoiselle Rouge y sus pupilas cambió radicalmente para con nosotros...
Danny Dalton: Y diez minutos después de abandonar ese burdel, comenzamos a sentir ese jodido cosquilleo y... ¡bang! De vuelta al jodido Wolfram & Hart.

(la supervisora Kauffmann da por concluido el registro del informe oral llegados a este punto)

Observaciones:

* El agente James Roth parece haberse integrado bien en la dinámica de grupo. Pese a la carencia de apego que tienen por su vida sus dos nuevos compañeros, no se han detectado incidentes que vayan más allá del mero conflicto verbal.

* El profesor Marcus Vanister parece haber desarrollado algún tipo de sensibilidad paranormal que le permite captar presencias paradimensionales. Si se trata de algún tipo de mutación a raíz de sus desplazamientos entre realidades o un efecto secundario del suero, el Departamento de I+D se encargará de supervisar su evolución (ver dossier adjunto)

* Con respecto al señor Daniel Dalton, muestra una considerable adaptabalidad teniendo en cuenta la reciente pérdida del señor Leonard Powell. Parece ir asimilando su nueva condición y ha comenzado a hacer uso de los recursos de esta firma (ver desglose de contabilidad sobre los gastos realizados con su tarjeta de crédito)

FIN DEL INFORME.

viernes, 27 de marzo de 2009

Sesión 21-03-09 (Parte 3 de 3)

Episodio 3x01.- NEVERDALE
(Epílogo - Parte 3 de 3)

P.O.V. - MARCUS VANISTER

Blanco.

Tendido en ese suelo impoluto, Marcus Vanister abre los ojos. Es el suelo más limpio que ha visto jamás. Es banal. Pero es lo primero que puede pensar mientras su cerebro trata de hacer que su cuerpo se incorpore. Su mente trata de montar un collage de retazos con los últimos acontecimientos. Estaban en un tren. Con el joven señor Powell, si... Y aquel agente de Wolfram & Hart, a quien habían enviado a rescatarlo.

Marcus Vanister (NE): Rescatarme de... ¿de donde?

Colocándose sus gafas y acomodándose a su traje de color gris, Marcus miró a su alrededor. Aquel lugar, esa especie de habitación blanca sin muros, sin paredes ni techo... Lo único seguro era que había un suelo bajo sus pies. Por lo demás, aquel lugar podía ser cualquiera.

Marcus Vanister (NE): ¿Hola? ¿Hay alguien... ahí?

Al darse la vuelta, Marcus vio varias figuras que se encontraban en la lejanía. Dos hombres, de espaldas al profesor, lucían trajes oscuros. Junto a ellos, había tres figuras más. Había una mujer, enfundada en un elegante traje gris de ejecutivo. A su lado, una niña pequeña. Y entre ambas, un hombre en mono naranja, de rodillas y con las manos esposadas a la espalda.

Marcus Vanister (NE): ¡Eh! ¡Oigan! (camina hacia ellos) Perdonen, si pudieran...

Marcus apenas había dado dos pasos cuando la niña pequeña se aproximó a los dos hombres que lucían trajes negros... y les hizo entrega de una pistola. Se detuvo en seco, pensando que quizá sería una amenaza.

Mesektet (ND) (a su espalda): Eres tonto.

Marcus se dio la vuelta: tras él, de la nada, se había materializado una niña pequeña vestida con un uniforme de colegio privado. Rubia, con el pelo lacio y la piel lechosa. Moribunda.

Mesektet (ND): Crees que eres muy listo porque has construido una máquina que te lleva de una dimensión a otra... (juega con un yo-yo) Pero para nosotros, los Ra-Tet, no eres más que un tonto.
Marcus Vanister (NE): ¿Quién...? ¿Quién eres tu?
Mesektet (ND): No lo ves... Soy ella.

Marcus vuelve la vista a la otra niña. La que les ha entregado una pistola a esos dos jóvenes enchaquetados. La misma que ahora señala al hombre arrodillado y esposado. No puede oir lo que dicen. Marcus tampoco lo necesita: de alguna forma, intuye lo que está pasando.

Marcus Vanister (NE): Van... ¡Van a matar a ese hombre!
Mesektet (ND): Es posible... (juguetea con el yo-yo) Pero lo hagan o no, tu no podrás impedirlo, tonto.
Marcus Vanister (NE): ¿Por qué? Solo tengo que...
Mesektet (ND): No podrás... porque ya ha pasado.

Y como una macabra confirmación, el estampido de la pistola llega a oídos de Marcus. Durante una brizna de segundo, la mente del profesor Vanister se entretiene en buscar una explicación científica a por qué las palabras no consiguen llegar a sus oídos y, en cambio, la detonación del arma si lo ha logrado. Quizá porque sólo los acontecimientos clave, aquellos que marcan el inicio o el final de una linea cronológica paralela...

