jueves, 28 de mayo de 2009

Sesión 16-05-09 - Parte 2 de 2

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como “el prisma”.
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

… O A MORIR EN EL INTENTO.
Ben Braddock (NE): No… No puede ser…

Padre Vincent Layton (ND): Me temo que si. Fred Fesster es una de las almas que deberán capturar.

Episodio 3x08.-
Caso Nº00520910-X
NEVEREND contra WOLFRAM & HART

Universo Neverend
Piso franco de Billy Whitehouse. Suburbios de Los Ángeles.
Ahora.


Devon Powell (NE): Ahí estas...

Devon Powell llevaba esperando dos horas apoyado en aquella ventana. Sabía que su paciencia tendría su justa recompensa. A fin de cuentas, la paciencia era una de sus armas más poderosas. No tanto como el dinero o las influencias, claro. Pero la paciencia era lo que le permitiría alzarse de entre las cenizas. El dinero le daría los medios para levantar de nuevo las Torres Powell, aunque probablemente lo haría aquí, en Los Ángeles. Y las influencias en el gobierno y el ejército le permitirían retomar sus experimentos. El programa Twilight seguiría adelante y crearían una fuerza militar capaz de explorar otras dimensiones... Las posibilidades eran infinitas.

Abajo, en la calle y bajo la luz de las farolas, William Whitehouse se aproximaba a la entrada del bloque de apartamentos. Junto a Ben Braddock, el profesor Vanister y un grupo de viajeros procedentes de otro Springfield paralelo; Whitehouse había sido responsable del colapso de las Torres Powell y de que sus planes se hubiesen visto retrasados.

Por no hablar de la muerte de Leonard, claro.
Su hijo.

Devon Powell (NE): Muy bien, señores... (apartándose de la ventana) Estén preparados: el señor Whitehouse es... especialmente escurridizo.

Mientras sus dos guardaespaldas tomaban posiciones a ambos lados de la puerta del apartamento, Devon miró a la joven que dormía tendida en el sofá. Aun le costaba creer que aquella mosquita muerta pecosa y flacucha hubiese sido capaz de volar la cabeza de su hijo.

Por suerte, las influencias de Devon iban más allá de lo financiero, lo político y lo militar. Algunas iban más allá de la misma muerte.

Un par de disparos resonaron fuera, en la calle. En un barrio como aquel, dos disparos no iban a atraer la atención de la policía. Devon miró al exterior. Dos individuos trajeados flanqueaban el coche en el que dos de sus hombres montaban guardia. Aunque no reconoció a los trajeados, sólo había una cosa segura.
Whitehouse había desaparecido.

Billy Whitehouse (NE): Es hora de acabar con esto...

Devon se dio la vuelta y ahí estaba: de pie, a menos de cinco metros y con sus dos guardaespaldas encañonándole, con el gesto sorprendido de haberlo visto llegar veloz como una centella.

Billy Whitehouse (NE): No sé cómo lo has hecho, hijo de puta... No sé cómo has conseguido volver de entre los muertos...
Devon Powell (NE): Le aseguro que yo tampoco lo comprendo a ciencia cierta, señor Whitehouse... Eso me recuerda que debo contactar con mi abogado, el señor Goodwin Steele.
Billy Whitehouse (NE): Diga a sus hombres que bajen las armas.
Devon Powell (NE): ¿Cómo? Señor Whitehouse, compréndalo... Usted no va armado. Ellos sí. No está en posición de negociar. Nunca lo ha estado. Yo, en cambio...

Devon Powell señala el sofá en el que reposa una inconsciente Rachel.

Devon Powell (NE): Yo tengo todas las cartas, señor Whitehouse. ¿De verdad cree poder hacer algo para evitar que gane esta partida?

Billy Whitehouse miró la ventana, a espaldas de Devon Powell. Y sonrió.

Billy Whitehouse (NE): Si. Creo que si.

Universo Neverend.
Exterior del piso franco de Whitehouse. Suburbios de Los Ángeles.
Tres minutos antes...

Danny Dalton: Es una pésima idea, profe.

El profesor Vanister no le contestó: seguía mirando los vendajes improvisados que habían frenado de momento la hemorragia craneal de Ben. Éste seguía inconsciente, más muerto que vivo...

Profesor Marcus Vanister (NE): Si el señor Whitehouse quiere resolver sus asuntos pendientes con Devon Powell, ¿quiénes somos nosotros para interponernos?
Danny Dalton: Los tipos que han venido a devolverlo al infierno. Eso para empezar, profe.

Afuera, Billy Whitehouse caminaba con paso firme hacia su casa. Dentro de aquel apartamento estaba el hombre que lo había utilizado como rata de laboratorio. El hombre que había arruinado no sólo su vida, sino también la de Ben Braddock.

Danny Dalton: Profe, ¡problemas!

Danny señaló un coche que había aparcado al otro lado de la calle. Los dos tipos que había dentro parecían llevar un luminoso neón sobre sus cabezas. Y en él podía leerse “Escoria a sueldo de Devon Powell”.

Profesor Marcus Vanister (NE): Deberíamos...
Danny Dalton (saliendo del coche y empuñando su pistola): Actuar. Ya.

Antes de poder darse cuenta, ambos caminan en dirección al coche de los matones de Powell. Si no consiguen detenerles, piensa Danny, al menos podrán darle algo de ventaja a Billy. La idea es sencilla: encañonar a los matones antes de que ni tan siquiera puedan sacar sus propias pipas. Los muy bastardos no les dan la oportunidad: les han visto venir y parecen dispuestos a apretar el gatillo sin hacer preguntas. Danny no tiene problemas en ponerse a su nivel y volar la cabeza del primero de ellos. El parabrisas se llena de sangre. El conductor rebusca su arma y casi se mea en los pantalones cuando el profesor Vanister mete el cañón de su pistola por la ventanilla.

Y un sonoro “click” deja claro que su arma se ha encasquillado.

Profesor Vanister (NE): Oh. Cielos...
Danny Dalton: ¡Profe! ¡Al suelo!

Vanister besa el suelo mientras un segundo disparo de Danny impacta contra la nuca del conductor, que cae sobre el claxon. Danny se acerca hasta el profesor.

Danny Dalton: ¿Esta usted bien? Casi...

El sonido de cristales rotos interrumpe su frase. Apenas si tiene tiempo de mirar hacia arriba y ver como, de una de las ventanas del quinto piso, surgen dos figuras. Caen al vacío enzarzadas en una mortal melé. Y con el crujido del metal y los huesos quebrados, ambos caen pesadamente, aplastando el techo del coche.

Profesor Marcus Vanister (NE): ¿Qué...?
Danny Dalton: Oh, mierda...

Entre estertores, Devon Powell boquea, como quien intenta articular unas últimas palabras, ahogadas por la sangre que brota de su garganta. Sobre él, yace el cuerpo inerte de Billy. Una docena de impactos de bala marcan su espalda.

Danny Dalton: Lo siento, chico... Profesor, el maletín.

Danny marca el triple seís en la cerradura automática del elegante maletín. Por un segundo, antes de abrirlo ante él, mira a Devon Powell.

Danny Dalton: Muy bien, viejo cabrón... Hora de volver al infierno.

Universo Neverdale.
Instalaciones Médicas de Wolfram y Hart.
Dos meses después.

Ben Braddock despierta. Sus últimos recuerdos son de un vagón de metro. Recuerda haberse incorporado a toda velocidad, tratando de ayudar al profesor Vanister (pero, ¿a qué? ¿ayudarlo para qué?) Luego, un tropezón absurdo y... oscuridad.

James Roth (ND): Bienvenido al mundo de los vivos.

Ben Braddock tiene media cabeza vendada y siente sus movimientos lastrados por obra y gracia de los analgésicos. La cabeza le zumba y le retumba.

Ben Braddock (NE): ¿Qué...? (se percata de que está tendido en una cama de hospital) ¿Qué ha pasado?
James Roth (ND): Tranquilo, Capi... Tómatelo con calma. Llevas cerca de dos meses así...
Ben Braddock (NE): ¿Dos... dos meses? ¿Y el profesor? ¿Y Danny?
James Roth (ND): El profesor y Danny han venido a verte a menudo, desde que llegaron de esa misión...
Ben Braddock (NE): ¿Misión? ¿Qué... misión?
James Roth (ND): Espera un segundo... ¿no recuerdas nada?
Ben Braddock (NE): No recuerdo... no recuerdo nada de…

De repente, Ben siente que algo falta. Algo además de ese enorme vacío oscuro en el que debían estar sus recuerdos.
Mira sus manos.

Ben Braddock (NE): El anillo... (mira a Roth) ¿Dónde está el anillo?

James Roth se incorpora al tiempo que Ben se desconecta de los aparatos de medición.

James Roth (ND): Tranquilo, ¿vale? El anillo lo tiene el profesor. Esta sano y salvo.

Como si hubiese realizado un conjuro, la puerta se abre. El profesor Vanister y Danny Dalton hacen acto de presencia, luciendo sus elegantes trajes de Wolfram y Hart.

James Roth (ND): ¿Lo ves?
Danny Dalton: Capi...
Profesor Vanister (NE): ¡Señor Braddock! ¿Cómo se encuentra...?
Ben Braddock (NE): Estoy bien, profesor pero... ¿el anillo?
Profesor Vanister (NE): No se preocupe, señor Braddock... (muestra sus manos enguantadas) No he tenido ningun percance... al menos no tan grave como el suyo.
Danny Dalton: Ben, sobre lo que pasó en la misión...
Ben Braddock (NE): Me lo cuentas por el camino, Danny...

Ben se incorpora, buscando sus ropas.

Danny Dalton: Un momento, Ben... ¿camino de donde?
Ben Braddock (NE): Es hora de arreglar un asunto, Danny... (mira las manos enguantadas del profesor) Volvemos a Nueva York.

CONTINUARÁ...

martes, 26 de mayo de 2009

Sesión 16-05-09 - Parte 1 de 2

ANTERIORMENTE, EN “NEVEREND”...
Danny Dalton: Así que en esta dimensión, Leonard, tú y yo volvimos sanos y salvos.


EL HOGAR DE BEN BRADDOCK Y MARCUS VANISTER...
Ben Braddock: Espere, profesor... ¿dice que éste Billy es de otra...?

Marcus Vanister: No, señor Braddock. Éste es nuestro Billy. Solo que le han implantado el ADN del otro Billy. Compatibilidad genética perfecta, claro...

UNA REALIDAD ALTERNATIVA...
Billy Whitehouse: Ben, ese año y pico que llevas pensando que yo estaba en Nueva York... ha sido un año y pico en el que me han hecho ni se sabe cuantos experimentos y mierdas médicas. Y alguien tiene que pagar por ello.


DONDE VOLVIERON A CASA UN AÑO DESPUÉS...
Billy Whitehouse: Devon Powell está enviando máquinas de salto dimensional a saquear otros mundos...
Ben Braddock: Alguien tiene que pararle los pies.

UNA DIMENSIÓN QUE CREEN HABER DEJADO ATRAS...
Ben Braddock (después que Rachel haya volado la cabeza a Leonard Powell): Rachel, no... Tranquila. Tranquila...
Leonard Powell (aun sobresaltado, mirándose a sí mismo... y manchado la sangre de su otro "yo"): Joder...

... Y A LA QUE TENDRÁN QUE VOLVER.

Episodio 3x08.-
Caso Nº00520910-X
NEVEREND contra WOLFRAM & HART


Universo Neverend.
Hace unas horas.

“... a la espera de nuevas noticias. Mientras tanto, las fuerzas militares mantienen el cerco en torno al condado de Springfield, California, dos meses después de los desafortunados atentados terroristas contra las instalaciones de Powell Corporation...”

