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lunes, 11 de agosto de 2008

Sesión 03-08-08


ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"
Agente Baxton (PF) (saliendo de entre los arbustos, mientras sus hombres encañonan a Danny y Leonard): ¿Profesor Van Ishter? Agente William Baxton, del Departamento PSI. Tengo instrucciones de llevarlo conmigo, señor.

CUATRO JÓVENES EMBARCADOS EN UN EXPERIMENTO SIN CONTROL...
Billy Whitehouse (NE): Ben, ese año y pico que llevas pensando que yo estaba en Nueva York... ha sido un año y pico en el que me han hecho ni se sabe cuantos experimentos y mierdas médicas. Y alguien tiene que pagar por ello.

UN VIAJE A TRAVÉS DE DIMENSIONES ALTERNATIVAS...
Billy Vanister (WF): No sé como será en vuestro mundo… Pero en el nuestro, cada cierto tiempo, tiene lugar lo que llamamos una marea mística. La magia despierta.

INFINITOS MUNDOS POSIBLES...
En Psifield, el Agente Baxton mata de un disparo al comandante Morgan Kyle.
En Neverend, Billy Whitehouse acribilla a Morgan Kyle.

Y UN ÚNICO CAMINO A CASA.

Episodio 21.- WITCHFIELD (Parte 7 de 7)

Esta historia tiene tantas versiones como mundos posibles existen…

Casi todas comienzan en Manhattan, hace unos ocho años. En un ático cercano a Central Park, acordonado por la policía… Casi todas comienzan con un niño de apenas ocho años al que se le acerca un hombre enfundado en un traje gris.

En algunos mundos, ese hombre es un agente del FBI. En éste, el hombre que muestra su acreditación al asustado crío es algo más: es un miembro de la Orden de Los Caballeros del Dragón Plateado. Y su nombre es Marcus Vanister.

La historia continúa su curso, con el joven convirtiéndose en aprendiz de un poder latente que solo despierta cada cierto tiempo, con la llegada de las llamadas “mareas místicas”.

Y ocho años después de esa noche lluviosa…


…Billy Vanister abre los ojos. Los objetos artesanales wakane que penden del techo y que decoran las paredes de la caravana dejan claro a Billy donde se encuentra: reconoce el hogar de Tyler Crow, el último de los Wakane: el hombre que, desde su llegada a “Nuevo Springfield”, ha estado ayudando al mentor de Billy.

Billy se incorpora, mirándose el hombro: el vendaje cubre la herida de bala y las leves punzadas de dolor que, de inmediato, le traen el recuerdo de los últimos acontecimientos: “Perro Loco” a punto de ser linchado y quemado por Sam Wayne y su banda de matones; la aparición de Fred y Leonard, esos dos chicos que aseguraban ser viajeros dimensionales… y la furgoneta en la que decían haber llegado. Estaba dentro de la mina, donde…

Billy recuerda entonces esa estatua, incrustada en la pared de roca viva. Un enorme dragón de piedra. Por unos instantes, el joven yace tendido en la cama de la caravana de Crow, paralizado por ese recuerdo. Pero de inmediato, algo le devuelve al presente: el ruido de un motor acercándose. Y Billy no es el único que lo ha escuchado: “Perro Loco” se incorpora del sofá, a unos metros de donde dormitaba Billy, con la escopeta de Tyler entre las manos. Cuando Billy llevó a aquellos viajeros dimensionales a ver a Marcus, éste le pidió que fuese a Dry Rock y que permaneciese allí. Escondido. No era ningún secreto que Marcus tenía buenos motivos para ser precavido: la marea mística estaba al caer y el “Libro de las Sombras” seguía en poder de Devon Powell. Y ahora, la súbita llegada de esos “viajeros” coincidiendo con la marea… ¿casualidad?

Billy pensaba todo aquello mientras espiaba el vehículo recién llegado: un todoterreno de colores oscuros, con el cristal delantero hecho añicos… “Perro Loco” se aferró aún más a la escopeta: como wakane y viviendo en Nuevo Springfield, el chico sabía lo que era recibir visitas “indeseables” en mitad de la noche.

Sin embargo, Billy puso la mano sobre la escopeta de “Perro Loco”, en señal de calma: de los dos ocupantes del vehículo, el primero era un chico joven al que no identificó al principio (y que más tarde recordaría). Pero quien iba al volante era su padre. Marcus Vanister.

Billy Vanister (WF): ¿Papá?

Los recién llegados se aproximaron lentamente hasta donde estaban él y “Perro Loco”. A cada paso que daba, crecían las dudas de Billy sobre la identidad de ese tipo que era igual a su padre. Cuando estuvo a escasos metros, no le quedó duda: el chico era al que los otros viajeros dimensionales llamaban “Danny”. Y el hombre que se parecía a su padre adoptivo… era su versión de otra realidad muy distinta.

Pero aquello no fue lo único extraño que sucedió. Antes de que ninguna de las partes pudiese mover un solo músculo, tanto Billy como aquella versión de su padre adoptivo compartieron una extraña visión.

Ben Braddock (NE), malherido e inconsciente en la parte de atrás del todoterreno…
Marcus Vanister (NE) relatando su encuentro con Tyler Crow,
mientras huían de la mina Dalton…
Billy Vanister (WF) mostrándoles la gruta secreta oculta bajo Dry Rock,
y narrando la historia de esa extraña embarcación procedente de otro plano…
Danny Dalton casi a punto de atragantarse cuando Billy menciona el Libro de las Sombras…
“Perro Loco” (WF) cerrando el pozo y dejándolos atrapados,
poco después de haber quedado claro lo que hacía Tyler Crow en la mina Dalton…

La mente de Billy vuelve atrás en el tiempo, hasta el momento presente: aun es noche cerrada, el todoterreno sigue aparcado a unos metros de la carretera y sus dos ocupantes, el otro Marcus Vanister y Danny Dalton, siguen ahí. La sensación es peor de lo que Billy esperaba: Marcus le habló de esas extrañas visiones, fugaces flashes del futuro que los poseedores de sangre mística sufren cuando la marea es inminente. Pero nunca le habló de las nauseas.

Billy Vanister (WF): “Perro Loco”… (se encara a su amigo) ¿Qué ha ido a hacer Tyler a la mina?
“Perro Loco” Washington (WF): ¿Qué? Billy no…
Marcus Vanister (NE): Va a despertar el dragón, ¿no es cierto? Y no sólo eso… Nos mostrarás lo que hay en la gruta subterránea. Ése barco de maderas negras como el ébano. Y usted, señor Whitehouse, nos hablará de la peligrosa carga que trajeron consigo… “El Libro de las Sombras”
Danny Dalton (totalmente confuso) ¿Libro?... Profesor, ¿de qué coño está hablando?
Billy Vanister (WF): Y luego… (girándose a “Perro Loco”, siguiendo el relato del profesor) Luego intentarás encerrarnos, “Perro Loco”.
Marcus Vanister (WF): Pero no esta vez.
Danny Dalton: ¿No esta vez? ¿Quiere alguien explicarme DE QUÉ COÑO ESTAN HABLANDO?

Una vez aclarado todo (y habiendo desarmado pacíficamente a “Perro Loco” Washington), Danny Dalton, el profesor Vanister y Billy Vanister montan a bordo de la furgoneta, camino de la mina Dalton.

Danny Dalton (conduciendo): ¿Visiones del futuro?
Billy Vanister: Es algo que me comentó mi maestro. Cuando la marea mágica se aproxima, aquellos cuya sangre es de naturaleza mágica suelen sufrirlas. Yo y…
Marcus Vanister (NE): Y mi versión en este universo… Tiene sentido, a fin de cuentas.
Danny Dalton: Bueno, eso está muy bien. Y espero que tengáis alguna visión que nos ayude con eso…

Billy Vanister reconoció los dos todoterrenos que salían a toda velocidad de la carretera privada que llevaba hasta la mansión Powell: eran los que utilizaban los hombres de Morgan Kyle. Parecía que llevaban prisa… y que su destino final era el mismo que el suyo: la mina Dalton.

Habiendo dejado el coche de Sam Wayne oculto entre los bosques que rodeaban la mina, Billy, Danny y el profesor Vanister pudieron ver como Morgan Kyle y algunos de sus hombres se disponían a entrar en la mina. Para empezar, Kyle portaba un fusil de asalto con lanzagranadas incorporado. Uso éste último para arrojar una granada de gas al interior de la mina. Y acto seguido, él y uno de sus hombres entraron en la mina.

Con los cuatro guardias que Kyle dejó custodiando el acceso a la mina y los otros cuatro que vigilaban los dos todoterrenos, Billy supo que lo tendrían complicado para intentar un ataque sorpresa. Sin embargo, había que intentarlo: Billy se arrastró bajo los faros encendidos de los dos vehículos. Todo hubiera ido bien… de no haber sido por un descuido de Danny Dalton, quien pisando una rama puso en alerta a los guardias.

Las cosas pasaron demasiado deprisa. Billy se encontró escondido bajo uno de los coches. Intentó escabullirse de los guardaespaldas e incluso hirió de gravedad a uno de ellos disparando la escopeta de “Perro Loco”. Sin embargo, no tuvo la suerte del profesor y Danny, quienes consiguieron permanecer al margen: Billy fue llevado al interior de la mina por dos de los hombres de Kyle mientras esperaba que el profesor y Danny pudiesen escabullirse del resto de los guardias.

Cuando Billy entró por segunda vez en la caverna, notó algunos cambios desde la última vez. Para empezar, la destartalada furgoneta había sido puesta al derecho y alguien había instalado unas luces y un generador portátil dentro de la caverna. Por otro lado, aun podía notarse en el ambiente el humo de la granada disparada por Morgan Kyle.

El propio Kyle se encontraba de pie, a escasos metros de la furgoneta que bloqueaba casi totalmente el acceso del tunel. Encañonándolos con su fusil de asalto, tenía a los otros dos viajeros dimensionales, Leonard y Fred. En el suelo, tirado cuan largo era y aparentemente inconsciente, estaba Tyler Crow. Y, de pie a unos metros suya, también estaba…

Billy Vanister (WF): ¿Papá?

Su padre, descalzo y apenas vestido con unos pantalones usurpados a alguno de los guardias de Morgan Kyle, aun mostraba signos recientes de una pavorosa tortura. Los hombres de Kyle llevaron a Billy junto a su mentor y padre adoptivo. Billy apenas si pudo entender lo que dijo Leonard entre dientes al verlo aparecer…

Leonard Powell: Billy Whitehouse y Morgan Kyle en una misma habitación. (dirigiéndose a Morgan) Creo que esto no va a ser bueno para ti, tío…

Billy no podía saber que Leonard había cogido el cuchillo de Tyler Crow cuando éste había intentado atacar por sorpresa a Morgan. Por suerte, éste último tampoco vio el rápido juego de manos de Leonard… y no pudo evitar que éste le lanzara el cuchillo. Éste se clavó en el hombro del corpulento guardaespaldas, haciendo que apretara instintivamente el gatillo del fusil de asalto. El arma escupió una mortal y descontrolada ráfaga que recorrió la pared de la cueva salpicando esquirlas de piedra por doquier.

Morgan Kyle (WF): Señor Powell… (quitándose el cuchillo del hombro)… Creo que ese ha sido su último error.
Marcus Vanister (WF): “Paralisium Est”.
Morgan Kyle (WF): ¿Qué…? (incapaz de disparar ni de realizar ni un solo movimiento)

Billy miró a su mentor. Y justo antes de ver su expresión de calma y su leve sonrisa triunfal, el joven supo que ese momento era el definitivo: la marea mística ya estaba aquí. Y eso significaba que las cosas no pintaban bien para Morgan Kyle.

Billy Vanister (WF): Entrégame el rifle, Morgan… “Vox Mandatari”
Morgan Kyle (WF): Nnnnoooo… (resistiendo)

Durante un instante, el rifle estuvo en manos de Billy. En ese momento, un nuevo temblor de tierra comenzó a sacudir toda la caverna. Hilillos de tierra y grava caían del techo y, entre ellos, algo más se precipitó al suelo, repicando al chocar contra los salientes de la pared de roca y cayendo en el centro de todos los presentes… El prisma.

Fred “Fess” Fesster: El prisma…
Leonard Powell: Joder.
Billy Vanister (WF): ¿Qué…? (perdiendo la concentración)
Morgan Kyle (WF): Maldito crío… (liberado del conjuro, intenta agarrar a Billy)

Billy reacciona de forma instintiva. Antes de que quiera darse cuenta, su dedo ya ha apretado el gatillo: una mortal ráfaga de proyectiles atraviesa el cuerpo de Morgan Kyle, dejándolo en el suelo sobre un creciente charco de sangre. El cargador cae, humeante y vacío.