Mesektet (ND): O quizá sea porque tu pequeña mente de humano usa esas absurdas teorías cuánticas para tapar el dolor que te provoca aquello que pasa ante tus ojos.

Aquello no era una niña.
Pero sus palabras eran ciertas.
Su mente había estado elucubrando todo tipo de teorías acerca del lugar en el que se encontraban; sobre qué podía ser el tren del que habían escapado... teorías, teorías, teorías...
Lo que fuese para no percatarse de lo obvio.
Y lo obvio era que aquellos dos jóvenes enchaquetados eran sus compañeros de viaje en esa desquiciada odisea dimensional en la que estaban atrapados.
Lo obvio era que aquel joven que yacía en el suelo, con los sesos esparcidos, era Leonard Powell.

Marcus Vanister (NE): No... Esto no puede suceder. Ese agente de Wolfram & Hart... ¡Le arrebatamos el billete! ¡Debería....!
Mesektet (ND): Al humano que conoces como Leonard Powell se le ofreció un trato... y él tomó su decisión. Y debe pagar por ello.
Marcus Vanister (NE): Pero, yo... Yo también tomé una decisión, yo...

Y mientras lo decía, Marcus lo comprendió. Comprendió cuando había ocurrido. Comprendió por qué había tenido un extraño deja-vu al recordar su viaje a Sunnydale. Comprendió por qué, mientras estuvo en el tren, sus recuerdos solo llegaban hasta el Motel Gates.

...tres orificios en su pecho dejan claro que la vida se le escapa por momentos. Las manos de Leonard se empapan de sangre...

Leonard Powell (tratando de contener las hemorragias): No. Usted no, ¿me oye? Esto no va a pasar otra vez...
Profesor Vanister (NE): Señor Powell... Llévelos de vuelta... Llévelos... a casa...

Comprendió que había muerto.
En el pasado.
Sobre el suelo del Motel Gates.

Marcus Vanister (NE): No sobreviví... (mira a la niña) Pero si que lo hice... El señor Finn logró detener la hemorragia. Lo recuerdó...

...el secuestro por parte de los agentes de "La Iniciativa"; la alianza con Devon Powell y su plan de dar un golpe contra Wolfram & Hart desde dentro…
... la mirada de Sarah Kauffmann al descubrir la traición...

Marcus Vanister (NE): Lo recuerdo todo. Oh. Dios. Mío... Recuerdo todo lo que ha pasado...
Mesektet (ND): El tiempo es una noción que empleais las criaturas tontas como los humanos... Antes y después carecen de significado para los Ra-Tet (hace una cabriola con el yo-yo) ¡Anda! ¿¡Has visto que chuli!?
Marcus Vanister (NE): Pero, ¿por qué me habéis traido de vuelta? ¿Por qué a mi y no a otro...?
Mesektet (ND): Porque puedes ser tonto... pero eres un tonto necesario.
Marcus Vanister (NE): ¿Necesario...?
Mesektet (ND): Por él.

Y señala a Danny Dalton. Un Danny Dalton como jamás antes lo había visto Marcus Vanister. Es un Danny Dalton roto. Sólo por primera vez en toda su vida.

Mesektet (ND): Aquel al que llamais Leonard Powell tomó su decisión. Tú... hubieses tomado otra muy diferente.
Marcus Vanister (NE): Si... Yo no habría dudado.

El profesor Vanister se sorprende de la frialdad de su propia voz. Es sincera y dura. Es la verdad: ante aquella misma decisión, no habría dudado en sacrificar a una alimaña como Devon Powell...
Y eso no le hace sentir mejor.

Mesektet (ND): Ahora debes marcharte... Tienes trabajo que hacer.
Marcus Vanister (NE): Ir... ¿a dónde?

La niña no se molesta en responderle: tan solo se aleja enfrascada en el vaivén de su yo-yo. Con un "ping", las puertas de un ascensor se abren a su espalda, emergiendo de un muro blanco como la nieve. Un muro que nadie hubiese podido distinguir en todo aquel fondo blanco y eterno.

Marcus entra en el ascensor. Cuando las puertas se cierran, pulsa de forma mecánica un botón blanco que hay en el extremo inferior del panel. Nota el leve efecto de la gravedad mientras el ascensor comienza a subir. El único acompañante a sus pensamientos es un insípido hilo musical.
Al menos, hasta que su reflejo en los espejos del ascensor le dirige la palabra.

Marcus Vanister (¿?): Hola, genio.

Trenes imposibles. Habitaciones Infinitas. Niñas con la mirada de un demonio. Que tu propio reflejo te hable desde el otro lado del espejo comienza a ser una de las cosas que no te sorprenden...