“... los rumores en torno a la muerte de su principal accionista, Devon Powell, quedaron desmentidos tras una rueda de prensa sorpresa dada a primera hora de esta mañana en la sede de la corporación aquí, en Los Ángeles. El señor Powell no quiso hacer mención...”

“... la implicación del número dos de la Powell Corporation, Jack Dalton, en la intentona terrorista perpetrada contra intereses estratégicos nacionales. Las autoridades militares no descartan la posibilidad de que otros terroristas hayan buscado refugio aquí, en Los Ángeles...”

Billy Whitehouse cambiaba de canal, uno tras otro. Rachel, acurrucada a su lado, se revolvió entre sueño y sueño, murmurando. Billy apagó el televisor y esperó que el rumor de los suburbios no la despertasen. Hacia dos meses que Rachel apenas si conciliaba el sueño. Y aquella era la primera vez que lo lograba sin calmantes. Billy la llevó hasta la cama y la dejó descansar. Luego recogió su cazadora gastada y rebuscó en sus bolsillos. Durante un par de minutos, Billy sostuvo en la mano aquellas dos entradas para el final de la temporada de futbol. Tribuna lateral.

Billy Whitehouse (NE): Ben...

Ben Braddock había llegado a ser una prometedora estrella del futbol profesional. Billy nunca había aspirado a tanto. Y sin embargo... Miró por un segundo sus cicatrices, las que cubrían sus brazos y, por debajo de la ropa, otras zonas de su cuerpo. Las que Devon Powell y sus siniestros experimentos habían provocado en él. De no haber sido por Ben y los demás, Billy aun seguiría siendo un conejillo de indias en manos de Devon Powell. Aun seguirían implantándole ADN de sus otras versiones de otras dimensiones alternativas.

Ben se había marchado con aquel peculiar grupo de viajeros dimensionales: las versiones de Danny Dalton, Leonard Powell y aquel chico, Fred Fesster. No había vuelto a saber de ellos en aquellos dos meses.

Dos meses... y los Patriots iban a jugar su primer partido de temporada. Si Ben iba a cumplir su promesa, Billy estaría allí para verlo. Poniendose la cazadora, se dispuso a abrir la puerta cuando escuchó una voz a su espalda...

Rachel Wayne (NE): ¿Billy...? ¿a dónde...?

Rachel lo miraba desde el umbral del dormitorio. Parecía estar a punto de venirse abajo entre lágrimas. Discutir con ella no serviría de nada.

Billy Whitehouse (NE): Vuelve a la cama... Yo... Estaré bien, Rachel...
Rachel Wayne (NE): Vas a verle, ¿verdad?
Billy Whitehouse (NE): Sé que es peligroso, Rachel. Pero hizo una promesa... y Ben siempre cumple. Si dijo que estaría allí...
Rachel Wayne (NE): Estará ahí, Billy. (se acerco a él) Y ese es el problema... Ben... sus... sus amigos... Ellos siempre traen problemas.

Billy abrazó a Rachel, sintiendo como temblaba de miedo y preocupación. Devon Powell había hecho algo más que regresar milagrosamente de entre los muertos: había conseguido movilizar al ejército y al departamento de policía de Los Ángeles para buscarles. A él y a Rachel. A él lo buscaba por ser su conejillo de indias. A Rachel la buscaba por otro motivo. La buscaba por pura y sencilla venganza.

A fin de cuentas, fue Rachel la que había matado a su hijo.

Universo Neverdale.
Hace unas horas.

Danny Dalton: Y una mierda... No pienso hacerlo, tio.

La habitación era una de las más caras, ya no del hotel sino de todo Los Ángeles. Danny Dalton había necesitado apenas un par de días para convertirla en una zona de guerra. Mientras lo veía dar vueltas de un lado para otro, tratando de contenerse para no destrozar su guitarra contra las paredes de la suite; James Roth trataba de buscar las palabras necesarias para calmarlo.

James Roth (ND): Me temo que no estas en posición de negociar, Danny... A fin de cuentas es tu cometido...
Danny Dalton: ¿Mi cometido? No me jodas, Roth... Claro que a ti te da igual. No era tu amigo, ¿no? ¡Para ti es solo una puta alma fugitiva más!

James Roth apretó con fuerzas las manos. Suspiró y se levantó, dispuesto a marcharse. No quería hacer o decir nada que pudiera lamentar.

James Roth (ND): Mira, yo sólo he venido a avisarte, ¿de acuerdo? Avisarte de que la próxima alma que te envien a cazar puede ser la de Fred Fesster.

Roth caminó hasta la puerta, aprovechando el silencio meditabundo de Danny. Puso la mano en el pomo y estaba a punto de abrirla cuando cedió. Cedió a decir algo de lo que posiblemente algun día se lamentaría.

James Roth (ND): Por cierto, Danny... Si te niegas a dar caza a Fred... tendrás todo mi apoyo.

Danny lo miró como si hablara en un idioma extraterrestre.

Danny Dalton: ¿Cómo...?
James Roth: Que estaré contigo, ¿vale?
Danny Dalton: Ah, claro... “estarás con nosotros”. Porque te conviene, ¿no? Porque trabajas para Manners a espaldas de Kauffmann. Porque a tu jefe le conviene que nos larguemos de esta dimensión, ¿es eso?
James Roth (ND): Danny, escucha...
Danny Dalton: No, Roth. Vas a escucharme tu a mi. Vas a conseguirme una entrevista en persona con Manners. Y vas a dejar de tutearme, joder. No me fio de ti. Nunca me he fiado de ti. ¿Está claro?

Roth lo miró y guardó silencio por un instante. Entonces comenzó a sonar el busca de Danny. Era Kauffmann: un nuevo trabajito para Wolfram y Hart les esperaba. Roth se dispuso a salir de la suite.

Danny Dalton: ¿A dónde crees que vas?
James Roth (ND): Tengo el día libre, ¿vale? No os acompaño en esta misión...
Danny Dalton: Una última cosa, Roth.

Roth lo miró desde el umbral de la puerta.

Danny Dalton: La carta que me diste. La que estaba escrita por Leonard... Dijiste que te la entregó un agente de Wolfram y Hart. ¿Dónde...?
James Roth (ND): Déjame darte un consejo gratis, agente Dalton. Olvídate de Leonard Powell. Como solemos decir en Wolfram y Hart... “es un caso perdido”.

Y cerró la puerta tras de sí. Danny tuvo el impulso de salir a buscarlo y pedirle más explicaciones. Pero algo le decía que no le iba a gustar lo que iba a descubrir si seguía interrogando a Roth.

Aun dudaba sobre si perseguirlo o no cuando la puerta de su suite volvió a abrirse. Ben Braddock lo miró mientras terminaba de ponerse la corbata.

Ben Braddock (NE): ¿Danny? Es Kauffmann, tenemos...
Danny Dalton: Si, Capi, si: Ya lo sé. Tenemos trabajo.

Universo Neverend.
Estadio de los Patriots, Los Ángeles.
Grada Interior, Izquierda.
Ahora.


Rachel tenía razón.
Aquel era el pensamiento que se repetía una y otra vez mientras las pistolas resonaban desde el graderío del estadio desierto. Billy saltaba los escalones de tres en tres, aferrando con fuerza a Rachel y presionando al máximo sus capacidades de velocidad incrementada. Por un segundo pensó que fueron esos terribles y dolorosos experimentos a los que lo había sometido Devon Powell lo único que lo habían permitido sobrevivir tanto tiempo.

Jadeando, Billy llegó hasta la barrera de seguridad. A pocos metros por debajo, el terreno de juego. Mientras, en lo alto de las gradas y rodeando por completo el hemiciclo, una docena de tipos trajeados, con gafas de sol y pistolas automáticas salieron a su encuentro.

Rachel Wayne (NE): Oh, no... Estan por todas partes. Billy, ¡van a cogernos! ¡No dejes que me cojan!
Billy Whitehouse (NE): ¡No voy a permitirlo! ¿me oyes? ¡No voy a dejar que te hagan daño pero ahora tienes que ser fuerte, Rachel!

Entonces, en el silencio de aquel estadio desierto, se pudo escuchar el eco de los percutores de sus armas. Estaban rodeados. Billy podría tener una oportunidad gracias a su velocidad y reflejos sobrehumanos. Pero Rachel... Billy la colocó tras de sí, como si él mismo fuese un chaleco antibalas. Miró por un instante a los tres matones de Powell que se acercaban a él, pistola en mano.

Billy Whitehouse (NE): Muy bien. (encarando con valor a sus perseguidores) Estoy listo para...

Dejó la frase en el aire. Para su sorpresa, los tres tipos trajeados se detuvieron. Bajaron sus armas durante un instante. Billy se sorprendió: ¿tan convincente les había parecido?

Entonces miró a Rachel y vio sus ojos, asustados, mirando al terreno de juego. Cuando Billy se dio la vuelta y vio aquella esfera de energía azulada que se estaba materializando en mitad del campo de futbol, comprendió que no era a él a quien estaban mirando todos.

Allí, sobre el cesped del terreno de juego, acababan de materializarse tres figuras que Billy alcanzó a reconocer pese a sus elegantes trajes de ejecutivo. Danny Dalton, el profesor Marcus Vanister y Ben Braddock.

Por un segundo, Billy se permitió el lujo de sonreir.
Ben.
El muy cabrón había cumplido su promesa.

Fue entonces cuando un primer disparo impactó a escasos centímetros de Billy y Rachel. El descanso había terminado y había llegado la segunda parte del partido. Billy saltó por encima de la barrera y sus pies tocaron el cesped del campo. Con Rachel de la mano, se dispuso a hacer la carrera de su vida. Y entonces recordó algo que solía decir el entreneador McDugan...

“Si tienes a Braddock de tu parte en el terreno de juego, no hay partido imposible”.

Billy rezaba para que el viejo McDugan tuviese razón.

Universo Neverdale
Sala de Juntas nº2.Planta Octava de la sede de Wolfram & Hart en Los Ángeles
54 minutos antes.

Sarah Kauffmann (ND): Me temo que este caso les atañe de una forma muy personal, caballeros...

Dejó caer el dossier sobre la mesa de reuniones como quien deja caer una bomba. Marcus Vanister, Danny Dalton y Ben Braddock intercambiaron unas silenciosas y nerviosas miradas. Lo peor de todo es que aquello no les tomaba por sorpresa.

Entonces las luces se apagaron y en la pantalla de proyecciones apareció el rostro de su próximo objetivo. Era una de las almas fugadas del Libro de las Sombras... y Sarah Kauffmann tenía razón: era un viejo conocido.

Pero, para su sorpresa, no era Fred Fesster.

Sarah Kauffmann (ND): Devon Powell... o al menos una de sus infinitas versiones en otros tantos infinitos universos. Sin embargo, como les decía, es un viejo conocido de ustedes...

El profesor Vanister fue el primero en hojear el dossier. Pálido y sin poder articular palabra, pasó el informe a Ben. Su corazón casi da un vuelco al leerlo.

Ben Braddock (NE): Tiene que estar de broma...
Sarah Kauffmann (ND): Me temo que no, señor Braddock. Es el Devon Powell de su universo.
Danny Dalton: Espere un segundo... ¿el Devon Powell de qué universo?
Ben Braddock (NE): Del nuestro, Danny... (deja el informe sobre la mesa) Volvemos a casa, Profesor.

Universo Neverend
Metro de Los Ángeles, Línea 20.
En algun punto bajo Tershire Boulevard y Gibbons.
Dos horas más tarde.


Profesor Marcus Vanister (NE): ¡Mantened la herida presionada!