Billy Vanister (WF): Lo he… (a Vanister) lo he matado, maestro.
Leonard Powell: Tranquilo, Billy. No es la primera vez que lo haces.
Fred “Fess” Fesster: Eh… ¿chicos? (un nuevo temblor sacude la caverna) Creo que tenemos problemas… (se escucha el rugido sordo del dragón despertando) ¡¡Problemas gordos!!
Marcus Vanister (WF): Deben marcharse… (cogiendo la bolsa de deportes donde guarda El Libro de las Sombras) ¡Cojan el prisma y lárguense!
Fred “Fess” Fesster: ¡Espere! ¡Debe haber una forma de detener al dragón! ¡Dijo que este libro podía hacerlo todo!
Marcus Vanister (WF): ¡No hay tiempo de buscar un ritual!
Leonard Powell (a los temblores crecientes, se suma un nuevo rugido): ¡Pues sáquenos de aquí! ¡Dijo que podía hacerlo!
Marcus Vanister (WF): ¡Pero no aquí! ¡No sin los preparativos que tengo en mi sótano!
Fred “Fess” Fesster: ¡Hay que detener el dragón, profesor! Leonard…
Leonard Powell: ¡No hay tiempo, Friki Fess! ¡Tu apenas si puedes caminar y yo no quie…!
Billy Vanister (WF): ¡Lo haré yo! (quitándole el prisma de las manos a Fred) ¡Ahora, salid de aquí… (mirando a Vanister) ¡TODOS!

Leonard y Fred asienten en silencio y se apresuran a salir de la estancia mientras las primeras rocas pesadas comienzan a caer, golpeando el techo de la furgoneta. Marcus Vanister mira a Billy:

Marcus Vanister (WF): ¿Estas seguro…?
Billy Vanister (WF): Completamente, maestro… Ahora, váyase.

Es una despedida y ambos lo saben: Marcus sale de la cueva, atraviesa el túnel con la bolsa de deportes entre los brazos, sin mirar atrás. Sabe que no puede mirar atrás. Si lo hace, puede que no salga de la mina.

Fuera, le esperan Leonard Powell y Fred “Fess” Fesster quienes se han encontrado con los otros dos miembros de su peculiar grupo de viajeros dimensionales: Danny Dalton y el profesor Vanister parecen haber sido capaces de neutralizar a los matones de Morgan Kyle… al menos los que no se fueron en cuanto comenzaron los temblores de tierra.

Danny Dalton: ¿Y Billy?
Leonard Powell: Dentro, intentando frenar al dragón…
Marcus Vanister (WF): Debemos ir a mi casa, ¡vamos!
Fred “Fess” Fesster (sintiendo el temblor y el rugido sordo del dragón): Pero… ¿y si no lo consigue?
Marcus Vanister (NE): Entonces no habrá que preocuparse de volver a casa, señor Fesster. ¡Corra!

Mientras tanto, en el vientre de la montaña, Billy Vanister lucha por escalar la escarpada pared de roca, mientras enormes piedras caen del techo a cada temblor y rugido del dragón. Imagina a los viajeros dimensionales montándose a bordo del todoterreno de Sam Wayne, partiendo a toda velocidad camino a la casa de su maestro…

Billy resbala y cae. Por suerte, no se lesiona pero sabe que el tiempo se agota. Las fisuras y grietas que cubren las paredes se hacen más grandes y de ellas sale vapor. Algunas rocas caen y aplastan los focos y el generador eléctrico, que estalla entre chispas. Billy sabe que aun puede escapar. Mira por última vez el túnel de salida. Luego mira el prisma en su mano. Y finalmente levanta la vista… hacía el hueco que hay casi diez metros más arriba.

Y toma una decisión.

Alza la mano y comienza a escalar mientras toda la gruta se viene abajo. Sigue avanzando pese a que toda la pared izquierda de la caverna se desploma, dejando libre una de las alas membranosas del gigantesco dragón. No se detiene ni siquiera cuando llega hasta sus fauces, de las que sale humo y desde las que se puede ver el crisol de su garganta. Bajo el calor del infierno, Billy alza la mano por última vez.
Y coloca el prisma justo cuando el dragón lanza su primera bocanada de fuego.

Los viajeros dimensionales y el profesor Vanister acaban de llegar a su casa cuando la mina Dalton vuela por los aires. En la distancia se puede ver como una inmensa humareda se alza en el cielo, como si fuese un volcán. Todos se detienen y mantienen la mirada fija en el humo, esperando ver un enorme reptil alado surgir de ella.
Pero eso no sucede: los minutos pasan y el humo comienza a disiparse mientras los vecinos de Nuevo Springfield salen de sus casas para ver, temerosos, el espectáculo.

Marcus Vanister (WF): Lo ha conseguido… (hay lágrimas en sus ojos) Buen trabajo, aprendiz.
Leonard Powell: Joder con Billy…
Fred “Fess” Fesster: Nos ha salvado.
Danny Dalton: Otra vez.
Ben Braddock (NE): ¿Chicos? (recuperando la consciencia y saliendo del coche) ¿Qué me he perdido?

Durante las dos horas siguientes, se escuchan sirenas de policía y bomberos en las calles de Nuevo Springfield. Mientras Fred “Fess” Fesster se recupera de sus múltiples heridas, al igual que el propio profesor Vanister y Ben Braddock (quien es puesto al día de todo cuanto se ha perdido); Danny Dalton y Leonard Powell acuden al sótano para ver al profesor Vanister de este universo… quien ultima los detalles para el ritual que, presuntamente, les devolverá a su mundo con la ayuda del Libro de las Sombras.

Leonard Powell: Profesor Vanister, quisiéramos…
Marcus Vanister (WF): Señor Powell, por favor. Les he dicho que necesito tiempo para acabar el ritual. Si no puede esperar…
Danny Dalton: Leonard, espera con los demás…
Leonard Powell: Si, claro. Lo que tú…
Danny Dalton (tajante): Pijo. Con los demás. Ahora.

Leonard acepta de mala manera y decide subir a reunirse con los otros. Finalmente, Danny tiene la oportunidad de contarle en privado a Vanister todo lo referente a la visión que tuvo. Aquella en la que Alma Grant le hablaba del libro.

Marcus Vanister (WF): Señor Dalton… El Libro de las Sombras es mucho más que un objeto místico.
Danny Dalton: ¿Qué quiere decir?
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso. Y, normalmente, utiliza los sueños para… “tentar” a los hombres.
Danny Dalton: ¿Y ha dicho que llevaremos esa… esa cosa con nosotros a nuestro mundo? Olvídelo, Vanister. No…
Marcus Vanister (WF): Escúcheme, señor Dalton. En su mundo no existe la magia. Si mis teorías son correctas, allí el Libro de las Sombras no será más que un montón de páginas viejas y amarillentas…
Danny Dalton: ¿Y si sus teorías no son correctas?
Marcus Vanister (WF): Entonces, señor Dalton… tendrá que destruirlo. A cualquier precio.

Poco después, el ritual está listo y los cinco viajeros dimensionales entran en el sótano de Vanister. Éste realiza un pequeño corte en la palma de las manos de cada uno de ellos y vierte la sangre mezclada en un cuenco. Los viajeros se colocan en círculo, tomándose de las manos y con el Libro de las Sombras en el centro. Finalmente, se coloca fuera del pentagrama y comienza a entonar una serie de cánticos mientras vierte la sangre alrededor del pentagrama. Las velas que iluminan la estancia comienzan a apagarse y, justo antes de que la última lo suma todo en las tinieblas, Marcus Vanister se despide de ellos…

Marcus Vanister (WF): Buena suerte…

De repente, alguien abre las puertas del sótano. El sheriff Charlie Dalton y un par de sus ayudantes irrumpen en el sótano. Allí, con las paredes totalmente limpias de toda runa ritual y sin rastro de los componentes del hechizo; los intrusos miran atónitos… pues no queda ni una sola prueba de prácticas de brujería. Ni, por supuesto, queda rastro alguno de nuestros protagonistas.

Marcus Vanister (WF): Caballeros… (con cara de no haber roto un plato en su vida) ¿En qué puedo ayudarles?

EPÍLOGO

Cuando la última de las velas se apaga, Leonard Powell, Danny Dalton, Fred “Fess” Fesster, el profesor Vanister y Ben Braddock se ven sumidos en la oscuridad más absoluta. De repente, las runas rituales que había cubren las paredes del sótano se iluminan poco a poco… y comienzan a moverse a lo largo de los muros. Cada vez más deprisa. Llega un momento en que se mueven tan rápido que nuestros protagonistas parecen envueltos en un torbellino de luz.

Finalmente, y con un resplandor, los viajeros vuelven a descubrirse sumidos en la tinieblas. Todos pueden verse unos a otros: ya no están en el sótano de Vanister y donde se encontraba el Libro de las Sombras, ahora hay algo muy diferente.

Es una niña. Una niña de unos diez años, de pelo negro largo y lacio. Su piel es pálida y sus ojos son negros como el resto de la estancia. A todos los presentes les recuerda a alguien. A una prima lejana, a una insidiosa sobrina, a un primer amor escolar…

Libro de las Sombras: ¿Qué queréis?
Leonard Powell: Volver a casa.
Fred “Fess” Fesster: Espera, espera… Pero queremos volver en el momento justo en que nos marchamos.
Marcus Vanister (NE): ¡No, señor Fesster! ¡Eso provocaría una paradoja temporal y…!
Danny Dalton: Mocosa… Queremos volver a nuestro mundo, ¿vale?
Ben Braddock: Bueno… Yo también quiero volver. (mirando a Leonard, Fred y Danny) A mi mundo.
Leonard Powell: Pero, ¿qué…?
Ben Braddock: Si vosotros podéis dar marcha atrás, yo también quiero una segunda oportunidad.
Libro de las Sombras: ¿Y usted, profesor? (mirando al último que queda por expresar su deseo) ¿Qué quiere?
Profesor Vanister: Quiero que volvamos a casa. Todos.
Libro de las Sombras (sonríe y sus ojos se vuelven amarillos): Concedido.

De repente, la oscuridad se vuelve luz. Y nuestros protagonistas aparecen en otra parte. Aun siguen formando un círculo, cogidos de las manos y con el Libro de las Sombras reposando a sus pies. Sin embargo, ya no están en el sótano de Vanister: se encuentran en el exterior, en lo que parece la cima de la mina Dalton. Es una mañana luminosa, de cielo azul despejado y, a juzgar por lo que se puede ver desde ahí arriba…

Fred “Fess” Fesster: Tíos… estamos en casa.
Leonard Powell: ¿Estás… (mirando Springfield a vista de pájaro) ¿Estas seguro?
Danny Dalton: Sí, pijo… (Danny se acerca al cobertizo que hay a unos metros y descubre una inscripción que hizo poco antes de irse) Estamos en casa.
Fred “Fess” Fesster: Estamos en casa… (exultante de alegria) ¡ESTAMOS EN CASA!

Mientras Leonard y Fred intercambian comentarios jocosos sobre su llegada a casa, Ben Braddock y el profesor analizan la situación.

Ben Braddock (NE): ¿Y ahora, profesor?
Marcus Vanister (NE): Señor Braddock, ahora buscaremos la forma de salir de este mundo. Ahora, nosotros somos el elemento ajeno y podríamos provocar alguna clase de desastre.
Danny Dalton (interrumpiendo): Me temo, Profe, que usted y el Capi no son lo más peligroso que hemos traído con nosotros…

Todos se dan la vuelta: Danny está de rodillas, sosteniendo el Libro de las Sombras contra el suelo y colocando su mechero a pocos centímetros. Las llamas no parecen ser capaces de quemar el libro.

Danny Dalton: Tíos… (mirando a sus compañeros) Tenemos un problema.

FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA.

jueves, 31 de julio de 2008

Sesión 26-07-08



ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
Leonard Powell: ...Así que el profesor Vanister de este mundo es una especie de brujo y nos puede enviar de vuelta a casa.
Danny Dalton: Porque si usamos ese prisma, el dragón se despertará ¿no?

CUATRO JÓVENES PERDIDOS EN EL MULTIVERSO...
Leonard Powell: ¿Qué es eso?
Marcus Vanister (WF): El Libro de las Sombras…
(guardándolo en la bolsa de deporte que lleva al hombro) Ésto puede llevaros de vuelta a casa.


INFINITOS MUNDOS POSIBLES...
Leonard Powell: ¿Dónde están los otros, Danny, Ben y el Vanister de su mundo?
Fred “Fess” Fesster: No lo sé, Leonard. Pero tenemos un problema. Algún hijo de perra se ha llevado consigo el teclado de la “Alfombra Mágica”… ¡no podemos ponerla en marcha!

...Y UN ÚNICO CAMINO A CASA.

Episodio 20.- WITCHFIELD (Parte 6)

Primera Parte
DANNY DALTON y MARCUS VANISTER (NE)

Hace 4 horas.
Muchas cosas son diferentes en este mundo. Pero por suerte, la mina Dalton se parece lo bastante a la de su Springfield como para que Danny pueda escalar por ellas incluso bajo la precaria luz de la luna. Ahí acaban las buenas noticias: las malas comienzan con su herida de bala en la pierna, con el hecho de tener que cargar con un inconsciente Ben Braddock y con el pequeño detalle sin importancia de que tanto él como el profesor estan siendo perseguidos por los hombres de Morgan Kyle.

Dejando al profesor atrás cuidando de Ben, Danny se adelanta y trepa hasta la cumbre de la montaña. Allí está el cobertizo. Un fugaz recuerdo de Alma y las horas que pasaron juntos pasa a un segundo plano cuando Danny vislumbra movimiento tras el cobertizo. El chico se aproxima lentamente a él, con la pistola que le robó a uno de los matones de Kyle en su pelea en la mina.

