jueves, 24 de septiembre de 2009

Sesión 19-09-09 - DALTON (Parte 3 de 4)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
James Roth (ND): Ahora trabajas para Wolfram & Hart, Danny. Olvídate de Leonard Powell. Como solemos decir aquí... “es un caso perdido”.

ENGAÑADOS POR EL "LIBRO DE LAS SOMBRAS";
EN MANOS DE "WOLFRAM & HART"...
Danny Dalton: Te conviene, ¿no? Porque trabajas para Manners a espaldas de Kauffmann. Y a tu jefe le conviene que nos larguemos de esta dimensión, ¿es eso?
James Roth (ND): Es más que eso. Kauffmann tiene planes para tí, Danny...

ES EL ÚLTIMO DE LOS VIAJEROS ORIGINALES...
Danny Dalton: ¿Por qué yo?
James Roth (ND): Porque según Kauffmann... serás tú quien traiga el apocalípsis.

Y SU DESTINO... ¡LO CAMBIARÁ TODO!
Ángel (ND): Si vuelves a la dimensión de la que saliste, Danny... acabarás convirtiéndote en un Dios.

Episodio 3x14.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 3 de 4)

Cruce de la Interestatal 5 con la 19, en el cauce seco del río.
Afueras de Los Ángeles.
Hace tres horas.


No es la primera vez que Danny aprieta el gatillo de un arma.
Sin embargo es la primera vez en la que se siente así después.
Se siente… bien. En paz.

Alza la vista: a su alrededor todo fluye a cámara lenta, al ritmo de sus latidos. Puede ver cómo Arthur Craig empuña sus armas contra los tiradores que, desde lo alto de la autopista, intentan ahora cobijarse tras el furgón que los trajo hasta aquí. Las balas silban a su alrededor pero Danny no puede reaccionar. A menos de un metro de distancia, John Ortega le encañona con su subfusil, mientras le grita algo que sus oídos no alcanzan a percibir. Danny no suelta la pistola no porque no quiera, sino porque no puede escucharle.

Es entonces cuando la sangre de John Ortega salpica a Danny, sacándolo finalmente de ese trance en el que se encontraba. El cuerpo del fiel sicario de Sarah Kauffmann se tambalea al ritmo de los tres proyectiles más que encaja su cuerpo. Al caer al suelo, Danny puede ver a James Roth empuñando su nueve milímetros.

Acaba de salvarle la vida. Danny sonríe: al final va a resultar que no es tan capullo como parece…

James Roth (ND): Llego en buen momento, ¿no?

A unos seis metros por encima de sus cabezas, el furgón de Wolfram y Hart se pone en marcha, bajo el fuego de las pistolas de Arthur Craig. Ni sus proyectiles ni la agilidad sobrehumana de Ángel consiguen impedir que los sicarios de Kauffmann consigan escapar de allí.

James Roth (ND): Cuando esos tíos cuenten cómo le volaste la cabeza a Kauffmann, las cosas van se te van a ponerse feas en Wolfram y Hart, Daniel.
Danny Dalton: Pues tendrás que recordarle a Manners que le hemos hecho el trabajo sucio quitando a Kauffmann de en medio.
James Roth (ND): Tú déjame a mí ese asunto. Hablaré con él y te avisaré cuando las aguas se hayan calmado por el bufete.
Danny Dalton: No tardes… no sé cuanto tiempo de suero me queda en el cuerpo.
James Roth (ND): Descuida… Ah, y por cierto… (se detiene a unos metros del coche en el que ha venido) Buen disparo, Daniel.

El coche de Roth se aleja dejando a Danny arrodillado ante las cenizas de Sarah Kauffmann. El anillo, brillante y dorado, es lo único sólido que queda de ella. Danny lo coge entre sus dedos. Está caliente.

Ángel (ND): ¿Y Roth?
Danny Dalton: De camino a Wolfram y Hart. Va a asegurarse de que no nos llueva mucha mierda por lo de Kauffmann… Mientras tanto, voy a necesitar un sitio donde descansar.
Ángel (ND): Puedes quedarte en mi casa hasta que las cosas se calmen.
Danny Dalton: Gracias, colega. Parece que todo ha terminado bien... (juguetea con el anillo) ¿no?
Arthur Craig (ND): Yo no jugaría con eso…
Danny Dalton: Considéralo la piel del tigre, colega.

Y diciendo eso, Danny se incorpora. Nunca ha sido bueno con las metáforas. Pero lo cierto es que se siente pletórico. Como un cazador victorioso.

Arthur Craig (ND): De todas formas, voy con vosotros. Creo que ese anillo aun puede traernos problemas…
Danny Dalton: Tranquilízate, hombre. Con Kauffmann fuera de juego… ¿Qué demonios puede ir mal?

“Investigaciones Ángel”. Suburbios de la Zona Oeste.
Hace dos horas.

James Roth (ND): ¡Todo, joder! ¡Todo se ha ido a la mierda!

Cinco minutos atrás, Roth había entrado como un huracán en la oficina. Apenas si se había despojado de su chaqueta y dejado su maletín a un lado cuando les indicó a los demás que pusieran la televisión. Cualquier canal valdría: estaba en todos los noticiarios.

“… fuentes aun no confirmadas. Los acontecimientos han ocurrido hace apenas treinta minutos, cuando varias explosiones en el interior del edificio activaron los sistemas de emergencia. Afortunadamente, no hay que lamentar pérdidas humanas auque los daños son cuantiosos aquí, en la sede de Wolfram & Hart, un prestigioso bufete de abogados que, hace apenas un par de meses, ya fuese víctima de un atentado similar…”

Danny Dalton: ¿Quieres tranquilizarte, joder? ¿Qué demonios ha pasado?
James Roth (ND): Mira esto… (saca su móvil de última generación) Es un video con lo último que captaron las cámaras de la sala de I+D.

La calidad de la imagen no es la mejor del mundo pero basta para que Danny pueda ver como, tras un resplandor jade, aparecen dos figuras en mitad del laboratorio. Antes de que nadie pueda reaccionar, el tipo con la cara vendada grita algo en japonés y activa unos explosivos que lleva al pecho. Luego, sólo hay nieve electrónica.

Danny Dalton: Mierda…
James Roth (ND): Pues eso no es todo. Tienen a Braddock.

No necesitaba escuchar eso para saberlo. Danny se sienta pesadamente sobre el sillón, cruzando los dedos con fuerza, como si el apretar el anillo pudiese hacerle algún daño a Sarah Kauffmann.

James Roth (ND): Está claro que este ataque no es más que una revancha. Imagino que le habría dado instrucciones a sus sicarios de ojos rasgados para que hiciesen esto en caso de que ella muriese…
Danny Dalton: La muy puta… Hasta después de muerta sigue dando por el culo.
Ángel (ND): Aunque sea pecar de optimista, no creo que tu amigo Ben Braddock esté muerto aun…
Danny Dalton: ¿Y como estas tan seguro?
Árthur Craig (ND): Es pura lógica, chico. Si vas a cargarte a alguien, ¿por qué llevártelo con vida del edificio que has atacado?
Ángel (ND): Quizá quieran torturarlo.
James Roth (ND): Lo estas mejorando…
Danny Dalton: De todas formas, pueden habérselo llevado a cualquier sitio… (mira el anillo) Y nos hemos cargado a la única que…
James Roth (ND): Bueno, en teoría no está muerta. Solo… encerrada.

El tono de Roth deja claro que acaba de recordar algo. O que un par de cabos acaban de ser debidamente atados.

James Roth (ND): Creo que acabo de tener una idea.

Sala de Juntas.
Lugar Indeterminado.
Hace una hora.


Sarah Kauffmann (ND): No esperaba volver a verte, Daniel.

El sillón de cuero negro y amplio respaldo gira lentamente, dejando ver a una elegante Sarah Kauffmann, luciendo un traje de ejecutiva blanco, impoluto. En su cara, donde debería estar la mejilla y el ojo derechos, hay un enorme agujero rodeado de carne quemada.

Danny Dalton está al otro lado de una mesa de reuniones tan limpia como larga. Sigue estando de pie, luciendo su arrugado traje de Wolfram y Hart. En su dedo siente aun la incómoda calidez del anillo. Hasta ahí, todo sigue igual.

El resto, por supuesto, ha cambiado en un abrir y cerrar de ojos. Porque hace un segundo se encontraba en un solar abandonado, a pocos metros de la nave industrial que acoge el Pub “RaveNant”. Aun podía escuchar las continuas protestas de Arthur Craig ante la idea que había tenido Roth. Pese a todo, y aunque a Danny tampoco le entusiasmaba tener un cara a cara metafísico con el alma de una criatura inhumana como era Kauffmann; lo cierto es que era la mejor idea que tenían.

Danny Dalton: Yo…
Sarah Kauffmann (ND): Espera, no me lo digas. Has venido… ¿para salvar al señor Braddock?
Danny Dalton: Dime a donde lo han llevado tus sicarios o…
Sarah Kauffmann (ND): O de lo contrario, ¿qué? (se incorpora) ¿Me matarás otra vez?

Ella camina hacia él, mirándolo con el único ojo sano que le queda.

Sarah Kauffmann (ND): Tu joven amigo está en un lugar extraño… Si, más extraño que la propia ficción me atrevería decir. Pero te garantizo que morirá… (sonríe) sintiéndose cerca de casa.
Danny Dalton: Maldita zorra…

Por puro impulso intenta golpearla. Pero ella es mucho más rápida que el. Danny siente como Kauffmann se apodera de su puño y lo presiona entre sus dedos. Con la fuerza de una trituradora hidráulica.

Sarah Kauffmann (ND): Ah, ah, ah. Muy mal, señor Dalton. No olvide que aquí dentro… mando yo.

La mujer coloca la palma de su otra mano en el pecho de Danny. Éste siente un golpe tremendo que le hace bailar las costillas…

Descampado, a escasos metros del Bar “RaveNant”
Polígono Industrial Eisenhower, Afueras de Los Ángeles.
Hace 59 minutos y 51 segundos.

Danny Dalton: ¡JODER!

Llevándose las manos al pecho, Danny se desploma de rodillas, saliendo del circulo de sal que Ángel había trazado siguiendo las indicaciones de Roth. Éste y Arthur Craig ayudan a Danny a incorporarse.

James Roth (ND): Vaya, sí que ha ido rápido… Daniel, ¿estas bien?
Arthur Craig (ND): Puede que aun esté en trance.
Danny Dalton: N… No… Estoy… (tose) Estoy bien… (más tos)
James Roth (ND): ¿Y bien? ¿Qué has visto? ¿Has hablado con Kauffmann?
Danny Dalton: Más… o… menos…

Unos minutos después y varios tragos de una pequeña petaca que guarda Arthur Craig en su cazadora, Danny cuenta todo lo que ha vivido en su viaje místico-psíquico “al fondo del anillo”.

Danny Dalton: Y eso es todo. Desde luego no ha sido de mucha ayuda…
James Roth (ND): “Se sentirá como en casa”. ¿Qué habrá querido decir con eso?
Ángel (ND): Está jugando contigo, Danny. A esta clase de criaturas les encanta atormentar a los humanos con acertijos.
Danny Dalton: Espera un momento… Dijo… Dijo que era un lugar donde la realidad es más extraña que la ficción… (abre mucho los ojos) Ficción…

De repente, Danny rompe a correr. El resto sale tras él, intentando no perderlo de vista mientras pasan a través de naves industriales semi-abandonadas. Finalmente, Danny se detiene a pocos metros del acceso a la carretera industrial, a la salida del Polígono Eisenhower. Ángel es el primero en llegar y encontrar a Danny riendo y señalando un enorme cartel publicitario que se alza a menos de un metro y medio de la carretera.

Danny Dalton: Más extraño que la ficción… Claro, joder.

James Roth y Arthur Craig no tardan en aparecer. Como el propio Ángel, sus miradas también se fijan en la gigantesca valla publicitaria. En ella, tras un montaje fotográfico de sus protagonistas, puede verse la silueta sombreada de un vehículo blindado.

“NEVERFIELD: Estreno de la Segunda Temporada. Este otoño, en FOX.”

Estudio 21. Centro de Producción de la FOX Entertainment.
10201 W. Pico Boulverd, Los Ángeles.
Hace diez minutos.

A Danny Dalton nunca le gustó la Plaza Lincoln. Era el epicentro de la vida social de Springfield: el clásico parque en el que las familias solían reunirse los domingos. La clase de sitio en el que Danny Dalton jamás podía encajar.

Bajo los focos de la inmensa nave industrial, los ojos de Danny se mueven incrédulos a través de los decorados que reproducen, hasta el más estúpido e insignificante detalle de esa plaza que jamás le importó lo más mínimo. Un lugar que en toda su vida había echado de menos… hasta ahora.

Ángel, Craig y Roth deambulan por el set de rodaje, mirando por todas partes. Ellos no pueden comprender lo que Danny siente. Quizá si estuviesen aquí Leonard. O “Perro Loco”. O Fred.

Danny tiene que acercar la mano y sentir el desagradable tacto del conglomerado de madera para cerciorarse de que es todo falso: el decorado que reproduce su auténtico hogar en una estúpida serie de televisión.