Mientras el profesor marca el camino, Danny Dalton y Billy Whitehouse intentan sacar del vagón de metro a un inerte Ben Braddock. Tras de sí, además de un reguero de sangre, dejan a todo el pasaje, más de dos docenas de personas murmurando entre curiosos y temerosos.

Billy Whitehouse mira el rostro de los asustadísimos pasajeros y, por un momento, se alegra de haber dejado a Rachel en el hospital. Ya fue demasiado para ella la precipitada fuga del estadio de los Patriots. Billy no quiere ni imaginarse el shock que le habría producido verse en esa situación.

Danny Dalton: ¡Billy! ¡Joder, colega, date prisa!

El vozarrón de Danny le hizo volver a la realidad: de una fuerte patada, Danny había reventado el candado de una compuerta metálica. Bajo la ténue luz de una desnuda bombilla, Billy y Danny rebuscaron entre los rincones de aquel cuarto de mantenimiento, rezando por encontrar cualquier cosa que pareciese un botiquín.

Profesor Vanister (NE): ¡El señor Braddock necesita un médico!
Billy Whitehouse (NE): Pero, ¿qué demonios ha pasado? Hace un momento, mientras escapabamos en el metro, era todo agilidad y velocidad...
Danny Dalton: Y de repente tropieza y rompe con la cabeza una de las ventanillas del metro...
Profesor Vanister (NE): Ha sido el anillo, señor Dalton. Ese anillo... ¡Pero ahora no hay tiempo! ¡Tenemos que buscar un médico!
Billy Whitehouse (NE): ¡Imposible, profesor! ¡Se lo dije! Mire, no tiene por qué contarme por qué andan buscando a Devon Powell... ¡Pero él me busca a mi! ¡Y ha puesto a toda la policía de Los Ángeles tras mi pellejo!
Danny Dalton: Oye, tio... Por culpa de llevar a tu Rachel a un puto lugar seguro tenemos a la poli tras nuestros talones. Pero, claro, ahora que es Ben quien necesita un médico te entran los reparos...
Billy Whitehouse (NE): Dalton, Ben es mi mejor amigo. Si crees que voy a dejarlo morir...
Profesor Vanister (NE): ¡Es suficiente, caballeros! ¡Sus discusiones no ayudarán a detener la hemorragia craneal del señor Braddock!

Por un instante, tanto Danny como Billy miran el cuerpo de Ben. Apenas respira. Puede que le queden minutos de vida. Y durante unos segundos, nadie sabe qué hacer. Nadie dice nada.

Billy Whitehouse (NE): Tienes razón, Danny... Necesita un médico. Y voy a buscarlo.

Billy sube apresuradamente las escaleras que le llevan hasta la calle. Lo cierto es que no tiene nada. Ni la más remota idea de qué puede hacer.

Es entonces cuando suena su movil. Reconoce el número de Rachel. Probablemente se haya despertado en el hospital. Estará aterrorizada.

Billy Whitehouse (NE): ¿Rachel?

Pero al otro lado del móvil, una voz conocida y terrible corta la respiración de Billy.

Devon Powell (NE): Me temo que Rachel no puede ponerse ahora mismo, Whitehouse.

CONTINUARÁ...

miércoles, 6 de mayo de 2009

Sesión 02-05-09

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como “el prisma”.
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x07.-
WOLFRAM & HART contra MASSARA

Bar “RaveNant”. Polígono Industrial Eisenhower.
Afueras de Los Ángeles.
15:12 P.M.

Profesor Marcus Vanister (NE): ¿Qué?

Incluso a esa hora, aquel local de siniestra decoración tenía la música a todo volumen. Quizá por eso, pensó, lo habían traído hasta aquí. Ni el mejor de los micrófonos podría captar ni una triste palabra de todo lo que le habían contado.

El señor Braddock suspiró y se preparó para contar toda aquella historia de nuevo. Por su parte, el señor Roth miró hacia arriba, con cierta desesperación. Como si ya supiese que aquello iba a ocurrir...

Ben Braddock (NE): Profesor, se lo vuelvo a repetir...
Profesor Marcus Vanister (NE): No es necesario, señor Braddock. Es sólo que... Wolfram y Hart me ha mantenido tan ocupado en sus laboratorios que... bueno, cuesta creer que hayan descubierto tantas cosas en tan poco tiempo.
James Roth (ND): Mire, profesor... Danny Dalton tampoco cree esta historia, ¿vale?
Profesor Marcus Vanister (NE): El señor Dalton se encuentra ahora mismo bajo la observación del personal de I+D, señor Roth... Pero no se preocupe. Creo su historia. A fin de cuentas, siempre he sospechado que Leonard había conseguido escapar de aquel...

Vanister lucha por no definirlo con una sola palabra. Pero por desgracia no encuentra nada con lo que referirse a ese estado entre la vida y la muerte...

James Roth (ND): Aquel tren, ¿verdad?
Profesor Vanister (NE): Si... De alguna manera usted consiguió escapar. Lo que significa que Wolfram y Hart tienen el alma de Leonard en alguna parte.
James Roth (ND): Si Holland Manners lo sabe, no me lo ha dicho... Y si lo sabe Sarah Kauffmann...
Ben Braddock (NE): Si lo sabe Kauffmann ya es otra cosa que tenemos que averiguar. Lo único que nos ha garantizado su auténtico jefe, el señor Manners, es el prisma, ¿no, señor Roth?
James Roth (ND): Aja.
Profesor Vanister (NE): Aun necesitaremos saber donde está la tanqueta. Nadie en I+D tiene idea de donde la han llevado... tan sólo que la desmantelaron pieza a pieza y la llevaron en cajas a alguna parte.
James Roth (ND): Normal, teniendo en cuenta que intentaron atentar contra el convoy que la transportaba por primera vez... Eso me recuerda que podríamos hacerle unas cuantas preguntas al respecto al señor Park. Cuando vuelva de su viaje de negocios...
Ben Braddock (NE): La ausencia del señor Park al menos nos deja un día libre de cualquier encargo de Wolfram & Hart... y tenemos demasiadas incógnitas aun.
Profesor Vanister (NE): ¿Dónde esconden a Margaret 2.0?
James Roth (ND): ¿En qué consiste el plan apocalíptico de Kauffmann y qué papel juega Danny en él?
Ben Braddock (NE): Y el paradero de Leonard... Demasiadas preguntas.

Entre los tres se forma un molesto silencio. Molesto porque deja en evidencia el callejón sin salida al que han llegado sus indagaciones.

Profesor Vanister (NE): Caballeros... a la hora de plantar cara a Wolfram & Hart vamos a necesitar aliados.
Ben Braddock (NE): Lo más parecido a un aliado que hemos tenido... (mira su mano enguantada)
James Roth (ND): ¿No pensarás en tu primo Bradley? ¿Olvidas que trabaja para Wolfram...
Ben Braddock (NE): No pensaba en él... pero tiene relación con estos malditos anillos.

Ben Braddock se incorpora con decisión y guia sus pasos hasta el teléfono público que hay junto a la barra.

James Roth (ND): Pero... ¿a quien cojones vas a llamar?
Ben Braddock (NE): ¿Operadora? Quisiera un número particular de Queens...

Antes de que pueda pronunciar el nombre de la capilla, los muros del pub comienzan a transformarse ante la mirada incrédula del profesor Vanister. Éste se incorpora y se quita las gafas, como si su miopia galopante pudiera arrojar algo de luz a aquello que estaban viendo sus ojos.

Para cuando quieren darse cuenta, ya no están en el pub RaveNant. Ni siquiera estan en Los Ángeles.

Bajo la luz que se filtra a través de las vidrieras, Braddock, Roth y el profesor Vanister contemplan la figura monacal del padre Vincent Layton.

Ben Braddock (NE): ¿Profesor Vanister? Le presento al padre Layton...

Pozos de Brea.
Los Ángeles.
20:09 p.m.

Arthur Craig (ND): Así que os envía Layton...

Craig saca dos cabezas a Ben Braddock. Aquello no deja lugar a dudas de que es, posiblemente, el tipo más corpulento al que se han enfrentado en este universo. Ha bajado de su moto, una impresionante Harley Davidson. Lo único que resalta en su conjunto de tipo duro es el emblema que lleva en la solapa de su cazadora de cuero. Un emblema de una orden vaticana.

Ben Braddock (NE): Si lo hemos citado aquí... no es para buscar problemas, señor Craig.
Arthur Craig (ND): Si Layton os deja entrar en su capilla privada, eso es asunto suyo. No tengo por qué...
James Roth (ND): Vamos a ayudarte. Como favor a Layton.
Ben Braddock (NE): Busca anillos, ¿verdad? (se quita el guante) Como este.

Arthur Craig abre los ojos, sorprendido. Hace un gesto, como si intentase cogerlo. Ben da un par de pasos hacia atrás.

Ben Braddock (NE): No tan deprisa. Este anillo no va a ninguna parte...
James Roth (ND): Pero vamos a ayudarte a recuperar otro que andas buscando. Y que está aquí, en Los Ángeles.

El profesor Vanister escucha a Roth y a Braddock poner en antecedentes a Craig. Los dos jóvenes repiten, casi palabra por palabra, lo mismo que ya les dijese aquel fantasmagórico personaje, el padre Layton, en aquella experiencia psíquica compartida. Para cuando acaban de contarlo, Arthur Craig permanece en silencio. Segundos después, sin mediar palabra, se acerca a las alforjas de su Harley y rebusca en ellas.

Ben Braddock (NE): Sigo sin fiarme de alguien que intentó matarnos en Nueva York...
James Roth (ND): Recuerda lo que dijo el profesor. Aquello ocurrió en un pasado que dejó de existir cuando nosotros lo alteramos... Craig no recuerda nada de todo aquello.
Ben Braddock (NE): Entonces, ¿por qué Layton si nos recurda?
James Roth (ND): Quizá por el mismo motivo por el cual asegura que puede decirnos donde tienen los de Wolfram y Hart a Leonard... aunque personalmente lo dudo.
Ben Braddock (NE): También dijo que podía decirnos donde tenían guardada la tanque...
Arthur Craig (ND): Eh.

Los dos jóvenes apenas reaccionan a tiempo para coger al vuelo los diminutos frascos que les arroja Craig.

Ben Braddock (NE): ¿Qué se supone que...
Arthur Craig (ND): Agua Bendita. La necesitaremos si queremos dar caza a Massara.
James Roth (ND): ¿Ma...?
Arthur Craig (ND): Massara... (carga su escopeta) Príncipe demonio de la tentación.

Discoteca de Moda “Paradise”.
High Road, Beverly Hills. Los Ángeles.
2.30 a.m.

Ben Braddock (NE): No... ¿Nora?

Antes de entrar en aquel reservado, las cosas tenían algo de lógica. O al menos toda la lógica que puedan tener cuando vas tras la pista de un príncipe demonio de la tentación. Buscar a alguien así en una ciudad como Los Ángeles era como buscar una aguja en un pajar. A fin de cuentas, ¿qué mejor lugar para pescar almas ansiosas de sueños y ambición que Hollywood?

Ben recordó lo fácil que había sido conseguir una lista de los actores y actrices con más éxito del momento. Y de ellos, quedarse con los que triunfaron de la noche a la mañana. Literalmente. Dos de esos tres nombres que resonaban como sospechosos trabajaban para una misma productora. “ShortMovie”.

Las cosas parecían ir de fácil a mejor: trabajar para un bufete como Wolfram y Hart hizo que la amenaza de una falsa demanda por plagio soltase la lengua del jefe de la productora. Y así fue como llegaron a esa discoteca, donde se celebraba la fiesta de inauguración de la nueva temporada de Neverfield.