Apenas ha dado unos pasos hacia delante cuando Danny se da cuenta de su error: aquello era una distracción… ¡y su verdadero problema está justo detrás suya! Al darse la vuelta, se encara a su misterioso atacante. Es un tipo corpulento, de pelos largos y enmarañados, con todo el aspecto de un vagabundo… Forcejean, él consigue que Danny suelte la pistola, ambos ruedan por el suelo hasta que, de dos fuertes puñetazos, Tyler Crow deja fuera de combate al joven Dalton.

Lo que ocurre a continuación es extraño. Más extraño aun si cabe que el hecho de viajar entre mundos paralelos. Lo primero que Danny ve al despertar es el cobertizo. Es de día y no hay ni rastro de Tyler. La que sí está sentada al filo del acantilado es Alma. Alma Grant.
Pero eso es imposible, piensa Danny.
Porque en este mundo, Alma jamás nació.

Alma Grant (mirando al horizonte): Quiero que vuelvas, Danny. (mira a Danny) ¿Y tú, Danny? ¿Quieres volver?
Danny Dalton: Claro que sí…
Alma Grant: Pues encuentra el libro.

Es entonces cuando la idílica estampa se estropea: el cielo azul de nubes esponjosas y la suave brisa pasan a un segundo plano… y lo único que puede ver Danny son las muñecas ensangrentadas de Alma, por las que fluye sangre en pequeños ríos escarlata.

Ahora.
Danny Dalton se incorpora sobresaltado. Para ser un sueño es el peor que ha tenido en años. Mira a su alrededor: ya no está en la mina. Ni siquiera está en el exterior. Danny despierta junto a un inconsciente Ben Braddock en el asiento trasero de un todoterreno. Afuera, las tranquilas y silenciosas calles de un barrio de la zona de Outsprings. Aun es de noche y a duras penas Danny reconoce la casa.
Es la casa del profesor Vanister.

Sin tiempo apenas para reaccionar, Danny ve como alguien sale a hurtadillas del garaje del profesor. Se trata de Sam Wayne: en su mundo, el matón del instituto e hijo de una pirada religiosa. En este mundo, por desgracia, esa fanática es algo más que la persona más influyente del pueblo: es la que ha ordenado que los quemen a él y a sus compañeros de viaje dimensional.

Sam sube al coche, pensando que Danny y Ben siguen inconscientes. El chico, nervioso habla con su madre por el móvil.

Sam Wayne (WF): Si, madre. Es el director Vanister, madre. Es un… ¡es un hechicero! Si, ¡estoy seguro! ¡Y los que enviaste a la mina…! Madre… ¡Están vivos! Muy bien, madre. Voy para allá.

Nada más colgar, Danny se abalanza sobre Sam. Por una vez, el joven Dalton intenta una alternativa a la violencia: trata de razonar con Sam, asegurándole que lo único que quiere es irse de ese pueblo con sus amigos. Irse en paz.

De repente, se escucha un disparo. Dos. Proceden del interior de la casa.

Sam aprovecha la distracción para zafarse de Danny y emprender la huida. Antes de que Danny pueda darle alcance, se topa de bruces con alguien más que sale de la casa. Traje oscuro, pistola de nueve milímetros en la mano… Danny no tiene duda alguna: es un sicario a sueldo de Devon Powell.

Guardaespaldas 1 (WF): (encañonando a Danny) ¡No te muevas!
Danny Dalton: Cojonudo…

Veinte minutos antes.
Marcus Vanister despierta lentamente. Por un momento piensa que está amordazado y maniatado, tendido en el suelo del sótano de su propia casa. Pero entonces ve los grabados y las runas rituales que cubren las paredes del sótano. Y entonces recuerda que este no es su sótano. Que ésta no es su casa. Y que éste no es su mundo.

En la puerta, el responsable del golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente: Sam Wayne. En su mundo, piensa Vanister, es sólo un lisiado, borracho y triste. En éste, Sam es el hijo de una mujer muy peligrosa.

Sam Wayne (WF): Está acabado, director Vanister. En cuanto avise a mi madre, quemaremos esta casa con usted dentro. Y luego… iremos a por el bastardo de su hijo.

Dicho eso, Sam cierra de un portazo dejando a Vanister solo y encerrado en ese sótano convertido en sala de rituales. Los minutos pasan mientras lucha por deshacerse de las cuerdas: por suerte, Sam Wayne es tan bueno con los nudos como lo fue el profesor a la hora de atarlo… y las cuerdas no tardan en empezar a ceder.

En ese momento, Vanister siente que hay alguien más en la casa. Alguien que intenta entrar en el sótano. Al descubrir que está cerrada, se escuchan dos disparos. Vanister se quita la mordaza y lucha en vano por liberar sus manos. Antes de que pueda hacerlo, dos figuran irrumpen en el sótano. Dos hombres trajeados y armados con pistolas automáticas: matones a sueldo de Devon Powell. Genial…
Vanister, de pie y dentro del pentagrama, los mira de forma siniestra.

Guardaespaldas 2 (WF): Muy bien, Vanister… ¡Las manos donde pueda verlas!
Marcus Vanister (NE): Yo de ustedes no daría un paso más, caballeros…
Guardaespaldas 1 (WF): Joder, Chuck… (mirando los símbolos rituales de las paredes) Esto no me gusta…
Guardaespaldas 2 (WF): Billy, cálmate…
Guardaespaldas 1 (WF): Yo… Te espero fuera, ¿vale Chuck? (y se marcha dejando a su amigo a solas)
Guardaespaldas 2 (WF): ¿Billy? ¡Joder! (entonces, se da cuenta de que está a punto de pisar el pentagrama en el que esta Vanister) Joder…

El segundo de los guardaespaldas decide no arriesgarse y se limita a cerrar la puerta del sótano, dejando a Vanister de nuevo a solas. Y, respirando aliviado, el profesor termina de desatarse.

Ahora.
Para cuando decide salir al exterior, Marcus Vanister ha encontrado la pistola que llevaba consigo tirada por el suelo del garaje. Por suerte, ni Sam Wayne ni los dos matones de Devon Powell la han visto. Aferrándola con fuerza, el profesor Vanister sale al exterior, encontrándose con Danny Dalton de rodillas y encañonado por los dos matones de Powell.

Marcus Vanister (NE): Suelten las armas, caballeros… (colocando la pistola en la sién de uno de los matones) Y dejen libre al señor Dalton.
Danny Dalton: ¿Profesor?
Marcus Vanister (NE): (habiendo dejado a los dos matones inconscientes en el interior del garaje) Coja sus armas, señor Dalton… y procure que el señor Wayne no vaya muy lejos. No conviene que…

La frase del profesor tendría que haber acabado con un "le demos tiempo de avisar a las autoridades". El problema es que ya lo hizo: avisó a su madre. Y la buena alcaldesa Wayne, a su vez, movilizó a la policía.

De esa forma, la frase del profesor se ve interrumpida por la súbita aparición de dos coches patrulla, que frenan a unos metros de la casa de Vanister.

Policía 1 (WF): ¡Muy bien! (encañona a Danny) ¡No se muevan!
Danny Dalton (encañonando a su vez al policía 1): Sólo queremos marcharnos, maldita sea.
Policía 1 (WF): ¡Suelta el arma, chico, y nadie saldrá herido!
Marcus Vanister (NE): Señor Dalton… (viendo y encañonando a un segundo agente que se acerca por una de las esquinas de la casa) Hay que salir de aquí…
Danny Dalton: Lo sé, lo sé… Joder…
Policia 1 (WF): Por última vez: suelta el arma.
Danny Dalton: No lo haga…
Policía 1 (WF): Dos…
Sam Wayne (WF): ¡Maldito seas! (saltando sobre Danny y pillándolo por sorpresa)
- BANG – BANG -

Las balas de Danny y el policía se cruzan… sin dar en el blanco ninguna de ellas. El profesor Vanister, sin embargo, deja fuera de juego al segundo policía. Y eso acaba con las posibilidades de cualquier resolución pacifica.

Los vecinos han salido de sus casas y contemplan la escena con una mezcla de temor y curiosidad. El primer policía acaba en el suelo por un disparo del profesor. Pero, con su último esfuerzo, consigue dispararle por la espalda. Heridos y con el tiempo justo, Danny y el profesor deben salir a toda velocidad con el todoterreno, mientras un tercer policía les dispara con una escopeta.

Danny Dalton (conduciendo): Joder, profesor… ¡Esta herido!
Profesor Vanister (NE): Tanto como usted, señor Dalton… Rápido, conduzca. Tenemos que ir a un lugar.
Danny Dalton: ¿Dónde?
Profesor Vanister (NE): Dry Rock.

***

Cuarenta y dos minutos después.
Los faros del todoterreno iluminan la desolada carretera que circula en paralelo al gran erial en donde, en el Springfield original, se encuentra el asentamiento chabolista de Crowland.

Danny Dalton (al volante): Entonces, después de dejarme KO, Tyler Crow le dio su furgoneta, le pidió que buscase a su hijo y a "Perro Loco" en Dry Rock…
Marcus Vanister (NE): Y que los sacase de Springfield cuanto antes. Y después volvió a internarse en la mina Dalton.

La forma rocosa de Dry Rock aparece recortada contra la luna llena. Y justo a los pies de la misma, una caravana destartalada deja claro a nuestros protagonistas que eso es a lo que el Tyler Crow de este mundo paralelo debe llamar hogar. Antes de poder siquiera aproximarse, alguien les lanza un aviso.

"Perro Loco" Washington (WF): ¡Quédense donde están… (muestra una vieja escopeta de caza) …o dispararé!
Danny Dalton: Colega… (siente un escalofrío) Es… "Perro Loco".
Marcus Vanister (NE): Nos envía… Tyler. Tyler Crow.
Billy Vanister (WF): ¿Papá? (saliendo de las rocas en las que estaba oculto) ¿Eres tú?

La confusión dura apenas unos instantes: en seguida, Billy reconoce al profesor Vanister como el doble al que vio inconsciente dentro de la mina Dalton. En el interior de la caravana, donde intentan curar las heridas del pobre Ben Braddock; Billy Vanister y nuestros dos protagonistas comparan notas.

Billy Vanister (WF): Mi padre me envió aquí, con Tyler y "Perro Loco". Me dijo que podía ayudaros a volver a casa y… ¿Dónde están vuestros otros amigos? ¿Y mi padre?
Marcus Vanister (NE): Están en poder de Devon Powell. Nosotros hemos conseguido escapar, pero…
Billy Vanister (WF): Powell es un hechicero. Es un hombre muy peligroso. Mi padre… (parece que cae en la cuenta de algo) Oh Dios.
Danny Dalton: ¿Qué? ¿Qué ocurre?
Billy Vanister (WF): Hay algo que debéis ver.

Al encender unos focos externos que dispone la caravana de Tyler Crow, nuestros protagonistas descubren un viejo pozo seco que había medio oculto por las rocas del desierto. Mientras "Perro Loco" se queda fuera vigilando, Billy Vanister y nuestros viajeros dimensionales se deslizan cuerda abajo por el pozo. Una vez al fondo, a unos ocho metros de profundidad, la comitiva se desliza por un angosto túnel de apenas tres metros de diámetro.

Billy Vanister (WF): No sé como será en vuestro mundo… Pero en el nuestro, cada cierto tiempo, tiene lugar lo que llamamos una marea mística. La magia despierta. Y cuando eso ocurre… a veces llegan cosas desde otras dimensiones.

El recorrido a través del túnel acaba en una gran caverna: allí, varado en un pequeño lago subterráneo, los haces de luz de sus linternas permiten ver a nuestros amigos la forma de una enorme y vieja embarcación. Su forma es la de un drakkar vikingo aunque parece estar confeccionado en una extraña madera negra como el ébano… y su aspecto es extraño.

Danny Dalton: La madre que…
Billy Vanister (WF): Esto llegó a nuestro mundo a principios del siglo XVIII, cuando los Wakane aun controlaban esta región. Fueran quienes fuesen los que viajaban en su interior ayudaron a los Wakane. Y éstos, desde entonces, se han considerado "descendientes de los espíritus".
Marcus Vanister (NE): Parece un drakkar vikingo… (examinando uno de los esqueletos que hay dentro de la embarcación: luce una especie de armadura medieval, algo tosca) Sin embargo…

Vanister quita el casco del cadáver… descubriendo un cráneo de rasgos afilados y dudosamente humano.

Billy Vanister (WF): Mi padre contaba con la ayuda de Tyler Crow para traducir las runas que hay grabadas en la quilla del barco. Al parecer la embarcación transportaba un objeto de terrible poder en su interior. Un objeto que fue robado hace siglos… y que acabó en manos de Devon Powell. La organización para la que trabajamos mi padre y yo nos envió aquí para recuperar ese objeto.
Marcus Vanister (NE): ¿Qué objeto?
Billy Vanister (WF): Un libro.
Danny Dalton (a punto de atragantarse): ¿¿QUÉ??