James Roth (ND): Daniel… (le pone la mano en el hombro) Sé que es duro, pero…

En entonces cuando las luces se apagan. Antes de poder reaccionar ante la emboscada, una nube de luz jade se materializa a espaldas de Roth. Danny no tiene apenas tiempo de advertirle: la adolescente con aspecto de “lolita” tiende un filamento de acero en torno al cuello de Roth, estrangulándolo de una forma salvaje y agónica.

Un rugido en tosco japonés deja claro que, tras él, Ángel ha encontrado a su compañero de baile: el enorme gigantón de barba poblada, greñas sucias y gabardina de vagabundo acaba de atravesar la fachada de cartón piedra del Ayuntamiento de Springfield.

Las cosas no van mucho mejor para Arthur Craig: el robusto cazador de anillos trata de desenfundar sus dos automáticas, en un intento por ayudar a Roth. Sin embargo, una sombra cae del techo, esgrimiendo una pareja de afiladísimos cuchillos ninja. La atractiva japonesa luce un atuendo ajustado, similar al neopreno, y lanza un pícaro beso a Craig. Antes de que éste pueda encañonarla con una de sus pistolas, su mano queda clavada en la pared por cortesía de uno de sus cuchillos.

Danny Dalton aprieta el gatillo de su arma. Una, dos, tres veces. Es inútil: las heridas que provoca en la espalda del gigante barbudo se cierran con la misma velocidad a la que se producen. Parece indestructible.

Ángel (ND): Danny… ¡A tu espalda!

Ángel acompaña su grito con el encendido de un potente foco. Su luz rasga la oscuridad de la nave industrial, proyectando una temible sombra en una de sus paredes. La sombra de un samurai medieval, enfundado en su armadura de guerra.

Ángel (ND): ¡A la sombra! ¡Dispara a la sombra!

El gigantesco barbudo alza las manos: entre ellas sostiene una viga de madera acabada en punta. Una improvisada estaca que apunta directamente al corazón de Ángel. Entonces, Danny vuelve a apretar el gatillo y tres proyectiles del calibre cincuenta agujerean la colosal sombra del samurai.

A su espalda, al mismo tiempo, el cuerpo del titánico vagabundo cae al suelo, con tres proyectiles en el cuerpo. Antes de que ni Ángel ni Danny pueda decir nada, un nuevo disparo resuena con eco entre las paredes de la nave industrial. Ambos giran la cabeza, viendo como Arthur Craig sale de entre las sombras empuñando una humeante Glock 17.

Ángel (ND): ¿Y la cambia-formas?
Arthur Craig (ND): Va a necesitar cambiarse de cara… permanentemente (termina de improvisar un vendaje para la herida de su mano) ¿Y Roth?
James Roth (ND): Creo que deberíais ver esto…

Arrodillado ante una puerta que conecta con la nave de al lado, Roth frota sus dedos tratando de limpiarse el polvo de jade.

James Roth (ND): Nuestra amiga teleportadora ha escapado por aquí.

Danny siente un escalofrío al leer el cartel de la puerta: “Escenarios de la Segunda Temporada. SOLO PERSONAL AUTORIZADO”.

Ángel (ND): Es una trampa y lo sabes, ¿verdad?
Arthur Craig (ND): No entres ahí, chico…
Danny Dalton: ¿Tengo elección?

Estudio 22. Centro de Producción de la FOX Entertainment.
10201 W. Pico Boulverd, Los Ángeles.
Ahora.

A su alrededor, todo echa humo. Le duelen todos los huesos; la cabeza le da vueltas y en sus oídos se ha instalado un aguado e insidioso pitido. Y pese a todo, Danny Dalton se incorpora, con lo que queda de su camisa echo jirones. Algunas llamas rodean el acceso al estudio 22, convertida en un agujero cinco veces más grande de lo que era cuando, cinco segundos atrás, aun era una puerta.

Ángel ayuda a incorporarse a un magullado Roth mientras Arthur Craig le tiende la mano a Danny. Poco a poco, los sonidos comienzan a llegar a sus oídos.

Arthur Craig (ND): … si estás bien?
Danny Dalton: Sí, sí… Estoy bien (mira a Ángel y Roth) Lo estamos todos, ¿no?
James Roth (ND): Teniendo en cuenta que acaba de inmolarse un tío cargado de explosivos ante nuestras narices… Si, estamos bien.
Ángel (ND): Te dije que era una trampa…

Danny apenas si había tenido tiempo de activar las luces de aquella nave, gemela a la que habían dejado atrás. Los fluorescentes les habían dejado ver un estudio a medio montar, con los decorados aun por montar, amontonados en pilas de hasta tres y cuatro metros. En el centro de la estancia, sin embargo, había algo del tamaño de un microbús, cubierto por una lona negra. Y sobre él, pendiendo en el aire y sujeto por cuerdas a las vigas del techo, estaba Ben Braddock.

El pobre Ben, pensó Danny. Convertido una vez más en rehén involuntario. Si en la última misión no le hubieran dado tan fuerte, quizá hubiese sido él quien colgase del techo como una mísera piñata.

Y antes de poder preguntar “¿cómo vamos a bajarlo de ahí?”, apareció aquel tipo. Arthur Craig fue el primero en reconocerlo… y el primero en saltar fuera del estudio. Había sido el mismo tipo que había hecho volar por los aires la capilla del Padre Layton. El mismo que ya se había enfrentado antes a Ángel. El mismo que había atacado la sede de Wolfram y Hart…

Danny Dalton: ¿Cuántas vidas le quedan a ese tío?
Arthur Craig (ND): No las suficientes como para evitar que le ponga las manos encima…

El interior de la nave industrial era ahora un caos de humo, hedor a carne quemada, restos de decorados calcinados y pequeños focos de llamas desperdigados allí y allá… Lo que estuviese bajo la lona negra, sin embargo, había salido indemne de la explosión. Al igual que el bueno de Ben, quien seguía colgando del techo, inconsciente y…

Ángel (ND): ¿Qué es eso que lleva en el pecho?

Antes de poder si quiera reaccionar a su pregunta, Roth descorrió la lona que cubría aquel enorme vehículo. Más tarde, Arthur Craig reconocería el sistema de cables como un mecanismo casero de activación de explosivos. Pero eso sería mucho más tarde: en aquel momento, al apartar la lona, los diminutos cables activaron las dos cargas explosivas. La primera pendía del pecho de Ben Braddock.
La segunda estaba dentro de aquel vehículo.

Danny Dalton: Mierda, ¡Mierda!
James Roth (ND): Joder… Es la, es la…
Danny Dalton: Si. Es la jodida “Margaret”

Más allá de la cuenta atrás en dígitos rojos, los ojos de Danny recorrieron de cabo a rabo el chasis maltratado, abollado, tiroteado, desguazado y vuelto a ensamblar de la tanqueta que habían robado en aquel universo alternativo tan parecido al suyo propio. Aquel en el que había muerto Fred.
Y ahora iba a morir Ben. Como “Perro Loco”. Como Leonard.

Danny Dalton: Ni de coña.

Con esas palabras, Danny puso las manos sobre el temporizador del explosivo. Arthur Craig puso la suya a modo de barrera.

Arthur Craig (ND): ¿Qué coño crees que estas haciendo, chico?
Danny Dalton: Apártate, joder…
Arthur Craig (ND): Tiene una contraseña de cuatro dígitos y un triple sistema de seguridad. Aunque supieses como desactivar una de estas podrías, jamás podrías hacerlo en... (lee el marcador y silba) menos de un minuto.
Danny Dalton: ¿¡Y qué se supone que debo hacer!?
Ángel (ND): ¡Mi deber es protegerte! ¡Y lo haré aunque te tenga que sacar a rastras!
Danny Dalton: Pues tendrás que hacerlo, colega… Porque si Ben muere, yo también.
Ángel (ND): ¡Maldita sea, Danny! ¡No hay nada que puedas hacer!
James Roth (ND): Bueno, en realidad… si hay una cosa.

Los tres se giraron y miraron a Roth.

James Roth (ND): Sé de alguien que seguro sabe la contraseña.

CONCLUIRÁ...

Sesión 19-09-09 - ANGEL (Parte 2 de 4)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ATRAPADOS POR CULPA DEL "LIBRO DE LAS SOMBRAS", TRABAJANDO PARA "WOLFRAM & HART"...Vladimir Kaminski (ND): Wiolfram y Hart cumplir su pialabra… Pero hace tries mieses, algo cambió. Lliegaron unas piersonas… de un liugar más allá de nuestro mundo…
Ángel (ND): ¿Los viajeros?

UNA TERRIBLE PROFECIA...
Vladimir Kaminski (ND): Da, da… Los viajeros. Mi supervisiora, Siarah Kauffmann, me encargó vier el fiuturo de ellos…
Ángel (ND): ¿Qué vio en el futuro... sobre esos viajeros?

¡ESTÁ A PUNTO DE CUMPLIRSE!
Ángel (ND): Escúchame, Park. Dáles un mensaje a esos a los que Kaminski llamaba “los viajeros”. Diles que quiero hablar con ellos. En persona.

Episodio 3x13.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 2 de 4)

Algún punto bajo el subsuelo de Los Ángeles.
Hace cuatro horas.


Ángel (ND): Vale, ya estoy aquí. ¿Qué es lo que queréis ahora?

Su voz reverberó entre las paredes de aquella cámara. Olía como lo que era: un acceso subterráneo al sistema de alcantarillado de una de las ciudades más sucias del planeta. Las tuberías cubrían el techo llevando mierda de un lado a otro de Los Ángeles. Y ahí estaba él: con su mejor cazadora de cuero y con unos zapatos a los que acababa de sacar brillo. Genial.
Era un vampiro, sí. Y estaba más que acostumbrado a moverse por el entramado de alcantarillas. Pero seguía prefiriendo las reuniones en un restaurante o en un buen pub irlandés.

Ángel (ND): ¿Hola?

No era la primera vez que los “Grandes Poderes” contactaban con él. Esta vez habían cogido a Cordi en su retiro de fin de semana, en Nuevo Méjico. Supuestamente no eran ni buenos ni malos... si es que unas criaturas como esas podían someterse a criterios morales semejantes. Pero a Ángel no le gustaba la forma que tenían de usar a Cordi como una mensajera (a través de esas dolorosas visiones psíquicas) Ni tampoco le gustaba que le usaran a él como chico de los recados.

En el fondo, Ángel sabía que sería así: estaría a punto de marcharse, soltaría una frase del estilo “bah, me largo...” y, en ese momento, un resplandor cegador surgiría de unas de las paredes, mostrando en su lugar un corredor de luz, aparentemente infinito.

Oráculos (ND): Lamentamos llamarte así, pero es de una importancia trascendental...

Ángel los miró de arriba abajo: aparentaban unos veintipocos y los dos tenían el aspecto de haber escapado de una película de romanos. Sus pieles brillaban como el oro puro y ambos, tanto él como ella, lucían máscaras de una serenidad escalofriante.

Ángel (ND): Vale, ¿podemos ir directamente a la parte en la que me encargáis la misión suicida?
Oráculo Masculino (ND): El equilibrio del telar del destino...
Oráculo Femenino (ND): ... está en peligro.
Ángel (ND): Ya... ¿Y que puedo hacer yo?
Oráculo Femenino (ND): Hay un joven muy especial...
Oráculo Masculino (ND): ... su nombre es Daniel.

Ángel podía ver como iba a seguir la historia. Tendría que protegerlo y todo ese rollo. Vale, el clásico encargo de los “Grandes Poderes”: críptico y, a la vez, sencillo.

Oráculos (ND): Debes protegerlo de todo mal.
Ángel (ND): Qué sorpresa... ¿Y como le encontraré?
Oráculo Masculino (ND): Ya has oído hablar de él...
Oráculo Femenino (ND): ... como uno de los “viajeros”.

Fue entonces cuando esa sensación se adueñó de él. Ángel no sabía si otros vampiros podían sentirlo, pero él desde luego lo sintió. Algo parecido a un escalofrío. “Los viajeros”. Eran aquellos chicos de los que le había hablado aquel pobre desgraciado de Kaminski, un vidente de Wolfram & Hart.

Oráculos (ND): Debes protegerlo de todo mal.

Y con el mismo resplandor en el que aparecieron, se esfumaron. Aquello volvía a ser un desagüe maloliente e insalubre. Sin embargo, la mente de Ángel estaba demasiado ocupada intentando ensamblar las piezas. Daniel. Al menos ya tenía un nombre para el chico. Porque Kaminski le había dicho algo sobre el porvenir de ese joven, algo que le sucedería si alguna vez conseguía volver a su mundo de origen. Algo que, muy posiblemente, la gente de Wolfram & Hart sabía.

Ángel (ND): Esto es... (rebusca en sus bolsillos) Esto es genial, de verdad...