Para Ben resultaba doloroso caminar entre todas aquellas sonrientes personalidades del mundo del espectáculo. Para ellos, en el fondo, solo era una serie de televisión. Un negocio.

Para Ben y sus amigos, “Neverfield” era el sinónimo de una vida a la que parecía que jamás podrían volver.

Con ese pensamiento flotando en su cabeza, Ben siguió los pasos de James en dirección a la zona VIP de la discoteca. Aquello había sido apenas dos minutos atrás. Y, sin embargo, parecía tan lejano…

El hecho de ver a la chica que amas meterse en uno de los reservados es la clase de estímulo que te llevan a hacer alguna tontería.

Ben Braddock no dudó ni un instante en que se trataba de una trampa. Porque Nora le estaba esperando allí dentro. Le sonreía, radiante, hermosa… y viva.
Y por eso mismo, aquello no podía ser real.

Ben Braddock (NE): Vas a lamentar haber hecho esto…
Nora Thompson: ¿Qué…?

Uno de los diminutos frascos de agua bendita salió disparado del bolsillo de Ben. Con un chasquido se hizo añicos contra el lugar en el que, un instante antes, se encontraba Nora.

Ahora, por supuesto, no quedaba nada de aquella ilusión. Ni siquiera aquella vocecita que le susurraba en lo más profundo de su mente… “Puede ser tuya, Ben. Sólo tienes que decir las palabras mágicas.”

Ben se incorporó, aferrando con fuerza el segundo frasco de agua bendita.

Ben Braddock (NE): Lo vas a lamentar…

Entre la gente que iba de un lado a otro del área VIP, James pudo ver pasar a Ben. Sus pasos firmes y su mirada segura no dejaba lugar a dudas: el Capi se dirigía directo a la zona privada. Desde allí, se podía ver toda la planta inferior de la glamorosa discoteca: a casi siete metros por debajo, la multitud bailaba sobre una pista de baile levantada sobre un gigantesco acuario.

James Roth (ND): Muchachos… (acercándose a los dos matones que custodiaban el acceso a la zona privada) Venimos a ver a la señorita…
Matón 1 (ND): Lárgate, tío.
James Roth (ND): Verás, tenemos que hablar con…
Ben Braddock (NE): Al infierno.

El golpe sorpresa de Ben hace que la mandíbula del primero de los matones se quiebre como el cristal. El tipo cae a plomo sobre la planta baja del local, provocando un susto de muerte a la veintena de personas que danzaban justo por debajo.

James Roth (ND): ¡Joder, Capi!
Ben Braddock (NE): Roth... ¡Mira!

James gira la cabeza, esquivando un torpe golpe del segundo matón. Lo hace lo bastante rápido como para poder ver la atractiva pelirroja que asiste, divertida, al espectáculo que ha provocado el impetuoso Ben Braddock.

Roth la mira de arriba abajo. Dejando el hecho de que es posiblemente la mujer más atractiva que ha podido ver en los últimos meses, no parece gran cosa. James Roth se permite el lujo de sacar uno de sus dos frascos de agua bendita al tiempo que piensa…

“Vamos. Hemos cazado a un tío que veía el futuro… Esta piba no puede ser mucho más difícil.”

Apenas dos minutos después, las cosas no pueden estar peor. Las buenas noticias fueron que, en efecto, el agua bendita parecía dañarla (tal y como les advirtió Craig que pasaría si el demonio del anillo había tomado ya posesión de la mujer que le servía de huésped) Las malas noticias, sin embargo, eran mucho peores: Ben no estaba dándolo todo en esta pelea… y se notaba. Si aquella mujer estaba empleando alguna clase de truco psíquico, no parecía afectar a James… pero sí a Ben.

La segunda mala noticia, en cambio, era aun peor. No podían acercarse demasiado a ella porque, al tacto, aquella perra era capaz de transmitirles cualquier daño que le hubiesen provocado. A Ben lo había aferrado por el cuello durante un instante… y ahora sus viejas heridas se habían abierto. En concreto, la que estuvo a punto de levantarle la tapa de los sesos. Delgados ríos carmesíes manaban por su frente, cegándolo casi por completo.

Y como no había dos sin tres, la tercera y última de las malas noticias era quizá la peor. Aquella pelirroja de infarto no sólo era fuerte como un toro, sino que además parecía ser invulnerable a cualquier daño que no fuese el agua bendita. Y tanto Ben como James habían terminado con sus dosis. Las últimas gotas eran las que empapaban el pelo y parte de la cara de aquella perra.

Ben Braddock (NE): James… (mirando al suelo) ¿Piensas lo mismo que yo?

James bajó la vista. A través del suelo de cristal de la zona VIP pudo ver el suelo de la planta baja. El acuario. Litros y litros y litros de agua… a la espera de ser consagrados.

James sonrió y asintió. Ben miró a Massara. Y luego miró más allá de ella. A la barandilla del balcón.

Ben Braddock (NE): ¡Ahora!

Los que estaban en el piso de abajo hacia ya un par de minutos que habían despejado los alrededores de la zona privada. Sobre todo en previsión de que siguieran lloviendo guardias de seguridad sobre la pista.

Todos levantaron la vista cuando escucharon la barandilla ceder. Y tres figuras se precipitaron contra el suelo de cristal reforzado, reventándolo en el impacto y sumergiéndose en las aguas del acuario. Entonces, el agua comenzó a bullir, como si algo estuviese cociéndose en su interior. Un par de chicas gritaron aterrorizadas al captar el olor a carne quemada procedente del agua.

Chica aterrorizada (ND): Oh, Dios… ¡Estan muertos!
Arthur Craig (ND): No… Aun no.

Enfundado en su cazadora de cuero y bajo sus atónitas miradas, Arthur Craig atravesó la multitud y se dispuso a esperar con su escopeta al pie de la improvisada piscina.

Arthur Craig (ND): Veamos si sois tan duros como deci…

Antes de acabar la frase, dos figuras enfundadas en trajes de chaqueta salieron a la superficie, entre toses y jadeos. Una tercera apareció a sus espaldas, profiriendo un grito gutural e inhumano. La escopeta de Craig tosió una. Dos. Tres veces.

Y el cuerpo de aquella mujer, antaño hermoso y deseable, se convulsionó por última vez.

Ben Braddock (NE): Ja… (medio ahogado) ¿James?
James Roth (ND): Estoy… (tos) estoy bien… (tos)
Arthur Craig (ND): Buena jugada, lo reconozco… (sacando unas tenazas de su chaqueta)… y ahora...

Con un chasquido, las tenazas amputan un dedo de manicura perfecta. Arthur Craig sostiene el anillo y lo deja caer en un frasco de agua bendita. Acto seguido sonríe a Ben y James. O al menos, esboza lo que en su universo privado él debe entender por una sonrisa.

Arthur Craig (ND): Bien jugado, amigos. Bien jugado.

Capilla de St.Patrick. Queens.
En algún punto entre las dimensiones posibles.
4:51 a.m.

Ben Braddock (NE): Y después, se marchó.

A pocos metros del banco que ocupaban Ben, James y el profesor Vanister, se encontraba el padre Vincent Layton, enfundado en su hábito monacal, bajo la luz que se filtraba a través de las vidrieras. Permaneció en silencio durante un largo rato, a pesar de que sus invitados aguardaban su recompensa. Fue el joven e impaciente Braddock quien rompió dicho silencio.

Ben Braddock (NE): Padre Layton… Hemos cumplido con nuestro cometido…
Padre Vincent Layton (ND): Y ahora queréis vuestro pago… (se da la vuelta y los mira, sonriente) Es justo.
James Roth (ND): Vuelvo a repetirlo… Si tenéis que elegir entre saber donde están las piezas de la tanqueta o saber donde tiene Wolfram y Hart encerrado a Leonard…
Ben Braddock (NE): No es una elección, James. No se elige entre una persona y un objeto. Elegimos a…
Padre Vincent Layton (ND): Aguarda, joven Braddock… pues hay una tercera opción.

Los tres miraron al espectro de Layton con inquietud.

Padre Vincent Layton (ND): Hay otro. Otro viejo amigo al que también, en lo más profundo de vuestros corazones, ansiáis ver de nuevo con vida…
James Roth (ND): ¿Otro?
Ben Braddock (NE): ¿Además de Leonard? ¿Quien…
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mio… (mira a Ben) Sé a quien se refiere, señor Braddock.

El profesor se incorpora, quitándose las gafas y aproximándose a Layton.


Profesor Vanister (NE): Es Fred. (se gira y mira a Ben y James) Sabe donde está Fred.
Ben Braddock (NE): ¿Qué…? (poniéndose en pie) Pero Fred está… Está…
James Roth (ND): Muerto (tajante y frío) ¿A qué está jugando, Layton?

Layton miró por un segundo a sus tres visitantes y sonrió.

Padre Vincent Layton (ND): En efecto. Fred Fesster murió. Y como atestigua la marca espiritual que emanan sus almas, tanto usted señor… Roth como el profesor Vanister, han estado en lo que hay entre los lugares.
Profesor Vanister (NE): Fred Fesster viajó en ese tren… pero, ¿cómo…?
Padre Vincent Layton (ND): Ese “tren” como sus limitados sentidos humanos lo percibieron es un lugar similar a esta capilla… un reino más allá de los reinos… donde el tiempo y el espacio dejan de seguir reglas estrictas.
James Roth (ND): Ya lo sabemos. Pero Fred…
Padre Vincent Layton (ND): Fred Fesster recibió una visita durante su viaje en ese tren. Una visita similar a la que recibió usted, profesor Vanister. Un hombre que le ofreció un trato a cambio de volver de entre los muertos. Su nombre era… Goodwin Steele.

El nombre resuena como una lápida de mármol cayendo sobre el corazón de los presentes.

Ben Braddock (NE): No… No puede ser…
Profesor Vanister (NE): Me temo que sí, señor Braddock. Si lo que dice el Padre Layton es cierto…
Padre Vincent Layton (ND): En efecto, profesor… Fred Fesster es una de las almas que deberán capturar.

CONTINUARÁ…

miércoles, 29 de abril de 2009

Sesión 25-04-09

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Sarah Kauffmann (ND): Tu amigo Leonard va a morir, Danny… Así aprenderás que no se juega con Wolfram & Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
James Roth (ND): Éste no es solo su primer día en Wolfram & Hart... (se calza las gafas de sol y sonríe) Bienvenido al primer día del resto de su vida...

… O A MORIR EN EL INTENTO.

Episodio 3x06.-
Caso Nº00158112-X

ARTHUR BLAKE contra WOLFRAM & HART

Departamento de I+D
Subsótano 3, Sede de Wolfram & Hart. Los Ángeles.
Hace una hora.

Imagina que un millón de diminutos garfios penetran por cada uno de los poros de tu piel. Y luego alguien tira de todos ellos como quien te hace la cera en seco.

Más o menos eso es lo más parecido a viajar entre dimensiones por cortesía de Wolfram y Hart. La cámara, acolchada de blanco, está aislada del exterior. Imagino que así Knox y los demás “geeks” del departamento I+D no tienen que soportar nuestros agónicos gritos que marcan nuestras idas y venidas.

Con el estómago aun dando volteretas, trato de incorporarme. Miro a mi alrededor: Danny ha sido el primero en dejar de quejarse y se ha levantado. Aun va enfundado en el traje negro marca de la casa. Ayuda a incorporarse a Ben, quien aun lleva anudada la corbata del traje a su antebrazo. El resto de su indumentaria es el vivo testimonio de que nuestro paseo por el Los Ángeles de los años sesenta no ha sido un sueño: Ben aun va vestido con el uniforme de ese policía al que… Vaya. Creo que estoy adelantando acontecimientos. Lo importante ahora mismo es que en el maletín que lleva Ben entre los brazos está el alma que nos habían encargado dar caza.