En ese momento, se escucha un ruido procedente del pozo. Nuestros amigos no tardan en descubrir que "Perro Loco" los ha dejado encerrados.

Billy Vanister (WF): ¡"Perro Loco"! ¿Qué estas haciendo?
"Perro Loco" Washington (WF): Ahí estaréis a salvo. Tyler me lo dijo.
Marcus Vanister (NE): Un momento… ¿Qué hacia Tyler en la mina Dalton?
Billy Vanister (WF): No lo sé… Es donde estaba vuestra furgoneta, donde me llevaron vuestros amigos…
Danny Dalton: Y donde estaba el dragón.
Billy Vanister (WF): Mierda… Va a hacerlo. Va a despertarlo.
Danny Dalton: ¿Qué estas diciendo?
Billy Vanister (WF): ¡La marea mística! ¡Mi padre quería arrebatarle ese libro a Powell antes de que la magia volviese! Y si la magia vuelve…
Marcus Vanister (NE): … quizá lo haga también el dragón. Hoy se cumplen veinte años del desastre, señor Dalton. Lo estaban celebrando.

Habiendo descubierto los planes de Tyler Crow, los esfuerzos de nuestros protagonistas se centran en salir de ahí. Y para ello, han de convencer a "Perro Loco". Finalmente, es Danny quien lo consigue…

Danny Dalton: Escúchame, ¿vale? No eres así. Te conozco. Joder, me has salvado la vida…
"Perro Loco" Washington (WF): ¿Qué sabrás tú? Por lo que dices, ni siquiera eres de este mundo. ¿Qué puedes saber de lo que ha sufrido mi pueblo?
Danny Dalton: Te conozco, no dejarás que mueran cientos de inocentes. No eres así… Lucius.
"Perro Loco" Washington (WF): ¿Cómo… (retirando la tapadera del pozo) sabes mi nombre?

Una vez en el exterior, habiendo dejado atrás el pozo, Danny y el profesor se disponen a salir cuanto antes hacia la mina Dalton. Deben frenar a Tyler Crow antes de que desencadene una pesadilla sobre Springfield.

Danny Dalton (a "Perro Loco"): Ha sido genial volver a verte, tío… (se vuelve a Vanister) Vamos, profe.
Marcus Vanister (NE): Bien… (subiendo al todoterreno, donde yace un inconsciente Ben Braddock) No tenemos mucho tiempo.
Billy Vanister (WF): Encuentre a mi padre, profesor. Por favor.

De nuevo en la carretera, Marcus Vanister y Danny Dalton regresan a la mina Dalton. Ya no es solo la vida de sus amigos la que corre peligro. Todo el pueblo está a punto de ser arrasado.
Otra vez.

Segunda Parte
LEONARD POWELL y FRED "FESS" FESSTER

Hace una hora.
Leonard Powell y Fred "Fess" Fesster acababan de reencontrarse. Apenas doce horas antes, el padre de Leonard los salvó de una muerte en la hoguera… aunque decidió dejar a Fred separado de sus compañeros de viaje dimensional a modo de seguro. Ahora, los dos amigos se reencuentran en el mismo lugar donde llegaron a bordo de "Margaret": en el vientre de la mina Dalton. Donde un dragón petrificado yace dormido desde hace veinte años.

Y donde la versión de Tyler Crow de este mundo acaba de arrancar el prisma que mantiene el letargo de esa colosal amenaza.

Leonard Powell: Joder, Crow… Debes devolver eso ahí arriba o…
Marcus Vanister (WF): El chico tiene razón, Tyler… (aferrando la bolsa de deporte en donde guarda el Libro de las Sombras) Tienes que poner ese prisma de vuelta en su sitio o si no…
Tyler Crow (WF): ¡Atrás! (amenaza con el cuchillo de monte) La Wayne y todos esos cerdos van a pagar por lo que nos hicieron a los Wakane. Las brujas… ellas dieron sus vidas para salvarlos y ellos…
Fred "Fess" Fesster: Sabemos lo que pasó y sabemos que las brujas fueron inocentes.
Tyler Crow (WF): ¿Qué puede saber un mocoso como tú…?
Fred "Fess" Fesster: Mi apellido. Te dije que era Fesster. Pero el de mi madre… El de mi madre era Connor.
Tyler Crow (WF): ¿Qué estas…? (entonces, Tyler reconoce los ojos de Emily Connor en Fred) No puede ser…

En ese momento, se escuchan dos pequeñas detonaciones sordas… y el tintinear de dos granadas de humo repicar contra el suelo del túnel. Éstas se cuelan por los bajos de a furgoneta y estallan comenzando a llenar de gas el recinto. Morgan Kyle y sus matones siguieron el rastro de Vanister y Leonard desde que se los cruzaron cuando escapaban de la mansión Powell.

Para cuando los hombres de Morgan Kyle entran la cámara subterránea, Marcus Vanister y Fred "Fess" Fesster ya están fuera de combate. Y Leonard y Tyler forcejean en el suelo, luchando por arrebatarse mutuamente el prisma. Morgan Kyle es quien pone fin a la disputa… dejándolos a los dos inconscientes de un culatazo.

***
Hace veinticinco minutos.
Cuando despiertan, Leonard y Fred sienten que sus muñecas están, al igual que sus tobillos, atados a sendos postes. Para su horror, se encuentran en el exterior de la mina, maniatados en los postes que hace veinte años sirvieron para quemar vivas a tres supuestas brujas. Ocho hombres de Morgan Kyle van de un lado para otro, inspeccionando los alrededores.

Morgan Kyle (WF): Veo que están despiertos. Bien… (marcando un número en su móvil) Han dado ustedes muchos problemas. Intenté avisar al señor Powell pero… No quiso hacerme caso. Espero que nuestro próximo cliente sea un poco más… (alguien contesta al otro lado del teléfono) ¿Alcaldesa Wayne? Morgan Kyle, de Seguridad Privada Kyle & Thompson. Quería hablarle sobre los chicos que le han dado tantos problemas… Si, claro que sé que están vivos…
Leonard Powell: Maldita sea, Morgan. No nos vendas a esa zorra. Puedo serte de ayuda, sé mucho sobre ti… ¡Sé lo de las operaciones negras!

Morgan se queda de piedra al escuchar la mención a ese detalle de su pasado. Su mirada deja clara la incógnita que surca su mente: ¿Cómo puede ese crío saber algo sobre ello? Cuelga el teléfono y se aproxima a él.

Morgan Kyle (WF): ¿Cómo sabes eso? (saca una pistola de su chaqueta) Dame una respuesta… (lo encañona) Ya.
Leonard Powell: Del mundo del que procedo, tú también eres mi guardaespaldas. Tu trabajo es protegerme…
Morgan Kyle (WF): Del mundo del que procedes.
Leonard Powell: Si…
Morgan Kyle (WF): Respuesta equivocada.
- BANG -

La bala atraviesa el cráneo de Leonard Powell, apagando todo rastro de vida de él. Fred "Fess" Fesster, impotente, se ve incapaz de reaccionar. Y pasados unos segundos, los gritos comienzan a salir de su garganta.
Como si gritar su nombre fuese a despertar a su amigo muerto.

***
Ahora.
Las lágrimas de Fred "Fess" Fesster apenas han comenzado a secarse cuando los hombres de Morgan Kyle comienzan a retirar el cadáver de Leonard. Con un murmullo, el director Vanister despierta lentamente, percatándose de que como los dos chicos, él también está atado en uno de los postes.

Morgan Kyle (WF): Muy bien. Cuando acabéis con el joven Powell, poned en su lugar al indio. El muy bastardo no ha soltado palabra de lo que es esto… (muestra el prisma)
Fred "Fess" Fesster: Debería… debería poner eso en su sitio… Si no quiere morir aquí, Kyle…
Marcus Vanister (WF): Escuche al chico, señor Kyle.
Morgan Kyle (WF): Silencio. Los dos. Usted, director Vanister… (uno de los hombres de Morgan aparece con la bolsa de deporte: en su interior, se puede ver el Libro de las Sombras) Robó esto de mi antiguo cliente, el señor Powell… Debe valer una fortuna. Seguro que puedo sacar bastante por él.
Marcus Vanister (WF): Si es dinero lo que quiere, señor Kyle, llame al 555-1399-2448. La palabra clave es "dragón plateado".
Morgan Kyle (WF): ¿Y por qué debo hacer eso?
Marcus Vanister (WF): Porque es la gente para la que trabajo, señor Kyle. Y podrán pagar por nuestras vidas y por ese Libro más de lo que le darán una panda de paletos como Lucille Wayne y compañía. Por eso.

Morgan Kyle se aparta de la vista de los dos y comienza a mantener una conversación con los (misteriosos) superiores del Marcus Vanister de este universo paralelo. Las miradas que le lanza Morgan, entre sorprendido y extrañado, dejan claro que Vanister es mucho más de lo que aparenta.

Marcus Vanister (WF): Tranquilo, Fred. Vamos a salir con vida de aquí…
Fred "Fess" Fesster (mirando como uno de los hombres de Kyle guarda el prisma en la bolsa, junto al Libro de las Sombras) ¿Usted cree, profesor?

En ese momento, se escucha un sonido gutural procedente del vientre de la mina. El suelo comienza a temblar ante la mirada atónita de los hombres de Morgan Kyle. Todo el macizo que alberga las minas Dalton comienza a tambalearse y pequeños ríos de grava y piedras comienzan a deslizarse. Mientras, el gruñido gutural va transformándose en un rugido sordo y ominoso.

El suelo comienza a agrietarse y los hombres de Morgan comienzan a batirse en retirada. Los gritos de ayuda de Fred caen en saco roto: nadie va a regresar a desatarlos del poste. Desesperado, mientras lucha por tirar el poste y zafarse de las ataduras, sus ojos topan con el cartel de madera que corona la hoguera. "Connor".
Es donde murió su madre, quemada viva… veinte años atrás.

Entonces, con un último rugido triunfal, la cima de la montaña estalla en mil pedazos. Y sobre los alrededores de la mina comienza una letal lluvia de fragmentos. Como un mortal granizo, la sombras de los pedruscos más grandes se cierne sobre los presentes.

Lo último que ve Fred antes de que todo se vuelva negro es un pesado fragmento de piedra caer sobre donde esta él.

Luego, oscuridad.

***
Hace una hora.
Otra vez.
Leonard y Fred abren los ojos y se apartan el uno del otro. Vuelven a estar dentro de la mina, junto a "Margaret" y bajo la luz de los focos que los hombres de Devon Powell instalaron. Los dos chicos se miran de arriba a bajo… como si viesen sendos fantasmas.

Fred "Fess" Fesster: ¿Qué coño…?
Leonard Powell: Joder. Otra vez… (antes de que aparezca Tyler Crow) ¡¡Tyler!!
Fred "Fess" Fesster (viendo aparecer al profesor): Vale. Ahora lo entiendo.
Marcus Vanister (WF): ¿Señor Fesster…?
Fred "Fess" Fesster: No hay tiempo, profesor. ¡Los hombres de Morgan Kyle se acercan!
Leonard Powell (a Tyler Crow): Tyler, tienes que darnos ese prisma. Antes de que lleguen Morgan y sus bastardos trajeados.
Tyler Crow (WF): ¿Qué…? (sorprendido por la resolución del joven Powell) ¡Aparta, muchacho…!
Fred "Fess" Fesster (fuera de sí): ¡JODER. QUE LE DES EL JODIDO PRISMA. VAS A DESPERTAR A ESE PUTO DRAGÓN Y NOS VAS A MATAR A TODOS, CABRÓN!

La furia que se apodera del pequeño Fred es tal que coge por sorpresa, no sólo a Leonard, sino también al propio Tyler Crow. Éste, por un segundo, suelta el prisma y Fred lo atrapa antes de que llegue a tocar el suelo.

Mientras Leonard trata de distraer a Tyler, Fred escala como no lo ha hecho en su vida: se aferra a cada resquicio de roca como si le fuese la vida en ello. Quizá por eso lo hace tan bien: porque es así literalmente.

Finalmente, aferrado a uno de los colmillos del dragón de piedra, Fred coloca el prisma en su lugar. Y por un instante, colgando a casi diez metros de alto, el chico se permite resoplar aliviado. Parece que esta vez todo irá bien.
Es entonces cuando Marcus Vanister regresa del túnel, dando la voz de alarma.

Marcus Vanister (WF): Es Morgan Kyle. Ya está aquí… y nos superan en número.
Leonard Powell: Al menos parece que el dragón ya está controlado.

Y es entonces cuando las paredes de la cámara subterránea comienzan a vibrar.

Fred "Fess" Fesster (incrédulo): Venga ya…
Leonard Powell: Vale. (mira al profesor Vanister) Estamos muertos.

CONTINUARÁ.

sábado, 26 de julio de 2008

P.O.V.- LEONARD POWELL (Sesión 19-07-08)



ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
Leonard Powell: ...Así que el profesor Vanister de este mundo es una especie de brujo y nos puede enviar de vuelta a casa.
Danny Dalton: Porque si usamos ese prisma, el dragón se despertará ¿no?

