lunes, 21 de septiembre de 2009

Cuaderno de Viaje - MARCUS VANISTER (NE)

De los diarios personales de Marcus Vanister (Neverend)

Viajar con el Doctor ha sido…¡fascinante!

He tenido la oportunidad de descubrir hasta tres planetas a lo largo del universo. Siempre supe que había vida mas allá de la Tierra; que negarlo seria egocéntrico y prepotente… ¡¿cómo podemos pensar que el ser humano es la única forma de vida inteligente en el vasto universo?! Lo que no me esperaba era estar tan cerca de la muerte como he estado junto al Doctor. En el fondo, se parece mucho a nosotros pues como viajero, tiene la costumbre de que sus visitas sean de un problema a otro.

He tenido la oportunidad de hablar con el Doctor tanto sobre viajes dimensionales, temporales y espaciales. Ambos estuvimos de acuerdo en que el viaje espacial es, sin duda, el mas fácil de todos. El teletransporte, aun desconocido por el ser humano, se rige por unas ecuaciones físicas tan sencillas que ni el Doctor ni yo comprendíamos porque no han sido descubiertas aun por los eminentes científicos de la Tierra. Seguramente se deba a que tanto el Doctor como yo afrontamos dichas ecuaciones no desde un punto de vista de imposible, sino como algo que se puede resolver… siempre que se tenga el medio apropiado para ello.

Con respecto a la línea temporal, sin embargo, el Doctor aun me lleva una importante ventaja. A veces me costaba seguirle el ritmo: creo que el Doctor no termina de darse cuenta de que pertenece a una raza alienígena un millón de veces mas avanzada a la humana. Aunque pude deducir que, al igual que las coordenadas dimensionales que uso en Margaret; el viaje temporal también usa sus propias coordenadas. El problema es que entendía perfectamente la teoría pero carecía del material necesario para llevarlo a la práctica. Así que tuve que aprender sobre la marcha con la “Tardis” y el Doctor como guía.

Cuando le explique la formulación del viaje dimensional, el material necesario y su funcionamiento, el Doctor quedo fascinado. Al parecer el prisma que hace que Margaret viaje entre dimensiones proviene (o al menos lo hace en esta dimensión) del planeta Kuantum. Es un planeta construido de dicho material. Para imaginarlo habría que pensar en Nueva York pero edificado con el mineral del prisma. Al tener sus mismas capacidades energéticas, se emplea como una fuente universal de energía, suministrando luz, calor e incluso energía para naves. ¡Increíble!

El problema es que Kuantum hacia cincuenta siglos que había llegado al punto de masa crítica, estallado en mil pedazos. Sus fragmentos habían quedado distribuidos a lo largo y ancho del universo haciendo que encontrar una muestra del mismo fuese prácticamente imposible… una auténtica cuestión de azar.

El Doctor dispuso las coordenadas oportunas en la Tardis, llevándonos hasta uno de los planetas más próximos a donde se encontraba Kuantum en sus últimos días. Si la suerte estaba de nuestra parte, podría quedarme con un fragmento de prisma y, una vez de regreso a Wolfram y Hart, tendríamos un cabo suelto menos del que preocuparnos de cara a retomar nuestro viaje de vuelta a casa.

Como si todo fuera tan fácil.

El primer planeta al que fuimos fue Durkin, habitado por unos extraños seres con una capacidad cerebral media próxima al 220 de coeficiente intelectual: una raza de auténticos genios. Investigadores, químicos, científicos… ¡impresionante! El “pequeño detalle sin importancia” fue descubrir que esos seres se alimentaban del cerebro de otras especies para poder así mantener sus altos niveles de inteligencia. Y por supuesto el Doctor y yo fuimos bien recibidos. Tan bien recibidos como las pastas a la hora del té.

La situación empeoró cuando descubrimos que almacenaban seres de otros universos para su alimento personal. Aquello no dejaba de ser una extraña forma de ganadería. En cierto modo si no se alimentaban de esa manera los Durkianos se terminaban atrofiando y muriendo. Como dijo el Doctor, no era culpa suya: la naturaleza a veces es así de caprichosa y cruel. Teníamos el dilema de liberar a esos seres y dejar morir de hambre a toda una especie. Podíamos, sencillamente, marcharnos de ahí sin hacer nada. Pero aquello iba en contra de nuestras propias conciencias.

Al final logramos llegar a un acuerdo. Una vez liberados los rehenes, nos dimos cuenta de que los Durkianos estarían condenados a la extinción. El Doctor y yo seríamos culpables de un genocidio. Entre tanto, los cientos de rehenes a los que conseguimos liberar de las “granjas” estaban a punto de conseguir escapar en naves creadas por el propio planeta. Tan solo necesitaban que el Doctor les diera una señal.

Es duro escribirlo. Pero aun más duro fue llegar a ese acuerdo con los líderes Durkianos. Según el trato, los Durkianos se alimentarían únicamente para sobrevivir. No más fiestas, gula o comidas innecesarias. Les dejaríamos los suficientes rehenes como para sobrevivir.

Mientras escribo aun puedo recordar las caras de algunos de esos rehenes a cuyas naves el Doctor no llegó a enviarles la señal de despegue. Conseguimos salvar a más de la mitad… pero también condenamos a muchos.

Dejamos atrás Durkin con el alma un poco más sucia, sin localizar el prisma y con la sensación de que éste era sólo el primero de muchos desafíos en mi viaje junto al Doctor.

miércoles, 15 de julio de 2009

Sesión 04-07-09 (Parte 2 de 2)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, creo que trabajan para alguien de dentro de Wolfram y Hart.


CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): Roth quiere nuestra confianza y esta es su mejor oportunidad de ganársela. Dará caza al tal Andrew Mitchell por nosotros. No nos fallará…

…O A MORIR EN EL INTENTO.
Sarah Kauffmann (ND): El señor Roth aun no ha regresado.
Danny Dalton: Un momento, no querrá decir…
Sarah Kauffmann (ND): En efecto, señor Dalton… (mira su reloj) Salen ustedes en cinco minutos.

Episodio 3x11.-
Caso Nº00389221-X
ANDREW MITCHELL contra WOLFRAM & HART (Parte 2 de 2)


De: Sarah Kauffmann, directora de Operaciones.
Para: Socios Fundadores.
Asunto: Informe de Operativo.

Estimados Socios

A la luz de los últimos acontecimientos, debo informar de la conducta de los agentes destinados bajo mi mando. Adjunto una copia de la trascripción del informe presentado tras su última operación. Espero que sea prueba más que suficiente para que se acepte mi sugerencia de tomar medidas al respecto.

Atentamente,
Sarah Kauffmann
Directora de Operaciones.

(Trascripción del informe oral presentado por los agentes Braddock, Benjamin y Dalton, Daniel)

Sarah Kauffmann (ND): Muy bien, caballeros. Pueden proceder…
Ben Braddock (NE): Señora Kauffmann, no tenemos tiempo para esto. ¡Tenemos que volver!
Sarah Kauffmann (ND): Señor Braddock, haga el favor de sentarse y cómportese.
Ben Braddock (NE): ¿Comportarme? Oiga, no…
Danny Dalton (interrumpe): Ahorra saliva, Capi. No se puede negociar con ella. Además… (a Kauffmann) me gustaría dejar claro que nos envió malheridos y agotados a una doble misión de captura y rescate, en un Londres del futuro, arrasado por una invasión de tostadoras alienígenas.
Sarah Kauffmann (ND): Los Dalek son una de las especies más destructivas que ha conocido el multiverso, señor Dalton. Definirlas como “tostadoras marcianas”…
Danny Dalton: … es lo mejor que puedo decir de esos hijos de puta, señora. Mire, aquella ciudad parecía un maldito cementerio. Sus calles estaban desiertas, arrasadas… y el metro… Joder… parecía un matadero, ¿vale?
Sarah Kauffmann (ND): Por lo que mencionó al poco de llegar, señor Dalton, trabaron contacto con una versión paralela de su tío Russell…
Ben Braddock (NE): Su nombre allí era Harkness. Capitán Jack Harkness. Se mostró… extrañamente cálido con nosotros. Tanto él como el médico que atendió las heridas de Danny pertenecían a algo llamado Torchwood.
Sarah Kauffmann (ND): Interesante… La organización Torchwood.
Ben Braddock (NE): ¿La conoce?
Sarah Kauffmann (ND): No es de su incumbencia, señor Braddock. Pero continúe.
Ben Braddock (NE): James Roth se encontraba a salvo en unas instalaciones de Torchwood, en un lugar llamado Cardiff.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Cardiff? Eso está…
Ben Braddock (NE): … lejos de Londres, lo sé. Lo miré en un mapa. Así que el profesor y yo decidimos buscar otra solución.
Sarah Kauffmann (ND): Que fue…
Ben Braddock (NE): Capturar a Andrew Mitchell. Con el bio-escaner GPS que el capitán Harkness nos entregó, podíamos rastrear el paradero de Mitchell. El profesor Vanister pensó que si capturábamos el alma que James Roth había vendo a buscar, se activaría el dispositivo de regreso… y todos regresaríamos a casa.
Sarah Kauffmann (NE): Y… ¿qué salió mal?
Ben Braddock (NE): ¿Desde que salimos de los túneles del metro? Todo.

Dimensión Neverwood.
Las desoladas calles de un Londres bajo el ataque de los Dalek.
Hace 4 horas.

Ben Braddock (NE): Fíjese, profesor… No hay nadie en las calles.
Profesor Vanister (NE): Los más afortunados ya habrán sido evacuados, señor Braddock. Los menos… (mira la entrada de metro por la que acaban de salir)
Ben Braddock (NE): Entonces, todo esto… ¿es de una serie de la tele?
Profesor Vanister (NE): Algo más que eso, señor Braddock. Doctor Who es todo un clásico de la ciencia-ficción. Pero todo esto es… (mira los restos calcinados de un viandante) demasiado real.
Ben Braddock (NE): Doctor… ¿qué?
Profesor Vanister (NE): ¡Ben, cuidado!

La primera señal de que los Dalek los han encontrado es un grito mecánico e inhumano. La siguiente, dos descargas láser de enfermizo color verde que desintegran un pintoresco taxi negro británico.

Daleks (NW): EX-TER-MINATE. ¡EX-TER-MINATE!

Danny Dalton: Y allí estaban el profesor y Ben. Acorralados por esas dos latas de sardinas marcianas, bajo el fuego de sus láseres mortales. Por suerte, llegué justo a tiempo para salvar la situación.
Ben Braddock (NE): Eh... ¿Danny?
Danny Dalton: ¿Qué?
Ben Braddock (NE): Creo que se te ha olvidado mencionar la parte en la que casi mueres.
Sarah Kauffmann (ND): Señor Dalton… (lo mira, sorprendida) Usted… ¿recibió un impacto de un arma Dalek?
Danny Dalton: Bueno, creo que su suero tiene parte del mérito de haberlo aguantado…
Sarah Kauffmann (ND): Eso es imposible. Si un arma así le impactase, a pesar de los efectos secundarios que el suero tiene en su organismo humano… Debería estar muerto, señor Dalton.
Ben Braddock (NE): Bueno, lo cierto es que lo estuvo, señora Kauffmann.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Y qué es lo que pasó?
Ben Braddock (NE): El Doctor, señora. Pasó el Doctor.

Dimensión Neverwood.
Las desoladas calles de un Londres bajo el ataque de los Dalek.
Hace 3 horas y 49 minutos.

Ben Braddock (NE): ¡Danny, no! (corre hasta donde yace el cuerpo humeante de Danny Dalton, recién impactado por un láser Dalek) ¡Danny!
Profesor Vanister (NE): Fascinante... (mirando la pistola de impulsos que les dejó el capitán Harkness) Las descargas de estas armas de energía en las bases flotantes de los Dalek les provocan un cortocircuito de su cortex diametral…
Ben Braddock (NE): ¡Profesor! ¡Necesitamos un médico, profesor! ¡Danny no respira!
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mío. (se aparta de los humeantes Daleks y se acerca a su amigo sin pulso) Tiene razón, señor Braddock. Pero… ¿Dónde encontraremos un doctor ahora?

Casi a modo de invocación, un extraño zumbido comienza a resonar en toda la manzana. No viene de ninguna parte y, al mismo tiempo, retumba como si estuviese en todas a la vez. Como un espejismo parpadeando entre el antes y el después, entre el aquí y el más allá, una cabina de teléfonos azul se materializa ante la atónita mirada de Ben Braddock y el profesor Vanister.

Ben Braddock (NE): Joder… (mira la cabina) Así es como debe sentirse la gente cuando ve aparecer a Margaret en su dimensión.