James Roth (ND): Nunca me acostumbrare a esto.
Danny Dalton: Nenaza…
James Roth (ND): Lo dice el que se ha pegado casi una semana de vacaciones.
Ben Braddock (NE): No te pases James. Ha estado en coma…
James Roth (ND): Lo dicho…vacaciones.
Ben Braddock (NE): Vamos Danny… Volvamos al hotel.

Los veo caminar a lo largo del pasillo del departamento de I+D. A mi lado, Knox acaba de entregar el maletín a su equipo de “geeks” y me da la lata sobre los informes que he de rellenar. Apenas le presto atención: veo a Ben y Danny alejarse de mí…
Y es en ese momento, antes de que los dos desaparezcan tras las compuertas del laboratorio cuando tomo la decisión.
Esto no puede seguir así. Debo hacer algo.

James Roth (ND): Necesito que vengáis conmigo.

Danny y Ben se giran y se me quedan mirando con la extrañeza de a quien le acaban de invitar a un paseo por el espacio.

Danny Dalton: ¿Para qué?
James Roth (ND): Sarah Kauffman me pidió que rellenáramos el informe entre los tres…así que no voy a hacerlo todo yo.
Ben Braddock (NE): Bien, volvamos a la oficina y terminemos lo antes posible.
James Roth (ND): Tengo una idea mejor…

Bar “RaveNant”, Polígono Industrial Eisenhower.
Afueras de Los Ángeles.
Ahora.

Danny Dalton: Hazme un favor... y mátame.

No puedo evitar sonreír mientras paso por el lado de Danny, entrando en el local. Por su cara, imagino que es el último local que pisaría un “roquero sin causa” como él. Aun es temprano, no son ni las once, y el local está muerto. “Muerto”. Pienso en lo irónico que resulta ese adjetivo. La música breakbeat resuena en los altavoces, haciendo eco y dejándome claro que vuelvo a estar en mi época. Que he dejado atrás los años sesenta.

James Roth (ND): Os puede parecer extraño… (se sienta en uno de los reservados) Pero este sitio me ayuda a reubicarme tras cada uno de los saltos dimensio-temporales que damos con Wolfram & Hart. Además… me gusta esta música.
Danny Dalton: ¿Música? (sentándose) Tío, más vale que comencemos con el informe antes de que me dé por escuchar algo de esta “música” y me dé por cortarme las putas venas…
Ben Braddock (NE): Muy bien… Creo recordar que…

…cuando llegamos a su despacho, la señora Kauffman nos estaba esperando. Acabábamos de terminar una misión: habíamos tenido que atrapar a un tipo que podía cambiar de rostro cada cierto tiempo. No había resultado nada fácil y tanto el señor Braddock como yo estábamos aun débiles por el esfuerzo. Por ello, esta nueva misión representaba un segundo salto en el mismo día: algo que hasta entonces nunca habíamos afrontado. Sin duda aquello era una muestra más del especial interés que la señora Kauffman tenía en ponernos a prueba, sobre todo en lo que atañe al señor Danny Dalton (teniendo en cuenta su estado convaleciente)

Danny Dalton (molesto): Te repito que no estoy oxidado.
James Roth (ND): Oye, yo lo único que digo es que Kauffman te estaba poniendo a prueba.
Ben Braddock (NE): Eh… ¿Podemos seguir con el informe?

Nuestro objetivo era Arthur Blake: un importante hombre de negocios, de naturaleza obstinada y paranoíde. Su trato con Wolfram & Hart le había granjeado en vida la capacidad de ver el futuro. El hecho de ser capaz de prever los acontecimientos intensificó su naturaleza paranoica. Paradójicamente, el señor Blake falleció a la edad de cincuenta y siete años de un ataque al corazón. Si había algo que no podía prever era su propia muerte.

Los informes preliminares ubicaban la reaparición de su alma el 6 de Marzo de 1967, pocas horas después de su muerte, por lo que al señor Blake no le fue muy difícil hacer pasar su fallecimiento como una “falsa alarma”.

Teniendo como objetivo alguien capaz de prever el futuro, se nos planteaba nuestra misión como un reto difícilmente abarcable. Teníamos que analizar cada uno de nuestros pasos, medir sus consecuencias antes de actuar, utilizar el cerebro…

Danny Dalton: Claro. Ir a su edificio y decir que somos de Wólfram y Hart se puede llamar así.
James Roth (ND): Trato de decorarlo un poco, ¿vale?
Ben Braddock (NE): Al fin y al cabo sabía que iríamos, así que tampoco teníamos muchas opciones.
Danny Dalton: El hecho de que los capullos de Wolfram & Hart nos teleportasen hasta las puertas de su edificio también tuvo algo que ver…

Tal y como llegamos, entramos en el edificio. No nos sorprendió el hecho de que ya nos estuviesen esperando. Lo que si nos sorprendió fue el comité de bienvenida. Estabamos esperando, sentados en la recepción de aquel hotel reformado, cuando comenzó el tiroteo. De no ser por los reflejos del señor Braddock es muy posible que ahora mismo todos estuviésemos muertos.

Seis pistoleros contratados por Blake aparecieron desde las balconadas de los pisos superiores. Con sus ametralladoras Thompson no les fue difícil cubrir todo el vestíbulo de balas. El señor Braddock se incorporó, tumbando el sofá de la recepción y empleándolo como cobertura. El señor Dalton prefirió correr hacia el mostrador, buscando otra cobertura. Fue ahí cuando el señor Dalton recibió dos heridas de bala que, afortunadamente, resultaron ser meros rasguños.

Permanecí en un segundo plano, cubriendo al señor Braddock quien, de forma rápida y precisa, tomó a uno de los sicarios de Blake por la espalda. Lo apresó y empleó su propia Thompson para acabar con la vida de los demás matones.

Danny Dalton: Joder…y menuda manera de acabar con ellos. ¿Cómo coño lo hacías tan rápido, Capi?
Ben Braddock (NE): Ya te lo conté… (muestra su mano enguantada) El anillo.
Danny Dalton: Pero… ¿No me dijiste también que era mejor no usarlo?
James Roth (ND): Vale, sigamos…

El único matón de Blake al que dejamos con vida nos dio indicaciones sobre su paradero. Al parecer, nuestro objetivo tenía planeado salir del país a bordo de un velero. Con algo más de presión, el matón nos reveló el muelle en el que se encontraba atracado la embarcación de Blake (al que había bautizado con su mismo nombre, “Arthur Blake”)

Fue entonces cuando el señor Braddock, recordando que nuestro objetivo podría haber previsto que le daríamos caza en los muelles, propuso dejar nuestros pasos en manos del azár. Arrojando una moneda al aire decidiríamos si ir hacia el muelle o encaminar nuestros pasos de regreso al hotel propiedad de Blake.

Danny Dalton: La verdad es que estuvo muy bien pensado, Capi…pero ese cabron ya lo tenía previsto.
Ben Braddock (NE): Tal vez... Si hubiéramos vuelto al edificio entonces...
James Roth (ND): Dudo que estuviera allí, teniendo en cuenta donde lo encontramos.

Para cuando llegamos al muelle era medio día: la actividad de los estibadores y los porta-contenedores nos permitió colarnos sin demasiados problemas. El señor Braddock, en su línea de actitud impulsiva y poco dada a la reflexión, corrió hasta la embarcación de Blake. Curiosamente, no había ningún matón vigilándolo. Aquello sin duda olía cada vez peor...

Danny Dalton: ¿“Olía cada vez peor”? Joder, tío. Que es un informe, no una novela barata de detectives...
James Roth (ND): Oye, yo sólo pongo la verdad. Además si hubiera sido una novela, los protagonistas no hubiesen sido tan idiotas. El tío es un paranoico y le pone a su barco su propio nombre. Como pintarse una diana en la frente...
Ben Braddock (NE): Menos mal que se me ocurrió saltar del barco para evitar la explosión.
James Roth (ND): Aun así, estuvo cerca.

La explosión del barco no solo dejó claro que se trataba de una trampa y que Blake seguía llevándonos ventaja. El señor Dalton y yo pudimos cubrirnos de la onda expansiva y de los fragmentos de metralla. Sin embargo no pudimos evitar caer en manos de los policías que, en poco tiempo, acordonaron la zona. El señor Braddock, sin embargo, permaneció bajo las aguas, habiendo sobrevivido a la terrible explosión del “Blake”...

Danny Dalton: ¿Por qué te dejaste coger, Capi?
Ben Braddock (NE): Hay partidos que no puedes ganar, Danny. Comprendí que no le encontraríamos a él... Blake nos encontraría a nosotros.
James Roth (ND): Menos mal que para esta misión eras tú el encargado, Danny.
Danny Dalton: Vete a la mierda.

La súbita aparición de la policía en el lugar de la explosión nos tuvo que haber puesto sobre aviso de lo que enseguida pudimos comprobar: que el señor Blake tenía comprada a las fuerzas del orden de Los Ángeles. Los policías nos encerraron en un viejo almacén de los barrios bajos, probáblemente con la intención de que no resúltasemos un estorbo mientras Blake planeaba la forma de salir del país.

Por suerte, el señor Braddock consiguió liberarse de las esposas que lo retenían y nos ayudó tanto a mi como al señor Dalton a quitarnos las nuestras.

James Roth (ND): ¿Veis? Los informes hay que decorarlos un poco...
Danny Dalton: ¿Qué ibas a poner?
James Roth (ND): Que me queríais dejar allí tirado.
Ben Braddock (NE): No nos fiábamos de ti, James...
Danny Dalton: Corrijo. No nos fiamos de ti.
James Roth (ND): Qué halagador...

Una vez neutralizada la amenaza de los dos policías que mantenian vigilada la entrada de aquel viejo almacén, nos encontramos de nuevo ante la tesitura de cómo atrapar a un hombre que podía ver su futuro. Y esa resultó ser la cuestión tal y como mencionó el señor Braddock en un alarde de ingenio.

Ben Braddock (NE): Bueno, en ese momento me pareció una buena idea...
Danny Dalton: No seas modesto, Capi. Estuviste rápido.

Teniendo en cuenta que el señor Blake podía ver su futuro, el señor Braddock propuso utilizar a una persona cercana a Blake para que nos llevase hasta él. Recordando la información que la señora Kauffman nos proporcionó sobre el objetivo, descubrimos que además de ser un millonario paranoide y preconitor, Blake era un padre modelo. Su hija, Teresa, sería la que nos llevaría hasta él.

En 1967, Teresa Blake contaba con veinte años y acudía a la Universidad de Berkeley. Utilizando el furgón policial y las ropas de uno de los agentes que nos habían retenido, el señor Braddock se hizo pasar por un agente al servicio de su padre y logró ganarse la confianza de la joven, la cual sabia donde se escondía su padre.

Así, sin ella saberlo, nos llevó hasta un viejo edificio, uno de los muchos inmuebles propiedad de Blake que había por toda la ciudad. Mientras el señor Dalton y el señor Braddock accedían al edificio acompañados de Teresa, yo permanecí en el coche. A tenor de nuestros últimos encuentros, convenía estar preparado.