CUATRO JÓVENES PERDIDOS EN EL MULTIVERSO...
Marcus Vanister (WF): No tenemos mucho tiempo, Leonard. Tu padre tiene en su poder un objeto muy poderoso. ¿Dónde lo guarda?
Leonard Powell: ¿Qué es eso?
Marcus Vanister (WF): El Libro de las Sombras…
(guardándolo en la bolsa de deporte que lleva al hombro) Ésto puede llevaros de vuelta a casa.

INFINITOS MUNDOS POSIBLES...
Devon Powell (WF): No puedo dejarle marchar, Vanister. Por cierto, hijo… Buen trabajo.

...Y UN ÚNICO CAMINO A CASA.

Episodio 19.- WITCHFIELD (Parte 5)

Parte 1.- “Y ahora… ¿qué demonios voy a hacer?”

Con ese pensamiento, Leonard Powell deja atrás el jardín y entra de nuevo en el vestíbulo de la mansión Powell. Tras él, varios guardaespaldas de su padre custodian a su prisionero: la versión de éste mundo de Marcus Vanister, director del instituto y hechicero encubierto para más señas. El padre de Leonard, Devon, aparece bajando las escaleras y, una vez comprueba que el botín que intentaba robar Vanister está a salvo…

Devon Powell (WF): Muy bien… Llevad a nuestro invitado a la bodega. En cuanto a ti… (se gira a Leonard)… ¿Cómo pudo poner las manos en esto, hijo? (mostrándole el pesado “Libro de las Sombras”, aun metido en el petate de Vanister)
Leonard Powell: No es lo que piensas, papá… Además, ¿qué es esa cosa? ¿Y dónde están mis amigos? ¡Escuché como Morgan Kyle daba instrucciones para…!
Devon Powell (WF): Escúchame bien, hijo. Ése hombre, Vanister, y otros como él no permitirán que los Powell tengamos el poder que por derecho de sangre nos corresponde. No importa las mentiras que te haya contado…
Leonard Powell: Pero mis amigos…
Devon Powell (WF): ¡Tus amigos estarán a salvo mientras me obedezcas! Y ahora... (calmándose un poco) Vuelve a tu habitación… Y no te muevas de allí.

Leonard obedece a regañadientes. Encerrado una vez más en su jaula dorada, los minutos pasan lentamente. Afuera, en los jardines, la vigilancia vuelve a impedir cualquier intento de fuga. Lo mismo que el guardián que su padre ha colocado en su puerta. Lo único que consigue Leonard de él es convencerle para que le suban algo de comer.

Pasa casi una hora cuando llaman a la puerta. No es el servicio de habitaciones: dos guardaespaldas de su padre llevan a Leonard hasta la bodega que hay bajo los cimientos de la mansión. Una vez dentro, mientras camina entre los enormes toneles de vino añejo, Leonard puede escuchar los gritos provenientes de la habitación que hay al final de la sala. Incluso bajo la tenue iluminación de los candiles, Leonard puede apreciar el color carmesí de la sangre en las manos de su padre cuando éste sale de la habitación, escoltado por un guardaespaldas.

Devon Powell (WF): ¡Ah, hijo! (limpiándose las manos) Ya estas aquí…

Los únicos dos guardias que hay en toda la bodega dejan pasar a Leonard a esa pequeña habitación. Parece una vieja destilería, con una bañera y varios tubos metálicos cubriendo el techo. Encadenado de ellos, desnudo completamente y con cortes y heridas, testimonio de una cruenta tortura, yace un semi-inconsciente Vanister.

Devon Powell (WF): No he podido sacarle nada, me temo… (acerca un carrito con numerosos cuchillos y navajas) Pero igual tú tienes más suerte, hijo. Supongo que no supone…

Leonard avanza hasta ponerse a pocos centímetros del pobre (y torturado) Vanister.

Leonard Powell: ¿Bromeas? (coge uno de los cuchillos) De donde vengo, ésta es una de las primeras cosas que me enseñaste a hacer.

***
Parte 2.- “Vale: buen farol… ¿Y ahora qué?”
Leonard Powell piensa eso mientras sostiene en ambas manos dos cuchillos: uno largo y liso y otro de sierra. Ante él, Marcus Vanister: el objeto de su tortura. Tras él, Devon Powell y dos guardaespaldas, atentos a cada uno de sus movimientos.

Leonard Powell: Muy bien, profesor. (mostrando con teatralidad ambos cuchillos) Usted elige. ¿Éste…? ¡o éste!

Con un rápido movimiento, Leonard se da la vuelta y se echa sobre su padre, tomándolo de rehén. Cuando los guardaespaldas reaccionan, encañonándolo con sus armas, Leonard ya ha puesto su cuchillo amenazadoramente sobre la garganta de su padre.

Leonard Powell: Ahora vais a soltar a Vanister y a dejarnos salir de aquí… o me quedaré huérfano.
Devon Powell (WF): Maldito seas… Estas muerto, hijo.
Leonard Powell: Amenazarme no es una buena idea, papá.
Devon Powell (WF): No es una amenaza… Él… Vanister… Va a matarme. Y cuando lo haga… te matará a ti.

El aviso cae, por el momento, en saco roto: habiendo dejado inconsciente a sus guardaespaldas, Marcus Vanister usurpa la pistola (y los pantalones) de uno de ellos. Con Devon Powell como rehén, Leonard y el director Vanister no solo consiguen llegar hasta el despacho privado de Marcus y recuperar el “Libro de las Sombras”. Además, consiguen salir por la mismísima puerta principal de la mansión… ¡bajo la atenta mirada de media docena de guardaespaldas que los encañonan con UZIs y pistolas de nueve milímetros.

Finalmente, Leonard y Vanister consiguen llevar a su rehén hasta la elegante berlina en la que el propio Devon Powell llegó a la mansión hará unas horas.

Leonard Powell: Bien… (a punto de entrar en el coche) Ahora iremos a la mina.
Marcus Vanister (WF): Leonard, creo que debería plantearse la opción de que sus amigos estén ya…
-BANG-

Ante la mirada atónita de Leonard, la cabeza de Marcus Vanister se abre como una sandia. Todo por cortesía de un tirador, colocado en la azotea del torreón de la mansión Powell. Leonard no puede hacer nada, no puede moverse siquiera…
Porque no está allí. Porque aún no ha ocurrido…

Marcus Vanister (WF): Leonard, creo que…
Leonard Powell: ¡Marcus, un tirador! ¡En el tejado!
Marcus Vanister (WF): ¿Qué…?
- BANG –


Ésta vez es el techo solar de la berlina quien encaja la bala. Leonard y Vanister suben a bordo del coche y salen a toda velocidad de la mansión.

Leonard Powell (al volante): Vale. VALE. ¿Qué se supone que acaba de pasar?
Devon Powell (WF): Je, je, je… (en el asiento trasero, maniatado) ¿Ya lo notas, hijo? ¿Notas como la llegada de la marea mágica va despertando tu don?
Marcus Vanister (WF): Cállate, Powell…
Devon Powell (WF): Hijo, escúchame. Vanister me matará. Y luego te matará a ti. ¿Sabes por qué? Porque somos un riesgo para…

Marcus Vanister, sentado en el asiento del copiloto, se gira y apunta con su pistola a Devon. Aprieta el gatillo y la masa encefálica del padre de Leonard salpica por toda la tapicería. Leonard apenas si puede reaccionar: sus ojos están fijos en el espejo retrovisor. Tan impactado está que apenas si puede mover un músculo cuando, justo delante de ellos, ¡aparecen las cegadoras luces de un todoterreno que va en dirección contraria! Leonard intenta dar un volantazo…
Pero el coche no responde.
Porque, de nuevo, eso aun no ha ocurrido.

Devon Powell (WF): ¿Ya lo notas, hijo? ¿Notas como…?
Leonard grita y da un volantazo. La berlina se interna unos metros bosque a través, deteniéndose con un frenazo brusco.
Marcus Vanister (WF): ¿Qué estas haciendo, Leonard?
Leonard Powell: No voy a permitirlo, Marcus. No dejaré que mates a mi padre…

En ese instante, los faros de un par de todoterrenos rasgan la oscuridad de la noche: son los vehículos que envió Devon Powell a la mina para dar caza a los amigos de su hijo. Antes de pueda intentar una maniobra de huida, Marcus Vanister cumple con la profecía de Leonard… ¡disparando a la cabeza de Devon Powell! La deflagración del arma es suficiente como para llamar la atención de un segundo todoterreno que pasaba justo en ese momento junto al coche varado de nuestros protagonistas.

Leonard Powell (ante la visión – otra vez – de su padre muerto): No… No puede ser…
Marcus Vanister (WF): Vámonos de aquí, Leonard. ¡Conduce, por el amor de Dios!

Con las manos temblorosas, Leonard obedece a Marcus y la berlina sale a toda velocidad rumbo a la mina Dalton.
***
Parte 3.- “Ha matado a mi padre. Y no he movido un dedo.”

El pensamiento se repite una y otra vez. Lo poco que queda de trayecto entre la mansión Powell y la mina Dalton, tanto Leonard como Marcus Vanister lo hacen en silencio. Finalmente, cuando el bosque es demasiado tupido como para seguir adelante conduciendo…

Marcus Vanister (WF): Esta bien… (bajando del coche y aferrándose al petate que guarda el “Libro de las Sombras”) Echamos un vistazo, buscamos a tus amigos y, pase lo que pase, regresamos a mi casa. Allí es donde…
Leonard Powell (quedándose atrás): Mi padre tenía razón. Usted lo ha matado. ¿Va a matarme a mí también?
Marcus Vanister (WF): No tenemos tiempo para esto, Leonard. Dime, ¿quieres que os ayude a volver a casa? ¿Si o no?

Casi a regañadientes, Leonard sigue adelante y ambos llegan al claro previo a la mina, donde se alzan los tres postes donde quemaron a las brujas veinte años atrás. Entre la maleza reinante, nuestros protagonistas encuentran los cuerpos de tres guardaespaldas de Vanister.

Temiéndose lo peor, tanto Leonard como Marcus Vanister se internan en la mina. Allí se topan con “Margaret” aparentemente reparada… y con un viejo conocido.

Leonard Powell: ¿Fred? ¿Eres tú?
Fred “Fess” Fesster: Leonard… (abrazos) Joder, tío. ¡Jamás pensé que me alegraría tanto de ver a un Powell! (mirando las marcas de tortura del director Vanister) Joder, profesor… ¿Qué le ha ocurrido?
Marcus Vanister (WF): Pues…
Leonard Powell (interrumpe): Es largo de contar. ¿Dónde están los otros, Danny, Ben y el Vanister de su mundo?
Fred “Fess” Fesster: No lo sé, Leonard. Pero tenemos un problema. Algún hijo de perra se ha llevado consigo el teclado de la “Alfombra Mágica”… ¡no podemos ponerla en marcha!
Leonard Powell (mirando por encima del hombro de Fred): Me temo que ese no es nuestro único problema…
Marcus Vanister (WF): ¿Tyler? (atónito) ¿Qué haces… aquí?
Tyler Crow (WF): ¡Maldita sea, Vanister! ¡Le dije que saliera de aquí! ¿¡Por qué ha vuelto, joder!?

Tyler Crow sale de detrás de “Margaret”, armado con su cuchillo de monte y, sosteniendo entre manos el prisma. Leonard y Fred alzan la mirada, recorriendo la escarpada pared de roca viva de la caverna. La misma que tiene forma de intimidante dragón gigante. En sus mentes, un único pensamiento: “Que sea otro prisma, que sea otro prisma…”
Pero el hueco que hay entre los ojos del dragón no deja lugar a dudas: Tyler Crow ha terminado de arrancar el prisma de su sitio.

Leonard Powell y Fred “Fess” Fesster: Oh. Mierda.

CONTINUARÁ.

P.O.V. - MARCUS VANISTER (NE) (Sesión 19-07-08)



ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
Marcus Vanister (WF): Nuevo Springfield es un lugar donde conviene no mencionar nada relacionado con lo "sobrenatural".

CUATRO JÓVENES PERDIDOS EN EL MULTIVERSO...
Marcus Vanister (NE): "Margaret" es una máquina de salto cuántico capaz de viajar entre dimensiones.
Devon Powell (WF): Pero, ¿es una máquina? ¿Es... ciencia?

INFINITOS MUNDOS POSIBLES...
Marcus Vanister (NE): (llevando bajo el brazo el teclado que sirve de panel de mandos de la "Alfombra Mágica") Y ahora, señor Dalton, será mejor que nos movamos... esto no tardará en llenarse de hombres de Powell.

...Y UN ÚNICO CAMINO A CASA

Episodio 19.- WITCHFIELD (Parte 5)

Parte 1.- “¿De donde sacará las energías ese muchacho?”

El pensamiento es de Marcus Vanister, mientras ve a un debilitado Danny Dalton trepar por las escarpadas roca de la mina. Tiene la pierna herida pero el chico lleva casi veinte minutos escalando sin apenas quejarse. Quizá sea fuerza de voluntad... o la alternativa: quedarse parados y caer en manos de los guardaespaldas de Devon Powell... con Morgan Kyle a la cabeza.