Entre los dedos, Ángel sostuvo la tarjeta de visita que le dejó esa alimaña de Gavin Park. En aquella ocasión habían “colaborado” protegiendo a Kaminski de esa panda de demonios japoneses que lo perseguían. Sin haberle contado nada de lo que el vidente moribundo le dijo antes de ser asesinado, Ángel pidió a Park que le concertase una cita con aquellos “viajeros”. Por supuesto, no había tenido noticias de ese bastardo sonriente. Tendría que insistir.

Mientras dejaba atrás la cámara de desagüe, Ángel dejó que su mente pasara al segundo problema. Encontrarlo ya no lo era: Park se encargaría de eso (al menos en teoría) Lo realmente difícil iba a ser decirle al tal Daniel lo que Kaminski había profetizado sobre su destino. No era moco de pavo, la verdad.

A fin de cuentas, ¿cómo le dices a un chaval que, si vuelve a su dimensión natal, acabará convirtiéndose en un Dios?

Apartamento de Wolfram y Hart.
Zona del Downtown, Los Ángeles.
Hace tres horas.


Ángel (ND): Si regresas a casa, te convertirás en un Dios.

Hacia ya veinte minutos que Danny Dalton había dejado de encañonarle con su Desert Eagle calibre cincuenta. Su mirada había sido entonces la clásica de desconfianza que Ángel solía ver en los demás cuando hacía una de sus dramáticas apariciones. En este caso, Danny y su compañero de Wolfram y Hart (un tal James Roth) habían entrado en el ático de Park empuñando sus pistolas y luciendo sus trajes de ejecutivo “made in Wolfram & Hart”. Ángel imaginó que se fiaban tanto de una cita a ciegas orquestada por Park como él mismo. Pero cuando les preguntó si alguno de ellos era Daniel y aquel chico dijo que era él... Bueno, en ese momento tuvo que darle un voto de confianza a Park. Quizá en el fondo no era tan alimaña.

Danny Dalton: ¿Puedes...? (cierra los ojos y vuelve a abrirlos, como intentando creer lo que le acaba de decir) ¿Puedes repetir eso?
Ángel (ND): Si vuelves a la dimensión de la que saliste, Danny, de un modo u otro (esa es la parte turbia de la profecía) acabarás convirtiéndote en un Dios.
Danny Dalton: Ya... Y por eso te han enviado a protegerme, ¿no?

Ángel asintió sin dejar de mirar a través del inmenso ventanal del ático. Gavin Park parecía confiar lo bastante en él como para dejarle a solas con los “viajeros”. Sin embargo, el compañero de Danny, el tal James Roth, no le tragaba. Como el propio Danny le explicó poco después, Roth no era uno de los viajeros sino que era una especie de aliado dentro de Wolfram y Hart, como lo era el propio Park. Al parecer había varias facciones del bufete y no todas tenían los mismos planes para con Danny y sus amigos viajeros. Lo cierto es que Roth no parecía fiarse de Ángel... y él tampoco de Roth.

Danny Dalton: Así que un Dios... (tono de incredulidad total) Bueno, no cabe duda de que ésta entra directamente en el TOP 10 de chorradas que he oído desde que comencé esta movida de saltar entre dimensiones. Pero dime una cosa, ¿no se supone que es bueno? Quiero decir, eso de ser un Dios y tal... ¿no es una movida de puta madre?
Ángel (ND): Poder absoluto, Danny... Y ya sabes lo que dicen del poder absoluto, ¿no?
Danny Dalton: ¿Que está de puta madre?
Ángel (ND): Que corrompe absolutamente.
James Roth (ND): ¿Qué es lo que corrompe absolutamente?

Roth entró en el salón, guardando su teléfono móvil y con una mirada desconfiada que se acentuó ante el evidente silencio que se generó tras su pregunta. A Ángel le bastó una mirada fugaz para dejarle claro a Danny que no debería hablar con nadie de Wolfram y Hart acerca de lo que le había revelado...

Danny Dalton: El poder, Roth. El jodido poder. Aquí el amigo Ángel estaba dando lecciones morales...
Ángel (ND): Moralidad. Vaya... Algo que Wolfram y Hart conoce muy bien, ¿no? Seguro que el vidente moribundo al que intenté salvar aprendió mucha moralidad vuestras instalaciones de tortura y experimentación...
James Roth (ND): Antes de lanzar esas acusaciones...
Ángel (ND): Sea lo que sea que le hicieron, Sarah Kauffmann le sacó todo lo que quería...
Danny Dalton: Entonces... ¿ella lo sabe? ¿Sabe...?
Ángel (ND): Si. Me temo que sí. Conoce tu destino. 
James Roth (ND): Eso me recuerda... (mira a Danny) He recibido una llamada de mi... (mira a Ángel y luego vuelve a mirar a Danny) de mi “superior”.

Danny asintió: aunque supuestamente Roth trabajaba para Sarah Kauffmann como él mismo, Ben y los demás; en realidad Roth era un agente doble de Holland Manners, otro de los altos directivos del bufete. Si Ángel quería mantener secretos ante Roth, pensó Danny; Roth también tenía derecho a mantener los suyos ante él.

James Roth (ND): Tengo que pasarme por el aeropuerto a recoger a alguien.
Danny Dalton: ¿Quién?
James Roth (ND): Ya lo verás... (le arroja unas cerillas a Danny) Nos vemos en el “RaveNant” dentro de una hora. Ah... (mira a Ángel) Y ni se te ocurra aparecer por ahí.

Bar “RaveNant”, Polígono Industrial Eisenhower.
Afueras de Los Angeles.
Hace dos horas


Ángel (ND): Espera un segundo… ¿Oriental? ¿De unos diecisiete años? ¿Y se teleporta dejando un rastro de polvo de jade?

Había permanecido al margen de la conversación hasta ese preciso instante. Durante los veinte minutos anteriores, desde que James Roth apareció por el bar acompañado de aquel mastodonte de gabardina negra y cara de pocos amigos. Por un segundo, Ángel temió encontrarse ante uno de esos insidiosos cazadores de vampiros (unos temores que se acrecentaron cuando vio la insignia del Vaticano que Craig llevaba en la solapa de su cazadora)

Sin embargo, ahora que había decidido unirse a la conversación, quedó claro que si el tal Craig era un experto en el mundo de lo oculto, su asignatura pendiente eran los vampiros. En cambio, sí parecía estar puesto en todo lo referente a algo que denominó “limbus infernae”. “Anillos Infernales”. Ángel había oído historias sobre ellos: anillos que, como las lámparas de los cuentos orientales, albergaban la esencia de demonios y que otorgaban a quienes los llevasen poderes más allá de lo humano. Por supuesto, el precio casi siempre implicaba el alma del usuario… o algo peor.

James Roth y Danny Dalton habían llevado a Craig a uno de los reservados. Para Ángel no fue difícil confundirse entre la fauna del “RaveNant”: el único sitio donde un vampiro (aunque tenga alma) puede pasar desapercibido es un viernes a la una de la madrugada en un local así. Ni el bullicio ni la música “dark” a todo volumen le impidieron captar la conversación que tenía lugar en el reservado de al lado.

Durante los primeros minutos la conversación no parecía interesante: al parecer el tal Craig había ayudado a Danny y a uno de sus compañeros “viajeros” durante una operación en Nueva York. Sin embargo, horas después de aquello alguien atentó contra Craig y consiguió matar a un aliado suyo, un tal Padre Layton.

Cuando Craig describió a sus atacantes y el modus operandi del atentado, Ángel tuvo que intervenir. A fin de cuentas, conocía a esos bastardos.

James Roth (ND): Joder, Daniel… ¡Te dije que no quería que él estuviese…!
Danny Dalton: Tranquilízate, Roth. Es un tío legal.
Arthur Craig (ND): ¿Quién coño…?
Ángel (ND): Un amigo, nadie de quien deba preocuparse… (se sienta frente a él) Me llamo Ángel, señor Craig. Y por lo que cuenta apuesto que a esa lolita japonesa la acompañaba un tipo grande, ¿una especie de vagabundo gigante, también japonés?
Arthur Craig (ND): No, no, no… La chica apareció de la puta nada. Y volvió a desaparecer dejando allí a un tipo que tenía la cara vendada…
Ángel (ND): … Y explosivos atados al pecho, ¿verdad?
Arthur Craig (ND): Si, el mismo. ¿Lo conoce?
Ángel (ND): Me temo que sí.

Se hizo un extraño silencio en el que sólo se escuchaba el retumbar de la música y del gentío del “RaveNant”. La clase de silencio de comprensión de quienes saben que luchan contra un mismo enemigo. Arthur Craig fue el primero en romperlo.

Arthur Craig (ND): Bueno, Roth. No he venido aquí para hacer nuevos amigos…
Danny Dalton: ¿A qué se refiere?
Arthur Craig (ND): No… (algo sorprendido, a Roth) ¿No se lo ha dicho?
Danny Dalton: Decirme, ¿el qué?

Ángel y Danny miraron entonces a Roth quien apartó las bebidas que ocupaban la mesa. En su lugar, dejó a la vista un pequeño maletín de viaje. Con la pausa dramática de quien muestra un truco de magia, Roth hablaba mientras abría el maletín, sacando de él unos informes.

James Roth (ND): Esta misma tarde, poco después de acudir a la cita con Park, recibí una llamada de mi superior en Wolfram y Hart. (entrega el informe a Craig) Creo que si lee esto, señor Craig, comprenderá por qué Sarah Kauffmann quiso destruir a su amigo, el Padre Layton.

Ángel lee en el rostro pétreo de Craig mientras él mismo pasea sus ojos por encima de las páginas de aquel informe. Sus nudillos se aferran al papel y en cuestión de un minuto, vuelve a mirar a Roth.

Arthur Craig (ND): Así que era eso… (se lleva la mano al cuello y muestra el anillo que pende de la cadena) Querian el anillo…
Danny Dalton: Joder… ¿Es uno de esos anillos malditos?
James Roth (ND): Es algo más que eso, Daniel. Es un receptáculo vacío. Y la herramienta idónea para acabar con Sarah Kauffmann.

Danny Dalton clavó sus ojos en Roth.

Danny Dalton: ¿Me… Me estas diciendo que eso puede acabar con Kauffmann? ¿Y a qué cojones…?
Arthur Craig (ND) (interrumpe): No es tan sencillo. El anillo en sí no tiene poder alguno.
James Roth (ND): Sin embargo, en el momento en que Sarah Kauffmann se ponga el anillo, será tan vulnerable al daño como pudiera serlo cualquier ser humano…
Danny Dalton: Quieres decir que si se pone el anillo…
James Roth (ND): Si, Daniel… Podremos enviarla al infierno.
Arthur Craig (ND): O siendo más exactos… (muestra el anillo) encerrarla en él.
Danny Dalton: Entonces, y suponiendo que Kauffmann no sepa exactamente qué es lo que hace el anillo, solo queda una cuestión por resolver… ¿Cómo conseguir que se lo ponga?

Una leve tosecilla salió de la garganta de Ángel, dejando claro que él tenía una idea al respecto.

Ángel (ND): Creo que he tenido una idea. (sonríe a Roth) Aunque creo que no te va a gustar lo más mínimo.

Cruce de la Interestatal 5 con la 19, en el cauce seco del río.
Afueras de Los Ángeles.
Hace una hora.


Ángel (ND): Si no quiere que parta su delicado cuello… (mueve la bota sobre la nuca de Roth) Yo no daría un paso más.

De vez en cuando, las luces de un coche pasan fugaces, a seis o siete metros por encima de sus cabezas, recorriendo los carriles de las autopistas que, formando un nudo, se alzan sobre sus cabezas. A unos cincuenta metros, Sarah Kauffmann se detiene al pié de la cañada seca del río. Ángel recuerda cuando el agua corría salvaje por él, hace ya casi un siglo. Ahora es un lugar infecto, el perfecto campamento para vagabundos, yonquis y gente que, como ellos, quiere llevar a cabo intercambios al margen de la legalidad y la moralidad.

Sarah Kauffmann (ND): Las amenazas son del todo innecesarias, señor Ángel. Creí que nuestra conversación telefónica lo había dejado bien claro…
Ángel (ND): Usted trabaja para Wolfram y Hart, señora… No pretenderá que me fíe de usted así como así.
Sarah Kauffmann (ND): Mi limusina está aparcada ahí arriba, ¿la ve? (señala a su espalda, a lo alto de la cañada) Tengo un burdeos excepcional en la nevera que podríamos tomar… y todos estaríamos más cómodos.

Y diciendo eso, señala a James Roth y Danny Dalton. Ambos, muy metidos en su papel de rehenes, tratan de liberarse de unas inofensivas ataduras.

Ángel (ND): Hablemos claro, señora. Usted no ha venido por sus peones. Ambos sabemos lo que usted busca.
Sarah Kauffmann (ND): Al contrario, señor Ángel. Fue usted quien dijo que tenía en su poder algo que… algo que podría destruirme, ¿no es así?

Ángel recuerda fugazmente la conversación telefónica. La misma en la que Roth pasó la mayor parte del tiempo quejándose de un plan del cual él era el único detractor. Iba a responder a Kauffmann cuando, de repente, sintió algo extraño en el ambiente. Su “sexto sentido vampirico” zumbaba como loco.