Ben Braddock (NE): Aquel viejo edificio de oficinas era un auténtico laberinto de pasillos. Y lo mejor es que, cuando llegamos al supuesto despacho, Teresa nos reveló que había una entrada secreta, escondido en la biblioteca. Había que presionar un viejo volumen sobre un tal... ¿Nostradamus?
James Roth (ND): Qué propio...
Danny Dalton: Una vez allí, llegamos hasta un bunker subterráneo. Algo sacado de los años cincuenta, ¿vale? La chica metió la clave y entramos.
Ben Braddock (NE): Arthur Blake estaba allí y no estaba dispuesto a dejarse atrapar.
Danny Dalton: Agarré a la chica y le puse mi pistola en su cabeza pero...
Ben Braddock (NE): Sus hombres atacaron…parece como si supieran de antemano que el señor Dalton no dispararía.
James Roth (ND): No hubieras disparado, ¿verdad, Danny?
Danny Dalton: Creo que eso no lo sabía ni el. Y yo menos.
Ben Braddock (NE): Lo importante es que conseguí abrir el maletín y encerrar en él a Blake... antes de que me disparara a bocajarro.
Danny Dalton: Y, por supuesto, dejamos marchar a la niña. Bastante la habíamos jodido ya...

Cierro la carpeta, dando por terminado el informe. Aun puedo ver la mirada de amargura en los ojos de Danny. Los de Ben parecen algo más duros. Como si, en el fondo, se estuviese acostumbrando a recibir ordenes... y cumplirlas. Charlie, el camarero, se acerca. Danny pide una cerveza. Ben, un vaso de leche. Y yo pido lo de siempre.

James Roth (ND): Bien. Informe terminado.
Danny Dalton: Cojonudo. Ahora habla…
Ben Braddock (NE): ¿Qué...? (mira a Danny) ¿Qué pasa, Danny?
Danny Dalton: Vamos, Capi. ¿De verdad crees que este tío nos ha traído aquí para escribir el puñetero informe? (mira a Roth) ¿De qué coño vas, tío?
James Roth (ND): Asi me gusta... (sonríe) Directo y delicado como una patada en la boca. Como siempre...
Danny Dalton: Si no me convence lo que tienes que contar, si que vas a saber qué es ser delicado.
James Roth (ND): En realidad no trabajo para la Señora Kauffman.
Ben Braddock (NE): ¿Qué quieres decir?
James Roth (ND): Trabajo para otro socio de la firma…el señor Manners.
Danny Dalton: ¿Y?
James Roth (ND): El señor Manners está dispuesto a devolveros a casa.
Danny Dalton: ¿Y que gana él con eso?
James Roth (ND): Joder a la señora Kauffman, para empezar. Ahora mismo hay dos gallos de pelea y un único puesto como socio de la firma. Sólo puede quedar uno...
Ben Braddock (NE): ¿Y qué tenemos que hacer?
James Roth (ND): Averiguar el plan de la señora Kauffman. Averiguar qué demonios planea en relación a Danny...
Danny Dalton: ¿Por qué yo?
James Roth (ND): Porque según ella... serás tú quien traiga el apocalípsis.

Los dos se quedan en silencio. Tal y como me quedé yo cuando lo escuché la primera vez. Danny Dalton y apocalípsis son dos terminos que jamás imaginarías en una sola frase.

Ben Braddock (NE): ¿Có... (incrédulo) ¿Cómo?
James Roth (ND): El Apocalípsis es el negocio de Wolfram & Hart. Cada socio tiene su propia apuesta al respecto. Y la de la señora Kauffman es Danny. Eres... su caballo ganador.
Ben Braddock (NE): Y el señor Manners tiene otro individuo para sus planes.
James Roth (ND): Exacto.

Ben baja la vista, pensativo. Danny, en cambio, no ha abierto la boca en todo este tiempo. Simplemente se ha quedado con los brazos cruzados, mirándome fijamente.

Ben Braddock (NE): No nos conoces de nada. Te arriesgas demasiado. Solo un loco o un suicida contaría todo lo que nos has contado.
James Roth (ND): Siempre he sido un suicida.
Danny Dalton: Y una mierda.

Danny aparta su cerveza y se echa para delante. Me clava su mirada de rencor.

Danny Dalton: No eres más que una rata más de Wolfram & Hart. Dime, Roth... ¿qué te ha prometido Manners? ¿Qué ganas tú con todo esto?
James Roth (ND): ¿Yo? (sonríe) Descansar en paz, Danny.
Ben Braddock (NE): Un momento, tú...

Por un instante, casi temo haber ido demasiado lejos. Ben me señala y abre mucho los ojos. Hace unos días no me habría preocupado de las teorías de un palurdo demasiado aficionado al futbol americano. Pero después de ver como funciona su cabeza, de saber que hay algo más que jugadas y partidos en su cerebro... Casi temo que me haya descubierto...

Ben Braddock (NE): Eres... Eres otro alma del Libro de las Sombras, ¿verdad?
James Roth (ND): No de ese libro. Pero el señor Manners prometió darme una carta de recomendación para cuando me toque bajar al infierno...
Danny Dalton: Pongamos que me creo todo eso... ¿Tienes alguna prueba de que Manners puede ayudarnos?
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como “el prisma”.
Danny Dalton: Espera un segundo... ¿el prisma? ¿La gema que hace funcionar el cachivache de Vanister?
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.
James Roth (ND): Yo me encargare de recuperar la máquina de salto.
Ben Braddock (NE): Tenemos... Tenemos que pensarlo, no podemos contestar ahora.
James Roth (ND): Lo entiendo... (se incorpora, poniendose la chaqueta) Pero no os toméis demasiado tiempo.

Es mi última carta. Busco en mis bolsillo y la saco. Si después de esto no confían en mí...

James Roth (ND): Un amigo tuyo me dejó esto para tí, Danny...

Dejo reposar la carta en su mano y me marcho. Antes de que puedan hacer la clase de preguntas que no podré responder sin mentiras.

Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

CONTINUARÁ...

miércoles, 15 de abril de 2009

Sesión 09-04-09


Episodio 3x05.-
Caso Nº00452308-X
DOUGLAS MEYER contra WOLFRAM & HART

Agentes Responsables:
Gavin Park (Supervisor de Campo)
James Roth
Benjamin Braddock


Responsable de Área:
Sarah Kauffmann

Informe Previo sobre el Acusado:
Douglas Meyer nace en 1962, en el seno de una familia de clase media en Filadelfia. A la edad de veinte años, ingresa en la Academia de Policía de Nueva York donde se graduará con honores dos años después. Ejerce como patrullero del Distrito 13 de Queens durante cinco años pasados los cuales es ascendido a oficial y, posteriormente, a detective.

En el transcurso de esos años, contrae matrimonio con Samantha Harrington, quien asumirá el apellido Meyer al casarse con Douglas. Un año y medio después de su boda, nace su hija, Emily Meyer.

En invierno de 1998, el señor Douglas Meyer traba contacto con Goodwin Steele, con quien [FRAGMENTO ELIMINADO POR CUESTIONES DE SEGURIDAD]

El detective Douglas Meyer fallece el 3 de Diciembre del 2000, durante un intercambio de disparos entre dos bandas rivales. El detective Meyer, que salía de unos oficios religiosos en la parroquia de Saint Patrick, Queens; recibe dos impactos de bala, uno en el vientre y otro a la altura del cuello. Fallece a las 20 horas, 14 minutos, antes de que llegue la ayuda médica.

De acuerdo a lo estipulado en el contrato firmado previamente, su alma pasa directamente al archivo provisional 329022, al cargo de nuestro agente Goodwin Steele.

Tras el robo del archivo y la desaparición del agente Steele, el alma del señor Meyer escapa de su cautiverio junto a las que se encontraban encerradas allí (ver dossieres adjuntos)

Los informes de rastreo psíquico multi-dimensional indican que el alma del señor Meyer pudo regresar a su antiguo cuerpo, aproximadamente unas diez horas después de su muerte.

Informe de la Operación:
Los agentes Roth y Braddock son convocados junto a su nuevo jefe de campo, el señor Gavin Park (recientemente asignado a la unidad de Recuperación de Datos a petición personal de la directora de departamento, Sarah Kauffmann: ver dossieres adjuntos)

Tras la reunión informativa en la sala de juntas número doce, los agentes son debidamente preparados para la transferencia dimensional: se les proporciona, junto a los trajes reglamentarios, varios maletines de contención especial (debidamente configurados según los parámetros bio-plasmáticos del acusado)

Debidamente inoculados con el suero de resistencia paradimensional; a las siete horas cuarenta y dos minutos se lleva a cabo el protocolo de salto sin incidentes a destacar.

(a continuación se reproducen algunos fragmentos del informe oral presentado por los agentes a su regreso de la operación)

Gavin Park (ND): Antes de comenzar me gustaría mencionar que el procedimiento de salto resulta extramadamente doloroso...
James Roth (ND): Con el debido respeto, JEFE... Teniendo en cuenta que básicamente nos desintegran molécula a molécula y luego nos vuelven a reintegrar en un tiempo y espacio diferente, empleando para ello alguna clase de cruce entre magia y tecnología que apenas si alcanzo a entender... Bueno teniendo en cuenta todo ello no creo que un poco de dolor sea para tanto. Joder... Empiezo a sonar como el profesor.
Gavin Park (ND): En cualquier caso, el señor Roth, el señor Braddock y yo comenzamos nuestra búsqueda en el mismo lugar donde aparecimos.
James Roth (ND): Si, en mitad de Central Park casi al anochecer... Diciembre del 2008.
Gavin Park (ND): Y fue allí donde encontramos la primera pista.
James Roth (ND): Pillé un periódico para comprobar que, en efecto, habíamos viajado al momento y lugar adecuados. Y fue así como descubrimos algo más.
Gavin Park (ND): Al parecer, el agente Douglas Meyer no solo había vuelto a la vida debido a la fuga de almas... sino que además no había perdido el tiempo.
James Roth (ND): Su necrológica aparecía en la página 48. Pero apenas un par de páginas antes, había una noticia local en la que se mencionaba las acciones de una especie de justiciero callejero.
Gavin Park (ND): Alguien había metido entre rejas a algunos matones, todos ellos miembros de la banda de Caceta, ese señor del crimen de medio pelo que había dado pasaporte a Meyer...
James Roth (ND): Estaba oscureciendo y Central Park no parecía el mejor lugar para quedarnos, asi que optamos por ir a visitar a la esposa del difunto antes de que fuese más tarde.
Gavin Park (ND): Sin embargo, aquella mujer no nos lo puso nada fácil...
James Roth (ND): Bueno, JEFE, ahí debe darle el mérito a Ben...

(Ben Braddock se limita a responder a la mirada de James Roth con una fría inclinación de cabeza)

Gavin Park (ND): Si, bueno... En cualquier caso, a aquella mujer no le gustó nada vernos aparecer ante su puerta. Lo cierto es que el chico, Ben, se desenvolvió bastante bien aunque poco pudimos sacar en claro de la esposa del difunto.
James Roth (ND): Así que probamos otro camino: la comisaria del Distrito 13.
Gavin Park (ND): Allí, Ben y yo fuimos a hablar con el compañero de Meyer... ¿cómo demonios se llamaba? ¿Tú lo recuerdas, Ben, muchacho?

(Ben Braddock mantiene su silencio, limitándose a negar con la cabeza)

Gavin Park (ND): Ya... En fin, el caso es que el tipo no parecía tener ni idea de los acuerdos que Meyer tenía con Wolfram & Hart. Así que nos limitamos a pedirle que contactase con nosotros si... bueno, si algo raro sucedía.
James Roth (ND): Y mientras ellos no sacaban nada en claro, yo hice una visita a los calabozos. Allí encontré a los matones que el “misterioso justiciero” había capturado esa misma tarde. Curiosamente, alguien parecía habérseme adelantado.
Gavin Park (ND): Ah, si... Joder. ÉSE tipo.
James Roth (ND): Era gigantesco, ¿vale? Pelo corto y afeitado por las sienes, rostro de piedra y ojos pequeños. Y le sacaba dos o tres cabezas a cualquiera de esos tres matones. El caso es que el gigantón salió de los calabozos en cuanto me vio aparecer. Debí... Debí intimidarle.
Gavin Park (ND): ¡JA!
James Roth (ND): Bueno, JEFE... En aquel momento no sabíamos quien era realmente. Además, me preocupaba más sacar algo en claro de los tres matones. Cuando dijeron que su asaltante “no parecía humano”, ante su resistencia a las balas... Bueno, quedó claro que había sido cosa de Meyer.
Gavin Park (ND): Tampoco es que fuese un gran avance...
James Roth (ND): Lo mismo puedo decir de lo que hicieron Ben y usted...