En un momento dado, el joven Dalton se encarama a uno de los salientes de la mina, sube... y desaparece a la vista del profesor Vanister. Éste aguarda impaciente junto al cuerpo de un inconsciente Ben Braddock: necesita ayuda médica. Y pronto. Pasan los minutos y Danny no aparece.

El profesor casi está a punto de subir a ver que ha pasado, cuando una sombra se desliza por la pendiente de roca, cayendo a su espalda... ¡y atacándole con un cuchillo! El tipo es corpulento, cuarenta y pocos, con larga melena sucia y descuidada, como su atuendo: una cazadora vaquera sin mangas, digna de un vagabundo. El profesor no tiene ni idea de quien pueda ser.

Pero su atacante sí que parece reconocerlo a él.

Tyler Crow (WF): ¿Vanister? (detiene su ataque) ¿Qué demonios hace aquí, Vanister?

El profesor reconoce el acento: parece... indio. ¿Wakane? Los de su mundo fueron expulsados de sus tierras por Devon Powell. Por el momento, en éste tan sólo se habían encontrado con un wakane: un joven al que sus compañeros de viaje dimensional llamaron “Perro Loco”…

De alguna forma, esta versión alternativa de Tyler Crow parece tener alguna clase de amistad con el Vanister de esta dimensión… cosa que Marcus aprovecha, sin molestarse siquiera en sacar de su confusión a su inesperado aliado.

Tyler Crow (WF): Este lugar… es peligroso, Vanister. (mira al inconsciente Ben) Ése y el chico que he dejado inconsciente arriba, ¿son amigos suyos?
Marcus Vanister (NE): Si… ¡Los hombres de Devon Powell nos persiguen! ¡Tenemos que salir de aquí cuanto antes!

Ayudándole a cargar con Ben y Danny, Tyler y Marcus consiguen llegar a la carretera que rodea la parte trasera de la mina Dalton. Una vez allí, Tyler entrega las llaves de su motocicleta con sidecar (casi tan machada por el tiempo y las circunstancias como el rostro de este Tyler Crow)

Tyler Crow (WF): Escúcheme, Vanister. Vaya a Dry Rock. Allí está su chico, con “Perro Loco”. Coja lo que necesite y sáquelos cuanto antes de Nuevo Springfield, ¿me ha oído?
Marcus Vanister (NE): P-pero…
Tyler Crow (WF) (mientras emprende el camino de vuelta a la mina Dalton): ¡Hágalo, Vanister! ¡Sólo hágalo!
***
Parte 2.- “Oh.Dios.Mío… ¿Qué-está-pasándome?”

Hace unos segundos el principal problema de Marcus Vanister era intentar acoplar los cuerpos inconscientes de Danny Dalton y Ben Braddock en el interior del sidecar de la moto prestada por Tyler Crow. Eso fue antes de que, de repente, la sangre comenzara a fluir por sus sienes y su nariz. Vanister mira a su alrededor: es de madrugada y, al otro lado de la desolada carretera, pueden verse las montañas que cobijan la mina Dalton. Todo da vueltas. Mareos. Nauseas. Vanister mira a sus amigos inconscientes: ¡ellos también sangran!

Haciendo acopio de todas las fuerzas de las que es capaz, se pone a los mandos de la motocicleta. Su mente trata de mantener la calma y el equilibrio del vehículo al tiempo que trata de buscar una respuesta científica a lo que les ocurre. Parecen los síntomas de un súbito cambio de presión. Pero, ¿por qué?

Antes de dar con una respuesta, el agotamiento y el mareo latente hacen que Vanister pierda la concentración por un segundo. Un oportuno bache en la carretera hace el resto: la motocicleta derrapa y Vanister, junto a sus amigos, tiene un aparatoso pero casi inofensivo accidente. Con la moto prácticamente inutilizada y recuperándose del golpe, Vanister camina haciendo eses hasta sus compañeros de viaje dimensional: siguen inconscientes… aunque de alguna manera parece que ya no sufren de esos extraños síntomas. La buena noticia acaba ahí: la mala es que han perdido su medio de locomoción. De madrugada, en una carretera secundaria… ¿podría ser peor?

En ese momento, las luces de un coche se dejan ver en el horizonte. Vanister hace señas y un todoterreno se detiene a pocos metros de él. Para su disgusto, quienes van a bordo son un grupo de cuatro matones de instituto, completamente ébrios… y encabezados por el mismísimo Sam Wayne.

Sam Wayne (WF): Vaya, vaya… ¡Director Vanister! ¿Ha tenido un accidente? (mira su atuendo: el desgastado mono de trabajo que le entregó Devon Powell para hacer las reparaciones de “Margaret”) ¿A dónde iba a estas…?

La atención de Sam pasa del profesor al sidecar siniestrado… donde yacen sus compañeros inconscientes. Sam y uno de sus colegas se acercan a inspeccionar mientras otros dos matones acaparan la atención del profesor, abrazándose a él…

Matón 1 (WF): Ey, director Vanister… (completamente pedo) ¿Dónde está su bastardo?
Matón 2 (WF): Buck, tio, eres un insensible (también pedo) El pequeño Billy Vanister adoptado, ¿verdad, director?
Matón 1 (WF): Pero, ¿por qué se ha ido de la fiesta, director? ¿Es que no le gustan las fiestas? ¿eh?
Marcus Vanister (NE): En absoluto. ¿Por qué no me pasáis una de vuestras… cervezas?
Matón 1 (WF): Joder, ¡esto es histórico! Angus, macho, pásale una birra al dire…

Por el rabillo del ojo, Vanister ve a Sam y a su amigo hablar mientras miran los cuerpos de Danny y Ben. Vanister sólo necesita ver sus caras para saber que va a tener problemas.

Matón 1 (WF): Angus, ¿vienen esas birras? Joder, no sabía que usted bebiera, profesor…
Marcus Vanister (NE): Hay muchas cosas que no sabe de mi, señor Buck… (poniéndole el cañón de su pistola discretamente en el abdomen) Y ahora... (susurrado) no haga un solo movimiento o de lo contrario…
Matón 1 (WF): JODER. (perdiendo los papeles) ¡¡¡TIENE UNA PIPA!!!

De repente, Marcus se ve rodeado por un grupo de testosterónicos adolescentes. Sin embargo, y pese a lo borrachos que están, un par de disparos al aire consiguen ponerlos en fuga. A todos… menos a Sam.

Sam Wayne (WF): Está usted muerto, ¿me oye, Vanister? En cuanto mi madre se entere de esto…
(Marcus lo noquea antes de que pueda terminar la frase)
Marcus Vanister (NE): Al menos… (quitándole las llaves) ya tenemos vehículo.

A bordo del todoterreno y con un inconsciente Sam Wayne a su lado, Marcus conduce siguiendo la carretera paralela al río Spring. Al otro lado del mismo, en el inmenso rancho Wayne, aun se pueden ver las luces de la fiesta a la que hizo mención Sam: la conmemoración de los veinte años del desastre de Springfield.

En la mente de Marcus, sin embargo, solo hay un pensamiento: buscar un lugar seguro donde curar a sus compañeros heridos y buscar respuestas.
Y el único lugar seguro que se le ocurre… es su propia casa.
***
Parte 3.- “Es como estar en casa… sin estar en casa.”

Es lo primero que piensa Marcus Vanister cuando contempla la casa de su “otro yo” de esta dimensión. Mientras aparca el todoterreno de Sam Wayne ante su propio garaje, Marcus recuerda lo que le contaron Leonard y Fred sobre su versión en este mundo. Que no era un hombre de ciencias, dijeron.

Marcus entra por la puerta de atrás, y a cada paso que da, siente que su rehén, un inconsciente Sam Wayne, pesa más y más. Debería haberlo dejado con Danny y Ben, en el todoterreno. Pero sabe que sería un riesgo: no tiene con qué atarlo y podría despertar… Marcus camina por su casa como un extraño: contempla las grandes semejanzas con su propio hogar. Y las pequeñas diferencias que le recuerdan lo lejos que está realmente.

En el garaje, finalmente, Marcus encuentra lo que estaba buscando: cordel de tender para atar debidamente a Sam Wayne. Una vez cumple con ello, Marcus se da cuenta de otra cosa. En su mundo de origen, Marcus tenía un laboratorio en el sótano donde realizó pruebas y trabajos teóricos previos a la prueba de la “Alfombra Mágica”. ¿Qué tendrá su versión en este mundo?

Marcus baja las escaleras que llevan a la puerta del sótano. Para empezar, su “yo” de esta dimensión parece más precavido: además de una puerta de seguridad, dispone de una cerradura con contraseña. Durante un segundo duda. Y, en seguida, pulsa las teclas que forman un nombre. “Margaret”.

Con un chasquido, la puerta se abre. Marcus camina en las tinieblas de un sótano idéntico al suyo… salvo porque este está vacío. Las luces de los fluorescentes parpadean y zumban, dejando al descubierto las runas arcanas que decoran las paredes. Marcus se arrodilla para contemplar más detenidamente el enorme pentagrama que hay dibujado en el suelo.

Marcus Vanister (NE): Así que en este mundo soy… ¿un hechicero?

Tal es su fascinación que Marcus no se percata de que hay alguien más en la estancia. Alguien que, a su espalda, alza una llave inglesa… y le descarga un fuerte golpe.

Es lo último que siente antes de que todo se vuelva negro.

P.O.V. - FRED "FESS" FESSTER (Sesión 19-07-08)



ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
Cabecilla #1 (WF): "Nuevo Springfield" es un buen pueblo. Un pueblo de gente honesta, decente... Un pueblo de buenos cristianos. Y queremos que siga siendo así.

CUATRO JÓVENES PERDIDOS EN EL MULTIVERSO...
Ben Braddock (NE): A ver si lo he entendido: creeis que si sacamos el prisma de ahí, esa estatua cobrará vida y…
Fred "Fess" Fesster: Y nos matará a todos. Y posiblemente a todos los que estén fuera de esta gruta.

INFINITOS MUNDOS POSIBLES...
Fred "Fess" Fesster (mientras los guardaespaldas lo separan del grupo y lo llevan hasta un almacén que hace las veces de garaje): ¿Chi...? ¿Chicos?
Danny Dalton: Eh, ¡Eh! (encarándose a sus captores) Es nuestro colega... ¿a dónde lo lleváis?

...Y UN ÚNICO CAMINO A CASA

Episodio 19.- WITCHFIELD (Parte 5)

Parte 1. - “Vaya. Parece que ya es una costumbre”.

Ese es el primer pensamiento de Fred “Fess” Fesster al tiempo que comienza a recuperar la consciencia. Los recuerdos aun flotan en su cabeza: iban a quemarlos vivos en la mina Dalton. Y, en el último momento, la comitiva de Capuchas Rojas que los llevaban tomaron el desvío a la mansión Powell. Y allí... Allí, sus amigos fueron llevados a la mansión mientras que a él lo metieron en ese cobertizo. Ahí acaban sus recuerdos: la herida en su cuello y la pérdida de sangre ayudaron a que perdiese el conocimiento a partir de ese momento.

Ahora, Fred contempla la estancia, un garaje con espacio suficiente como para dos, quizá tres todoterrenos. Las malas noticias son que, a juzgar por la oscuridad que puede verse por la única ventana del garaje, Fred se ha pasado las últimas doce horas durmiendo. Además, unas cuerdas lo mantienen atado a una silla, inmovilizado casi totalmente. Las buenas noticias son que alguien parece haber “parcheado” su herida del cuello. Y que, entre el mobiliario del garaje, hay una estantería de herramientas cuyos filos oxidados pueden servir para cortar sus ataduras.

Apenas ha conseguido liberarse de sus ataduras, alguien entra en el garaje. Fred se tira al suelo, tumbando una mesa de reparaciones para usarla como parapeto. El recién llegado no es otro que uno de los guardias a sueldo de Devon Powell: hace varios disparos pero ninguno alcanza a Fred. Éste, con una llave inglesa en la mano, se dispone a sorprenderlo en cuanto se acerque lo suficiente. Sin embargo, el guardia parece haber adivinado sus intenciones y cuando el chico intenta su ataque, se topa de frente con el cañón de su pistola.

Suena un disparo. Por un instante, Fred piensa que ya está: que su suerte ha terminado y que está muerto. Cuando abre los ojos, Fred descubre el cuerpo del guardia en el suelo, con un disparo en la espalda. Muerto. Mientras se apodera de su pistola, descubre un agujero en el cristal de la ventana: sea quien sea, disparó desde fuera.

En ese instante, la puerta del cobertizo vuelve a abrirse: esta vez, no es un guardia de Devon Powell. Pasamontañas negro, gafas de visión nocturna, ropas oscuras, petate al hombro y un rifle de caza entre las manos. El misterioso intruso camina por la estancia, acercándose a la mesa tras la que se oculta Fred. Cuando éste se incorpora, intentando golpearle con la llave inglesa, la figura se da la vuelta y bloquea su golpe con el propio rifle.
Y justo antes de comenzar a plantearse siquiera como saldrá de ésta, la figura habla con una voz que le resulta familiar.