La puerta de la cabina se abre y un curioso y joven individuo mira a su alrededor con aire despistado.

El Doctor: Mmm… Creo que he llegado veinticuatro horas tarde.
Profesor Vanister (NE): No puedo creerlo… (se incorpora y camina hacia la cabina) Es él.
Ben Braddock (NE): ¿Quién?
Profesor Vanister (NE): Es el Doctor.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Doctor? Doctor, ¿qué?
Ben Braddock (NE): Sólo el Doctor. Verá, a mi también me costó digerirlo al principio. Pero el profesor Vanister nos dijo que pasaba lo mismo con el Doctor como con nosotros aquí. El profesor había visto la serie del Doctor en nuestro mundo de origen. Y por eso sabía tanto sobre él.
Danny Dalton: Espera un momento, Capi… ¿estas diciendo que me salvó un personaje de una serie de la tele?
Sarah Kauffmann (ND): Aun no ha dicho quien es ese Doctor… y como fue capaz de salvar al señor Dalton.
Ben Braddock (NE): El profesor me dijo que el Doctor era un viajero. Lo llamó “el último de los Señores del Tiempo” o algo parecido. Viajaba a través de la corriente temporal, resolviendo problemas y…
Sarah Kauffmann (ND): Viajando en una cabina de teléfonos.
Ben Braddock (NE): Bueno, nosotros hemos viajado entre dimensiones con una furgoneta. Pero lo cierto es que aquella cabina era mucho más que eso…

Dimensión Neverwood.
En el interior del vehículo de salto temporal del Doctor.
Hace 3 horas y cinco minutos.

El Doctor: Bienvenidos a la TARDIS. (atraviesa con un par de zancadas el espacioso salón de controles de la TARDIS) Por favor, no toquéis nada que pueda desintegrarnos…
Profesor Vanister (NE): Oh. Dios. Mío. (contemplando las maravillas de la TARDIS) Es… es…
El Doctor: Si, lo sé. Más grande por dentro que por fuera. Un pequeño truco de desajuste cuántico-espacial.
Ben Braddock (NE) (cargando con el cuerpo de Danny): Profesor, siento interrumpirle pero Danny… ¡No tiene pulso!
El Doctor: Un momento… (se acerca a Danny) Vuestro amigo, ¿ha sido atacado por un Dalek?
Ben Braddock (NE): Si, es…
El Doctor: ¡Fantástico! (se marcha corriendo y rebusca entre unos cajones de la TARDIS) Creo que tengo algo por aquí… (extrae una extraña probeta llena de un líquido amarillento) ¡Bingo!

Sarah Kauffmann (ND): Así que el señor Dalton bebió eso…
Danny Dalton: … y eché hasta la primera papilla. Pero sí: aquella mierda amarillenta me devolvió al mundo de los vivos. Un diez para el Doctor.
Ben Braddock (NE): He de reconocer que no confiaba en que el mejunje del Doctor fuese a funcionar. Ni él mismo parecía convencido. Pero lo cierto es que salvó a Danny…
Sarah Kauffmann (ND): Entonces, ese “Doctor”, era un viajero del tiempo.
Ben Braddock (NE): No sabría decirle. Parecía un tanto… lunático.
Danny Dalton: Estaba como un rebaño de cabras, Capi. No te cortes.
Ben Braddock (NE): El caso es que el profesor parecía confiar ciegamente en él. Él y el Doctor comenzaron a hablar de cosas científicas, de líneas de tiempo y ese tipo de cosas… Yo estaba a punto de interrumpirles cuando, de repente, el profesor dijo algo que pareció afectar mucho al Doctor.

Dimensión Neverwood.
En el interior del vehículo de salto temporal del Doctor.
Hace 2 horas y 43 minutos.


El Doctor: Eso es imposible.
Profesor Vanister (NE): Yo también lo creía, Doctor. Pero se puede. He conseguido crear un vehículo que viaja entre dimensiones paralelas.
El Doctor: Pero eso… si es cierto lo que dice… Podría salvar a Rose.
Ben Braddock (NE): ¿Rose? ¿Quién es…?
El Doctor: Mi compañera. Mi ex – compañera. Está atrapada en una dimensión paralela a la nuestra… (se vuelve súbitamente hacia el profesor Vanister y lo abraza) ¡Fantastico! ¡Usted me enseñará como viajar entre dimensiones!
Profesor Vanister (NE): Bueno, yo…
Ben Braddock (NE): Ejem… Doctor, agradezco su ayuda pero… Tenemos nuestros propios problemas aquí.
El Doctor: Oh, no tengas miedo de los Daleks, mi joven amigo. La TARDIS tiene un pequeño campo distorsionador de realidad que nos hace invisibles a ellos.
Ben Braddock (NE): No me refería a los Daleks. Tenemos nuestra propia misión, profesor Vanister, ¿o lo ha olvidado?
Profesor Vanister (NE): Oh, claro. Andrew Mitchell, claro…
Ben Braddock (NE): Seguro que el Doctor podría ayudarnos a dar con el señor Mitchell…

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y lo hizo? ¿Les ayudó a dar con el señor Mitchell?
Ben Braddock (NE): Bueno, el Doctor sintonizó las coordenadas del GPS de Torchwood con su “cabina del tiempo”. Pero tuvimos un pequeño problema en el primer intento.
Danny Dalton: ¿Pequeño problema, Capi? Joder. Estuvimos a punto de morir.

Dimensión Neverwood.
Dentro de una de las naves nodriza de los Daleks.
Hace 2 horas y 21 minutos.

Daleks (mientras se aproximan a la TARDIS, lanzando sus rayos láser): EX – TER – MINATE. ¡EX – TER – MINATE!
Ben Braddock (NE): ¡Salen por todas partes! (responde al fuego láser con la pistola de impulsos de Torchwood) ¡Nos están rodeando!
Danny Dalton: Joder, Doctor… ¿¡Que puto infierno es este!?
El Doctor (comprobando los controles de la TARDIS): Vaya, creo que calibré mal el salto. Hemos aparecido en el vientre de una de las naves nodriza de los Daleks. Qué ironía, ¿verdad?
Ben Braddock (NE): ¡Sáquenos de aquí! ¡YA!

Ben Braddock (NE): Y, por suerte, lo consiguió.
Sarah Kauffmann (ND): Esa TARDIS… ¿volvió a desmaterializarse con ustedes dentro?
Danny Dalton: Ya lo creo. Y esta vez aparecimos en el sitio adecuado.
Ben Braddock (NE): Era un edificio de oficinas. Estaba destrozado, como si hubiese pasado una turba furiosa por allí.
Danny Dalton: Al otro lado de la calle estaba la residencia del Primer Ministro. Joder, el tío vive en un duplex, ¿vale? Si que era una dimensión rara…
Ben Braddock (NE): El caso es que toda esa manzana de Downing Street estaba tomada por los Daleks. Era imposible entrar sin alertarles…
Sarah Kauffmann (ND): Pero si la máquina del Doctor les había llevado allí…
Ben Braddock (NE): … era porque Mitchell se encontraba en alguna parte de ese edificio. Si, eso estaba claro. La cuestión era conseguir que él llegase a nosotros. Sólo teníamos que llamarlo.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Llamarlo? ¿Por teléfono?
Ben Braddock (NE): No era necesario. Bastó con susurrarlo. El tipo tenía sentidos aumentados, ¿recuerda?
Sarah Kauffmann (ND): Y… ¿funcionó?

Dimensión Neverwood.
Quinta Planta de un Edificio de Oficinas del MI5.
Hace 1 hora y 58 minutos.


Andrew Mitchell (NW): Muy bien… ¿Dónde está? ¿Dónde está el Doctor?
Ben Braddock (NE): Tranquilo, está aquí. En la TARDIS.
Andrew Mitchell (NW): El Primer Ministro necesita su ayuda… (se acerca a la TARDIS)
Danny Dalton (se interpone entre él y la TARDIS): Espera un segundo, amigo.
Andrew Mitchell (NW): ¿Qué? ¿Qué pasa?
Ben Braddock (NE): Antes de entrar necesitas unas gafas protectoras… (coloca el maletín de Wolfram y Hart a pocos metros de Mitchell) Como estas.

Los cierres del maletín saltan y Andrew Mitchell apenas si tiene tiempo de gritar antes de que las corrientes lo absorban de regreso al lugar del que nuestros protagonistas jamás debieron liberarlo.


Danny Dalton: Cojonudo, Capi.
Ben Braddock (NE): Si. No ha sido tan difícil, ¿eh?

Sarah Kauffmann (ND): Y eso es todo, ¿no?
Ben Braddock (NE): Si, eso es todo. Y ahora, ¿podemos ponernos en marcha y volver a la cámara de salto? Con un poco de suerte, podremos regresar a por el profesor…
Sarah Kauffmann (ND): Señor Braddock… siéntese.
Ben Braddock (NE): Pero, el profesor…
Sarah Kauffmann (ND): Siéntese. AHORA. (el señor Braddock se sienta en incómodo silencio) Esta claro que el profesor Vanister tenía razón: el señor Roth apareció en la cámara de salto en el preciso instante en que el alma del señor Mitchell fue recibida por nuestros Socios. Sin embargo… eso no explica la ausencia del profesor Vanister.
(Kauffmann mira en silencio a Danny y Ben)
Sarah Kauffmann (ND): Supongo que no hay nada que no me hayan contado, ¿verdad?

Dimensión Neverwood.
Dentro de la TARDIS, mientras Ben y Danny capturan a Mitchell.
Hace 1 hora y 58 minutos.


El Doctor: Así que usted y sus amigos viajan entre realidades paralelas capturando almas fugitivas para un bufete de abogados dimensional… Fascinante.
Profesor Vanister (NE): Bueno… Viajar a lo largo de la corriente temporal tampoco es moco de pavo, Doctor. Viajar en el tiempo… (se queda pensativo) Si pudiéramos dar marcha atrás…
El Doctor: Cuando sus amigos capturen al señor Mitchell, usted me enseñará cómo viajar entre dimensiones. Iremos a por Rose y regresaremos antes de que sus amigos puedan decir “¡Fantástico!”
Profesor Vanister (NE): Doctor… Tengo una condición.
El Doctor: ¿Cuál?
Profesor Vanister (NE): Yo le enseñaré los secretos del viaje entre dimensiones. Pero usted… Usted tendrá que enseñarme cómo viajar en el tiempo.
El Doctor: Eso… (su mirada se torna seria) Eso puede llevar tiempo.
Profesor Vanister (NE): Usted mismo lo ha dicho, Doctor… Con la TARDIS, será un abrir y cerrar de ojos.

Mientras el Doctor medita la propuesta, el profesor Vanister se gira, dispuesto a comentar sus planes con sus dos compañeros. Danny y Ben aguardan la inminente llegada del señor Mitchell. Pero a Vanister le basta ver la mirada de Danny para comprender que, a diferencia de Ben, él si ha escuchado su conversación con el Doctor.

El Doctor: Mmmm… ¿Qué demonios? ¡Acepto!
Profesor Vanister (NE): Muy bien. ¡Pongámonos en marcha!

Y mientras dentro de la TARDIS, el Doctor comienza a ultimar los preparativos para el salto temporal, Vanister asiste a cómo Danny y Ben dan buena cuenta de Mitchell. Apenas les ha costado un par de minutos. Los mismos que necesita el Doctor para activar la TARDIS.

Danny Dalton: Cojonudo, Capi.
Ben Braddock (NE): Si. No ha sido tan difícil, ¿eh?

En ese momento, el rumor de la TARDIS activándose pilla por sorpresa a Ben.

Ben Braddock (NE): ¿Qué coño…? (intenta correr hacia la TARDIS) ¡Profesor no! ¡No!
Danny Dalton (aferrando a Ben): Vamos, Capi. ¡Ese trasto viaja en el tiempo! ¡Volveran antes de darnos cuenta!
Ben Braddock (NE): ¡¿Y si algo sale mal?! ¡Joder, sueltame! (mientras la TARDIS comienza a desvanecerse entre parpadeos) ¡NO, PROFESOR! ¡NO LO HAGA!
Danny Dalton: Demasiado tarde, Capi. (la TARDIS se desvanece del todo) Ya se ha ido…
Ben Braddock (NE): No… No puede ser…
Danny Dalton: Estarán aquí en unos segundos. Ya lo verás.

Pero pasaron segundos. Y minutos. Y nada volvió a materializarse ante ellos.
Cuando quisieron darse cuenta, ellos mismos se habían desmaterializado.

Y si el Profesor Vanister había cumplido su palabra de volver, ellos no lo podían ver.
Porque ya estaban de regreso en la cámara de salto dimensional de Wolfram y Hart.