Algo no iba bien. Y deseó que, desde su escondrijo, Craig pudiera ver ese algo. Él tenía otras cosas en las que pensar.
O al menos eso creía.

Porque fue entonces cuando, de lo alto del carril de la autopista que pasaba por encima de sus cabezas, algo aterrizó pesadamente a su espalda. Ángel apenas sí pudo darse la vuelta antes de que un par de brazos, fuertes como prensas hidráulicas, lo rodearon. No necesitó escuchar su vozarrón lanzando exclamaciones en japonés para saber que aquel vagabundo gigantón de ojos rasgados había vuelto a por más.

Ángel (ND): ¿Tú otra vez?
Sarah Kauffmann (ND): ¡Vamos! ¡Muévanse! ¡Ahora!

Danny Dalton y James Roth trataron de incorporarse y, torpemente, comenzaron a correr en dirección a ella. No era lo que tenían previsto en el guión, pero estaba claro que el nuevo cambio en la historia requería improvisación. Además, Ángel no tendría problemas en acabar con un simple…

Fue en ese instante cuando todos los allí presentes comenzaron a oír el rotor del helicóptero. Inmovilizado por los brazos de acero de aquel enorme nipón barbudo, Ángel vio descender de los cielos un aparato civil, provisto de un potente foco que los deslumbró a ambos por un segundo. Al principio, se limitó a flotar a ras del suelo, a unos quinientos o seiscientos de donde estaban los dos.
Entonces, el helicóptero comenzó a moverse en dirección a ellos. Sin importarle que hubiese unos gruesos y sólidos pilares de hormigón, el aparato se introdujo bajo el nudo de autopista. Las aspas chocaron contra ellos, gimiendo y doblándose en un mar de chispas y de aceros retorcidos.

Arthur Craig (ND): Jodido Jesucristo…

Incluso desde su escondrijo al otro lado de la cañada, oculto tras el chasis de una vieja tartana del sesenta y dos; Craig pudo ver y escuchar como la estructura metálica del helicóptero chocaba contra los pilares, estallando en el aire y convirtiéndose en una pavorosa bola de fuego que, deslizándose por el suelo, estaba a punto de consumir a Ángel y a su oponente, el cual se limitaba a retenerlo entre sus brazos, como si no le importase morir si así se lo llevaba por delante.
Craig arrojó a un lado su escopeta recortada. Iba a necesitar otra cosa para algo así.

Ángel (ND): Esto… se… pone… interesante…

Lo que antes había sido un helicóptero era ahora un amasijo de hierros incandescentes que, en forma de bola de fuego, iba a consumirlos a los dos. Y parecía que al gigantesco barbudo japonés poco le importaba: tras toda una lluvia de golpes, los puños de Ángel apenas si le habían sacado poco más que una sonrisa. Iba a necesitar otra…

El estampido de un arma interrumpió sus pensamientos. El proyectil de Craig apenas si le hizo un rasguño en la cabeza al gigantón. Pero bastó para distraerlo. Lo único que necesitó Ángel para escabullirse de su mortal abrazo… y dejar que los restos del helicóptero se lo llevasen por delante.
Ángel rodó por el suelo, dando tumbos y se incorporó al tiempo que dos o tres pequeñas explosiones daban cuenta de los últimos vestigios de lo que fue un helicóptero. Al otro lado, separado por una estela de llamas y napalm, Ángel vio como Danny y Roth eran debidamente conducidos al interior de la limusina de Kauffmann.

Arthur Craig (ND): No hace falta que me des las gracias… (se acerca hasta donde está Ángel) ¿Y Kauffmann? ¿Dónde…?
Ángel (ND): No ha venido. Nunca estuvo aquí. Fíjate…

Ángel señaló a través de la temblorosa cortina de llamas. La persona que acompañaba a Danny y James a la limusina iba, en efecto, ataviada con un elegante traje de ejecutivo. Sin embargo, su aspecto no era el de Sarah Kauffmann sino el de una hermosa mujer oriental, de unos treinta y pocos años. Y subiendo a la limusina, la pícara cambiaformas se despidió de ambos con un beso lanzado al aire.

Ángel (ND): Una chica que se teleporta, un kamikaze, un gigantón indestructible… y ahora una cambia-formas.
Arthur Craig (ND): Al menos… (muestra el anillo que aun pende de su cuello) Seguimos teniendo esto.
Ángel (ND): Tengo la sensación, señor Craig, que no es el anillo lo que más le interesaba a Kauffmann.
Arthur Craig (ND): ¿Y ahora? ¿Los seguimos?
Ángel (ND): Si. Directos a la boca del lobo.

Azotea del Edificio Fielding,
a unos cien metros de la Sede de Wolfram y Hart.
Hace veinte minutos.

Por supuesto no hablaba en serio. “Directos a la Boca del Lobo”, por favor. ¿Acaso pretendía impresionar a Craig? Meterse en Wolfram y Hart sin un plan es la forma más rápida y estúpida de acabar convertido en picadillo.

Ángel mira su reloj: las dos de la madrugada, de un viernes cualquiera. La mayor parte de los rascacielos de esta zona están apagados, como gigantes de cristal y que ahora parecen de mármol negro. Pero no el de Wolfram & Hart. El mal nunca duerme. Y Ángel lo sabe. No hace mucho que se han convertido en algo más que una preocupación ocasional. Pero poco a poco los ha ido conociendo mejor. Hay algo que le dice que Sarah Kauffmann no tardará en hacer su próximo movimiento.

Diez pisos por debajo, al nivel de la calle, Ángel ve la Harley Davidson que Arthur Craig tomó prestada de Danny Dalton. Como él, Craig aguarda también cualquier movimiento de los abogados infernales. Y si no sucede. Bueno, si no hacen nada habrá que pasar al plan “B”. Ese plan “B” de “Boca del Lobo”. Por un segundo, Ángel desea no tener que tomar el plan “B”.
Y, por primera vez en toda la noche, alguien parece escuchar sus plegarias.
Las puertas principales se abren de par en par y un pequeño ejército de agentes de Wolfram y Hart (todos enchaquetados, todos armados) toman posiciones en torno al acceso. Como si supiesen que alguien les observa, esperando una posible emboscada.

Ángel (ND): Ahí estas…

Sarah Kauffmann sale al exterior, acompañada de Danny Dalton. Ambos son escoltados por dos docenas de agentes, con medidas de seguridad propias de un jefe de estado. Al menos media docena de hombres suben dentro del pesado furgón, junto a Kauffmann y el joven Dalton. El vehículo no tarda en ponerse en marcha, tomando dirección Boulevard Santa Mónica.

Ángel siente entonces el rugir sordo de la Harley, a diez pisos bajo sus pies. Mientras Arthur Craig gana velocidad, tratando de no perder a su objetivo; Ángel toma impulso. Sus pies juguetean fugazmente sobre las cornisas, lanzándose al vacío durante un instante eterno.

Ángel (ND): Niños, no intentéis esto en casa…

Arthur Craig siente como algo pesado cae sobre él, estando a punto de perder el control de su moto. La Harley, sólida y fiel, se mantiene milagrosamente en pie mientras Ángel se aferra a la espalda del cazador de anillos.

Arthur Craig (ND): ¿Se puede saber a qué juegas, chupasangres? ¡Podrías habernos matado a los dos!
Ángel (ND): No, sólo a ti. Yo ya estoy muerto, ¿recuerdas?
Arthur Craig (ND): Muy gracioso. Y dime, ¿crees que se dirigen a donde yo creo que se dirigen?
Ángel (ND): Eso parece. Seguro que saben que les seguimos… porque vuelven al lugar de la primera cita.
Arthur Craig (ND): ¿Crees que Kauffmann habrá picado el anzuelo? ¿O nos habrá enviado otra vez a la cambia-formas?
Ángel (ND): Bueno… Sólo hay una forma de averiguarlo.

Cruce de la Interestatal 5 con la 19, en el cauce seco del río.
Afueras de Los Ángeles.
Ahora.


Sarah Kauffmann (ND): Por última vez, señor Ángel… (vuelve a alzar su mano) ¿Dónde está?

Las llamas volvieron a brotar alrededor del cuerpo de Ángel… con la diferencia de que, en esta ocasión, ya no quedaba cazadora de cuero que calcinar. Esta vez fue su carne de vampiro la que sufrió el tacto del fuego infernal. Una de las primeras cosas que aprende un vampiro es que hay ciertas formas de daño contra las que no es invulnerable. Una de las más dolorosas es el fuego.

Ángel (ND): Definitivamente… (de rodillas, agónico) Eres… la auténtica…
Sarah Kauffmann (ND): No volveré a repetirlo…
Ángel (ND): De acuerdo… de acuerdo…

Ángel se incorporó, aun envuelto por el humo de las llamas del último ataque. A través del mismo se podían ver los haces láser de los dos tiradores que Kauffmann había dejado en lo alto de la autopista. A menos de tres metros de donde estaba él, Danny Dalton permanecía en un silencioso segundo plano mientras que un tercer hombre de Wolfram y Hart parecía cumplir las veces de su guardaespaldas.

John Ortega (ND): Tenga cuidado, señora…
Sarah Kauffmann (ND): Tranquilícese, señor Ortega. El señor Ángel parece haber comprendido que no puede negociar conmigo…
Ángel (ND): ¿A esto lo llama negociar?
Sarah Kauffmann (ND): Fue usted quien me habló de ese objeto que podía acabar conmigo, ¿no? Bien, ¿Dónde está?
Ángel (ND): Está… ¡AQUÍ!

Era la señal. Y tal y como lo habían improvisado de camino a la cita, Ángel se precipitó sobre Kauffmann tan lento como un vampiro novato. Lo bastante como para dar tiempo a Arthur Craig de salir de entre las sombras próximas y hacer su papel de “salvador en el último minuto”.

Arthur Craig (ND): ¡Ni lo intentes, escoria!

Empuñando el anillo, Arthur lo presionó contra la nuca de Ángel. Delgados hilos de humo dejaron claro que el agua bendita que lo había empapado hacía bien su trabajo sobre la piel del vampiro.

Ángel (ND): Maldito traidor…
John Ortega (ND): ¡Apártate de él! ¡Vamos!
Sarah Kauffmann (ND): Alto… (a Ortega) Todos.

Arthur Craig se incorporó, dejando que una de sus pesadas botas pisara la nuca del aparentemente debilitado vampiro. Alzó los brazos mientras dos puntos rojos de mira láser danzaban sobre su pecho.

Arthur Craig (ND): Me llamo Craig. Arthur Craig...
Sarah Kauffmann (ND): Creo haber oído hablar de usted, señor Craig. Aunque para serle franca me sorprende que alguien como usted intente… salvarme la vida.
Arthur Craig (ND): Usted puede irse al infierno, señora. Pero este cerdo… (propina una patada a Ángel) Va a pagar por haberme vendido.
Sarah Kauffmann (ND): Imagino que ese anillo…
Ángel (ND): No… No se lo des…
Arthur Craig (ND): Silencio, escoria. (otro golpe más) Es posible que esto sea lo que anda buscando, señora… (muestra el anillo en su dedo) ¿No es así?
Sarah Kauffmann (ND): Sea inteligente, señor Craig. Entréguelo… y vivirá para seguir cazando anillos un día más.
Ángel (ND): No… Si se lo pone, estaremos…

Sarah Kauffmann tiende la mano y Arthur Craig deja el anillo sobre su palma. Durante un segundo, su piel reacciona ante los restos de agua bendita que aun lo rodean. La quemadura que provoca apenas si consigue arrancarle una sonrisa.

Sarah Kauffmann (ND): Por favor, señor Ángel… (desliza el anillo en uno de sus dedos) ¿De verdad creía que esto iba a terminar con…?
- BANG -

La lluvia de sangre y tejido cerebral salpica las caras de Ángel y Craig. El cuerpo de Kauffmann cae al suelo a cámara lenta, convirtiéndose en polvo nada más tocarlo y dejando al descubierto a Danny Dalton, empuñando una humeante Desert Eagle.

Danny Dalton: Jódete, puta.

CONTINUARÁ.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Sesión 19-09-09 - CRAIG (Parte 1 de 4)

ANTERIORMENTE, EN "NEVERFIELD"...
James Hetfield (ND): Estos anillos te proporcionan dones más allá de lo humano, Ben… pero el precio es siempre demasiado alto. Y por ello deben estar bajo control. Nuestra misión es así de importante… y pese a todo, tu primo fue a buscarte. Arriesgando su delicada posición dentro de Wolfram y Hart…

ATRAPADOS POR CULPA DEL "LIBRO DE LAS SOMBRAS", TRABAJANDO PARA "WOLFRAM & HART"...
James Roth (ND): Era gigantesco, ¿vale? Pelo corto y afeitado por las sienes, rostro de piedra y ojos pequeños. Y le sacaba dos o tres cabezas a cualquiera. ¿Cómo demonios iba yo a saber que se gigantón era una especie de Terminator enviado por el Vaticano?

TODO FORMA PARTE DE UN PLAN...
Arthur Craig (ND): Si Layton os deja entrar en su capilla privada, eso es asunto suyo. No tengo por qué...
James Roth (ND): Vamos a ayudarte. Como favor a Layton.