Marcus Vanister (WF): ¿Fesster? Es... (quitándose el pasamontañas) ¿Es usted?
Fred “Fess” Fesster: ¿Pro...? ¿Profesor?
***
Parte 2.- “Debería largarme. Debería largarme. Debería…”

Fred “Fess” Fesster sostiene nervioso la pistola que le arrebató al matón de Powell que lo vigilaba. Lleva casi una hora esperando en esa furgoneta: estaba donde Vanister le dijo que estaría, en un claro del bosque (lo que antaño tuvo que ser un merendero del lago) Lo que no le dijo era que en la parte de atrás de la furgoneta estaría un inconsciente Higgins: en el Springfield de Fred, Higgins es un viejo simpático, un pescador jubilado que se pasa media vida en los alrededores del lago Spring tratando de atrapar un gigantesco barbo al que llaman “Sargento Trueno”. A juzgar por la capucha roja que Fred encontró en la guantera, el Wallace de este mundo es algo más.

Fred está a punto de salir a buscar a Vanister cuando ve haces de linterna en el bosque. Y ladridos. Acercándose. Fred pone en marcha el motor e intenta salir de allí a toda prisa. Dos perros de presa salen de la espesura del bosque, acompañados por un par de guardaespaldas de Devon Powell. Las balas silban alrededor de la furgoneta mientras Fred conduce casi a ciegas a través del bosque. Uno de los perros consigue saltar a la parte trasera de la furgoneta. Sin embargo, el traqueteo frenético del vehículo hace que salgan despedidos tanto el propio sabueso como el inconsciente Higgins y un sin fin de aparejos de pesca.

Finalmente, la furgoneta sale del bosque y se cala justo en mitad del camino privado que lleva a la mansión Powell. Fred intenta salir del atolladero pero es imposible: antes de poder hacer nada más, el sabueso que lo ha rastreado golpea con fuerza la puerta de la furgoneta. Fred no se lo piensa dos veces: empuña con fuerza la pistola y dispara contra él.

Los ladridos del segundo perro se dejan sentir en la lejanía. Y Fred opta por no jugársela: coge aliento, aferra su pistola y corre campo a través, dejando atrás la furgoneta y el camino que lleva a la mansión Powell. Su destino: el único lugar en el que tiene la esperanza de encontrar algo conocido… la mina Dalton. Donde está “Margaret”.

La caminata es larga y trabajosa: incluso con las gafas de visión nocturna, avanzar por el bosque es algo agotador. En un momento dado, Fred escucha el sonido de varios motores y le parece ver dos todoterrenos como los que había en la mansión Powell dejar la mina Dalton a gran velocidad. Piensa que quizá sea una buena noticia: quizá no hayan dejado a nadie vigilando.

Fred descubre su error cuando llega al límite del bosque: allí, ante la entrada de la mina, hay dos hombres de Devon Powell, con UZIs y varias lámparas de gas iluminando el perímetro. Antes de que ni tan siquiera pueda maldecir su suerte, Fred escucha el grito de uno de los hombres de Powell… ¡que cae al suelo con un cuchillo clavado en la espalda! Aprovechando la confusión, Fred corre a toda velocidad, intentando llegar lo más cerca que pueda al acceso de la mina. Sin embargo, el segundo matón de Powell lo ve y lanza varios disparos a modo de aviso. Fred se tira al suelo, esperando que la espesura le ofrezca la cobertura necesaria para esconderse.

Pasan los minutos. Y no se escucha nada. Fred, con todo el sigilo que puede reunir, intenta reptar hasta el acceso a la mina. Pero su avance se ve interrumpido por el ataque de un corpulento individuo que cae sobre él como una pared de ladrillos. Clavando su cuchillo en la misma herida que tiene en el hombro, Fred ve las estrellas y cae inconsciente… no sin antes reconocer a su atacante, que lo mira confuso y extrañado.

Fred “Fess” Fesster (murmurando): ¿Ty…? ¿Tyler Crow?

Y luego, todo se vuelve oscuro. "Como siempre", piensa Fred.
***
Parte 3.- “Oh, venga ya… ¿otra vez me han dejado inconsciente?”

Las punzadas de dolor en su hombro son lo primero que nota Fred. Poco a poco, se va percatando de donde se encuentra: reconoce el túnel como la boca de acceso a la mina Dalton. Afuera sigue siendo de noche. Fred comprueba que le han limpiado los bolsillos (adiós a su pistola) y que, para su sorpresa, tampoco le han atado esta vez.

En ese momento, Fred percibe un pequeño ruido procedente del interior de la mina. Camina lentamente hacia la cámara subterránea y, una vez allí, descubre que hay luz. Más tarde verá los focos y el generador portátil que llevaron los hombres de Powell allí (ver capítulo anterior) Pero lo primero que llama la atención de Fred es que alguien ha colocado a “Margaret” bloqueando la entrada del túnel… Y que, para variar, hay numerosas muescas de bala entre las abolladuras que cubren el chasis de la curtida furgoneta. Cuando entra, Fred comprueba que alguien ha estado trasteando en los controles de “Margaret”.

La segunda cosa que de lo que se percata Fred… es que el ruidito ha cesado. Antes de que pueda darse cuenta, alguien se coloca justo detrás de suya. Y la hoja de un cuchillo de monte aparece justo debajo de su cuello.

Tyler Crow (WF): Ni un movimiento, muchacho. ¿Quién eres? ¿Y de qué me conoces?
Fred “Fess” Fesster: Ey, ey, ey. Tranquilo, tranquilo, ¿vale? No quiero hacerte daño, de verdad. Me llamo Fesster. Fred Fesster.
Tyler Crow (WF): Mmm… (extrañado) ¿Fesster? ¿Cómo Paul Fesster?
Fred “Fess” Fesster: Si, es mi… Es mi tío.
Tyler Crow (WF): Paul Fesster, ¿eh?… (le da la vuelta y le mira a los ojos, como buscando un parecido) Paul Fesster es un buen hombre. (Y dicho eso, suelta a Fred) Por eso deberías buscarlo y marcharte de éste pueblo. Lejos.
Fred “Fess” Fesster: ¿Qué…?

En ese instante, Tyler frena en seco y manda callar con un gesto a Fred: parece haber escuchado algo. Antes de que el joven pueda mascullar ni siquiera un pregunta, Tyler corre a esconderse tras “Margaret”.
Y entonces, es cuando Fred lo escucha.
Pisadas. En el túnel de acceso.
Acercándose.
CONTINUARÁ...

domingo, 20 de julio de 2008

Sesión 12-07-08

"Driving with the Top Down"
Iron Man - Ramin Djawadi

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"
Perro Loco" Washington: ¡Sin el prisma, ésto no es más que una simple furgoneta!
Danny Dalton (sujetándose la herida del cuello, provocada por una vampiresa): Joder… Es una Volkswagen T3, un jodido clásico, ¿vale? Me he jugado el cuello por recuperarla… ¡trátala con algo de respeto!

CUATRO JÓVENES EMBARCADOS EN UN EXPERIMENTO SIN CONTROL…
Marcus Vanister: La prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

UN VIAJE A TRAVÉS DE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Marcus Vanister (WF): Nuevo Springfield es un lugar donde conviene no mencionar nada relacionado con lo "sobrenatural".

Leonard Powell: ...Así que el profesor Vanister de este mundo es una especie de brujo y nos puede enviar de vuelta a casa.
Danny Dalton: Porque si usamos ese prisma, el dragón se despertará ¿no?

UN OCÉANO DE MUNDOS POSIBLES…
Alcaldesa Lucille Wayne (WF): En el nombre de Dios... ¿Quiénes sois?

ENTRE ELLOS Y SU HOGAR.

Episodio 18.- WITCHFIELD (Parte 4)

Bajo el cielo nublado de una mañana de julio, un convoy de tres todoterrenos parten del impresionante rancho Wayne. Su carga: cuatro forasteros que han venido a Nuevo Springfield para lo único que vienen la gente como ellos... para dar problemas. Su destino: las viejas piras de la Mina Dalton. Las mismas donde veinte años atrás tres brujas fueron quemadas vivas: las tres mujeres responsables de la devastación y el fuego que a punto estuvo de consumir el pueblo.
Ahora, por orden de la alcaldesa Lucille Wayne, éstos cuatro forasteros compartirán el mismo destino que aquellas brujas.

O al menos eso creen nuestros protagonistas.

La comitiva se desvía inesperadamente justo antes de tomar la carretera que lleva a la Mina Dalton. Gira en dirección a la mansión Powell. Un pensamiento cruza por las mentes de todos: no van a morir. Al menos, no todavía.

Los todoterrenos llegan hasta las puertas de la orgullosa mansión: un duplicado exacto del que nuestros viajeros dimensionales recuerdan de sus respectivos Springfields. Una enorme mansión de dos pisos con un orgulloso torreón, traído desde Escocia y reconstruido piedra a piedra por Devon Powell. Un grupo de sus guardaespaldas, todos trajeados y luciendo sin tapujos sus UZI, recibe a la comitiva. El cabecilla de los Capuchas Rojas recibe como pago un suculento fajo de billetes y los guardaespaldas escoltan a los "invitados" hasta el interior de la mansión.

Bueno... no a todos.

Fred "Fess" Fesster (mientras los guardaespaldas lo separan del grupo y lo llevan hasta un almacén que hace las veces de garaje): ¿Chi...? ¿Chicos?
Danny Dalton: Eh, ¡Eh! (encarándose a sus captores) Es nuestro colega... ¿a dónde lo lleváis?
Matón del Flequillo Rubio (WF): Me temo que eso no es de su incumbencia, señor. Y ahora, si es tan amable de seguirme... (lo encañona con su UZI) ¿Por favor?

Danny Dalton y Leonard Powell, junto con la versión del profesor Vanister que conocieron en "Neverend", son escoltados hasta uno de los salones de la mansión. Allí aguardan la llegada de su presunto "rescatador", Devon Powell, quien no tarda en aparecer en compañía de su leal guardaespaldas... Morgan Kyle.

Devon Powell (WF): Debo reconocerlo: el truco de la furgoneta metida en el interior de la mina ha sido...
Leonard Powell: Impresionante, ¿verdad?
Devon Powell (WF): Llamativo más bien. Pero si he pagado por sus vidas... ha sido para tener respuestas.

De nuevo, nuestros protagonistas deben explicar su condición de viajeros dimensionales. Con Leonard aportando la mayor parte de las explicaciones (apoyadas de vez en cuando con las aclaraciones técnicas del profesor Vanister), Devon Powell es puesto debidamente al día...

Devon Powell (WF): Entonces esa furgoneta...
Marcus Vanister (NE): "Margaret" es una máquina de salto cuántico capaz de viajar entre dimensiones.
Devon Powell (WF): Pero, ¿es una máquina? ¿Es... ciencia?
Leonard Powell: El profesor Vanister... bueno, no éste sino el de su dimensión...
Devon Powell (WF): ¿El director Vanister?
Leonard Powell: Si. Él nos dijo que podía llevarnos a casa. Y que necesitaba su ayuda...

Leonard le cuenta a Devon Powell todo lo relativo a lo que el director Vanister escondía en su sótano. Tras meditarlo en silencio unos minutos, Devon Powell toma una decisión:

Devon Powell (WF): Muy bien... Les ayudaré. Profesor, indique al señor Kyle todo lo que necesite para reparar su furgoneta. Pero antes... desearía hablar con mi hijo. A solas.

Mientras Devon y Leonard conversan en su despacho, Danny Dalton y el profesor Vanister son escoltados por Morgan Kyle y un par de guardaespaldas hasta uno de los cuartos de invitados. Allí, en uno de los suntuosos dormitorios de la mansión Powell, aguardan el regreso de su amigo.

Y tras disfrutar del primer almuerzo en condiciones que han tenido en casi dos semanas, Leonard vuelve a aparecer.

Danny Dalton (comiendo): ¿Y bien? ¿De qué habéis estado hablando tu y tu papaito?
Leonard Powell: Quiere la tecnología de salto dimensional. ¿Te sorprende?
Marcus Vanister (NE): Caballeros, en cuanto tengamos la furgoneta reparada saltaremos antes de que pueda poner sus manos en ella...
Danny Dalton: Espere un momento, profe. ¿Y que pasa con Fred?
Leonard Powell: Mejor que esté en manos de mi padre que en manos de esa chalada de Lucille Wayne.
Marcus Vanister (NE): ¿Y el señor Braddock?
Leonard Powell: Ben... Ya, bueno: él buscaba un nuevo hogar, ¿no? (miradas de desaprobación de Danny y el profesor) Aunque imagino que éste no le valdrá de mucho.

Cae la tarde y tras unas horas de reposo (durmiendo a pierna suelta como el bueno de Danny o tomando una necesaria ducha como el profesor Vanister), nuestros protagonistas se disponen a salir hacia la mina para reparar la furgoneta y, con un poco de suerte, salir de este mundo antes de saldar cuentas con Devon Powell. Sin embargo...

Morgan Kyle (WF): Lo siento, señor Powell. (impidiendo la salida de Leonard del cuarto de invitados) Tengo instrucciones de su padre...
Leonard Powell (interrumpe): Así que vas a ser mi guardaespaldas, ¿verdad?
Morgan Kyle (WF): Así es.
Leonard Powell y Marcus Vanister (NE): Hay cosas que nunca cambian.