Sarah Kauffmann (ND): ¿Y bien? ¿Hay algo que quieran decirme sobre por qué el profesor se quedó allí?
Danny Dalton: El profesor…
Ben Braddock (NE): No, señora. No hay nada más que añadir. Y ahora, si ya lo cree conveniente… nos gustaría volver a buscarlo.
Sarah Kauffmann (ND): Me temo que eso no va a pasar, señor Braddock.
Ben Braddock (NE): ¿Cómo dice?
Sarah Kauffmann (ND): La misión ha sido un éxito. Ahora, vayan a descansar.
Ben Braddock (NE): Pero, ¡no puede hablar en serio! ¡El profesor es parte de nuestro equipo!
Sarah Kauffmann (ND): Ya no, señor Braddock. (mientras se marcha) Considérelo la primera baja de su equipo.

CONTINUARÁ…

Sesión 04-07-09 (Parte 1 de 2)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, creo que trabajan para alguien de dentro de Wolfram y Hart.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): Roth quiere nuestra confianza y esta es su mejor oportunidad de ganársela. Dará caza al tal Andrew Mitchell por nosotros. No nos fallará…

…O A MORIR EN EL INTENTO.
Sarah Kauffmann (ND): El señor Roth aun no ha regresado.
Danny Dalton: Un momento, no querrá decir…
Sarah Kauffmann (ND): En efecto, señor Dalton… (mira su reloj) Salen ustedes en cinco minutos.

Episodio 3x11.-
Caso Nº00389221-X
ANDREW MITCHELL contra WOLFRAM & HART (Parte 1 de 2)

TORCHWOOD
Clasificado Alto Secreto – Solo para sus Ojos.
Nivel de Seguridad Omega.

Extractos del informe presentado por el Capitán Jack Harkness, no incluido en la documentación oficial.

Tribunal: Sabemos que es usted un hombre ocupado, Capitán Harkness. Sin embargo, nos gustaría revisitar algunas cuestiones relativas a los sucesos acaecidos durante la invasión Dalek del pasado año.
Jack Harkness: Con el debido respeto, señoría, pero ya presenté ese informe...
Tribunal: En efecto. Sin embargo hemos notado que se hace una serie de referencias acerca de alguien llamado James... (leyendo el informe) Roth. James Roth.
Jack Harkness: El señor Roth… Bueno, antes de nada he de recordarle a su señoría que aquellos fueron momentos tensos. Cualquiera en mi situación...
Tribunal: Capitán Harkness, este tribunal no se ha reunido para juzgar sus actos en dicha crisis. Nadie pone en duda su impecable actuación en aquellos desesperados instantes que a todos nos tocó vivir.
Jack Harkness (tras un incómodo silencio): Hacía apenas tres horas que perdimos la señal de Torchwood Londres. Para cuando tuvimos imágenes via satélite, los Dalek ya cubrían por completo el cielo de la ciudad como un enjambre de malditas avispas.
Tribunal (repasando documentos): Según los protocolos establecidos para ese tipo de eventos, ustedes tenían órdenes de permanecer a la espera, sellando el acceso a las instalaciones de Torchwood 3, en Cardiff... (levanta la vista y mira inquisitorialmente a Harkness) ¿Qué les llevó a incumplir esas órdenes?
Jack Harkness: Su señoría debe comprender que nuestras comunicaciones habían quedado aisladas del resto de la red por culpa de esos mismos protocolos de seguridad que acaba de mencionar. Por eso no pudimos informar de la primera distorsión dimensional que captamos en Londres.
Tribunal: En efecto… Los informes de la señorita Toshiko Sato así lo atestiguan.
Jack Harkness: Normalmente ese tipo de lecturas suelen proceder de la brecha existente en Cardiff, sobre nuestra sede. Sin embargo era la primera vez que la captabamos en Londres.
Tribunal: ¿Y no pensaron que podría tratarse de una nueva avanzadilla Dalek?
Jack Harkness: La señal fue captada en la zona oeste de Londres, un área ya diezmada por los Dalek. Además, según los sensores, era humana… al menos en un 80%.
Tribunal: Según el informe médico del señor Harper, el sujeto presentaba fuertes lesiones y una conmoción que lo mantuvo en coma la mayor parte del tiempo.
Jack Harkness: Cuando lo encontramos apenas si tuvo tiempo de decir su nombre. James Roth. Iba ataviado con el mismo traje de chaqueta que los otros viajeros… (guarda silencio súbito) Oh, mierda...
Tribunal: Perdone, capitán Harkness… ¿ha dicho “otros viajeros”?
Jack Harkness: Vaya… Parece que Tosh dejó algunos cabos sueltos en el informe…
Tribunal: Capitán Harkness, este tribunal le exige que explique…
Jack Harkness (interrumpiendo): Esta bien, de acuerdo. La señal de ruptura dimensional que captamos fue solo la primera. Hubo una segunda. Para cuando los sensores de Torchwood 3 la captaron, el señor Roth ya había sido enviado a las instalaciones de Cardiff.
Tribunal: Una segunda señal…
Jack Harkness: Idéntica a la primera, señoría.
Tribunal: ¿Y cual fue su proceder?
Jack Harkness: El agente Harper y yo estabamos saliendo de la zona de los suburbios cuando la agente Sato nos informó de las lecturas. Dudamos durante unos segundos pero… finalmente optamos por dar media vuelta y salir a su encuentro.
Tribunal: Al encuentro de… ¿Quién?
Jack Harkness: Bueno... (sonríe) Esa es toda una buena pregunta, señoría…

Un año antes.
A bordo de un todoterreno de Torchwood.
Atravesando las desoladas avenidas del centro de Londres.

Jack Harkness (NW): Se lo preguntaré otra vez… ¿Quiénes son ustedes?
Ben Braddock (NE): ¡Trabajamos para Wolfram y Hart, un bufete de abogados…!
Jack Harkness (NW): ¿Estan de broma? Acaban de materializarse en mitad de Londres justo en medio de la peor invasión alienígena que ha conocido este planeta… ¿y dicen que son abogados?
Profesor Vanister (NE): Escúcheme, señor Dalt… Harkness. Necesitamos encontrar a uno de nuestros compañeros. Su nombre es Roth, James Roth. Viste el mismo…
Jack Harkness (NW): ¿El mismo traje de chaqueta pasado de moda que ustedes? Si, sabemos quien es. Y sí, está en un lugar seguro.
Ben Braddock (NE): Genial, ¿Dónde…?

Una descarga láser volatiliza una cabina de teléfonos a escasos metros de la esquina por la que gira el todoterreno de nuestros protagonistas. Sobre sus cabezas, un pequeño enjambre de máquinas flotantes caen en picado tratando de darles caza…

Profesor Vanister (NE): Por todos… ¡Daleks!
Jack Harkness (NW): ¿Conoce a los Daleks?
Profesor Vanister (NE): Si, aunque si le digo de donde no se lo va a creer...


Tribunal (con total incredulidad): ¿Puede repetir eso último, Capitán Harkness?
Jack Harkness: Ficción, señoría. Una serie de televisión, para ser exactos.
Tribunal: Esta diciendo que esos viajeros de otra dimensión… ¿creian encontrarse en una serie de ficción?
Jack Harkness: No exactamente. Verá, en su universo de origen… todo lo relacionado con esta agencia, con los Dalek y con otros sujetos… era ficción.
Tribunal: Y a tenor de los sucesos que siguieron a esa revelación, usted les creyó, ¿no es así?
Jack Harkness: Señoría, ni yo mismo creo algunas cosas que he vivido. He aprendido a tener la mente muy abierta.
Tribunal: Entonces, estos viajeros no parecían una amenaza y, sencillamente, parecían buscar a su amigo, el señor Roth.
Jack Harkness: En efecto, señoría. Por eso mismo decidí llevarlos hasta el refugio que el agente Harper y yo habíamos encontrado en las afueras.
Tribunal: Eso aparece en su informe… ¿un unifamiliar?
Jack Harkness: Lo que quedaba de él, señoría. Los Dalek ya habían arrasado aquella zona. No quedaba nada con vida.
Tribunal: Por lo que ha dicho, uno de esos tres viajeros… el señor Dalton…
Jack Harkness: El chico al que llamaban Danny, sí. Estaba muy malherido. En realidad, señoría, todos estaban en unas condiciones físicas bastante deplorables. Parecía como si acabasen de salir de un campo de batalla…
Tribunal: ¿El señor Daniel Dalton recibió ayuda médica por parte del agente Harper?
Jack Harkness: Si, Owen… El agente Harper atendió sus heridas. Y aprovechamos para efectuar un análisis de comprobación estándar.

Un año antes.
Ocultos en un unifamiliar devastado.
En los suburbios de la zona Oeste de Londres, arrasada por los Dalek.

Ben Braddock (NE): ¿Comprobación? ¿Qué clase de… comprobación?
Jack Harkness (NW): Tranquilo hombretón. (mostrando un dispositivo similar a los detectores de metales que usa la policía) Esto nos dirá si sois… - BIPPPP - ¡Vaya!
Owen Harper (NW): Joder, ya te lo dije Jack. (agarra su arma) ¡Son alien…!
Profesor Vanister (NE): ¡Por favor, deje esa arma! Podemos explicarlo… Es el líquido que nos inyectan.
Jack Harkness (NW): ¿Líquido?
Profesor Vanister (NE): Un suero. Diluido en nuestro torrente sanguíneo es lo único que nos permite viajar entre dimensiones sin que nuestros cuerpos revienten en el proceso.
Jack Harkness (NW): Eso no explica porqué dan positivo como extraterrestres.
Profesor Vanister (NE): El suero es destilado a partir de la sangre de… no hay una forma sensata de decir esto…
Ben Braddock (NE): Demonios.
Jack Harkness (NW): ¿Demonios?
Owen Harper (NW): ¡Demonios!… ¡claro!. Oye, Jack, ¿de verdad…?
Jack Harkness (NW): Owen, baja la pistola… Creo que dicen la verdad.
Owen Harper (NW): Si, claro. Un bufete de abogados infernales, viajes entre dimensiones… ¡es tan sensato que tiene que ser verdad!
Jack Harkness (NW): Precisamente. Y además… (lanza una mirada pícara a Ben) Alguien con esa cara no puede ser mala persona.
Ben Braddock (NE): ¿Dis… Disculpe?

Tribunal: Entonces parecía que no eran ninguna amenaza.
Jack Harkness: Bueno, en aquel momento no, señoría. Pero entonces supimos por qué habían venido a esta dimensión. Y eso…
Tribunal: ¿Y eso? ¿A qué habían venido, capitán Harkness?

Un año antes.
A bordo de un todoterreno de Torchwood.
Atravesando los túneles secundarios del metro de Londres.

Profesor Vanister (NE): Estamos aquí para recuperar un alma fugitiva.
Jack Harkness (NW): Ya, por lo de su bufete infernal y demás…
Owen Harper (NW): Jack, por si no lo recuerdas tenemos una invasión Dalek de la que encargarnos. Esto no tiene nada que ver…
Profesor Vanister (NE): Me temo que sí, señor Harper. Tiene mucho que ver con ustedes. O al menos para el gobierno para el que dicen que trabajan.
Jack Harkness (NW): ¿A qué se refiere?
Profesor Vanister (NE): El alma que debemos recuperar ha escapado de su… confinamiento. Y ha ido a parar a esta dimensión asumiendo la forma física de este hombre (muestra un dossier a Jack) Andrew Mitchell.
Jack Harkness (NW): Lo conozco. Es asesor especial del Primer Ministro.
Ben Braddock (NE): Señor Harkness. Les agradecemos todo lo que han hecho por Danny y el que hayan cuidado del señor Roth… pero hay algo más que debemos pedirle.
Jack Harkness (NW): Soy todo oídos, hombretón.
Ben Braddock (NE): Esto… (algo azorado) Verá…
Profesor Vanister (NE): Tiene que ayudarnos a dar con el señor Mitchell. Sea lo que sea lo que esté haciendo con su gobierno… está poniendo en peligro la integridad del continuo espacio-tiempo de esta dimensión.
Owen Harper (NW): Jack, ¿no estarás pensando…?
Jack Harkness (NW): No,Owen… Lo de pensar demasiado te lo dejo a ti. (mirando a Ben y el profesor) Muy bien, amigos. Creo que tengo lo que necesitáis.