...Y LOS ANILLOS, TAMBIÉN.
Ben Braddock (ND): Craig sacó a Amanda de la Torre Grant y estaban allí esperandonos. Creo que es el comienzo de una hermosa amistad...

Episodio 3x12.-
WOLFRAM & HART contra SARAH KAUFFMANN (Parte 1 de 4)

Capilla de Saint Patrick. Queens.
Hace una semana.
1.06 A.M.


Con un "bleep" electrónico, diez kilos de explosivo plástico hacen temblar los cimientos de la vieja capilla de Saint Patrick. Las vidrieras estallan como una mortal lluvia de cristales. Y Arthur Craig vuela por los aires, atravesando la calle y cayendo pesadamente sobre el capó de una ranchera. Mientras media docena de alarmas de coche resuenan en mitad de la noche, Arthur se incorpora a duras penas. Trata de alcanzar su moto, su Harley… o lo que queda de ella. Nota como su visión se enturbia, en parte por la sangre que mana de sus heridas, en parte por la conmoción.

Antes de caer inconsciente, Craig consigue detener un más que oportuno taxi. La suerte le sigue sonriendo cuando el conductor acepta sacarlo de ahí sin hacer preguntas. Por un segundo, Craig piensa que quizá Dios sigue protegiéndolo. O a lo mejor ha sido cosa de ese billete ensangrentado de cien pavos que le ha soltado.

Clínica Ilegal. En alguna parte bajo el suelo de Manhattan Sur.
Tres días después.

Tulio (ND): No sé con quien te juntas ahora, Craig… Pero como tu médico te recomiendo que dejes de hacerlo…

Arthur Craig se limitó a dar otro trago de aquel vino barato que Tulio le había traído. Bajo la luz de una bombilla desnuda, aquel sótano y aquella cama habían sido el refugio de Craig durante las últimas 72 horas.

Tulio (ND): En serio, Craig… (termina de coserle una herida en la frente) ¿En qué te has metido…?
Arthur Craig (ND): ¿Haces tantas preguntas a tus clientes de la familia Panessi?

Aquello bastó para cerrar la boca de Tulio. Pero acallar sus propios pensamientos era más difícil. Desde que había recuperado el conocimiento, la mente de Craig había tratado de ordenar las piezas del rompecabezas. Sus manos recorrieron las páginas del periódico de hace un par de días. Los titulares del atentado a la Torre Grant seguían ocupando las páginas principales. Por un segundo, Craig estuvo a punto de sonreir. Aquello había estado bien. Le habían dado una buena patada en el culo a ese bastardo de Gideon Grant.

Entonces, Craig recordó lo que vino después.

Capilla de Saint Patrick. Queens.
Tres días antes.
0.24 A.M.


Arthur Craig (ND): Perdóneme Padre… porque he pecado.

El interior de la capilla estaba iluminada únicamente por velas. Cientos de velas que, nada más entrar, se habían ido encendiendo a medida que Craig se había aproximado al altar.

Padre Layton (ND): Si, has pecado… (sonríe) Y seguro que lo has disfrutado.

Aun de rodillas, en uno de los primeros bancos, Arthur Craig miró hacia atrás. La figura del Padre Vincent Layton se encontraba sentada a unos metros atrás. Se despojó de la capucha de su hábito, mostrando una sonrisa amable y condescendiente al mismo tiempo. La misma que había tenido en vida.

Arthur Craig (ND): No tienes mal aspecto para ser un fantasma, Vince.
Padre Layton (ND): Sabía que harías un buen trabajo en la Torre Grant. Lo que no me esperaba era esta visita.
Arthur Craig (ND): Bueno, mi vuelo no sale hasta dentro de un par de horas así que me dije “voy a visitar a un viejo amigo”.

Layton bajó la vista, manteniendo esta vez una sonrisa triste.

Padre Layton (ND): Dime, Arthur… ¿Cómo sigue el mundo ahí fuera?
Arthur Craig (ND): No te pierdes nada, Vince.

Los siguientes minutos los pasaron hablando de baseball, de política, de cine… De todas esas pequeñas tonterías que Layton ya no podía disfrutar. Craig no sabía cómo había sucedido (y lo cierto es que Layton parecía no querer hablar nunca del tema) pero lo cierto es que, pocos meses después de lo que ocurrió en Siria, Layton se le apareció por primera vez en una de esas extrañas visiones. Al principio, a Craig le costó asimilarlo. Su viejo camarada era ahora un espectro, atrapado en las paredes de aquella iglesia.

Padre Layton (ND): Veo… (mira el anillo que pende del cuello de Craig) Veo que lo llevas contigo.
Arthur Craig (ND): Tal y como me dijiste. No es que me guste llevarlo así pero…
Padre Layton (ND): No se perderá. No es como los otros anillos.
Arthur Craig (ND): Lo sé. Es… Es tuyo, ¿verdad?

Como ya era habitual cuando vivía, Layton se incorporó sin responder, caminando hasta el altar. Allí, una serie de velas aguardaban a ser encendidas. Mientras hablaba, Layton posaba su dedo sobre cada una de ellas, prendiéndolas.

Padre Layton (ND): Los aliados que te busqué… ¿te han sido de ayuda?
Arthur Craig (ND): Jugaron bien con Massara. Y desde luego se portaron en la Torre Grant.
Padre Layton (ND): ¿Cómo? (sorprendido, mira a Craig) ¿Estaban en la Torre…?
Arthur Craig (ND): Si, parecían tener algo pendiente con una ejecutivo de Wolfram y Hart que se encontraba allí con Grant. Una tal… ¿Samantha? ¿Sandra?
Padre Layton (ND): Sarah. Sarah Kauffmann.

El nombre retumba en la espectral garganta de Layton como la más terrible de las noticias. Si el tono de su voz ha sido como una alerta roja, el silencio de preocupación posterior deja clara la gravedad del asunto.

Arthur Craig (ND): Vince… (se levanta y se acerca) ¿Quién coño es esa tal Kauffmann?
Padre Layton (ND): Es peligrosa. Ella…

De repente, Layton volvió a dejar la frase a la mitad, como si de repente hubiese recordado algo. Pero no era un recuerdo: Craig pudo verlo en sus ojos. Bastó un susurro para dejar claro que algo iba mal. Mortalmente mal.

Padre Layton (ND): Dulce Jesucristo, Arthur… Te han seguido.
Arthur Craig (ND): ¿Qué estas…?

Pero ya era tarde: en el espacio de tres metros que los separaba a ambos, Layton y Craig vieron materializarse dos figuras en mitad de una nube de polvo de jade. La primera era una chica oriental, joven, de apenas dieciséis o diecisiete años, con el pelo tintado de color violeta y con una rodilla en el suelo. Su atuendo recordó a Craig el de una serie de dibujos japoneses. A su lado, de pie, había un individuo de edad indeterminada: su complexión era atlética, bajo una gabardina gris y sucia. Su cara estaba cubierta por vendajes sucios que dejaban ver unos desquiciados ojos rasgados.

La chica dijo algo en japonés y, al tiempo que su pompa de chicle estallaba, ella volvió a desvanecerse tan velozmente como había aparecido.
El otro, sin embargo, permaneció de pie, sonriendo de forma hilarante.

Arthur Craig (ND): No sé quien coño eres, pero…

Apenas había empezado a sacar las dos nueve milímetros de sus sobaqueras cuando los ojos de Craig vieron lo que ocultaba aquel tipo bajo la gabardina. Los números electrónicos del detonador marcaban el tres, el dos…

Arthur Craig no llegó a escuchar lo último que gritó Layton. Pero si escuchó el susurro de aquel japonés kamikaze.

Luego, todo voló por los aires.

Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.
Ahora.

Agente de Aduanas (ND): Todo en orden, Padre Craig… Feliz estancia en Los Ángeles.

Bajo la desconfiada mirada de los tres policías armados de la aduana, Craig tomó con fuerza sus maletas. Aunque su aspecto no era el de un sacerdote, aquella valija diplomática de la Santa Sede era tan auténtica como los documentos que le permitían viajar con todo su “instrumental” de un lado a otro del país. Ahora, aquella era la única ayuda que iba a tener en su cruzada contra esos endemoniados anillos. Ahora que Layton…

James Roth (ND): Espero que haya tenido un vuelo agradable, ¿señor Craig? (le tiende la mano a modo de saludo) ¿Qué tal la primera clase?

Craig permaneció ahí de pie, mirándolo con desprecio y sin soltar sus maletas. Roth suspiró y desistió de aguardar respuesta alguna a su saludo.

James Roth (ND): Mire, sé que tendrá preguntas…
Arthur Craig (ND): ¿Preguntas? (deja caer pesadamente las maletas y se acerca intimidante a Roth) Ya lo creo que tengo preguntas.

Por un instante, Roth teme que vaya a levantarlo por los aires y lanzarlo contra el panel de “Llegadas”. Con su descomunal fuerza Craig probablemente podría hacerlo.

James Roth (ND): Supimos lo de la Iglesia de Saint Patrick, lo de la semana pasada… Y créame que estamos del mismo lado.
Arthur Craig (ND): ¿Ah si? Pues no es eso lo que tengo entendido. A fin de cuentas Sarah Kauffmann trabaja para Wolfram y Hart… como trabajáis tú y Braddock.

James Roth da un par de pasos hacia atrás mientras mira a su alrededor. Hay mucha gente en la terminal, demasiada como para que Craig empiece un tiroteo. Pero la mirada de ese enorme tipo es la mirada de alguien a quien no le importa tener testigos.

Arthur Craig (ND): Más te vale jugar bien tu última carta, Roth. Porque de lo contrario no vas a salir vivo de este aeropuerto.
James Roth (ND): Tiene razón, señor Craig. Es cierto, trabajo para Wolfram y Hart.
¡Tan cierto como que hemos sido nosotros quienes hemos pagado su billete para traerlo hasta aquí!

Con esas últimas palabras, Roth se detiene. Ha dado varios pasos hacia atrás, visiblemente intimidado. Pero, de repente, sus ojos se clavan en los de Craig.

James Roth (ND): Pero si hay algo seguro, señor Craig, es que ni yo ni el señor Braddock queremos seguir trabajando para Sarah Kauffmann.
Arthur Craig (ND): Ah, ¿no? Y entonces, ¿Qué es lo que queréis?
James Roth (ND): Queremos destruirla, señor Craig. Y usted es la clave para conseguirlo.

CONTINUARÁ…

Cuaderno de Viaje - MARCUS VANISTER (NE)

De los diarios personales de Marcus Vanister (Neverend)

Viajar con el Doctor ha sido…¡fascinante!

He tenido la oportunidad de descubrir hasta tres planetas a lo largo del universo. Siempre supe que había vida mas allá de la Tierra; que negarlo seria egocéntrico y prepotente… ¡¿cómo podemos pensar que el ser humano es la única forma de vida inteligente en el vasto universo?! Lo que no me esperaba era estar tan cerca de la muerte como he estado junto al Doctor. En el fondo, se parece mucho a nosotros pues como viajero, tiene la costumbre de que sus visitas sean de un problema a otro.

He tenido la oportunidad de hablar con el Doctor tanto sobre viajes dimensionales, temporales y espaciales. Ambos estuvimos de acuerdo en que el viaje espacial es, sin duda, el mas fácil de todos. El teletransporte, aun desconocido por el ser humano, se rige por unas ecuaciones físicas tan sencillas que ni el Doctor ni yo comprendíamos porque no han sido descubiertas aun por los eminentes científicos de la Tierra. Seguramente se deba a que tanto el Doctor como yo afrontamos dichas ecuaciones no desde un punto de vista de imposible, sino como algo que se puede resolver… siempre que se tenga el medio apropiado para ello.

Con respecto a la línea temporal, sin embargo, el Doctor aun me lleva una importante ventaja. A veces me costaba seguirle el ritmo: creo que el Doctor no termina de darse cuenta de que pertenece a una raza alienígena un millón de veces mas avanzada a la humana. Aunque pude deducir que, al igual que las coordenadas dimensionales que uso en Margaret; el viaje temporal también usa sus propias coordenadas. El problema es que entendía perfectamente la teoría pero carecía del material necesario para llevarlo a la práctica. Así que tuve que aprender sobre la marcha con la “Tardis” y el Doctor como guía.

Cuando le explique la formulación del viaje dimensional, el material necesario y su funcionamiento, el Doctor quedo fascinado. Al parecer el prisma que hace que Margaret viaje entre dimensiones proviene (o al menos lo hace en esta dimensión) del planeta Kuantum. Es un planeta construido de dicho material. Para imaginarlo habría que pensar en Nueva York pero edificado con el mineral del prisma. Al tener sus mismas capacidades energéticas, se emplea como una fuente universal de energía, suministrando luz, calor e incluso energía para naves. ¡Increíble!

El problema es que Kuantum hacia cincuenta siglos que había llegado al punto de masa crítica, estallado en mil pedazos. Sus fragmentos habían quedado distribuidos a lo largo y ancho del universo haciendo que encontrar una muestra del mismo fuese prácticamente imposible… una auténtica cuestión de azar.