Marcus Vanister (NE): Eh... Bien... (se ajusta las gafas) Imagino que esta es otra...
Marcus Vanister (¿?): ...¿triquiñuela de Wolfram & Hart? Joder... "Triquiñuela". Ibas a decir eso, ¿verdad? No cabe duda, como versión mía eres un completo nenaza...
Marcus Vanister (NE): Bueno, en términos exactos, tú serías una versión mía... Dios, no puedo creer que esté hablando...
Marcus Vanister (¿?): ¿Contigo mismo? Mira, ¿crees que me gusta ser tu piloto automático?
Marcus Vanister (NE): ¿Piloto...?
Marcus Vanister (¿?): Asi que no te lo han contado... Vale. ¿De verdad creías que Wolfram & Hart iba a tomarse tantas molestias para sacarte del Otro Lado... sin asegurarse de que ibas a ser un perrito obediente?
Marcus Vanister (NE): ¿Qué eres tu?
Marcus Vanister (NE): Soy tu, genio. O lo era, al menos hasta que en mi dimensión un bastardo llamado Carnahan me... (hace un gesto de cortar el cuello) En fin, ya sabes lo que viene después...
Marcus Vanister (NE): ¿Un tren?
Marcus Vanister (¿?): EL tren, genio. El último tren que todos tomamos. Y a mi me iba a dejar en un lugar muy cálido. Eh, no me quejo: sabía lo que me esperaba habiendo llevado una vida como la mía. Lo que no esperaba era que un tipo de Wolfram & Hart me sacase de ahí... Y me hizo una oferta que no podía rechazar.
Marcus Vanister (NE): Esto es ridículo...
Marcus Vanister (¿?): No voy a darte más detalles, genio. Pero escúchame con atención... Si no haces lo que los jefes quieren, si te sales un poco de lo que te marquen... Bueno, entonces... (sonrie) digamos que sabré lo que es estar en tu pellejo.

Su reflejo se acerca aun más. Marcus da un paso hacia atrás, temeroso como si su otro yo pudiera salir del espejo...

Marcus Vanister (¿?): Y apuesto a que imaginas lo primero que haré en cuanto esté en tu pellejo, ¿verdad? (sonríe maliciosamente) Oh quizá no... porque tú serías incapaz de hacerle esas cosas a Rayna...

El ascensor se detiene. Parece que pasa una eternidad antes de que las puertas se abran...

Marcus Vanister (¿?): Esta es tu planta, genio. Ya nos veremos...

Las puertas se abren y Marcus Vanister sale del ascensor como a quien persigue un fantasma. Varios oficinistas y secretarias lo miran desde sus escritorios. Vanister mira a su alrededor, contemplando el ajetreo cotidiano de una oficina cualquiera. Una oficina de Wolfram & Hart.

Sin despegar su mirada de las puertas del ascensor, Marcus tropieza con alguien. A punto está de disculparse cuando, al darse la vuelta, reconoce al joven trajeado que lo mira con gesto prepotente...

Marcus Vanister (NE): Usted. (mira con desprecio) De todas las personas que esperaba encontrar aquí... usted es la última a quien esperaba encontrarme.
James Roth (ND): ¿Por qué? (se quita las gafas de sol) ¿Porque me arrebató el billete? Me temo que sabrá mucho de ciencia o de aquello de lo que usted sea profesor... Pero en lo que respecta a cómo trabajamos aquí, aun le queda mucho por aprender.
Marcus Vanister (NE): ¿Y usted me las va a enseñar?
James Roth (ND): Sé que me culpa por la muerte de ese chico... Leonard, ¿verdad?
Marcus Vanister (NE): Si le queda un mínimo de decencia, no vuelva a pronunciar su nombre, señor...
James Roth (ND): Roth... (le tiende la mano) James Roth.

Marcus Vanister mira la mano que le tiende el joven. En su rostro no hay ni un ápice de compasión. Ha dejado que un crío de diecisiete años vaya de cabeza al infierno. Y ahora espera que le estreche la mano...

Antes de pronunciar unas palabras duras y cargadas de rencor, el pitido de un busca resuena en el bolsillo del profesor Vanister. Es el mismo pitido que suena también en el bolsillo del joven James Roth.

Marcus Vanister (NE): ¿Qué demonios...?
James Roth (ND) (mirando el busca): En fin, parece que la señora Kauffmann nos llama...

El joven camina con paso firme a través del pasillo. Se detiene y lanza una mirada divertida al profesor Vanister.

James Roth (ND): Anímese profe. Éste no es solo su primer día en Wolfram & Hart... (se calza las gafas de sol y sonríe) Bienvenido al primer día del resto de su vida...

CONTINUARÁ...