Tribunal: Así que les entregó un sensor GPS con tecnología de rastreo dimensional, propiedad de Torchwood…
Jack Harkness: … y un par de pistolas de alta frecuencia. Me pareció de muy mala educación dejarlos desarmados con un ejército de Daleks revoloteando sobre la ciudad.
Tribunal: Capitán Harkness, creo que no comprende aun la gravedad de sus actos.
Jack Harkness: Señoría, nuestra intención era regresar cuanto antes a Cardiff. Aunque las heridas del joven llamado Dalton ya no revestían gravedad…
Tribunal: Este tribunal cree, Capitán Harkness, que usted no fue todo lo imparcial y sensato que la situación exigía.
Jack Harkness: ¿Disculpe?
Tribunal: Según los informes de la agente Toshiko Sato, ella se puso en contacto con ustedes mientras aun estaban en los túneles. ¿Puede decir a este tribunal el motivo de esa llamada?

Un año antes.
A bordo de un todoterreno de Torchwood.
Atravesando los túneles secundarios del metro de Londres.

Jack Harkness (NW): ¿Estas totalmente segura, Tosh?
Toshiko Sato (NW): Segura al cien por cien, Jack (por su comunicador) ¡La mano ha comenzado a brillar!
Jack Harkness (NW): Genial, Tosh. ¡Vamos para allá! (desconecta) Acelera, Owen. ¡Es el Doctor! ¡Esta en Cardiff!

Danny Dalton (recuperando la conciencia en la parte de atrás): ¿Cardiff? ¿Qué cojónes es Cardiff? (mira, sorprendido a los ocupantes del todoterreno) ¿Tío Russell?
Owen Harper (NW): Oh, genial. Lo que faltaba...
Danny Dalton: Espera... ¿Dónde están mis colegas? (a punto de ponerse violento) ¿¡Qué les habéis hecho!?
Jack Harkness (NW): Ey, ey, ¡ey! Tranquilo, ¿de acuerdo?
Danny Dalton: ¡Frena el puto coche, cara de mono!
Owen Harper (NW): Vale. (frena bruscamente) Se acabó. Te voy a partir la cara.

Owen baja del coche al tiempo que Danny sale de él. Éste último tropieza y cae al suelo del túnel. Al incorporarse, comienza a darse cuenta de la situación: en la penumbra del túnel puede ver como se apilan los cadáveres de los londinenses masacrados por los Dalek.

Danny Dalton (aturdido ante la dantesca visión): Oh mierda… ¿Qué ha pasado aquí?
Owen Harper (NW): Lo mismo que le va a pasar a tu cara… (lo aferra de las solapas) cuando acabe contigo.
Jack Harkness (NW): Owen, ¡no! (los separa) ¡Ya basta! ¡Los dos!
Danny Dalton: ¿Dónde están mis amigos?
Jack Harkness (NW): Han ido a recuperar el alma que vinisteis a buscar. Sí, me lo han contado todo. Wolfram y Hart, los viajes entre dimensiones… todo. Incluso que me parezco a ese tío tuyo, Russell T. Dalton.
Danny Dalton: ¿Por donde se han ido?
Jack Harkness (NW): Daniel, estas herido y…
Danny Dalton: ¡¿Por donde se han ido?!
Jack Harkness (NW): Por ahí… (Danny sale corriendo) ¡Pero necesitarás ésto!

Danny se detiene y agarra la pistola que Jack le arroja. La mira de arriba abajo: desde luego, no se parece a ninguna pistola que haya visto antes. Demasiadas lucecitas rojas que se encienden y apagan en su empuñadura.


Jack Harkness (NW): (viendo a Danny perderse entre los túneles) Buena suerte, hijo.
Owen Harper (NW): Espero… (subiendo al todoterreno) que sepas lo que estas haciendo, Jack…
Jack Harkness (NW) (sonriendo): ¿No lo sé siempre?

Tribunal: No, Capitán Harkness. No tiene usted ni idea de lo que hizo.
Jack Harkness: ¿Cómo dice…?
Tribunal: Sus actos, pese a no estar exentos de buenas intenciones, fueron los causantes del motivo por el cual se ha reunido esta comisión.
Jack Harkness: Pensé que este tribunal se había reunido para analizar la actuación de Torchwood 3 durante la invasión Dalek. ¿Cuál es su auténtico motivo pues?
Tribunal: Averiguar las circunstancias en las que el señor Andrew Mitchell desapareció. Y mucho nos tememos, Capitán Harkness, que usted fue parte responsable de ello.

Fin del Informe relacionado con Torchwood 3.
Para más información y transcripciones del proceso, por favor introduzca un código de acceso Nivel Ultravioleta.


CONTINUARÁ...

martes, 23 de junio de 2009

Sesión 20-06-09 (Parte 2 de 2)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Gavin Park (ND): Si, Roth, muchacho. Ahora yo soy el jefe de equipo. La señora Kauffmann acaba de ascenderme… (sonríe) ¿no te lo había dicho?

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…

Gavin Park (ND): Mira, Roth… (se acerca a él) Los dos sabemos que en Wolfram y Hart hay muchos intereses enfrentados. Y estoy seguro de que los dos tenemos nuestros propios intereses.

… O A MORIR EN EL INTENTO.
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, creo que trabajan para alguien de dentro de Wolfram y Hart.

Episodio 3x10.-
VLADIMIR KAMINSKI contra WOLFRAM & HART

Hospital Saint Betheleem. Los Ángeles.
5.22 AM.

Gavin Park (ND): Agente Pierce, del departamento de Homicidios.

Bajo las luces de las ambulancias y el trasiego habitual de una madrugada de sábado en urgencias; las credenciales psíquicas de Wolfram y Hart hicieron su trabajo y los enfermeros asintieron y dejaron pasar al agente Pierce.

Supervisor de Urgencias (ND): Ah, si. El vagabundo… Alguien lo dejó en Urgencias. Tenía una hemorragia bastante fea. Parece que ya lo han subido a planta. Habitación 302.
Gavin Park (ND): ¿Se sabe algo de quien lo trajo?
Supervisor de Urgencias (ND): No, señor. Pero es lo habitual, ¿sabe? Tenemos casos como ese todos los fines de semana…
Gavin Park (ND): Ya me imagino… Muchas gracias.

Pero no. Aquel tipo de perilla y pendiente en la oreja no tenía ni idea. No podía imaginar que el sin techo al que habían atendido era un psíquico, un precognitor capaz de ver el futuro. Había trabajado para Wolfram y Hart, concretamente para Sarah Kauffmann. Y había visto algo relacionado con aquellos viajeros dimensionales que, hacía ya tres meses, habían aparcado su tanqueta en la planta cuarta del bufete.

El psíquico, Vladimir Kaminski, había escapado de unas instalaciones de W&H. El azar quiso ponerlo en el camino de Gavin. Una magnífica forma de arreglar las cosas con Sarah Kauffmann tras el chasco de Gideon Grant. ¿Y que hace Gavin? Deja al bueno de Vladimir en manos de quien encabeza la lista negra de Wolfram y Hart: el vampiro con alma. El jodido Ángel.

Claro que quedaban menos de tres horas para que amaneciese. Con un poco de suerte, el chupasangres se habría retirado a su refugio y…

Ángel (ND): Voy con él.

Gavin escucha su voz y se detiene. Está ahí, junto al mostrador de enfermeras. Ángel lo saluda esbozando lo que para un vampiro eternamente melancólico debe ser lo más parecido a una sonrisa. Gavin suspira y asiente, resignado: “dejemos que crea que tiene las de ganar. Cuando llegue el comando de asalto de Wolfram y Hart, ya veremos si le quedan ganas de sonreir…”

Gavin Park (ND): Vaya. No pensaba encontrarte por aquí…
Ángel (ND): ¿Y dejarlo sólo, en manos de Wolfram y Hart?
Gavin Park (ND): Eh, ¿Quién crees que va a pagar las facturas del hospital?
Ángel (ND): ¿No has visto el informe médico? Tiene el cerebro como un colador. ¿Vas a decirme que no sabes nada de eso?
Gavin Park (ND): Ya te lo dije antes… Trabajo para Wolfram y Hart, sí. Pero es solo una tapadera, ¿vale? Ayudo a unas personas, a los…
Ángel (ND): A esos “viajeros” de los que hablaba el vagabundo, ¿no?
Gavin Park (ND): Exacto… (el ascensor se abre, dejándoles en la planta quinta) Aquí estamos, Ángel, muchacho…

Un amable policía deja de flirtear con la jefa de enfermeras y, diligentemente, guía a los dos supuestos detectives de homicidios hasta la habitación del paciente.

Policía 1 (ND): Creo que está dormido todavía. Pero si quieren iniciar el traslado…
Gavin Park (ND): Si, cuanto antes lo… (se queda petrificado) Mierda.
Ángel (ND), (también lo ha visto): Oh, no…

El policía aun no ha terminado de girar el pomo cuando Ángel y Gavin se percatan del haz de luz verdosa que ha parpadeado por un segundo, filtrándose bajo la puerta. Hay alguien dentro de la habitación con Vladimir. Y ellos saben quien es.

Ángel (ND): ¡A un lado!
Policía 1 (ND): Pero, ¿qué…?

Gavin saca su pistola mientras contempla como Ángel propina una potente patada contra la puerta. No sólo la saca de sus goznes sino que sale disparada como un proyectil plano, atravesando la estancia de lado a lado y destrozando el ventanal justo antes de caer al vacío.

Las sospechas se confirman cuando, en la penumbra de la estancia, el brillo jade que rodea a la joven oriental se convierte en la única fuente de luz. Junto a ella, otro individuo. Este no es tan corpulento como el gigantesco vagabundo que los atacó en el callejón… pero es sin duda más inquietante. Luce una cazadora de cuero, similar a la de los aviadores de la Segunda Guerra Mundial. Su rostro y sus manos permanecen ocultos bajo unos sucios vendajes.


Y en sus manos dos pistolas de nueve milímetros aparecen de la nada.

Con una desquiciada risotada, el misterioso sujeto cubre de balas la estancia, dejando a la joven una oportunidad de oro para tratar de llevarse consigo a Vladimir.

Uno de los proyectiles alcanza a Gavin en el brazo. Al menos tres muerden la carne muerta de Ángel. Lo único que consigue es enfurecerle. Cuando Gavin lo ve incorporarse, siente un escalofrío. Ha visto muchos vampiros. Pero en el rostro demoníaco de Ángel se pueden intuir las atrocidades que hizo cuando respondía por su otro nombre…

Ángel (ND): Espero que sepas volar… ¡Te hará falta!

Antes de que ese cruce de momia y pistolero pueda siquiera encañonarlo con su pareja de pistolas, Ángel lanza una patada aérea que se hunde en el pecho de su oponente. Lo desestabiliza lo suficiente como para que se precipite al vacío, a través del mismo hueco que dejó la puerta. Ángel ve como el cuerpo rompe la cristalera superior del atrio del hospital. No han transcurrido ni dos segundos cuando se escucha una pavorosa explosión que sacude los cimientos del hospital. Los gritos y la confusión se adueñan del lugar, dejando claro que ha llegado la hora de salir de ahí.

Ángel (ND): Es hora de salir de aquí (coge en brazos al inconsciente vagabundo) Esto ya no es seguro…
Gavin Park (ND): ¿Y a donde vas a llevarlo? ¡Esa cabroncilla de ojos rasgados puede volver a teleportarse en cualquier momento!
Ángel (ND): Créeme… Donde voy yo no podrá seguirme.
Gavin Park (ND): Espera, joder. Estoy herido…

Ángel se detiene por un instante y lo mira. La herida del hombro de Park no parece gran cosa. Sobrevivirá. Pero eso no es lo importante. Lo que realmente importa es que asegura estar haciendo el doble juego a Wolfram y Hart. ¿Y si fuera cierto? ¿Sería esto una oportunidad para conseguir un aliado dentro del bufete?

Ángel (ND): Maldita sea… (suspira y entrega una tarjeta de Investigaciones Ángel a Gavin) Cuando Wesley se entere… Va a volverse loco.

“Investigaciones Ángel”. Suburbios de la Zona Oeste.
5.59 AM


Wesley Wyndam-Pryce (ND): ¿Estas completamente loco? (baja la voz y lleva a Ángel aparte) ¡Has traído a un agente de Wolfram y Hart a la oficina!
Ángel (ND): Tranquílizate, Wes… Bajaré a ver como sigue nuestro invitado.
Wesley Wyndam-Pryce (ND): ¡Espera! ¿Vas a dejarme aquí con…? (Ángel baja las escaleras) Sí, vas a dejarme a solas con él.