El Doctor dispuso las coordenadas oportunas en la Tardis, llevándonos hasta uno de los planetas más próximos a donde se encontraba Kuantum en sus últimos días. Si la suerte estaba de nuestra parte, podría quedarme con un fragmento de prisma y, una vez de regreso a Wolfram y Hart, tendríamos un cabo suelto menos del que preocuparnos de cara a retomar nuestro viaje de vuelta a casa.

Como si todo fuera tan fácil.

El primer planeta al que fuimos fue Durkin, habitado por unos extraños seres con una capacidad cerebral media próxima al 220 de coeficiente intelectual: una raza de auténticos genios. Investigadores, químicos, científicos… ¡impresionante! El “pequeño detalle sin importancia” fue descubrir que esos seres se alimentaban del cerebro de otras especies para poder así mantener sus altos niveles de inteligencia. Y por supuesto el Doctor y yo fuimos bien recibidos. Tan bien recibidos como las pastas a la hora del té.

La situación empeoró cuando descubrimos que almacenaban seres de otros universos para su alimento personal. Aquello no dejaba de ser una extraña forma de ganadería. En cierto modo si no se alimentaban de esa manera los Durkianos se terminaban atrofiando y muriendo. Como dijo el Doctor, no era culpa suya: la naturaleza a veces es así de caprichosa y cruel. Teníamos el dilema de liberar a esos seres y dejar morir de hambre a toda una especie. Podíamos, sencillamente, marcharnos de ahí sin hacer nada. Pero aquello iba en contra de nuestras propias conciencias.

Al final logramos llegar a un acuerdo. Una vez liberados los rehenes, nos dimos cuenta de que los Durkianos estarían condenados a la extinción. El Doctor y yo seríamos culpables de un genocidio. Entre tanto, los cientos de rehenes a los que conseguimos liberar de las “granjas” estaban a punto de conseguir escapar en naves creadas por el propio planeta. Tan solo necesitaban que el Doctor les diera una señal.

Es duro escribirlo. Pero aun más duro fue llegar a ese acuerdo con los líderes Durkianos. Según el trato, los Durkianos se alimentarían únicamente para sobrevivir. No más fiestas, gula o comidas innecesarias. Les dejaríamos los suficientes rehenes como para sobrevivir.

Mientras escribo aun puedo recordar las caras de algunos de esos rehenes a cuyas naves el Doctor no llegó a enviarles la señal de despegue. Conseguimos salvar a más de la mitad… pero también condenamos a muchos.

Dejamos atrás Durkin con el alma un poco más sucia, sin localizar el prisma y con la sensación de que éste era sólo el primero de muchos desafíos en mi viaje junto al Doctor.

miércoles, 15 de julio de 2009

Sesión 04-07-09 (Parte 2 de 2)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, creo que trabajan para alguien de dentro de Wolfram y Hart.


CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): Roth quiere nuestra confianza y esta es su mejor oportunidad de ganársela. Dará caza al tal Andrew Mitchell por nosotros. No nos fallará…

…O A MORIR EN EL INTENTO.
Sarah Kauffmann (ND): El señor Roth aun no ha regresado.
Danny Dalton: Un momento, no querrá decir…
Sarah Kauffmann (ND): En efecto, señor Dalton… (mira su reloj) Salen ustedes en cinco minutos.

Episodio 3x11.-
Caso Nº00389221-X
ANDREW MITCHELL contra WOLFRAM & HART (Parte 2 de 2)


De: Sarah Kauffmann, directora de Operaciones.
Para: Socios Fundadores.
Asunto: Informe de Operativo.

Estimados Socios

A la luz de los últimos acontecimientos, debo informar de la conducta de los agentes destinados bajo mi mando. Adjunto una copia de la trascripción del informe presentado tras su última operación. Espero que sea prueba más que suficiente para que se acepte mi sugerencia de tomar medidas al respecto.

Atentamente,
Sarah Kauffmann
Directora de Operaciones.

(Trascripción del informe oral presentado por los agentes Braddock, Benjamin y Dalton, Daniel)

Sarah Kauffmann (ND): Muy bien, caballeros. Pueden proceder…
Ben Braddock (NE): Señora Kauffmann, no tenemos tiempo para esto. ¡Tenemos que volver!
Sarah Kauffmann (ND): Señor Braddock, haga el favor de sentarse y cómportese.
Ben Braddock (NE): ¿Comportarme? Oiga, no…
Danny Dalton (interrumpe): Ahorra saliva, Capi. No se puede negociar con ella. Además… (a Kauffmann) me gustaría dejar claro que nos envió malheridos y agotados a una doble misión de captura y rescate, en un Londres del futuro, arrasado por una invasión de tostadoras alienígenas.
Sarah Kauffmann (ND): Los Dalek son una de las especies más destructivas que ha conocido el multiverso, señor Dalton. Definirlas como “tostadoras marcianas”…
Danny Dalton: … es lo mejor que puedo decir de esos hijos de puta, señora. Mire, aquella ciudad parecía un maldito cementerio. Sus calles estaban desiertas, arrasadas… y el metro… Joder… parecía un matadero, ¿vale?
Sarah Kauffmann (ND): Por lo que mencionó al poco de llegar, señor Dalton, trabaron contacto con una versión paralela de su tío Russell…
Ben Braddock (NE): Su nombre allí era Harkness. Capitán Jack Harkness. Se mostró… extrañamente cálido con nosotros. Tanto él como el médico que atendió las heridas de Danny pertenecían a algo llamado Torchwood.
Sarah Kauffmann (ND): Interesante… La organización Torchwood.
Ben Braddock (NE): ¿La conoce?
Sarah Kauffmann (ND): No es de su incumbencia, señor Braddock. Pero continúe.
Ben Braddock (NE): James Roth se encontraba a salvo en unas instalaciones de Torchwood, en un lugar llamado Cardiff.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Cardiff? Eso está…
Ben Braddock (NE): … lejos de Londres, lo sé. Lo miré en un mapa. Así que el profesor y yo decidimos buscar otra solución.
Sarah Kauffmann (ND): Que fue…
Ben Braddock (NE): Capturar a Andrew Mitchell. Con el bio-escaner GPS que el capitán Harkness nos entregó, podíamos rastrear el paradero de Mitchell. El profesor Vanister pensó que si capturábamos el alma que James Roth había vendo a buscar, se activaría el dispositivo de regreso… y todos regresaríamos a casa.
Sarah Kauffmann (NE): Y… ¿qué salió mal?
Ben Braddock (NE): ¿Desde que salimos de los túneles del metro? Todo.

Dimensión Neverwood.
Las desoladas calles de un Londres bajo el ataque de los Dalek.
Hace 4 horas.

Ben Braddock (NE): Fíjese, profesor… No hay nadie en las calles.
Profesor Vanister (NE): Los más afortunados ya habrán sido evacuados, señor Braddock. Los menos… (mira la entrada de metro por la que acaban de salir)
Ben Braddock (NE): Entonces, todo esto… ¿es de una serie de la tele?
Profesor Vanister (NE): Algo más que eso, señor Braddock. Doctor Who es todo un clásico de la ciencia-ficción. Pero todo esto es… (mira los restos calcinados de un viandante) demasiado real.
Ben Braddock (NE): Doctor… ¿qué?
Profesor Vanister (NE): ¡Ben, cuidado!

La primera señal de que los Dalek los han encontrado es un grito mecánico e inhumano. La siguiente, dos descargas láser de enfermizo color verde que desintegran un pintoresco taxi negro británico.

Daleks (NW): EX-TER-MINATE. ¡EX-TER-MINATE!

Danny Dalton: Y allí estaban el profesor y Ben. Acorralados por esas dos latas de sardinas marcianas, bajo el fuego de sus láseres mortales. Por suerte, llegué justo a tiempo para salvar la situación.
Ben Braddock (NE): Eh... ¿Danny?
Danny Dalton: ¿Qué?
Ben Braddock (NE): Creo que se te ha olvidado mencionar la parte en la que casi mueres.
Sarah Kauffmann (ND): Señor Dalton… (lo mira, sorprendida) Usted… ¿recibió un impacto de un arma Dalek?
Danny Dalton: Bueno, creo que su suero tiene parte del mérito de haberlo aguantado…
Sarah Kauffmann (ND): Eso es imposible. Si un arma así le impactase, a pesar de los efectos secundarios que el suero tiene en su organismo humano… Debería estar muerto, señor Dalton.
Ben Braddock (NE): Bueno, lo cierto es que lo estuvo, señora Kauffmann.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Y qué es lo que pasó?
Ben Braddock (NE): El Doctor, señora. Pasó el Doctor.

Dimensión Neverwood.
Las desoladas calles de un Londres bajo el ataque de los Dalek.
Hace 3 horas y 49 minutos.

Ben Braddock (NE): ¡Danny, no! (corre hasta donde yace el cuerpo humeante de Danny Dalton, recién impactado por un láser Dalek) ¡Danny!
Profesor Vanister (NE): Fascinante... (mirando la pistola de impulsos que les dejó el capitán Harkness) Las descargas de estas armas de energía en las bases flotantes de los Dalek les provocan un cortocircuito de su cortex diametral…
Ben Braddock (NE): ¡Profesor! ¡Necesitamos un médico, profesor! ¡Danny no respira!
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mío. (se aparta de los humeantes Daleks y se acerca a su amigo sin pulso) Tiene razón, señor Braddock. Pero… ¿Dónde encontraremos un doctor ahora?

Casi a modo de invocación, un extraño zumbido comienza a resonar en toda la manzana. No viene de ninguna parte y, al mismo tiempo, retumba como si estuviese en todas a la vez. Como un espejismo parpadeando entre el antes y el después, entre el aquí y el más allá, una cabina de teléfonos azul se materializa ante la atónita mirada de Ben Braddock y el profesor Vanister.

Ben Braddock (NE): Joder… (mira la cabina) Así es como debe sentirse la gente cuando ve aparecer a Margaret en su dimensión.

La puerta de la cabina se abre y un curioso y joven individuo mira a su alrededor con aire despistado.

El Doctor: Mmm… Creo que he llegado veinticuatro horas tarde.
Profesor Vanister (NE): No puedo creerlo… (se incorpora y camina hacia la cabina) Es él.
Ben Braddock (NE): ¿Quién?
Profesor Vanister (NE): Es el Doctor.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Doctor? Doctor, ¿qué?
Ben Braddock (NE): Sólo el Doctor. Verá, a mi también me costó digerirlo al principio. Pero el profesor Vanister nos dijo que pasaba lo mismo con el Doctor como con nosotros aquí. El profesor había visto la serie del Doctor en nuestro mundo de origen. Y por eso sabía tanto sobre él.
Danny Dalton: Espera un momento, Capi… ¿estas diciendo que me salvó un personaje de una serie de la tele?
Sarah Kauffmann (ND): Aun no ha dicho quien es ese Doctor… y como fue capaz de salvar al señor Dalton.
Ben Braddock (NE): El profesor me dijo que el Doctor era un viajero. Lo llamó “el último de los Señores del Tiempo” o algo parecido. Viajaba a través de la corriente temporal, resolviendo problemas y…
Sarah Kauffmann (ND): Viajando en una cabina de teléfonos.
Ben Braddock (NE): Bueno, nosotros hemos viajado entre dimensiones con una furgoneta. Pero lo cierto es que aquella cabina era mucho más que eso…

Dimensión Neverwood.
En el interior del vehículo de salto temporal del Doctor.
Hace 3 horas y cinco minutos.

El Doctor: Bienvenidos a la TARDIS. (atraviesa con un par de zancadas el espacioso salón de controles de la TARDIS) Por favor, no toquéis nada que pueda desintegrarnos…
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mío. (contemplando las maravillas de la TARDIS) Es… es…
El Doctor: Si, lo sé. Más grande por dentro que por fuera. Un pequeño truco de desajuste cuántico-espacial.
Ben Braddock (NE) (cargando con el cuerpo de Danny): Profesor, siento interrumpirle pero Danny… ¡No tiene pulso!
El Doctor: Un momento… (se acerca a Danny) Vuestro amigo, ¿ha sido atacado por un Dalek?
Ben Braddock (NE): Si, es…
El Doctor: ¡Fantástico! (se marcha corriendo y rebusca entre unos cajones de la TARDIS) Creo que tengo algo por aquí… (extrae una extraña probeta llena de un líquido amarillento) ¡Bingo!

Sarah Kauffmann (ND): Así que el señor Dalton bebió eso…
Danny Dalton: … y eché hasta la primera papilla. Pero sí: aquella mierda amarillenta me devolvió al mundo de los vivos. Un diez para el Doctor.
Ben Braddock (NE): He de reconocer que no confiaba en que el mejunje del Doctor fuese a funcionar. Ni él mismo parecía convencido. Pero lo cierto es que salvó a Danny…
Sarah Kauffmann (ND): Entonces, ese “Doctor”, era un viajero del tiempo.
Ben Braddock (NE): No sabría decirle. Parecía un tanto… lunático.
Danny Dalton: Estaba como un rebaño de cabras, Capi. No te cortes.
Ben Braddock (NE): El caso es que el profesor parecía confiar ciegamente en él. Él y el Doctor comenzaron a hablar de cosas científicas, de líneas de tiempo y ese tipo de cosas… Yo estaba a punto de interrumpirles cuando, de repente, el profesor dijo algo que pareció afectar mucho al Doctor.