Mientras Danny y el profesor salen de la mansión Powell a bordo de un todoterreno y escoltados por cuatro guardaespaldas, Leonard los ve marcharse.

Y desde este momento, sus caminos se separan...

Primera Parte
DANNY DALTON y MARCUS VANISTER

Pasan unos minutos de las siete de la tarde cuando el todoterreno en el que viajan Danny y el profesor llega a las inmediaciones de la mina Dalton. Justo antes, los guardaespaldas de Devon Powell les indicaron que debían esconderse: un par de hombres del sheriff Dalton impiden el acceso a la mina. Pero no es nada que un buen par de billetes de veinte no puedan arreglar.

Una vez dentro de la mina, bajo la intimidante mirada de la estatua del dragón, el profesor Vanister y Danny Dalton comienzan a trabajar en las reparaciones de "Margaret". El lugar ha sido adecuadamente preparado para ello: los hombres de Morgan Kyle, comandados por el matón del flequillo rubio, han montado varios focos y un generador portátil.

Danny Dalton (mientras ayuda al profesor a reparar la furgoneta): Esto no me da buena espina, profe...
Marcus Vanister (NE): Tranquilo, señor Dalton. Si quieren saber como funciona "Margaret", nos necesitarán con vida.

La reparación dura tres horas y media. Por supuesto, el profesor podría haberlo hecho en la mitad de tiempo. Pero entonces no habría podido trastear entre los dispositivos electrónicos de "Margaret": ahora, con un par de arreglos oportunos, el sistema operativo de la "Alfombra Mágica" dispone de un "password". Entre tanto, dos guardaespaldas de Devon Powell han vigilado durante toda la reparación a nuestros dos protagonistas...

Matón del Flequillo Rubio (WF): Han terminado, señor.
Morgan Kyle (WF): (por teléfono) Muy bien. Seguid con el plan.
Matón del Flequillo Rubio (WF): Si, señor.

Dejando a otros dos guardaespaldas custodiando la entrada de la mina, el matón regresa a la cámara del dragón, saca su arma... ¡e intenta disparar contra el profesor Vanister! Danny Dalton salta sobre el matón del flequillo rubio mientras el profesor sortea una lluvia de balas, cortesía de la UZI del otro guardaespaldas.

Los proyectiles agujerean las paredes de roca y el profesor consigue llegar hasta la furgoneta, ponerse a los mandos... ¡y dar marcha atrás para golpear a su atacante!

Danny, por su parte, forcejea con el matón del flequillo rubio: ambos pelean en el suelo, luchando por apoderarse de la pistola. Suena un disparo y tanto sangre como fragmentos de masa encefálica cubren el rostro de Danny Dalton. Habiendo colocado a "Margaret" ante la puerta del tunel, el profesor trata de ayudar a Danny.

Marcus Vanister (NE): Me temo que no tardarán en venir refuerzos...
Danny Dalton (mirando a lo alto de la estatua del dragón): Entonces solo hay una cosa que podemos hacer, profesor.

Con una pequeña palanca entre los dientes, Danny Dalton comienza a trepar por la pared de la mina, aferrándose a los salientes que dan forma a la estatua del dragón. La tarea no es fácil: tarda un largo rato en conseguir llegar a lo más alto. Y allí, aferrado a los colmillos de la bestia de piedra, Danny se dispone a arrancar el prisma.

Sin embargo, el tiempo ha jugado en su contra: aun quedaban dos guardaespaldas más custodiando la entrada de la mina... y dos granadas de gas se cuelan por los bajos de "Margaret". El humo comienza a llenar la estancia y el profesor Vanister es el primero en perder fuelle. Danny lucha por arrancar el prisma pero el gas va llenando la cámara y, finalmente, las fuerzas le fallan y cae estrepitosamente contra el suelo.

Antes de que puedan entrar en la sala para capturarles, un providencial disparo del profesor neutraliza a uno de los dos guardespaldas, dejándolo en el suelo y con una pierna destrozada. No tardará en perder la mano cuando Danny le dispare de nuevo. Pistola en mano, Danny intenta salir de la mina, en busca del último de los guardaespaldas. Casi antes de salir al exterior, se interpone en su camino una figura armada con una escopeta. Resignado, cansado y herido en una pierna; Danny levanta las manos, en señal de rendición...

Pero quien empuña la escopeta no es otro que Ben Braddock: vestido con unos vaqueros y una camisa a cuadros, Ben apenas si puede tenerse en pie. Danny no tarda en comprobar que tiene una fea herida en el vientre.

Danny Dalton (ayudándole a caminar, saliendo de la mina): Ben, tío... ¿Qué cojones te ha pasado?
Ben Braddock (NE): Desperté... Desperté en la comisaria de policía. El sheriff es...
Danny Dalton: Si, ya lo sé. Es el cabrón de mi tío...
Ben Braddock (NE): Me llevaban para acá. Decían que vosotros... Que estábais muertos, que os habían quemado y...
Marcus Vanister (NE): (llevando bajo el brazo el teclado que sirve de panel de mandos de la "Alfombra Mágica") Pues como vé, señor Braddock, estamos bien. Y ahora será mejor que nos movamos... esto no tardará en llenarse de hombres de Powell.
Danny Dalton: O peor... de Capuchas Rojas.

Sin mucho más tiempo, nuestros héroes se alejan de la entrada de la mina rodeando la montaña. Al mismo tiempo, varios hombres de Devon Powell llegan a la zona... encabezados por su perro de presa particular: Morgan Kyle.

Morgan Kyle (WF): (por teléfono) Han escapado, señor. Pero no pueden haber ido muy lejos.

Segunda Parte
LEONARD POWELL

Recostado sobre una de las tumbonas que hay en torno a la piscina, Leonard contempla los jardines de la mansión Powell: unos jardines sorprendentemente parecidos a los que tiene en su misma dimensión. Ese pensamiento, esa sensación de sentirse "como en casa", lleva a Leonard a recordar esos quince minutos de los que no ha hablado a sus compañeros de viaje. Siente que quizá debía haberlo contado.

Pero ahora ya es demasiado tarde para decírselo: Danny y el profesor deben estar ya en la mina, terminando de arreglar a "Margaret". Y sin embargo, la memoria de Leonard lo sigue llevando de vuelta a esos quince minutos.

A esa charla que tuvo en privado con el que es su padre… en esta dimensión.

Hace un par de horas. Despacho de Devon Powell.
Leonard aguarda inquieto mientras Devon Powell se sirve otra copa. Incluso en su dimensión de origen, piensa, el silencio entre ellos siempre ha sido incómodo.

Devon Powell (WF): Imagino que si, como dices, eres mi hijo en esa dimensión de la que procedes… Entonces sabrás que no soy un hombre que dé nada por nada, ¿verdad?
Leonard Powell: Imaginaba que el salvarnos la vida tendría un precio, si. ¿Qué es lo que quiere?
Devon Powell (WF): ¿Querer? Quiero aquello que no puedo tener… hijo.

Mientras escucha las palabras de su padre, Leonard descubre que en esta dimensión su padre es un hombre igualmente poderoso e influyente… pero al que el destino le ha negado la posibilidad de tener un sucesor.

Devon Powell (WF): Cada veinte años, tiene lugar lo que muchos denominamos "la marea de poder": una fuerza mística aparece en nuestro mundo y permanece durante un tiempo para, después, volver a esfumarse tal y como apareció. Ocurre cada veinte años…
Leonard Powell: Mierda… El desastre de hace veinte años…
Devon Powell (WF): En efecto. Las brujas aprovecharon la llegada de la marea para invocar aquel ser que habéis visto en la roca. Por suerte conseguí emplear mis dotes místicas para poner freno al desastre…
Leonard Powell: Pero, ¿qué tiene todo eso que ver con…?
Devon Powell (WF): Dejaré que tus amigos se marchen… siempre que tú permanezcas a mi lado. Como mi heredero.
Leonard Powell: ¿Heredero?
Devon Powell (WF): Del mundo del que procedes, tu sangre no es distinta que la de otros. Pero en éste mundo, la sangre de los Powell es una fuente de poder.
Leonard Powell: ¿Qué… clase de poder?
Devon Powell (WF): Un poder como el nunca has podido imaginar. Un poder que puede ser tuyo… hijo mío.

Ahora. Jardines de la Mansión Powell.
Las promesas de poder aún resuenan en su cabeza cuando Leonard se da cuenta de que está casi anocheciendo. La presencia de Morgan Kyle a su lado lo sobresalta por unos instantes. Como su guardaespaldas, Morgan recomienda a Leonard que acuda a sus aposentos hasta que regrese su padre. Por supuesto, todos los intentos por ir a la mina con sus amigos chocan con la impenetrable voluntad de Morgan Kyle.

Pasan dos horas más, Leonard cena encerrado en la jaula de oro que es su cuarto de invitados y contempla como cae la noche. Desde el balcón de su cuarto puede ver los jardines sumidos en la penumbra. Y harto de esperar, decide arriesgarse: utilizando las sábanas, improvisa una cuerda para trepar balcón abajo… con un estrepitoso y ruidoso desenlace. Leonard cae sobre una de las mesas que hay en la terraza del jardín, llamando la atención de varios guardaespaldas.

Guardaespaldas 1 (WF): (aferrando a un magullado Leonard) Pero, ¿A dónde crees que vas?
Leonard Powell: Joder… suélteme o se lo diré a mi…
Guardaespaldas 2 (WF): (acercándose desde el otro lado) Ey, Mick… ¿Todo despejado?
Guardaespaldas 1 (WF): Si Josh, todo tranq…
-BANG-

Un disparo convierte la cabeza del primer guardaespaldas en un melón abierto: la sangre cubre la cara de Leonard, quien reacciona tirándose al suelo. Las luces del jardín se encienden y el segundo guardaespaldas da la voz de alarma, acercándose a donde se encuentra Leonard. Antes de que llegue a su altura, el joven consigue apoderarse de la pistola del guardaespaldas muerto.

Guardaespaldas 2 (WF): Jesucristo… (por walkie) Atención, tenemos un intruso. Repito: ¡tenemos un intruso! (mirando a Leonard) ¿Estas bien chico?

Leonard asiente y el guardaespaldas lo lleva a empujones hasta la puerta trasera del salón, para apartar al joven Powell de la zona de disparos. Cuando ambos están dentro de la casa, Leonard lo encañona. Tras noquearlo, Leonard alza la vista y descubre que una figura enmascarada se encuentra en el jardín, mirándolo a través de los cristales. Antes de que pueda abrir fuego contra él, la figura avanza y se quita el pasamontañas.

Marcus Vanister (WF): ¿Leonard?
Leonard Powell: Joder. ¿Profesor? (mirando el mono negro que viste y el rifle de caza humeante que lleva entre manos) ¿Seguro que es usted?
Marcus Vanister (WF): No tenemos mucho tiempo, Leonard. Tu padre tiene en su poder un objeto muy poderoso. ¿Dónde lo guarda?
Leonard Powell: No lo sé, no es mi mansión. Maldita sea… ¡Ni siquiera es mi mundo!
Marcus Vanister (WF): ¿Y si lo fuera? Si fuera tu mundo… ¿dónde lo guardaría tu padre?

Leonard y el Marcus Vanister de este mundo atraviesan los aparentemente desiertos pasillos de la mansión, llegando al despacho privado que Devon tiene en lo alto del torreón central de su mansión. Allí, Leonard deja al descubierto una puerta metálica que oculta un inmenso acuario de agresivos peces tropicales. Introduciendo la misma contraseña que usaba su padre en su mundo, Leonard abre la cámara acorazada… dejando al descubierto una pequeña pero intrigante colección de artefactos místicos.

Mientras un alucinado Leonard contempla algunas de esas baratijas (como un curioso cofrecillo en el que hay varios anillos); Marcus Vanister se va directo hacia un arcón de madera negra. De su interior extrae un extraño libro, de apariencia antigua y encuadernado en cuero negro. Está cerrado con un pesado y oxidado candado.

Leonard Powell: ¿Qué es eso?
Marcus Vanister (WF): El Libro de las Sombras… (guardándolo en la bolsa negra de deporte que lleva al hombro) Esto puede llevaros de vuelta a casa.
Leonard Powell: Primero salgamos de aquí, profesor.

Los dos atraviesan pasillos y bajan escaleras a toda velocidad. Atraviesan los jardines en la oscuridad total, camino del embarcadero donde varias lanchas motoras prometen una fuga sencilla y rápida. Sin embargo, antes de llegar allí, las luces del jardín se encienden… y de todos los rincones de la mansión aparecen guardaespaldas armados que encañonan a nuestros dos protagonistas.

Desde el balcón de la casa, se puede escuchar la voz de un satisfecho Devon Powell…

Devon Powell (WF): Lo siento mucho, director Vanister. Pero me temo que no puedo dejarle marchar. Por cierto, hijo… (mirando a Leonard) Buen trabajo.

El Marcus Vanister de esta dimensión se gira y mira al que creía su aliado, intentando leer una traición en los ojos del joven Leonard Powell.
Pero en ellos no hay nada…
… salvo la terrible sensación de estar atrapado entre dos frentes.

CONTINUARÁ