Gavin ve desaparecer a Ángel escaleras abajo, quedándose con el tal “Wesley”. Tiene todo el aspecto de un bibliotecario. Y parece igual de peligroso. Gavin pasea la vista por el lamentable inmueble. De acuerdo: Ángel es un vampiro con más de dos siglos de experiencia. Pero ¿ese sitio? ¿Un tugurio que no vale ni el dinero de su demolición? ¿Y se supone que esta panda de perdedores es un peligro potencial para Wolfram y Hart? Fuese como fuese, a Sarah Kauffmann casi le da un infarto (o lo que sea que padecen las criaturas infernales) cuando se enteró de quien tenía en su poder a su vidente particular. Ahora era cosa de Gavin el sacarlo de ahí. Para ello había dos opciones. Y descartando el enfrentamiento directo con Ángel, solo quedaba una vía. La negociación.

A varios metros por debajo de sus pies, mientras Gavin daba vueltas a los argumentos que utilizaría para convencerlo; Ángel se adentró en la penumbra de su recámara. Bajo la titilante luz de las velas, Vladimir Kaminski se revolvía como un enfermo atormentado por visiones febriles.

Vladimir Kaminski (ND): Ah… Iusted…
Ángel (ND): Debería descansar. Esos cerdos de Wolfram y Hart le han…
Vladimir Kaminski (ND): Da, da… Ellos siacarme tioda la información con sus artilugios… (se señala la cabeza) Siolo piequeñas piezas sin sentido aquí, en mi quiabesa…

Es entonces cuando Kaminski comienza a relatar su historia. La historia del tercer hijo de un humilde matrimonio afincado en Vladivostok, Rusia. Le cuenta sobre las visiones del futuro que desde muy joven le privaban del sueño de los justos; y de cómo unos ricos hombres de negocios americanos llegaron un día, asegurándole el porvenir de su familia si aceptaba viajar con ellos, poniendo su don a su servicio.

Durante casi diez minutos, Kaminski llora al recordar las cosas que el bufete infernal le forzó a ver en el futuro. Finalmente, parece que logra reunir fuerzas para continuar…

Vladimir Kaminski (ND): Wiolfram y Hart cumplir su pialabra… Pero hace tries mieses, algo cambió. Lliegaron unas piersonas… de un liugar más allá de nuestro mundo…
Ángel (ND): ¿Los viajeros?
Vladimir Kaminski (ND): Da, da… Los viajeros. Mi supervisiora, Siarah Kauffmann, me encargó vier el fiuturo de ellos… Y cuando lo hice… me envió a ese liugar… ese laboratorio…
Ángel (ND): ¿Qué vio en el futuro... sobre esos viajeros?

La mirada de Kaminski, inyectada en sangre a causa de las hemorragias, muestra una mezcla de terror y decepción.

Vladimir Kaminski (ND): Sieñor Angel… Sé que me quieda poco tiempo y… De donde io vengo, se dice que quien no muere dionde nació, vivirá eternamente pierdido…

Antes de que pronuncie las palabras, Ángel ya sabe cual va a ser la petición de Kaminski. Y de antemano, sabe que piensa cumplirla.

A fin de cuentas, es el último deseo de un moribundo.


Despacho Privado de Maikah King, Nave Industrial 2.
Campo de Extracción Petrolífera “Pinewood”.
Afueras de Los Ángeles.
6:30 AM


Maikah King (ND): ¿Y para esta mierda tenías tanta prisa?

Con un firme tirón, Maikah arranca el pliego de impresora y se lo tiende a Gavin, que permanece recostado cómodamente en el sofá del despacho. A través de las cristaleras, a vista de pájaro, se puede ver cómo una pequeña tropa de limpiadoras, en su mayoría hispanas, limpia laboriosamente los vestigios de la “rave sangrienta” de esa noche.

Gavin Park (ND): Sabía que no sería nada para ti, Maikah, muchacho… Para ser el mejor organizador de fiestas privadas para vampiros con pasta, sigues siendo un hacker de la hostia.
Maikah King (ND): En serio, Park… ¿Para que quieres los planos de un viejo edificio de los suburbios?

Gavin no contestó y mantuvo la vista en aquel pliego de impresora: en él se podía ver hasta el más mínimo detalle de la estructura del edificio en el que se encontraba “Investigaciones Ángel”. Incluidos los “retoques” que el vampiro con alma había realizado en las alcantarillas. El mismo chupasangres estirado que lo había puesto de patitas en la calle hacía menos de una hora. Sin más explicaciones. “Ahora Kaminski está bajo mi protección.” Y punto. Ni negociación ni nada de nada. Así que Ángel quería jugar duro, ¿eh? Pues genial. Gavin esperaría a que fuese de día y luego… bueno, los detalles ya los arreglaría luego. Por el momento le bastaba encontrar una vía de acceder al cubil de Ángel. Y parecía que la clave estaba en las alcantarillas.

Maikah King (ND): Bueno, colega… Si no se te ofrece nada más…
Gavin Park (ND): En realidad, sí. Hay otra cosa… (tendiéndole una tarjeta con un número de serie escrito al dorso) Quiero que accedas a este servidor.
Maikah King (ND): Esto es un servidor de Wolfram y Hart… No, ni de coña. No muerdas la mano que te da de comer, colega…
Gavin Park (ND): Vamos, Maikah, muchacho… ¿Olvidas quien te dió los contactos para que montases tu chiringuito para chupasangres con pasta?

En el fondo, bajo las ropas de chico malo y las rastas a lo “perro salvaje”, Maikah seguía siendo el mismo “nerd” hacker al que Park había salvado el pellejo un par de años atrás. Aun tenía ese sentido del honor que a Park tanto le gustaba explotar.

Maikah (ND): Mierda… (agarrando su portátil) Pero esto salda mi deuda, ¿vale?
Gavin Park (ND): Maikah, muchacho… (sonríe) Deuda saldada.

No pasan ni cinco minutos cuando Maikah termina su trabajo. Mientras asimila los datos que el joven hacker le ha dado, Park se despide mecánicamente de él y abandona la nave industrial, completamente enfrascado en sus pensamientos. No puede dejar de darle vueltas. El archivo de información personal sobre James Roth tenía tres sellos de seguridad. Hasta ahí nada que no supiese ya el propio Park.

Sin embargo, lo más interesante es que los dos primeros habían sido dispuestos por Sarah Kauffmann… mientras que el tercero, un sello invisible para los demás usuarios internos del bufete, había sido puesto recientemente por otra persona.
Por Holland Manners.


Park lo había dicho pensando que era una pista falsa. Y al final iba a resultar que iba a ser cierto. Que James Roth trabajaba realmente para Holland Manners.

Gavin Park (ND): Hay que joderse… Se pone interesante.
Stewie (ND): ¿Perdona, colega?

Gavin sale de sus pensamientos al tiempo que se percata de que ya está en el taxi. Stewie lo mira, entre inquieto y expectante. Ha oído historias sobre las fiestas que se organizan aquí y siendo un simple mortal es normal que tenga ganas de irse de aquí.

Stewie (ND): ¿A dónde vamos, jefe?
Gavin Park (ND): Volvemos a donde me recogiste, Stewie, muchacho… (mira la tarjeta de “Investigaciones Ángel” que reposa entre sus dedos) He olvidado algo importante ahí.

Terminal 5.
Aeropuerto Internacional de Los Ángeles.
6.28 AM


“… Última llamada para los pasajeros del vuelo Oceanic 795 destino Vladivostok, con escala en Tokio, por favor embarquen por puerta seis…”

Ángel (ND): Ése es su vuelo, señor Kaminski.

Vladimir se da la vuelta, algo sobresaltado. De no haber estado tan ensimismado viendo los monitores de televisión del aeropuerto, tampoco hubiese podido ver el reflejo de Ángel a su espalda.

Vladimir Kaminski (ND): Griasias, sieñor Angel…
Ángel (ND): Su vuelo sale en apenas unos minutos, señor Kaminski. Sé que puede ser doloroso para usted pero…
Vladimir Kaminski (ND): Quiere siaber lo que vi siobre esos viajeros… (asiente con la cabeza) Lio quiomprendo… Debería iusted decírles a ellos lo que io ví…

Y Kaminski susurra unas breves palabras al oído del vampiro con alma.
De haber tenido un corazón que funcionase, puede que habría dejado de funcionar durante un segundo al escuchar lo que le dice el vidente moribundo.

Ángel (ND): ¿Está…? ¿Está usted seguro?
Vladimir Kaminski (ND): Nada es sieguro en iesta vida, sieñor Ángel… Nada salvo la muerte… Dasdivania, sieñor Ángel. Y gracias pior todo.

Ángel lo ve desaparecer entre la multitud de turistas y hombres de negocios que se pierden más allá de la puerta de embarque.

Quince minutos después, el Oceanic 795 hace la maniobra de despegue bajo el cielo púrpura. Apoyado contra su descapotable negro, el vampiro con alma lo contempla mientras da vueltas al misterioso mensaje que le ha dejado el vidente moribundo. Y comprende por qué Wolfram y Hart tiene tanto interés en recuperarlo. No deja de pensar en que el vuelo hará una escala en Tokio. Japón. Sus atacantes eran todos japoneses. ¿Ha puesto a salvo a Vladimir? ¿O lo ha enviado a una trampa segura?

La respuesta viene por si sola.
Apenas ha levantado el vuelo, el Oceanic 795 estalla en una pavorosa bola de fuego. Queda menos de una hora para el amanecer pero por un segundo parece que el sol se ha adelantado. Mientras los fragmentos llueven sobre la pista y comienzan a escucharse las primeras sirenas; Ángel mira a su espalda.

Una nube de polvo de jade flota en el ambiente y un pensamiento cruza la mente del vampiro con alma.

“Fue un trabajo eficaz, pequeña teleportadora de ojos rasgados… Pero no debiste firmarlo.”

A una manzana y media de “Investigaciones Ángel”.
Suburbios de la Zona Oeste.
7.31 AM


Gavin Park (ND): En serio… (se incorpora y se da la vuelta) Tienes que dejar de acechar a la gente.

Ahí, de pie en la entrada de aquel callejón, con una tapa de alcantarillado a medio abrir; Gavin Park trata de mantener una sonrisa de poker ante un vampiro con alma de más de doscientos años. No es nada fácil. Aunque lo hubiese sido de no ser por el maldito atasco que Stewie encontró a la salida de la interestatal tres.

Gavin Park (ND): He oído por la radio lo del vuelo ese de Los Ángeles-Vladivostok. Vaya cagada, ¿eh?
Ángel (ND): Maldito… (lo aferra por las solapas del traje y lo levanta como un muñeco de trapo) Lo habéis matado. Tú y tus amigos de Wolfram y Hart.
Gavin Park (ND): ¿De qué estas hablando?
Ángel (ND): La chica teleportadora… ¡Ella ha tenido algo que ver en el atentado del avión!
Gavin Park (ND): Ángel, muchacho, te recuerdo que también han intentado matarme a mí. Te aseguro que no trabajo para esa chica, ¿vale? Además…

Gavin mira por encima del hombro de Ángel. Y sonríe. Los primeros rayos de sol se filtran entre los rascacielos del centro. Dentro de muy poco, Ángel comenzará a parecerse mucho a una hamburguesa muy hecha.

Sin delicadeza alguna, Ángel deja caer a Gavin sobre el asfalto.

Ángel (ND): Vas a darles un mensaje a esos a los que Kaminski llamaba “los viajeros”. Diles que quiero hablar con ellos. En persona.

CONTINUARÁ…

lunes, 22 de junio de 2009

Sesión 20-06-09 (Parte 1 de 2)

ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
Gavin Park (ND): Si, Roth, muchacho. Ahora yo soy el jefe de equipo. La señora Kauffmann acaba de ascenderme… (sonríe) ¿no te lo había dicho?

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…

Gavin Park (ND): Mira, Roth… (se acerca a él) Los dos sabemos que en Wolfram y Hart hay muchos intereses enfrentados. Y estoy seguro de que los dos tenemos nuestros propios intereses.

… O A MORIR EN EL INTENTO.
Gavin Park (ND): Vanister y Roth… Señora Kauffmann, se lo advierto: puede que trabajen para alguien de dentro de Wolfram y Hart.

Episodio 3x10.-
VLADIMIR KAMINSKI contra WOLFRAM & HART

Aeropuerto de Los Ángeles.
2:45 AM.


“... lo que muchos llaman ya “la maldición Grant”. Un año después del atentado que dejó graves daños en la orgullosa Torre Grant, el evento organizado por el magnate neoyorquino tuvo que ser cancelado a causa de las sospechas de un nuevo complot terrorista contra él. Fuentes próximas aseguran que Gideon Grant se encuentra fuera de peligro, recuperándose de la...”