Dimensión Neverwood.
En el interior del vehículo de salto temporal del Doctor.
Hace 2 horas y 43 minutos.


El Doctor: Eso es imposible.
Profesor Vanister (NE): Yo también lo creía, Doctor. Pero se puede. He conseguido crear un vehículo que viaja entre dimensiones paralelas.
El Doctor: Pero eso… si es cierto lo que dice… Podría salvar a Rose.
Ben Braddock (NE): ¿Rose? ¿Quién es…?
El Doctor: Mi compañera. Mi ex – compañera. Está atrapada en una dimensión paralela a la nuestra… (se vuelve súbitamente hacia el profesor Vanister y lo abraza) ¡Fantastico! ¡Usted me enseñará como viajar entre dimensiones!
Profesor Vanister (NE): Bueno, yo…
Ben Braddock (NE): Ejem… Doctor, agradezco su ayuda pero… Tenemos nuestros propios problemas aquí.
El Doctor: Oh, no tengas miedo de los Daleks, mi joven amigo. La TARDIS tiene un pequeño campo distorsionador de realidad que nos hace invisibles a ellos.
Ben Braddock (NE): No me refería a los Daleks. Tenemos nuestra propia misión, profesor Vanister, ¿o lo ha olvidado?
Profesor Vanister (NE): Oh, claro. Andrew Mitchell, claro…
Ben Braddock (NE): Seguro que el Doctor podría ayudarnos a dar con el señor Mitchell…

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y lo hizo? ¿Les ayudó a dar con el señor Mitchell?
Ben Braddock (NE): Bueno, el Doctor sintonizó las coordenadas del GPS de Torchwood con su “cabina del tiempo”. Pero tuvimos un pequeño problema en el primer intento.
Danny Dalton: ¿Pequeño problema, Capi? Joder. Estuvimos a punto de morir.

Dimensión Neverwood.
Dentro de una de las naves nodriza de los Daleks.
Hace 2 horas y 21 minutos.

Daleks (mientras se aproximan a la TARDIS, lanzando sus rayos láser): EX – TER – MINATE. ¡EX – TER – MINATE!
Ben Braddock (NE): ¡Salen por todas partes! (responde al fuego láser con la pistola de impulsos de Torchwood) ¡Nos están rodeando!
Danny Dalton: Joder, Doctor… ¿¡Que puto infierno es este!?
El Doctor (comprobando los controles de la TARDIS): Vaya, creo que calibré mal el salto. Hemos aparecido en el vientre de una de las naves nodriza de los Daleks. Qué ironía, ¿verdad?
Ben Braddock (NE): ¡Sáquenos de aquí! ¡YA!

Ben Braddock (NE): Y, por suerte, lo consiguió.
Sarah Kauffmann (ND): Esa TARDIS… ¿volvió a desmaterializarse con ustedes dentro?
Danny Dalton: Ya lo creo. Y esta vez aparecimos en el sitio adecuado.
Ben Braddock (NE): Era un edificio de oficinas. Estaba destrozado, como si hubiese pasado una turba furiosa por allí.
Danny Dalton: Al otro lado de la calle estaba la residencia del Primer Ministro. Joder, el tío vive en un duplex, ¿vale? Si que era una dimensión rara…
Ben Braddock (NE): El caso es que toda esa manzana de Downing Street estaba tomada por los Daleks. Era imposible entrar sin alertarles…
Sarah Kauffmann (ND): Pero si la máquina del Doctor les había llevado allí…
Ben Braddock (NE): … era porque Mitchell se encontraba en alguna parte de ese edificio. Si, eso estaba claro. La cuestión era conseguir que él llegase a nosotros. Sólo teníamos que llamarlo.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Llamarlo? ¿Por teléfono?
Ben Braddock (NE): No era necesario. Bastó con susurrarlo. El tipo tenía sentidos aumentados, ¿recuerda?
Sarah Kauffmann (ND): Y… ¿funcionó?

Dimensión Neverwood.
Quinta Planta de un Edificio de Oficinas del MI5.
Hace 1 hora y 58 minutos.


Andrew Mitchell (NW): Muy bien… ¿Dónde está? ¿Dónde está el Doctor?
Ben Braddock (NE): Tranquilo, está aquí. En la TARDIS.
Andrew Mitchell (NW): El Primer Ministro necesita su ayuda… (se acerca a la TARDIS)
Danny Dalton (se interpone entre él y la TARDIS): Espera un segundo, amigo.
Andrew Mitchell (NW): ¿Qué? ¿Qué pasa?
Ben Braddock (NE): Antes de entrar necesitas unas gafas protectoras… (coloca el maletín de Wolfram y Hart a pocos metros de Mitchell) Como estas.

Los cierres del maletín saltan y Andrew Mitchell apenas si tiene tiempo de gritar antes de que las corrientes lo absorban de regreso al lugar del que nuestros protagonistas jamás debieron liberarlo.


Danny Dalton: Cojonudo, Capi.
Ben Braddock (NE): Si. No ha sido tan difícil, ¿eh?

Sarah Kauffmann (ND): Y eso es todo, ¿no?
Ben Braddock (NE): Si, eso es todo. Y ahora, ¿podemos ponernos en marcha y volver a la cámara de salto? Con un poco de suerte, podremos regresar a por el profesor…
Sarah Kauffmann (ND): Señor Braddock… siéntese.
Ben Braddock (NE): Pero, el profesor…
Sarah Kauffmann (ND): Siéntese. AHORA. (el señor Braddock se sienta en incómodo silencio) Esta claro que el profesor Vanister tenía razón: el señor Roth apareció en la cámara de salto en el preciso instante en que el alma del señor Mitchell fue recibida por nuestros Socios. Sin embargo… eso no explica la ausencia del profesor Vanister.
(Kauffmann mira en silencio a Danny y Ben)
Sarah Kauffmann (ND): Supongo que no hay nada que no me hayan contado, ¿verdad?

Dimensión Neverwood.
Dentro de la TARDIS, mientras Ben y Danny capturan a Mitchell.
Hace 1 hora y 58 minutos.


El Doctor: Así que usted y sus amigos viajan entre realidades paralelas capturando almas fugitivas para un bufete de abogados dimensional… Fascinante.
Profesor Vanister (NE): Bueno… Viajar a lo largo de la corriente temporal tampoco es moco de pavo, Doctor. Viajar en el tiempo… (se queda pensativo) Si pudiéramos dar marcha atrás…
El Doctor: Cuando sus amigos capturen al señor Mitchell, usted me enseñará cómo viajar entre dimensiones. Iremos a por Rose y regresaremos antes de que sus amigos puedan decir “¡Fantástico!”
Profesor Vanister (NE): Doctor… Tengo una condición.
El Doctor: ¿Cuál?
Profesor Vanister (NE): Yo le enseñaré los secretos del viaje entre dimensiones. Pero usted… Usted tendrá que enseñarme cómo viajar en el tiempo.
El Doctor: Eso… (su mirada se torna seria) Eso puede llevar tiempo.
Profesor Vanister (NE): Usted mismo lo ha dicho, Doctor… Con la TARDIS, será un abrir y cerrar de ojos.

Mientras el Doctor medita la propuesta, el profesor Vanister se gira, dispuesto a comentar sus planes con sus dos compañeros. Danny y Ben aguardan la inminente llegada del señor Mitchell. Pero a Vanister le basta ver la mirada de Danny para comprender que, a diferencia de Ben, él si ha escuchado su conversación con el Doctor.

El Doctor: Mmmm… ¿Qué demonios? ¡Acepto!
Profesor Vanister (NE): Muy bien. ¡Pongámonos en marcha!

Y mientras dentro de la TARDIS, el Doctor comienza a ultimar los preparativos para el salto temporal, Vanister asiste a cómo Danny y Ben dan buena cuenta de Mitchell. Apenas les ha costado un par de minutos. Los mismos que necesita el Doctor para activar la TARDIS.

Danny Dalton: Cojonudo, Capi.
Ben Braddock (NE): Si. No ha sido tan difícil, ¿eh?

En ese momento, el rumor de la TARDIS activándose pilla por sorpresa a Ben.

Ben Braddock (NE): ¿Qué coño…? (intenta correr hacia la TARDIS) ¡Profesor no! ¡No!
Danny Dalton (aferrando a Ben): Vamos, Capi. ¡Ese trasto viaja en el tiempo! ¡Volveran antes de darnos cuenta!
Ben Braddock (NE): ¡¿Y si algo sale mal?! ¡Joder, sueltame! (mientras la TARDIS comienza a desvanecerse entre parpadeos) ¡NO, PROFESOR! ¡NO LO HAGA!
Danny Dalton: Demasiado tarde, Capi. (la TARDIS se desvanece del todo) Ya se ha ido…
Ben Braddock (NE): No… No puede ser…
Danny Dalton: Estarán aquí en unos segundos. Ya lo verás.

Pero pasaron segundos. Y minutos. Y nada volvió a materializarse ante ellos.
Cuando quisieron darse cuenta, ellos mismos se habían desmaterializado.

Y si el Profesor Vanister había cumplido su palabra de volver, ellos no lo podían ver.
Porque ya estaban de regreso en la cámara de salto dimensional de Wolfram y Hart.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y bien? ¿Hay algo que quieran decirme sobre por qué el profesor se quedó allí?
Danny Dalton: El profesor…
Ben Braddock (NE): No, señora. No hay nada más que añadir. Y ahora, si ya lo cree conveniente… nos gustaría volver a buscarlo.
Sarah Kauffmann (ND): Me temo que eso no va a pasar, señor Braddock.
Ben Braddock (NE): ¿Cómo dice?
Sarah Kauffmann (ND): La misión ha sido un éxito. Ahora, vayan a descansar.
Ben Braddock (NE): Pero, ¡no puede hablar en serio! ¡El profesor es parte de nuestro equipo!
Sarah Kauffmann (ND): Ya no, señor Braddock. (mientras se marcha) Considérelo la primera baja de su equipo.

CONTINUARÁ…

Sesión 04-07-09 (Parte 1 de 2)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, creo que trabajan para alguien de dentro de Wolfram y Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): Roth quiere nuestra confianza y esta es su mejor oportunidad de ganársela. Dará caza al tal Andrew Mitchell por nosotros. No nos fallará…

…O A MORIR EN EL INTENTO.
Sarah Kauffmann (ND): El señor Roth aun no ha regresado.
Danny Dalton: Un momento, no querrá decir…
Sarah Kauffmann (ND): En efecto, señor Dalton… (mira su reloj) Salen ustedes en cinco minutos.

Episodio 3x11.-
Caso Nº00389221-X
ANDREW MITCHELL contra WOLFRAM & HART (Parte 1 de 2)

TORCHWOOD
Clasificado Alto Secreto – Solo para sus Ojos.
Nivel de Seguridad Omega.

Extractos del informe presentado por el Capitán Jack Harkness, no incluido en la documentación oficial.

Tribunal: Sabemos que es usted un hombre ocupado, Capitán Harkness. Sin embargo, nos gustaría revisitar algunas cuestiones relativas a los sucesos acaecidos durante la invasión Dalek del pasado año.
Jack Harkness: Con el debido respeto, señoría, pero ya presenté ese informe...
Tribunal: En efecto. Sin embargo hemos notado que se hace una serie de referencias acerca de alguien llamado James... (leyendo el informe) Roth. James Roth.
Jack Harkness: El señor Roth… Bueno, antes de nada he de recordarle a su señoría que aquellos fueron momentos tensos. Cualquiera en mi situación...
Tribunal: Capitán Harkness, este tribunal no se ha reunido para juzgar sus actos en dicha crisis. Nadie pone en duda su impecable actuación en aquellos desesperados instantes que a todos nos tocó vivir.
Jack Harkness (tras un incómodo silencio): Hacía apenas tres horas que perdimos la señal de Torchwood Londres. Para cuando tuvimos imágenes via satélite, los Dalek ya cubrían por completo el cielo de la ciudad como un enjambre de malditas avispas.
Tribunal (repasando documentos): Según los protocolos establecidos para ese tipo de eventos, ustedes tenían órdenes de permanecer a la espera, sellando el acceso a las instalaciones de Torchwood 3, en Cardiff... (levanta la vista y mira inquisitorialmente a Harkness) ¿Qué les llevó a incumplir esas órdenes?
Jack Harkness: Su señoría debe comprender que nuestras comunicaciones habían quedado aisladas del resto de la red por culpa de esos mismos protocolos de seguridad que acaba de mencionar. Por eso no pudimos informar de la primera distorsión dimensional que captamos en Londres.
Tribunal: En efecto… Los informes de la señorita Toshiko Sato así lo atestiguan.
Jack Harkness: Normalmente ese tipo de lecturas suelen proceder de la brecha existente en Cardiff, sobre nuestra sede. Sin embargo era la primera vez que la captabamos en Londres.
Tribunal: ¿Y no pensaron que podría tratarse de una nueva avanzadilla Dalek?
Jack Harkness: La señal fue captada en la zona oeste de Londres, un área ya diezmada por los Dalek. Además, según los sensores, era humana… al menos en un 80%.
Tribunal: Según el informe médico del señor Harper, el sujeto presentaba fuertes lesiones y una conmoción que lo mantuvo en coma la mayor parte del tiempo.
Jack Harkness: Cuando lo encontramos apenas si tuvo tiempo de decir su nombre. James Roth. Iba ataviado con el mismo traje de chaqueta que los otros viajeros… (guarda silencio súbito) Oh, mierda...
Tribunal: Perdone, capitán Harkness… ¿ha dicho “otros viajeros”?
Jack Harkness: Vaya… Parece que Tosh dejó algunos cabos sueltos en el informe…
Tribunal: Capitán Harkness, este tribunal le exige que explique…
Jack Harkness (interrumpiendo): Esta bien, de acuerdo. La señal de ruptura dimensional que captamos fue solo la primera. Hubo una segunda. Para cuando los sensores de Torchwood 3 la captaron, el señor Roth ya había sido enviado a las instalaciones de Cardiff.
Tribunal: Una segunda señal…
Jack Harkness: Idéntica a la primera, señoría.
Tribunal: ¿Y cual fue su proceder?
Jack Harkness: El agente Harper y yo estabamos saliendo de la zona de los suburbios cuando la agente Sato nos informó de las lecturas. Dudamos durante unos segundos pero… finalmente optamos por dar media vuelta y salir a su encuentro.
Tribunal: Al encuentro de… ¿Quién?
Jack Harkness: Bueno... (sonríe) Esa es toda una buena pregunta, señoría…

Un año antes.
A bordo de un todoterreno de Torchwood.
Atravesando las desoladas avenidas del centro de Londres.