(fragmento de discusión omitido: en ella, el señor Braddock permanece al margen en todo momento)

Gavin Park (ND): ¡Eso no es lo importante, James, muchacho! Lo importante... es que ese tipo no nos hubiera seguido de no haber sido por ti.
James Roth (ND): Vale... ¿Y como demonios iba yo a saber que se gigantón era una especie de Terminator enviado por el Vaticano?
Gavin Park (ND): Para cuando Ben vio aquel emblema en la gabardina de cuero de ese tipo, él ya nos había seguido hasta el bufete de Wolfram y Hart.

(Sarah Kauffmann realiza una serie de preguntas acerca del motivo que impulsó a los agentes a ir hasta la sede de Wolfram y Hart en Nueva York. Se aprecia una leve incomodidad entre los miembros del equipo: durante unos instantes, los señores Park y Roth miran al señor Braddock. Éste permanece en silencio y es el señor Park quien reanuda el relato)

Gavin Park (ND): Bueno, lo cierto es que ese tipo parecía peligroso y... ¿qué podíamos hacer? ¿Viajar hasta Los Ángeles para pedir un poco de ayuda?
James Roth (ND): Lo cierto es que menos mal que nos dejaron aquel todoterreno. Aun me sigo preguntando... ¿qué fue aquello que le tiramos a ese asesino del Vaticano?
Gavin Park (ND): Una especie de clavos explosivos, ¿no? El caso es que funcionó...
James Roth (ND): Aquello dejó al tipo sin su moto. Pero salió sin un rasguño de un accidente que habría dejado en silla de ruedas al más pintado...
Gavin Park (ND): En fin, lo cierto es que seguíamos sin tener pistas y entonces... Bueno, lo cierto es que se le ocurrió a Ben...

(Ben Braddock permanece una vez más en silencio, con el gesto serio)

Gavin Park (ND): La idea básica era buscar a Samantha Meyer. Si en vida, Douglas había dado su vida por protegerla, sin duda volvería a aparecer si creía que ella se encontraba en peligro.
James Roth (ND): En realidad no hizo falta ir a buscarla a su apartamento porque la encontramos en la Iglesia de Saint Patrick.
Gavin Park (ND): Si, habíamos ido ahí por la vi...
James Roth (ND): JEFE...

(Se produce un silencio entre ambos, roto casi de inmediato por la nueva intervención del señor Park, que parece rectificar su anterior frase)

Gavin Park (ND): Ah... Claro. Bueno, el caso es que allí tenía lugar la misa por el difunto agente Meyer.
James Roth (ND): Y de alguna forma, el espíritu de Douglas consiguió llevar a Caceta y sus matones hasta las mismas puertas de la capilla.
Gavin Park (ND): Douglas y la banda de Caceta intercambiaron disparos. Bueno... más bien, eran ellos los que intentaban tirotear a Douglas aunque éste...
James Roth (ND): Las balas le atravesaban como si fuese Casper, ¿vale?
Gavin Park (ND): Así que dejamos que Douglas se encargase de Caceta. Y en cuanto lo dejó esposado a la farola más próxima, cogimos el maletín y lo devolvimos su alma a donde pertenecía. Es lo que yo llamo un trabajo rápido, sencillo y...

[FRAGMENTO DE CONVERSACIÓN ELIMINADO DE INFORME OFICIAL. ACCESO RESTRINGIDO A SOCIOS DE NIVEL MEDIO Y ALTO]

Ben Braddock (NE): No.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Disculpe?
Ben Braddock (NE): No fue un trabajo sencillo. Ni tampoco fue justo.
Gavin Park (ND): Ben, muchacho, el tipo firmó un acuerdo con Wolfram y Hart...
Ben Braddock (NE): Y lo cumplió en su momento. Lo mataron y su alma fue al inf... a donde tenía que ir. El hecho de que yo... de que mis compañeros y yo lo liberasemos fue una...
Sarah Kauffmann (ND): ¿Desafortunada coincidencia?
Ben Braddock (NE): Sí, en efecto. Fue mala suerte.
James Roth (ND): Vamos, Ben... Sabes que no estas siendo objetivo... Lo que hacía ese tipo, Meyer, era tomarse la justicia por su mano.
Ben Braddock (NE): Estaba limpiando las calles. Y además, señora Kauffmann... ¿Por qué no nos dijo el auténtico motivo por el que había firmado Meyer con Wolfram & Hart?
Sarah Kauffmann (ND): No era relevante para el caso. Su misión...
Ben Braddock (NE): Mi misión es enmendar un error que mis compañeros y yo cometimos al liberar esas almas. Pero si por culpa de nuestro error una buena persona como Meyer tiene la oportunidad de...
Gavin Park (ND): Ben, muchacho, era su mujer. Samantha…
Ben Braddock (NE): Ya, ¿pero que iban a poder hacerle a ella Wolfram y Hart?
Gavin Park (ND): Le habrían devuelto el cáncer.

(silencio por parte de todos durante unos segundos)

Gavin Park (ND): No podíamos hacer nada, Ben, muchacho...
Ben Braddock (NE): Pero el señor Meyer... no firmó a cambio de poder, o de riquezas. Lo hizo para salvar a su esposa. ¿Me está diciendo que alguien como él no merecía aprovechar un golpe de suerte?
Gavin Park (ND): ¿Quieres que te lo dé por escrito? El trato se había roto. Finito. Sin trato, no hay cura para el cáncer.
James Roth (ND): ¿Por qué sino crees que Meyer se entregó a nosotros en cuanto detuvo a Caceta?
Ben Braddock (NE): Yo… Yo no firmé por esto. Garius Voldan es una cosa. Pero el agente Meyer…
Sarah Kauffmann (ND): Todos los que han firmado con nosotros conocían los riesgos, señor Braddock. Desde Garius Voldan hasta el agente Meyer… Todos.
Ben Braddock (NE): Incluyéndome a mí.

(la supervisora Kauffmann da por concluido el registro del informe oral llegados a este punto)

Observaciones:

* Pese a las previsiones, complace comprobar que los férreos preceptos morales del joven Benjamin Braddock comienzan a mostrar síntomas de desgaste. Pese a sus constantes quejas sobre el destino del agente Meyer, asumió con relativa facilidad las órdenes de capturar y devolver su alma a la firma. Se recomienda seguir con el curso de las actividades previstas.

* El profesor Marcus Vanister fue relegado durante el transcurso de este operativo a labores de apoyo logístico en el Departamento de I+D. El objetivo es perfeccionar el sistema de salto dimensional para lo que se ha destinado a Vanister como asesor del equipo al cargo del Profesor Kurt Casey.

* El agente supervisor Gavin Park ha demostrado su capacidad de lidiar con un equipo potencialmente hostil. Su segundo operativo vuelve a saldarse con un éxito sin apenas costes presupuestarios.

* El agente James Roth, en cambio [FRAGMENTO ELIMINADO POR CUESTIONES DE SEGURIDAD]

* El agente Daniel Dalton aun permanece en observación: los escáneres psíquicos realizados constatan que su mente se encuentra libre de cualquier clase de sugestión latente (motivada por su contacto con las capacidades de dominación mental de nuestro viejo cliente Hans Hammer, ver Caso Nº00416791-X: HANS HAMMER contra WOLFRAM & HART) Su regreso al servicio activo sigue aun pendiente de confirmación...

FIN DEL INFORME.

sábado, 11 de abril de 2009

Sesión 08-04-09 - Parte 2 de 2

Episodio 3x04.-
BEN BRADDOCK contra WOLFRAM & HART
(Parte 2 de 2)

Vestíbulo del Cine Rialto.
Harlem Hispano, Nueva York.
Hace 10 horas.

Gavin Park (ND): Ya estamos como siempre… (alzando las manos, a modo de indefensión) Muchacho, ¿por qué apuntas a un hombre desarmado?

James Hetfield hubiera disparado en cuanto vio a aquellos tres tipos trajeados entrar en el vestíbulo del viejo Rialto. Su pistola de nueve milímetros se encontraba a escasos centímetros del rostro de aquel oriental sonriente.

James Hetfield (ND): Siempre me ha parecido más sensato estar a este lado de la pistola. Y creo que tu colega opina lo mismo, ¿no?

James Roth amartilló su automática mientras la colocaba a escasa distancia de la mejilla de Hetfield.

James Roth (ND): Eres rápido, colega. Pero… ¿tanto como una bala?
James Hetfield (ND): ¿Quieres apostar, niñato?
Gavin Park (ND): Bueno, ¿y por qué no nos calmamos todos un poco? (buscando apoyo) ¿No está de acuerdo conmigo, Vanister?

El profesor Vanister, sin embargo, se encontraba paralizado. Su mirada, completamente fija y ausente al mismo tiempo, estaba centrada en el anillo que lucía en su dedo el hombre que encañonaba a Gavin. Había algo en ese anillo. Algo…

Ben Braddock (NE): ¿Pro… Profesor?

Una voz familiar hizo que Vanister viese rota su concentración. De la penumbra de uno de los pasillos que salían de aquel vestíbulo, apareció la silueta de Benjamín Braddock. Aunque vestía una cazadora vaquera gastada, aun podía verse bajo ella la elegante camisa y pantalones del traje que Wolfram y Hart le había dado en su momento.

Profesor Vanister (NE): ¡Señor Braddock!

Cuando se está lejos, cualquier cosa que nos recuerda el hogar es bienvenido. Para bien o para mal, aquel científico cuyos experimentos habían sido el detonante de toda aquella odisea era lo más parecido a una familia que le quedaba a Ben.

Gavin Park (ND): Oh, genial. Abrazos. (mirando el arma de Hetfield) ¿Puede dejar ya de encañonarme, amigo?

A bordo de un coche de empresa de Wolfram y Hart.
Algún punto entre la calle 23 y la Quinta Avenida.
Nueva York.
Hace 7 horas y media.

James Roth (ND): A ver si lo he entendido… (conduciendo) Tu primo (o al menos tu primo en esta dimensión) tiene una especie de refugio secreto bajo un cine abandonado. Y junto a una panda de pirados se dedica a recuperar una serie de anillos los cuales, además de dar… “superpoderes”, pueden acabar por poseerte.

El rumor del coche mientras atravesaba las nocturnas calles del centro de Nueva York eran lo único que rompía el silencio del lugar.

James Roth (ND): ¿Me he dejado algo?
Ben Braddock (NE): Bueno… (sentado en el asiento de atrás, se apoya en los delanteros) Confío en que el señor Park mantenga su promesa.

Gavin, sentado en el asiento del co-piloto, miró a Ben con inocencia.

Gavin Park (ND): Incluso si su primo Brad no hubiese amenazado con “silenciarme”, Ben, no tengo el menor interés en ganarme un enemigo de su calibre. Es un pez gordo de W&H en Nueva York. Si quiere mantener toda su cruzada contra los anillos en secreto para el bufete… ¿Quién soy yo para buscarle las cosquillas?
Ben Braddock (NE): Muchas gracias, señor Park, yo…
Gavin Park (ND): No tienes por qué darlas, Ben, muchacho… Ahora volveremos a Los Ángeles, redactaremos un informe en el que diremos simplemente que te encontramos en uno de los sitios marcados como “posibles” y…
Profesor Vanister (NE): Señor Park… Tengo una extraña sensación. Un presentimiento.
Gavin Park (ND): Vanister, amigo… ¿a qué viene eso ahora?