La periodista no llega a terminar la frase: el monitor de televisión, junto a los otros siete que emitían la noticia por distintos canales, se funde en una cascada de chispas. Los murmullos se extienden por la terminal del aeropuerto mientras varios operarios acuden extintor en ristre, dispuestos a aplacar el pequeño incendio que han provocado los televisores. Cuando dentro de un par de horas abran el vientre de esos monitores probablemente se pregunten cómo demonios se han podido fundir desde dentro.

Gavin Park sonreiría de no ser porque conoce la respuesta. A fin de cuentas, hacer que las cosas se derritan ante su mirada es uno de los terroríficos poderes que ostenta Sarah Kauffmann, enviada de los Socios Fundadores, alta ejecutiva de Wolfram y Hart y, actualmente, su jefa directa.

Sarah Kauffmann (ND): Estoy muy decepcionada, señor Park... Mucho.

Junto a dos guardaespaldas, Gavin camina junto a la enfurecida ejecutiva, tratando de buscar una excusa. Su mejor excusa.

Gavin Park (ND): No sé cómo el profesor Vanister pudo llegar tan deprisa a Nueva York. Sin duda recibe ayuda de quien sea que le ayuda desde dentro del bufete...
Sarah Kauffmann (ND): Es obvio quien ha ayudado al señor Vanister. Y sin duda, también está empleando a Braddock y Dalton en mi contra.

Apenas han salido de la terminal y ya está ahí la enorme limusina de Kauffmann. Un criado oriental ciego, anciano, alto y delgado como un palillo abre gentilmente la puerta del coche a la señora Kauffmann.

Sarah Kauffmann (ND): Es Holland Manners, señor Park. Es él quien está ayudando a Vanister y los demás. Debería aprovechar el hecho de que estarán ausentes las próximas horas para tratar de averiguar algo más sobre ellos. Estoy...

El sirviente la interrumpe un instante, susurrando algo a su oído. Gavin no puede ni imaginarse lo que es. Pero sin duda debe ser una terrible noticia. El semblante de por sí furioso de Kauffmann se torna incluso pálido. ¿Es miedo lo que ve Park en los ojos de la zorra infernal?

Sarah Kauffmann (ND): Señor Park, tengo... asuntos importantes que atender. Espero por su bien que en las próximas horas encuentre alguna pista que demuestre la implicación del señor James Roth, Vanister y demás con Holland Manners. Nadie me decepciona dos veces y vive para contarlo, señor Park.

La limusina se aleja mientras Park trata de acallar esas voces que le repiten una y otra vez “estás en un aeropuerto, muchacho: ¡pilla el primer vuelo a cuanto-más-lejos-mejor y pon un océano de por medio entre tú y esa jodida puta demoníaca!”

Pero, en lugar de eso, Park hace un gesto a uno de los taxis que se apilan en el acceso del aeropuerto. El conductor, un chico de apenas veinte años y estética de los Beach Boys.

Stewie (ND): ¿A dónde, colega?
Gavin Park (ND): Cien pavos si me llevas volando al Hotel Ambassador.
Stewie (ND): Por cien pavos le llevo al infierno si quiere, colega.
Gavin Park (ND): Por el momento, el Ambassador bastará... Gracias.

Son las tres de la madrugada y está agotado. Pero el inocente comentario de Stewie, el taxista, ha bastado para recordarle a Park lo que se está jugando. No hay tiempo para descansar: conecta su portátil y teclea frenéticamente, tratando de bucear entre las fichas de personal de Wolfram y Hart. “Veamos quien eres realmente, James Roth...” Las sospechas son claras: Roth es el único de Wolfram y Hart que ha tenido contacto con Vanister y los chicos. Sin duda el primer candidato en una lista muy corta de posibles topos enviados por Holland Manners para buscar las cosquillas a Kauffmann.

Es entonces cuando se activan tres defensas informáticas. Tres barreras para proteger un simple archivo de personal. Park teclea a toda velocidad, luchando por borrar sus huellas. Parece que es demasiado para sus habilidades como hacker. Tendrá que buscar ayuda... y Park sabe exactamente a quien llamar.

Pero antes de poder hacerlo, su taxista frena el coche.

Stewie (ND): Eh, ¿colega?... El Ambassador.

Gavin baja del taxi con la tarjeta de Stewie entre los dedos: parece que se ha ganado un chofer de confianza. Camina bajo una insípida pero molesta lluvia, en una madrugada incómoda. Está a pocos metros de la marquesina del hotel cuando ve a dos miembros del personal de seguridad sacando la basura... por la puerta principal.

El vagabundo forcejea, soltando improperios en un idioma que parece venir del bloque del Este. Los guardias de seguridad no le entienden ni les importa. Cuando lo dejan en la calle, se dan la vuelta, de regreso al Ambassador.

Park pasa junto al vagabundo, sintiendo ese escalofrío que le recorre el espinazo siempre que está a punto de meterse en problemas. Cuando siente la mano del pordiosero aferrarse a su pierna, sus sospechas se confirman.

Gavin Park (ND): Eh, amigo... No...
Vagabundo (ND): Usted.... Usted les conoce...

El tipo luce un chubasquero marrón, sucio y mojado. Aparenta unos treinta años, es más gordo que corpulento y lo mira con unos ojos verdes inyectados en sangre. Sangre... como la que mana por su nariz.

Gavin Park (ND): Oiga, amigo... Su nariz...
Vagabundo (ND): ¡Usted les conoce!
Gavin Park (ND): ¿Conocer... a quien?
Vagabundo (ND): ¡A los viajeros! ¡Usted conoce a los viajeros que vinieron de otro mundo!

Callejón próximo al Hotel Ambassador.
3.32 AM.

Una vez más, Cordi había acertado de pleno.
Ángel se aproximó al borde de la azotea, contemplando los cuatro pisos en caída libre que lo separaban del asfalto mojado del sucio callejón. El vagabundo apareció tambaleándose sobre sus propios tobillos mientras gesticulaba y hablaba de forma atropellada, entre nervioso y delirante. Hace más de cien años que no escucha el acento pero Ángel no lo duda: es ruso, probablemente de las regiones próximas al estrecho de Bering. Si ese vagabundo es el protagonista de una de las visiones de Cordi es porque los “Grandes Poderes” quieren protegerlo de un peligro inminente. La pregunta ahora era… ¿qué peligro?

Gavin Park (ND): Tranquilo, amigo, tranquilo… Explíqueme detenidamente eso de los viajeros.

El tipo que acompaña al sin techo va vestido con un traje de dos mil dólares. Su ritmo cardíaco es acelerado y es definitivamente humano. Por un segundo, Ángel se plantea que quizá sea ese pobre tipo quien va a ser víctima del vagabundo. Empieza a barajar posibilidades (un cambiaformas, un vampiro de las alcantarillas, un brujo…)
…hasta que escucha la palabra mágica.


Vagabundo (ND): Sé que… triabajas para Wolfram y Hart… Pero ieres amigo de los viajeros… Debo advertierles…

“Wolfram y Hart”. Si su estómago aun funcionase, Ángel sentiría ganas de vomitar: desde las alturas, escucha como el tipo trajeado y oriental reconoce trabajar para ese bufete de alimañas demoníacas. Por lo poco que ha dicho el vagabundo, parece que éste ha conseguido escapar de uno de los muchos cubiles que la firma tiene en Los Ángeles para solo el Diablo sabe qué impíos propósitos. Eso da igual ahora: ya tendrá tiempo de hablar con el sin techo… en cuanto dé buena cuenta del picapleitos.

Su gabardina negra ondea al viento mientras se deja caer. Sus pies tocan el suelo, interponiéndose entre el vagabundo y el trajeado.

Angel (ND): Esté tranquilo, señor. Me llamo Ángel y estoy aquí para protegerlo… (se gira y mira a Park) Esto no llevará mucho tiempo…
Gavin Park (ND): ¡Joder…! (saca su pistola) ¿Quién eres tú?
Angel (ND): ¿Y… (sorprendido, mirando más allá de Park)… ¿quien es él?
Gavin Park (ND): Vamos, ¿de verdad crees que caeré en un truco…?

Gavin enmudece al escuchar unas guturales palabras en japonés a su espalda. Al darse la vuelta, tanto él como Ángel pueden ver una figura que los observa desde el acceso del callejón. Mide dos metros y algunos centímetros más, luce una melena larga junto con una barba poblada. Su indumentaria, como su aspecto, son los de un vagabundo. Por un momento, casi parece una simple pelea de sin techos.

Es entonces cuando un coche atraviesa la avenida y sus faros iluminan por un segundo el callejón. Dura un parpadeo… lo suficiente como para que Ángel y Park vean proyectada la auténtica sombra del vagabundo japonés en la pared. La sombra de un temible samurai, enfundado en su armadura de batalla… y katana en ristre.

Ángel (ND), (murmurando para sí): “¿Para qué vas a ir armado, Ángel?” “No necesitarás tu espada, Ángel”… Es la última vez que te hago caso, Wes…

Con un feroz grito de samurai, el vagabundo se lanza contra Ángel. Éste acepta el reto y corre en su dirección. Una patada que habría decapitado a cualquier humano apenas si tuerce de forma imposible la mandíbula del gigante japonés. Con una sonrisa, el coloso se recompone la quijada y se lanza de nuevo contra Ángel.

Ángel (ND): Vale… (mira hacia la entrada del callejón: se escucha un camión de la basura acercándose) Plan B.

El gigantón está tan cegado por su frenesí de samurai que no reacciona a tiempo: Ángel aguarda el tiempo necesario para retirarse un poco y efectuar un derribo. El gigantón tropieza y se estrella contra el camión de basuras. El impacto es tal que su cuerpo acaba estampado contra un escaparate de una lujosa boutique.

Ángel se da la vuelta, pensando que quizá ha sido una treta de distracción por parte del ejecutivo de Wolfram y Hart. Sin embargo, esa teoría se desvanece en cuanto comprueba que el trajeado está siendo atacado por un peculiar oponente. No llegará a los veinte, viste con ropa de cuero negro y lleva el pelo cortado en punta y tintado de violeta. Una especie de aureola de polvo de jade envuelve a la adolescente japonesa que intenta estrangular al tipo de Wolfram y Hart. “¿Debo salvarlo?”

Antes de poder contestar, Park consigue zafarse y encañona con su pistola a la chica. Ésta se desvanece en el aire, en un estallido de luz verde acompañado de una polvareda de jade.

Ángel (ND): Definitivamente, no son humanos… (mira a Park) ¿Amigos tuyos?
Gavin Park (ND): Claro…(irónico) Por eso han intentado matarme. A mi y a…

Va a señalar al vagabundo. Pero éste yace en el suelo. Inconsciente. Mientras Park trata de reanimarlo, Ángel no necesita acercarse para comprobar que apenas tiene pulso.

Ángel (ND): Necesita un hospital… (lo coge en brazos) Y lo tendrá.
Gavin Park (ND): El más próximo es el Saint Betheleem… Nos vemos allí, ¿de acuerdo?

Ángel no le responde. Por un momento se plantea llevarlo directamente a “Investigaciones Ángel”. Pero lo cierto es que necesita ayuda médica. Y si no lo lleva a ese hospital, posiblemente muera. Maldita sea...

Gavin Park (ND): ¿¡De acuerdo!? (Park ve impotente como Ángel alcanza la azotea de un solo salto) Jodidos vampiros…

Es en ese momento cuando suena su móvil. Es Sarah Kauffmann… ¿Quién dijo que la noche no podía empeorar?

Gavin Park (ND): Park.
Sarah Kauffmann (ND): ¿Señor Park? (por teléfono)
Gavin Park (ND): Verá, señora Kauffmann, yo…
Sarah Kauffmann (ND): Escúcheme, señor Park. Hay un cambio en sus prioridades. Una de nuestras instalaciones de investigación en Los Ángeles ha sufrido un ataque hace unas horas… y uno de nuestros mejores videntes ha desaparecido.

Y Sarah Kauffmann empieza a hablarle de Vladimir Kaminski, el psíquico precognitor desaparecido. Cuando ve la foto del tal Kaminski y reconoce sus facciones en el rostro de aquel vagabundo que ha dejado en manos de ese vampiro…

Es entonces cuando Park ya sabe que está metido de mierda hasta el cuello.

Sarah Kauffmann (ND): Encuéntrelo y tráigamelo con vida… con la mayor discreción. ¿Ha quedado claro?
Gavin Park (ND): Sólo una última cosa, señora Kauffmann… ¿conoce a un tal “Ángel”?