Jack Harkness (NW): Se lo preguntaré otra vez… ¿Quiénes son ustedes?
Ben Braddock (NE): ¡Trabajamos para Wolfram y Hart, un bufete de abogados…!
Jack Harkness (NW): ¿Estan de broma? Acaban de materializarse en mitad de Londres justo en medio de la peor invasión alienígena que ha conocido este planeta… ¿y dicen que son abogados?
Profesor Vanister (NE): Escúcheme, señor Dalt… Harkness. Necesitamos encontrar a uno de nuestros compañeros. Su nombre es Roth, James Roth. Viste el mismo…
Jack Harkness (NW): ¿El mismo traje de chaqueta pasado de moda que ustedes? Si, sabemos quien es. Y sí, está en un lugar seguro.
Ben Braddock (NE): Genial, ¿Dónde…?

Una descarga láser volatiliza una cabina de teléfonos a escasos metros de la esquina por la que gira el todoterreno de nuestros protagonistas. Sobre sus cabezas, un pequeño enjambre de máquinas flotantes caen en picado tratando de darles caza…

Profesor Vanister (NE): Por todos… ¡Daleks!
Jack Harkness (NW): ¿Conoce a los Daleks?
Profesor Vanister (NE): Si, aunque si le digo de donde no se lo va a creer...


Tribunal (con total incredulidad): ¿Puede repetir eso último, Capitán Harkness?
Jack Harkness: Ficción, señoría. Una serie de televisión, para ser exactos.
Tribunal: Esta diciendo que esos viajeros de otra dimensión… ¿creian encontrarse en una serie de ficción?
Jack Harkness: No exactamente. Verá, en su universo de origen… todo lo relacionado con esta agencia, con los Dalek y con otros sujetos… era ficción.
Tribunal: Y a tenor de los sucesos que siguieron a esa revelación, usted les creyó, ¿no es así?
Jack Harkness: Señoría, ni yo mismo creo algunas cosas que he vivido. He aprendido a tener la mente muy abierta.
Tribunal: Entonces, estos viajeros no parecían una amenaza y, sencillamente, parecían buscar a su amigo, el señor Roth.
Jack Harkness: En efecto, señoría. Por eso mismo decidí llevarlos hasta el refugio que el agente Harper y yo habíamos encontrado en las afueras.
Tribunal: Eso aparece en su informe… ¿un unifamiliar?
Jack Harkness: Lo que quedaba de él, señoría. Los Dalek ya habían arrasado aquella zona. No quedaba nada con vida.
Tribunal: Por lo que ha dicho, uno de esos tres viajeros… el señor Dalton…
Jack Harkness: El chico al que llamaban Danny, sí. Estaba muy malherido. En realidad, señoría, todos estaban en unas condiciones físicas bastante deplorables. Parecía como si acabasen de salir de un campo de batalla…
Tribunal: ¿El señor Daniel Dalton recibió ayuda médica por parte del agente Harper?
Jack Harkness: Si, Owen… El agente Harper atendió sus heridas. Y aprovechamos para efectuar un análisis de comprobación estándar.

Un año antes.
Ocultos en un unifamiliar devastado.
En los suburbios de la zona Oeste de Londres, arrasada por los Dalek.

Ben Braddock (NE): ¿Comprobación? ¿Qué clase de… comprobación?
Jack Harkness (NW): Tranquilo hombretón. (mostrando un dispositivo similar a los detectores de metales que usa la policía) Esto nos dirá si sois… - BIPPPP - ¡Vaya!
Owen Harper (NW): Joder, ya te lo dije Jack. (agarra su arma) ¡Son alien…!
Profesor Vanister (NE): ¡Por favor, deje esa arma! Podemos explicarlo… Es el líquido que nos inyectan.
Jack Harkness (NW): ¿Líquido?
Profesor Vanister (NE): Un suero. Diluido en nuestro torrente sanguíneo es lo único que nos permite viajar entre dimensiones sin que nuestros cuerpos revienten en el proceso.
Jack Harkness (NW): Eso no explica porqué dan positivo como extraterrestres.
Profesor Vanister (NE): El suero es destilado a partir de la sangre de… no hay una forma sensata de decir esto…
Ben Braddock (NE): Demonios.
Jack Harkness (NW): ¿Demonios?
Owen Harper (NW): ¡Demonios!… ¡claro!. Oye, Jack, ¿de verdad…?
Jack Harkness (NW): Owen, baja la pistola… Creo que dicen la verdad.
Owen Harper (NW): Si, claro. Un bufete de abogados infernales, viajes entre dimensiones… ¡es tan sensato que tiene que ser verdad!
Jack Harkness (NW): Precisamente. Y además… (lanza una mirada pícara a Ben) Alguien con esa cara no puede ser mala persona.
Ben Braddock (NE): ¿Dis… Disculpe?

Tribunal: Entonces parecía que no eran ninguna amenaza.
Jack Harkness: Bueno, en aquel momento no, señoría. Pero entonces supimos por qué habían venido a esta dimensión. Y eso…
Tribunal: ¿Y eso? ¿A qué habían venido, capitán Harkness?

Un año antes.
A bordo de un todoterreno de Torchwood.
Atravesando los túneles secundarios del metro de Londres.

Profesor Vanister (NE): Estamos aquí para recuperar un alma fugitiva.
Jack Harkness (NW): Ya, por lo de su bufete infernal y demás…
Owen Harper (NW): Jack, por si no lo recuerdas tenemos una invasión Dalek de la que encargarnos. Esto no tiene nada que ver…
Profesor Vanister (NE): Me temo que sí, señor Harper. Tiene mucho que ver con ustedes. O al menos para el gobierno para el que dicen que trabajan.
Jack Harkness (NW): ¿A qué se refiere?
Profesor Vanister (NE): El alma que debemos recuperar ha escapado de su… confinamiento. Y ha ido a parar a esta dimensión asumiendo la forma física de este hombre (muestra un dossier a Jack) Andrew Mitchell.
Jack Harkness (NW): Lo conozco. Es asesor especial del Primer Ministro.
Ben Braddock (NE): Señor Harkness. Les agradecemos todo lo que han hecho por Danny y el que hayan cuidado del señor Roth… pero hay algo más que debemos pedirle.
Jack Harkness (NW): Soy todo oídos, hombretón.
Ben Braddock (NE): Esto… (algo azorado) Verá…
Profesor Vanister (NE): Tiene que ayudarnos a dar con el señor Mitchell. Sea lo que sea lo que esté haciendo con su gobierno… está poniendo en peligro la integridad del continuo espacio-tiempo de esta dimensión.
Owen Harper (NW): Jack, ¿no estarás pensando…?
Jack Harkness (NW): No,Owen… Lo de pensar demasiado te lo dejo a ti. (mirando a Ben y el profesor) Muy bien, amigos. Creo que tengo lo que necesitáis.

Tribunal: Así que les entregó un sensor GPS con tecnología de rastreo dimensional, propiedad de Torchwood…
Jack Harkness: … y un par de pistolas de alta frecuencia. Me pareció de muy mala educación dejarlos desarmados con un ejército de Daleks revoloteando sobre la ciudad.
Tribunal: Capitán Harkness, creo que no comprende aun la gravedad de sus actos.
Jack Harkness: Señoría, nuestra intención era regresar cuanto antes a Cardiff. Aunque las heridas del joven llamado Dalton ya no revestían gravedad…
Tribunal: Este tribunal cree, Capitán Harkness, que usted no fue todo lo imparcial y sensato que la situación exigía.
Jack Harkness: ¿Disculpe?
Tribunal: Según los informes de la agente Toshiko Sato, ella se puso en contacto con ustedes mientras aun estaban en los túneles. ¿Puede decir a este tribunal el motivo de esa llamada?

Un año antes.
A bordo de un todoterreno de Torchwood.
Atravesando los túneles secundarios del metro de Londres.

Jack Harkness (NW): ¿Estas totalmente segura, Tosh?
Toshiko Sato (NW): Segura al cien por cien, Jack (por su comunicador) ¡La mano ha comenzado a brillar!
Jack Harkness (NW): Genial, Tosh. ¡Vamos para allá! (desconecta) Acelera, Owen. ¡Es el Doctor! ¡Esta en Cardiff!

Danny Dalton (recuperando la conciencia en la parte de atrás): ¿Cardiff? ¿Qué cojónes es Cardiff? (mira, sorprendido a los ocupantes del todoterreno) ¿Tío Russell?
Owen Harper (NW): Oh, genial. Lo que faltaba...
Danny Dalton: Espera... ¿Dónde están mis colegas? (a punto de ponerse violento) ¿¡Qué les habéis hecho!?
Jack Harkness (NW): Ey, ey, ¡ey! Tranquilo, ¿de acuerdo?
Danny Dalton: ¡Frena el puto coche, cara de mono!
Owen Harper (NW): Vale. (frena bruscamente) Se acabó. Te voy a partir la cara.

Owen baja del coche al tiempo que Danny sale de él. Éste último tropieza y cae al suelo del túnel. Al incorporarse, comienza a darse cuenta de la situación: en la penumbra del túnel puede ver como se apilan los cadáveres de los londinenses masacrados por los Dalek.

Danny Dalton (aturdido ante la dantesca visión): Oh mierda… ¿Qué ha pasado aquí?
Owen Harper (NW): Lo mismo que le va a pasar a tu cara… (lo aferra de las solapas) cuando acabe contigo.
Jack Harkness (NW): Owen, ¡no! (los separa) ¡Ya basta! ¡Los dos!
Danny Dalton: ¿Dónde están mis amigos?
Jack Harkness (NW): Han ido a recuperar el alma que vinisteis a buscar. Sí, me lo han contado todo. Wolfram y Hart, los viajes entre dimensiones… todo. Incluso que me parezco a ese tío tuyo, Russell T. Dalton.
Danny Dalton: ¿Por donde se han ido?
Jack Harkness (NW): Daniel, estas herido y…
Danny Dalton: ¡¿Por donde se han ido?!
Jack Harkness (NW): Por ahí… (Danny sale corriendo) ¡Pero necesitarás ésto!

Danny se detiene y agarra la pistola que Jack le arroja. La mira de arriba abajo: desde luego, no se parece a ninguna pistola que haya visto antes. Demasiadas lucecitas rojas que se encienden y apagan en su empuñadura.


Jack Harkness (NW): (viendo a Danny perderse entre los túneles) Buena suerte, hijo.
Owen Harper (NW): Espero… (subiendo al todoterreno) que sepas lo que estas haciendo, Jack…
Jack Harkness (NW) (sonriendo): ¿No lo sé siempre?

Tribunal: No, Capitán Harkness. No tiene usted ni idea de lo que hizo.
Jack Harkness: ¿Cómo dice…?
Tribunal: Sus actos, pese a no estar exentos de buenas intenciones, fueron los causantes del motivo por el cual se ha reunido esta comisión.
Jack Harkness: Pensé que este tribunal se había reunido para analizar la actuación de Torchwood 3 durante la invasión Dalek. ¿Cuál es su auténtico motivo pues?
Tribunal: Averiguar las circunstancias en las que el señor Andrew Mitchell desapareció. Y mucho nos tememos, Capitán Harkness, que usted fue parte responsable de ello.

Fin del Informe relacionado con Torchwood 3.
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CONTINUARÁ...