James Roth rebusca en su bolsillo y, sin dejar de conducir, muestra lo que guardaba en él.

James Roth (ND): Bueno… quizá esto tenga algo que ver con el “mal yuyu” del profesor.

Los ojos de Ben se abren como platos al ver relucir el dorado del anillo entre los dedos de Roth.

Ben Braddock (NE): No… (lo coge de los dedos de Roth) Es uno de los anillos de los que me habló mi primo. ¿De donde lo…?
James Roth (ND): Ey, tío, a mi no me sueltes el rollo. Se le debió caer a alguno de los colegas de tu primo.
Ben Braddock (NE): Da media vuelta. Tenemos…

Ben deja la frase pendiente de un hilo. Sus ojos se posan en el brillante y reluciente anillo. Y, movido por una fuerza que no es capaz de explicar con simples palabras, Ben Braddock desliza la argolla metálica en torno a su falange.

Ben Braddock (NE): Tenemos que volver.
Profesor Vanister (NE): No creo que ponerte el anillo sea buena idea, Ben.
Gavin Park (ND): Ben, muchacho… Kauffmann nos ha ordenado regresar cuanto antes a Los Ángeles. Y eso quiere decir en menos de tres horas. Si no…
Ben Braddock (NE): Este anillo es peligroso. ¡No pienso llevarlo a Wolfram y Hart! ¡Da media vuelta!
James Roth (ND): ¿Aquí todos me dan órdenes? Siéntate y tranquilízate, ¿vale?

El coche acelera. A través de la ventanilla, las calles pasan a cada vez más velocidad. Pero Ben no puede apreciarlo. Porque de repente todo va demasiado lento. Y, en realidad, todo sucede demasiado deprisa.

Ben Braddock (NE): ¡Detén el coche… YA!

Para cuando quiere darse cuenta, Ben está ya sobre la calzada. Apenas si es consciente de haber abierto la portezuela del coche de una soberana patada. Antes de que su cerebro pueda preguntarse por qué todo va tan despacio a su alrededor, Ben arranca a correr en dirección al Rialto.

Al cruzar la calle, escucha un sonido lejano. Son los frenos de un autobús de línea que se precipita sobre él. Los reflejos de Ben son lo bastante rápidos como para evitar morir arrollado. Pero no puede evitar estrellarse de frente contra un poste de electricidad.

Para cuando todo vuelve a moverse a ritmo normal, Ben está tendido en el suelo. Puede sentir el dolor llegando a raudales a su cerebro. Su nariz es un surtidor de sangre y algunos de sus dientes yacen en el suelo, deslizándose por el charco de líquido carmesí que mana de su cara.

El profesor y el señor Park han bajado del coche y lo llevan entre los dos hasta su interior.

Ben Braddock (NE): Tenemos… (balbuceante) Tenemos que volver…
Gavin Park (ND): Esta bien, Ben, muchacho… Volveremos al Rialto. Pero la próxima vez… abre la puerta del coche como todo el mundo, ¿vale?

Gavin sube a bordo del coche. James lo mira, incrédulo.

James Roth (ND): No iremos a volver, ¿verdad?
Gavin Park (ND): Pues si, James, muchacho… Es precisamente lo que vamos a hacer.
James Roth (ND): Usted manda... JEFE.

Exterior del Cine Rialto.
Harlem Hispano, Nueva York.
Hace 6 horas.


James Roth (ND): Una idea cojonuda JEFE.

Al tiempo que termina de murmurar eso entre dientes, James estampa su puño contra la cara del último de los cuatro pandilleros que han intentado robarle el coche. Incluso con una puerta menos (cortesía de Ben), ese Audi era un caramelito en un lugar como ese.

Los dos últimos pandilleros aun corrían, alejándose de allí cuando James vio salir del Rialto a sus compañeros. Todos tenían esa mirada en los ojos. La mirada de no haber encontrado nada. Y pese a todo, James preguntó. Sólo por constatar que aquello había sido una pérdida de tiempo.

James Roth (ND): Dejadme adivinar… Nada de nada, ¿verdad?
Ben Braddock (NE): Ni rastro de mi primo Brad o de sus compañeros.
Profesor Vanister (NE): No debe preocuparse, señor Braddock. No creo que esos hombres que nos atacaron en el interior del Rialto hayan acabado con la vida de su primo.
Gavin Park (ND): Opino lo mismo, Ben, muchacho… Además, a juzgar por el todoterreno en el que llegaron, esos hombres trabajaban para una empresa de seguridad privada… (leyendo el letrero del todoterreno) “Stormwood”. Algo me dice que tu primo Brad y sus amigos "caza-anillos" tienen sus propios problemas y enemigos...
James Roth (ND): Genial. Ahora podremos irnos y…
Ben Braddock (NE): No. Aun no… (a Gavin) Señor Park, mi primo puede haber ido a su apartamento. Quizá le encontremos allí…

Gavin miró su reloj e hizo un breve cálculo mental. Luego puso la mano sobre el hombro de Ben.

Gavin Park (ND): El avión privado de Wolfram y Hart hace el trayecto Nueva York-Los Ángeles en dos horas y media. Eso nos da un margen de sesenta y dos minutos… a partir de ya.

Apartamento de Bradley Braddock.
Upper West Side, Nueva York.
Sesenta y dos minutos después.

Gavin Park (ND): Ben, muchacho… Se acabó el tiempo.

Durante los últimos cuarenta minutos, Ben había ido de un sitio a otro de la casa, buscando de arriba a bajo algo que pudiera decirle donde se encontraba su primo. Había puesto patas arriba cada centímetro cuadrado de aquel lujoso apartamento del Upper West Side.

Pero lo cierto es que, en los últimos diez minutos, Ben se había quedado paralizado, con la mirada perdida sobre un viejo panel de instantáneas. Eran viejos recuerdos de Brad. Una de las instantáneas lo mostraba junto a un viejo Chevy.

Gavin Park (ND): Ben, muchacho… (susurró y miró de reojo al guardia de seguridad que los había dejado entrar en el apartamento: aun creía que eran agentes del FBI y así debía seguir siendo) Ben, tu primo no está aquí ni creo que venga. Es hora…
Ben Braddock (NE): No puedo. No puedo ir con ustedes… (mira su dedo, con el anillo) No mientras tenga esto en mi poder…
Gavin Park (ND): Ben… No voy a poder forzarte a hacerlo. Es tu elección. Quédate si quieres…

Gavin caminó hasta uno de los ventanales desde los que, cinco pisos por debajo, podía verse la calle. Allí, apoyados en el coche, el profesor Vanister y James Roth miraban inquietos el reloj.

Gavin Park (ND): Pero déjame decirte una cosa, Ben, muchacho… (se dirige a la salida y se detiene ante ella) Todos tomamos decisiones. Y todas tienen un precio que acabamos pagando.

Gavin se ajusta el traje y se dispone a salir. Es la voz de Ben la que lo frena. Al girarse y verlo, ve que ha cogido la fotografía de un Brad de hace tiempo. El Brad que vendía coches usados.

Ben Braddock (NE): Tiene razón, señor Park… (se guarda la fotografía) Es hora de pagar por lo que hice.

Despacho de Sarah Kauffmann.
Sede de Wolfram y Hart, Los Ángeles.
Cuatro horas y veinte minutos después.

Sarah Kauffman (ND): Pagar por lo que hizo… (mordisqueó las patillas de sus gafas mientras miraba a Ben) ¿Es lo que quiere, señor Braddock?
Ben Braddock (NE): Es lo justo, señora Kauffmann.

Desde que habían llegado a Los Ángeles, Ben sentía un desagradable quemazón entorno a su dedo anular. Sentado ahí, ante Sarah Kauffmann, Ben se acarició disimuladamente su mano enguantada, tratando de paliar esa desagradable sensación.

Sarah Kauffmann (ND): Sus amigos, el profesor Vanister y el señor Dalton, tendrán que firmar tarde o temprano su acuerdo de cooperación…
Ben Braddock (NE): No si yo firmo por ellos.
Sarah Kauffmann (ND): Vamos, no…
Ben Braddock (NE): Es cierto que todos hicimos un trato con aquel libro… Pero fui yo al que esas… (trató de buscar una palabra para definirlas) esas sombras poseyeron. Y al que usaron para dejarlas en libertad. Por lo tanto… soy yo quien debe pagar por ello.

Sarah Kauffmann miró al chico de diecinueve años que tenía ante ella. Ben mantuvo su mirada firme. Ella, en cambio, se limitó a sonreír y levantarse. Mientras paseaba alrededor del muchacho, activó con un gesto de su mano el sistema automatizado de video que disponía su despacho. En una pantalla plana de alta definición, comenzaron a pasar distintas escenas. Escenas protagonizadas por sus compañeros, el profesor Vanister y el señor Dalton. En algunas incluso aparecía el difunto Leonard Powell.

Sarah Kauffmann (ND): Parece usted estar dispuesto a dar sacrificar su alma por sus amigos… aunque ellos no parecían preocupados por usted.

En aquellas escenas, tomadas en cada una de las reuniones que habían tenido con Sarah Kauffmann desde su llegada a la firma, ninguno de ellos había preguntado por el paradero de Ben.

Sarah Kauffmann (ND): Dígame, señor Braddock… ¿aun sigue dispuesto a hacer semejante sacrificio?

Ben bajó la vista. Trató de respirar con calma, intentando controlar sus sentimientos. Luego miró a Kauffmann.

Ben Braddock (ND): He perdido a mi padre, a la mujer que amaba… si algún día regreso al mundo al que pertenezco, seguramente acabe mis días entre rejas. He sacrificado la mitad de la vida que me queda por capturar una sola de las almas que liberé… (bajó la vista y apretó los dientes) ¿De verdad cree que me da miedo perder mi alma?

En su recuerdo, Ben volvió a escuchar las palabras que su primo Brad le había dicho poco antes de que abandonasen el Rialto. Antes de que un anillo maldito acabase en su poder. Antes de que volviese a Los Ángeles. Antes de poder hacer una tontería como la que estaba a punto de hacer.

Brad Braddock (ND): “Recuerda, Ben… Nunca firmes nada con Wolfram y Hart.”

De vuelta en aquel despacho, Ben miró a la mujer que tenía ante sí.

Ben Braddock (NE): Y ahora, señora Kauffmann… ¿Dónde tengo que firmar?

-EPÍLOGO-

Habitación Blanca.
En algún lugar entre lugares.
En algún momento entre el pasado y el futuro.

Una niña rubia juguetea con una peonza, hipnotizada ante su bailoteo. A su espalda, una mujer enfundada en un elegante y sobrio traje gris de ejecutivo hace acto de presencia.

Sarah Kauffman (ND): Tal y como predijo, el señor Braddock se sacrificó al firmar por el resto.
Mesektet (ND): Humanos… Tan predecibles. Tan aburridos… (sonríe) No como esta maravillosa peonza… Nunca sabes hacia donde se inclinará…
Sarah Kauffman (ND): Pero… Mi señora… Aun nos queda por encontrar a Bradley Braddock.
Mesektet (ND): No te impacientes, criatura tonta… Mientras tengamos a un Braddock, el otro…

La peonza termina de girar y cae. Muerta sobre el suelo.

Mesektet (ND): Caerá… (sonríe) Al final, siempre caen.

CONTINUARÁ...