CONTINUARÁ…

jueves, 18 de junio de 2009

Sesión 13-06-09 (Parte 2 de 2)

PREVIAMENTE, EN "RINGS"...
(http://rings-therpgseries.blogspot.com/)

...Y ANTERIORMENTE, EN NEVERFIELD...
Marcus Vanister: Creo que nuestra prioridad es reparar la "Alfombra Mágica" y regresar a nuestro mundo, procurando no alterar aún más el curso de los acontecimientos de esta realidad paralela…

ARROJADOS A UNA ODISEA ENTRE DIMENSIONES ALTERNATIVAS…
Profesor Vanister (NE): Es la tanqueta. Lo que ha construido tu padre no es una máquina de salto dimensional. Es una máquina de guerra.

ENGAÑADOS POR EL LIBRO DE LAS SOMBRAS…
Marcus Vanister (WF): Está vivo, señor Dalton. El Libro de las Sombras es un ente extraordinariamente poderoso.
***
Libro de las Sombras (en Ben Braddock): SOMOS UNO. SOMOS MUCHOS… ¡¡SOMOS LIBRES!!

CAPTURADOS POR WOLFRAM & HART…
James Roth (ND): El señor Manners tiene el Corazón de Krahan... aunque ustedes lo conocen mejor como "el prisma".
Ben Braddock (NE): Pero no tenemos la máquina de salto dimensional... así que no nos vale para nada.

CONDENADOS A ENMENDAR SUS PROPIOS ERRORES…
Ben Braddock (NE): ¿Qué ocurre, Danny? ¿De quién es esa carta?
Danny Dalton (leyendo): Leonard…es de Leonard.
Ben Braddock (NE): ¿Quieres decir que ellos le tienen? ¿Que está ... vivo?

… O A MORIR EN EL INTENTO.
Ben Braddock (NE): No… No puede ser…
Padre Vincent Layton (ND): Me temo que si. Fred Fesster es una de las almas que deberán capturar.

Episodio 3x09.-
RINGS contra NEVERFIELD (Parte 2 de 2)

Vestíbulo de la Torre Grant.
Nueva York, 20.16 horas.
Marcus Vanister.

Los flashes cubren la alfombra roja. Por suerte, los periodistas y paparazzis están más centrados en las celebridades que bajan de las limusinas como para fijarse en la peculiar pareja que pasa en segundo plano, justo por detrás de una modelo anoréxica y un célebre rapero. Un escalofrío recorre la espalda de Marcus Vanister cuando piensa que quizá esa pareja sean de los elegidos por Gideon Grant para recibir uno de los veinte anillos demoníacos con los que piensa premiar a las celebridades neoyorquinas.

Su mente regresa al aquí y al ahora cuando su acompañante le aprieta el brazo.

Amanda Lomax (ND): Fíjese, profesor... Ahí está Grant. Y... Oh Dios...

La joven enmudece al reconocer a Bradley Braddock y a James Hetfield entre los guardaespaldas que acompañan a Gideon Grant. El profesor Vanister comparte la impresión de la joven... pero por distinto motivo.

Amanda Lomax (ND): No reconozco a la mujer con la que habla Grant. La que va acompañada de ese individuo oriental.
Profesor Vanister (NE): Me temo que yo si les conozco... a los dos. El individuo oriental es Gavin Park y la mujer es Sarah Kauffmann, de la directiva de Wolfram y Hart en Los Ángeles...
Amanda Lomax (ND): Oh, Dios...
Profesor Vanister (NE): Hay demasiada seguridad en el edificio... Espero que mis jóvenes amigos hayan pensado como acceder.
Amanda Lomax (ND): Parecen muy intrépidos, la verdad...
Profesor Vanister (NE): Eso, señorita Lomax, es precisamente lo que me preocupa...

Sobrevolando la Torre Grant.
Nueva York, 20.21 horas.
Danny Dalton y Ben Braddock.

Policía Metropolitana (por la radio): Atención, vuelo no identificado. Le habla el departamento de policía de Nueva York. Está violando espacio aéreo restringido. Por favor, identifíquese...

Mientras la avioneta tiembla con cada turbulencia del aire, el piloto, Pete Beaumont, mira hacia atrás: en la plataforma de salto, se encuentran los dos jóvenes agentes del FBI que se presentaron hace una hora en su oficina de Queens. Cuando Pete montó su escuela de paracaidismo nunca pensó que recibiría un encargo como aquel...

Pete Beaumont (ND): ¡Oigan! ¡Ya estamos en la zona de salto pero tengo a la policía al otro lado de la radio!. ¿¡Les digo que es un asunto federal!?

Danny y Ben se miran por un segundo. Ambos sabían que, por muy bien que funcionasen las identificaciones psíquicas que Wolfram y Hart les habían proporcionado, la policía iba a estar vigilando los alrededores de la Torre Grant. Sobre todo teniendo en cuenta que, hacia cosa de un año, ese mismo edificio había sufrido un atentado terrorista mediante la táctica del helicóptero kamikaze.

Pete Beaumont (ND): ¿¡Qué les digo!?

Danny se limita a sonreir y presiona la palanca. El suelo se abre bajo sus pies y los de Ben. Y de repente, sus estómagos sienten la presión de quien se ve privado del suelo. Danny lanza un alarido triunfante mientras la adrenalina se dispara. Ben, sin embargo, no reacciona bien ante el movimiento sorpresa de su compañero... y abre el paracaídas tan rápido que éste se engancha en el ala de la avioneta. La presión en torno a su cuello no deja lugar a dudas:
o corta las amarras y se deja caer al vacío. O morirá ahorcado a cientos de metros del suelo.

En menos de un segundo, Ben da gracias a Dios por dos cosas. La primera, llevar consigo una pequeña navaja multiusos. La segunda, contar con un paraca de emergencia.

A varios cientos de metros por debajo, Danny siente el viento golpear su cuerpo. Apenas alcanza a ver nada. Las luces de la ciudad van haciéndose más brillantes y es entonces cuando descubre que la Torre Grant se aleja de su trayectoria. Aterrizar en mitad de la calle será la mejor forma de llamar la atención de la seguridad del edificio. Aunque no será ni la mitad de malo que aterrizar con los dientes, claro.

En ese momento, Danny siente la mano de alguien que le toma del brazo derecho. A su lado, Ben mueve frenéticamente sus manos, tratando de indicar a Danny que ha llegado la hora de tirar de la anilla.

Menos de tres minutos después, ambos se encontrarán sobre la azotea. Pero lo que pasa en esos eternos instantes se pierde en el mar de adrenalina que llena la cabeza de los dos. Ben rueda por el suelo de la azotea de la Torre Grant, revolviéndose y enredándose en su paracaídas. Para cuando logra liberarse del mismo, Danny lo mira como un James Bond cualquiera: aun con el paracaídas a la espalda, con su elegante traje de chaqueta negro y fumando un cigarrillo.

Danny Dalton (satisfecho): Debo reconocerlo, Capi... esto del paracaídas ha molado un huevo.
Ben Braddock (NE): Si... (entre asustado y agotado) Un huevo... Lo que tu... (sorprendido) Oh, mierda...

Danny se da la vuelta y ve el cuerpo de un guardia de seguridad de la Torre Grant. Yace a varios metros de un helicóptero que reposa sobre la plataforma del helipuerto. En su pecho, una pavorosa herida de escopeta. Si no está muerto, le queda poco.

Danny Dalton: Capi... Creo que alguien se nos ha adelantado.

Salón de Recepciones. Planta Baja de la Torre Grant.
Nueva York, 20.32 horas.
Marcus Vanister.


Gavin Park (ND): En efecto, trabajo para Wolfram y Hart. Me llamo Gavin Park...

Le tiende la mano, sonriente y diligente como siempre. El profesor Vanister sonríe bajo su barba postiza: un acento alemán y un poco de interpretación de teatro aficionado parecen ser suficientes para que Park no sospeche de él. Una pena que a Vanister no le importe lo más mínimo revelar sus cartas. No a Park. No a alguien que tiene tanto perder como ellos. Sobre todo ahora que Amanda está lo bastante lejos como para verse involucrada.

Gavin Park (ND): Y dígame, Herr Vandervilt... ¿Cuál es el problema que nuestro bufete puede solventarle?
Profesor Vanister (NE): Verrá, tratarrse de... (se acerca en confidencia y revelando su auténtica voz) ... de un socio traidor.

A juzgar por la velocidad en la que Park trata de zafarse de su mano, Vanister deduce que su esfínter acaba de pasar a Defcon 2.

Gavin Park (ND): Vaya... eh... (mira para todos lados, tratando de escabullirse) Acabo de recordar algo... Si me disculpa...
Profesor Vanister (NE): Si cree que puede jugárnosla, señor Park... piense que usted también tiene asuntos por los que responder. ¿O cree que he olvidado lo que ocurrió en aquel aeródromo?

El miedo es mayor que su prudencia y Gavin se zafa de un fuerte tirón, quedando libre de la presa de Vanister. Éste lo ve alejarse, perderse entre la gente. Parece que ha conseguido asustarlo.
O al menos eso es lo que el profesor espera.

Profesor Vanister (NE): Espero que el señor Dalton y el señor Braddock tengan más suerte...

Azotea de la Torre Grant.
Nueva York, 20.40 horas.
Danny Dalton y Ben Braddock.

Ben Braddock (NE): ¡Por fin! ¡Ya era hora!

Aun con sus armas encañonando al joven, los dos guardias de seguridad se miran confusos. A menos de cinco metros, junto al cuerpo de uno de los suyos, un joven trajeado permanece arrodillado, intentando hacer un torpe masaje cardíaco.

Ben Braddock (NE): ¡Soy yo quien les ha llamado! (saca su cartera de la chaqueta y la abre ante ellos) ¡Agente Meadaboy, FBI!

Pero en esa cartera los dos guardias de seguridad no ven nada. Absolutamente nada. Comparten una mirada fugaz y asienten. Uno de ellos se acerca y un segundo antes de que pueda lanzarse sobre Ben, éste se adelanta a su movimiento. Consigue reducirlo a tiempo de ver como Danny sale de entre las sombras, encargándose del segundo guardia.

Danny Dalton: Te dije que confías demasiado en ese cacharro psíquico de Wolfram y Hart, Capi... (mira a los guardias de seguridad) No tardarán en dar la alarma.
Ben Braddock (NE): Pues entonces... (sostiene la pistola de uno de los guardias) Entonces vamos a darles un buen motivo de alarma.

Danny sigue la mirada de Ben hasta una de las esquinas de la azotea. En ella, hay un kit completo de lucha contra incendios. Dos máscaras antigás... y un extintor.

Danny Dalton: ¿Qué...? (sonríe) No estarás pensando...
Ben Braddock (NE): Si, Danny... Lo estoy pensando.

Salón de Recepciones. Planta Baja de la Torre Grant.
Nueva York, 20.40 horas.
Marcus Vanister.


Gideon Grant (ND): Señoras y caballeros: un segundo de atención, por favor...

Un centenar de cabezas se giran al unísono: junto al atril de presentaciones, los focos se centran en la silueta de Gideon Grant.

Gideon Grant (ND): Vamos a proceder con la entrega de los galardones. Sin embargo, por motivos de seguridad, la ceremonia se llevará a cabo en una habitación a parte. Por supuesto, y como no quiero que ninguno de los presentes se pierda el magnífico discurso que he preparado...

Las luces se encienden de nuevo y revelan una gigantesca pantalla plana que surge de una de las paredes. Los aplausos no tardan en aparecer mientras Gideon Grant abandona el atril, bajo los flashes de las cámaras. Sarah Kauffmann, acompañada de Gavin Park, entra en la habitación. Tras ella, Bradley Braddock y James Hetfield.

El profesor Vanister prueba un sorbo de champagne, tratando mantener una imagen de tranquilidad absoluta. Pero no puede... Tiene que hacer algo. O veinte de las personas más influyentes de una de las ciudades más importantes del planeta se convertirán en demonios.

Marcus Vanister (NE): Esto… (murmurando) Esto no es una buena idea…

Pero antes de poder pensarlo dos veces, sus manos ya han activado la alarma de incendios. La confusión y el miedo se propagan a la vez que los murmullos de la concurrencia.

Gideon Grant (ND): Tranquilícense, por favor. No hay motivos para…

Y es en ese instante cuando todos sienten el rumor inequívoco de una explosión lejana. Los muros vibran por un segundo.

La siguiente señal de que algo va mal es el estruendo de uno de los cinco ascensores del edificio estampándose contra el suelo de la planta baja.


Escaleras de la Torre Grant.
Nueva York, 20.43 horas.
Danny Dalton y Ben Braddock.

Agente de Seguridad 1 (a través de un walkie): Repito, una explosión en la planta diez. No, aun no sabemos nada…
Agente de Seguridad 2: Espera, Ted… Mira.

De entre el humo, surgen dos figuras. Llevan elegantes trajes negros y lucen las máscaras antigás reglamentarias contraincendio. Una de las dos figuras carga con la segunda, que parece malherida.

Agente de Seguridad 1: Dios, ¿qué ha pasado?
Enmascarado 1: El ascensor de la planta 10… Dios, es horrible. ¡Hay más gente ahí arriba! ¡Necesitan ayuda!
Agente de Seguridad 2: Muy bien, quedaos aquí. (al otro agente) ¡Vamos!

Una vez han desaparecido escaleras arriba, Danny Dalton se quita su máscara por un segundo y sonríe.

Danny Dalton: Y el Oscar al Mejor Actor es para…
Ben Braddock (NE): Vaya… (quitándose la máscara) ¿Quién iba a pensar que un extintor iba a provocar semejante explosión?
Danny Dalton: Capi, a veces das miedo… Bueno, ¿y ahora?
Ben Braddock (NE): Ahora a los subterráneos. Allí está el generador. Lo apagamos y esperamos que el profe haga su parte.

De nuevo con las máscaras antigás ocultando sus rostros, Danny y Ben consiguen llegar hasta la planta baja. El caos y la confusión que se ha extendido entre los invitados a la fiesta pone las cosas fáciles a la hora de llegar hasta el sótano.

Otra cosa que ayuda, claro, es descubrir que alguien ha llegado antes que ellos: las dos cerraduras de seguridad han sido reventadas y otros dos agentes de seguridad yacen en el suelo con heridas de escopeta.

Danny Dalton: Joder… (aferra su pistola) Vale. Sea quien sea, tiene que estar ahí dentro. A la de tres. Uno, dos…
Ben Braddock (NE): ¡Tres!

Bajo las luces rojizas de emergencia, el sótano es un lugar mucho más claustrofóbico de lo que podían esperar. Entre un sin fin de tuberías y conductos, un viejo y corpulento conocido de Ben y Danny los mira mientras manipula uno de los depósitos de agua.

Arthur Craig (ND): ¿Qué pasa, amigos?
Ben Braddock (NE): Señor Craig… Veo que al final ha podido venir.
Arthur Craig (ND): Veinte anillos son muchos anillos…
Danny Dalton: ¿Y qué se supone que está haciendo?

Danny observa como Craig vierte el contenido de una botella marcada con una cruz en el interior de uno de los conductos. Ben los mira, siguiéndolos con la mirada. Y entonces, con el sonido de la alarma contra incendios sonando en el piso de arriba, lo comprende.

Ben Braddock (NE): Espera… Agua bendita, alarma contraincendios… Oh, joder…
Arthur Craig (ND): Si. Y ahora, id a por ese bastardo de Grant. Creedme... Va a preferir haberse quedado en el infierno.

Y a modo de confirmación, un grito completamente inhumano eclipsa la alarma contraincendios.

Salón de Recepciones. Planta Baja de la Torre Grant.
Nueva York, 20.44 horas.
Marcus Vanister.


Hace un segundo que los aspersores se han puesto en marcha. Marcus Vanister pensaba que iba a ser mucho más difícil, la verdad. Pero el hecho de que tanto Gideon Grant como la mayor parte de la comitiva que lo acompañaba comiencen a rugir de dolor deja claro que el agua ha sido debidamente consagrada.

Y Vanister se sorprende a sí mismo utilizando la palabra “milagro”. Gideon y compañía están demasiado ocupados tratando de salir del edificio. Apartan y empujan a todo el que se pone en su camino. En uno de los golpes, la tarima en la que se encuentran los anillos cae al suelo. Dos miembros del equipo de seguridad se lanzan a recogerlos. Marcus Vanister no deja escapar la ocasión…

Profesor Vanister (NE): Caballeros… (muestra su credencial psíquica) Jefe de Seguridad de la Grant Corporation. Yo me haré cargo de esto, ¡ustedes protejan al señor Grant!

Con sus manos temblorosas y amparado en el caos y la confusión que reinan en la estancia, Marcus atesora los veinte anillos en sus manos. Deja caer la mayoría en el interior del estuche.
La mayoría, si. Pero no todos.
Los últimos diez reposan entre las palmas de sus manos. Los contempla, hipnotizado.

“Cada uno de estos anillos alberga un poder inmenso… Con ellos quizá tengamos una oportunidad de enfrentarnos a Sarah Kauffmann. Podríamos plantar cara a Wolfram y Hart. Puede que incluso nos permitan regresar a casa…”

Lentamente, uno a uno, cada anillo va ocupando uno de sus dedos. El ritmo de su corazón se acelera, con la adrenalina de quien sabe estar jugando a una ruleta rusa con cinco balas en el tambor.

Cuando se incorpora, estuche bajo el brazo, Marcus Vanister se siente como nunca antes se había sentido.

Profesor Vanister (NE), (a sí mismo): Muy bien, Marcus… Recuerda que eres mortal.

Salida de Emergencia. Zona de Servicio de la Torre Grant.
Nueva York, 21.04 horas.
Gideon Grant.


Una vez fuera, el dolor cesa. Siente su piel marcada por las quemaduras mientras piensa en las formas (terribles y dolorosas) en las que el responsable va a pagar por esto. La escoria de Wolfram y Hart no ha tardado en poner pies en polvorosa: probablemente quieren desentenderse de todo ese fiasco. Él no puede hacer lo mismo. Es su casa. Alguien se ha meado en su casa y ese alguien va a pagar por ello.

Desde el umbral de la puerta de servicio, ha contemplado cómo sus marionetas, Bradley Braddock y James Hetfield han fracasado en la intentona por frenar a quienes parecen responsables de aquel desastre. El primero yace inconsciente entre los restos de la limusina que uno de los intrusos utilizó para intentar escapar. La condujo el tiempo suficiente como para que Bradley se aferrara al techo de la misma… y saltó a tiempo de que chocase contra un autobús que iba en dirección contraria.

El otro intruso también lleva márcara antigás y acaba de romper el brazo de Hetfield, arrebatándole el anillo que le proporcionaba el poder de la llama verde de Inconnuma. Aunque no puede ver sus caras, Gideon comprende que deben conocer el poder de los anillos pues el segundo de los intrusos no duda en colocarse el anillo de Inconnuma e intenta usarlo contra él. Idiota.

Con toda la facilidad del mundo, Gideon evita la descarga y alza la mano, dejando ver los cinco anillos que acumula en su puño.

Gideon Grant (ND): Y ahora… (susurro) MUERE.

El enmascarado gime de dolor e hinca la rodilla en el suelo. Gideon aun desconoce sus identidades. Bah. Es lo de menos: tendrá tiempo de diseccionarlas y colgarlas de su colección privada cuando acabe con ellos.

Gideon Grant (ND): No sé quienes sois… pero lo vais a…

No termina la frase. Un dolor como el de una aguja de coser seccionando un globo ocular estalla a la altura de su frente. El agua bendita se clava en su piel junto las esquirlas de cristal de una elegante copa de champagne.

Parcialmente cegado por el dolor y las quemaduras, Gideon golpea a ciegas a su atacante, arrojándolo al otro lado de la avenida.

Danny Dalton: Joder, menudo golpe. Pero parece que aun respira.
Ben Braddock (NE): Si. Llévate al profesor… (encuentra el estuche con los anillos oculto en su chaqueta) ¡Nos vemos en el Rialto!
Danny Dalton: Pero, ¿qué piensas hacer?
Ben Braddock (NE): Tengo que sacar a Brad de aquí… ¡Corre!

La visión va regresando y Gideon contempla al joven que yace arrodillado junto a la humeante limusina, cruzada en mitad de la avenida. A sus pies, el cuerpo de Bradley Braddock, inconsciente. Gideon camina hacia ambos, pensando en las mil formas de matarlo…
Y es entonces cuando aquel enmascarado hace una jugada inesperada.

Ben Braddock (NE): ¿Quieres los anillos, Grant? ¡Pues ve a por ellos!

Y los arroja.
Los anillos brillan en el aire como perlas ingrávidas… durante un instante. Con un tintineo se escurren entre las rendijas de una alcantarilla.

Gideon Grant (ND): ¡¡NO!! (arranca con sus propias manos la alcantarilla) ¡¡CONDENADO JESUCRISTO, NO!!

Y mientras Gideon Grant sumerge sus manos en varios palmos de escoria, Ben Braddock corre con el cuerpo de su primo Brad entre los brazos.
Y sonríe. Porque le ha salvado.
Ha pagado su deuda.
Ahora, están en paz.


Departamento de I+D, Subsótano 3.
Sede de Wolfram y Hart. Los Ángeles.
Ocho horas después.

Profesor Vanister (NE): ¿Y después?

Las puertas del ascensor se abren dejando a Danny, Ben y el profesor ante el ajetreado laboratorio subterráneo de I+D.

Ben Braddock (NE): Bueno, llevamos a Bradley al Rialto y dejamos allí los anillos. Craig sacó a Amanda de la Torre Grant y estaban allí esperandonos. Creo que es el comienzo de una hermosa amistad...
Danny Dalton: Los tiene usted cuadrados, Profe… ¡Mira que ponerse diez jodidos anillos!
Profesor Vanister (NE): Me pareció… buena idea.
Ben Braddock (NE): El caso es que Amanda tuvo la amabilidad de curar sus heridas, poner a buen recaudo esos anillos… y Brad nos consiguió un avión privado.
Danny Dalton: Me pregunto cómo le habrá ido a Roth…

Los tres se acercan a Knox, el joven ayudante de laboratorio, en parte responsable de la cámara de salto dimensional.

Profesor Vanister (NE): ¡Ah, señor Knox! ¿Qué tal ha ido el operativo?
Knox (ND): ¿El operativo…? (confuso, mira sus notas) No… ¿No les han dicho nada?
Profesor Vanister (NE): Decirnos… (inquieto) ¿Decirnos el qué?

Una voz a sus espaldas hace que los tres, Ben, Danny y el profesor, se den la vuelta con un sobresalto mal disimulado…

Sarah Kauffmann (ND): El señor Roth aun no ha regresado.
Knox (ND): La señora Kauffmann ya sabe que ustedes… bueno, que ustedes tuvieron ESE pequeño problema de desajuste dimensional del que ya les hablé.
Sarah Kauffmann (ND): Por suerte el señor Knox ha recalibrado la cámara de salto…
Danny Dalton: Un momento, no querrá decir…

Sarah Kauffmann se permite un segundo para mirarlos de arriba abajo. Están agotados, malheridos… apenas si se mantienen en pie.
Sí, sería una locura enviarlos así a una misión.

Sarah Kauffmann (ND): En efecto, señor Dalton… (mira su reloj) Salen ustedes en cinco minutos.

EPÍLOGO.

Año 2019.
Otro Londres.
Otro Universo…

Danny Dalton: Así que esto es el Big Ben…
Profesor Vanister (NE): Bueno, el que recuerdo no parecía haber sido bombardeado.

Como un gigantesco cíclope tuerto, el orgulloso Big Ben se alza ante los tres viajeros dimensionales, mostrando un gigantesco agujero humeante en donde antes había un hermoso reloj. Ben Braddock se incorpora, aun recuperándose de las nauseas de la reintegración molecular.

Ben Braddock (NE): Profesor, ¿ha visto esas columnas de humo? Las hay por toda la ciudad…
Profesor Vanister (NE): A juzgar por las calles desiertas y esa alarma que suena por todas partes, parece que la ciudad está siendo atacada.
Ben Braddock (NE): Bueno, el informe decía que la ciudad estaba bajo el ataque de fuerzas aliení…
Danny Dalton (interrumpe): Ey, gente… Tenemos compañía.

Con un chirriar de frenos, un todoterreno de color negro aparece de una de las avenidas colindantes. Danny y Ben buscan sus armas mientras el profesor se aferra al maletín. El vehículo frena a escasos metros de ellos y una de sus puertas se abre.

Ben Braddock (NE): “Torchwood” (leyendo el logotipo del vehículo) ¿Qué se supone…?
Danny Dalton (viendo a la persona que baja del coche): Esto tiene que ser una jodida broma…

Enfundado en una elegante gabardina negra y sonriente bajo el Armageddon, una versión de Russell T. Dalton los contempla.

Danny Dalton: ¿Tio…? ¿Tío Russell?
Capitán Harkness (NW): Creo que me confudes, amigo. Mi nombre es Jack Harness. Capitán Jack Harkness. Y si queréis vivir… (se escucha una explosión a lo lejos) …vendréis conmigo.

CONTINUARÁ…